Capítulo 4.
Año 2.006
Emily se despertó con un fuerte dolor en la zona baja del vientre. La buena noticia era que ya no tenía los ojos vendados ni estaba atada. La mala era que estaba dentro de la celda. Pero el dolor no le permitía ver la ironía. Parecía que se desgarrara por dentro y ni siquiera podía levantarse. Y entonces recordó la sangre resbalando por sus piernas. Siguió su recorrido hasta encontrar su origen y se quedó sin aliento al darse cuenta de lo que significaba aquella sangre coagulada. No era la primera vez que sufría un aborto, aunque esta vez no había sido ni mucho menos voluntario. Pero el dolor, y aquella forma de sangrar, eran totalmente reconocibles para ella.
Se quedó paralizada por el shock. ¿Cómo no se había dado cuenta de que estaba embarazada?. Intentó pensar en cuánto retraso tenía, intentó pensar en si había tenido algún síntoma, intentó pensar en mil cosas sólo para evitar pensar en la sangre que empapaba sus manos. Y entonces se dio por vencida. Se acurrucó en una esquina petrificada mientras perdía nuevamente un hijo, y al mismo tiempo, sin poder apartar la vista de la sangre que seguía acumulándose en el suelo.
Así fue como Mick la encontró. Tiempo después le contaría a Emily cómo habían logrado sortear la vigilancia después de derrumbar a dos de los matones de Sokolov. En el proceso, habían matado a éste, y una vez muerto, el resto habían escapado. Obvió el hecho de que Mick no se lo había pensado dos veces a la hora de dispararle a matar. No habría heridos en aquella operación. Después de averiguar lo que le había hecho a Emily no se arrepentía lo más mínimo. Clyde informaría que no había tenido otra opción, aunque sabía que era mentira.
Pero la escena que Mick se encontró en aquel momento, no la olvidaría en la vida. Emily agazapada como un conejo asustado en una esquina, rodeada de sangre por todas partes. Ni siquiera era capaz de localizar su origen. Sangraba por la nariz, por la boca, tenía moratones por todo el cuerpo, la ropa rasgada, y muchísima mas sangre bajo su vientre y en sus piernas. Pero lo peor es que aún estando consciente, no se percató de su presencia. La llamó por su nombre, pero no respondió. Cuando acercó la mano para tocarla, se apartó bruscamente y siguió mirando al vacío. Se preguntó qué demonios le habían hecho para que estuviera así. Emily era una de las persona más fuertes que conocía, no entendía qué podía haberla dejado en aquel estado.
- Chicos, la he encontrado- Dijo por el micrófono a sus compañeros. Clyde se encontraba en el piso superior revisando las estancias.
- ¿Cómo está?- Preguntó Sean.
- No lo sé- Contestó, después de revisarla de arriba abajo durante unos segundos- Pero hay mucha sangre. Creo que está en shock.
Desde su posición, Clyde pudo notar el miedo en su voz, o mejor dicho, el terror en su voz. Eso no era nada bueno.
- Sácala de ahí y llévala a la furgoneta. Sean, llama a la base. Diles que envíen agentes para que continúen el registro. Me quedaré aquí hasta que aparezcan. Cuando Mick llegue, quiero que vayas echando leches hasta el hospital más cercano.
- ¿Te vas a quedar tú solo ahí?- Preguntó Camille- ¿No es mejor que esperemos a que lleguen los refuerzos?. No creo que tarden mucho.
- He dicho que saquéis a Emily de aquí- Repitió. Se sentía en parte culpable por aquel desastre- Mick, haz lo que te digo- Esperó a que contestara pero no escuchó nada- Mick, responde- Insistió preocupado. Si ya era malo tener un agente en shock, dos era mucho peor.
Al otro lado sonó lo que era prácticamente un murmullo, pero lo suficiente para que Clyde lo entendiera. "De acuerdo", había susurrado Mick.
Mick se acercó nuevamente a Emily.
- Em… Campanilla… Soy yo… Sólo soy yo… Ya ha terminado- Le habló con suavidad mientras le acariciaba el pelo. Emily volvió a acurrucarse pero no reaccionó con brusquedad.
- ¿Qué te parece si nos vamos de aquí?
Emily seguía mirando al suelo
- Lo siento...- Dijo, y levantó la vista hacia Mick. Éste la miró sin comprender- Lo he perdido… lo he perdido…- Acertó a decir.
Y fue en ese momento cuando Mick se dio cuenta de lo que había ocurrido, de lo que había provocado ese estado en Emily. Y vio en sus ojos, reflejado su propio terror. Aún así, intentó mantener la compostura, tenía que sacarla de allí y llevarla a un hospital, cuánto antes.
- No pasa nada, Em… Ya estoy aquí- Le susurró cogiéndola de las manos. La sangre se coló ahora también entre sus dedos, pero hizo caso omiso.
- ¿Por qué hay tanta sangre, Mick?- Acertó a decir Emily ya sin mostrar resistencia alguna- ¿por qué?.
Era una pregunta que Mick no podía responder. Así que simplemente la cogió en brazos y la sacó de allí. En algún momento del trayecto hasta el hospital, Emily volvió a perder la conciencia por tercera vez.
Se despertó en una cama de hospital, rodeada de aparatos que controlaban sus constantes vitales. Le habían cambiado de ropa, vendado la cabeza y tratado los diferentes cortes y magulladuras que tenía por todo el cuerpo. Junto a la cama, a su derecha, vio una mesilla sobre la cual descansaba un enorme ramo de flores silvestres. Notó un ligero roce en su mano, y se giró a su izquierda sólo para ver a Mick sentado a su lado. Éste le sonrió.
- Buenos días, Campanilla.
Emily intentó levantar la mano para tocarle pero se dio cuenta de que le habían puesto una vía. Gimió de dolor.
- Tranquila- Le dijo Mick- Tómatelo con calma. Ahora mismo pareces la novia de Frankenstein- Se burló de ella, haciendo sonreír a Emily.
- ¿Eso quiere decir que tú eres Frankesntein?- Preguntó devolviéndole la broma.
- ¿Eso quiere decir que soy una especie de novio?- Le devolvió la pregunta de forma maliciosa.
- No tienes remedio- Intentó reír, pero sólo se quedó en el intento, puesto que comenzó a toser.
Mick le acercó un poco de agua y la ayudó a incorporarse para que tomara un par de sorbos.
- Gracias- Le dijo Emily, volviendo a recostarse.
Permanecieron en un silencio incómodo durante unos segundos, que a ambos le parecieron eternos. Ninguno de los dos sabía cómo afrontar el tema que estaban tratando de evitar.
- Emily- Dijo finalmente Mick, mientras le tomaba la mano.
- Está bien- Emily le interrumpió sin dejarle apenas empezar a hablar- No pasa nada. No es necesario que digas nada.
- Pero el bebé...- Intentó nuevamente Mick.
- No quiero hablar de ello, ¿de acuerdo?- Le miró a los ojos y vio su preocupación, Necesitaba algunas respuestas y ella no sabía cómo dárselas- Mira- Intentó tranquilizarlo- Ni siquiera lo sabía, no sé de cuanto estaría, pero de muy poco- "dos meses", pensó "estaba de dos meses". Lo miró con ternura- Siento haberte asustado.
- No me pareció que estuvieras bien- Mick podía ver cómo intentaba ocultar el dolor, sin resultado.
- Pero lo estaré- Sonrió- Ya sabes, según Sean soy una especie de Superwoman. Simplemente no quiero hablar ahora de ello- "Ahora ni nunca", se dijo para sus adentros, pero mantuvo su sonrisa.
- Está bien- Mick se dio por vencido. Era inútil hablar con ella cuando se cerraba en banda. Y quizás después de todo, era demasiado pronto- Será mejor que vaya a avisar al resto del equipo- Añadió mientras se levantaba- Están deseando verte.
Se dirigía hacia la puerta, cuando Emily le detuvo.
- Mick…
Éste se volvió hacia ella interrogándola con la mirada.
- Ellos… - Titubeó Emily- Bueno… ellos… ¿lo saben?- Dijo al fin.
- Em- Respondió él un poco sorprendido de que hiciera esa pregunta- No había demasiadas dudas… visto tu estado- Vio cómo ella bajaba la mirada sin saber qué decir- Ya sabes… - Continuó- En el expediente siempre constan las lesiones...- Ahora era él el que no sabía cómo continuar… decir que perder un hijo era una especie de lesión… Estaba bastante seguro de que no era la forma de describirlo.
- Ya- Susurró Emily.
- Hablaré con ellos para que no saquen el tema- Dijo al fin. Era lo único que ayudaría en todo aquello.
- Vale- Respondió Emily en un susurro.
Mick la miró nuevamente antes de salir por la puerta. Allí tendida en la cama, parecía tan pequeña, indefensa y débil que sólo sentía ganas de abrazarla y protegerla. Pero no era fácil. Con Emily nunca era fácil.
Advertidos por Mick, ninguno de los miembros del equipo le preguntó por la pérdida del bebé. Sean se centró en abrazarla y en darle ánimos; Camille se pasó sólo un momento para despedirse puesto que debía volver a Francia; y Clyde, después de darle un beso en la frente, se mantuvo un poco al margen de la escena observando la interacción entre los agentes. No le había pasado desapercibido que Mick no se apartaba de su cama y estaba pendiente de cualquier mínimo detalle que ella pudiera necesitar. "Parece Mamá Osa protegiendo a su cachorro", pensó. Supo de inmediato que no podrían volver a trabajar juntos en mucho tiempo. Aunque en realidad, no importaba demasiado. A pesar de su esfuerzo por aparentar que estaba bien, Emily tardaría bastante en recuperarse. Dudaba que volviera a trabajar de forma encubierta.
Dos semanas después, le dieron el alta. Los médicos hubieran preferido que permaneciera en el Hospital unos días más, pero no hubo forma de convencerla. Al final, aceptaron con la condición de que quedara al cuidado de alguien. Temían especialmente las secuelas psicológicas de una situación de tortura como la que había vivido. Mick enseguida ofreció su casa de Londres. Emily no protestó, sabía que era una batalla perdida y, en aquel momento solo quería salir del Hospital. Además, ya conocía la casa de Mick. Había estado muchas veces allí, muchas noches en realidad. No era un lugar que le resultara incómodo en absoluto.
Las pesadillas comenzaron prácticamente la misma noche. Se despertaba aterrorizada y Mick podía pasarse horas intentando tranquilizarla hasta que conseguía que se durmiera otra vez. Finalmente, las pesadillas fueron disminuyendo no tanto en frecuencia, pero sí en intensidad. Por la mañana, Emily fingía que no recordaba nada. Seguía de baja dos meses después. Mick había pedido una excedencia para cuidarla, y por supuesto, Clyde la había autorizado.
Se volvió cada vez más silenciosa. Evitaba acudir a reuniones, o simplemente salir a la calle. Se pasaba el tiempo leyendo o sentada mirando la ciudad de Londres desde el balcón. Mick estaba cada vez más preocupado. Sentía que la perdía. No le faltaba razón.
Una noche de aquellas en las que se encontraba en el balcón, Mick se acercó a ella, ofreciéndole una copa de Bourbon.
- Mis médicos se cabrearían bastante contigo si supieran que me estás incentivando a mezclar calmantes y alcohol- Le dijo sonriendo.
- Vamos, Campanilla- Replicó éste burlándose- Tú y yo sabemos que llevas semanas sin tomarte la medicación para el dolor.
Emily se mordió el labio. De repente parecía una niña pequeña a la que acaban de pillar en mitad de una travesura. Desde luego, la conocía bien. No dijo nada. Simplemente aceptó la copa y tomó un sorbo. Estaba vestida con un pijama corto de satén. La noche era fría, pero ella parecía no sentirlo. El pelo le había crecido, y le caía sobre los hombros en hermosas ondas negras.
Dio un par de pasos más, hasta situarse a su lado, apoyado en la barandilla. Durante unos instantes, ambos se quedaron mirando hacia la noche de Londres.
- ¿Por qué el bourbon?. ¿Celebramos algo?- Preguntó Emily mirándole de reojo.
- Es tu bebida favorita- Hizo una pausa- Me pareció adecuada para brindar por tu despedida.
Mick seguía mirando hacia la ciudad. Emily se giró hacia él, sorprendida de que la conociera tan bien. No se molestó en negarlo.
- ¿Desde cuando lo sabes?- Se limitó a preguntar.
- Desde no hace mucho..
Emily le interrogó con la mirada.
- Ya sabes… los silencios… los misterios… la evasión de ciertos temas...- Hizo una pausa- Y bueno… en las últimas búsquedas de google aparecían algunos apartamentos en D.C.. Allí están las oficinas del FBI. Bastante más tranquilo que la CIA, ¿no?.
Emily asintió sin evitar sonreír ante su certera deducción.
- Mick...- Comenzó.
- No hace falta que me des explicaciones, Em. Es tu vida.
- Eso no hace que me sienta mejor- Dijo suavemente, tomándole de la mano.
- No podemos seguir viviendo con este elefante blanco entre nosotros…- Le dijo mirándola a los ojos hasta el punto que Emily no fue capaz de sostenerle la mirada.
- Lo siento… - Balbuceó- No puedo… Mick… es que no puedo...- Las lágrimas bajaban ahora por sus mejillas. Mick intentó consolarla pero ésta salió apresuradamente hacia el dormitorio, dejándolo solo.
Una semana después la despidió, con un beso en los labios, en la terminal de salida del aeropuerto, con destino a D.C.
Tres meses más tarde, solicitó un puesto de oficina en el FBI. Un año más tarde, comenzó a trabajar en la BAU.
