Elizabeth decidió entonces continuar con su paseo y seguir el camino. Poco a poco fue acercándose al señor Darcy, y entonces se dio cuenta de que a su lado se encontraba una joven de rasgos muy bellos y de tez muy blanca, parecía una muñeca de porcelana. Al ver que estaba acompañado, Lizzy siguió el camino, intentando evitar todo contacto con él, sin embargo no pudo evitar voltearse y fue entonces cuando sus miradas se encontraron. El señor Darcy se levantó rápidamente y empezó a caminar hacia Elizabeth.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca hizo una pequeña reverencia a la que ella también contestó con otra un poco más torpe.
-Señorita Elizabeth, que sorpresa verla por aquí.
-Me gusta mucho caminar, pensé que ya lo sabía.
-Lo sé, quería aprovechar esta oportunidad para presentarle a mi querida hermana Georgiana. –la joven que hasta entonces se había escondido tímidamente detrás de su hermano, dejó salir unas breves palabras que parecían un ligero murmullo.
-Encantada de conocerla, señorita Bennet.
-El placer es mío, señorita Darcy.
A medida que conversaban, la señorita Georgiana empezó a abrirse, comprendió que en Elizabeth podría encontrar una gran amiga. Darcy rápidamente lo notó, la presencia de la señorita Bennet le hacía bien a su hermana, y estaba orgulloso de que Georgiana se abriese delante de la mujer a la que él amaba.
Charlaron alegremente con breves intrusiones del señor Darcy Fue una conversación bastante divertida y se podía notar que Georgiana era una joven que podría destacar en muchos aspectos. Lizzie pudo observar que la señorita Darcy tenía largos y finos dedos que parecían haber sido hechos con el propósito de tocar el piano, poseía unos modales inigualables y tenía un grandioso corazón, como su hermana Jane. El sol ya había salido, y Elizabeth comprendió que era bastante tarde, que debería haber vuelto a casa, sus padres y sus hermanas estarían bastante preocupados por ella pues no solía desaparecer durante tanto tiempo en sus caminatas. Se despidió del señor Darcy y de su hermana, no sin antes invitarla a ella también a la cena, a lo que ella aceptó de buen gusto.
Un cuarto de hora más tarde, Elizabeth llegó a su casa, donde su padre y su madre estaban desayunando en compañía de Mary y Jane. Entonces recordó que debía avisar a su madre de que la señorita Georgiana también vendría a la cena.
-Oh Lizzy, ¿Dónde has estado? Estábamos muy preocupados… ¡Mis nervios! ¿Acaso no te importan, jovencita?
-Perdona mamá, había salido a dar un paseo… Por cierto, debo decirte que esperamos a otro invitado en la cena.
-¿Otro más? Dime hija, ¿Le conocemos? –La insistencia del señor Bennet era bastante notable, no creía que fuera ningún oficial, ni tampoco nadie del pueblo.
-La señorita Georgiana Darcy, querido padre, me pareció apropiado invitarla, es una joven muy amable que posee un comportamiento muy correcto, sería un buen ejemplo para Lidia y Kitty. ¿Dónde se encuentran?
-Salieron a Merytown poco antes de tu llegada querida, y dime ¿Cómo es ella? ¿Se parece a su hermano?
-No madre, ella es una joven muy tímida y simpática. No creo que posea nada que cause tu incomodidad esta noche.
Lizzy pudo notar una pequeña sonrisa en la boca de su padre, mientras su madre seguía preguntándose en su cabeza como sería la señorita Georgiana Darcy y porque Lizzy había decidido invitarla. Mientras Elizabeth tomó asiento al lado de Jane y empezó a comer una tostada mientras Hill le servía el café, empezó a untar su tostada y observó que su hermana lucía bastante callada.
-¿Jane?
-¿Qué sucede, Lizzy?
-Te noto bastante distante, ¿En qué piensas? ¿En la cena de esta noche?
-Es muy posible hermana, pero no te preocupes, he heredado estos nervios de nuestra madre, y la verdad es que los controlo mejor que ella.
Dicho esto, Jane se levantó de la mesa y se dirigió a tomarse un baño. La mesa quedó entonces vacía, pues su madre había ido al salón junto con Mary, y su padre se encontraba en la biblioteca. El resto de la mañana transcurrió tranquila mientras leía un pequeño libro sobre el desamor de una joven francesa. A la hora del almuerzo todos se sentían preocupados por las menores de las hermanas pues aún no habían vuelto de Merytown. Era demasiado preocupante, ellas dos nunca solían tardar a la hora del almuerzo. Finalmente llegó Kitty, pero no acompañada de Lidia. Kitty tranquilizó a sus padres diciendo que se había quedado en casa de los Lucas a comer, pues la había invitado María Lucas. Cuando todos se tranquilizaron, Kitty volvió a su rutina de elogios y alabanzas hacia los oficiales, y para desgracia de Lizzy, también mencionó a Wickham.
Después de comer, Mary se encontraba leyendo junto a Lizzy en el salón, mientras que Kitty preparaba un buen vestido para la noche. A la hora del té llegaron los invitados, y Lidia aún no había vuelto a casa, hecho que enfadó bastante a su madre. La criada dio el paso a los señores Bingley y Darcy, y a la hermana de este último. Las presentaciones fueron cortas, debido a la timidez de la frágil e inocente Georgiana. Kitty rápidamente se interesó en Georgiana, al igual que Mary que insistió profundamente en que tocara alguna pieza de piano.
Bingley comenzó una conversación bastante agradable con la señora Bennet y Jane, por otra parte, Darcy se sentó entre la chimenea y la ventana, sorbiendo silenciosamente su café. Su mirada se encontraba siempre sobre su hermana, y más disimuladamente sobre Elizabeth. Ella notaba sus ojos, su cálida mirada posada sobre ella… Realmente le agradaba esa sensación y esperaba que se acercara a ella, pero sabía que no lo haría, si quería empezar una conversación debía hacerlo ella.
-Señor Darcy, ¿Desea otra taza de café?
-Oh, claro. Muchas gracias señorita Bennet. –Lentamente el señor Darcy fue acercando la taza hacia las suaves manos de Elizabeth. El contacto fue muy breve, pero intenso. Sus manos se habían rozado, intercambiando sentimientos. La misma sensación volvió a ocurrir cuando ella le entregó de nuevo la taza. Sus miradas se cruzaron, y Elizabeth pudo ver como sus labios se formaron una pequeña sonrisa.
-¿Cómo se encuentra, señorita Bennet?
-Muy bien señor Darcy, espero que usted también se encuentre bien.
-Sí, perfectamente. Señorita Elizabeth… Quizá le suene extraño, pero ¿Le apetecería dar un paseo conmigo? Sé que conoce bastante bien estos caminos.
Elizabeth no tuvo tiempo a contestar, su madre se metió en la conversación, aceptando gustosamente en nombre de su hija. Su madre la mandó a su habitación para que se cambiase a un vestido más cómodo y apropiado para el paseo.
-Gracias Lizzy, ¿Te importaría distraerlo hasta la hora de la cena? Sé que te será difícil, todos sabemos que es muy arrogante y orgulloso, pero hazlo por el bien de Jane, ¿Si?
-Tranquila mamá, volveremos a la hora de la cena, no te preocupes.
Elizabeth, ya lista para el paseo, volvió al pequeño salón. Al verla, Darcy se levantó y se excusó un momento para hablar con su hermana Georgiana, y cinco minutos después ya se encontraban caminando en el sendero que conducía a la salida de Longbourn. Elizabeth se encontraba cogida al fuerte brazo de su acompañante, mientras que él mantenía la mirada fija al frente.
En verdad el silencio era bastante incómodo, sentían deseos de empezar una conversación, pero las palabras no salían. Sin embargo, ambos parecían estar disfrutando de la compañía en silencio.
