Capítulo tres: Mayor responsabilidad

Tres meses después, Islandia se encontraba sentado en su pequeña habitación, golpeando su cabeza contra la mesa. Las chicas del piso de arriba estaban teniendo una fiesta y, aparentemente, la mayoría de la gente se había unido, lo que significaba que no había manera de que el islandés pudiera dormir. Así que se mantuvo despierto y maldijo su suerte.

―Odio esto ―Murmuró― Odio los exámenes y el trabajo en equipo ―El período más temido por todos los estudiantes se acercaba, la semana de exámenes. Islandia siempre había pensado que eso sería fácil para él, aun así, se encontraba cansado y desesperado. Aparte, últimamente se le había estado dando trabajo relacionado a la nación y ya no tenía mucho tiempo libre. Sus mañanas eran pasadas en clase, las tardes para leer, la noche para trabajar y si tenía suerte, podría dormir un poco, también. Nunca creyó que podría estar así de cansado pero su mente y cuerpo estaban alcanzando su límite y ahora no estaba seguro de que tanto podría continuar así.

Islandia suspiró y se quedó mirando a la pared. La mayoría del tiempo se encontraba en Dinamarca, pero cada tres semanas viajaba a su propia tierra para atender reuniones. Esas visitas eran rápidas y no tenía tiempo para detenerse en su casa. Usualmente se tenía que quedar en un hotel a pasar la noche, lo cual le molestaba, demasiado. Al menos, todas las reuniones internacionales las habían quitado de su agenda así no tenía que viajar por todo el mundo. La mayoría de las naciones ni siquiera notaban su ausencia y las Reuniones Mundiales se llevaban a cabo una sola vez en algunos años, así que era fácil saltárselas. Básicamente, los únicos que se preocupaban por él, era su familia. Estaban claramente confundidos por los nuevos hábitos de Islandia y casi a diario recibía llamadas y mensajes de ellos. No le preguntaron directamente pero Islandia pudo escuchar las preguntas escondidas y la preocupación. No se había juntado con ninguno desde que había comenzado a estudiar y, aunque tenía en cuenta de que él siempre prefería estar solo, ellos lo sabían, su familia se estaba preocupando.

Islandia suspiró de nuevo y decidió acostarse. Quizá podría dormir un poco y todo estaría más claro en la mañana. Con todos esos pensamientos en su cabeza, se acurrucó debajo de las cobijas y se durmió después de unos largos minutos. Estaba demasiado cansado como para preocuparse por la música y las risas de la otra habitación.

La mañana siguiente, despertó por su teléfono. Gruñendo, trató de alcanzar el aparato, que sonaba en la mesa. La llamada se perdió en cuanto lo había tomado. Se talló los ojos para ver mejor quién había intentado llamarlo. Estaba sorprendido de ver que no había sido una sola llamada. El teléfono informaba de tres llamadas perdidas y cuatro mensajes.

―Mierda ―Dijo después de ver que Noruega había intentado llamarle dos veces y Dinamarca una. Aparte, todos en su familia habían enviado un mensaje. Los abrió, sintiendo el pánico.

¡Hey, Icey! ¿A qué hora llega tu vuelo?

Island ¿A qué hora llegas a Copenhague?

Is ¿Quieres que te recojamos del aeropuerto?

Island, se amable y contesta las llamadas. Norge se está enojando y preocupando. Tememos que vaya a destrozar la casa y Dan no tiene dinero para arreglarlo. Finlandia está tratando de mantener la paz. Llámanos pronto, por favor.

―Mierda, mierda, mierda ―Islandia gritó cuando se dio cuenta de que se iba a perder la única reunión a la cual tenía que asistir sin importar que. Era la más importante para ellos y era por eso que la tenían por lo menos tres veces al año. Era su reunión familiar, la cual duraba al menos una semana o a veces un poco más si se les 'olvidaba' regresar a casa. Realmente, se les 'olvidaba', lo cual era la razón del por qué todos tenían casas lo suficientemente grandes para toda la familia aunque vivían solos la mayor parte del tiempo. Esta vez Dinamarca era el anfitrión para la reunión familiar.

Islandia saltó de la cama y empezó a correr por todas partes. Intentó vestirse mientras empacaba al mismo tiempo mientras pensaba en una buena excusa por su error. Tenía que encontrar algo a qué echarle la culpa así no se darían cuenta de lo que realmente estaba haciendo. Mientras batallaba con su camisa, escuchó su celular sonar de nuevo.

―Hey ―Dijo después de descolgar el teléfono.

Al fin ―Una familiar y levemente afligida voz dijo en noruego― ¿Dónde estás?

―Apenas voy ―Islandia mencionó y terminó con la excusa más obvia― Lo siento, tenía andando un gran proyecto. Olvidé decirte de mi vuelo.

Está bien ―Respondió Noruega, aunque Islandia aún pudo escuchar la preocupación en su voz― ¿Cuándo aterrizas?

―Um, apenas voy a entrar ―Dijo y miró hacia el reloj― Así que, a eso de las 12:35.

Bien ―Mencionó Noruega― Todos ya estamos aquí así que iremos a recogerte.

―Okay ―Murmuró Islandia mientras trataba de atar sus zapatos con una mano. No era una tarea fácil de hacer.

Estoy esperando por verte de nuevo, hermanito ―Dijo el noruego con un tono más cálido e Islandia se sintió mal por tener que mentirle. Tuvo que tragar antes de responder.

―Igual―Murmuró y esperó que el hombre no pudiera escuchar la culpa en su voz― Okay, me tengo que ir. Te veré en un rato.

Que tengas un buen viaje ―Le deseó Noruega y cerró el celular. Islandia murmuró unas cuantas maldiciones y se apuró a empacar. Claro que no había vuelos para él porque él ya estaba en la tierra de Dinamarca. Solo necesitaba colarse en el aeropuerto, quedarse lejos de los demás hasta cuando se suponía que su 'vuelo' llegaba y luego pretender que había estado tan estresado y ocupado con el trabajo que no había tenido tiempo de mantenerse en contacto. Al menos esa parte sería fácil. Ya estaba ocupado y estresado así que no tenía que actuar.

El islandés se miró rápidamente en el espejo, decidiendo que lucía lo suficientemente bien como para salir. Su cabello era un desastre y había echado todo en su maleta tan rápido, que ni siquiera sabía lo que había dentro, pero confiaba en que estaba bien. Siempre podría culpar al trabajo. En realidad, era una fantástica idea el culpar al trabajo tanto como fuera posible. Noruega no había abandonado esa costumbre de ser sobreprotector con el islandés así que si siquiera notaba que había demasiado trabajo para él, el noruego iría a acosar a su jefe, por seguro. Se lo merecían.

Islandia se apuró a bajar de la estación del tren y esperaba que su familia estuviera en la casa de Dinamarca y no en algún lugar de la ciudad. No había tenido ningún mensaje del servicio secreto en un tiempo, el último de ellos diciendo que el Danés pasaba casi todos los días en su oficina y era seguro para que él pudiera salir, aunque aún debía ser cuidadoso. Con suerte logró llegar hasta Kastrup, sin encontrarse a nadie más que un montón de humanos que se dirigían al trabajo o donde quiera que tuvieran que estar. Cuando llegó al aeropuerto, se aseguró de quedarse a un lado y actuar como si fuera cualquier persona normal, simplemente esperando por ahí. Una mirada al reloj le dijo que aún tenía una hora antes de que su 'vuelo' llegara así que fue a una cafetería por una bebida y se sentó a esperar en una esquina. Le tomó diez minutos darse cuenta de un error fatal en su plan.

No habían vuelos desde Islandia a la hora que le dijo al noruego, ni siquiera uno llegando al atardecer así que no podía decir que no había leído bien la información. Nadia leía tan mal algo así como para equivocarse con una diferencia de cinco horas. Mordió su labio y rápidamente marcó el número que había estado usando un montón últimamente.

Íslenska leyniþjónustan ―Esa persona que sonaba tan profesional le contestó― ¿En qué puedo ayudarle hoy?

―Hey, soy yo ―Islandia dijo y confió en que ya tenían guardado su número de celular― ¿Sería posible que pudieran añadir un vuelo en la pantalla de información? Solo el dato de aterrizaje de un vuelo desde Islandia será suficiente. No tienen que traer ningún avión hasta aquí.

Por supuesto ―Le respondió el humano e Islandia le escuchó escribir― ¿Creo que se refiere al aeropuerto de Copenhague? ¿A qué hora debería de estar aterrizando el avión, precisamente? ¿Tiene alguna otra solicitud con respecto a ello?

―A las 12:35 ―Contestó― Y no, puedo hacerme cargo de lo demás. Solo necesito que parezca que hay un avión llegando a esa hora.

Claro ―Dijo el humano― Ya está ¿Algo más en lo que pueda ayudar?

―No, eso era todo ―Murmuró― Gracias.

Es un placer ayudar ―Respondió la voz e Islandia se despidió rápidamente antes de guardar el celular. Solo tomó cinco minutos para que un misterioso vuelo desde Islandia apareciera en la lista de los vuelos por llegar e Islandia estaba impresionado. Su servicio secreto era increíblemente bueno, entonces ¿Por qué nadie le había dicho sobre este antes?

No tenía el tiempo de preguntarse sobre eso porque ya era la hora de actuar. Se mantuvo mirando a la bola de personas tratando de encontrar a su familia antes de que ellos lo vieran a él. Había recibido un mensaje de advertencia de su servicio secreto solo unos minutos antes de ver al danés entrando en la terminal. Dinamarca estaba riendo, se miraba realmente feliz mientras entraba. Los otros nórdicos lo seguían e Islandia pudo ver a Finlandia parloteando sobre algo. Suecia siendo su característico él y Noruega observando a la gente que estaba alrededor de la terminal pero sin poner atención a ninguno de ellos. Todos estaban vestidos con sus ropas casuales y lucían como todos ahí, un grupo de hombres jóvenes esperando por alguien. Nadie nunca habría adivinado que tenían siglos de antigüedad y sabían más secretos que nadie más ahí.

Islandia esperó en su escondite y cuidadosamente seguía echándole el ojo a su familia. Vio a Noruega deteniéndose para checar la información de los viajes que iban a aterrizar y mencionarle algo al danés antes de ir a la misma cafetería donde Islandia había obtenido su taza de cafeína solo una hora antes. Por un momento pensó que el noruego le preguntaría al staff si habían visto algún islandés alrededor. Después de todo, con la apariencia de Islandia era fácil de recordar y, aparte, algo difícil de confundirlo con alguna otra persona. Pero Islandia rápidamente se recordó que Noruega no tenía razón alguna para desconfiar de él y preguntar si alguien le había visto antes de la hora en la que se suponía que llegaba. Aun así, se encontró a sí mismo sintiéndose tranquilo una vez que vio al noruego regresar con cinco tazas de café y sin señales de haberse dado cuenta de su secreto.

Tomó otros veinte minutos antes de que el vuelo falso en el tablero cambiara su estado de aterrizando a maletas listas para recoger. Islandia contó en su mente cuanto tiempo le tomaría aproximadamente el salir del avión y cuando el tiempo había pasado, se preparó para hacer su gran entrada. Vio a Dinamarca y Noruega, ambos un poco nerviosos y mirando hacia la puerta donde los pasajeros salían. Suecia y Finlandia tomaban las cosas un poco más calmadas porque estaban parados a un lado y el finlandés estaba hablando mientras sostenía la banderita que Dinamarca le había dado. Todos tenían una pequeña bandera con ellos, excepto el danés, el cual tenía dos. Era simplemente algo que a Dinamarca le gustaba hacer y no era el único danés que estaba ahí con banderitas listar para animar por los amigos y relativos que llegaban.

Islandia esperó para que algún grupo saliera y cuando vio el adecuado, un grupo de turistas asiáticos con maletas increíblemente grandes, se coló detrás de ellos y trató de aparentas que apenas había salido por la puerta. Solo le tomo cinco minutos antes de que le vieran.

― ¡Island! ―Dinamarca gritó y dio unos brincos mientras agitaba su bandera en caso de que fuera posible no verlo― ¡Island! ―Islandia dio un leve suspiro. Dinamarca nunca recordaba, o le importaba, la regla de no usar el nombre de la nación en público. Por suerte a nadie realmente le importaba como gente al azar era llamada o asumían que era un simple apodo.

―Hermano ―Noruega dijo cálidamente y con una voz más calmada, cuando Islandia los alcanzó― Es bueno verte de nuevo.

―Sí… igualmente. Yo… ugh… ―El danés lo atrapó en un fuerte abrazo y por un momento Islandia estaba seguro de que le había roto por lo menos dos costillas.

― ¡Te extrañé mucho! ―Declaró Dinamarca y presionó su cara en el cabello del islandés― Se siente como si siempre estuvieras tan lejos ― 'Oh, no tienes idea de lo lejos que he estado' pensó Islandia y dejó que el danés le abrazara por otros segundos. Si le dejaran decidir a Dinamarca, él los abrazaría por siempre. Es por ello que tenían límites para él, pero esta vez, Islandia sintió que la cercanía era buena así que no se apuró en alejarse.

―Dan, ceo que es mi turno de hacerlo sentir avergonzado ―Notó Noruega y el danés le dejó ir con una sonrisa.

―Claro, elskede ―Dijo y le dio un leve empujón hacia Noruega. Islandia apenas tuvo tiempo de girarse cuando Noruega ya lo tenía atrapado en sus brazos.

― ¿Cómo has estado? ―Preguntó el noruego mientras le sostenía― ¿Has estado comiendo bien? ¿Debería recordarle a tu jefe sobre los límites del trabajo? ―Sonaba preocupado pero también había un tinte de humor en su voz, así que Islandia sabía que su hermano estaba medio bromeando.

―Estoy bien, Nore ―Murmuró― Y no lo hagas. Los asustas.

―Solo hago mi trabajo ―Noruega exclamó― No tenemos una propia asociación para proteger los derechos de las naciones, así que tengo que hacer eso.

―Sí, claro ―Islandia murmuró. Finlandia y Suecia se habían acercado más y esperaban pacientemente por su turno de saludar al islandés de la familia. Suecia tenía una taza de café en sus manos y se la pasó a Islandia en el momento en que Noruega le dejó ir.

―Islanti ―Dijo Finlandia, feliz y le abrazó también, aunque el abrazo del finés fue claramente más corto y menos empalagoso que el de las otras dos naciones― Es bueno verte de nuevo ―Dinamarca no era la única nación en su grupo que olvidaba la regla del nombre. Finlandia también lo hacía, por suerte, no estaba gritando esta vez.

―Sí, gusto en verte, también ―Islandia respondió y trató de salvar su café de ser derramado en el suelo. Finlandia sonrió y se paró a un lado para dejar que el sueco tuviera su momento con Islandia. A la nación islandesa realmente le agradaba Suecia, un montón, especialmente porque la nación sueca no era del tipo que abrazaba. Él simplemente puso su mano en el hombro del islandés y asintió. Era su manera de mostrar afecto, aunque Finlandia clamaba que podría ser un poco más íntimo si quisiera.

―Hej ―Dijo.

―Hola ―Respondió Islandia.

―Puedo cargar tu maleta ―Le dijo el sueco y Islandia asintió. Dejó que el hombre cargara la maleta y los siguió hasta afuera. Dinamarca jugaba con las llaves del auto mientras felizmente explicaba de todas las cosas que tenía planeadas para la semana. Se veía como si ya hubiera hecho eso antes de que Islandia llegara porque había comenzado desde el miércoles en vez del lunes como la gente normal haría.

―No sabía que tenías un carro ahora ―Islandia dijo y Dinamarca sonrió. Era común que no tuviera un carro ya que prefería usar la bicicleta o tomar el transporte público. Aparte, era conocido por simplemente tomar el carro de Suecia o Noruega y regresarlo después de un mes justo antes de ser forzado a pagar el registro y el impuesto de este.

―No tengo uno ―Respondió el danés― Es de Nor. Solo estaba manejando porque él estaba demasiado nervioso y enojado ya que no contestabas nuestras llamadas que temimos que lo fuera a chocar. Ninguno de nosotros queriendo ir al hospital, así que tomé las llaves.

― ¿Qué?

―Danmark ―Dijo Noruega e ignoró la cara sorprendida del islandés― Debo recordarte sobre nuestro acuerdo de no mencionar eso.

―Sí, ya se ―Respondió el danés― Pero lo adivinará cuando vea el desastre que hay en casa.

―No hay ningún desastre en la casa ―Exclamó el noruego― Solo derramé una taza de café por accidente.

―Lo que sea. Es un desastre ―Dijo el danés y soltó una risa― Es genial tenerlos a todos aquí otra vez. No tienen idea de cuánto he planeado.

―En realidad, si tenemos ―Notó Finlandia― Lo acabas de explicar todo ―Llegaron al carro e Islandia se fue al asiento trasero. Su hermano rápidamente le siguió y Finlandia decidió sentarse atrás también lo que significaba que el asiento de adelante se lo quedaba Suecia. Dinamarca metió la llave y se miró algo confundido por cómo habían decidido sentarse.

―Hey ¿Por qué me tengo que sentar a lado de Suecia? ―Preguntó.

―Me estoy preguntando lo mismo ―Respondió Suecia, calmadamente mientras miraba hacia Dinamarca.

―Sus tierras están una al lado de la otra así que cállense y maneja ―Dijo Finlandia con una voz bastante dulce― Estoy hambriento.

―Sí, señor ―Respondió el danés. No era tan largo el recorrido desde el aeropuerto hasta la casa del danés, pero tenían que tomar una ruta por la ciudad y había un montón de trabajo en la calle así que Dinamarca no pudo manejar tan rápido como de costumbre. Lo que sería una hora de viaje se había transformado en una hora y cuarenta minutos, pero aun así todos seguían de buen humor. Dinamarca estaba cantando con la radio y Noruega hablaba con Finlandia en voz baja mientras Islandia solo se relajaba y pensaba en cuánto había extrañado eso. Por tres meses se había escondido y pretendido ser humano. Era una cosa sorprendentemente difícil de hacer y habían sido unas cuantas veces en las que casi se le sale decir algo que pasó hacía mucho tiempo o el empezar a actuar como una nación. Tenía que estar alerta todo el tiempo.

Pero aquí, con su familia, no se tenía que preocupar sobre mencionar algo que hizo en 1528 por accidente o recordarse sobre no hablar acerca de la economía nacional como si fueran sus problemas personales. Con ellos él era libre de ser lo que realmente era. Excepto que ahora tenía un secreto.

Noruega aparentemente notó el cambio en su ánimo porque dejó de hablar a media oración y miró al islandés. Finlandia también se calló y se miraba algo preocupado.

― ¿Estás bien, Is? ―Preguntó Noruega en un tono suave. Islandia estaba sentado en medio de las dos naciones y porque también el danés y el sueco, en los asientos delanteros le estaban poniendo atención –Suecia incluso se había girado y Dinamarca le miraba desde el espejo retrovisor- Islandia se sintió algo avergonzado, aunque aún sintió un cálido sentimiento dentro de él. Esta era su familia. Les importaba.

―Te ves exhausto ―Comentó Finlandia― Quizá deberíamos cambiar de planes y dejarte descansar.

―Estoy bien ―Murmuró Islandia― Solo he estado muy ocupado últimamente.

―Sí, pero es mejor que no te sobre-esfuerces ―Le notó Dinamarca mientras le sonreía― Sabes, podemos hacer todo esto después. Tengamos una noche de películas hoy o algo. Incluso tengo botana y dulces en casa.

―Espero que no sean esos dulces Nørregade ―Dijo Noruega mientras sonreía pícaro― Siempre te hacen llorar.

― ¡Se llama nostalgia, Nor!

―No cuando te ahogas con ellos ―Murmuró Suecia.

― ¡Es todo, Sve! ―Gritó Dinamarca sonando un poco emocionado y feliz― Cuando lleguemos a casa te mostraré algo de nostalgia. Voy a golpearte tanto que te sentirás como hace unos cuantos cientos de años.

―Anda, vamos, danés.

―Recuerden las reglas, chicos ―Dijo Finlandia con una sonrisa― Mucha pelea y los echo al mar Báltico ―Noruega soltó una suave risa e inclusive el exhausto islandés sintió una sonrisa aparecer en su rostro. Estaba cansado y los viajes en auto siempre le hacían dormir así que no fue una sorpresa el que no lograra mantenerse despierto. Se sentía a salvo entre Finlandia y Noruega, así que estaba bien cerrar sus ojos por un momento.

Cuando despertó, ya ni siquiera estaba en el auto. De alguna manera había terminado en el sofá del espacioso cuarto que el danés usaba como sala. La casa de Dinamarca era grande y vieja así que tenía los cuartos suficientes como para tener a una pequeña aldea viviendo ahí. Algunos aún se cuestionaban el porqué de querer seguir viviendo en esa casa, especialmente ahora que vivía solo y no tenía ninguna ama de llaves, pero solo respondía que era porque el lugar tenía bastantes recuerdos. Aparte, había cerrado la mayor parte del lugar así que no era tan difícil el mantener los pocos cuartos que usaba a diario. Y siempre ayudaba que estuviera lleno de energía así que limpiar el pasillo casi sin-fin no era problema para él.

La sala de estar del danés era una imagen perfecta de él. Tenía sillones suaves, un sillón más grande y lindos colores que se mezclaban bien con las paredes blancas y la luz que venía desde la ventana. Tenía fotos en la pared y en la mesa, principalmente con su familia, aunque también algunas de paisajes bonitos y vistas de la ciudad, y todo olía a luz del sol, felicidad y un poco de sal de mar. Si Islandia tuviera que elegir una palabra para describir la sala, o la casa entera, tendría que usar 'danés' y decir que era simple hygge.

Se sintió un poco confundido por despertar ahí y no en su propia cama en la casa del danés o en ese oscuro, pequeño cuarto en el que había vivido por los últimos meses. De hecho, tenía su propia habitación en la casa de Dinamarca, así como también tenía una en la casa de Noruega. Ya había sido suya por lo menos unos cuantos siglos y Dinamarca le dejaba hacer lo que quisiera con ella así que era cómoda y hogareña para el islandés.

―Hej Is ―Una voz emocionada exclamó― ¡Island despertó!

―No es necesario que grites cuando estamos justo detrás de ti ―Comentó Noruega e Islandia se levantó un poco para poder ver a toda su familia que, en efecto, estaban parados a lado de la puerta.

―Hei ―Dijo― ¿Cuánto dormí? ―Se veía como si todavía hubiera luz solar afuera así que pensó no podría haber sido mucho.

―Unas cuantas horas ―respondió Finlandia― Lucías como si realmente necesitaras una siesta así que decidimos no levantarte para comer.

―Aunque te dejamos un poco ―declaró Dinamarca― Porque también luces como si necesitaras comida.

―Sentimos el dejarte dormir en el sillón ―añadió Noruega― Era más fácil cargarte hasta aquí que arriba.

―Está bien ―Murmuró Islandia y sintió el hambre ahora que la comida había sido mencionada― Así que… ¿Quién hizo de comer? ―Todos ellos cocinaban bien pero había unas cuantas cosas que tomar en cuenta. Si fue Finlandia el que hizo la comida, siempre había un riesgo de obtener algo a lo que él le llamaba "experimental". Noruega prefería hacer platillos simples porque clamaba que estaba demasiado ocupado con cualquier otra cosa, así que la mitad de las veces les ofrecía avena. Dinamarca era bueno y hacía ricas comidas pero le iba mejor el hornear así que Suecia era la mejor opción de todos ellos para cocinar.

―Yo ―Dijo Suecia y alzó su mano.

―Ah, okay ―Murmuró Islandia― Entonces creo que tendré un poco ―Suecia asintió y caminó hacia la cocina para recalentar la comida para el islandés.

― ¿No es gracioso que siempre pregunta quién hizo la comida antes de ver si come o no? ―Dijo Dinamarca y le sonrió divertido al islandés. Finlandia se encogió de hombros y decidió seguir al sueco mientras Noruega caminaba hacia Islandia y se sentó a lado de él en el sillón. Dinamarca se acercó también, pero solo se recargó en el respaldo.

― ¿Te gustaría decirme más sobre el trabajo que te ha estado agotando así? ―Preguntó el noruego y, aunque Islandia no estaba sorprendido por el interés del otro, era poco común que fuera directo al tema. Usualmente le gustaba ir de poco a poco y hacer todo tipo de trucos raros para obtener la información que buscaba.

―No es nada importante ―murmuró Islandia.

―Island ―Dijo Noruega y le miró fijamente.

―Enserio, Nore ―respondió la joven nación― Solo es trabajo. Todo está bien.

―Sí, Nor ―Dijo Dinamarca y los sorprendió a ambos. Islandia no podía recordar ni una sola vez que Dinamarca haya tomado el lado de alguien más que el de Noruega. Noruega le dio una mirada de duda, pero asintió después de un rato.

―Bueno, eres un adulto y una nación capaz ―Notó― pero recuerda que siempre puedes venir con nosotros si necesitas ayuda ―Islandia sintió un poco de culpa y tristeza, pero no podía decirles lo que realmente estaba haciendo. Era demasiado vergonzoso el ser la única nación mandada a la universidad.

―De todas maneras ―Dijo Dinamarca y les sonrió― Mientras dormías decidimos cancelar todos los planes y solo pasar un buen hygge y dejarte descansar.

― ¿Cancelaste incluso el viaje a Legoland del que hablaste? ―Preguntó Islandia. Había habido otros planes más también pero ese era del único del que se acordaba su somnolienta mente. El danés había estado demasiado emocionado por ello.

―Sí… ―Dijo y se encogió de hombros― Es un lugar con un montón de bloques de plástico. Puede esperar.

―Aparte, hemos estado ahí un millón de veces ―Añadió Noruega― Pero tú eres el único islandés que tenemos, así que hay que cuidarte ―Islandia apartó la mirada y sintió sus mejillas calentarse gracias a las palabras tan vergonzosas de su hermano. Aun así, asintió.

―Okay ―murmuró― Creo que un poco de descanso estaría bien.

― ¿Islanti? ―Finlandia preguntó desde la puerta en ese momento y lo salvó de una situación aún más incómoda― La comida está lista ¿Quieres comer aquí o en la cocina?

―Cocina ―Respondió Islandia y procedió a caminar hasta allí. Todas las demás naciones le siguieron y pasaron el rato en la cocina mientras el islandés comía. Era un poco molesto el que siempre le estuvieran vigilando, pero de alguna manera también se sentía bien. Solo que era muy dulce el saber que alguien se preocupara demasiado por él.

Pasaron el resto del día estando juntos en la sala y jugando un poco. Finlandia y Suecia habían tenido una junta internacional juntos la semana pasada, así que felizmente les contaron de lo que habían escuchado sobre las otras naciones. O en realidad era Finlandia el que chismeaba de todo y Suecia solo asentía o negaba después de las preguntas. Islandia se sentó entre su hermano y Dinamarca y simplemente se olvidó de todas sus responsabilidades. Suecia le había hecho chocolate caliente y el juraba que era el mejor en el mundo. El cuarto estaba lleno de ruido y las risas de la gente que le conocían y le amaban, y era simplemente perfecto.

La mañana siguiente Islandia se encontraba en su propio cuarto en la casa de Dinamarca, entre suaves cobijas y sus brazos abrazando la almohada. Aún era temprano, inclusive Dinamarca estaba durmiendo en la habitación que compartía con Noruega. En realidad Noruega también tenía su propia habitación en la casa, así como Finlandia también. Aunque probablemente ni siquiera recordara cual había sido la suya, pero clamaba que su habitación era demasiado oscura y no le gustaba. Aparentemente esa era la razón por la que dormía en la habitación del danés, pero nunca aclaró por qué simplemente no elegía otra habitación de las numerosas si el único problema era que no le gustaba su habitación original.

Islandia escuchó su teléfono sonar y simplemente quiso ignorarlo. La cama era demasiado suave y amaba esa habitación bastante más que esa que tenía en el complejo de apartamentos. Pero el celular demandaba su atención y finalmente el islandés gruñó y lo tomó.

Tomas: ¿A qué hora nos reuniremos hoy?

Julia: ¿Está bien a las 8:00? Prefiero estar lista lo más pronto posible.

Tomas: También yo. Tengo que estudiar para los exámenes.

Claus: Creo que llegaré un poco tarde pero si iré.

Tomas: ¿Alguien ha visto a Erik?

Julia: No desde la última clase.

Claus: Igual.

Tomas: ¡ERIK!

Julia: Quizá solo está durmiendo.

Tomas: Sí, es verdad. Debía haber preguntado sobre esto ayer.

Islandia se congeló cuando vio los mensajes. La noche pasada se había relajado y había logrado lo de "olvidarse de todo" demasiado bien y la reunión de estudios que habían planeado para esa mañana se le había olvidado por completo. Maldijo por lo bajo y mandó una respuesta rápida.

Eiríkur: Lo siento. Tuve una noche larga y me quedé dormido. Estoy por llegar.

Islandia saltó de la cama y se puso ropa rápidamente, sin importarle si combinaban los colores o algo. Esta era la última reunión que tenían antes de entregar su trabajo en equipo y, aunque a Islandia no le preocupaban mucho sus notas, no quería ser el que hundiera a su equipo. Esos chicos realmente tenían sueños y esperanzas de buenos resultados y no era justo para ellos si una sola nación sin pasión por los estudios les fallara. Cuando Islandia salió de la habitación, sintió vibrar su celular.

Tomas: ¡Está bien! Claus también va a llegar tarde.

Julia: Puedo conseguir algo de café.

Islandia les envió un like para mostrar que leyó el mensaje. Después, se fue de puntitas a las escaleras y escuchó cuidadosamente, pero sin oír ninguna señal de vida. Por mucho que sabía, todos los nórdicos aún estaban dormidos y eran conocidos por disfrutar de sus mañanas libres, durmiendo hasta tarde. Así que Islandia no esperaba verlos despiertos. Estaba equivocado.

― ¿Vas a salir? ―Preguntó Dinamarca y brincó en frente de Islandia desde una esquina. Islandia se sorprendió tanto que casi deja caer su mochila.

―Sí ―Respondió― ¿Qué haces aquí?

―Vivo aquí ―Respondió el danés y sonrió divertido. Llevaba sus pijamas y lucía como si fuese a ir a la cama pronto.

―Sí, lo sé ―murmuró― Me refiero a que ¿No deberías estar en la cama? Apuesto a que Nore está ahí.

―Sí, voy a volver ―respondió el danés― Solo necesitaba checar algo ¿A dónde vas? ―Islandia no respondió en seguida porque no tenía ninguna buena excusa, así que tuvo que pensar en una en el momento.

―Solo… ―Dijo y trató de no sonar inseguro― A mi embajada. Tengo unas cuantas cosas urgentes que entregarles.

― ¿Ahora? ―Dijo Dinamarca y frunció el ceño― Deberían saber que no tienen que molestarte durante nuestra reunión familiar.

―Es que es muy urgente ―Respondió Islandia y se encogió de hombros― Solo me tomará un par de horas ―Dinamarca lucía desconfiado pero asintió y aceptó la excusa del islandés. La joven nación nórdica agradeció a su suerte que no había sido Noruega el que lo había sorprendido mientras trataba de escaparse. La nación noruega nunca habría creído tal excusa barata y se habría dado cuenta de las mentiras en ese instante. Era por eso que Islandia tenía que ser cuidadoso alrededor del noruego si quería mantener su secreto.

―Okay ―Dijo Dinamarca― ¿Quieres llevarte el carro? A Nor no le importará ―Islandia dudó pero asintió. No era tan difícil llegar a la ciudad usando el transporte público pero el auto le ahorraría mucho tiempo.

―Sí… ―Respondió Islandia.

―Las llaves están en la bolsa de mi chaqueta ―Le dijo el danés y le sonrió― No trabajes tanto, Is. Nos prepararé algo de almorzar más tarde así que recuerda llegar.

―Claro. Gracias ―Le agradeció Islandia. Dinamarca asintió y bostezó cuando caminó de regreso a las escaleras. Islandia habría amado el volver a la cama también, pero tenía responsabilidades. Suspiró tristemente y salió de la casa a la fresca mañana. Antes de manejar hasta allá, hizo una llamada más.

Íslenska leyniþjónustan ¿En qué puedo atenderle?

―Buenos días ―Saludó Islandia con un neutro y serio tono― ¿Podrías asegurarte de que si alguien llama a mi embajada en Dinamarca en cualquier momento durante las siguientes tres horas y pregunta por mí, digan que estoy ahí pero en una junta con el embajador y no puedo responder a la llamada no importa qué?

―Claro ¿Quiere que le informemos si alguien llama y pregunta por usted?

―Eso sería genial. Gracias ―Islandia dijo y suspendió el celular después de que la voz le deseara un buen día. Era muy bueno escondiendo sus sentimientos detrás de su cara tan neutral, pero aun así no pudo evitar el sentirse horrible. Se sentía tan mal por ello y no quería mentirle a su familia pero ya era demasiado tarde para no hacerlo.