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Discovery and mischief

"Sólo el amor y el arte hacen tolerable la existencia".

William Somerset Maugham

Un tiempo después…

Los jadeos se escuchan en la oscuridad de la alcoba, el viento agita las cortinas y la luz de la ventana enmarca la difusa y fluctuante silueta de los cuerpos y el amor.

—Ehmm… Michiru… —dijo Haruka arrodillada entre sus piernas, la posición de su cabeza indica que mira algo en el pecho de su amante.

Bajo la luna los pechos erectos de Michiru se aprecian con claridad.

—¿Sí?

—¿Usas las redes sociales?, eres… ¿Oceanic69?

—Emm… no… ¿por qué preguntas?

—Sí…, sí eres, no mientas Michiru, ¡me estuviste espiando! —Dijo Haruka con una amplia sonrisa—. Tejiste tu red de seducción y me ataste a ella.

Con una mirada pícara Michiru fingió inocencia.

—¿Yo? No… ¿cómo crees? Sería incapaz…

—Michiru tus senos te delatan.

—Oops...

—Eres increíble…

Michiru rió y Haruka respondió con un beso. Para su fortuna, Haruka no tomó mal su estratagema.

—Loca acosadora… —murmuró de cerca.

—Quimera voyerista…

Compartieron un beso juguetón y por un instante las risas, el roce de la piel y el camino de besos al sur de la artista fue lo único que se escuchó.

—¡Ahhh! —Exclamó Haruka de repente como descubriendo un misterio.

Michiru se desternilló de risa, Haruka Tenoh apenas entendió la pintura que colgó justo sobre la cabecera de la cama.

Un par de horas después Michiru descansaba sobre el hombro de Haruka dibujando círculos en su pecho.

—Oye, Haruka…

—¿Sí?

—Recuerdas que cuando nos conocimos me contaste que tu primo hizo una pregunta absurda en un bar.

—Así es.

—He estado pensado que… un eunuco es un hombre sin miembro.

—Sí.

—Y por tu condición, tú eres un hombre sin miembro.

—Eh…

—Te llamó eunuco.

Le tembló el ojo. Tenía razón, sólo un eunuco podía responder esa pregunta, lo que creyó producto de la borrachera resultó ser una sutil forma de insultarlo, aunque no sabía si en realidad era un insulto pero de igual manera, no sonó bien.

—Estúpido Seiya…

Michiru se cubrió los labios conteniendo la risa, había atrapado a un pez muy despistado, quizá por eso fue fácil.

Mirando al cielo Haruka repensó las cosas, de no ser por las tonterías de su primo no estaría ahí en ese momento, era más probable que hubiera estado sentado en algún bar evitando a otros tipos o escuchando más de la filosofía ebria de Seiya. Con una sonrisa acarició el cabello de Michiru y besó su frente. Nunca lo reconocerá, pero dio gracias a él y a su ocasional alcoholismo.

A la mañana siguiente, con el cabello en alto, envuelta en una sábana y sentada en un banquillo, Michiru pintaba junto a la ventana, el sol sustituyó a la luna y atravesó las cortinas.

Haruka abrió los ojos. Aspirando el perfume de Michiru entre las sábanas pronto recordó en dónde estaba, se encontró solo y con los ojos exploró la habitación; y ahí, con el sol a su vera, la mujer ideal, la mujer que lo aceptó con su dual esencia. Quiso hablar pero al verla tan concentrada temió interrumpir. Por unos minutos la contempló como a una pintura, perfecta, bella, inigualable, una fina y sublime obra de arte. Para Haruka era la clase de cosas que hipnotizan, que podría mirar eternamente si pudiera. Con los ojos trazó las líneas de su cuerpo, detalló el casi imperceptible lunar de su seno y el hoyuelo en su mejilla, luego guardó el boceto entre sus recuerdos pues el par de pinceles que enredan su cabello le produjeron una pequeña risa.

—Buen día… —dijo Michiru sin apartar los ojos del cuadro.

—Buen día —respondió Haruka con la mirada ensoñada—. ¿Esto es real?

Ella sonrió.

—Tal vez.

—Despertaste inspirada.

—Tengo una musa.

—¿Debo preocuparme?

Negó.

—A menos que sientas celos de ti.

—¿Soy tu… "musa"? —Alzó la ceja.

Michiru dirigió la mirada a la cama y arrugó la nariz con una sonrisa, sus ojos se ocultaron tras sus largas pestañas y Haruka sintió como si una flecha le atravesara, desvió la mirada para esconder el sonrojo y se preguntó cómo un simple gesto pudo desarmarlo.

—Tú sólo pintas labios…

—Exacto. La exposición sale de viaje la próxima semana y como tú compraste la pieza más importante es preciso reponerla.

—Espera, ¿qué? No estarás…

En ese momento Haruka sintió la corriente de aire en sus piernas y rápido se cubrió con la sábana.

—Haruka, después de lo de anoche estás perfectamente grabado en mi mente, ¿no crees? Si no te cubrí fue porque no quise arruinar la vista.

Con el rostro coloreado Haruka no pudo decir nada, quejarse no le serviría, aún con el poco tiempo de conocerla sabía que Michiru era implacable y de todas formas haría su voluntad. Desvió la mirada con un puchero.

—No te enfades… —dijo la artista dejando su quehacer, a gatas subió a la cama y la sábana que la cubría se deslizó por el borde dejándola desnuda—. No le diré a nadie que eres tú… —murmuró a su oído.

—¿No?

—No. Eres un hombre, ¿recuerdas?

Haruka exhaló una sonrisa.

—Y yo sólo pinto labios.

Michiru extendió la mano a la mesa de junto, abrió el cajón, sacó uno de sus lápices para labios y coloreó los propios.

—Así que déjame pintarte… —con besos cortos recorrió el cuerpo de Haruka que siguió su juego hasta que la ansiedad le hizo tomar el control, y entre risas y marcas de labios comenzaron de nuevo el juego del amor.

—Ehmm… ¿Michiru?

—¿Sí?

—¿Qué haces?

—Dije que iba a pintarte.

—Creí que pintarías tus labios en mí.

—No.

—¿No?

—Yo no dije cuáles…

—¿Qué? ¡No! ¡Michiru! ¡No!

Ella rió traviesa.

. . .

Un par de días después…

—¿Hola? ¿Charlotte? Habla Haruka. Quiero… comprar una pintura.

Y al día siguiente…

—Sí —dijo Haruka—, este es su lugar.

Cruzada de brazos Michiru miraba molesta la pared dónde colocó la pintura, justo al lado de la otra.

—Debes admitir, que no deben separarse.

—Haruka, esa pintura era para sustituir la anterior, debe estar en el centro…

—Está en el centro… —dijo y tiró de su muñeca tomando su cintura acercándola hasta rozar sus labios.

Era la primera vez que Haruka se mostró tan dominante que la dejó sin habla.

—…de la habitación —agregó—, pero está en el centro. Y sólo yo puedo estar en el centro, de ti.

Los ojos de Michiru titilaron de emoción, conmovida le rodeó con los brazos y unió sus labios en un profundo beso, un beso tan diferente a las intenciones de Haruka que lo tomó por sorpresa, y envolviéndola correspondió con suavidad a la ternura de sus labios.

. . .

En una nueva locación las puertas de la galería se abrieron de par en par, está abarrotado de admiradores del trabajo de Kaioh, hay labios por doquier, labios discutiendo, labios hablando, labios riendo, labios callando y labios juzgando a otros labios, y por supuesto; también el arte de los labios. La muestra itinerante es toda una gama de formas y texturas pero, en el centro hay algo distinto, algo que sobresale por su originalidad, una obra no disponible a la venta, el retrato de los labios y la parte superior del torso de una tímida mujer que cubre la desnudez de su pecho con los brazos, y que sólo un buen observador es capaz de distinguir las marcas de besos desperdigados en su piel y el sonrojo de sus mejillas. La etiqueta debajo la titula: "Mine".

—Sabía que no había nada allí —dijo Seiya llevándose un cigarrillo a la boca, luego de su chaqueta sacó un encendedor.

—¡Joven!, ¡joven! —exclamó Charlotte que correteó hacia él—. Por favor, no puede fumar aquí.

—Sí, sí, ya me voy…

Al salir de la galería Seiya encendió el cigarrillo y exhaló una bocanada, guardando el encendedor tomó su teléfono e hizo una llamada.

—¿Michiru? Hola, genial exposición. Sí, acabo de ver la de la 5ta. Avenida. Oye, ¿está la quimera? Sí, espero. ¿Haruka? ¿Quieres ir a tomar una cerveza cuando regrese la próxima semana? Vamos, por los viejos tiempos… No, ya no te llamaré quimera. Oh, oye, te tengo una pregunta. No, no es sobre eunucos. Por enésima vez, no te llamé eunuco, sólo era una duda. Dime, ¿cómo tienen sexo dos mujeres? Sí, estoy en la calle. No, no me avergüenza. Es que acabo de ver una que sé que se acuesta con otra, y esa otra tiene unos melones… No, la que vi es una tabla. ¿Qué por qué pregunto? Es que te da como… curiosidad.


*Discovery and mischief: Pintura de Cecil Ackland Hunt.


NOTA DE AUTOR:

Sí, este es el último capítulo, lamento decepcionar si esperaban algo más extenso, lo intenté, en serio (motivo por el cual postergué la publicación de este capítulo), pero no se me ocurrió nada más con qué alargarlo, tocar más a fondo el tema del Síndrome de Haruka sería como redundar un poco con mi historia sobre el cambio de género: "La vida que deseé", y no logré imaginar algo diferente, de hecho, esta historia originalmente era un one-shot, terminaba en el primer capítulo en el momento en que Haruka se queda como pasmada con el espejo en las manos, esa era la idea, dejarlos pensando y hasta allí, pero, Michiru me habló (sí, me habló; no, no me drogo XD), y dijo: "Oye, yo la traje aquí, dame el crédito por esto". Y fue entonces que me contó cómo lo hizo, que son sus travesuras del capítulo 2, y eso derivó en el 3 y para ser honestos, el 4º iba a ser realmente breve, la loca acosadora y la quimera voyerista eran casi-casi el final, pero pensando en sus expectativas, es decir; en los reviews, dije, ok, vamos a alargarlo y helo aquí, hasta aquí dio mi imaginación para esto, espero les haya gustado o mínimo los haya entretenido, les agradezco mucho su tiempo y sus comentarios, para la próxima espero entregarles algo un poco más sustancioso, si logro terminarlo y no se me atraviesa algo más corto antes. Ah, y para los que se quedaron con ganas de lemon (que son algunos que me lo han estado pidiendo, picarones…), sorry, pero eso requiere un poquito más de "feeling" que de momento no tengo, cero inspiración, así que se los quedo a deber. Sí, ya sé, ameritaba lemon, lo sé, lo sé.

Sin más, donde estén, cuídense y nos seguimos leyendo.

Saludos.

AS

P.S.-Aerumina Rampante, el síndrome de Haruka es completo. Gracias por interesarte. ;)

P.S.2-Jeseboy Ronne, estoy de acuerdo contigo, el capítulo 2 es "sombrío" y algo le faltó, pero no se me ocurrió con qué adornarlo, sorry. XDU