Capítulo 4:
Frente a nosotros un total de seis ninjas de la Aldea Oculta de la Roca esperan el ataque de algún enemigo. Nosotros aún esperamos escondidos entre los árboles. Más allá de los seis ninjas está el palacio del Tsuchikage. Avisé al otro grupo que podían adentrarse por las alcantarillas para lograr información. Personalmente no estoy dispuesto a perder el tiempo. Si esos tipos quieren declarar la guerra a Konoha nos tendremos que preparar, pero de nada sirve perder el tiempo. Habrá que dejar las cosas claras, por tanto, intentando adivinar la distancia que separa a los seis ninjas de nuestra posición y comento a Mizuki.
- Esperarás aquí. –por su cara parecía inconforme.
- ¡Ei! – al ver que avanzaba poniéndome de pies me agarró del tobillo - ¿Dónde crees que vas?
- No pienso demorar más tiempo – dije haciendo un movimiento con el que me liberé de su atadura – Voy a declarar la guerra a la Roca, tú espera aquí.
- Tienes que estar loco… -me miraba para confirmar si no mentía – Entonces te cubro.
Sin perder más tiempo me adelanto caminando con la velocidad normal. Los seis ninjas de la aldea de la Roca me miran aturdidos ante mi presencia. Camino entre ellos dirigiéndome directamente al palacio del Tsuchikage, sin perder tiempo alguno. Entonces uno desde mi espalda me detiene con su llamada.
- ¡Tú¿Quién te crees que eres? –dijo de manera brusca - ¡Identifícate!
- Mi nombre es Uchiha Itachi, vengo de la Aldea Oculta de Konoha… -me detuve para que canalizaran la información - ...hemos sufrido un ataque de ninjas de esta aldea, a los que por supuesto detuvimos. Y vengo enviado por el Hokage para entrevistarme con el Tsuchikage y saber si él está detrás de todo, y cuales son sus intenciones.
Todos se miran entre sí antes de comenzar a reír como nunca lo han hecho antes. Mi mirada se mantiene fría, casi inhumana ante la ignorancia de los que me rodean. Definitivamente no saben quien soy, puedo sentir como creen poder acabar conmigo.
- Jajajaja mira chico. Nadie se reúne con el Tsuchikage así como así. Además, tenemos la misión de eliminar a todo ninja que intente entrar en la aldea… –hizo un ademán en sus palabras – …sobretodo si provienen de la aldea oculta de Konoha.
Entendiendo que las conversaciones finalizan ahí, y ante la repentina ofensiva de los ninjas concentro mi chakra lentamente. No es necesario malgastar chakra con estos tipos, la misión no será fácil así que he de reservarme. Cuando el puño del ninja más cercano se dirige a mí lo veo a cámara lenta, el Sharingan se ha activado en mis ojos casi de forma inconsciente. Tomándole de la muñeca usando mi mano izquierda hago que ésta se retuerza y junto a ella todo el cuerpo del ninja que caer al suelo. Sin siquiera mover la cabeza siento otro de los enemigos detrás de mí lanzándome una patada alta. Con un magistral movimiento mi cuerpo se agacha por completo y apoyando la palma derecha en el suelo impulso mi pierna derecha que golpea la barbilla del que iba a atacarme arrastrándole el impacto unos metros atrás. Levantando rápidamente la mirada veo dos ninjas que corren hacia mí al unisón con dos katanas en alto. Sacando un kunai en cada mano me abalanzo ante mis dos rivales cuyos desplazamientos resultan tan lentos a mis ojos. Cruzando sendos kunais ante mis ojos los clavo en la espalda de los dos ninjas de la katana que ahora caen heridos de muerte al suelo. Recuperando la verticalidad me mantengo de espaldas a los dos guerreros que quedan en pie sin realizar ningún gesto. Con un leve giro de cabeza les observo. Cualquiera que en esos momentos pueda ver mi rostro sólo puede ver un diablo en él. Demoníacos rojos ojos con tres marcas malditas acompañan una inexistente sonrisa y una cara cubierta por la sangre de los dos enemigos que acabo de batir. Los kunais que tienen los dos en la mano caen presa del pánico mientras que tratan de huir.
- No podéis maldecir Konoha, y mucho menos menospreciarme y huir tras ello.
En un imprevisto momento mi clara efigie desaparece de forma fortuita originando una leve ráfaga de aire que levanta la maltratada por las guerras arena del lugar. A un par de metros delante de ellos, en pleno aire, aparece mi verdadera figura. Los dos ninjas no pueden evitar observar mis ojos, ya han caído en mi trampa. Para ellos no existe ni espacio ni tiempo. Ahora yacen en mi genjutsu, en lo más oculto de mis ojos. Visualizan como sus compañeros más queridos no dejan de lanzarles armas que les atraviesan el cuerpo en un dolor real. En sus carnes viven como esas personas que creen nunca les traicionarían destrozan su corazón, todos y cada uno de sus órganos, con una gigantesca katana. Es un dolor insufrible. Ese es el poder del Sharingan, la capacidad de crear genjutsu inigualables. Yo ya estoy con los pies en el suelo mientras que lentamente camino entre ellos. El sudor de sus frentes y el continuo temblor de su cuerpo denotan que sus mentes han sido saturadas. Me detengo al de dos pasos y miro donde se encuentra Mizuki.
- Vamos, ya hemos perdido mucho tiempo.
Mizuki corrió rápido hacia mí. Observando el desastre que había ocasionado en escasos 30 segundos pero sobretodo los dos ninjas que permanecían de pies, inmóviles ante lo que había pasado por sus mentes. Mi compañero con su voz algo temblorosa me mira y comenta.
- Joder… eres cruel. – siguió mirando a los dos ninjas - ¿Cómo lo has hecho?
- El cómo es lo mismo, tú sólo sueña que nunca tengas que ver lo que les he hecho ver. – me encaminé rápidamente hacia el palacio del Tsuchikage.
- ¡Espera espera¿Vas a entrar en el palacio del Tsuchikage? – se llevó las manos a la cabeza - ¡Debes estar loco¡No dijiste al otro grupo que fueran por las alcantarillas a lograr información!
- Ya les has oído, tenemos la información que necesitábamos. Quieren atacar Konoha. – le miré con la misma mirada con la que observé a los dos enemigos antes – Voy a secuestras al Tsuchikage, es el enemigo principal, si nos hacemos con él evitaremos la guerra.
- ¡¿Qué¡Eso no es lo que el Tercero…! -dijo pero le interrumpí.
- ¡Aquí no está el Tercero! Estamos tú y yo, yo soy tu superior y te ordeno que detengamos esta guerra. – intenté que me comprendiese – Tú viviste, aunque serías muy joven como yo, la Gran Guerra de los Ninjas. El País del Rayo y de la Tierra luchó contra el País del Fuego. Si ahora dejamos que el País de la Tierra amenace al Fuego y a Konoha, el Relámpago no tardará en unirse a ellos. No pienso permitir eso…
Parece que le he convencido. No vacilaba en mis palabras, hay que evitar una guerra aunque por ello haya que secuestrar, o asesinar, al mismísimo Tsuchikage. No sé como se tomará el Hokage que secuestremos al kage de la Roca, pero prefiero arriesgarme. No me importa asumir mi error en un futuro por el bien de la aldea, pero ahora por el bien de todos debo llevarlo conmigo.
Corriendo avanzamos hacia las escaleras del gran palacio. A la puerta nos esperaban dos ninjas que, claramente, eran unos simples guardaespaldas del rango más bajo. Sin detenernos Mizuki les golpea en marcha y continuamos hasta entrar al interior de éste. Nos encontramos ante una gigantesca sala ovalada. Con gran espacio en el interior el alrededor está repleto de ninjas. A mi juicio todos ellos deben de ser gennin. No tienen más edad que yo y, desde luego, no creo que tengan demasiado talento. Sin mediar palabra todos se lanzan sobre nosotros. No son más que animales, puras marionetas del Tsuchikage. Mizuki y yo comenzamos a movernos golpeando a unos y a otros, evitando que pueda llegar a alcanzarnos. Misuki realiza una técnica que no había visto antes, una especie de espada de aire con la que acaba con cuatro ninjas a la vez.
- Jajajaja voy 9 muñequitos de éstos. –dijo orgulloso sonriendo.
- 19… 20… 21… -comuniqué mientras iba golpeando a uno y a otro con una rapidez muy superior a la de Mizuki.
- Joder… aún tengo tiempo para remontar. –le atacaron dos por encima y con un certero movimiento los golpeó. - ¡¡¡11!!!
Por fin con todos los enemigos rendidos en el suelo, serían unos cuarenta aproximadamente, escuchamos unos aplausos desde lo más alto de la sala. No hay duda, su peculiar vestimenta determinaba su rango, es el Tsuchikage quien había observado todo el multitudinario combate. Junto a él le acompañan dos jounnins de la Roca. Ésos sí parecen más peligrosos y tengo la sensación que no podemos irnos de ahí con el Tsuchikage sin matarles.
- Bravo… bravísimo… nada mal para tratarse de un par de críos.
- ¡Cuidado con a quien llamas crío, viejo! –recriminó Mizuki.
- ¡Silencio! –mandé a Mizuki para después presentarme ante el Tsuchikage - Mi nombre es Uchiha Itachi, mi compañero Mizuki. Quisimos concertar una entrevista, no habiendo opción de hacerlo de forma pacífica tuve que entrar a la aldea acabando con toda tu guardia del Oeste.
Sabía que debía decirlo. Y así lo hice. Ahora el Tsuchikage nos tenía en mayor estima. Nos estaba menospreciando sí, pero es consciente de que no miento al decir que he acabado con su guardia personal del Oeste.
- Muy bien… Itachi. ¿Y qué era lo que deseabas decirme? –hizo una parada para continuar - ¿O que viniste a hacer?
- Vengo en nombre del Hokage a exigirte que mantengas la paz que se declaró entre el País de la Tierra y el País del Fuego – esperé su reacción para continuar – De otro modo deberé de llevarte conmigo frente al Hokage para mostrar nuestro poder.
- Jajajaja tienes lo que hay que tener chico, lo tienes. Pero no es suficiente –dijo mirando a sus jounnins – No pararemos esta guerra que estamos llevando acabo, y menos podréis salir de aquí con vida.
- Si deseas la muerte de tus hombres adelante… pero luego no habrá marcha atrás. –mantuve la mirada cruzada con la del Tsuchikage.
Los dos jounnins se interponen entre nosotros y el Tsuchikage. Son realmente rápidos y se ve que son la elite de la Aldea Oculta de la Roca. No consigo imaginar que clase de técnicas pueden tener, pero va a ser interesante verles en acción. El que está más cercano a mí parece el más serio de los dos. Su compañero no deja de mirar a Mizuki sonriendo. Se creen muy superiores, eso nos da una ventaja inimaginable para aquellos que subestiman a su adversario. Tras lanzar una rauda mirada a Mizuki retrocedo dos metros en el aire lanzando rápidamente cuatro shurikens que con una trayectoria de curva hacia el interior alcanzan de lleno al rival. Sé que no será tan fácil y ante mis ojos puedo ver como mi rival se deshace completamente, una técnica básica de reemplazo. Desde mi espalda alguien me alcanza con una katana atravesándome de lleno. Mi imagen se derrite en un gran charco de agua y desde lo alto realizo una serie de sellos básicos.
- ¡¡¡Katon, Goukakyuu no jutsu!!!
Expulso de mi interior una considerable cantidad de fuego que se dirige hacia mi enemigo quien ahora desaparece originando un agujero en el suelo. Se trata de la técnica conocida como "Doton, Shinjuuzanshu no jutsu". El silencio se hace en el palacio. Mizuki aún no ha empezado su combate con el tipo que no para de reírse. Mizuki… ¡¡¡Mizuki!!! Concentro nuevamente mi técnica, esta vez con una variante en la formación de los sellos.
- ¡En el suelo Mizuki! –grito rápidamente a mi compañero.
Dando un salto por reflejo Mizuki se alza unos metros en el aire y del suelo surge el jounnin que había desaparecido tratando de agarrar por los pies a mi compañero. Estaba claro, es mi oportunidad.
- ¡Katon, Housenka no Jutsu!
Empiezo a escupir una serie de bolas de fuego que alcanzan de lleno al rival, esta vez no ha podido evitarlos. Cuando la segunda bola le alcanza su compañero parece dispuesto a ayudarle pero ésta vez dirijo dos nuevas bolas creadas por mi técnica hacia él alcanzándolo debido a su sorpresa. Algo fatigado observo a mi camarada, Mizuki, viendo que ha conseguido evitar el golpe directo.
- ¡Mizuki¡No podemos esperar a que vengan sus refuerzos! –le advertí.
Aprovechando que los jounnins están en el suelo, habiendo entendido mi orden, Mizuki y yo aparecemos casi a la vez al lado del Tsuchikage quien nos observa con temor cuando intentando usar sus manos para crear algún tipo de ninjutsu le muestro mi Sharingan. Sus párpados empiezan a pesarle, se nota pues sus manos se han detenido en su intento de crear un jutsu. Finalmente cae completamente dormido por mi poder, Mizuki le sostiene con ambas manos para que no caiga. Cuando los dos jounnins se dan cuenta ya es demasiado tarde. Mi compañero y yo, haciendo gala de nuestra velocidad entrenada, desaparecemos delante de sus narices.
- ¡Esos malditos críos! –dijo el que parecía el líder - ¡Ordena que no dejen que abandonen la aldea!
Salimos por donde habíamos entrado, la zona Oeste del Palacio. Es el mejor camino donde poder evitar confrontaciones inútiles. Mizuki porta a sus espaldas al Tsuchikage mientras que yo me mantengo atento a cualquier ninja que pueda abordarnos en nuestra huida. En las afueras vamos a cruzarnos con tres ninjas. Hago un gesto a Mizuki.
- No te preocupes, son mios.
Mientras que Mizuki pasa junto a ellos sin que éstos se percatasen de su presencia yo me enfrento a los tres. Me hubiese encantado haberme enfrentado a esos jounnins pero la misión es la misión. Esa sed de sangre que siento a menudo vuelve a aflorar en mí. Me encanta esta sensación de superioridad frente a adversarios que subestiman mi poder, pero que luego lloran ante él. Pasados unos segundos en la zona puede escucharse el agónico grito de los tres ninjas que amenazaban mi existencia. Vuelvo rápidamente al lado de Mizuki mientras huimos.
- ¿No podías ser más cauteloso? –se quejó Mizuki con razón – Joder han debido escucharles en toda la aldea.
- Tienes razón, lo lamento… -mostré una sonrisa que Mizuki no conocía - …pero no pude evitarlo.
- A veces me das miedo.
Ha pasado un día entero cuando llegamos al punto de encuentro. No hay nadie en el lugar y hace unos kilómetros que no nos siguen. Parece que todo peligro ha pasado. Me pregunto como estarán Kurenai y Hayate. Falta cerca de medio día para la hora de encuentro, el sol desaparece para dar lugar a la noche y el Tsuchikage empieza a despertar.
- ¿Vas a volver a dormirle? –preguntó al ver que se estaba despertando.
- No, vamos a tener que hablar con él.
Antes de que pueda empezar el interrogatorio con el recién despierto kage unos ruidos nos advierten de la presencia de alguien en la zona. Manteniéndonos en continua concentración observamos como alguien aparece de entre los arbustos que esconden la zona. En una noche sin luna conseguimos diferenciar la imagen de Hayate. Sus ropas… su ropa está llena de sangre, al igual que sus piernas heridas de gravedad. Dando tumbos consigue entrar en nuestro perímetro de vista y rápidamente nos acercamos a él.
- Itachi… Itachi… -parecía desesperado.
- ¡¿Qué ha pasado?! –preguntó Mizuki.
- ¡Kurenai! –interrumpí sin que pudiera contestar - ¡¿Dónde está?!
- Nos han… atacado… la han tomado prisionera en la prisión del palacio… -cae al suelo sentado - …conseguí escapar para informar, de veras…. No pude hacer más… son muy fuertes…
Hayate cae al suelo ante la atónita mirada de Mizuki quien empieza a preocuparse por él tratando de ayudarle. Kurenai… no puede ser verdad. Es culpa mía, no debí haberles mandado a los dos solos. Juntos hubiese podido protegerles. Kurenai… tengo que hacer algo. No puedo dejarla atrás, menos sabiendo que estamos prácticamente en guerra. En cuanto llevemos a Tsuchikage a Konoha la ejecutarán como represalia. Pero mientras tengamos a Tsuchikage… Aggg… Kurenai… no me deja pensar en alternativas, no puedo dejarla atrás.
- ¿Y ahora? –preguntó Mizuki mirándome algo desesperado – Deberíamos acogernos al código ninja, "Todo ninja que queda atrás, queda atrás". Llevemos a Tsuchikage para detener esta posible guerr…
- ¡Calla¡No dejaré a Kurenai atrás! –lancé una mirada al Tsuchikage – Tú… ¡DESPIERTA!
Mi desesperación me lleva a dar dos bofetadas al Tsuchikage, tratado como una deidad en todo el reino. Eso no me viene mal, si ve mi desesperación sabrá que estoy dispuesto a llegar a cualquier extremo.
- Escúchame viejo… Voy a intercambiarte por un ninja para devolverte a tu aldea, pero antes… antes debes de prometer que no realizarás ningún movimiento militar. Deberás firmar una hoja de capitulación con la que en caso de que uses tus tropas aunque sea para inspeccionar la zona todas las naciones te atacarán. – le miraba con rabio en mis ojos.
- Itachi… -quiso interrumpir Mizuki.
- ¡CALLA! –me vuelvo a dirigir al Tsuchikage – Escoge entre la muerte o detener tus deseos de apropiación.
- Jajaja –aún está algo aturdido - ¿Por qué crees que iba a firmar algo así?
- ¡Por esto!
Con el Sharingan en pleno rendimiento mis genjutsus empiezan a sucederse uno detrás de otro. A penas pasa tiempo pero la mente del viejo está observando el terror, el temor de mi poder. Sufre hasta el punto de querer llorar y no poder. La sangre tan real en la ilusión provoca un dolor mayor a su mente que el que sería físicamente. El fulgor de las armas que lo atacan supone un dolor casi infinito. Finalmente acabo sin quitarle el ojo de encima.
- ¡Volverás a vivir esa secuencia multiplicada por mil una y otra vez hasta que llegue tu muerte¡Entonces firmaré un pacto con el diablo y viviré en el infierno para mostrarte la misma secuencia hasta la eternidad de tus dias! –amenacé con una furia desconocida en mí y mis camaradas mientras agarraba su cuello.
- N… No… -intentó retomar el aliento – Haré lo que me pides….
Sus lloros no eran algo digno de un kage, ni siquiera merecía la pena seguir torturándolo.
- ¡¿Estás loco?! –dijo Mizuki tratando de detenerme - ¿Vas a creer su palabra?
- Si hubieses visto lo que él ha visto entenderías porqué creo que nunca más querrá sufrir eso. –señalé a Hayate – Tú cuida de Hayate.
- Eres un pobre loco… -siguió Mizuki – no te van a dejar huir… antes de que llegues a la prisión te matarán si vas con ese viejo.
No quiero escuchar más. Mando caminar al kage conmigo y nos perdemos entre la fauna del lugar. No puedo dejar de ver en mi mente la imagen de la sonrisa de Kurenai. No puedo dejar de pensar en el bienestar que me trasmitía cuando descansaba a mi lado, cuando su cabeza dormía sobre mi hombro. Kurenai… no puedo permitirlo. Sé que es una locura pero viajaría a los mismísimos infiernos por ella. Corro, definitivamente, hacia mi destino. Muy posiblemente ese no sea otro que la muerte. Poco me importa si con ello puedo conseguir volver a verla… volver a cruzarme con esos ojos… la salvaré aunque tenga que asesinar a toda la aldea oculta de la Roca.
Continuará…
