¡Hola a todos! Les traigo otro oneshot Romanogers. Espero que lo disfruten, es algo depresivo o triste, pero es lo que quería plasmar. No los aburro y que siga la lectura :)
Disclaimer: Marvel no me peretenece.
Repentance
Domingo en la madrugada, 03:00 am marcaba el reloj digital en la mesita de noche. Invierno en Nueva York. El frío traspasa las paredes del apartamento de Natasha. Su cama está más helada que de costumbre. Steve se había ido.
Fue una pelea de niños, dos personas que no se ponen de acuerdo. Habían empezado una especie de relación algo formal no hace más de cuatro meses. Tal vez algo pasajero para ella, pero con el tiempo se ha dado cuenta lo mucho que Steve acomoda su vida y la estabiliza por completo.
Se dio vuelta del otro lado. Vacío. Aún recordaba la última vez que él durmió y compartió la cama con ella. Cada vez que llegaban de una misión, el llegar al apartamento era como un paraíso para ambos. Su escondite en donde podían amarse sin ser vistos, ser cautelosos. Extrañaba su aroma. Extrañaba ser acariciada por él. Tan sólo pensar en eso, su piel se erizó por completo. Pero era imposible. Se había ido y tal vez no regresaría nunca. Natasha se aferraba a la almohada pensando que tal vez si cerraba los ojos todo se esfumaría y lo vería aquí, acostado a su lado, sonriéndole y mirándola con esos ojos que hacen que pueda observar todo de ella, hasta su alma.
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- ¿Steve…?
- …Dime
La idea que pasaba por la mente de Romanoff era imposible, pero quería planteársela al capitán, ya que estaban recién empezando a actuar como una pareja de novios o eso era lo que ella creía. Pero las inseguridades de Natasha hacían a veces, que Steve perdiera la cabeza.
- Si algún día te…enamoraras de otra persona ¿Me dirás, verdad?
- ¿A qué viene eso?
- No lo sé…es algo que siento que puede pasar algún día…y lo entenderé si pasa.
- Nat, no me hagas repetirlo nuevamente. Yo elegí estar contigo y no me he arrepentido de nada…
- Pero…
- ¿Tal vez tú sí?
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Se sentía culpable. Cada recuerdo que pasaba por su mente era cada paso que daba en falso dando lugar a lo que es ahora: Un cuarto vacío. Más que una habitación sin Steve, era su corazón destrozado. Quería salir corriendo, olvidar todo, desaparecer del mapa. Pero ya era suficiente, había huido demasiado tiempo y ya no quería ser presa de la inmadurez e inseguridad de ella. Lo quería. Pero era más que querer a alguien. Lo deseaba. Natasha sentía que él era de ella y de nadie más. Le daba terror pensar que podía estar con otra ahora. Eso no podía ser.
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- ¡Natasha ya basta!
- ¡Pero es lo que siento! Yo no soy para ti, mírame… quien soy en realidad.
- ¿Qué pasó con aquellos días… en donde lo que más nos importaba era quitarnos la ropa y amanecer juntos? –Steve perdía la cabeza. Cada vez que Natasha salía con el tema de que ella no era para él, parecía explotar en cólera-
- Steve…
- ¿Acaso ya se te olvida todo lo que tuvimos que pasar para estar juntos? No te basta con arruinarlo más… Entiende, ¡estoy enamorado de ti! –Le reclamaba a la espía, pero ella era terca-
- No puedes amarme…y yo no merezco tanta felicidad de parte tuya.
- Está Bien…entonces, no tengo lugar aquí.
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Han pasado cuatro semanas de aquel incidente y Natasha se sentía fatal. No comía ni dormía bien. Tampoco se arreglaba como antes. Le daba lo mismo todo. Se levantó de la cama acercándose al ventanal que daba a las calles de la ciudad. Todo era blanco por la caída de la nieve.
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- Ven acá, te enfriarás…
- ¿Quieres que me acerque a ti?
- Está nevando Romanoff, al no ser que quieras morir congelada en medio de la nada antes de que vengan en el Quinjet.
- Pensaba que al Capitán Rogers le avergonzaba estar tan cerca de una mujer –Dicho esto, se acurruca con él, apoyando su cabeza en el hombro del capitán-
- Las personas cambian… -Su mirada era intensa, tan así, que Natasha decía cosas sin pensar-
- Me gusta tu cambio Rogers…
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Una lágrima apareció en el rostro de la espía. Mil recuerdos se le cruzaban al acordarse de Steve. Cómo es posible que ese hombre la haya dejado en ese estado, se preguntaba una y otra vez. Trataba de llamarlo, pero sus llamadas no eran contestadas. Mierda. Que podía hacer ahora ¿Salir por todo Nueva York buscándolo?
Lo único que tenía en mente era ir a un bar a toma algo fuerte y olvidarse de la situación aunque sea por un día. Pero le parecía algo patético ir a beber sola.
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Bebieron tanto una noche, que Steve por primera sintió que se embriagó de verdad. Natasha reía a carcajadas por las estupideces que él decía estando así.
Como siempre, habían llegado al apartamento de la pelirroja. Rápidamente se despojaron de sus ropas, formando un camino desde la puerta hasta la cama y comenzaron a besarse, como si el mundo se acabara hoy día mismo. Tal vez Stark tenía que ver con los tragos ese día en esa fiesta, pero algo había que agradecerle al filántropo. Era que Steve estaba sonriendo más que hace 70 años. Y era algo que Natasha disfrutaba ver y más si ella era responsable de su felicidad.
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Tal vez debía dejar de ser tan egoísta y acepta la realidad: Ella lo ama. Si, lo creía cada día que pasaba porque sin su presencia, se sentía angustiada, triste, sin ganas de vivir. Pero ella era testaruda. Se volteó hacia la cama que yacía vacía. Ya nada tenía sentido para ella ahora. Se dirigió a la cocina a beber un poco de agua. A pesar del frío Natasha sólo tenía una polera negra de tirantes y ropa interior del mismo color con transparencia, algo que a Steve lo volvía loco recordó ella. Se dibujó una pequeña sonrisa al recordar eso. Jamás imaginó a Rogers en una situación así: Salir, Citas, ir a beber, terminar juntos quien sabe donde…
Natasha agradecía haberlo conocido y haber compartido tanto tiempo con él. Le había enseñado muchas cosas y había aprendido a dejar las mentiras atrás. Las heridas sanan con el tiempo, pero cuando llego Steve a su vida, había sido su verdadero bálsamo. Ahora sin su compañía, las heridas empezaban a arder poco a poco.
Terminó de beber su vaso de agua dirigiéndose nuevamente a su cama, cuando sintió un ruido en la puerta. Se volteó y de a poco, Natasha fue acercándose a la cocina abriendo un cajón donde tenía una pistola en caso de emergencia, después de todo, eres una espía las 24 horas. La cerradura empezó a moverse. Un escalofrío recorrió la espalda de la pelirroja ¿un ladrón? Quién sabe. Se dio cuenta que no estaban tratando de romperla. Dio un suspiro y abrió la puerta antes y se encontró con esa figura que extrañaba tanto. Steve.
Silencio. Sólo se observaban el uno al otro en medio de la madrugada. Natasha notaba a Steve cansado, como si no hubiera dormido en días al igual que ella, al menos era lo que podía deducir. Vestía casual, jeans, una polera azul marino y una chaqueta negra. Ya ni comparado de cómo se vestía antes.
- ¿Qué haces aquí…?
- ¿Me dejarás pasar?
Natasha aún no bajaba el arma, y era que se sentía desprotegida. Steve la observaba serio, aunque no sabía descifrar su estado de ánimo, no se veían hace dos semanas. El muchacho bajó el arma de la pelirroja, haciendo que ésta se sintiera estúpida y lo invitó a pasar. Sus pasos eran cautelosos, como si fuera la primera vez que veía el apartamento de la rusa.
No sabía cómo actuar frente a él. ¿Le contaría sobre lo mal que ella lo pasó? De pronto Steve se voltea a verla, aún con sus manos en los bolsillos de su pantalón.
- Ganaste Natasha…
- ¿Qué?
- Que ganaste esta batalla…
- A que te refieres Rogers
A pesar del tiempo que estuvieron separados, a Steve no le gustaba que Natasha lo llamara por su apellido, después de todo se conocían bastante como para pretender que nada ha pasado. Hizo una mueca de molestia con eso último y la pelirroja notó el cambio en su rostro.
- No puedo dejar de pensar en ti…
Steve se veía cansado. La espía pudo notar que él tampoco lo pasó bien después de la última discusión que tuvieron. Natasha sentía ganas de correr y abrazarlo. Decirle que estaba arrepentida de todas las cosas que le dijo, que en realidad tenía miedo de volver a sentir amor por alguien. Pero era cobarde.
- Steve…
- Dime que… dime que tengo que hacer para olvidarme de ti.
Eso le llegó como una verdadera bala soviética en su pecho. Steve vino a decirle que deseaba olvidarla. Sus palabras eran un balde de agua fría, jamás esperó algo así de él. En medio de la oscuridad, Natasha con cuidado se sentó en la orilla de la cama, con la mirada perdida. La verdad era que no quería terminar así con el capitán.
- No… No digas eso todavía…
- Natasha, entiende, lo nuestro no funcionó y no funcionará…
- Espera…
- Sólo vine a decirte, que me encantó estar contigo… que no me arrepiento de nada. Trataré de seguir sin ti.
- ¡Steve detente!
Rogers abrió los ojos al escuchar a Natasha, pero le puso atención. La chica que tenía la mirada perdida se levantó de la cama y lo miró. Sus ojos estaban llorosos, hinchados y rojos. A Steve se le partió el alma verla de esta manera. Pero él ya había tomado una decisión.
- No puedes irte…
- Natasha, ya lo intentamos…tus inseguridades hicieron que esto se haya ido a la mierda… ¿Lo recuerdas?
- ¡Lo sé! Sé que es mi culpa, soy una cobarde conmigo misma…contigo también…
- ¿Entonces? Si lo sabes, que piensas hacer…
El soldado a pesar de que sonaba serio y decidido, en el fondo de su corazón no quería dejar a Natasha. Más si estaba en esas condiciones. Sentía que debía protegerla a como dé lugar, pero cuando lo hacía, ella se molestaba. Así es Natasha.
- No lo sé…
- Siempre llegamos a lo mismo Natasha… si no sabes que quieres, yo no puedo decirte que hacer… -Steve tomó el pomo de la puerta y la vio por última vez-
- Yo…
- Adiós Natasha…
La puerta se cerró para siempre. Él jamás volverá. Nunca le dirá que estuvo arrepentida de todo lo que pasó, que en realidad ella si estaba enamorada, que sí quería cambiar todo. Los miedos pueden ser tu peor enemigo y puedes perderlo todo en un abrir y cerrar de ojos.
Sé que no fue un final feliz, pero siempre hay oneshots donde terminan bien xD y quise hacer algo distinto, pero no maté a nadie!
Espero que lo hayan disfrutado y aprovecho de promocionar nuestro fic con Ary Lee "Desconocida", lo encontrarán en el perfil de ella :) ! Es Romanogers.
Gracias y nos leemos pronto!
