Las cartas que te escribí.

Por Alisse.

IV. Tratos.

Arnold:

Dicen por ahí que las cosas terminan cayendo por su propio peso, tarde o temprano. Creo que, en cierta manera, tienen razón al pensar así. Al menos hoy, ha sido un día más o menos interesante, te lo puedo asegurar. Cada vez estoy más convencida que lo que menos tengo son días tranquilos, y aunque debo admitir que es verdad que le ponen sabor a la vida y todo eso, de vez en cuando me gustaría descansar…

Hoy vi a Simmons, nuestro profesor de primaria, a la desagradable de Megan, conversé con Phoebe durante algunos minutos y ambas llegamos a un trato. Pero creo que mejor voy por orden, para que no te pierdas en los acontecimientos…

¿Recuerdas que te conté que me habían obligado a entrar en el taller de teatro?, bueno, sucedió que…


"Perdedoras", pensó Helga, sentada en una de las cómodas sillas del auditorio de la escuela, demasiado a sus anchas, a gusto de Biece, el profesor del taller de teatro. En el escenario habían varias chicas del grupo (entre ellas Megan) que intentaban quedar seleccionadas en el papel de Inés, en la obra "Don Juan Tenorio", de José Zorrilla, próxima a estrenarse en unas cuantas semanas.

Helga había leído esa obra, y a pesar que según ella estaba demasiado cargada de cursilería, le había gustado. Don Juan era todo un personaje, lo mismo que Inés, que aunque era un tanto inocentona (bastante, mejor dicho) su amor incondicional era bastante admirable.

Y ahí estaba, entre aquellos que deseaban estar en la obra por su talento (como era el caso especial de Lila, que en cierta manera se parecía a Inés, a parecer de Helga) o por querer lucirse (como Megan, que según Helga dejaba bastante que desear en su interpretación). Soltó una carcajada al ver cómo Norma, una de sus compañeras, se quedaba completamente en blanco, palidísima. Esa fue la gota que derramó el vaso, para Biece.

-Helga- su voz sonó irritada desde el asiento en que estaba -¿tienes algún aporte que darnos?

-No- contestó ella, conteniendo la risa –porque todas son pésimas actrices, no puedo aportar nada más. Ahora entiendo por qué la audición del papel de Inés se ha alargado tanto.

Biece no contestó, ya que en cierta manera Helga tenía razón. Si bien algunas lo hacían bastante bien, ninguna era capaz de interpretar a Inés como era debido, y eso lo estaba desesperando. De pronto, tuvo una idea.

-Si tan fácil lo encuentras, ¿por qué no vienes a mostrarnos cómo se hace?- le dijo él, con inocencia fingida. Helga lo miró con el ceño fruncido.

-¿A qué se refiere?- preguntó la rubia, aunque en el fondo intuía la respuesta. Y no le agradaba para nada.

-A que pases al escenario y nos enseñes cómo es que se interpreta a doña Inés- contestó Biece –si no te sientes capaz, puedes dejarlo, y comprenderé que sólo perdí el tiempo al cambiar el castigo que Butler quería darte.

Helga estaba seria, sabía perfectamente que él lo hacía a propósito, con la idea que ella se molestara y terminara por acceder, algo así como un desafío personal. No deseaba caer en su trampa, pero todas esas chicas presentes le decían que tendrían mucho que hablar si es que ella no accedía. Finalmente se puso de pie, aún algo molesta, y se acercó al escenario.

-¿Qué parte quiere?- le preguntó.

-Elige tú la que más te guste.

Helga lo pensó durante unos leves momentos, y comenzó.

"Callad, por Dios, ¡oh don Juan! Que no podré resistir mucho tiempo sin morir tan nunca sentido afán. ¡Ah! Callad, por compasión, que, oyéndoos, me parece que mi cerebro enloquece y se arde mi corazón. ¡Ah! Me habéis dado a beber un filtro infernal, sin duda, que al rendiros os ayuda la virtud de la mujer. Tal vez poseéis, don Juan, un misterioso amuleto que a vos me atrae en secreto como irresistible imán. Tal vez Satán puso en vos su vista fascinadora, su palabra seductora y el amor que negó a Dios. ¿Y qué hacer, ¡ay de mí!, sino caer en vuestros brazos, si el corazón en pedazos me vais robando de aquí? No, don Juan, en poder mío resistirte no está ya; yo voy a ti, como va sorbido al mar ese río. Tu presencia me enajena; tus palabras me alucinan, y tus ojos me fascinan, y tu aliento me envenena. ¡Don Juan! Yo lo imploro de tu hidalga compasión: O arráncame el corazón, o ámame, porque te adoro.

Después de leer la obra, le había gustado bastante la parte que recitaba. Para variar, se sentía identificada con Arnold, que desde su más tierna infancia se había metido en su corazón de tal manera que ya le era imposible sacarlo de ahí. Hablaba imaginándose que tales palabras Arnold las escuchaba, igual que aquella vez en Romeo y Julieta, en donde de manera encubierta, le había declarado su amor incondicional.

Una vez que terminó miró a los presentes, esperando algún tipo de reacción. Lila sonreía ampliamente, maravillada, Biece también lucía bastante complacido con lo que la chica había mostrado. Por otro lado, Megan la miraba con rencor, y las demás chicas con bastante sorpresa. ¿Quién pensaría que la chica más ruda de la escuela podría interpretar a tal romántica mujer?

-Excelente- Biece se puso de pie, caminando al escenario –tenemos a doña Inés, mañana tendrán la nómina de personajes en el mural fuera del auditorio, pueden retirarse. Helga, tú quédate, por favor- le dijo, luego de darse cuenta que ella tenía intenciones de irse.

En pocos minutos se quedaron solos en el auditorio, y como estaban en silencio bien que podían escuchar los comentarios de las demás chicas sobre lo que había pasado hacía pocos momentos. A Helga le causó gracia que Megan tuviera tanta rabia por no poder conseguir el papel (aunque más que eso, pensaba que estaba más enojada porque Helga se lo había ganado)

-¿Por qué lo hizo?- le preguntó la rubia al profesor, después del silencio -¿por qué insiste tanto que participe en su estúpida obra?

-Tengo un amigo- comenzó casualmente Biece, sonriendo levemente –es profesor también, y hablando sobre teatro, me comentó que hace un tiempo hizo con su curso la obra "Romeo y Julieta"- Helga frunció levemente el ceño, esa historia estaba comenzando a parecerle conocida –fue todo un éxito, ¿sabes?, porque a pesar que sólo eran niños de nueve años, los dos actores principales pudieron captar perfectamente las esencias de sus personajes, teniendo así una interpretación excelente… incluso vi un video de aquella obra.

-Ah, ahora entiendo- Helga sonrió a medias, un tanto molesta –si quería que entrara al taller de teatro, ¿por qué no sólo me lo dijo?, se hubiera ahorrado muchos problemas.

-¿Hubieras aceptado?- preguntó de vuelta Biece, sin darle tiempo para contestar –tienes un gran talento dentro de ti, y estoy seguro que no sólo en el teatro, si te lo propones eres capaz de llegar muy lejos con tus capacidades, pero si continúas con esa actitud de rechazar toda la ayuda que los demás queremos darte…

-Escúcheme- a pesar que la interrupción fue brusca, en su tono no se notaba por ningún motivo alguna falta de respeto. Miraba seriamente al profesor –lo que menos necesito en estos momentos es el típico discurso que todos suelen decirme, de verdad. Logró que estuviera en su famoso taller, y ahora me cargó un papel en una obra en la que no estaba interesada… así que por último le pido que me deje en paz, ya tengo mucho con mi psicóloga, con O'Rian y con Simmons, como para que otro se agregue a la lista.

Contrario a lo que esperaba, Biece sonrió.

-Mañana comienzan los ensayos, a la hora de siempre- le dijo él –no llegues tarde, podrás conocer a don Juan Tenorio.

Bufando, Helga dejó el auditorio y se dirigió a la salida de la escuela. Agradecía que ese día no tuviera que ir a trabajar, se sentía realmente cansada. Lo de la obra francamente la había agotado… pero bueno, al menos en esa ocasión tendría la oportunidad de aprenderse con más tiempo el guión, lo que evitaría que tuviera un colapso mental.

A Helga le hubiera gustado que ese día terminara ahí, ya que según ella, ya tenía suficiente para ese día. Pero como siempre, nada de lo que deseaba se cumplía del todo bien, y a la salida de la escuela se dio cuenta de lo verdad que era aquello.

-¡Hola, Helga!

En un primer momento, no supo si saludarlo calurosamente (como siempre lo hacía), o simplemente continuar su camino, como una manera de demostrarle que no le había gustado que le mostrara el video de la obra a Biece. Simmons, aún con su gran sonrisa en la cara, esperó durante algunos momentos a que ella dijera algo.

-¿Y?- la apuró.

-Vamos, señor Simmons- suspiró ella, cansada –sabe perfectamente qué es lo que me molesta.

-Ah, entiendo, mi amigo te dijo lo de la obra- Helga lo quedó mirando con cara de "obvio", y él soltó una pequeña risita –no fue intencional, la verdad, sólo que él me insistía que era imposible lograr una buena interpretación de "Romeo y Julieta" en jóvenes menores de 14 años, y como yo lo había visto con ustedes, tuve que insistirle que estaba equivocado- Simmons miró a su ex alumna con cariño –creo que te reconoció, eres famosa entre los profesores, ¿sabes?

-Me imagino la razón- suspiró la rubia. Poca participación, de vez en cuando mala conducta, entre otros.

-¿Tienes tiempo libre?- le preguntó, de pronto –quisiera conversar contigo de algo importante.

-Vamos- se encogió de hombros la chica, siguiendo al profesor.

Fueron a una cafetería que se ubica cerca de la escuela. Durante el camino, Simmons le comentaba a la rubia sobre el nuevo curso que tenía ese año, omitiendo ciertos datos que a Helga le parecieron de lo más curioso. Fue sólo cuando ya estaban sentados, con un trozo de pastel y un té para cada uno, que él comenzó a darle las razones de su visita.

-Necesito tu ayuda, Helga- le dijo Simmons, ella lo miró con extrañeza.

-¿De qué?

-Escucha, creo que te parecerá algo extraño lo que tengo que pedirte…- Simmons esperó unos momentos, como si tratara de buscar la mejor manera de explicarle la situación –en mi grupo actual hay un niño que… bueno… creo que necesita ayuda…

-¿Ayuda?- Helga lo miró con cierta burla –pues que lo ayude su mamá.

-He ahí el problema- replicó él –tiene una historia familiar bastante peculiar, pero que en cierta manera, hace que me recuerde a ti.

Helga frunció el cejo, algo nerviosa. Niño de ocho años, violento con sus compañeros, solitario, sin un amigo cercano. Su madre lo abandonó a él y a su padre hacía más o menos un año y desde ahí que su cambio fue radical. Simmons había intentado por todos los medios encontrar la manera de ayudarlo, sin tener mucho éxito en lo que había hecho.

Estaba desesperado.

La rubia escuchó la historia, seria. Después de escuchar todo lo que él le dijo, sólo una pregunta pasaba por su cabeza: ¿de qué manera ella podría ayudarlo?, ni siquiera era capaz de ayudarse a sí misma, menos podría hacerlo con un niño de tales características.

-¿Qué se supone que quiere que haga?- le preguntó ella.

-Que intentes ayudarlo- contestó él –incluso la doctora Bliss intentó ayudarlo, pero tampoco lo logró. Es incluso más cerrado que tú.

-Y si ella no pudo… tomando en cuenta que es psicóloga de niños… ¿qué puedo hacer yo?

-Él es como tu cuando tenías su edad- dijo Simmons –quizás puedas encontrar la manera de ayudarlo.

-Vamos, señor- suspiró Helga –no creo que deba confiar algo así a una chica que también tiene serios problemas conductuales y sociales… ¿no cree que está confiando demasiado en su suerte?, le apuesto lo que quiera que ese niño en unos cuantos años más continuará así, será un adolescente normal y nadie se acordará de lo que era… eso al menos me ocurre normalmente.

-No es lo mismo- Simmons se notó un tanto extraño –ese niño no tiene ninguna motivación para continuar. Por las cosas que dice me da la impresión que en unos cuantos años más lo que estará haciendo es buscar alguna manera de suicidarse.

-¡Ay, por favor!- Helga estuvo tentada a largarse a reír, pero por la cara que tenía Simmons prefirió no hacerlo -¿por qué cree que puede pasar eso?

-Digamos que en cierta forma lo sé, o lo supongo- suspiró el hombre –escucha, Helga. Cuando niña tenías todos estos problemas en tu casa, que no vale la pena nombrar porque los conoces mejor que nadie, pero a diferencia de él, tenías una motivación para continuar viviendo- la rubia quedó mirando fijamente a Simmons, y de cierta manera, se dio cuenta que él sabía perfectamente sobre sus sentimientos a su compañero de clase –no estoy seguro de si es del todo sano que estés tan enamorada a tan corta edad, pero estoy seguro que aquello fue lo que te dio fuerzas para continuar- no contestó, simplemente desvió los ojos –este niño no tiene nada, no le interesa nada… si tan sólo lo escucharas hablar, comprenderías por qué estoy tan desesperado.

Helga no tardó en darse cuenta de lo delicado del asunto, y después de considerarlo algunos momentos, decidió ayudarlo. No perdía nada con intentarlo, sólo esperaba que estuviera haciendo lo correcto.

-Oh, está bien, lo intentaré- suspiró –pero aún no estoy segura de lo que debo hacer, ni siquiera estoy interesada en la psicología.

-De momento sólo te pido que converses con él, que intentes conocerlo. Te darás cuenta que es un buen chico, aunque bastante triste para su edad, y solitario también.

La rubia sonrió a medias, comiendo un poco de su pastel. No quería ni pensar en lo que sería estar con ese niño…

Llegó cuando estaba anocheciendo a su casa, casi arrastrando la mochila, pensando en todo lo que tendría que hacer los próximos días para lograr avanzar un poco en los trabajos escolares. Además, el sólo pensar que tendría que aprenderse todo el guión de la obra de teatro le causaba demasiada flojera.

-Oh, ya llegaste, Olga, que bien- dijo Bob, al verla llegar. Esta vez ella no replicó palabra, simplemente decidió ignorar al olvidadizo de su padre (o más bien, poco preocupado) –necesito hablar contigo.

-Escucho- le dijo, desganada, y deteniendo su camino hacia las escaleras.

-Te llamaron varias veces unas amiguitas tuyas de la escuela- Helga hizo ojos al cielo, suspirando –dijeron que tenías que devolverle urgente las llamadas.

-¿Y cómo se llaman?- preguntó Helga.

-…- Bob la miró unos momentos, pensativo, y eso fue suficiente para que Helga se diera cuenta que no los recordaba, soltó un bufido de frustración.

-¿¡Cómo se supone que podré devolverles sus llamados si no anotas sus nombres!?- le gritó a su padre, cansada de que siempre, en cierta manera, saliera perdiendo en todo lo que ocurría en su familia -¿qué tal si es sobre alguna emergencia o algo así?

-No seas exagerada, Olga- replicó Bob, con voz calmada y volviendo su atención al televisor –si es urgente estoy seguro que te volverán a llamar. Y ahora, ve a preparar la cena, que Miriam llegará tarde esta noche y Olga llega cansada de su trabajo, como para que hagamos que siga ocupándose de la casa.

-¿Y yo qué?- gruñó Helga, dejando su bolso bruscamente a los pies de la escalera -¿es que acaso me la paso jugando todo el día?, ¡para que sepas, Bob, yo trabajo y estudio!, algo que tu linda y perfecta Olga jamás hizo.

-Si, si, lo que digas- replicó Bob, claramente ignorando lo que Helga estaba diciendo.

Se tragó los deseos de volver a gritar de rabia, y se dirigió pateando el aire hacia la cocina. ¿En qué momento del día había pensado que deseaba volver a su casa?, ¿en qué momento pensó que podría estar tranquila en aquel lugar?

Aún murmurando barbaridades por lo bajo, se dedicó a preparar la cena. Sólo esperaba que esa noche Olga no invitara a su "novio de turno", ya que ganas de sentirse aún más sirvienta de su propia familia no tenía ganas. En cierta manera le extrañaba que continuara siendo tan popular como cuando iba a la escuela y a la universidad, pero no debía olvidar que estaba tratando con Olga Pataki, conocida, ahora actriz y, por tanto, más popular que antaño. En parte a Helga le sorprendía lo rápido que su hermana podía lograr que un hombre quedara prácticamente rendido a sus pies (aunque no duraran mucho), característica tan diferente a ella misma, tímida.

El teléfono la sacó de sus pensamientos, y después de unos momentos, contestó. No quería arriesgarse a que no le entregaran la llamada o que olvidaran quién era.

-¿Si?

-¿Eres tú, Helga?

No tardó en reconocer la voz, y aunque le extrañó un tanto que la llamara, se sintió un tanto contenta. Se podría decir que hacía años no recibía llamadas de Phoebe.

-¿Phoebe?- preguntó. Tenía que asegurarse.

-Sí… ¿cómo estás?- le preguntó, la rubia la notó un tanto nerviosa –supe que te escogieron como protagonista de la obra de teatro.

-¿Te lo dijo Lila?- sonrió a medias.

-Sí, nos encontramos después del curso de matemática intensiva- comentó la muchacha –se notaba también porque Megan no dejaba de hablar de ti, creo que ahora ya no quiere verte ni en pintura.

-Como si me importara lo que ella piensa- contestó Helga, riendo levemente –me tiene sin cuidado, Phoebe, ella y su amiga Rhonda.

-Como digas, Helga- suspiró Phoebe.

Siguió un silencio a las palabras de la oriental. En esos momentos Helga esperaba que la chica continuara hablando.

-Phoebe- dijo, después de unos instantes más.

-¿Si?

-Tú me llamaste, ¿qué es lo que quieres?

-Ah, eso…- la notó nerviosa, lo que le extrañó más aún. ¿Qué podría poner así a la chica más inteligente de su generación? –bueno… ¿recuerdas lo que hablamos?

-Según- contestó Helga, con cierta ironía –porque está bien que no conversemos tanto como antes, pero si mal no recuerdo, lo hacemos bastante seguido…

-Lo del parque…- murmuró más la oriental, como si estuviera avergonzada. Helga demoró unos momentos en darse cuenta de lo que pasaba, y cuando lo hizo, se largó a reír, divertida.

-Ah, entiendo- dijo, entre risas que intentaba controlar -¿lo de Gerald, cierto?

-Sí, eso…

-¿Ya decidiste lo que quieres?

-Sí… aceptaré tu ayuda, Helga.

La rubia sonrió, sobre todo al notar lo que le costaba decir aquello a la otra chica. Estaba segura que Phoebe se había pasado muchísimo tiempo a un lado del teléfono, esperando a tener la valentía suficiente para atreverse a llamar por fin.

-Excelente- sonrió genuinamente Helga –Gerald va a aprender que contigo no puede jugar.

-¿Tú crees que funcione?- preguntó insegura Phoebe.

-Oh, por supuesto, descuida. Sólo necesito que me des unos cuantos días para poder hablar con mi amigo, pero no te preocupes, estoy segura que aceptará ayudarnos.

-Bueno… gracias Helga…

-De nada, chica, nos vemos mañana en la escuela.

-Si, mañana. Adiós.

-Adiós.

Al colgar, estuvo a punto de soltar la carcajada. Phoebe se demoró cerca de un mes en aceptar su ayuda, ya a esas alturas Helga pensaba que no lo haría, pero para su alegría, no fue así. Sólo tenía que conversar con John e intentar convencerlo que las ayude. Estaba segura que lo haría…


¡Ja! Te juro que ya quiero ver la cara de tu mejor amigo cuando vea a Phoebe salir con John, ya me la puedo imaginar. Espero que eso también le sirva de lección, y que se de cuenta que ella no es para el rato, ni mucho menos. ¿Quién sabe?, en una de esas el verdadero amor de Phoebe no es Gerald, sino John, y todo este tiempo hemos estado equivocados.

Me gustaría que pudieras ver la presentación de la obra. Me encargaré de conseguirte una copia para que puedas verla… y bueno, también me gustaría que fueras don Juan Tenorio, en parte, para que recordemos un poco de nuestra infancia, aquella vez en que ambos fuimos los protagonistas de Romeo y Julieta.

Ya te dejo en paz, me está dando sueño y es bastante tarde.

Te mando muchos besos, uno por cada kilómetro que nos separa.

Helga G. Pataki.

Soltó un suspiro al terminar de leer, y dejó la carta a un lado, sobre la cama. Hasta esos momentos todo parecía ir bien… tanto, que a ratos estaba tentado en saltarse todas las cartas y buscar aquella que marcaba su regreso a casa, para saber qué era lo que la rubia pensaba de aquello.

Pero no, sacando aquella idea de su cabeza, cogió la siguiente carta y la abrió, continuando con su lectura.


Hola!

Espero que les haya gustado el capítulo. Me disculpo formalmente por la demora, pero me fui unos cuantos días a acampar con unos amigos, y bueno... ya sabe, de alguna manera hay que disfrutar las vacaciones, jajaja.

"Don Juan Tenorio" tiene muchas versiones, incluso con distintos nombres. La que más me gusta a mí, es la de José Zorrilla (de hecho, es una de mis obras de teatro favoritas), y por tanto, lo que Helga actúa en la audición es una parte de esa versión. Otra cosa, lo de la ayuda que le pide el señor Simmons.

Todo eso está inspirado en una vivencia un tanto personal. El niño que será representado sí existe, aunque yo no le hice clases, sino una amiga. Conversé algunas veces con él, intentando ayudarlo de alguna manera a que se sintiera mejor, ya que lloraba casi todo el día, pero no logramos hacer nada, ni mi amiga ni yo. Podrán encontrarlo difícil o imposible, pero ese niño hablaba de tal manera que daba la impresión de estar con un adolescente de unos 16 años en plena depresión, sin exagerar. Creo que esto ayudará a Helga a darse cuenta de lo que quiere para su vida, aún no lo sé.

Eso sería, creo que no se me olvida nada... Agradecimientos a Shisaky, Teddytere, Lajusa, Jak89, Loretta Mink, Isabel20, PerfectHell, Anillus, Lita Black y a Letifiesta, por sus comentarios del cap anterior.

Saludos!!!