III

Una Cena Desastrosa

Los días pasaron muy rápidos para nuestros cuatro héroes. Ya se habían acostumbrado completamente al lugar y hasta comenzaban a sentirse cómodos, en especial Paco-¿por qué será? ¬¬- Desde hacía semanas los chicos habían comenzado su entrenamiento, dirigido por Áyax, para combatir al famoso monstruo. Aunque les resultara fácil ya que sus entrenamientos era muy parecidos a los que hacían con Grinto, el castaño les había advertido que les llevará un trabajo de algunas semanas más el poder dominar correctamente los movimientos y estrategias para combatir a la criatura. Pero había otra cosa que estaba sucediendo en el famoso grupo, muy distinta a la anterior, una que ninguno se llegaba a dar cuenta completamente y que día a día iba empeorando…

Se estaban separando.

Azul, ya no hablaba con casi nadie, a penas un poco con Pilar. La mayoría del día se la pasaba encerrada en su habitación leyendo, y solo salía para la hora del almuerzo y de la cena. Había estado evitando a Serio desde el pequeño accidente que tuvo en la medianoche hacía algunas semanas. Ni hablar que cada vez que veía al pelianaranjado en su rostro se reflejaba una clara expresión de desesperación con una pizca de descontento. No hace falta mencionar que desde la noche del sándwich Azul no volvió a dirigirle la palabra a Paco, aunque el moreno no reparaba mucho sobre ello.

Por su parte, Serio estaba afectado por la actitud de la rubia y también se sentía confundido ya que no sabía exactamente por qué la ojiazules había tomado distancia contra él ¿Le hizo algo malo sin darse cuenta? Pues si ese era el caso, menudo idiota era, pensaba. Por suerte, aun mantenía su buena relación con Paco y con Pilar, aunque no tanto como antes. El chico solía quedarse hasta altas horas de la noche escribiendo y escribiendo poemas sobre su estado de ánimo, lo que hacía que algunos días se despertara tarde y eso aportaba a alejarse aún mas de su grupo

En cuanto a Paco, bueno, Paco… ¡Por Dios! El chico estaba hecho un completísimo idiota. Se le había subido el poder a la cabeza y últimamente la única diferencia que había logrado no solo era multiplicar su ego por diez mil veces, sino que también se la pasaba concentrado en hacer sus "asuntos de dios" como él les llamaba. Así que por lo tanto el moreno se la pasaba ignorando a sus amigos, pues solo los veía en las comidas y en los entrenamientos.

Y Pilar, pues…


-… Entonces fue cuando me retó a que yo subiera la piedra. Creo que planeaba atacarme mientras la subía. Como es obvio, pude llegar con la piedra hasta arriba sin ningún problema. Áyax me miró y…-

Azul suspiró de aburrimiento. Paco y Serio hablarían y hablarían por horas hasta cansarse, mientras comían y bebían sin darles ni boleto. Honestamente no podía importarle menos: dudaba mucho que quisieran oír sus agudas opiniones respecto del día y de los entrenamientos. Azul tenía su cabeza ocupada en otras cosas.

¿Por ejemplo? Azul suspiró y observó con atención a Pilar, quien estaba sentada frente a ella y tenía una cara de ultratumba. Se veía algo descompuesta y apenas había tocado su comida. La chica se sentía mal y estaba muy molesta. Cualquiera que sintonizase la expresión en su rostro con la de ella al menos un poquito, se habría dado cuenta de eso.

-Oye Pilar ¿Estás bien?- Le preguntó Azul con su dulce voz, casi en susurros. Pilar asintió con la cabeza.

-Nunca me había sentido mejor.- Dijo con un especial toque de sarcasmo en su voz.

La joven rubia tragó saliva. Se había equivocado: Pilar no estaba molesta, estaba furiosa. ¡Pilar jamás se enojaba! La última vez que la había visto medianamente enojada había sido cuando… cuando… ¿Cuándo la había visto enojada?

-¡Sí, yo me di cuenta de eso!- Agregó Serio.- Estaba muy satisfecho con respecto a nuestra habilidad y destreza y…-

-… Paco…-

-… Además, este entrenamiento es mucho más difícil que el que solíamos hacer en Nova Nizza- Dijo Paco.- Pero tu sabes que yo puedo con todo, pues…-

Pilar le clavó sus ojos al moreno, como tratando de llamar su atención, pero este no se dio cuenta y siguió con su relato. Un tic nervioso se apoderó de uno de sus ojos. Azul se dio cuenta de esto. Pilar estaba extraña, pero nadie parecía notarlo. Los últimos días había tenido explosiones de mal genio. Le había gritado enfurecida a Áyax por aparecerse de la nada y asustarla, para luego intentar arrojarlo por la ventana. Hizo algo parecido con uno de los sirvientes que atendía la cocina por quemar la cena. Y hasta creía haberla oído llorar en su habitación. Otra conducta extraña de la chica era el hecho que en más de una ocasión la había descubierto tomando el refrigerador por asalto, comiendo galletas de vainilla, como si no hubiera mañana, y bebido litros y litros de jugo de Sandía, para encerrarse en el baño luego, como quien sufre de bulimia.

-Paco…- Volvió a llamar Pilar, sin éxito.

El mayordomo rellenó algunas copas con agua. Pilar tomó aire: Paco hablaba mucho ¿Cómo no se había dado cuenta de eso en tanto tiempo? bla, bla, bla! ¿Acaso no se iba a detener nunca? ¡Todo él, todo Él! Ya sabía que regalarle para su cumpleaños: un yo–yo. Se comportaba como si ella no existiera o como si no estuviera allí. Si la tierra se la tragase, seguro no la echaría de menos.

-¡Paco!- Insistió.

Nada. Se sintió presa de una profunda melancolía. Paco ya no la trataba como al principio, cuando se la pasaban juntos hablando por horas y peleando por idioteces. Pilar se dio cuenta de que extrañaba mucho esas peleas, porque en esos momentos el sólo tenia su atención en ella. Suspiró de pena y casi se pone a llorar. ¡Mal amigo se había vuelto! No debería haberse dejado llevar por sus sentimientos. Si hubiera sabido que le iba a pasar esto desde un buen comienzo, le habría echo el quite al chico mitad toro con dientes y uñas. ¡PERO NOOOOOOOOOOOOO! Tenía que haber caído a sus encantos como colegiala estúpida. ¡Malditas hormonas adolescentes!

-Er…Pilar, ¿Te sientes bien?- Le preguntó Paco por fin. Pilar puso una sonrisa de oreja a oreja cuando se dio cuenta que su amigo al fin reparaba en ella.

-La verdad me siento un poco…-

-¡Me parece estupendo!- Exclamó Paco sin dejarla terminar. El dios de la Isla se volvió hacia Serio. -¿Entonces eso se debió a un error de movimientos?-

-¿No me vas a preguntar lo que hice hoy?- Preguntó Pilar, poniendo su mano sobre el brazo de Paco. El moreno la miró lago extrañado por aquella pregunta, pero le sonrió levemente.

-Fuiste a la playa, jugaste con la mascota de Áyax y lo mimaste seguro, viste que preparasen esta estupenda cena, cuidaste tus plantas. ¡Lo mismo de siempre!- Enumeró el moreno. -Nada fuera de lo normal. Ahora, tengo asuntos importantes que atender.-

Paco se volvió a seguir charlando con Serio. Éste junto con Azul lo miraban mudos de la impresión. Sólo cuando vio los pálidos rostros de sus amigos, que el moreno cayó en cuenta de su error. Observó tranquilo a Pilar e intentó abrir la boca para decir algo, pero…

-¿Asuntos importantes?- Preguntó la ojiverdes con calma. -¿Tienes que atender asuntos másimportantes que tu mejor amiga?- Pilar habló golpeado.

-¡No, no, No Es Eso!- Dijo Paco rápidamente, agitando las manos frente a sí. -No es que tenga que tratar asuntos más importantes que tú, pero sí más importantes de lo que tú me puedas decir.- Auch. Muy tarde. Varias gotas de sudor poblaron la cabeza del moreno.

Pilar se cruzó de brazos y le hizo un desprecio. Al parecer, todos coincidieron en tragar saliva al mismo tiempo, sin proponérselo: el característico sonido de gargantas tragando fue bastante notorio. Paco observó de reojo a su amiga y decidió ignorarla: ya intentaría arreglarle el carácter luego con alguno de sus chistes para hacerla reír, como siempre. Se volvió hacia su amigo que al igual que Azul observaba en silencio.

-… Entonces ¿lograste pasar todos los obstáculos?…-

Pilar abrió los ojos de par en par. ¡Paco la estaba ignorando! Apretó la mandíbula y respiró con profundidad para tratar de quitarse la ira de encima. Descruzó los brazos y volvió a mirar al moreno, con el rostro particularmente sombrío. Azul se preocupó: por lo general su amiga Pilar nunca se ponía así… además… podría decirse que Paco estaba cometiendo un ligero error al no prestarle atención a la ENORME VENA PALPITANTE DE FURIA que Pilar lucía con tanta gracia y elegancia en su frente, ni a la NUBE DE ANGUSTIA Y MISERIA que tenía por sobre su cabeza. Entonces la olla se destapó.

-PACO. ¡PREGÚNTAME QUÉ HICE HOY DE UNA MALDITA VEZ!- Gritó Pilar de pronto, poniéndose de pie y golpeando la mesa, inclinándose hacia el chico en forma amenazante, logrando así no solo el más profundo de los silencios y la sorpresa de Paco, sino que además los cubiertos, platos y copas se cayeran de golpe.

Azul se cubrió los oídos con las manos, Serio casi salta sobre sus pies. Paco se agachó en su silla, ocultándose instintivamente detrás un plato como si este fuera a prueba de iguanas enojadas. Los ojos de su amiga, por lo usual calmos, parecían chillarle por respuestas. Paco se reincorporó en su silla, carraspeó con dignidad y el sonrió a la morena a modo de disculpa.

-Pero si ya te dije lo que…-

-La cena está lista- dijo el mayordomo mientras en la mesa se iba sirviendo la comida. Pilar se quedó en shock al notar lo que estaba haciendo volvió a sentarse, de brazos cruzados y con la mirada hacia abajo. Paco la miró por unos segundos y luego se giró hacia su plato de spaghetti. Enarcó una ceja. -¿Qué es esto?-

-Spaghetti a la marinera, señor.- Dijo el sirviente que había servido los platos. -Tal como lo pidió.-

-¿Están seguros?-

-Sí… hicimos nuestro mejor esfuerzo, pese a que no teníamos la guía de nadie.- Dijo con especial orgullo.- Fue difícil, pero lo logramos.-

Paco tragó saliva y no emitió ningún comentario. No tenía corazón para pincharle la burbuja de ilusión al sirviente. Centró su mirada en lo que había frente suyo. Enarcó ambas cejas e hizo una mueca de disgusto. Aquél plato tenía el aspecto de ser trozos de lechuga con tentáculos de pulpo dentro de una viscosa salsa gris. Profundizó la mueca y topó su comida disimuladamente con la punta del dedo… estaba fría. Tragó saliva. Levantó la mirada para ver la reacción de los demás comensales.

Pilar miraba desconfiada su plato, pero al mismo tiempo se sentía entusiasmada de alguna manera por probar algo nuevo. Serio también miraba el suyo con desconfianza y con los ojos como platos. Azul sometía el suyo a un concienzudo escrutinio, y su rostro evidenciaba el asco que su estómago sentía. Paco respiró profundo y tomó su tenedor.

-Tendrán que disculparme por mis malos modos.- Dijo de pronto Serio al sirviente tratando de sonar lo mas amable posible, mientras pinchaba su comida con el cuchillo.- ¿Seguro esto es comestible?-

-Al menos no tiene olor.- Suspiró Pilar resignada.

-¿Quién cocinó esto?- Le preguntó Paco al sirviente.

-Entre todos señor.-

-¿Están seguros que son spaghetti con salsa marinera?-

-Sí.-

De pronto, Pilar se levantó de súbito y, tomando la silla en sus manos, como para defenderse del plato, retrocedió unos cuantos pasos.

-¡SE MOVIÓ! Juro que lo vi moverse.- Dijo con los ojos muy abiertos. Su comida, como oyéndole, se movió un poco. -¡SÍ, SE MUEVE, MIREN, ESTÁ VIVO!-

Paco frunció el ceño. No había visto a la comida de Pilar moverse, conocía a su amiga y sabía que ese comportamiento era muy típico en ella, aunque Serio se había puesto de pie como medida de precaución. Estaba por regañar a la pobre de Pilar, cuando otro estridente sonido, que no había oído en mucho tiempo, resonó por todo el comedor y pasillos aledaños.

-¡…!- Azul chilló a todo lo que le daban lo pulmones. Un enorme tentáculo, salido desde las profundidades de su plato y cuyo dueño parecía ser más grande que el recipiente en cuestión, la había sujetado por la cintura y alzado en el aire. -¡ME ATACA, AUXILIO, AYUDEN LOS MUY BABOSOS Y NO SE QUEDEN MIRANDO!- Gritó mientras pinchaba el tentáculo con su tenedor, para así obligarle a que la soltara.

¡Se armó la GORDA!

La comida de los demás platos pareció cobrar vida de pronto y atacó a los comensales, a quienes no les quedó otra más que defenderse. Mientras Paco trozaba a cubitos a la comida de su plato con su cuchillo a todo lo que podía, Azul logró zafarse del tentáculo luego que Serio le diera una mano. Pilar, antes que su plato la atacase, le dio con la silla y al ver que lo había atontado, lanzó el plato ventana abajo, pudiendo así ayudar a Paco, quien ahora estaba siendo cruelmente sofocado por su comida al ver que esta se ofendió bastante al ser cortada en trocitos. Luego que Serio se deshizo de la suya con una seguidilla de golpes, ayudó a Paco, cuyo plato se veía más amenazador que el de los demás. Luego que controlaron la mini emergencia, entre los dos rescataron a Azul, quien había sido apresada por segunda vez y que había comenzado a golpear su comida con un pesado candelabro de bronce… lo único que había alcanzado a sujetar antes que los tentáculos la atrapasen de nuevo.

Entonces Serio, sin perder más tiempo, se echó a Azul al hombro, cuál saco de papas, y a instancias de Paco, salió del comedor, seguido de Pilar. El joven dios de la isla se les unió segundos más tarde. Azul fue dejada en el suelo y los cuatro chicos, se agolparon contra la puerta para evitar que su comida les persiguiese hasta el pasillo.

-¡CON FUERZA Y NO DEJEN QUE SALGA!- Gritaba Paco.

Se oyeron chillidos, rugidos, golpes, azotes y estallidos tanto de sonido como de luz. La puerta se azotó con violencia y se oyó una desagradable explosión. Entonces todo se sumió en tétrico silencio. Los cuatro se quedaron mirando a la cara sin decir palabra y se alejaron de la puerta, que ya no se azotaba. Pilar, con cautela se asomó dentro del comedor… para luego abrir la puerta de par en par y observar por completo anonadada hacia el interior.

El comedor estaba cubierto por completo en una suerte de lodo color gris oscuro, gelatinoso y viscoso en ciertas partes, que por fortuna no tenía olor. Trozos de tentáculos había en el suelo, las cortinas estaban rasgadas y los cristales hechos añicos. Del techo y los candelabros goteaba parte de esta sustancia. El pobre sirviente que les había dado la comida estaba agachado en el suelo, temblando de miedo y cubriéndose la cabeza con la bandeja: por fortuna estaba ileso. Los quedó mirando con ojos de borrego. Sí. En el jaleo, le habían olvidado dentro y el pobre estaba lívido del espanto.

-Este… ¿Alguien quiere comer pizza?-

Continuará…