La vampira al tocar el cristal se había transportado delante de las palabras que acaba de leer la princesa chicle, y es que la morena empezaba a sospechar que tocar los cristales era indispensable para salir de aquel lugar, que parecía jactarse de los que se adentraban buscando la lógica. A su espalda varias X marcaban el suelo en colores rosados, como si alguien hubiera escondido un tesoro en aquellos puntos y nada parecía cobrar sentido.

El escepticismo en la cara de Marceline era notable, con su ceja levantada miraba un segundo texto que se encontraba un poco más adelante del anterior. Aquellas pistas, bastante ridículas al parecer de la chica, parecían hechas por un niño y además de tontas le resultaban incomprensibles. "El oscuro amigo que sueña morir" Aquello no tenía ni pies ni cabeza, además ni sabía cómo encontrar a Bonnibel. No quería admitirlo, pero la princesa dulce era la que tenía cabeza para aquellas cosas.

Más atrás de aquel lugar la princesa Chicle examinaba concretamente el texto ¿tendría que besar a Marceline para salir de aquel lugar? Aún que la idea le parecía tentadora, no resultaba factible ¿Y si alguien iba a la mazmorra solo? ¿Se tenía que quedar allí hasta que otro se adentrase y besarle? La princesa empezó a reírse sola, aquella deducción del beso era fruto de la maldición que le afectaba. Deseaba tanto besar sus labios, aunque solo fuera una vez, que perdía sus razonamientos lógicos y se dejaba llevar por sus anhelos. No lo soportaba, sentía que su personalidad se desdibujaba por culpa de aquel condenado hechizo, y aquello la atormentaba mucho más que la misma vampira.

—¿Bonnibel? —escuchó la voz de Marceline desde el fondo de uno de aquellos correderos. La reina de los vampiros la había oído reírse cuando no esperaba volver a encontrarla.

— Sí, soy yo ¿Dónde estás? —preguntó la chica rosa, para percatarse de lo absurdo que era decir aquello en un laberinto. — Mejor dicho, ¿viste el texto del cristal rocoso?

— ¿Qué texto? He leído dos— contestó molesta. Incluso era posible que hubiera cientos miles de textos y ninguno guardaba relación con la salida de aquel lugar.

La princesa chicle suspiró, quizá todos aquellos textos entrañaba un anagrama común.

— Si continuas hablándome, quizá puedo llegar hasta donde estás tú — afirmó la chica rosa. Tenía que leer aquel otro texto para adivinar si se trataba de aquello.

Marceline exhaló con resignación para seguidamente entonar una canción, no tenía nada que contarle a aquella princesa prepotente que cada vez le angustiaba más y más. Sus sentimientos eran fruto de un hechizo, Bonnie no la amaba de verdad, y aun que su deseo también fuera fruto de una magia, conocer aquel detalle resultaba desesperador.

—Siempre he pensado que tienes una voz bonita — escuchó a la princesa a su espalda. Ya la había encontrado y la miraba con sus ojos oscuros con cierta dulzura.

— Bla,bla, bla, salgamos de aquí de una vez — contestó con desgana la reina vampira, no quería que el hechizo la llevase a hacerle cumplidos.

Tras sonreír tímidamente, la princesa chicle se acercó a la pared y leyó aquel texto que nada tenía que ver con el anterior. No eran anagramas lo que buscaba, pero entonces ¿qué podía ser? ¿Qué tenían en común todos aquellos cristales garabateados.

— No sé qué relación puede tener todo esto — dijo casi para sí misma la princesa, Marceline la miró sorprendida —. No me mires así, casi creo que lo mejor es avanzar en el laberinto, a este puzle le faltan piezas.

Marceline se encogió de hombros y algo molesta empezó a adentrase en aquella cueva, la princesa dulce la siguió. La reina Vampira sopesaba posibilidades para salir de aquel lugar, aunque fuera sin el libro de hechizos que habían ido a buscar.

En pocos minutos se plantaron frente a otro texto esculpido en aquella roca cristalina "A los amigos que moran juntos en la oscuridad".

—Bonnie, estaba pensado…— dijo Marceline de golpe, acaba de ocurrírsele una idea—. No sé si tendrá sentido, pero los otros cristales eran puertas ¿no? —La princesa chicle asintió con la cabeza absorbiendo la información que su compañera quería compartir—. Los cristales con texto también deben ser puertas a algún lado entonces.

La expresión de la cara de Bonnibel cambió de golpe, creía tener la solución.

— ¡Claro! Todos los textos describen algo ¿no? — contestó emocionada. El primer texto hacía referencia a los enamorados, el segundo a los seres depresivos y el que tenían enfrente a los amigos que superan adversidades juntos —. Tenemos que encontrar nuestra puerta, Marcy.

Marceline arqueó una ceja, pretendía quejarse por como la había llamado pero al reflexionar momentáneamente en lo que acaba de decir se sintió incomoda.

— No encajo en ninguna de esas descripciones, así que tendré que seguir andando por los túneles — dijo la vampira. De golpe recordó las marcas de los suelos.— Eso no explica las X que hay enfrente de cada texto en color rosa.

— ¡Qué tonta! Tú y yo somos — Bonnibel colocó su dedo índice y su dedo medio en comillas y sonrió a la vampira con cierta perspicacia — "amigas" que moran juntas en la oscuridad.

Marceline negó con la cabeza. Si bien podían haber sido amigas en algún pasado remoto que ella no quería recordar, estaba claro que el hechizo modificaba la situación, por no hablar de que no estaban juntas ante la adversidad más que por intereses personales lo que limitaba mucho aquella descripción.

— No, es un hechizo simple se le puede engañar — argumentó la princesa chicle. La mirada de la vampira le irritaba, no parecía dispuesta a colaborar en nada de nada —. Aunque si lo prefieres podemos volver al texto principal, colocarnos en la X juntas y besarnos para pasar por esa puerta. Técnicamente por un hechizo si estamos enamoradas.

— No creo que tú quieras eso, como tal no se abriría la puerta.

Una sonrisa triste se dibujó en la cara de la princesa chicle, ella si quería aquello… ¿cómo decirlo? Aquello era lo que no sabía. Después de todo no hacía ni dos horas que ella la había rechazado. Marceline la miró, casi como si le leyera la mente la tomó del brazo y tiró de Bonnie, caminando sobre sus pasos hasta la entrada de aquel túnel. Hasta el primer texto.

NA: Siento mil la demora, he tenido unos días horribles y a veces me pregunto por qué no me habrá tocado una vida más fácil…! Pero aquí está el capítulo. Siento si hay algún review no contestado, intento contestarlos a todos pero la verdad es que no tengo especialmente una buena memoria… ¿Podréis perdonarme? Soy un caos.

Nos leemos cuties.