Capítulo 4 – Teniente y la biblioteca.

Empezó a rayar su cuaderno.

Uno de los profesores hablaba sobre equipos prestigiosos salidos de esa academia. Los cuales estaban ahora en misiones de paz o cosas así. No había muchos problemas, ya que todo estaba en orden en cuanto a problemas de tipo militar.

No había guerras ni discusiones entre gobernadores.

Tiempos de paz.

Las clases teóricas realmente eran aburridas.

Miró sus garabatos mal dibujados y soltó un suspiro.

Había dibujado a Weiss, o un intento de ella.

Estuvo todo el fin de semana cuestionándose a sí misma, y cuestionando a la mayor.

Decirle a Yang lo que había hecho para sorprender a Weiss fue ir demasiado lejos. Sobre todo, si Blake iba a enterarse. Se sintió, nuevamente, víctima de consejos y amenazas extrañas por parte de sus superiores.

Entendía la posición de ambas y que estuviesen preocupadas, pero vamos, le insistían con que hablara mas con personas y que hiciera su propia vida fuera de las de ellas, pero se sentía aprisionada de todas formas. Estaban comportándose como madres. Madres absolutamente molestas.

Tampoco es que su objetivo fuese ser la novia de Weiss ni nada por el estilo. O eso era lo que Yang suponía.

Siempre lograba avergonzarla.

Solo quería demostrarle que su percepción era errada. Que no porque fuese una isleña indisciplinada no iba a ser apta para la milicia. Le quería demostrar que no era una niña pequeña, al contrario, era una adulta hecha y derecha.

Le iba a demostrar que había crecido desde su tiempo en Beacon.

Asintió con su cabeza mientras se cruzaba de brazos.

Eso era lo que quería lograr.

"Señorita Rose."

¿Eh?

Miró con cara de duda hacia el frente del salón.

Aun estaba en clases.

Se levantó de golpe luego de unos segundos de letargo.

"¿¡Si, señor!?"

Se paró recto, y miró al tutor. Se veía confundido y algo irritado.

"¿Le pasa algo?"

Tragó pesado. Siempre lograba avergonzarse.

¡Genial!

Vio de reojo como la teniente estaba en uno de los rincones de la sala con un cuaderno, escribiendo con su mano izquierda. Así que era zurda. Interesante.

Quiso golpearse. Se estaba desviando. Otra vez.

Podía ver sus ojos de hielo a la distancia mirándola con fastidio. Ya lo había arruinado. Por suerte era una chica que sabía todo sobre la guerra y todo lo que el hombre estaba hablando. Menos mal era una especie de nerd de la milicia.

"Pensaba que es un alivio que el gobierno de Atlas hubiese tomado la iniciativa y avanzara sus tropas hasta Vale para evitar posibles enfrentamientos con los ciudadanos Faunos que ahí estaban asentados. Hubiese sido riesgoso para la comunidad si no hubiesen tomado esa decisión."

Escuchó el gesto de sorpresa de Lyra al lado suyo.

El tutor parecía tranquilo y siguió mirando su libro.

"Tiene razón. Intente no ser tan expresiva, que cualquiera diría que no está prestando atención alguna."

"Eso haré, señor."

Le dio una sonrisa y se sentó. Sintió la mirada de sus compañeros, pero no le importó, solo se fijó en la mirada de la teniente, así como el suspiro que dio que no pasó desapercibido por sus ojos curiosos. ¿Ese suspiro habrá sido algo malo o bueno?

Nunca lo sabría.

Pero al menos no había quedado como una tonta, solo como una chica intranquila, que evidentemente era.

Realmente lo mejor de la academia eran esos momentos preciosos después del almuerzo. Esos momentos donde podía ponerse su ropa táctica y sentirse como un miembro de la milicia. Se sentía una uniformada lista para un poco de acción. Lista para enfrentarse a cualquier tipo de desafío.

Era una lástima que solo los de segundo año pudiesen empezar a disparar armas.

Los de primero debían concentrarse en el riguroso entrenamiento, en acondicionar sus cuerpos para futuras practicas aún más intensas, en aprender todo lo necesario para ser personas disciplinadas y saber con exactitud qué hacer ante cualquier tipo de problema u orden que les fuese dada.

Tenía su encanto, pero siempre iba a quejarse al respecto.

Tampoco podía esperar que le enseñaran lo más difícil y riesgoso en su primer año, aunque ella ya estuviese preparada para esos riesgos.

Soltó un suspiro.

Escuchó un leve quejido a su lado.

Lyra estaba ahí, con la misma barra de hierro en los hombros que ella tenía en los suyos. Barras en cuyos costados estaban enganchados unos baldes con agua.

La rubia tenía algunos problemas. Se veía agotada. No era de sorprenderse, llevaban veinte minutos ahí paradas con ese peso encima, y el sol parecía estar más duro que nunca. No podían dejar caer ni una gota, así como no debían cambiar la posición.

Sus piernas ya empezaban a temblar, no tenía duda de eso.

Veía a sus otros compañeros en la misma posición que ella, algunos más acostumbrados a ese entrenamiento y otros no tanto, cuyo rostro mostraba que en cualquier segundo dejarían caer alguno de los baldes. No había problema en botarlos, no los iban a echar por eso, pero nadie quería el castigo que involucraba limpiar los baños que estaban cerca de la pista de correr y del gimnasio. Como no estaba dentro de los edificios no eran limpiados tan regularmente, quizás de adrede, solamente para tener un castigo de peso.

Una cosa era limpiar los baños que usaban treinta personas dentro de los dormitorios a aquel que era usado por cualquiera, y a juzgar por su ubicación eran usados por reclutas sudados y sucios luego de los entrenamientos.

Un desastre sin duda.

Escuchó el silbato.

Unos tres personajes habían dejado caer liquido en esa media hora de tortura bajo el sol.

Dobló sus rodillas para dejar los baldes en el suelo y luego movió su cuello, dejando que sus articulaciones sonaran. Aun sentía el hierro en su nuca.

Vio como Lyra tenía problemas para bajar los baldes. Iba a acercarse, pero Shawn había tomado la iniciativa, ayudándola.

Frunció los labios.

No porque le hubiesen arrebatado su momento de heroísmo, si no porque había tenido razón. Al chico realmente parecía gustarle la rubia. Bueno, era bastante bonita. Estaba segura de que el chico ya no parecía importarle que tuviese esos cuernos en la cabeza. Se cruzó de brazos. Quizás por eso la molestaba, porque le gustaba desde un principio.

¿Qué clase de niño de primaria era?

El chico la miró con curiosidad. Probablemente lo habría mirado con alguna mueca extraña, pero no le dijo nada, ni ella a él. Suponía que nunca iban a tener una relación estrecha, más bien se hablaban por Lyra, aunque ella fuese la razón por la que se terminaran golpeando en la cara.

El mundo daba vueltas.

Vueltas extrañas.

Salió de la ducha luego de la jornada de clases, y el comedor ya estaba listo para que los reclutas fueran por la cena.

No sabía por qué, pero quería hacer algo diferente a lo usual.

Se puso un pantalón de deporte, zapatillas, una de sus sudaderas rojas y tomó sus audífonos. Esto último no lo solía sacar de los dormitorios para no faltar a ninguna regla, aunque en realidad no tenía claro si escuchar música por el campus era algo malo.

Su estómago gruñó.

Necesitaba comida.

Comió, como todos los días, con su nuevo grupo de "amigos", a los cuales nunca terminaba de conocer del todo. Terminaba siempre conversando más con Lyra que con los otros, así que era poco lo que progresaba.

Se sentía mas cómoda en otro ambiente.

Así que ahí fue.

Respiró profundo el aire de esos montones de libros y sonrió. Ningún lugar era bueno si no tenía una biblioteca consigo, aunque en esa en particular eran más libros sobre las fuerzas armadas, armamento, guerras y cosas por el estilo. Dejaría su lectura usual de fantasía heroica para la biblioteca pública de Atlas.

No había muchas personas ahí dentro, al contrario, más parecía que había más adultos e instructores que reclutas. Quizás ahí se organizaban para dar las clases, o algo así, de todas formas, no podía oír lo que hablaban. Su música estaba alejándola de su alrededor, y eso le agradaba demasiado.

Avanzó entre los estantes y buscó algunos libros que le interesaría leer. Los tomó y se fue a sentar a una mesa que estaba al fondo de los estantes, completamente desolada. Había una lampara sobre la mesa, así que no tendría problemas para leer.

El solo abrir los libros y embriagarse con el olor del papel fue suficiente para relajarla.

Seguía maravillándose con la academia.

Revisó los cuatro libros que llevó consigo. Todos eran muy interesantes.

Dio un salto cuando la luz que tenía encima se apagó de golpe.

Levantó la vista.

No había sido apagada, si no que había una tabla de madera bloqueándola.

Dio otro salto cuando se dio cuenta que era la teniente quien había causado aquello. Se sacó los audífonos dejándolos descansando en su cuello, sin dejar de mirarla ni un solo segundo, sin saber que decir. La había tomado por sorpresa.

"¿Hice algo mal?"

Fue lo único que salió de su boca.

Weiss Schnee pestañeó un par de veces ¿Con asombro? ¿Con confusión? Retiró la tabla, dejando que el ambiente se llenara de luz.

Tenía un pantalón de tela azul oscuro y una camisa blanca. Se le veía formal, pero a la vez informal. Igual no tenía que andar con su uniforme con medallas a todas las horas del día.

"Es tarde, van a ser las nueve, tienes que estar en el dormitorio durmiendo a las diez. No puedes seguir aquí."

Bajó la mirada a los libros. Habían pasado dos horas y no las había sentido para nada. Se rascó la nuca. El tiempo volaba. Soltó un suspiro.

"Justo que me estaba entreteniendo."

Vio como la teniente se sentaba en una silla que estaba a su lado y tomaba los libros, revisándolos.

No quiso decirle nada, como últimamente todo lo que decía terminaba en regaños y gritos y odio eterno. Pero el gesto claramente la tomó por sorpresa. Muchas sorpresas por parte de ella, sin duda.

Tenía una elegancia infinita. El simple hecho de sentarse, de tener su espalda recta, de cruzar sus piernas, y la forma en la que sus manos tomaban los libros, todo eso tenía un toque muy elegante. Cosas tan simples.

Sintió su cara arder al fijarse demasiado en la teniente, aunque la tenía muy cerca, era inevitable el mirarla. Incluso podía sentir su aroma invernal desde su posición. Ahora solo escuchaba la voz de Yang en su cabeza. Como la odiaba. Ahora estaba demasiado atenta a cualquier tipo de acercamiento con la peliblanca.

"Pasabas mucho en la biblioteca de Beacon. Recordé una vez que te quedaste de madrugada en la biblioteca y Yang armó todo un escandalo para que no te expulsaran."

Sus ojos seguían pegados en los títulos de los libros, pero su voz ya no sonaba tan dura como siempre.

Sonrió de inmediato.

Entonces si la recordaba. Igual fue hace mucho tiempo, pensándolo así entendería que no recordara algunas cosas. ¿Por qué no pensó en esa lógica antes de hablarle como idiota el primer día?

"Me gusta mucho leer. Me desconecta del mundo, supongo."

Weiss no dijo nada. Dejó los libros en la mesa y los apiló.

Quería seguir hablando con ella.

Pero solo se le ocurrían cosas personales, y normalmente lo que involucraba la vida personal de la teniente significaba peligro.

"¿Qué prefieres leer, realidad o ficción?"

Dijo, sonriendo. La mayor la miró con duda, para luego mirar a su alrededor.

"Realidad. Me gusta aprender sobre todo tipo de cosas, sobre todo si pueden serme útiles en la vida. Teoría que puedo llevar a la práctica. Material de estudio, sobre todo."

Sonrió aún más.

¡Lo había logrado! ¡Había logrado una interacción exitosa! ¡Sin ningún tipo de daño colateral! Estaba tan feliz que creía que lloraría.

"Suena maduro de tu parte, diría lo mismo, pero siempre termino en la fantasía."

"Me lo imaginé."

Weiss hizo una mueca, similar a una sonrisa. De hecho, de manera automática se acercó un poco más, solamente para verificar si era una sonrisa o no. Era demasiado irreal ¡Necesitaba asegurarse!

Pero fue una mala idea.

Sintió que sus orejas se teñían de rojo cuando de sus audífonos se empezó a escuchar la canción que había encontrado de Weiss, la cual había descargado de manera fraudulenta. Lo más vergonzoso era que a esa corta distancia la teniente podía escuchar claramente la música que salía del aparato.

Sus ojos se encontraron por una milésima de segundo.

Su ceño se frunció al igual que sus labios.

Su rostro pasó a estar sonrojado.

Sus manos temblaron ligeramente.

Todo lo vio como en cámara lenta, hasta que Weiss Schnee se levantó de golpe de la silla, con elegancia, brusquedad, enojo y más elegancia.

"¿Qué pasa contigo? ¡No puedo creer como una idiota como tú puede llegar a ser tan exasperante!"

Pisada. Pisada. Pisada.

Sus pasos sonaron con fuerza, con enojo. Se quedó ahí, mirando entre medio de los estantes, observando como la teniente se dirigía a la salida con una molestia palpable. No podía quitarse la cara de asombro del rostro.

Lo había arruinado de nuevo.

Llegó a los dormitorios y se dejó caer en su cama, enterrando su rostro en la almohada. Quedaban solo diez minutos para que las luces fuesen apagadas. No quería siguiera moverse de su lugar, ni dormir, ni nada, de hecho, solo quería soltar un grito y dejar salir todo ese sentimiento extraño en su cuerpo.

Grito que no podía emitir con tanta gente ahí.

Sintió una mano en su hombro.

Sabía que era Lyra, nadie más se le acercaría de esa forma, menos con lo poco social que era. Algunas chicas ya se habían acostado, completamente adoloridas con el entrenamiento.

"Pensé que te habías escapado de la academia o algo así."

Bueno, pudo haber hecho algo así. Nadie se quedaba fuera de los dormitorios hasta tan tarde, todos preferían cenar e ir directo a descansar luego de los entrenamientos tan extenuantes.

"Fui a leer un poco a la biblioteca."

"Pensé que nadie iba allí, ni tampoco imaginaría que tú eras del tipo de persona que lee."

Era verdad, nadie iba allí. La gente de su edad no tenía mucha costumbre de leer, mucho menos si no era estrictamente necesario.

Dio un salto y se volteó para mirar a la chica fauno.

"¿No lo parezco?"

Levantó una ceja.

Lo bueno de tener amigos es que te podían dar una visión que uno no ve de uno mismo.

La chica soltó una risa y se sentó en su cama.

"Creo que como eres muy atlética, daba la sensación de que eras una especie de cabeza de musculo o algo así."

Quiso soltar una risa y llorar al mismo tiempo. Esa era la misma descripción que le daban a Yang, aunque a ella si le iba como anillo al dedo. Le aterraba convertirse poco a poco en su hermana. Les pedía a los dioses que no fuese así. Al menos no perdía tanto los estribos como ella, y procuraba entrenar todas sus habilidades, no solo su fuerza física.

"Me gusta leer desde que soy una niña, mi hermana me leía muchas historias, eso ayudó a que quisiera convertirme en una heroína."

Los ojos color cobre de Lyra no la dejaron de mirar ni por un segundo. Se sentía un poco extraña con esa mirada. Le daba la sensación de que ella siempre estaba a la defensiva, siempre alerta a cualquier tipo de peligro. Como una presa atenta a cualquier sonido o movimiento.

"Ya veo. Lo estás haciendo bien."

Se quedó mirando a la chica mientras se levantaba y caminaba hasta su cama. Miró sus cuernos. Le recordó a aquellos animales cornudos que escalaban las montañas altísimas con facilidad. Se quedó preguntando si iban a hacer algún entrenamiento de escalada para comprobar su teoría.

No quería sonar racista nuevamente, pero Blake amaba el atún.

Fue su semana productiva.

Había ido todos los días a la biblioteca después de cenar, pero ya era jueves y el viernes no podría hacerlo. Lo había disfrutado. Quizás haría esas salidas más seguido.

Llevaba mucho tiempo sin tomarse la tranquilidad de leer un poco. Sobre todo, teniendo en cuenta que los últimos años había sido de entrenamientos y pruebas para entrar a la academia. No hubo muchos momentos de ocio.

"No vayas a descuidar tus estudios."

Dio un salto.

Estaba sentada en el mismo lugar todos los días, pero no había visto a la teniente desde el lunes. Al parecer revisaba los alrededores para asegurarse que ningún recluta estuviese fuera de los dormitorios. Curiosamente se sentía bien el ser la única ahí afuera. Casi parecía que la teniente solo se tomaba la molestia por su persona.

Miró la hora en su celular, parecía que el tiempo realmente volaba ahí dentro.

"No soy muy buena para estudiar, pero me interesa mucho los temas que pasan aquí, así que no los dejaría de lado."

No dejó de mirar a la mujer frente a ella. Tenía como una especie de imán. Rogaba porque no saliera nuevamente la canción aquella en ese momento o arruinaría todo. Por favor apágate, celular.

Weiss miró alrededor, asegurándose que nadie más estuviese ahí. Aunque en realidad nadie iba ahí. La mayoría estaba más enfocada en lo físico, no en la lectura, a menos que fuese a través de sus celulares.

"Podrías pedir los libros en vez de hacerme perder el tiempo aquí contigo."

Sus ojos se veían muy fríos, sobre todo en ese ambiente rustico y oscuro, e intimidaba un poco con su mano en la cintura, claramente regañándola como siempre.

Weiss Schnee. Que agradable eres.

Soltó un suspiro.

"Aquí hay silencio y tranquilidad. No me siento cómoda con veintinueve personas alrededor."

"No puedo decirte nada al respecto, también pasaba mucho tiempo aquí estudiando cuando entré como recluta."

No.

No, Ruby, No.

No lo…

"¿También había una teniente hermosa que te regañaba?"

Demonios.

¡Ya la había cagado!

¿¡Porque empezaba a coquetear de esa forma!?

¡MALDITA SEA, YANG!

Weiss soltó un bufido lleno de resignación y molestia.

Vio el rostro enojado de la teniente a solo unos centímetros del suyo. Pero más le sorprendió por el miedo que le recorrió la espalda. Ahora si podía sentir el aroma de la mujer, y resultaba ser muy suave y embriagante. Sus pestañas eran muy largas, y sus ojos muy bonitos. Tampoco podía evitar observar la perfecta tez de Weiss.

Absolutamente perfecta.

"¡Increíble! Se que soy un poco difícil de tratar e intento ser agradable para los reclutas, ¡Pero cada vez abres tu boca y lo arruinas todo! Realmente deberías callarte y dejar de comportarte como una idiota."

Se quedó ahí, inerte.

La teniente caminó a paso raudo, así como ese día. Una tormenta que pasaba entre los estantes.

No podía mover ni un musculo y sentía su cara arder, incluso sentía sus manos temblar. Estaba extasiada, nerviosa, roja, y asustada.

¿Qué había pasado?

No sabía porque, pero ese regaño, había hecho que su corazón latiera con fuerza.

¿Era el miedo?

¿O las estupideces que decía su hermana estaban empezando a cobrar sentido?

¡Uhg!

Cual fuese la razón, nuevamente había hecho que Weiss Schnee la odiara un poco más. Realmente era una habilidad aquella, no había día donde la mujer no le dijese idiota, o que la mirase con ojos filosos. Era su don, su maldición.

Al menos no era una instructora, o probablemente haría lo que fuese para perjudicarla, así como lo había hecho la primera semana, haciéndola agarrarse a golpes con Shawn. No había perdido la oportunidad de vengarse con su persona.

Soltó un suspiro y agarró sus cosas.

Esperaba no hacer algún tipo de estupidez que pudiese gatillar su salida inminente de la academia, o su vida estaría acabada. Tenía que rezar para mantener su lugar, sin hacer que la expulsaran o que la teniente finalmente la matara y enterrase su cuerpo en el pantano.

¡Solo no la cagues más, Ruby Rose!


Capítulo 5 – La cita.

Odiaba a Ironwood. Lo odiaba con todo su ser, sobre todo conociendo las decisiones que había tomado. Así que iba a vengarse, o quizás no hacerlo, solo tomar al hombre como una excusa. Era un plan algo extraño, no sabía si resultaría, pero no perdía nada con intentarlo. ¿O sí?


Ruby dijo que no quería cagarla y ahora va a hacer una estupidez que hará que joda todo de nuevo, pero que le hago, es ella, no yo. Su poder idiotico va más allá de mis poderes como autora.

Pero si, ¡Mas Whiterose en el capítulo siguiente!

¡OSEA MAS WEISS! ¡YEAHHHHHH!

Nos leemos pronto.