No podía aguantar más

El viaje se le estaba haciendo más pesado que de costumbre, y no entendía muy bien porqué. Hacía ya más de un mes desde que había dejado atrás el castillo de Cair Paravel, le había gustado mucho estar allí y poder conocer a los reyes, aunque reconocía que, por una parte, no le gustaba el haber abandonado el castillo, el recuerdo de Edmund no la abandonaba ni un solo momento.

A cada paso que doy, sé que me estoy alejando más de él y, no sé porqué me está costando tanto, me dije que no debía enamorarme de él porque no quería hacerle daño, y porque tampoco quería hacérmelo yo…—Liryc se quedó pensando en el rato tan agradable que había pasado con Edmund en el corredor al aire libre—No debí marcharme tan pronto, no debí hacerlo, dije que no quería hacerle daño y eso fue lo único que hice.

Unas silenciosas lágrimas comenzaron a recorrer su rostro.

"Edmund, te echo de menos, quiero volver a verte, necesito que vuelvas a abrazarme."

Liryc notaba, a cada día que pasaba, que no estaba yendo por el camino correcto, que aquello que estaba haciendo, y que era lo que había hecho siempre desde la muerte de sus padres, no era lo que en verdad quería.

No puedo más, no quiero seguir, sé que, viaje a donde viaje, él va a estar presente en todo lo que haga, va a estar presente siempre en mi mente, por más busque nunca voy a encontrar a otra persona que me de ese trato que me dio él, ese trato que, a decir verdad, es algo difícil de encontrar, él es único y—Liryc dijo las palabras que tanto miedo le había dado pronunciar desde el día en que había dejado atrás Cair Paravel—es todo lo que quiero.

Tomó una decisión. Dio media vuelta y se encaminó de vuelta al castillo, sabía que tardaría bastante hasta llegar a su destino pero, cuanto antes se encaminara hacía allí, antes llegaría.

En otro lugar, bastante lejos de allí…

Creo que voy a salir a buscar a Edmund—dijo Peter.

Lucy y él se encontraban en el salón de los cuatro tronos.

No creo que debas hacerlo, Edmund sabe cuidarse muy bien el solito, debemos dejar que él vuelva cuando considere que es oportuno.

Pero es que hace ya mucho desde que se marchó, estoy preocupado, ¿y si le ha pasado algo?

No pienses eso Peter, yo sé que Edmund está bien, algo dentro de mí me lo dice.

Pues algo dentro de ti ya podía decirnos cuando piensa volver.

Te juro que hay veces que te estaría dando golpes de por vida, buf.

Lucy salió de allí indignada.

Que comentarios tan estúpidos suelta este hermano mío, ni que yo fuera una bola de cristal andante para saber cuando tiene pensamientos de volver Edmund.

Lucy salió del castillo y se dirigió al bosque, quería salir del castillo y estar alejada de los brotes de estupidez que tenía Peter de vez en cuando.

Vaya, parece que la reina Lucy está enfadada—dijo un chico entre risas.

Ella miró hacia delante y le vio.

Hola Hayden.

Al instante una gran sonrisa se dibujó en el rostro de la joven reina.

Una semana después, Peter seguía con su preocupación por su hermano y Lucy continuaba diciéndole que dejara de preocuparse. En aquellos días, ambos reyes recibieron una visita inesperada.

Majestades.

Peter y Lucy se encontraban en la biblioteca, muchas tardes se las pasaban allí, leyendo y disfrutando de la compañía que se hacían mutuamente. Al levantar la vista, vieron que era Lérel el que se encontraba en la puerta.

¿Qué ocurre?—le preguntó Peter.

Tienen visita.

¿Visita?—preguntaron extrañados ambos hermanos mirándose.

Bueno, sea quién sea, que pase—dijo Lucy.

Lérel se retiró y, segundos después, por la puerta entró una joven a la que los dos conocían perfectamente.

¡Liryc!—exclamó Lucy levantándose del sillón en el que estaba sentada y yendo a abrazarla.

¡Hola Lucy!

Peter también se levantó de su sillón y fue a abrazar a su amiga.

Me alegra volver a verte—le dijo una vez que hubo llegado ante ella.

¡Hola Peter!—dijo ella abrazándose a él.

Que alegría que estés aquí, no nos lo esperábamos para nada, menuda sorpresa—dijo Lucy.

Voy a ir a decir que esta noche la cena es para tres, porque supongo que nos harás el honor de quedarte con nosotros ¿verdad?—dijo Peter.

Sí, por supuesto.

¿Te quedarás con nosotros sólo esta noche o una temporadita?—le preguntó Lucy.

La verdad es que, como mínimo, quería quedarme unos días.

Pues no hay más que hablar—dijo Peter—, por nosotros puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

Y, diciendo esto, salió de la biblioteca.

No sé si hago bien quedándome unos días—dijo Liryc—, después de lo que pasó con Peter la primera vez que estuve aquí…

No te preocupes, Peter no intentará cortejarte esta vez, después de que te marcharas entendió que, si tu corazón tenía que ser para alguno de los miembros de mi familia, no sería para él, sino para Edmund.

Liryc enrojeció un poco ante lo que acababa de decirle Lucy.

¿Dónde está él? Me sorprende que no esté aquí con vosotros.

Edmund no se encuentra en el castillo, se marchó una semana después de que tú te fueras.

¿Por qué?, ¿qué motivo tenía para irse?

Su motivo era que todo le recordaba a ti, él no pudo aguantar más aquí, te echaba muchísimo de menos.

Que lastima, me habría gustado verle.

Estoy segura de que a él también. Es más que probable que te dieras cuenta pero, Edmund se enamoró de ti totalmente.

Lo sé, es por eso por lo que he vuelto, porque ya no aguantaba más, quería verle nuevamente y hablar con él sobre esos sentimientos.

¿Los compartes?

No sabes cuanto.

Ojalá vuelva pronto y podáis hablar, yo estoy segura de que los dos seríais enormemente felices

Poco después Peter volvió a entrar a la biblioteca. Allí Liryc disfrutó lo que quedaba de tarde junto con los reyes, aunque no podía dejar de pensar en Edmund.

Después de la cena, Liryc dijo que estaba muy cansada y que prefería irse a descansar, pues en verdad el viaje, el cual debería haber durado más de dos semanas y media, lo había hecho en una sola semana.

Lucy, acompaña a Liryc hasta los aposentos que ocupó la última vez—dijo Peter.

Por supuesto.

Lucy y Liryc se levantaron de sus sillas y se encaminaros hasta su destino.

Habían pasado cuatro días desde que Liryc había llegado a Cair Paravel, ella había decidido quedarse una semana, tenía la esperanza de que en esos días su rey volviera. La última noche que iba a pasar en el castillo fue en la que perdió la esperanza, pues partiría a la mañana siguiente nada más terminar de desayunar.

Eran las tres de la mañana cuando llegó ante la puerta del castillo. No se encontraba mejor que cuando se marchó, pero ya estaba cansado de bagar sin rumbo fijo intentando olvidar a la persona que le había robado el corazón.

Majestad, por fin habéis vuelto—dijo uno de los criados cuando Edmund hubo entrado por la puerta principal—. ¿Queréis que os prepare algo de comida? Debéis de llegar cansado.

Cierto, llego bastante cansado pero, la verdad es que no me apetece comer nada. Lleva esto a mis aposentos—dijo dándole la bolsa que se había llevado para el viaje—, yo no tardaré en subir.

Cuando el criado se perdió de la vista de Edmund, éste subió a su sitio favorito del castillo, al corredor al aire libre, le apetecía mirar un rato las estrellas. Subió las escaleras y abrió la puerta, al hacerlo encontró que había alguien allí, era una chica.

¿Lucy?, ¿qué haces aquí?

La chica no se había dado cuenta de que alguien había abierto la puerta de acceso al corredor. Al oír esa voz, se sobresaltó, pero no por ello no miró a quien acababa de entrar con una gran sonrisa. Se acercó lentamente a él sin dejar de sonreír.

Edmund, con la ayuda de la luz de la luna, puso reconocer a la joven, aquella visión le parecía imposible. Una vez que la tuvo justo en frente, no supo que decir, estaba sin palabras.

Si llegas a tardar un poco más no me habrías encontrado en el castillo.

Y acto seguido le rodeó el cuello con los brazos y le besó. Edmund no se creía que aquello estuviera ocurriendo, pero no por la sorpresa se quedo quieto. Correspondió al beso con muchísima ternura, haciéndole ver a ella que estaba disfrutando con aquel acto. Cuando se separaron Edmund buscó la boca de la joven, deseaba seguir besándola; rodeó su cintura con sus brazos e hizo que el cuerpo de ella estuviera totalmente pegado al suyo.

Cuando ese segundo beso terminó, Edmund pegó su frente a la de ella.

No sabes cuantas noches he soñado con esto—dijo Edmund sonriéndole.

Me las imagino—dijo ella, y acto seguido volvió a besarle—. Por un momento había perdido la esperanza de que volvieras en el tiempo en el que yo iba a estar aquí.

No creí que fuéramos a volver a vernos tan pronto, creí que pasaría mucho más tiempo.

Yo también lo creí así pero, ya no podía aguantar más, cada día que pasaba me daba cuenta de que había cometido el mayor error de mi vida al marcharme tan pronto de tu lado.

¿Ya no podías aguantar más?, ¿tanto me echabas de menos?—le preguntó él riendo.

Creo que tanto como tú a mí. Un pajarito me ha contado que la razón por la que no te encontrabas en el castillo era la de que todo te recordaba a mí—le dijo ella riendo también.

Edmund le dedicó una gran sonrisa.

Pues ese pajarito no te ha engañado, es cierto que tuve que marcharme porque todo en este castillo me recordaba a ti, algunas veces deseaba que no te lo hubiésemos enseñado, recordaba todo lo que habías dicho, cuando sonreías, reías…

Ella se abrazó a él.

Siento que mi marcha te hiciera pasar todo lo que has pasado, te prometo que jamás volverá a pasar.

¿Quiere eso decir que no te vas a marchar de Cair Paravel?

No, eso quiere decir que, a no ser que tú así lo quieras, no pienso separarme de ti jamás.

Creo que esta es una de las mejores noches de mi vida—dijo él riendo—. Jamás voy a querer que te separes de mí, sabes cuanto te quiero.

Ella sonrió abiertamente.

Yo también te quiero y, de verdad que siento mucho el haber sido tan estúpida, nunca debí haberme marchado.

No quiero que vuelvas a decirte eso, no creo que importe mucho lo mal que lo hayamos podido pasar si ahora estamos juntos y no tenemos pensamientos de separarnos.

Ya pero, eso no quita…

Edmund no la dejó terminar, pues le había levantado el rostro y la estaba besando nuevamente.