En Familia
Sasuke: Algo en común
Ya habían pasado tres meses desde la muerte de Itachi, y hoy era el día en que Sasuke se mudaría con la mujer de la que él se había enamorado desde la primera vez que la vio. La muerte de su hermano la había convertido en su esposa. Para Sasuke, Ino jamás se había sentido tan prohibida como lo hacía ahora.
Ellos contrajeron matrimonio a petición de su hermano, sin embargo, llevarlo a cabo se sentía como una traición a su memoria. Él siempre había hecho todo lo posible para mantenerse alejado de Ino, quizás así sus sentimientos por ella se desvanecerían. Sus intentos habían sido en vano, cuatro años después y todavía se sentía tan atraído a ella como lo había estado el primer día.
Contempló la puerta de madera decorada con vitrales por cinco minutos, sabiendo que cuando presionase el tocase, su nueva vida comenzaría. Por una fracción de segundo casi se da la vuelta y regresa a su apartamento, pero lo detuvo su devoción a Itachi (y las ganas de estar con ella).
El campaneó del timbre resonó en sus oídos cuando presionó el botón, y su estómago se retorció nerviosamente. Ella estaría ahí pronto y no tenía idea de cómo actuar a su alrededor en esta situación. Ella era su esposa ahora, pero también era la viuda de su hermano.
Ino abrió la puerta, sus ojos estaban rojos y su cara hinchada. Había estado llorando. Sasuke se preguntó si había sido por Itachi o porque él se mudaría con ella. No importaba cual de las dos razones fuese, ambas significarían lo mismo: ella no lo quería ahí. Ino solo había aceptado a ese matrimonio por la carta que Itachi le había escrito.
Sasuke no había querido ese matrimonio tampoco, no a las expensas de la muerte de su hermano. Pero no iba a mentirse, la carta de Itachi no había sido la única razón por la que aceptó a casarse con Ino. Él la amaba, y el prospecto de una vida junto a ella era uno brillante. Dudaba que su -siempre- inalcanzable rubia opinase lo mismo.
Ino todavía vestía de negro, simbolizando su luto. Se veía tan frágil y delicada y Sasuke no quería hacer otra cosa más que abrazarla y decirle que él se iba a asegurar de que todo estuviese bien, mas decidió que lo mejor sería esconder sus sentimientos detrás su máscara de indiferencia, la que siempre usaba con ella.
Cuando ella bromeó acerca de su ligero equipaje, él quiso bromear de vuelta, quería hacerla sonreír de nuevo, pero él no era Itachi, quién siempre lograba hacerla reír. Así que simplemente asintió y la siguió a dentro de la casa.
Al subir por las escaleras de mármol, tuvo que desviar su mirada de la silueta de la rubia. Él iba detrás suyo, y los leggings que ella estaba usando se pegaban pecaminosamente a su parte posterior. Ino era su esposa, pero poner sus ojos sobre ella ahora lo hacía sentir más culpable que cuando Itachi vivía. Que irónico.
Ella le mostró su nueva habitación y él escuchó con atención todas sus instrucciones. Aunque fuese tan solo como huésped, Ino se estaba haciendo cargo de él, y aquello se sentía bien. Todo iba bien hasta el momento en que ella mencionó la clave para el internet.
En un desliz su mente olvidó que su esposo ya no estaba con ella, y había hablado de él en presente. La realización la devolvía a esta realidad. En la que el amor de su vida no vivía y Sasuke era el único Uchiha que le quedaba. Y él que nunca iba a ser suficiente.
-Voy a preparar el almuerzo, ¿tienes hambre?- preguntó ella con la voz entrecortada. Estaba a punto de llorar. Él se dio la vuelta, para evitar tener que verla así.
-Ya comí- mintió entre dientes, ignorando las ganas de consolarla. Y su hambre.
La escuchó bufar detrás suyo y salir de la habitación.
Eres un imbécil, Sasuke se reprimió. La podía escuchar llorando del otro lado de la puerta. Se frotó la frente en gesto de frustración. Ino estaba sufriendo. Ella había perdido a su esposo, y aquí él estaba siendo egoísta al sentir celos de su fallecido hermano. Itachi le había encomendado el cuidado de Ino, y ella era la mujer que él amaba. No podía tratarla así.
Caminó hasta la puerta, giró el pómulo y se encontró con un gran nada al abrir. Se había tomado mucho tiempo e Ino ya se había ido. Inhaló y exhaló frustrado. De verdad que era un imbécil. No le quedaba de otra que regresar a su habitación, y terminar de desempacar.
Quince minutos más tarde escuchó un estruendo en el piso de abajo. Ino. Asustado salió disparado, como un rayo, escaleras abajo. Rezando que ella estuviese bien, sabía que estaban solos en casa y que aquel ruido solo había podido ser causado por ella.
Corrió hasta la cocina, donde supuso que ella estaría y ahí la encontró. Sentada en el mostrador de la cocina, llorando. El estruendo lo había causado un pyrex de vidrio que yacía en pedacitos sobre los azulejos de la cocina. Se acercó hasta ella.
-¿Estás bien? – preguntó examinándola para cerciorarse de que no estuviese lastimada. Ella negó con la cabeza y le mostró su mano derecha, la cual estaba roja.
-Me quemé- explicó ella entre hipidos. Señaló la estufa que estaba encendida, y Sasuke apagó el quemador. En un acto que lo sorprendió hasta a sí mismo la cargó en sus brazos colocando un brazo debajo de sus rodillas y el otro rodeando su espalda, y la llevó hasta el elegante fregadero sentándola en el mostrador junto a este. Había notado que ella estaba descalza y no hubiese sido prudente hacerla caminar en un piso lleno de vidrios rotos. Al menos eso se dijo.
Abrió la pluma del fregadero y tomándola por la muñeca, colocó su mano quemada bajo del chorro de agua fría. Cuando el líquido mojó su propia mano, Sasuke cayó en cuenta de que todavía la estaba tocando, y que el espacio entre ellos era mínimo. Ella lo miraba con ojos ensanchados y él avergonzado, la soltó.
-¿Cómo te quemaste? – preguntó tratando de disipar la incomodidad que se había creado.
-Estaba tratando de bajar ese recipiente- dijo señalando a las astillas en el piso- pero no alcanzaba, así que me subí al mostrador pero olvidé que había encendido la estufa y cuando me iba a bajar apoyé mi mano sobre el quemador.
Las mejillas de ella se sonrosaron, seguramente avergonzada por su descuido. Sasuke recordó que su hermano le había dicho lo torpe que ella podía ser, y como siempre tenía que estar cuidándola. Esa es mi labor ahora, Itachi. Amablemente le ofreció una paño de cocina limpio que encontró en una gaveta para que se secase la mano. Ino lo aceptó y después de usarlo en su mano, lo usó para limpiar su cara.
-Itachi siempre me decía que soy muy bajita para esta cocina- recordó con una sonrisa triste – él siempre tenía que bajarme las cosas de las repisas más altas.
-Pudiste haberme pedido ayuda a mi – informó un poco cortante, cruzándose de brazos. Él era igual de alto que su hermano, y no le hubiese negado ayudarla.
-Es que no tenías hambre- contrarrestó ella algo desafiante en el justo momento que su estómago rugió haciéndola sonrosarse una vez más. Sasuke sonrió de lado.
-Arréglate, te llevaré a comer- sus palabras sonaron como una orden, pero el Uchiha ya se había expuesto mucho a ella y tenía que recolocar su barrera. Podía cuidar de ella sin revelar lo que sentía. ¿Cierto?
-¿Me llevas hasta fuera de la cocina?- pidió ella, moviendo sus pies descalzos en el aire. Él la tomó en sus brazos nuevamente y la llevó hasta las escaleras en el vestíbulo. La posó en el suelo y ella lo miró con esos ojos azul cielo por un instante y antes de que él pudiese reaccionar ella besó su mejilla con suavidad.
-Gracias, Sasuke- embobado la vio alejarse escaleras arriba.
…
Condujeron en silencio. Sasuke todavía absorto en la escena que se había desarrollado media hora atrás. Inconscientemente se dirigió hacia un restaurante muy conocido para él.
-Este lugar… – murmuró Ino cuando él estacionó. – Itachi solía traerme aquí.
-Él y yo comíamos aquí todas las semanas - Sasuke tenía los ojos puestos sobre la puerta del diminuto local, una tiendita de sándwiches en la parte menos popular de la ciudad y que según Itachi servía el mejor emparedado Reuben de Konoha. Los recuerdos abrumándolo. –No he venido desde que…
No pudo completar la oración (no había hablado de la muerte de su hermano en alto),pero Ino asintió, comprendiéndolo.
-Yo tampoco.
…
Ambos ordenaron el emparedado Reuben en honor a Itachi.
-Aquí fue donde Itachi me contó de ti por primera vez- comentó Sasuke mientras esperaban por su orden. Las imágenes de ese día reproduciéndose en su cabeza como una película vieja.
-…Y entró a mi oficina gritando "Jamás nos quitaran la floristería, bastardos sin moral"-relató su hermano mayor, después de tomar un sorbo de su soda. –La invité a una cita después de cerrar el trato.
Sasuke levantó una ceja, entretenido por la historia que contaba. - ¿Después de que te llamó bastardo sin moral?
-De hecho, porque me llamó bastardo sin moral. Tiene tanto fuego dentro de ella, es cautivador.
El menor de los Uchiha sonrió burlonamente. Esto era típico de Itachi, 'enamorarse' de cualquier chica que no tuviese miedo a hablarle sin miramientos. Sin embargo, esta vez había algo diferente en sus ojos. Quizás ésta sería la chica que se ganase su corazón. Sasuke se alegró genuinamente por su modelo a seguir, él merecía ser feliz.
-Pensé que su compañía quería arruinar nuestra floristería – Ino lo sacó de sus pensamientos. – Me llevé una gran sorpresa al descubrir que lo que querían era hacernos socios de negocios.
Ella no se equivocaba, pensó con melancolía. Originalmente cuando los hermanos Uchiha decidieron incorporar una sección de floristería y jardinería a su súper tienda, el competidor más fuerte en el mercado era Flores Yamanaka. Sasuke había citado al dueño a reunirse con él para hablar de un trato, o sea: decidir que cuanto dinero le costaría a Uchiha Corp. el cierre de las puertas de la floristería.
A último minuto Itachi, cuyo trabajo consistía en conseguir proveedores y crear alianzas con otros negocios que fuesen relevantes al suyo, lo convenció de que sería un error tratar de imponerse sobre la floristería. Flores Yamanaka llevaba sirviendo Konoha por más de cuarenta años, no solo tenían contratos con los mayores proveedores de flores pero también contaban con el afecto de la gente de Konoha y destruir aquel negocio sería una jugada poco inteligente para su creciente cadena de súper mercados.
Sasuke sabía que su hermano tenía razón, y en lugar de él reunirse con los Yamanaka, Itachi lo hizo.
De haberse opuesto, él y no Itachi habría sido quién hubiese conocido a Ino primero. Pero Sasuke dudaba que Ino hubiese querido algo que ver con el hombre encargado de poner fuera de negocio a su floristería familiar. Quizás él no estaba destinado a estar con ella. No en ese entonces, y tampoco ahora. Al menos no en el aspecto amoroso.
-Dijo que de todos los arreglos que ha supervisado, definitivamente el que firmó contigo fue el que más dolores de cabeza le causó.
-No por nada me gradué primera de mi clase en negocios y finanzas- presumió ella. Esa era la Ino que conocía.
La chica que había tomado su pedido regresó con sus sándwiches y Sasuke no dejó de notar los ojos coquetos que esta la dedicaba. Era bastante atractiva, pero para su infortunio, la única mujer para la que Sasuke tenía ojos se encontraba frente a él, al otro lado de la mesa. Ino era todo lo que él veía y la única que él quería tener.
-Por Itachi- dijeron al unísono antes de probar por primera vez el bocadillo del que tanto habían oído alabanzas.
Sasuke escupió el pedazo que había mordido en una servilleta e Ino lo imitó. Quizás aquel podía ser el mejor Reuben de todo el país del Fuego, pero seguía siendo la peor idea para un sándwich que alguien jamás había inventado. ¿Chucrut y aderezo mil islas?
-¿French dip?- preguntó Sasuke, después de tomar un largo trago de su soda para enjuagar el sabor que el sándwich había dejado.
-Ese es mi favorito- asintió ella con esa sonrisa que lograba derrumbar cualquier pared que el intentaba construir para mantenerla fuera.
Quizás Itachi no había acertado en su sugerencia de sándwiches, pero no se había equivocado al decir que Ino tenía una habilidad única para derretir el hielo más congelado, ya lo había hecho con él.
Super leve Sasuino, pero no se me emocionen mucho aún.. no va a ser así de fácil ;)
Me encanta el french dip, es literalmente mi sándwich favorito. Reuben, por otro lado, es súper EW!
¡Gracias GrayZaforever, Mia, Kunieda Hatake, Eri, y RocioFri!
¡Gracias a todo el que lee!
Tanto hablar de sándwiches ya me dio hambre! Hasta luego, amores!
Besos,
Alessandra
