Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la hermosa S. Meyer, la historia es en parte una adaptación y en parte invención mía. Yo tomo todo prestado para goce de ustedes y NADA me pertenece.
CAP. 4 CONFUNDIDA.
Sentía mi garganta seca, mis ojos pesaban, la luz me lastimaba dolorosamente horrible en los ojos y sentía que en vez de una cama estaba en el piso, esto era incomodo, abrí los ojos y solo vi paredes blancas ¿Qué era esto? ¿Dónde estaba?
-¿Isabella? – mire hacia la voz y vi a una enfermera – hola cariño que bueno que has despertado. Llamare al Dr. Cullen, les alegrara saber que ya estás despierta – asentí no muy segura, ella recibió órdenes o eso quiero pensar, porque después me llevo en la misma cama donde estaba, hacia otra habitación, cuando pasaba por los pasillos la gente me miraba y yo solo quería jalar la sabana y taparme. Al entrar estaban ahí mis padres, sonreí a papá. El cuarto era oscuro y había una clase de computadora, dos médicos estaban ahí y uno era realmente guapo ¿Qué era esto? Sabía que el médico hablaba pero no entendía realmente que decía, yo solo asentía. El gel estaba frio y solo quería salir de aquí y saber que pasaba, ellos tenían cara de malas noticias y si era sobre mí no quería saber.
…..
-Buenas noches señores Swan, Isabella.
-Buenas noches doctor Cullen, se ha tardado, quiero ir a casa ya, o saber que pasa – quería irme ya, cuanto antes.
-Claro, para eso he venido, Isabella esta mañana del medio día te he recibido inconsciente y con la presión arterial muy alta, te hemos estabilizado y como el reglamento del hospital lo manda te he mandado a realizar unos laboratorios, cuando he recibido el resultado no me ha gustado, así que he pedido que te volvieran a realizar de nuevo los estudios, y para completar el resultado final y darles a tus padres un diagnostico he pedido un ultrasonido renal.
-¿Qué es eso?
-Es un ultrasonido donde podemos ver tus riñones, como están, de que tamaño son, todo lo referente a ellos – solo asentí – los riñones normalmente miden de 14 a 17 centímetros pero Isabella los tuyos miden solamente cinco centímetros, una tercera parte de lo normal.
-¿Q-qué quiere decir con eso? – había algo contra eso ¿verdad? Que estuvieran así de pequeños no impedían que hicieran lo que tuvieran que hacer ¿cierto?
-Isabella junto a ese ultrasonido y los laboratorios, tu diagnostico nos dice que estas intoxicada, el trabajo de los riñones es limpiar la sangre, todo lo que comemos es procesado y lo que nos hace bien lo adsorbemos, lo que nos hace mal lo desechamos, pero tú estás adsorbiendo todo por igual porque tus riñones no están trabajando como deberían hacerlo, esto se llama insuficiencia renal, hay varias etapas, desgraciadamente tu estas en una de las ultimas donde tus riñones están trabajando un diez por ciento y…
-cállese – no quería oír nada más, quería que se callara, como si así todo se fuera a volver mentira.
-Isabella tienes que entender que…
-¡Que se calle! No quiero oír nada más, eso no es verdad, yo no estoy enferma ni mucho menos.
-Isabella tenemos que someterte a un tratamiento de hemodiálisis para ayudarte a sentir mejor, tu cuerpo no soporta más el que tus riñones no estén haciendo su trabajo.
-No importa, me voy a morir si eso pasa que mejor, pero yo no voy a someterme a eso que dice ¡Nunca! – más vale que se fuera olvidando de ello, me iba a morir y eso era todo, no importaba nada más, mis lagrimas salían y caían por mis mejillas, entre ellas pude vislumbrar como él guiaba a mis padres afuera, no importaba nada ya.
…..
No podía ser que un día más pasara ¿Qué era lo que hoy iba a ser distinto? ¿Qué era lo que diferenciaba de los demás?
-Buenos días Isabella – eso mismo, ese doctor que entraba como si hubiera tenido más de ocho horas de sueño, en lugar de seis. Asentí para que supiera que lo había oído – me da gusto que estés despierta.
¿Por qué? Así no tienes que drogarme para llevarme al quirófano?
-Ya veo mal humor. No, de todos modos haya te vamos a drogar un poco más. Tranquila no vas a sentir nada – entonces sonrió ¿alguien puede tener una sonrisa tan linda? No lo sabía pero esa sonrisa era hermosa – bueno tengo que checarte y una enfermera va a venir a prepararte para irnos.
-Ok – él asintió y empezó a checar mi presión, mi pulso, temperatura, me hacía preguntas ocasionales como si había comido, la verdad no y tenía mucha hambre. Cuando termino él se fue y entro una enfermera a ponerme un gorro, cubre-bocas, botas desechable caray parecía un astronauta. Reí por mi chiste privado, justo cuando terminábamos mis padres entraron, miré a mamá y supe y entendí su reacción, ella no creía todavía que esto estuviera pasando, imagínate madre lo que siento yo.
-Campanas recuerda que todo va a salir bien, vamos a estar aquí esperándote, te amamos – quise decirle a mi padre que dejara que mamá lo dijera pero eso era tan difícil como pensar que esto no estaba pasando. Sentí como una lagrima se derramaba por mi costado pero al traer casi la cara toda cubierta era difícil de ver y no hice intento de quitarla, era mejor dejar los dramas para después. Mamá se acerco e hizo el intento de despedida, pero ella no me toco, ja' como si esto fuera contagioso – Te amo campanas – eso si fue creíble. Pensé que él iba a venir por mí pero no, la enfermera y un camillero fueron los encargados de llevarme hasta el quirófano y pasarme a la camilla, hacia frio y seguía sin verlo a él.
-Hola chica lista ¿lista?
-¿Sí? - ¿Quién era?
-Soy yo, Edward, bueno el Dr. Cullen, solo que no puedo quitarme mi traje súper especial, vamos a colocarte unos electrodos y a monitorearte para ver como empieza a ir esto, el anestesista vendrá enseguida y entonces empezaremos. ¿está bien? – asentí ¿Qué más podía decir? Veía como todos preparaban instrumentos, material, cosas que no sabía para que eran, pero todo lo hacían tan cuidadosamente, mientras claro él estaba chateando ¿eso se podía hacer? Porque de ser así yo quería tener mi teléfono aquí, en cuestión de minutos un hombre guapo entro y entonces el martirio empezó.
-Hola soy Job, voy a ponerte una vía por donde vamos a pasar el medicamento que te va a dormir para que no sientas dolor. ¿vale?
-¿Un piquete? Eso no me gusta.
-No va a doler tranquila – asentí y deje que ellos hicieran su trabajo, cuando sentí la aguja perforar mi piel quise morir, dolía, dolía mucho, las lagrimas salían, no podía evitarlo y era como si se hubiera abierto algo que era indetenible, y sabía que era la forma de sacar todo lo que en los últimos días pasaba – cariño ya he quitado al aguja, tranquila, voy a dar otro piquete porque ese no funciono y…
-Su ritmo cardiaco ha aumentado doctor, se está elevando más.
-Job no hará nada Isabella, tranquila, te daremos anestesia inhalada, de esa forma te dormirás y no sentirás nada, por favor respira por la nariz y sácalo por la boca – hice lo que él me pedía y sentí como poco a poco mi corazón se calmaba y mis lagrimas cesaban – bien, ahora vamos a ponerte una mascarilla sobre la nariz y la boca, vas a respirar el oxigeno y vas a contar fuerte y claro hasta diez ¿entendido? - asentí, Job ponía la mascarilla sobre mi cara y contaba conmigo – bien eso está bien Isabella – era hora de decirle.
-Bella, me gusta más Bella – y caía en la inconsciencia.
Tal vez necesitara un poco más de ese oxigeno, porque me sentía muy adolorida del cuello.
-¿Bella?
-Mmm.
-¿Cómo estás? ¿Te sientes bien? ¿Qué sientes?
-No sé, quiero devolver – y en eso vinieron unas arcadas, oh carajo sentía que todo me daba vueltas.
-Tranquila, con cuidado – sentí que ponía su mano en mi hombro, como si tratara de detener algo ¿Qué? Y ahí fue donde sentí un pinchazo.
-Au, ¿Qué es esto? – miré el parche que adornaba debajo de mi hombro, era blanco y tenía algo en medio blanco ¿Qué significaba esto? Mire hacia arriba y me encontré con la penetrante mirada de Edward sobre mí, era hermosa ¿hermosa? ¿Por qué de pronto era así? ¿Qué pasaba? Lo último que recordaba era haberle dicho a Edward que me llamara Bella, pero esto era realmente raro, era como si algo hubiera cambiado y no entendiera que.
-Es el parche que va en el catéter de hemodiálisis, por favor trata de recostarte y no hacer esfuerzo alguno, hace solo algunas horas que has salido de quirófano – entonces mire a mi alrededor, estaba en un cuarto pequeño, se veían muchos más alrededor y había más chicos y chicas, mire mi propio alrededor y vi que estaba en una camilla, había una enfermera anotando algo en una carpeta, frente a ella estaba una ¿maquina? No entendía que era eso, solo veía muchos botones, y líneas donde pasaba un liquido rojo ¿Qué era eso? Seguí con la mirada las líneas y dos de ellas acababan en mi pecho donde estaba el catéter del que había hablado Edward ¡Qué era esto! – Bella por favor trata de calmarte, se que todo esto es muy impactante pero deja que te explique y…
-¡No! ¿Qué es esto? Soy un monstruo. Déjame, ¡Déjame!
-Bella no puedo hacer tal cosa, eres mi responsabilidad ahora mismo.
-Entonces cállate, déjame pensar en esto un poco más, no pensé que fuera así.
-Es normal que pienses así, para nadie ha sido fácil pero han logrado hacerlo, venga descansa un poco, todavía tienes los efectos de la anestesia.
-Te quedaras aquí… conmigo ¿verdad?
-Claro que si, cuando despiertes te sentirás mejor, y estaré ahí contigo – asentí dejándome ir en el sueño que me reclamaba, no sabía porque pero le creía a él, solamente a él.
….
Sentía mi cuerpo pesado, quería despertar y quitarme ese peso que me molestaba. Abrí los ojos escaneando parte de la habitación, era la mía en la que estaba anteriormente, respire hondo y me arrepentí al sentir un dolor de nuevo en el pecho.
-Si yo fuera tu no haría eso, al menos por ahora.
-¡Estás aquí!
-Te dije que estaría aquí, solo que has tardado en despertar y me he echado una siesta.
-Eso es bueno que se vea como trabajas – me sonroje después de decir eso, caray de donde salía tanta verborrea, él solo río y negó poniéndose de pie.
-Tranquila chica, veamos cómo te sientes después de tu primera sesión.
-Como nunca, extasiada de echo.
-El sarcasmo a veces ayuda en los momentos difíciles – rodee los ojos ante ese hecho – no me crees ¿verdad? – negué – bueno pues según recuerdo dijiste que tu vida iba a cambiar tanto que nunca sería la misma ¿no?
-¿A dónde quieres llegar con esto Edward?
-A que tú y yo vamos a tener una cita en donde yo voy a mostrarte que tener esta enfermedad no significa que tu vida cambie para mal ¿Qué dices?
-¿Me estas invitando a salir? – él asintió – vaya ya veo porque eres el favorito de todas, si haces esa clase de invitaciones.
-Solo te la he hecho a ti, anda dime ¿Qué dices de un día junto los dos? Te mostrare que te equivocas.
-Está bien – sabía que debía de decir no, que mis palabras debían de ser un gran no, pero había algo que me impedía negarle algo. Me iba a arrepentir lo sabía muy bien.
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Una cita, válgame el señor, veamos que pasa con estos dos en esa cita…
Locura realizada…
Cambio y fuera…
JaneAntoCullen.
