Hakuouki no me pertenece sólo mis personajes originales son de mi propiedad.

Nota: lo que está entre comillas son pensamientos del personaje. Lo escrito en cursiva son recuerdos o sueños, según el caso.


OSAKA - KIOTO, ENERO - FEBRERO 1864

Hijikata escribía mecánicamente. Hacía tiempo que el hombre había aprendido a mantener bajo control sus emociones. Pero mantener las emociones bajo control no lo eximía de sentirlas: preocupación, enojo, frustración y culpa. Hijikata tiró con enojo el pincel hacia el tatami dejando un rastro de tinta en él. El peligro apoyó su frente en su mano.

"¿Cómo pude no prever que íbamos hacia una trampa? Por mi descuido ahora Sannan-san…"

El aire en la habitación parecía haberse vuelto denso y enrarecido. Casi podía tocarlo como algo tangible. Le era imposible permanecer ahí. Se levantó de su escritorio, caminó hacia la puerta y la abrió. Ya en el pasillo hizo una profunda inhalación.

—Vicecomandante – dijo uno de los soldados que había ido con él desde Kioto. – El doctor ha terminado de atender al Secretario General y lo está esperando.

—Gracias.

Hijikata caminó hasta la sala en la que le esperaba el doctor.

—Doctor, ¿cómo se encuentra Sannan-san?

—Su vida no corre peligro. Además pude salvarle el brazo.

Hijikata exhaló aliviado, pero algo en la expresión del doctor le hizo entender que había algo más.

—¿Sucede algo más doctor?

—Como le dije pude salvarle el brazo; no obstante, el daño ha sido extenso. Hay nervios que fueron cortados. Es posible que recupere movimiento no obstante no volverá a tener la misma fuerza y habilidad de antes.

—¿Qué quiere decir?

—Hijikata-san, Sannan-san nunca volverá a usar una katana con ese brazo.


Chizuru había sido recluida en su cuarto. Perennemente, uno de los capitanes que habían estado presentes durante su interrogatorio, se mantenía en la puerta de su cuarto vigilándola. Poco a poco había llegado a conocer los nombres y los caracteres de cada uno de ellos. Saito era callado y reservado. Heisuke era cálido y conversador al igual que Harada y Shinpachi. Okita era sarcástico y desde que le advirtió que en cualquier momento la mataría decidió que lo más sabio era no conversar a menos que él iniciase la conversación.

Aburrida de su encierro, Chizuru abrió la ventana. El gélido viento de febrero le hizo estremecerse. Su encierro ya iba a casi tres meses, en los cuales no se habían producido avances en la búsqueda de su padre.

"Padre, ¿qué fue de ti? Mi propósito al venir a Kioto era buscarte, pero en estos meses no he podido hacer nada, más que esperar por noticias tuyas.

—Pero si sigo permaneciendo en este encierro nunca podré encontrarte. Necesito que me permitan salir a buscarte. – dijo Chizuru verbalizando sus pensamientos.

—Me temo que si Hijikata-san no lo permite, deberás hacerte a la idea.

La voz masculina hizo que Chizuru se diera cuenta de que había pensado en voz alta y que Okita, quien estaba de turno, había escuchado cada una de sus palabras.

—¿Escuchaste lo que dije?

—Alto y claro, ¿no es así Hajime-kun?

Para su horror, Chizuru vio a Saito, quien le traía a la prisionera una bandeja con comida al tiempo que iba a relevar a Okita de su guardia.

—¡Souji, Saito hora de cenar! – gritó Heisuke a sus compañeros.

—Vayan ustedes -dijo Saito- yo comeré después; debo vigilar a la prisionera.

—Pero la comida se va a enfriar. Ya sé. ¿y si la traemos al comedor con los demás? – dijo Heisuke.

—Las instrucciones del vice comandante fue que no abandonara su cuarto – replicó Saito.

—Hijikata sigue en Osaka. ¿Qué gracia hace verla comer pasando uno hambre? Los demás estarán en salón ¿qué podría hacer esta chica contra nosotros?

La idea de Okita hacía sentido y Saito accedió. Okita, Chizuru, Saito y Heisuke se dirigieron al comedor donde ya los aguardaban Sanosuke y Shinpachi. No habían empezado a comer cuando Heisuke y Shinpachi iniciaron su casi ritualista pelea por los alimentos. Chizuru no podía evitar sonreírse al verlos discutir, casi como si fuesen dos hermanos pequeños.

Pero el espectáculo duró poco, cuando Inoue entró en el comedor. El hombre sostenía una carta en sus manos y por su expresión, las noticias no eran buenas.

—Hemos recibido una carta de Hijikata-kun, con malas noticias desde Osaka. – dijo Inoue.

—¿Qué ha sucedido? – preguntó Sanosuke adelantándose al resto del grupo.

—Sannan-san ha sido gravemente herido durante una pelea.

Todos se sorprendieron ante las noticias.

—Parece ser que fue una herida en su brazo izquierdo que no compromete su vida. No obstante tal vez no pueda usar una katana.

—Gracias al cielo por lo menos no ha muerto. – exclamó Chizuru.

—Me temo Chizuru-chan que no son buenas noticias – dijo Shinpachi.

—¿Cómo?

—La katana es un arma que difícilmente puede aprender a usarse con el otro brazo. Si el brazo de Sannan ha quedado tan dañado es probable que no pueda volver a usarla. – explicó Saito.

Después que Saito hablara se hizo el silencio en el comedor.

—¡No puede ser! - exclamó Chizuru.

—Debo informarle la situación a Kondo-san. Permiso -dijo Inoue retirándose del comedor.

—Si Sannan-san no puede volver a usar la katana, ¿qué será de él? – comentó Shinpachi.

—Tal vez su única opción sea usar esa medicina – dijo Okita.

—Estás loco Okita – dijo Sanosuke – sería impensable que uno de los comandantes se uniera al Shinsengumi.

—¿Qué Sannan-san no es parte del Shinsengumi? – preguntó Chizuru

Tarde se dieron cuenta los hombres que habían hablado de más frente a Chizuru.

—Okita no se refería al Shinsengumi que tú conoces Chizuru, sino al Shinsen…

—¡CALLA HEISUKE! – gritó Sanosuke propinándole un puñetazo a Heisuke haciendo que Chizuru gritara por el susto.

—¡Cálmate Sano, no asustes a Chizuru-chan! – exclamó Shinpachi – Y tu Chizuru-chan escúchame bien. Olvida lo que se ha dicho aquí si no quieres que tu situación se complique.

Chizuru se limitó a asintir silenciosamente, no obstante, seguía preguntándose en qué consistiría esa medicina que nadie deseaba que Sannan tomase.


Era mediados de febrero cuando los hombres que habían partido hacia Osaka, iniciaron el regreso a Kioto. Habían tenido que esperar a que los heridos sanasen lo suficiente como para soportar la marcha de vuelta al cuartel general. Habían logrado eliminar a uno de los patrocinadores de los rebeldes, pero el precio había sido perder a uno de los suyos y encima Sannan había sido herido.

La marcha había sido silenciosa hasta que, finalmente, uno de los soldados rompió el incómodo silencio.

—¿Vicecomandante?

—¿Dime Yutaro-san? - preguntó Hijikata.

—Hace mucho que dejamos Osaka. Algunos de nuestros hombres aún están recuperándose de sus heridas y sería conveniente que descansaran y comiesen algo. A medio kilómetro de aquí hay un lugar donde podríamos comprar alimentos.

—Tienes razón. Un descanso nos haría bien.

Caminaron por otro medio kilómetro hasta llegar al pequeño restaurante. Los hombres compraron alimento y se sentaron sobre unos maderos para recuperar fuerzas. Los soldados conversaban entre ellos mientras comían. Hijikata con un onigiri y una taza de té en sus manos, se había sentado en un lugar aparte alejado de los hombres. En silencio miraba el onigiri al cual apenas le había dado un mordisco.

—Si no te apresuras Hijikata-kun se va a enfriar tu té.

—Sannan-san.

Sannan se sentó junto a Hijikata. Al pelinegro se le hacía difícil ver a su amigo con el brazo en un cabestrillo. Hijikata no le había dicho a Sannan que muy probablemente no sería capaz de volver a pelear.

—¿Cómo te sientes Sannan-san?

—Aun siento dolor, pero creo que eso es bueno. Si no tuviese sensibilidad querría decir que mi brazo se habría visto comprometido. Ya en Kioto volveré a entrenar y estaré con las filas nuevamente.

—Por supuesto…

—Creo que hemos descansado lo suficiente. Ya debemos retomar la marcha. Voy a reunir a los hombres. Termina pronto Hijikata-kun.

Sannan se levantó del madero mientras Hijikata lo observaba. De repente Sannan se detuvo y sin voltear a verlo le dijo.

—No debes sentirte culpable de mi momento de distracción Hijikata-kun, yo debí ser más cuidadoso.

Hijikata abrió sus ojos ante las palabras de su amigo. Sannan se dirigió hacia donde estaban los demás. Hijikata terminó su almuerzo y continuó con el grupo la marcha.

"Sannan no me culpa- meditaba el pelinegro- ojalá pudiese yo hacer lo mismo".


Akesato ajustaba el obi blanco de su yukata amarilla frente al espejo de su cuarto. Antes de salir del cuarto revisó que su cabello estuviese correctamente sujeto en un moño. Hoy debía acudir donde la señora Sato a medirse los dos nuevos kimonos que habían mandado a confeccionar. Este tipo salidas eran del agrado de Akesato. Vestida de esa forma era como una chica más. Le hacía gracia como las personas no parecían reconocerla, pero viendo el reflejo que la observaba desde el espejo entendía bien el porqué. Con los lujosos kimonos, el complicado peinado, el maquillaje y los ornamentos se transformaba en un ser que emulaba el arte y el placer.

Akesato caminaba por los pasillos de la casa de cortesanas seguida de Aya.

—¿Su alteza real va a salir vestida así? Hasta tu pupila se ve más elegante que tú.

—No tengo tiempo para ti Yumiko.

—Por supuesto, una cortesana de tu rango no tiene tiempo para sus inferiores.

—Akesato-san no ese de ese tipo de personas Yumiko-san ella jamás…

—Aya-chan no perdamos más tiempo no deseo hacer esperar a la señora Sato.

—¡Oh Sato-san! Apúrate Aya-chan no se debe dejar esperando a tan importante modista. Sería un pecado que nuestra Akesato tuviese que repetir kimonos. Quien como tú que puede darse lujos de estrenar kimonos nuevos.

Akesato ni siquiera se molestó en responderle a Yumiko. Akesato abrió la puerta y salió con paso firme seguida de Aya quien cerró la puerta tras ella.

—¿Por qué disfrutas en atormentar a Akesato?

—Nunca lo entenderías Eiji.

—Ella no te ha hecho nada.

—Odio la suerte que ha tenido. Somos cortesanas, pero a ella le ha ido mucho mejor: hace mucho dinero, tiene un buen rango que le permite elegir a quien entretener. Yo en cambio tengo que soportar que cualquier hombre se acueste conmigo. Y no sólo eso. Sus clientes la colman de obsequios, y recibe las mejores atenciones. Ella puede soñar con un día retirarse de esta vida. En cambio, eso para mí no es más que un lejano sueño.

Eiji abrazó por la espalda a Yumiko. La mujer se estremeció al sentir los brazos de Eiji acariciando su cintura.

—Mika-sama no está y no regresará hasta más tarde. – dijo Eiji mientras su lengua jugaba con la oreja de Yumiko – Ven a mi cuarto y no tendrás por qué envidiar a Akesato ni a ninguna otra de las cortesanas de esta casa.

Yumiko se dio la vuelta para besar a Eiji mientras se dejaba guiar por él hacia su cuarto dispuesta a disfrutar de su compañía.


Aya miraba alegremente a Akesato con el lujoso kimono en color azul marino. Tenía un elaborado motivo de escamas en el borde que conforme subían revelaban el diseño de un dragón.

—Es un hermoso dragón.

—No es cualquier dragón: es Seiryū. – dijo la señora Sato mientras ajustaba el largo del kimono.

—¿Seiryū?

—Así es Aya-chan – Respondió Akesato – Seiryū es el espíritu guardián de Kioto sobre el este. Y también representa la primavera.

—Y por eso mismo debemos tener listo este kimono para que nuestra Akesato lo luzca en primavera. Todo Kioto va a hablar de ti querida. Lucirás a Seiryū en primavera y a Suzaku en el verano. – continuó la señora Sato refiriéndose al otro kimono con diseño de ave en tonos rojos y amarillos.

—Tus diseños son excepcionales Sato-sama. - dijo Akesato.

—Y tú sabes cómo lucirlos querida. Bien creo que ya he terminado con este. Bien empecemos con el otro entonces.

Finalmente terminaron las pruebas de los kimonos. Aya y Akesato se despidieron de la modista y tomaron su camino de regreso a casa. Un olor dulce llamó la atención a Aya quien se detuvo para descubrir la fuente de tan delicioso aroma. La respuesta la encontró en una tienda de dulces y té. La jovencita miraba los dulces con deseo de poder probarlo.

—Aya-chan ¿por qué te retrasaste?

—Lo siento Akesato-san. Pero el olor a los dulces era demasiado delicioso.

Akesato miraba con una sonrisa a Aya al tiempo que la tomaba por la mano y la hacía entrar al local.

—Pero Akesato-san no debemos. Ya nos hemos demorado con la modista y si se nos hace tarde Mika-sama nos va a regañar.

—Y qué más da que nos regañe, no va a poder quitarnos el gusto de haber comido dulces y tomar té.

—Pero…

—Aya-chan no debes ser tan miedosa además te quiero invitar.

—¡Gracias Akesato-san!

Ver a Aya disfrutar de los dulces y del té llenaba de alegría a Akesato. Le hacía ilusión poder darle la oportunidad a Aya de acumular buenos recuerdos.

Ya empezaba a ponerse el sol cuando ambas salieron del local. Estaban distraídas conversando que no se percataron de los tres hombres que las habían seguido al salir de donde Sato y que aguardaban a que salieran de la tienda de dulces. Dos de ellos acortaron camino por otra calle y ahora aguardaban a que pasaran por la entrada de un callejón mientras que su otro compañero las seguía de cerca.

Apenas pasaron por frente del callejón los dos sujetos tomaron por los brazos.

—No griten linduras- dijo uno de los hombres que había tenía arrinconada a Akesato contra la pared con su cuerpo. Con una mano cubría la boca mientras la amenazaba con un cuchillo en la garganta – sería una lástima cortar tan hermosa piel.

El otro sujeto tenía a Aya sujeta con su antebrazo por sobre el cuello de ésta, apretándola con fuerza impendiéndole gritar. El tercer hombre permanecía montando guardia a la entrada del callejón.

—¿Qué quieren?

—Danos tu bolso. Esa tienda de kimonos es cara por lo que seguramente tienes dinero contigo.

Akesato le dio su bolso al hombre.

—Ya tienen lo que querían ahora por favor déjenos ir.

—Sabes que lindura. Ahora se me antoja que seas buena conmigo.

Aya lloraba incapaz de pedir ayuda mientras observaba al sujeto meter su mano por debajo de la yukata de Akesato.

—¡Suélteme!

—Cállate y coopera.

De repente se escuchó un gemido proveniente del hombre que hacía guardia. Todos voltearon a ver al sujeto que caía herido al suelo.

—Sólo hay algo que odio más que a unos malditos ronins. Y son unos bastardos que quieren abusar de mujeres indefensas.

El otro hombre soltó a Aya y tomó su katana para atacar a quien acababa de hablar, pero éste fue más rápido y pronto ldejó al otro criminal cortado en el suelo.

—Debes ser muy tonto. Enfrentar a un capitán del Shinsengumi con ese nivel de kendo debe ser un chiste.

—Baja tu espada lobo o le cortaré el cuello a la mujer.

Pero antes que el hombre pudiese hacer algo, el espadachín ya le había clavado la espada matándole en el acto.

—¡Ey Shinpachi! ¿dónde te metiste?

—Acá estoy Heisuke. ¿Se encuentra bien señorita? ¿Le hicieron daño? – dijo Shinpachi ayudando a Akesato a levantarse.

—Estoy bien no me hirieron.

—¿Y tú estás bien? – preguntó Heisuke a Aya quien estaba en el suelo con lágrimas en sus ojos. Heisuke se inclinó para tenderle la mano y Aya se abrazó a él llorando con fuerza.

—Estaba tan asustada.

—Vamos Heisuke sé un caballero y consuela a la dama.

—¡Shinpachi!

Los demás hombres del grupo aparecieron y arrestaron a los otros dos hombres que estaban heridos y se ocuparon del muerto.

—Gracias por todo. - dijo Akesato -Les debemos nuestras vidas.

—No tiene por qué darnos las gracias. Nuestro deber es mantener el order en Kioto y proteger sus ciudadanos.

—¡Akesato-san es él! El hombre guapo de la otra vez. El que peleó con Eiji. – dijo Aya

—¿Shinpatsan un hombre guapo? Creo que te golpeaste la cabeza niña – respondió Heisuke en tono burlón.

—¡Heisuke no digas tonterías! Espera un momento ¿Has dicho Akesato-san? Oh usted es la tenjin de aquella vez. Vestida así no la había reconocido.

—Así es yo soy Akesato y está es Aya-chan mi ayudante. Podría por favor decirme su nombre.

—Soy el capitán del grupo número dos del Shinsengumi: Nagakura Shinpachi.

—Nagakura Shinpachi le agradezco su ayuda. Estoy en deuda con usted por Aya y por mí- Por eso si alguna vez necesita mi ayuda no dude en pedírmelo.

—Akesato-san debemos regresar.

—Está bien Aya-chan. Nagakura-san muchas gracias y hasta pronto.

Heisuke y Shinpachi miraban a las mujeres alejarse.

—¿De dónde la conoces Shinpatsan?

—Es una larga historia Heisuke. Sólo puedo decirte que hoy volaron los cerdos.

—¿Dé qué estás hablando Shinpachi?

Shinpachi siguió discutiendo con Heisuke. Por su parte Akesato no podía imaginar que este encuentro con Shinpachi iba a cambiar su vida y la de Sannan para siempre.


Nota de la Autora

¡Hola! Cómo han estado. Bueno aquí trayéndoles un nuevo capítulo en esta historia. Bueno ya vieron como Akesato se ve involucrada con el Shinsengumi y nada menos que gracias a Shinpachi. Ya para el próximo capítulo se dará el encuentro entre Akesato y Sannan. He estado pensando cómo hacerlo pero bueno les tocará esperar pacientemente por el próximo capitulo (jejeje)

Y ahora lo que disfruto tanto como escribir: los review!

LxLawliet: Muchas gracias por el review. Espero que te haya gustado este nuevo capítulo me gustará saber qué opinas.

Trataré que los próximos capítulos sean más largos y por lo menos trataré de postear uno por mes (pero es que a veces es tan dificil)

Bueno hasta la próximo y como siempre se agradecen todos sus like, cometarios y follows. Hasta la próxima.