Y finalmente, el final. Espero que os haya gustado la historia (si habéis llegado hasta aquí, por algo será, ¿no? xD) y espero que el final no os decepcione.


Capítulo 4:

1

Harry sonrió, inmerso en la lectura. Cuando había empezado la búsqueda de ese artefacto que tanto le interesaba, apenas sabía de él, y en ese momento, tan cerca de su victoria, tenía el conocimiento.

Al parecer, se trataba de una especie de brazalete que aumentaba el poder de su portador. Harry sonrió un poco más, encantado por la perspectiva de más poder.

Dejó de sonreír, acordándose repentinamente de la proposición de Snape de ser su compañero eterno. Habían decidido aplazar el ritual hasta después de la victoria de Harry sobre Dumbledore, y Severus no parecía tener ningún problema con ello.

Se había documentado bien sobre todo lo que representaba ser compañero eterno de un vampiro, y para su sorpresa, había encontrado las palabras de Snape francas.

La idea de ser inmortal le atraía, no por el miedo a la muerte, sino por lo que aquello representaba: una posición de poder por encima de los demás. Pero por debajo de Severus.

Y eso le molestaba. Habían pasado el último año conociéndose, y aunque confiaba en el vampiro, Harry amaba llevar las riendas de su vida él sólo, sin compartir con nadie.

Su pelo, un poco más largo, caía sobre sus ojos, rebelde, y Harry lo apartó de un manotazo, pensando en cortarlo. Miró por encima de su hombro: Severus dormía apaciblemente en su cama. Todavía era mediodía y aquellas eran sus horas de sueño, Harry debía respetarlas.

Pensaba atacar directamente a Dumbledore esa misma noche, sabiendo que asistiría al evento social que Draco había preparado para la ocasión en el mejor hotel de Londres, el Lanesborough.

Esperó hasta que Snape se despertó para contarle su plan: desde que fueran a casa de Moody, Severus se había autonombrado el protector de Harry, y éste último sabía que estaría allí, pegado a su nuca, protegiéndole de todos.

Cuando se hizo de noche, Harry bajó a la planta baja a explicar el plan de acción que seguiría a su equipo, que se mostró excitado por la que sería la última batalla por librar.

Media hora después, todo estaba preparado. Harry esperó en un callejón cerca del hotel Lanesborough, que era un claro ejemplo de la arquitectura de la regencia, casi un palacio en medio de la ciudad.

Los invitados llegaban en sus limusinas, ya que el evento se realizaba en el mundo muggle. La lista de invitados que Draco le había dado incluía a varios de los aurores más capacitados que poseía el Ministerio en ese instante.

Cuando el último de los invitados entró, Harry comenzó a caminar, embozado, hacia la entrada, seguido de Snape en todo momento.

Su irrupción en medio de la fiesta fue magistral, y pronto su equipo ya había acabado con los aurores más peligrosos, tomándolos en una emboscada. Dumbledore se acercó a su encuentro, mientras Harry adoptaba una posición duelística.

Severus, detrás suyo, comenzó a moverse ágilmente, protegiendo a su objetivo, mientras Dumbledore le atravesaba con la mirada de hielo.

- Harry.- saludó con frialdad.

- Dumbledore.- hizo una levísima reverencia, sin dejar de mirarle fijamente a los ojos.

- ¿Todo esto es por mí o por el brazalete?- preguntó Dumbledore, señalando a su alrededor.

- Mato dos pájaros de un tiro.

- ¿Tan seguro estás de tu victoria?

Harry no contestó, dejando que los hechos hablaran por sí solos. Como si se tratara de esgrima, sus pies comenzaron a moverse con agilidad, mientras lanzaba hechizo tras hechizo.

Rápidamente, Harry convocó una lengua de agua, que Dumbledore transformó en sogas gruesas dirigidas hacia él.

Con un movimiento de varita complicado, apareció fuego alrededor de las cuerdas, que cobraron vida como si se tratara de una hidra, atacando al viejo director.

Dumbledore hizo otro movimiento de varita similar al de Harry y las cuerdas desaparecieron, dándole tiempo a Harry a desarmarle con un expelliarmus no verbal.

A velocidad de vértigo, Harry se acercó hasta su enemigo indefenso, clavando su varita en el cuello del anciano, con una sonrisa satisfecha en los labios.

Con rudeza le arrancó la última de las llaves a Dumbledore, poniéndosela al cuello, mientras todos se giraban a verlos. Harry sonrió, viendo las miradas de sorpresa de los aliados del director: no esperaban que su líder cayera.

- Parece que tu tiempo aquí se ha acabado.- comentó con perfidia. Snape se situó detrás de Dumbledore con la varita del anciano en la mano, y éste se giró, encarando al que antes fuera su espía.

- Severus…- susurró con simpleza. El rostro del aludido se mostró impasible, y Harry rió.

- ¿Pretendes encontrar ayuda en aquellos a los que has traicionado?

- Era necesario.- se excusó. Harry sonrió, y despidiéndose de Dumbledore, susurró el Avada Kedavra de forma que todos los presentes le oyeron.

Segundos después, el cuerpo de Dumbledore cayó al suelo, como si estuviera simplemente desmayado, pero sus ojos abiertos y desenfocados revelaban la verdad.

- Terminad con los demás: no quiero que nadie salga vivo de aquí.- ordenó Harry con voz autoritaria, mientras andaba hacia la salida, acompañado por Severus.

A sus espaldas se oyeron varios asentimientos por parte de su equipo, y cuando Harry cerró la puerta, Snape le tendió la varita que pertenecía a Albus Dumbledore. En ese momento, su verdadero dueño era Harry.

2

Harry y Severus caminaron en silencio por el cementerio mágico a las afueras de Londres. Pasaron indiferentes por varias lápidas y mausoleos, callejeando por los intrínsecos y angostos caminos de grava, hasta que llegaron a su destino: el enorme mausoleo de la familia Potter.

Ambos entraron, mirando las tumbas de los antepasados del mago en las paredes, y atravesaron el corredor hasta llegar a la pequeña sala del fondo.

En el centro había un pequeño pilar hecho de piedra, con un heptágono en el centro. En cada arista había una hendidura con la forma de la llave. Harry sonrió, cerca de conseguir su objetivo.

Sacando la llave de Albus Dumbledore, la situó encima de la hendidura superior, comenzando el rito:

- Llave del Control, revela tus secretos.- siguiendo la dirección de las agujas del reloj, colocó la llave de Alastor Moody, y volvió a decir:

- Llave de la Templanza, revela tus secretos.- la línea hendida que separaba las dos llaves se iluminó en color azul. Harry colocó la llave de Ron Weasley:

- Llave de la Lealtad, revela tus secretos.- el color azul se extendió hasta la tercera llave, y Harry colocó la llave de Remus Lupin en la arista izquierda de la base del heptágono.

- Llave de la Honestidad, revela tus secretos.- Harry sonrió, y miró durante un instante a su acompañante. Severus estaba apartado, en la entrada del angosto pasillo, dándole el espacio necesario. Colocó la llave de Cornelius Fudge:

- Llave de la Justicia, revela tus secretos.- la línea azul llegó hasta esa última llave. Harry se relamió los labios, ansioso, y tomó la llave de Hermione Granger:

- Llave de la Sabiduría, revela tus secretos.- rápidamente sacó la última llave, de Kingsley Shacklebolt, y la colocó en paralelo a la de Moody.

- Llave de la Ambición, revela tus secretos.- la línea azul completó el heptágono y brilló con fuerza. Harry apoyó su mano derecha en el centro del heptágono, con los dedos separados, y recitó:

- Prisión de mis ancestros, revela tus secretos a Harry James Potter.

La línea azul se unió al centro de su palma desde cada arista de la figura, y finalmente, cambió a un color rojizo incandescente. Cada una de las porciones del heptágono se movió bajo su mano, retirándose para dejar un hueco en el pilar.

Harry miró dentro bajo la atenta mirada de Snape, y poco a poco introdujo su mano en la cavidad. Algo brilló en el interior del pilar, y Harry sintió cómo el brazalete de metal frío se adhería a su muñeca de forma anatómica, como si hubiera sido fabricado especialmente para él.

Sacó la mano y se giró, mirando a su acompañante, mientras levantaba el brazo para ver las runas en relieve que tenía inscritas el artefacto. Harry sintió su magia borbotear bajo su piel, más activa que de costumbre, y sonrió. Realmente había surtido efecto.

- Entonces, ¿Ya estás listo para ligarte a mí por el resto de la eternidad?- preguntó Severus con voz casual. Harry le miró penetrantemente, observándole más joven y saludable, y asintió con la cabeza.

3

Harry se levantó del suelo de su sótano con dificultad. Se sentía extraño, como si una parte de él mismo ya no estuviera en su cuerpo.

Miró a su alrededor: el pentágono invertido dibujado con tiza y las velas en cada uno de los cinco extremos de la figura ya apagadas delataban que allí se había hecho un ritual oscuro. Delante del Señor Oscuro victorioso, Severus le miró, introduciéndose en el pentágono.

- Me siento extraño.- Harry miró sus manos, mientras abría y cerraba sus dedos. Severus posó las suyas en los hombros del menor y le guió hacia su habitación.

- Eso es porque ya no tienes el alma completa.- Harry le miró, conteniendo un estremecimiento. No quería verse débil frente a su compañero.

- Entonces eso es todo.- Severus asintió con la cabeza, cerrando la puerta del dormitorio de Harry detrás de él. De pie en el centro de la habitación, Harry pasó el peso de un pie a otro, incómodo.

La mirada intensa que le mandaba Severus empezaba a hacer estragos en su cuerpo, y Harry pasó la lengua sobre sus labios, humedeciéndolos, confuso. La única vez que había querido tener sexo con él, las cosas había acabado mal, pero… ¿No eran en ese momento compañeros eternos?

Con desfachatez, Harry se acercó hasta Severus y le besó con lentitud. Al contrario que la vez anterior, Snape no reaccionó con violencia sino que le correspondió, agarrándole de la cadera.

La entrepierna de Harry dio un respingo cuando sus labios se tocaron, y se clavó en la pierna del mayor, que sonrió dentro del beso. Harry dejó que le dirigiera hasta la cama, perdido en las sensaciones que le producían el beso, pero volvió a la realidad cuando sintió el cuerpo de mayor encima del suyo.

Harry comenzó a revolverse, sin querer ser él el que fuera el sumiso en esa relación, y Severus sonrió, volviendo a tumbarlo, sin escuchar sus quejas. Comenzó a quitarle la ropa con delicadeza, calmándole, y Harry se dejó hacer a regañadientes mientras le imitaba.

Contrario a lo que pensaba Harry, sentir el miembro de Snape en su interior virgen le excitó más todavía, y finalmente, aceptó los tratos de su compañero, sintiéndose mejor de lo que había planeado.

Cuando terminaron, Harry se dejó abrazar por Severus, quedando sus cuerpos juntos. Pensativo, comenzó a pensar en el próximo paso a dar.

- ¿Qué vas a hacer ahora?- preguntó después de varios minutos el vampiro.

- Con Dumbledore muerto y el poder que me ha otorgado el brazalete, nadie se atreverá a enfrentarse a mí.- especuló Harry.- Tomaré el Ministerio y Hogwarts mañana. Necesitaría poner a alguien de confianza en los dos sitios.

- Lucius estaría bien en el Ministerio. Al fin y al cabo, le encanta la política.- propuso Severus. Harry asintió y añadió:

- Y tú podrías ir a Hogwarts. Has sido profesor allí y sé que sabrás manejar cualquier situación.

- ¿Y tú? No es bueno para el lazo que estemos muy separados.

- Iría contigo a Hogwarts.

Severus sonrió, y Harry sonrió a su vez. No estaba tan mal la idea de tener ese tipo de relación con Snape. Se giró para mirar directamente su cara y se abrazó a él, dejando que su cabeza descansara en su pecho.

Escuchó el suspiro del mayor, y cuando se levantaron, poco tiempo después, para terminar su plan, Harry tenía claro que nadie sabría sobre lo que pasaba en su habitación.

Mandó a Lucius al Ministerio, mientras todos miraban de forma extraña a Snape, que caminaba en todo momento detrás de Harry.

El menor no hizo nada para desviar la atención de su equipo y se dirigió a la salida. En cuanto se aparecieron en las afueras de Hogsmeade, Harry se giró, mirando a Snape:

- Ni una palabra de lo que ha pasado antes.- amenazó. Severus asintió, sabiendo que se refería al hecho de ser él el sumiso. Parecía como si su equipo se hubiera dado cuenta de lo que pasaba, y Harry odiaba verse vulnerable para ellos.

Cuando llegaron a Hogwarts, Harry disfrutó del momento en que, caminando por los pasillos, los estudiantes se hacían a un lado, murmurando sobre el Señor Oscuro. Su oído, extrañamente afinado por el lazo que compartía con el vampiro, podía oírles con claridad.

Después de anunciar al resto del Colegio que Severus sería el nuevo Director de Hogwarts y dejarles con la palabra en la boca, Harry sonrió, entrando en la nueva oficina de Snape.

Harry sonrió al retrato de Dumbledore con perfidia, mientras éste sólo dormía. Severus a su espalda, caminó hasta el sillón del Director y se sentó, reclinándose hacia atrás con una sonrisa satisfecha en los labios, y Harry supo que había ganado.


Bueno, ahora sí. ¿Qué os parece el final? Me costó MUCHO trabajo darle un buen desenlace, puesto que la escena del despacho del director la tenía ya pensada, pero no lo demás.

Lo de las llaves, por si os preguntáis, es simbólico: por ejemplo, Dumbledore lleva la del Control porque es manipulador. Sin embargo, Lupin lleva la de la Honestidad porque no es honesto del todo, quiero decir, en toda su vida se ha guardado el secreto de su licantropía. Por tanto, lo de las llaves va ligado a la presencia o ausencia de la cualidad en una persona.

Espero que os haya gustado. No olvidéis dejar review si tenéis alguna duda o algo que comentar.