A Candy Candy FF

Aún después de tres años

Capítulo 4: Los sentimientos del tío abuelo

- Albert, creo que deberías reconsiderarlo. El señor Grandchester es un muy buen partido.

- Puede ser quien sea, pero él no. ¡No quiero que Candy vuelva con Terry!

- Ellos dos se aman, puedo verlo. Eso haría mejor la situación. Creo que deberías pensarlo mejor.

- ¡Tengo que hacer algo para…!

- Ya no puedes hacer nada, querido. Debes rendirte como buen caballero que eres.

- Mientras esté vivo, jamás.

Por otro lado, Candy y Terry hablaban amenamente ante la atenta mirada envidiosa de la joven Elisa, quien no dejaba de observarles temerosa por ningún motivo.

- Creo que piensan que pueden obtener la victoria ¿o me equivoco?

- ¿Elisa, se te ofrece algo? –le pregunta Terry.

- No lograrán ser felices, no mientras yo esté aquí.

- Dime, Elisa. ¿Qué quieres lograr lastimándote así a ti misma?

- ¿De qué estás hablando? ¿Por qué me estaría yo lastimando?

- Porque solo puedes pensar en como hacerle daño a las demás personas, ¿es que acaso no puedes pensar en como se sienten las demás personas con tu trato tan desagradable?

- Lo único que quiero yo, es destruirte, Candy, porque no mereces ser feliz.

- ¿Por qué lo crees así?

- Porque siempre quisiste tener todo lo que yo tuve. Yo amaba a Anthony. Luego apareciste tú, lo sedujiste y te lo llevaste, lo alejaste de mi lado. Después siguió el pobre de Terry, lo engatusaste a tu modo y también lo alejaste de mí.

- Te equivocas.

- ¡¿Qué quieres decir?!

- Yo jamás usé nada para seducir a Anthony y mucho menos a Terry. Solo bastó con ser yo misma para ganarme a las personas. Si hubieras sido una buena persona desde el principio, las cosas habrían sido muy distintas.

- ¡Eso es mentira!

- No lo es, sabes que jamás he mentido de esa manera. Deberías pensar en tu actitud antes que hacerles la vida imposible a las demás personas.

- Vámonos, Candy.

- Si. Adiós, Elisa.

Candy se alejó lentamente de Elisa en compañía de Terry. Ambos entraron a la gran mansión de los Andree en donde los esperaba la tía abuela en el comedor.

- Buenos días, jóvenes.

- Buenos días, Tía Abuela.

- Muy buenos días, señora Andree.

- Siéntense, la comida está servida.

- Muchas gracias, señora.

- Disculpe, Tía Abuela. ¿El Tío Abuelo no comerá con nosotros?

- Albert, en este momento, está algo indispuesto, discúlpenlo.

- ¿Se siente mal?

- Si, creo que está algo enfermo. Me gustaría que fueras a verlo y hables con él, Candy.

- Está bien, Tía Abuela.

- ¿Los señores Leagan no comerán?

- Desafortunadamente, decidieron marcharse ayer en la noche.

- Pero Elisa estuvo aquí hace poco.

- Esa niña…ya no tiene remedio.

- ¿Pasó algo ayer mientras hablabas con ellos, Tía Abuela?

- Decidí cortar amistad con la señora Leagan y con sus hijos.

- ¿Por qué hiciste eso? No es muy bueno que cortes amistad con familias tan grandes como esa.

- Lo sé, pero gracias a esa gran familia, estuve a punto de cometer un gran error hace años. Pretendí casarte con Neal y todo eso ellos lo planearon para quedarse con el dinero de esta familia. Fue una bajeza de su parte.

- Tía Abuela, gracias por preocuparte por mí.

- Ya era hora de enmendar mis errores, es lo que Anthony hubiera querido.

- Anthony era tan joven y tan bueno, espero que ahora ya se sienta más tranquilo.

- Mi pequeño Anthony no estará tranquilo hasta que su querida Candy sea feliz.

- Seré completamente feliz pronto, Tía Abuela.

- ¿Disculpen, les molesta si me retiro un momento a mi habitación?

- Claro que no, señor Grandchester, puede ir.

- Muchas gracias.

"Terry se alejó de nosotras. Sentía que estaba molesto por algo y enseguida entendí la razón de su extrema incomodidad."

- Tía Abuela, me retiraré por un momento –la chica se levanta de la mesa y sale caminando detrás de él, provocando que la mujer anciana suelte una pequeña risa.

- La juventud de hoy…es muy extraña.

Mientras tanto, Candy y Terry se encontraban en súbito silencio en la habitación de este. Candy no podía dignarse a hablarle, sabía que su joven prometido estaba muy molesto por la conversación que ella comenzó a entablar con la Tía Abuela, todo girando alrededor del recuerdo del ya fallecido Anthony. De repente, el comentario de Terry llamó la atención de Candy.

- Anthony…debió ser muy importante para ti, Candy.

- Lo sigue siendo, pero ya no como antes. Anthony era la razón que yo tenía para seguir resistiendo en esa horrible casa cuando era pequeña. Anthony era mi todo en ese entonces, era mi razón de ser. Cuando murió, todo mi mundo murió con él y solo podía pensar en morir también.

- Quizás hubiera sido lo mejor para ti.

- ¿Por qué lo dices?

- Cada vez que hablas de él…tienes esa mirada llena de amor que tanto me irrita…tan palpada de recuerdos que me da la impresión de que tú quieres volver a esos días.

- No confundas mis sentimientos, por favor. Es cierto que amé bastante a Anthony, pero eso ya pertenece al pasado. ¿Acaso no confías en mí?

- Confío en ti, pero no en tus recuerdos.

- Terry, no peleemos por algo que carece de sentido, por favor.

- Lo siento, Candy. Es que…este lugar me incomoda mucho. Todo aquí hace que sienta que él sigue presente.

- Él está presente aquí en todos lados. Todo en este lugar está infestado de recuerdos imborrables de mi primer amor.

- El primer amor, ¿verdad?

- Ya no hablemos más del pasado, ¿si? Lo importante ahora es vivir nuestro presente y nuestro futuro.

- Tienes razón, lo siento mucho.

- No tiene importancia. Ahora vamos con la Tía Abuela antes de que se enoje por dejarla sola en el comedor.

"Rápidamente bajamos al comedor y nos dimos como la sorpresa de que Archie, Annie y Albert estaban sentados junto a la Tía Abuela."

- Buenos días, Candy, Terry –decía cordialmente la joven Annie.

- ¿Cómo han estado? –pregunta Archie.

- Gracias por venir, es un gusto verlos.

- Buenos días –responde Terry, mirando a Albert.- Albert…

- Siéntense y acaben de comer.

- ¿Tío Abuelo, ya te sientes mejor?

- Estoy bien, no tengo nada.

- ¿No piensas comer nada, Tío Abuelo?

- No. Ya comí en mi habitación. Terry, necesito hablarte después de comer. –el joven Albert se levanta del comedor y vuelve a encerrarse en su habitación.

- ¿Habrá pasado algo malo?

- No lo sé, pero será mejor que vaya a hablarle –Terry se levanta de la mesa, no sin antes agradecer por la comida.- Muchas gracias por la comida. Con su permiso, me retiro.

- Terry…-Candy lo mira con preocupación.-

- No te preocupes, Candy, todo estará bien. Confía en mí.

- Está bien, ve con cuidado.

- Candy, cálmate, el señor Grandchester no irá a la guerra.

- Lo siento, es que me siento muy nerviosa.

- Todo saldrá bien, ya verás.

- Confiaré en eso.

Ya dentro de la habitación de Albert, Terry tomó asiento en un gran mueble, esperando que Albert se dignara a decirle algo acerca de su urgente llamado.

- ¿Para que me has llamado, Albert? ¿Necesitas preguntarme algo?

- Yo no te he dado permiso para que te sientes.

- Creo que deberíamos dejarnos de formalismos y hablar claro. ¿Por qué me solicitaste a mí solo?

- No estoy de acuerdo con la decisión de ambos.

- ¿Por qué no aceptas nuestro matrimonio, Albert? Sabes lo mucho que amo a Candy…

- Pero también sé de lo mucho que la has hecho llorar. No pienso volver a darte una oportunidad.

- Sin embargo, Candy me la ha dado y yo estoy conforme con eso.

- ¿Y piensas que yo permitiré que te lleves a Candy así nada más? Debes estar demente.

- Tú la amas, es por eso que no puedes dejarla ir.

- Yo siempre estuve con Candy, desde que era muy pequeña siempre la consolé y estuve a su lado. Cuando Anthony murió, yo la ayudé a sonreír nuevamente, cuando tú te marchaste, yo le di el valor para seguir viviendo… ¿Piensas que tú puedes hacer todo eso?

- No puedo imaginar por todo lo que pasaste para estar al lado de Candy siempre, pero aquí lo importante es lo que Candy siente, y ella solo te ve como un miembro más de su familia. Tienes que aceptar la realidad, Albert.

- No puedes quitarme a Candy, Terry.

- Yo jamás te la quité, solamente la amé todo este tiempo y regresé por ella.

- Candy no merece llorar nuevamente. Yo no puedo confiar en ti. Ella decidió dejarte con la señorita Marlowe y tú no hiciste nada por detenerla, simplemente la dejaste ir, la dejaste sola con sus lágrimas y sus lamentos. ¡No moviste siquiera un dedo para luchar por su amor, simplemente dejaste que ella se marchara!

- Lo se y me arrepiento. Ella sabe cuanto me arrepentí de no haberla seguido, pero Candy entiende que debía quedarme con Susana por su salud, ella lo entendió y se fue. Yo también me sentí miserable al verla partir, toda mi vida fue un martirio sin ella.

- Aún asi no puedo aceptarlo.

- Lo siento, Albert, pero por Candy soy capaz de todo. Si no te convence mi amor por ella, habla con Candy y date cuenta de lo que sentimos.

- Candy está ciega por ti, ella jamás entenderá el bien que le estoy haciendo un bien al tratar de alejarte de ella.

- Quisiera saberlo entonces, Albert –Candy entra y sorprende a ambos.- Quiero entender lo que tratas de hacer por mí, Albert, dímelo. Quiero tratar de entenderte.

- Candy, solo quiero protegerte, como siempre lo he hecho a lo largo de tu vida. Yo siempre estuve contigo en los peores momentos de tu vida, dándote ánimos para seguir adelante, te consolé en tu dolor y te amé lo más que mi pequeño corazón pudo.

- Aprecio lo que has hecho por mí y te agradezco, agradezco tu amor, pero yo no puedo corresponderte.

- Yo siempre fui tu príncipe, el príncipe que tanto buscabas.

- Esa fue una hermosa ilusión de mi niñez, pero todo eso ya quedó en el pasado, entiéndelo, por favor.

- Pero, Candy…

- Si realmente quieres que sea feliz, deja que me case con Terry. Si no apruebas nuestro matrimonio, me casaré con o sin tu permiso, es mi última palabra.