Aclaración del titulo del capitulo: por el escaso margen de caracteres que ofrece fanfiction a la hora de escribir los títulos y por culpa de Tom Waits que escribió el título de su canción muy largo, pues al final no me deja poner la palabra "you" en el título de este capítulo. u.u
Dedicatoria: para mi querida Aga, por alentarme a escribir este capítulo. :)
Espero que os guste.
I Hope That I Don't Fall In Love With You - (Primera Parte)
"Mi mirada deambulan y se fija en los hermoso ojos de April mientras la luz del amanecer le va ganando la partida a la débil oscuridad de la noche. Siento como la mano de April pasea por la piel de mi cara, como si mis mejillas fueran un lienzo y sus dedos fueran pinceles que detallan a la perfección cada línea de mi rostro. Me hace cosquillas, pero la sensación es tan agradable que me ha hipnotizado. Estoy prendada a sus caricias y el brillo que desprende sus ojos verdes casi azules. No os puedo explicar lo que siento cuando estoy así con ella, mirándola tan tranquila y con esa sonrisa que decora sus perfectos labios y que consigue nublarme la razón.
Muevo suavemente mi mano derecha que sube y baja por el costado de April, acariciando su piel mientras las dos seguimos tumbadas en la cama mirándonos sin decir nada. Daría la mitad de mi fortuna por saber lo que pasa por su cabeza ahora mismo. De hecho, la daría toda con tal de saber qué debo hacer con todo esto que siento por ella. Cuanta ironía, yo, Evony Fleurette Marquise, la Morrigan, estúpidamente enamorada de una humana y que solo puedo conformarme con tenerla en mis sueños, porque una realidad sin ella me asusta como nada. «¿Desde cuando he sido tan cobarde?» Me pregunto sin dejar de mirar sus ojos, deslizando las yemas de mis dedos por la milagrosa curvatura de su cintura.
April pasa muy suave su pulgar por mis labios, dibujando a su paso mi sonrisa. La luz que va entrando con suavidad en la habitación hace que mirarla sea un delete destinado para unos pocos privilegiados como lo soy ahora mismo. Su hermoso cabello negro contrarresta y resalta a la perfección su blanca piel mientras que esa sonrisa que ahora me dedica forma unas pequeñas arrugas en la comisura de sus ojos. April es perfecta, no soy capaz de encontrarle ni el más mínimo defecto y eso que yo siempre he sido una mujer muy exigente en cuanto a la belleza. Podría pasar horas enteras tumbada en esta cama, mirándola sin atreverme a pestañear porque no quiero despertar.
—Ojalá pudiese quedarme contigo así —susurra con la súplica en sus ojos, como si leyese mi pensamiento—. Ojalá no tuviese tanto miedo a despertarme y saber que ya no estás a mi lado, porque cuando abro los ojos te conviertes en imágenes borrosa que no puedo explicar al intentar recordarte.
—Lo sé, April —murmuró sabiendo que es un reproche por su parte, pero mi decisión es lo mejor.
En nuestros sueños nos saldremos heridas, porque no importa si ella es humana y yo fae. En mis sueños puedo ser diferente... mejor. En mis sueños puedo ser de ella y ella solo mía, sin ataduras ni prohibiciones estúpidas. En mis sueños con April soy lo feliz que me da miedo ser cuando me despierto y tengo que ser la Morrigan. En mis sueños no hay predicciones de las Oráculos, no hay castigos ni condenas. En mis sueños solo soy Evony y nada me importa más que April.
—Evs, prométeme que me buscarás —me pide acercándose un poco más a mí—. Por favor, di que sí. Ya no puedo seguir sintiendo esto en tus sueños y después olvidarte cuando me despierto. Nos merecemos algo más.
—Para mí tampoco es fácil, cariño —replico en un tono muy calmado—. Desde que te vi hace unos días, lo único que he querido es dormir para estar contigo.
—¿Eso es lo que quieres, Evony? —inquiere resentida, y con razón—. ¿Acaso no sientes cuando te despiertas como si estuvieses desperdiciando lo mejor que has sentido nunca? Porque a mí me pasa cada mañana después de que sueño contigo.
—April, te haré daño. Soy así, cuando estoy despierta tengo que ser de una manera muy distinta, pero aquí no.
Aparta su mano de mi rostro y me mira con decepción. «Vaya, hasta en mis sueños soy capaz de de decepcionarla». No sé si podéis entenderme, porque yo misma no me entiendo, pero si April y yo nos volvemos a encontrarnos fuera de estos sueños, será peor.
—Pues debo decirte que esto llegará a su fin, más tarde o más temprano alguien se cruzara en nuestro camino y ya los sueños no serán los mismos. ¿Lo has pensando? —inquiere preocupada.
La verdad es que esa posibilidad no se me había pasado por la cabeza. Mi cuasi relación con Sasha terminó esa noche cuando dos de mis orcos derribaron su puerta y ella se fue a París al día siguiente. Después he entrado en una espiral autodestructiva, por decirlo de alguna forma delicada, sin plantearme que algo como lo que dice April pudiese ocurrir.
—¿Hay alguien en tu vida? —le pregunto con un miedo terrible.
April sujeta mis mejillas con delicadeza, mirando mis ojos como si quisiese encontrar algo que busca desde hace mucho tiempo y ella sabe que lo ha encontrado, pero lo que le ofrezco no es suficiente.
—Sí, pero el problema es que esa persona vive en mis sueños y la olvido cuando despierto —responde maquillando su impotencia con una débil sonrisa.
—Sé que es injusto, April —replicó a media voz, admitiendo la verdad—. También sé que te mereces más de mí, pero si en realidad supieras lo que soy te haré más daño.
—Y dale con lo mismo —replicó tensando la mandíbula por mi cabezoneria—. Evs, escúchame, no me importa tu pasado, solo quiero saber si despiertaspodemos ser felices juntas. Porque yo estoy convencida de que lo seremos, solo si lo intentas.
Permanezco en silencio, mirando sus ojos y pensando en la predicción que me dijo la Oráculo siglos atrás. Pero también sé que esta situación es insostenible y que dentro de muy poco perderé hasta estos sueños con ella. April observa mi silencio, hasta que a lo lejos comienza a sonar un pitido, muy tenue. Sé lo que significa y lo que va a pasar dentro de nada.
—Evony, bésame rápido que me estoy despertando —susurra con complicidad acercándose a mí.
No titubeo y busco sus labios para darle un beso que cambia por completo mi pensar. Acaricio sus mejillas con ternura hasta que siento como April comienza a evaporarse dejándome sola. El calor de sus labios es el único rastro del cual me aferro hasta que abro los ojos y veo que ella ya no está. Suspiro largamente, concentrándome en otro pitido que no cesa de sonar constantemente. Me giro sintiendo como la cama sin ella se me hace tan grande y miro el techo unos segundos hasta que el pitido consigue que mi mente se ponga en blanco o por lo menos solo pienso en April hasta que cierro los ojos, susurrando su nombre como lo hago cada vez que sueño con ella, aunque cuando me despierte sé que todo esto se me olvidará, esperando que no me enamore de ella".
El sonido pausado de una máquina consigue que lentamente abra los ojos. Apenas puedo enfocar bien, pero pestañeo un par de veces escuchando como ese ruido empieza a acelerarse. Siento mucha sed, como si no hubiese bebido en días. Al fin mi mirada consigue enfocar mejor y cuando quiero girar la cabeza me doy cuenta que ese simple gesto me cuesta mucho. Inhalo una larga bocanada de oxígeno y dejo salir el aire utilizado después de unos cortos segundo produciendo un suspiro débil, pero sonoro. De repente, siento como alguien sujeta con delicadeza mi muñeca y, aunque deseo ver quien lo hace, me cuesta moverme.
Estoy sumamente débil. De hecho, no sé cuanto tiempo ha pasado desde que me levanté de la cama y ni siquiera recuerdo lo que hice antes de quedarme dormida. Intentó acordarme de algo, pero solo lo único que viene a mi mente es la voz de Kenzi y poco más.
«¿Qué demonios me ha pasado?» Pienso, mientras me percato de que tampoco puedo hablar. Mi boca está seca y me cuesta tragar mi propia y escasa saliva. Trato de mover mis piernas que parecen estar entumecidas al igual que mis brazos. De repente, el sonido de ese pitido que no se calla se mezcla con una voz que reconozco, pero no entiendo que hace ella en mi habitación.
—Evony, ¿me escuchas?
La voz de Lauren suena lejana. Una luz me ciega por unos instantes. Primero en mi ojo derecho y después en el izquierdo. «¡Maldita sea, no recuerdo nada!» Exclamo para mis adentros porque no puedo hablar. La voz de Lauren parece cada vez más cercana, pero sigo sin poder mover mi cuello para verla. Respiro lentamente, llenado de aire mis pulmones y después expulsándolo igual de lento. Borrosas imágenes aparecen en mi memoria, aunque son muy abstractas y difusas.
Continúo escuchando las palabras de Lauren que no para de hablarme. Intento contestarle, aunque sin éxito. Recuerdo que estaba en mi salón bebiendo y preparando varias rayas de cocaina. Puedo sentir como en mi boca aparece el sabor del whisky, empezando a impregnar toda mi lengua. Siento una ganas enormes de levantarme de la cama y servirme un vaso, pero no puedo moverme.
Otro recuerdo aparece en mi cabeza, yo estaba inclinada sobre la mesilla del salón esnifando la cocaina y después bebía el contenido casi completo del vaso que me había servido. Vuelvo a intentar mover mi cuello, para decirle a Lauren que deje de hablar que no me puedo concentrar. «Ok, ¿qué hice anoche?» Me pregunto otra vez, aunque en mi memoria no aparece una imagen, pero si la voz de Kenzi diciéndome que aguantara. «Vale, ahora si no entiendo nada».
Nuevamente, la voz de Lauren diciendo mi nombre interrumpe mis pensamientos y haciendo un esfuerzo terrible giro mi cabeza para ver a la doctora humana con cara de preocupación. Su mano es la que sujeta mi muñeca comprobando mi pulso y sobre mi pecho tiene presionada la campana del estetoscopio para escuchar mi corazón o respiración, yo qué sé. Siento que poco a poco puedo mover mis brazos, sintiendo dolor en las articulaciones, aunque consigo moverlos.
—Tranquila, Evony —dice Lauren en un tono profesional—. Ahora estás bien.
«¡Y una mierda que estoy bien! No puedo moverme sin que me duela hasta el alma y tampoco puedo articular palabra». Mi mal genio solo aparece con un ligero y doloroso fruncir de mi ceño. Lauren sonríe intentando que me calme, pero eso no funciona conmigo. Las fuerzas parecen irse despertando en mi cuerpo, aunque a su ritmo porque puedo mover mi cuerpo cuando a mis músculos le dan la gana.
Trago saliva, o la poca que tenía en mi boca consiguiendo girar más rápidamente mi cuello, aunque al ritmo de una tortuga recién nacida. Y para rematar, tengo mucha hambre, pero no de comida sino el hambre de mi naturaleza. «¿Cuando me alimenté por ultima vez?».Me pregunto como una subnormal, porque si no me acuerdo de lo que hice la noche anterior menos me voy a acordar de la ultima vez que me alimenté del talento de algún artista.
—Agua... Ahora —musito muy bajo.
Le doy gracias a Odín que Lauren se había quitado de los oídos el estetoscopio y puede escucharme. Miro de reojo como ella sirve un vaso de agua porque mover el cuello me duele la vida. «¿Habré tenido un accidente con el coche? Porque me duele todo». La doctora Lewis coloca una pajita entre mis labios y comienzo a beber pequeños sorbos. «Si tuve un accidente me tuvo que llevar por delante un camión doble. ¡Ay, me duele hasta respirar!»
Aparto la pajita de mi boca, para acto seguido soltar un suspiro largo. Mis cuerdas vocales parecen que también se están levantando de ese letargo, pero no quiero ni preguntarme desde cuando no hablo porque es absurdo seguir haciéndome preguntas a mí misma. Lauren coloca el vaso en la mesilla y yo aprovecho para echar un vistazo comprobando dónde diablos estoy. «Ok, por lo menos estoy en mi casa y en mi cama». Pero hay equipos médicos alrededor de mi cama y eso no me da muchas pistas de lo que me pasó.
—Descansa un poco más que te vendrá bien —dice Lauren sonriente, aunque en sus ojos puedo ver lo cansada que está—. Ya lo peor ha pasado.
«Ay, Odín, ¿qué me ha pasado y por qué diablos no recuerdo nada de los últimos días?». Pienso mientras Lauren me cubre mejor con las sabanas. Aprovechó su cercanía para sujetar su mano y respiro para que mi voz aparezca de una maldita vez.
—¿Qué...ha... pasado? —inquiero muy despacio logrando que mi voz suene más fuerte.
—No te preocupes, solo tienes que descansar y después debes alimentarte.
El letargo que parecía dominar mi cuerpo está desapareciendo, aunque no así el dolor que me produce moverme. Me quejo apretando mis dientes mientras la mano de Lauren me impide que haga movimientos bruscos.
—No me acuerdo de nada —susurro mirando sus ojos, suspirando de pura impotencia.
—Normal que no te acuerdes —escucho la voz Kenzi desde el umbral de la puerta, avanzando rápido hacia mí—. Te fuiste de party hard con las drogas y el alcohol. ¿Querías hacerle la competencia a Keith Richards o qué?
—Kenz, acaba de despertar y es mejor que la dejemos descansar —le dice Lauren evitando que me monte una bronca.
—No... Lauren —murmuro como puedo mientras pequeños flashes de mi memoria consiguen hacerme recordar lo que pasó.
La doctora Lewis me ayuda a incorporarme y a pesar de su ayuda, mi cuerpo me duele horrores.
—Evony Fleurette Marquise, ¿en qué demonios estabas pensando? —me pregunta Kenzi, cruzándose de brazos.
Esa pregunta activa a mi memoria y comienzo a recordar la predicción de la Oráculo, los ojos de April, lo que pasó con Sasha, los besos que me dio April, todo lo que pasó en la gala de la fashion week, la canción Heroes de David Bowie, los excesos de drogas y alcohol en los que estuve sumergida en los últimos días junto con todos los sueños que tuve con April. Es la primera vez que puedo recordar todo lo que he soñado con ella durante años y las promesas de buscarla a las cueles me comprometí.
—April —digo con fuerza mirando los ojos de la única humana que ha sido capaz de mostrarme algo de afecto.
—Eso, ¿quién demonios es April? —me pregunta Kenzi relajándose al ver mi dolor físico—. Llevas dos días susurrando su nombre sin parar.
La miro unos instantes sin saber qué responderle. «¿Qué voy a decirle? ¿Qué April es la mujer que he estado esperando toda mi vida? ¿Qué una estúpida predicción de la Oráculo me tiene acojonada? ¿Qué solo puedo estar con April cuando sueño con ella? ¿Qué me estoy enamorado de una humana y eso no es posible porque soy la jodida Morrigan?».
Cierro los ojos, soltando un leve quejido, pero no de dolor físico sino de remordimiento. Recuerdo ese beso que compartir con April en mi último sueño con ella y la necesidad lacerante de cumplir mi promesa. Respiró profundamente, sintiendo como Kenzi y Lauren me miran esperando que diga algo.
—Tengo que levantarme de esta cama —murmuro removiéndome para sentarme, aunque Lauren coloca sus manos en mis hombros para impedirlo.
—No, tienes que descansar y después alimentarte —me regaña intentando hacerme entrar en razón.
—Lauren, ¿puedo hablar contigo? —dice Kenzi mirándome y separando las manos de la doctora de mis hombros.
Observo como Lauren frunce el ceño, negando con la cabeza. Kenzi asiente como si hablaran en silencio a través de esas miradas encontradas.
—Está muy débil —replica Lauren refiriéndose a mi estado físico—. Ahora no es el mejor momento, Kenz.
—Tarde o temprano se va a enterar —murmura muy seria—. Es la Morrigan y la única que quizás pueda ayudarnos.
Aprovecho el momento de discusión entre ellas para acomodarme mejor y sentarme en la cama, notando como cada músculo me duele por la falta de movimiento. Estoy débil, con una resaca terrible que va a partirme la cabeza en dos y completamente hambrienta, pero a pesar de eso ya voy sintiendo como las fuerzas vuelven a mi cuerpo. Por las expresiones en sus caras, algo ha pasado y no solo por mi estado físico de los últimos días. «¿Cuántos días llevo durmiendo?».
—A ver, ¿qué diablos pasa? —inquiero intentando quitarme el catéter de suero que llevo pegado en mi brazo.
—No te lo quites —vuelve a regañarme Lauren, apartando mi mano del catéter.
La fusilo con la mirada, quitando mi mano del aposito que cubre el catéter. Lauren lo vuelve a pegar mejor, evitando mirar a Kenzi, tomándose su tiempo para pensar en lo que debe decirme.
—Se lo dices tú o se lo digo yo —le advierte a la doctora cruzándose de brazos.
Lauren resopla contrariada, pero no le queda más remedio que aceptar. Yo sigo sin entender nada de lo que parece que ocurrió en mi ausencia, algo que no me gusta ni un poco. Miro a Kenzi, pero ella no aparta sus ojos del rostro de Lauren.
—Vale, pero déjame darle algo que la ayude —replica enfadada.
—¿Qué piensas hacer? —inquiero al ver como Lauren rebusca algo en su maletín.
—No te preocupes, que dos días metida día y noche en esta casa me fueron útiles para hacer un suero que te ayude con tu hambre de musa insaciable.
«¿Ha dicho dos días? ¿Qué demonios ha pasado y por qué la súcubo no está aporreando mi puerta para buscar a su novia? Aquí está pasando algo que no me gusta nada». Pienso para mis adentros viendo como Lauren vuelve con una inyección que pincha en el catéter que está pegado a mis venas. Miro a Kenzi que me sonríe sin fuerzas. Aunque no me gusta que Lauren haga experimentos con mi cuerpo, no puedo oponerme.
El efecto del suero es casi inmediato. Mi cuerpo parece recuperar todas las fuerzas perdidas mientras mi corazón bombea la sustancia que creó Lauren para mí. Lleno de aire mis pulmones, notando como el dolor desaparece rápidamente de mis músculos. Suspiro con una sonrisa al estar más aliviada.
—¿Mejor? —me pregunta Lauren buscando una libreta y me mira para anotar mis reacciones.
—Mucho mejor —respondo aparentando mis puños y moviendo mi cuello sin sentir dolor—. ¿Cómo lo has hecho?
—Lauren es muy lista, pero después te explicará sus experimentos al estilo más puro estilo de Víctor Frankenstein —comenta Kenzi sentándose a mi lado en la orilla de la cama.
Me encojo de hombros, mirando a Kenzi y después la cara afligida de Lauren que empieza a respirar lentamente rehuyendo de la mirada de Kenzi.
—Bo y yo hemos terminado —confiesa a media voz.
«Anda, pero si eso no es nuevo». Pienso para mí misma sin poder evitar echarme a reír, algo que a Lauren no se sienta nada bien y me mira con rabia directamente a los ojos. Me disculpo dejando de reír y haciendo un gesto con la mano para que no me pegue, porque la veo muy capaz.
—Tranquila, querida —digo sin darle importancia—. Bo volverá contigo en menos de dos días como siempre lo hace, porque ella está enamorada de ti.
—Pues yo no lo veo tan fácil —comenta Kenzi—. Bo está con un tal Rainer que lo fue a rescatar a un tren o algo así. No me gusta nada ese hombre.
Abro los ojos con asombro y doy un pequeño respingo sobresaltada. «No puede ser, es imposible». De repente siento como mi corazón comienza a latir con fuerza y mi mente comienza a trabajar en una solución para devolver a Rainer al tren o hacer algo para defender el sistema fae, aunque para él sea una traición.
—Evs, ¿estás bien? —me pregunta Kenzi, colocando la palma de su mano en mi frente para tomarme la temperatura.
Asiento con la mirada perdida, porque necesito pensar rápido en una solución. «Skyler, ella es la única que puede ayudarme a controlar a su padre». Me repito a mí misma en silencio, buscando la forma de cómo conseguir presentarlos y contar esa historia que puede apaciguar las ansias de venganza que ahora mismo debe querer Rainer.
—Evony, ¿qué sabes de Rainer?
La voz de Lauren me saca de mis pensamientos y al mismo tiempo me quito las sabanas intentando ponerme en pie. También me deshago del catéter, con tanta brusquedad que siento el pinchazo al salir de mi vena, pero no tengo tiempo para hablar sobre "El Desafiante" y necesito reunirme con Trick antes que Rainer lo mate a él y después a los Una Mens.
—Espera, ¿adónde vas? —inquiere Kenzi sujetándome del brazo cuando consigo ponerme en pie—. ¿Qué pasa con Rainer?
—Tengo que hablar con Trick y con los Una Mens.
—Evony, ayer los Una Mens fueron asesinados por Rainer y Bo —dice Lauren mirándome a los ojos—. Necesitamos saber todo sobre él para ayudar a Bo.
Me siento de vuelta en la cama, sin creerme lo que me ha confesado la doctora. «¿Cómo demonios logró la súcubo sacar a Rainer del tren?». Me pregunto en silencio, buscando un plan B para solucionar el problema que representa Rainer.
—Evs, por favor —me ruega Kenzi sujetando mi mano.
—Rainer es muy peligroso para nuestro sistema —lo suelto tal como lo pienso—. Fue el líder de los rebeldes al reinado del rey sangriento y si ha vuelto es para acabar con los bandos faes y con Trick.
—¿Por eso mató a los Una Mens? —pregunta Kenzi.
—Sí —digo antes de levantarme—. Los Una Mens son los protectores de las leyes de los faes.
Camino hacia mi vestidor para escoger algo que ponerme. Enciendo la luz y veo por el espejo como Kenzi y Lauren también vienen conmigo.
—Los Una Mens eran unos sadicos asquerosos, pero no me alegro que los asesinaran —comenta mi única amiga humana siguiéndome los pasos.
—Los Una Mens son lo de menos —replicó buscando uno de mis vestidos—. Rainer quiere acabar con nuestro sistema y reinará el caos.
—¿Dejaras de ser la Morrigan? —inquiere Lauren mostrándose asustada.
Saco un vestido de Armani, se lo doy a Kenzi para que me lo sostenga y me voy casi corriendo al armario de mis zapatos para escoger los tacones que me voy a poner.
—Eso no va a pasar —aclaro mientras mi mirada busca los zapatos que combinen con el color de mi vestido y al tenerlos en mis manos, me doy la vuelta para salir de mi vestidor —. Voy a llamar a Skyler para que vuelva de París ahora mismo.
Salgo del vestidor con Kenzi y Lauren a mis espalda. Vuelvo a mi dormitorio para buscar mi móvil aunque no tengo ni idea en donde lo dejé.
—Skyler no está en París —dice Kenzi dejando mi ropa sobre la cama—. Sasha le pidió que se quedara aquí porque piensa que Sky es tu espía o algo de eso. Tamsin está en París con Sasha por tu culpa.
«Pero hay que ver lo lista que es Sasha o tal vez habrá leído algo en mi pensamiento como buena valquiria que es». Pienso mientras intento encontrar mi puñetero móvil.
—Bien, porque necesito ver a Skyler ya —digo sin mirarlas porque no encuentro por ningún lado mi móvil—. Y por Tamsin no te preocupes porque es mucho mejor que Rainer no la vea después de lo que le hizo.
—Evony, ¿qué pasará con Bo? —inquiere Lauren dándome mi móvil.
—¿Que le hizo Tamsin a Rainer? —me pregunta después Kenzi, preocupada por su novia.
Cojo mi movil que me ofrece la doctora y lo desbloqueo. Le escribo a mi secretaria para que en veinte minutos dos artistas estén en mi casa y pueda alimentarme de su talento. El suero de Lauren es bueno, pero necesito estar más fuerte.
—A la súcubo no le pasará nada y a Tamsin es mejor dejarla en París con Sasha —respondo mientras escribo el mensaje a Corinne—. Ahora sólo hay que controlar a Rainer y regresarlo a su tren o mandarlo lejos de Trick.
—Bo ha dicho que Rainer es su destino y parece que... bueno, ya sabes —comenta Kenzi, cortándose un poco para no hacerle daño a Lauren con sus palabras.
—Pues su destino va a volver al tren sin paradas —replicó dandole a "enviar" al mensaje.
—¿Qué vas a hacer? —pregunta Lauren, poniéndose frente a mí.
—Primero hablar con Skyler y después decirle la verdad a la súcubo —respondo evitando ver sus ojos cansado.
—¿Qué verdad? —otra pregunta de Kenzi evita que me mueva
—Tengo un plan, pero dejad de preguntarme que tengo que ducharme —respondo mirándolas y camino hacia el baño—. Kenzi, llama a Skyler y dile que la necesito aquí en quince minutos, por favor.
—Ahora mismo —responde y sale de la habitación.
Miro a Lauren antes de seguir mi camino hacia el baño. No sé que decirle porque se ve realmente dolida por lo que ha hecho Bo con Rainer.
—Lauren, todo saldrá bien —digo girándome antes de abrir la puerta de mi baño.
—Yo no estoy tan segura —murmura con la derrota impregnado su voz—, pero tengo algo más que decirte y pedirte un favor.
Siento como viene detrás de mí, pero se queda parada en el umbral de la puerta, me giro mientras me voy desnudando.
—Vamos, entra —le digo haciendo un gesto para que pase y después cierre la puerta—. Me ducho y me lo cuentas para ahorrar tiempo.
—No, yo te espero aquí a que termines —murmura lo mirando al suelo..
—Lauren, mi tiempo ahora mismo es literalmente oro —replicó cogiendo su mano y la arrastro hacia el baño.
Termino de quitarme mi ropa interior y veo por el espejo que Lauren se ha dado la vuelta, muerta de vergüenza. A mí me da igual, sé que a Lauren le gusta las mujeres pero yo no soy su tipo. Además, mi relación con Lauren es estrictamente profesional, aunque en este momento la profesionalidad brille por su ausencia. Giro la llave del agua caliente, para después buscar una toalla con la que luego me secaré y entro en la ducha esperando escuchar lo que tiene que decirme.
—Evony, quiero pedirte que por favor me des permiso para trabajar en los laboratorios de las Sombras en Múnich —dice mostrándose segura—. Necesito cambiar de aires y estar un tiempo alejada de todo.
La escucho mientras el agua consigue relajar mis músculos. La idea de que Lauren se vaya no me gusta nada, pero tampoco puedo retenerla. Nuestro acuerdo cuando se unió a las Sombras fue muy claro y debo respetarlo.
—¿Es por lo que pasa con Bo? —inquiero buscando el bote de champú.
Lauren se queda en silencio, meditando la respuesta que piensa darme.
—Es por todo, Evony —contesta después de varios segundos—. Llevo mucho tiempo luchando con cosas que parecen ser invencibles.
—Vale, lo entiendo, pero no tienes que pedirme permiso —respondo lavándome el cabello—. Eres libre para hacer lo que quieras, aunque me gustaría que me dieras por lo menos una semana para solucionar todo lo que ocurre ahora mismo.
Aprovecho que Lauren se queda callada para terminar de enjugarme el cabello y también lavo mi cuerpo lo más rápido posible para poder tener esta conversación con Lauren frente a frente.
—Por supuesto —dice casi suspirando—. Puedo esperar una semana hasta que se solucione todo.
—Bien, cuando tenga bajo control todo con Rainer hablaremos de tu traslado a Alemania, pero me gustaría que lo pensaras bien.
Termino de enjabonarme y aclaro mi piel lo más rápido que puedo. «Tengo una semana para hacer que Bo y Lauren vuelvan juntas porque no pienso dejar que la doctora Lewis se vaya al otro lado del mundo». La ducha me está sentando muy bien, aunque la conversación con Lauren no es del todo de mi agrado. Cierro el agua caliente y estiro mi mano para buscar a tientas la toalla con la que comienza a secarme. Después cojo otra para quitarme la humedad de mi cabello. Antes de salir me enrollo la toalla alrededor de mi cuerpo y miro como Lauren aún evita mirarme.
—¿Qué más querías decirme, Lauren? —pregunto caminando hacia el lavabo para cepillarme los dientes.
—Es mejor que te espere afuera —responde sin darme tiempo a replicarle.
La miro salir del baño mientras me lavo los dientes. Algo en sus ademanes me preocupa, pero quizás solo sea la nueva decepción que Bo la ha hecho pasar. Me pongo crema en todo mi cuerpo, pensando en cómo ayudar a Lauren, porque la opción de que se vaya a Alemania no me gusta nada. Saco el secador de pelo y termino peinándolo con los rizos de siempre. Antes de maquillarme, voy al vestidor para buscar mi ropa interior. Entre la ducha y estar lista solo he tardado quince minutos. «Esto es un récord Guinness para mí».
Al salir a mi habitación para ponerme mi vestido, veo como Lauren está hablando con Kenzi mientras desconectan los equipos médicos que había utilizado la doctora Lewis para controlar mi resaca monumental. Camino hasta mi cama dándome cuenta que las dos se quedan calladas. Tal vez la situación es más grave de lo que me han dicho, pero no tengo más opción que descubrirlo por mí misma.
—Voy a esperar a Skyler que estará a punto de llegar —dice Kenzi caminado hacia la puerta.
Me enfundo el vestido negro de Armani y me acerco a Lauren para que me ayude a subir la cremallera. Aparta mi cabello para que no me lo pille con la cremallera que ella sube con cuidado. Lauren y yo no somos amigas, pero sentimos un mutuo respeto. Ella es una persona muy válida, algo que los antiguos Ash no se dieron cuenta o no supieron como tratarla. Aún así, no descarto que en un futuro no muy lejano Lauren sea capaz de confiar en mí, porque yo, contra todo pronóstico, confío en ella.
Le doy las gracias para volver a la cama y me calzo los tacones. De repente, siento como Lauren también se sienta a mi lado, captando mi atención. Me giro para verla y me doy cuenta que ella tiene una carpeta en su mano.
—Tenemos que hablar de tus sueños —dice muy seria, con ese tono profesional que he aprendido a descifrar atrás los meses que hemos trabajado juntas.
El rostro de April aparece en mi mente y siento que mi corazón se acelera. La palabra "sueño" retumba en mis oídos, aunque es imposible que Lauren sepa que sueño con April.
—Ahora no tengo mucho tiempo —digo un tanto a la defensiva y sin ningún motivo—. Podemos hablar de eso luego.
—No, Evony, es muy importante —replica poniéndose en pie cuando lo hago yo.
Al ver sus ojos, siento que Lauren no está bromeando y si ha escuchado algo de lo que puede decir mientras soñaba con April, quizás pueda explicarlo.
—¿Qué quieres saber? —mi tono sale igual de defensivo o quizás más.
—Mientras estuviste inconsciente te hice varias pruebas —Me tiende la carpeta y la cojo—. No sé lo que has estado soñando, pero estoy preocupada porque la actividad de tu cerebro mientras dormías no fue normal.
—Bueno, eso no quiere decir nada —replico sin darle importancia a su cara cada vez más seria y dejo la carpeta sobre la cama.
—Si la tiene, Evony, mientras soñabas en tu cerebro se fueron formando pequeños coágulos que pude disolver con fármacos, pero cada vez son más grandes y evitan el riego sanguíneo a tu cerebro —explica cada vez más agobiada.
—Lauren, soy fae y nada me va...
—Te equivocas —corta mis palabras sujetándome del brazo para que no me vaya—. Tengo que hacerte más pruebas, pero necesito que me digas lo que ocurre en tus sueños.
—Luego —le digo quitando mi brazo de su mano, con delicadeza.
—Evony, puedes morir si no me dejas ayudarte —espeta desesperada.
La miro, pero sigo sin creer lo que me dice. Es imposible que yo muera por soñar con April. Lo de los coágulos o lo que sea que Lauren vio en mi cerebro no significan nada.
—Nada me ocurrirá —replicó sonriente y me doy media vuelta para salir de mi habitación.
—¿April es fae o humana? —inquiere consiguiendo que me detenga en seco.
Me giro nuevamente para verla, borrando la sonrisa de mis labios y en mi frente aparece mi ceño fruncido.
—¿Por qué lo quieres saber? —le pregunto de forma intransigente.
—Porque cuando sueñas con ella, es cuando en tu cerebro se forman los coágulos y quizás la vida de April también está en peligro.
Me quedo sin aliento y siento como mis piernas empiezan a temblar. «Ojos verdes casi azules. Te darán la vida que te falta y también serán tu perdición y castigo, para el resto de la eternidad.» En mis oídos retumba la voz de la oráculo en pleno trance cuando me dijo esas palabras hace tanto tiempo atrás.
Final de la primera parte...
Notas: mañana publicaré la segunda parte del capitulo, sin falta. :)
