ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de GoldenOuryuuWooly y se llama "A Different Story". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

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Capítulo 4: En el fondo del valle.

"¡Lord Soo-Won!"

Soo-Won se dio la vuelta confundido hacia aquel que le estaba llamando. Vio a Son Hak aproximándose hacia él. El consejero, Kye-Sook, también le estaba siguiendo los talones. El general de la Tribu del Viento tenía una expresión amarga en el rostro, había estado así desde el cumpleaños de la princesa Yona, no había duda de que aún estaba irritado a pesar de que ya habían pasado varios días desde el evento. Varios días, y aún no tenían información sobre el paradero de la princesa. Soo-Won podía entender la molestia de Hak, el hombre que había sido nombrado el guardaespaldas personal de Yona por el Emperador fallecido. Forzó una sonrisa, sonriendo a su amigo.

"¿Sí, Son Hak?"

"Kan Tae-Jun está aquí para verte", se quejó el general, señalando detrás de él a la vez que el hombre mencionado se apresuraba en llegar hasta ellos, mirando a Hak. "Sin embargo no sé por qué, él dijo que era urgente."

"¡Oh!" exclamó Soo-Won, inclinándose ligeramente ante el invitado. "¡Vaya, siento haberte hecho esperar, Señor Tae-Jun!"

"En realidad, no deberías inclinarte ante él…"

Soo-Won hizo un ademán ante el comentario de Hak, sonriendo a Tae-Won. "¿Qué te trae por aquí hoy?"

A la vez que dejaba de prestarle atención a Hak, la expresión de Tae-Jun se transformó en una de tristeza sombría. El hombre se inclinó profundamente ante Soo-Won, extendiendo una tela plegada hacia él. "La princesa Yona… ha muerto."

"¡¿Qué?!" No había nada que Soo-Won hubiera podido hacer para conseguir que Hak se mantuviera tranquilo. El hombre agarró el tejido de las manos de Tae-Jun al instante, abriéndolo apresuradamente. Él vio el pelo rojo que quedó a la vista, ambos hombres lo miraron en estado de shock.

"En la frontera entre las tribus del Fuego y del Viento… En las montañas del norte perseguimos a un extraño hombre rubio y a la princesa Yona…" continuó hablando Tae-Jun, bajando la cabeza, Soo-Won no estaba seguro de si era por el dolor o por alguna otra emoción. "Asumimos que él la había secuestrado, y casi conseguimos atraparles, pero… Ambos cayeron al fondo del valle…"

"¿Qué? ¡¿Se cayeron desde ese acantilado…?!" La voz de Hak era fuerte, el general agarró la parte delantera de la ropa de Tae-Jun y tiró de él hacia él, su expresión era oscura e ilegible. "¡Lord Soo-Won dio la orden de que le informaran si alguien encontraba a la princesa Yona! ¡¿Y de todas las cosas que podríais haber hecho, la perseguisteis y terminasteis matándola?!"

"Esto," comenzó Kye-Sook, que se había mantenido en silencio hasta ese momento, mirando a Tae-Jun con una expresión grave "es un gran acto de traición a la patria, señor Tae-Jun."

"Es cierto… Yo la maté…"

"¡Por supuesto que la mataste maldita sea!" gruñó Hak, apretando el cabello de Yona en su mano, se giró hacia Soo-Won, casi como si estuviera pidiéndole permiso para golpear a Tae-Jun. Soo-Won negó con la cabeza ligeramente, obligándose a mantener la calma.

"Por favor, deme su castigo…"

"¿Lord Soo-Won?" le preguntó Kye-Sook, mirando hacia él.

Él se quedó callado. ¿La princesa Yona, muerta? Era difícil tan siquiera imaginárselo. Desde luego, no podía hacerlo. En cuanto a Hak, era difícil decir si creía en las palabras del hijo del general de la Tribu del Fuego o no, a pesar de la clara furia que había en su rostro. Soo-Won negó con la cabeza, respirando profundamente, dirigiéndole a Tae-Jun una mirada tranquila.

"Descanse en el castillo por hoy", le dijo, levantando las manos y presionándolas juntas sobre los pliegues de su túnica, viendo como los rostros de los tres que estaban delante de él cambiaban a una expresión de asombro. "Quiero que usted asista a la ceremonia de coronación de mañana."

"¡No!" exclamó Tae-Jun, negando con la cabeza a la vez que daba un paso hacia delante, Kye-Sook le agarró con las manos para evitar su avance. "¡Castígueme! ¡Por favor!"

"¡¿Soo-Won?!" le preguntó Hak, girándose hacia él, la ira estaba coloreando su rostro. Soo-Won negó con la cabeza, haciéndole un gesto a Hak para que le siguiera antes de girarse para irse.

"Sígueme, Hak. Kye-Sook, por favor asegúrese de que el señor Tae-Jun esté cómodo durante su estancia," le ordenó, comenzando a alejarse. Hak dudó un momento antes de obedecer su orden, poniéndose rápidamente a su lado mientras caminaban. Sus cejas estaban fruncidas mientras miraba a Soo-Won, los dos estaban dejando los gritos de Tae-Jun atrás.

"¡¿Estás loco?!" le preguntó el general mientras caminaban, mirando al que pronto sería Rey. "¡Espera, no, no respondas a eso, está claro que lo estás!"

"Cálmate, Hak, tengo una razón… Yo no creo en los castigos innecesarios…" le respondió con calma, agarrando la mano en la que él tenía la tela que contenía los restos del cabello de Yona. "No creo que él matara intencionadamente a la princesa Yona."

"¿Cómo podemos siquiera saber eso si ella está muerta…?" murmuró Hak, pasándole la tela, temblando ligeramente. "Tal vez debería ir a buscarla al valle, tal vez ella esté viva y herida… El emperador Il dejó a Yona bajo mi cuidado, y le he traicionado…"

"Es suficiente, Hak," le ordenó Soo-Won, doblando de nuevo la tela, sosteniéndola con fuerza. "No tenemos tiempo para ir a buscarla al valle, no con la coronación de mañana… Te necesito aquí, en el castillo, como el general de la Tribu del Viento."

"Pero Yona podría estar-"

"La princesa Yona debe estar muerta."

Se hizo el silencio entre ellos. Hak le fulminó con la mirada, sus manos estaban temblando como si estuviera deseando pegarle. La verdad sea dicha, Soo-Won no le culparía si lo hiciera. Sus acciones les habían llevado a ese resultado, ocasionaron que Yona se cayera por el acantilado. Si alguien la había matado, ese era él. Después de un momento Soo-Won se giró, suspirando levemente.

"… Vamos," le habló, rompiendo el silencio. "Tenemos muchos preparativos que hacer para mañana…"

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Goteo.

Algo húmedo tocó la cara de Yona, la chica luchó por abrir los ojos. Todo su cuerpo le dolía, su memoria estaba brumosa. La luz brillante de lo que parecía ser el sol hizo que su vista fuera borrosa, dificultando su visión.

Goteo.

Después de un momento, su visión se aclaró, vio el rostro de un niño sobre ella, el cual estaba apretando una rodaja de naranja entre sus manos por encima de la boca de Yona. Le tomó un momento darse cuenta de que sus ojos estaban abiertos, el niño parpadeó sorprendido.

"Ah, estás despierta", comentó, bajando sus manos para empujar la rodaja en la boca de Yona. "Mis manos se estaban cansando, come esto por ti misma."

Ella tosió levemente, más que nada sorprendida por la fruta que había entrado repentinamente en su boca. El muchacho cambió su peso de pie a la vez que se inclinaba sobre lo parecía ser un banco, para después recoger algunas hierbas y colocarlas en lo que Yona supuso que era un mortero, a la vez que recogía un instrumento para aplastarlas.

"… ¿Quién eres?" trató de preguntarle, masticando la naranja lentamente. El desconocido se volvió para mirarla, con una sonrisa apenas perceptible.

"Soy Yoon," se presentó, devolviendo su atención a las cosas que estaba moliendo. "Solo soy un chico guapo que está de paso. Puedes olvidarte de esto." Hizo una pausa por un momento, girándose para señalarla con la herramienta que estaba sosteniendo, con una mirada de confusión en su rostro. "De todos modos, ¿quiénes sois vosotros? No parecéis bandidos, pero sois bastante resistentes si aún estáis vivos después de haber caído por ese acantilado."

"¿Acantilado…?" le preguntó Yona, a la vez que se sentaba, la cabeza comenzó a latirle con un dolor sordo. "Ay, ay…"

Yoon puso los ojos en blanco y volvió a enfocarse en lo que tenía dentro del mortero, los agudos sonidos del instrumento llenaron la habitación. Después de un momento Yona jadeó, sobresaltando a Yoon, los últimos acontecimientos habían comenzado a repetirse en su mente.

"Es cierto. Nosotros… ¡Zeno!" casi gritó, sentándose al instante, alarmada con los ojos muy abiertos. "¡¿Dónde está Zeno?!"

"¿Zeno?" preguntó Yoon, mirándola con el ceño fruncido confundido. "Ah, ¿te refieres a ese chico rubio que estaba contigo? Él está-"

"¡Señorita!"

Ella sintió una fuerza que repentinamente chocó contra ella. Dejó escapar una exclamación de sorpresa a la vez que un par de brazos la rodearon, abrazándola con fuerza. Giró la cabeza, y el alivio la invadió al ver que Zeno estaba a su lado, al parecer completamente ileso. Sin previo aviso, él apretó su abrazo, provocándola una ligera punzada de dolor en el costado. La chica hizo una mueca, su compañero aflojó un poco su agarre, pero casi nada.

"¡¿De qué está hecho este tipo…?!" preguntó Yoon, cambiando su peso para recostarse mientras les veía abrazarse, una mirada de confusión desdeñosa cruzó su rostro. "¡Parecía que te estaba protegiendo mientras caíais, y aún así, cuando fui a curarle no tenía ninguna herida! ¡Estaba perfectamente bien! ¡Debería haber estado gravemente herido, o algo! ¡Tenía una rasgadura en sus ropas a la altura del hombro, pero su piel estaba perfectamente bien!"

"¡Zeno es realmente robusto!" exclamó el chico con entusiasmo, dándole a Yoon una sonrisa brillante. El hecho de que Zeno estuviera cerca hizo que Yona se sintiera mejor al instante, la chica se relajó entre sus brazos.

"Ciertamente" le respondió Yoon secamente, mostrándole a Zeno una expresión apática. "De otra manera no habrías sobrevivido. En fin…" les miró a los dos, frunciendo el ceño ligeramente. "… ¿Qué estáis haciendo vosotros aquí en primer lugar? ¿Sois amantes que habéis escapado de vuestro hogar o algo así?"

"¡No!" respondieron ambos al unísono, negando con la cabeza.

"¡La señorita es muy muy importante para Zeno!"

"¡Zeno me salvó la vida!"

"Ah." Su respuesta pareció aburrir a Yoon, el chico cambió el peso de pie y se levantó, desempolvando sus rodillas. "Está bien, entonces ya lo entiendo. Vosotros dos sois idiotas."

"De todos modos…" murmuró Yona, mirando al chico con un ceño fruncido en el rostro. Miró a su alrededor, tratando de orientarse. "Así que ¿este es el fondo del valle…? ¿Vives aquí?"

"Sí." Respondió Yoon, haciendo una pausa ligeramente confundido. "¿Por qué?"

"¡La señorita está buscando a alguien!" la voz de Zeno fue fuerte, como si se encontrara en un estado de ánimo entusiasta. Yona se estremeció ligeramente, el chico que estaba sentado a su izquierda pareció darse cuenta de que su voz la estaba haciendo daño y se alejó, solo un poco. "Simplemente no estamos seguros de dónde buscar exactamente. Tal vez en muchacho podría-"

"¡Yoon! ¡Yoon!"

Esa cuarta voz sobresaltó a Yona. La chica miró hacia arriba a tiempo de ver a un hombre adulto corriendo hacia ellos, su cuerpo estaba cubierto de barro. Sus ojos estaban tapados por un pelo rubio claro, que estaba recogido en una trenza.

Su aspecto le resultó bastante divertido.

"Espera," suspiró Yoon, dirigiéndole al recién llegado una mirada apática, a la vez que gentilmente le empujaba con el pie en un intento por mantener al hombre lejos de él. "Por Dios, ¿por qué estas cubierto de barro? No te acerques a mí así, ¿de acuerdo?"

"¡Mientras estaba orando a los Cielos para que todos sean felices", comenzó a relatar el hombre, su voz estaba temblando ligeramente ante el gesto de Yoon, alejándose de él. "me resbalé y me caí…!"

"¡Eres un fastidio!" Gimió el chico, sacudiendo la cabeza. "¡Los Cielos te han abandonado!"

"¡Eso es cruel…!"

Yona y Zeno permanecieron en silencio, mirando lo que Yona suponía que era la forma de esos dos de mostrarse afecto. Sin embargo, a Zeno se le escapó una risita tranquila. Yona le mandó callar rápidamente.

"¡Oh! ¡Ya te has despertado!"

El hombre se giró hacia Yona, con una sonrisa brillante en su rostro que podría rivalizar con las de Zeno. "¡Gracias a Dios! ¿Cómo estás? ¡Mi nombre es Ik-Soo, se podría decir que soy el guardián de Yoon! ¿Acaso él no es genial por haber podido curarte?"

"Yo soy…" Yona se detuvo, un pensamiento se abrió paso en su cabeza. No debería revelar mi verdadera identidad, aunque no parecen ser malas personas… este lugar sigue estando cerca de la Tribu del Fuego…

"Tú realmente…" la voz de Ik-Soo la sacó de golpe de su debate silencioso, la chica le miró sorprendida. Al parecer había lágrimas cayendo de sus ojos, que corrían por sus mejillas desde detrás de su flequillo. En opinión de Yona, ese era todo un espectáculo. "Has sufrido mucho, ¿no es así…?"

Ella se quedó en silencio, sacudiendo la cabeza ligeramente. "… No, no ha sido así. Zeno me ha protegido, así que…"

"No, me refiero al momento en el que decidiste comenzar tu viaje."

"… ¿Eh? ¿Qué viaje?"

"Habrá sido aún más duro para una persona como tú, princesa Yona," la voz de Ik-Soo era calmada, quizás demasiado tranquila. Tenía una sonrisa plasmada en su rostro y las lágrimas de antes habían desaparecido mágicamente.

"Un momento, ¿cómo sabes quién soy yo…?" le preguntó ella, volviéndose para lanzarle a Zeno una mirada acusadora. El rubio negó con la cabeza frenéticamente, a la vez que articulaba 'no he sido yo' con la boca.

"Los Dioses me dijeron que…"

"¿Eres estúpido?" le interrumpió Yoon, mirándole a la vez que daba un profundo suspiro. "No tiene sentido vivir en el anonimato si les dices eso a los demás de forma tan casual… Realmente no puedes decir ni una simple mentira, ¿verdad…?"

"Ah hah, la voz de los dioses, ¿no?" le preguntó Zeno rápidamente, inclinándose hacia delante con una sonrisa. A Ik-Soo le tomó un momento procesar los comentarios de Yoon y Zeno, después un aura de pánico le rodeó.

"Oh no, quería estar apropiadamente limpio y aseado para saludar a la princesa…"

Yona le miró fijamente, con los ojos abiertos en estado de shock.

"¿Tú eres… el sacerdote que Zeno mencionó…?"

Zeno vio como Ik-Soo asentía lentamente, con una sonrisa adornando su rostro. Así que este era el hombre que podía oír las voces de los Dioses, pensó él, viendo cómo el comenzaba a hablar con Yona, moviendo las piernas y cruzándolas debajo de él, tarareando para sí mismo.

¿Cuánto tiempo había pasado desde le última vez que él escuchó la voz de los Dioses?

"… ¿Así que tú sabías que yo iba a venir aquí?"

"¡Sí!" exclamó Ik-Soo, asintiendo con la cabeza rápidamente, su cabello rebotó al ritmo de su cabeza. Se arrodilló delante de Yona, levantando las manos en posición de oración, aún seguía sonriendo. "Trasmitir las voz de los Dioses a todo el mundo es mi trabajo. Rezo para que cada uno de ellos encuentre la felicidad. Los Dioses me enseñan todo sobre este mundo."

Zeno asintió lentamente, con la esperanza de darle a Yona la impresión de que le estaba escuchando.

"¡¿Qué trabajo?!" le demandó Yoon, agarrando la ropa del sacerdote arrodillado, tratando de quitársela. "No consigues nada de dinero. ¡No haces nada más que arrodillarte todos los días! ¡Y estás completamente lleno de barro, así que quítate la ropa para que pueda lavarla! ¡Te echaron del castillo," continuó, lanzándole una túnica y sacudiendo la cabeza "porque el hecho de proclamar que escuchas la voz de los Dioses es sospechoso en primer lugar!"

"¿Por qué fue expulsado…?"

Zeno se giró para encarar a Yona, incapaz de ocultar la sorpresa de su rostro.

"Estoy bastante impresionado," le dijo Yoon como respuesta, su voz estaba llena de acusación hacia la chica. "Tú vivías en el castillo, ¿y no lo sabes? Qué típico… Ni siquiera me has dirigido una palabra de agradecimiento todavía. ¿Le has dado las gracias a este tipo por salvarte la vida?" Yona se quedó en silencio mientras hablaba, Zeno hizo una mueca ante las palabras del muchacho. "¿Alguna vez en toda tu vida le has dado las gracias a alguien?"

Después de decir eso se levantó y se fue. Yona permaneció donde estaba, aparentemente congelada y en estado de shock. Después de un momento ella luchó por levantarse, decidida a seguirle, Zeno no estaba muy seguro del por qué.

Se preguntó qué era lo que Yoon tenía contra Yona, una chica que era tan inocente sobre los problemas que asolaban Kouka.

"… Te llamas Zeno, ¿no?"

"¡Ah!" Zeno hizo una pausa y le miró, sonriendo alegremente al darse cuenta de que Ik-Soo aún estaba de pie cerca de él. El sacerdote se volvió a arrodillar en frente de él. Zeno se preguntó cuándo se había levantado, para después desechar ese pensamiento rápidamente de su mente y asentir con entusiasmo.

"¡Mmh!" le respondió, inclinando la cabeza hacia un lado. "¿Qué puede hacer Zeno por el sacerdote?"

Ik-Soo se mantuvo en silencio durante un momento, casi como si estuviera buscando la mejor manera de responder a la pregunta de Zeno. Después de unos segundos le miró (o al menos eso creía Zeno, ya que era difícil saberlo con el flequillo que estaba cubriéndole los ojos).

"Solo me estaba preguntando…" comenzó finalmente Ik-Soo, con una pequeña sonrisa formándose en su rostro. "¿Por qué está Ouryuu con Hiryuu tan al principio de su viaje?"

Zeno se quedó inmóvil, mirándole en estado de shock. Para después encontrarse a si mismo riendo, sacudiendo la cabeza con diversión. "¡Ah hah, el sacerdote es muy inteligente! Es cierto que Zeno es Ouryuu, uno de los cuatro guerreros dragones del Rey Hiryuu." Frunció el ceño un poco mientras pensaba en la pregunta de Ik-Soo, inclinando la cabeza hacia un lado. "Y … este no era el plan original de Zeno… La señorita necesitaba ayuda para escapar, y Zeno no pudo resistirse a ayudar a su Rey."

El sacerdote sonrió suavemente, asintiendo lentamente con la cabeza. Ellos cayeron en una especie de silencio, las voces lejanas de Yona y Yoon flotaban a la deriva en el viento. Zeno dejó escapar un suspiro a la vez que se levantaba estirando los brazos.

"Zeno va a ayudar a la señorita en su viaje," comenzó. No estaba mirando hacia Ik-Soo, tal vez simplemente estaba hablando consigo mismo en voz alta. "Él va a hacer todo lo que su Rey le pida."

"Ella tiene un guerrero leal."

"Sin embargo, Zeno no es realmente un guerrero. Zeno es Zeno. Tal vez podría serlo, pero eso no es un truco que a la gente le suela gustar mucho." Hizo un gesto con la mano, como si estuviera pensando en algo. Después de un momento, se volvió hacia el sacerdote con una expresión seria en su rostro. "Aunque a Zeno le gustaría pedirle al sacerdote que le transmita la voz de los Dioses a la señorita. Él no ha vuelto a escuchar las voces de los Dioses desde hace mucho tiempo, así que no sabe cuál es el plan que tienen para la señorita."

"Ah…" Ik-Soo pareció detenerse durante un momento, asintiendo con la cabeza lentamente. "Si ella desea oír la voz de los Dioses, entonces voy a transmitírsela. Aunque, ¿qué es lo que Zeno ha querido decir con…?"

"¡De todos modos!" vitoreó Zeno, dando una palmada con sus manos. "¡Zeno tiene hambre! ¿El sacerdote sabe si hay algún árbol frutal cerca, o algo que Zeno pueda comer? ¡Zeno come mucho, ¿sabes?!"

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Espero que os haya gustado este nuevo capítulo.

Muchas gracias a Tsukiyo-san y a Guest por sus reviews.

Nos vemos.