Capítulo 03
Miel y vainilla.
La nariz de Natsu se retorció, seguida de cerca por su polla, mientras se iba deslizando poco a poco fuera del sueño. Con los ojos todavía cerrados, se concentró en el aroma que lo rodeaba, una embriagadora mezcla de miel y vainilla que le recordó a un bizcocho y sexo y, derretido helado caliente. La idea hizo que le gruñera el estómago.
Acarició su rostro en un nido de pelo suave y respiró hondo para asegurarse de que no había soñado a esta mujer con su alucinante olor y sus respuestas apasionadas. Ahora que la había encontrado, estaría condenado si la dejara escapar. A menos que estuviera muy equivocado, Natsu Dragneel acababa de encontrar a su compañera.
Normalmente, un nuevo acoplamiento, especialmente el del alfa de la manada, era motivo de celebración. Como toda su cultura se basaba en la mentalidad de manada, cualquier cosa que condujera a la perpetuación de la misma era recibido con elogios y respeto, así que debería estar sintiéndose simplemente genial ante la idea de haber encontrado finalmente a la única mujer con la que podría ser feliz por el resto de su vida. Sólo había dos problemas.
La importancia de la primera se estrelló contra su cerebro como un tubo de hierro candente en el minuto en que la miró. Con su cabello suave y desgreñado sobre la almohada, su maquillaje desgastado por el tiempo y el ejercicio, se veía totalmente diferente de la forma que la recordaba. En lugar de la descarada rubia explosiva, con una ropa demasiado apretada, se veía como una niña, toda piel blanca, mejillas rosadas e inocencia infantil. Sus tupidas, gruesas pestañas morenas formaban un arco suave contra sus mejillas y sus labios rosados se separaban y fruncían ligeramente. Parecía una muñeca de porcelana. Una muñeca de porcelana muy humana.
Las citas entre especies no estaban exactamente prohibidas entre los dragones, pero difícilmente representaban la norma, tampoco. Su especie tendía a encontrar a los seres humanos entretenidos y ocasionalmente convenientes, pero difícilmente la clase de compañeros que llevarían a casa a sus madres. Después de todo, los instintos dragón todavía dictaban que el más fuerte, más rápido y más dominante tendría más probabilidades de sobrevivir y más probabilidades de reproducirse. Los seres humanos, en cambio, casi no podían competir con sus crías recién nacidas, y mucho menos con los dragones adultos.
Natsu sabía todo eso, pero no parecía estar haciéndolo nada bien. Cada vez que trataba de imaginarse siguiendo con su vida sin Lucy, su bestia levantaba su escamosa cabeza y gruñía, largo, bajo y amenazante. Esperaba que en cualquier momento comenzara a caérsele la baba, porque su instinto sin duda dejaba claro que su admiración por esta mujer sólo aumentaría, humana o no, no era una opción. Y con eso llegó cuidadosamente hasta el dilema número dos.
La mujer que yacía dormida en el centro de su cama no era una anónima e intercambiable humana. Era Lucy, la mejor amiga y seudo hermana de Juvia Lockser Fullbuster.
Había follado a Lucky Lucy Heartfilia, y las consecuencias ya estaban agarrotando su mente.
En primer lugar, Juvia trataría de matarlo. Hacía Sólo unas pocas semanas que conocía a la nueva esposa de su mejor amigo, pero había sido tiempo suficiente para darse cuenta de cuan protectora era con su reservada, primorosa amiga. Lucy había sido la dama de honor de Juvia, y aunque parecía haber estado en un segundo plano para él hasta la noche pasada, Natsu recordaba claramente las cosas que Juvia le había contado de ella.
—Lucy es un encanto. Probablemente demasiado dulce —Juvia le había explicado en la cena de ensayo, mientras que él se había sentado, cortésmente aburrido, a su lado—. No te ofendas si no habla mucho contigo, aun siendo el hombre más apuesto. Siempre ha sido del tipo calmado, especialmente alrededor de los hombres. Eso no quiere decir que sea una especie de polluela o una monja, ni nada. Sólo significa que es más probable que escuche a que hable. Y casi nunca dice nada malo de nadie, pero no quiero que pienses que está ignorándote o algo parecido.
Natsu no se había fijado lo suficiente en la mujer como para saber si le estaba ignorando o no. Con su pelo recogido en una pulcra, ordenada trenza, y su cuerpo camuflado bajo la ropa, le había prestado tanta atención como a los arreglos florales de las mesas del restaurante. Aun cuando habían caminado juntos hacia el altar, apenas se había dado cuenta que estaba a su lado. El agarre de su mano había sido tan ligero, y se había mantenido a sí misma tan lejos de él, que bien podría haber estado solo.
—Erza está tratando de corromperla, sin embargo —Juvia había seguido—. Ahora que Juvia está comprometida, Lucy es el próximo proyecto de Erza. Cuando se lo propone, Erza puede convertir a una criatura humilde en una devoradora de hombres.
Algo dentro de él se rebeló ante la idea de que Lucy se convirtiera en una especie de mujer fatal y luego jugara inmoralmente con hombres desprevenidos. Tenía que ser el hecho de que era su compañera, porque líder de la manada o no, nunca había sabido que tenía una veta posesiva antes, especialmente cuando se trataba de mujeres. Para él, eran una diversión interesante, pero podían ser fácilmente cambiadas por el siguiente sabor de la semana. Lucy era la primera mujer que quería poseer tan completamente que ningún otro hombre se atreviera siquiera a mirarla. Eso, además de su obsesión por su fragancia a galleta de azúcar, lo convenció de que realmente era su compañera, sin importar lo inconveniente que pudiera ser.
Suspiró, y Lucy reaccionó a ese pequeño sonido, frunciendo el ceño y moviéndose en su sueño. Se dio la vuelta encarándose hacia él y hundió la cara en el pelo de su pecho. La punta de su fría nariz rozó su pezón, y lo acarició adormilada, presionando un pequeño beso en la superficie rugosa antes de volver a dormirse.
Luchó con fuerza contra el deseo de atraer su pierna sobre la cadera y deslizar su polla en su coño suave. Después de la noche pasada, conocía la rapidez con que despertaba y se preparaba para él. Si el sólo conocimiento de eso no le hiciera la boca agua, no estaría en esta situación.
Eso no era exactamente cierto, admitió de mala gana mientras trataba de mantener sus manos alejadas de la suave, sedosa piel de su espalda para acariciar su increíble culo. Natsu tenía la clara sensación de que había sido condenado en el momento en que la había olido por primera vez. ¿Cómo podía el aroma de las galletas calientes despertarle esta posesividad previamente desconocida cuando perfumes franceses horriblemente caros sólo le daban ganas de estornudar? Había oído hablar de la clase de reconocimiento instantáneo que otros dragones habían tenido al conocer a sus compañeros, pero nunca esperó que lo golpeara una corriente de aire que olía a galletas de té y mujer caliente.
Si pudiera meter esa fragancia permanentemente dentro de él y olerlo cada vez que respirara, sería un hombre muy feliz. Así era, era un hombre hambriento, con una erección.
Frunciendo el ceño, deslizó sus brazos de alrededor de ella y salió de la cama. La pérdida del calor de su cuerpo la hizo temblar. Su cama no tenía sábanas, porque él nunca las usaba. Su cuerpo generaba el calor suficiente para mantenerse caliente incluso en medio de una tormenta de nieve, pero su huésped humano no lo hacía. Buscó dentro de su armario y encontró una manta de repuesto que mantenía cerca por si tenía que mover los muebles. Por suerte para él, había sido lavada después del último viaje, por lo que estaba limpia y serviría para mantenerla caliente. La envolvió a su alrededor, tratando de no darse cuenta de cómo se acurrucaba como una bolita debajo de ella, una mano apoyada en su mejilla, la otra metida entre las piernas justo por encima de sus rodillas. La necesidad de deslizar su mano justo allí, sólo un poco más arriba, se apoderó de él, pero la sacudió y se puso un par de pantalones vaqueros antes de dirigirse descalzo hasta la cocina.
La oscuridad fuera de las ventanas le dijo que aún era media noche, y en el reloj del microondas pudo leer que eran las 4:02. Un poco tarde para un bocadillo de medianoche, pero era comida o follar, y pensó que la segunda opción ya le había metido en suficientes problemas.
Necesitaba unos minutos para recuperar su equilibrio nuevamente. Al parecer, encontrar a su compañera había noqueado a su dragón con un mazo más grande de lo que había pensado.
Hurgó en la nevera durante un minuto, dejando caer un trozo de carne asada sobre el mostrador cuando oyó un golpe. Salió corriendo de la cocina y el pasillo para abrir la puerta antes de que el ruido despertara a Lucy. No fue hasta que tuvo la puerta medio abierta que se acordó que era humana y que estaba dormida, probablemente no habría oído el golpe si hubiese sido en la puerta del cuarto, mucho menos un piso más abajo y unas cuantas habitaciones de por medio.
—¿Ocupado? —Preguntó Gajeel cuando entró y cerró la puerta tras él—. No quisiera interrumpir nada...
Natsu frunció el ceño al otro hombre.
—Guárdate tus miradas significativas —Refunfuñó—. Estaba preparándome algo para comer.
Entró en la cocina con Gajeel remoloneando detrás de él. No se molestó en preocuparse porque hubiera alguna emergencia. Cuando se tenía un club 24 horas que atendía a vampiros, dragones y cualquier otro tipo de seres sobrenaturales, uno se acostumbraba a tener que trabajar a las cuatro de la mañana.
—Entonces, ¿qué es? —Preguntó mientras cortaba unas rodajas de carne. Se metió un rábano picante en la boca sintiendo como estallaba su sabor—. ¿Wakaba dejó una mancha de sangre en la alfombra del comedor de nuevo? Te lo juro, voy a hacer que ese patán use babero la próxima vez que quiera comer.
Gajeel negó con la cabeza.
—No es por un vampiro. El club está bien. Es un asunto de la manada.
—¿A las cuatro de la madrugada? —Natsu no pudo esconder la sorpresa en su voz, pero como su Beta, Gajeel conocía los asuntos de la manada casi tan bien como él. Si era importante para su segundo al mando, debía ser importante para él también. Esa filosofía le había salvado de un montón de problemas en los últimos años.
—¿Qué pasa?
Gajeel agarró un trozo de carne mientras miraba a su alrededor.
—¿Estás seguro de que quieres entrar en esto con ella aún arriba?
Natsu no le preguntó a su amigo cómo sabía que Lucy no se había ido. Su olor impregnaba el aire, demasiado fresco e intenso para ser sólo un remanente. Hizo que sus bolas se tensaran y se recordó de respirar por la boca. El fuerte impulso de hacer que su amigo hiciera lo mismo, de romperle al otro hombre la nariz, lo sorprendió.
—Ella no es de tu incumbencia —Gruñó, tratando de ser civilizado, pero incapaz de reprimir el instinto de reclamarla—. Olvídate de ella, va a quedarse. Ahora, ¿qué está pasando?
Gajeel le lanzó una mirada extraña, pero se encogió de hombros, lamiéndose una mancha de rábano picante de su pulgar.
—Zancrow.
—Mierda —La reacción de Natsu fue concisa pero apropiada, ya que su primo y principal dolor de cabeza, Zancrow Grimoire, tenía mucho que ver con la materia. Ambos estaban compuestos principalmente de residuos y bilis, ambos tendían a aparecer bajo sus zapatos en los momentos menos oportunos y ambos apestaban bajo el mismo cielo. Sólo en el caso de Zancrow, el hedor era más moral que físico.
—¿Qué ha hecho ahora?
—Ha estado quejándose durante meses, lo sabes ¿verdad?
—Gajeel, ¿Qué ha hecho?
Su Beta suspiró.
—Ha convocado un Rugido para la siguiente Luna Llena.
Natsu maldijo, larga y creativamente, y apretó los puños con tanta fuerza que la sangre brotó de su carne y se escurrió por sus dedos. Los Rugidos eran el equivalente dragón a las reuniones de residentes. Las manadas los hacían de vez en cuando cuándo se avecinaban problemas, o cuando uno de los miembros tenía una gran noticia que dar al grupo, como la formación de una nueva manada o el nacimiento de la cría del alfa.
—¿Y qué demonios le hizo pensar que tiene derecho a hacer eso? —Gruñó Natsu—. Es sólo un miembro más de la manada. No tiene ningún derecho a convocar un Rugido. Yo soy el alfa. Eso es cosa mía.
Gajeel se repantigó sobre uno de los taburetes de la cocina y levantó una ceja.
—Todos sabemos eso, Natsu, el caso es que a Zancrow no le importa.
—Va a importarle una vez le arranque la piel a tiras. Tiene que aprender cuál es su lugar.
—Estoy de acuerdo. El problema es que Zancrow conoce cuál es su lugar, y éste no le gusta. Él quiere tu lugar.
Los ojos de Natsu se entrecerraron.
—¿Piensa que puede superarme? ¿Ese pequeño cachorro débil? Apenas tiene veinticinco años, y escuálido para empezar —El ceño de Natsu se convirtió en una mueca salvaje—. En todo caso, déjale. Me tomará sólo cinco minutos noquearle y bajarle los humos, y así nos olvidamos del asunto.
—No va a ser tan fácil.
Natsu levantó una ceja.
—¿Estás insinuando que es lo suficientemente fuerte para pelear conmigo?
Gajeel puso los ojos en blanco.
—No es lo suficientemente fuerte ni para pelear contra nuestros niños. Pero es inteligente, y eso podría ser peligroso. Si Zancrow estuviera planeando lanzarte un reto tradicional, habría sido reducido hace meses. Recuerda que tiene que vencer a toda la cadena de mando antes de llegar a ti. Incluso aunque pudiera vencer a Max o Elfman, nunca podría vencerme a mí.
Natsu asintió con la cabeza. Gajeel se había ganado su posición como Beta hacía mucho tiempo con una combinación de inteligencia y fuerza bruta. El único miembro de la manada al que nunca había vencido era el propio Natsu, en parte debido a la lealtad entre los dos hombres, y en parte porque ninguno de ellos estaba absolutamente seguro de quien iba a ganar y no estaban seguros de querer averiguarlo.
—Muy cierto —Reconoció Natsu—. Pero si Zancrow no va a desafiarme, ¿por qué estás tan preocupado por esto? Sólo hay un camino para ser alfa, y acabas de decirme que no lo ha tomado.
—Mira, ahí es donde te equivocas —Dijo Gajeel, su mirada llana e intensa—. Zancrow no va a desafiarte porque piensa que no tendrá que hacerlo. Va a pedir que renuncies.
Natsu soltó un bufido.
—Puede solicitarlo a gritos hasta que esté demasiado ronco por todo lo que va a conseguir. Soy el alfa de esta manada, y tengo intención de seguir siéndolo.
Gajeel hizo una mueca.
—Puede que no tengas otra opción.
—¿De qué estás hablando?
—Creo que Zancrow va a apelar a los Decretos Reproductores.
El término le sonaba vagamente familiar, pero Natsu no podía ubicarlo. La sociedad Dragona estaba tan desbordada con antiguas tradiciones y tantos decretos, leyes y costumbres que Sólo un profesor de historia podría hacer un seguimiento de ellas. Como alfa del Clan Dragon Slayer, tenía cosas más importantes de las que preocuparse que de si alguien hubiera prohibido el consumo de carne de ciervo los martes de febrero con luna azul.
—Las Ancestrales Leyes De La Comunidad Dragona —Le explicó Gajeel cuando Natsu sólo frunció el ceño y negó con la cabeza—. Esto comenzó en la Edad Media, por lo que sé, cuando los humanos nos perseguían con un poquito de demasiado éxito. Con el fin de asegurar nuestra supervivencia como especie, los ancianos hicieron una ley en la que el alfa de cualquier manada debía demostrar que tenía una compañera reproductora. De esta forma, se garantizaba que la manada produciría una nueva generación lo suficientemente fuerte como para hacer lo mismo. Un alfa sin cachorros no hace ningún bien.
Esta información dejó a Natsu con un sabor amargo en la boca, como a carne podrida. Empujó el resto de su bocadillo a un lado.
—¿Y Zancrow piensa que como ha follado con esa estúpida tarugo omega y la ha dejado preñada, de repente es el gran dragón del campus?
—Estúpida tarugo omega o no, Meredy ha parido una cría saludable —señaló Gajeel—. De acuerdo con las leyes de la comunidad, eso es importante.
—¡A la mierda las leyes de la comunidad! —Gruñó Natsu—. No voy a dimitir para que mi primo pueda alimentar sus megalómanos delirios de grandeza, sobre todo cuando no tiene las pelotas para desafiarme a una lucha real para ser alfa.
—Oye, yo estoy de tu parte —dijo Gajeel, inclinándose hacia delante para enfrentar la mirada furiosa de Natsu—. Pero las leyes de la comunidad aún tienen mucho peso dentro de la manada, especialmente con los ancianos y conservadores. Tú y yo sabemos que ser alfa es mucho más que tener cachorros, pero las tradiciones dragonas se resisten a morir.
—¿Qué me sugieres? ¿Apartarme y dejar que mi primo Zancrow se haga cargo de la manada y les lleve a todos al infierno en una canasta de mano? ¿Dejar que los hunda hasta el fondo?
—Puedes coger tu sarcasmo y metértelo por el culo —Gritó Gajeel, frunciendo el ceño—. Estoy tratando de ayudarte con esto. Todo lo que estoy diciendo es que tenemos que movernos muy cuidadosamente si queremos rebatir el argumento de Zancrow. Sería mucho más fácil si al menos tuvieras una compañera.
Natsu se calmó, no estaba muy seguro de si estaba dispuesto a compartir la noticia de su compañera, ni siquiera con su Beta. Gajeel debería saberlo sin embargo, y ese conocimiento le dolió. Se sentía como si tuviera que compartirla, y todavía no tenía toda esa veta posesiva bajo control. Obligó a su mente a alejarse de esa rubia sexy dormida en su cama y apretó los dientes.
—Incluso si te aparearas y sin embargo no tuvierais cachorros, tendrían que darte el tiempo que dura un ciclo de la luna para demostrar que sois una pareja reproductora —Continuó su beta—. Si ella quedara embarazada, la impugnación quedaría rota y todo volvería a la normalidad.
Mierda. Sabía que iba a ser bastante difícil explicarle a Lucy que era su compañera. ¿Cómo se suponía que iba a darle la noticia de que tendría que quedarse embarazada tan pronto como fuera posible? Y todo era culpa de ella. Si no se hubiera puesto ese vestido agarra culos, nunca se habría fijado en ella, y nunca hubiera estado lo suficientemente cerca para captar su olor. Maldita fuera ella y su aroma a galleta de azúcar.
Gajeel lo miró fijamente, frunciendo las cejas juntas y ladeando la cabeza.
—¿Qué estás pensando? —preguntó—. Tienes una expresión muy rara y si inhalas más fuerte, creo que tu cara podría romperse. No es que no esté de acuerdo en que huele fabuloso, pero...
—Mantén tu nariz para ti mismo, Redfox —La posesiva advertencia golpeó, áspera y aguda, entre los dos.
Gajeel observó el gruñido salvaje de su alfa, y sus cejas se dispararon hacia su cuero cabelludo.
—Dime que no estás pensando en lo que creo que estás pensando.
—No es tu maldito asunto en lo que esté pensando —Gruñó Natsu, recogiendo los restos de su bocadillo y tirándolo a la basura. Tenía que volver con Lucy.
—¡Lo es si estás pensando en coger a alguien a quien conociste ayer para aparearte! ¡Y es doblemente mi asunto si ese alguien resulta ser una humana! —Gajeel agarró del brazo a Natsu para impedir que saliera de la cocina—. Eso hace que sea un asunto de la manada, Natsu, y no van a apreciar el tener a una humana como hembra alfa.
Natsu se soltó del agarre del otro dragón y gruñó una advertencia.
—No me importa lo que quiera la manada, Redfox. Van a hacer lo que yo diga, o se enfrentaran a las consecuencias —Su gruñido contenía todo un mundo de amenazas y más de un indicio de frustración—. Si tan importante es que tome una compañera, ciertamente tendrán que vivir con mi elección.
Las manos de Gajeel se apretaron en puños en su esfuerzo por controlarse, algo acertado si quería salir de casa del alfa con ambas intactas.
—Podrían vivir con cualquier elección que hagas siempre y cuando sea una de los nuestros. Los alfas de Dragon Slayer han sido de tu familia por siete generaciones, pero no habrá una octava si insistes en tener tus cachorros con una humana.
—No es algo que no haya sucedido antes. Nos hemos cruzado con los humanos desde el principio, y nuestros genes han sido siempre los dominantes. Los cachorros son todavía dragones.
—Pero no son pura sangre. Son mestizos, y nadie en la manada va a estar dispuesto a someterse a un alfa mestizo.
—Lo estarán si es lo suficientemente fuerte para hacerlo —Dijo Natsu, arrogante e inflexible con el conocimiento de que la decisión ya había sido tomada, aunque no la hubiera buscado. Era irrevocable. Lucy era su compañera. Caso cerrado—. Ser el Alfa no es cosa de genética de todos modos. Es una cuestión de fuerza. Si mi cachorro no es lo suficientemente fuerte como para liderar al grupo, entonces otro tendrá que tomar el cargo.
—¿Y dejar una tradición de siete generaciones? —La confusión en el tono de Gajeel apaciguó en parte la ira de Natsu. Si su Beta no lo entendía, entonces debería acostumbrarse a que ningún otro lo hiciera tampoco.
—Las tradiciones pueden ser rotas y crear otras, pero una compañera es permanente.
Gajeel intentó otra táctica.
—Los dragones se aparean de por vida, los humanos no. ¿Qué pasaría si cambiara de opinión?
Los ojos de Natsu se cerraron peligrosamente.
—No lo hará.
—Sabes que ha sucedido antes.
—No ésta vez.
Gajeel se quedó en silencio por un momento.
—Realmente no te importa lo que diga, ¿verdad?
—No.
Natsu sabía que era absolutamente cierto. Lucy era su compañera. No lo hubiera admitido después de una sola noche si no fuera por el reto de Zancrow. Necesitaba una compañera, y sus instintos no le permitirían tener a otra salvo a Lucy. Respondió a la mirada de su amigo con otra contundente.
Gajeel suspiró.
—¿Importa lo que diga ella, entonces?
Natsu pensó en las cosas que había dicho mientras la mantuvo inmovilizada contra la puerta de su dormitorio, y las cosas que había dicho cuando la había despertado una hora más tarde con su lengua enterrada profundamente dentro de su coño mojado. Sus labios se curvaron en una sonrisa, y su polla se endureció dentro de sus pantalones vaqueros.
—No —Dijo, dirigiéndose hacia las escaleras y sintiéndose mucho más feliz con su decisión de lo que probablemente fuera correcto—. No importa en absoluto.
