Capitulo 4.

Cinco días en la carretera, uno para llegar a casa de Bobby y poco menos para que al Winchester menor le diera algo.

Dean volvió a conducir, pero a regañadientes y protestando por lo bajo. Sam solo tuvo que ponerse a hacer el tonto con el coche para conseguirlo. Puede que el mayor se hubiera vuelto un flojo, pero seguía sin soportar que alguien le jodiera las marchas a su nena.

Volvieron a parar en un motel, muy cerca del desguace del cazador. Con suerte estarían en su casa a la mañana y si no habían ido directamente era porque Sam estaba agotado después de pasarse la noche en blanco investigando otra vez. En toda su vida había deseado llegar con tantas ganas al viejo desguace.

Aunque ya no tenia que seguir curándole la herida, Dean aun le pedía que se la mirara, solo para conseguir algo de atención u otra caricia. Sam no sabía donde esconderse cuando ocurría eso. Los ronroneos del mayor eran demasiado sugerentes y le ponían a mil por hora.

Por eso, y con toda la intención de ignorar a Dean durante el resto de la noche, Sam instaló inmediatamente su portátil y se sentó a investigar. Al menos, hasta que Dean se durmiera.

Lo que fuera que le distrajera de fijarse en los andares del mayor, que se habían vuelto más suaves y sigilosos, o de que sus garras eran cada vez más afiladas y evidentes. Tanto, que Dean tuvo que ponerse unos guantes para disimularlas.

Lo que fuera antes que reconocer que estaba deseando volver a tocar a su hermano y sacarle algo más que ronroneos.

Dean, por su lado, actuaba como si no pasara nada raro. La calma con la que se estaba tomando su transformación tenía al pequeño alucinando.

Lo vio de reojo andar hasta su cama, dejar su mochila, quitarse las botas, guardar la bolsa de las armas, ir a la cocina, meter la cerveza y la leche que habían comprado en la nevera, cogerse un cartón de leche para él, abrirlo, dar un trago, mirarle…

Oh, joder.

- ¿Me estas vigilando? – le pregunto con la risa impregnándole la voz.

- Er… no. Que va. – Dean rió y se fue al baño. Sam intento concentrarse una vez más en el portátil.

Y casi lo consigue. Pero Dean regreso a la salita y empezó a pasearse de un lado al otro, cerca de él, rozándole la espalda con los dedos y ronroneando bajito. Y todo el mundo tiene un límite. ¿El de Sam? Diez minutos y quince segundos. O lo que es lo mismo, siete paseos del mayor.

- ¿Qué? – acabo preguntando. Dean le miro haciendo un puchero.

- Me aburro.

- Pues ve la tele. – repuso el pequeño volviendo a su portátil.

- No quiero verla solo.

- Dean, estoy investigando tu caso. No me distraigas.

- Es que… si la veo solo, me aburriré más. – Sam se paso una mano por la cara, frotándosela frustrado. Era como discutir con un crío, en serio.

- Dean, de verdad. Estoy investigando y… - el mayor volvió a ronronear esta vez un poco más alto, más grave y la resolución del pequeño se fue de picos pardos. – Oh, esta bien…

Con un gruñido de disgusto se levanto y siguió al otro hasta el pequeño sofá que tenia la habitación. Dean cogio el mando de la televisión y sintonizo una serie nueva. "Leverage" se llamaba. Pronto se olvido de todo. Tenía un buen argumento y le gustó. Un grupo de ladrones, liderados por un hombre honrado que se dedicaban a ayudar a los demás con sus habilidades para el robo. Era interesante y divertida.

Dean dio un sonoro bostezo a su lado y se tumbo en el sofá con la cabeza en el regazo de Sam. Este no se dio cuenta por lo pendiente que estaba de la serie y empezó a acariciarle el pelo distraído.

Si se dio más cuenta del asunto cuando su hermano volvió a ronronear, intercalando algún que otro gemidito de gusto. El miembro del pequeño volvió a hacer de las suyas, respondiendo a esos sonidos y endureciéndose. ¡Jodidos ronroneos!

Se removió un poco, incomodo. No quería que Dean descubriera que se estaba empalmando por su culpa. Iba a pensar que era un pervertido.

Intento moverse, una vez más, tratando de no despertar a su hermano, que aparentemente dormía.

- Tío… ¿Qué te pasa? ¿Te ha picado algo o que? – aparentemente, no estaba tan dormido como pensaba.

- Nada. Se me esta quedando dormida la pierna. – Dean se incorporo un poco al oírle, apoyando la mano sin darse cuenta junto a la erección del pequeño. Levanto la vista, mirándole primero confuso y luego divertido.

- Pues yo creo que más que dormir, aquí algo se ha despertado. – le comento burlón. Sam se sonrojo a más no poder. Trato de levantarse pero Dean se lo impidió, colocando una mano en su pecho. – No pasa nada, Sammy. Es algo muy normal. – Sam bufó. Si, normalísimo que te empalmes porque tu hermano mayor ronronea, no te fastidia.

El pequeño ahogo un gemido cuando Dean deslizo despacio la mano que tenia en su pecho hacia abajo, llegando a sus pantalones.

- Dean… ¿Qué… que estas haciendo? – tartamudeo al notar como su hermano le desabrochaba, uno a uno, los botones de los vaqueros.

Dean se acomodo a su lado, riendo por lo bajo y metiendo la mano dentro de los pantalones.

- Yo lo he subido, yo lo bajo. – susurro empezando a masturbarle.

Sam dio un respingo en el sofá cuando esa mano grande y caliente le acaricio con firmeza. Se removió inquieto, queriendo escapar de ahí, pero Dean le retuvo de nuevo y hundió la cara en su cuello, volviendo a ronronear bajito.

Eso calmo al pequeño, que se dejo hacer, gimiendo y jadeando mientras el mayor le lamia el cuello y le masturbaba sin darle un respiro. En su vida le habían hecho algo más erótico que eso.

Sam se corrió gruñendo, agarrando al mayor por el cuello de la camisa y con Dean mordiéndole suave en el cuello.

En ese momento no estaba para procesarlo, obviamente. De hecho, no cayó en eso hasta algunas horas más tarde, cuando sus neuronas se volvieron a reunir en su cabeza después de la juerga. Pero cuando por fin lo hizo casi le da un sincope.

Dean tenía colmillos.

Continuara...