Los personajes no son mios
solo espero que disfruteis de la historia tanto como yo
sé que lo he dicho por Twitter ( Masen1309) pero para los que no me sigais: voy a subir un par de capitulos por dia.
Una vez que su prima, una mujer mayor que en ocasiones actuaba como su carabina, la hubo acompañado de regreso a su casa de la ciudad, Rosalie recorrió a grandes zancadas el vacío vestíbulo embaldosado. Al advertir el objeto que habían dejado sobre la mesa semicircular que se apoyaba contra la pared, se detuvo en seco. Era un sombrero masculino de copa alta, de color gris y decorado con una banda de satén borgoña. Un sombrero muy peculiar, sobre todo si se lo comparaba con los sombreros negros que solían lucir la mayoría de los caballeros. Rosalie lo había visto en demasiadas ocasiones sobre aquella misma mesa, como una serpiente enroscada.
Un elegante bastón con el mango en forma de diamante se apoyaba contra la mesa. Rosalie experimentó el intenso deseo de utilizar el bastón para aplastar la copa del sombrero..., a ser posible, mientras estuviera sobre la cabeza del propietario. En su lugar, subió las escaleras con el corazón en un puño y el entrecejo fruncido.
Cuando se aproximaba a la segunda planta, donde se encontraba las habitaciones de la familia, apareció un hombre corpulento en el descansillo. Este la observó con una insoportable sonrisa burlona dibujada en un rostro de tez rosada y sudorosa por el reciente esfuerzo físico, mientras un mechón de pelo, que llevaba peinado hacia atrás, colgaba hacia un lado como la creta de un gallo.
—Lord King —saludó Rosalie con rigidez al tiempo que luchaba contra la vergüenza y la ira que se atascaban en su garganta.
Royce King era una de las pocas personas a las que odiaba de verdad. Como supuesto amigo de su difunto padre, King visitaba con frecuencia la casa, pero nunca a las horas normales para tal fin.
Llegaba bien entrada la noche y, contra todo lo que dictaba el decoro, pasaba gran cantidad de tiempo a solas con la madre de Rosalie, Lilly, en una habitación privada. Además, a Rosalie no se le había pasado por alto que, en los días posteriores a sus visitas, algunas de las facturas más acuciantes se pagaban de forma misteriosa y que algún que otro airado acreedor quedaba apaciguado. En cuanto a Lilly, se mostraba más sensible e irritable que de costumbre y poco dispuesta a hablar.
A Rosalie le resultaba casi imposible creer que su madre, que siempre había huido de las conductas indecorosas, permitiera que alguien usara su cuerpo a cambio de dinero. Sin embargo, era la única conclusión razonable a la que podía llegar, cosa que colmaba a Rosalie de una irremediable vergüenza y de ira. Su rabia no iba dirigida únicamente contra su madre: estaba furiosa por la situación en la que se encontraban e, incluso, consigo misma por no haber sido capaz de encontrar todavía un marido. Le había costado mucho tiempo darse cuenta de que, por muy hermosa y encantadora que fuera y por mucho interés que le demostrara un caballero no iba a recibir una proposición. Al menos, no una respetable.
Desde su presentación en sociedad, se había visto obligada, a aceptar, poco a poco, que sus sueños acerca de un pretendiente apuesto y educado que se enamorara de ella e hiciera desaparecer todos sus problemas no eran más que una fantasía ingenua. La desilusión había calado hasta el fondo durante la prolongada decepción en la que se había convertido su tercera temporada. Y, en esos momentos, cuando se encontraba en la cuarta, la poco atractiva idea de convertirse en «Rosalie, la esposa de un granjero», estaba inquietantemente cerca de hacerse realidad.
Con una expresión pétrea, Rosalie trató de pasar junto a King sin decir palabra, pero éste la detuvo al ponerle una mano fría y asquerosa en el brazo. Ella retrocedió con tal aversión que el movimiento estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio.
—No me toque —dijo con la vista clavada en el rubicundo rostro del hombre.
Los ojos de King lucían muy azules en contraste con el rubor de su tez. Con una sonrisa, el hombre dejó la mano sobre la barandilla, impidiendo así que Rosalie alcanzara el descansillo.
—Qué poco hospitalaria —murmuró con esa voz de tenor tan incongruente que mortificaba a muchos hombres altos—. Después de todos los favores que he hecho a esta familia...
—No nos ha hecho ningún favor —respondió Rosalie de modo cortante.
—De no ser por mi generosidad, hace mucho que estaríais en la calle.
—¿Acaso sugiere que debo mostrarme agradecida? —Preguntó, ella, y su tono destilaba odio—. No es usted más que un detestable carroñero.
—No he tomado nada que no se me haya ofrecido voluntariamente. —King extendió la mano para tocarle la barbilla, pero el húmedo roce de sus dedos la hizo retroceder con repulsión—.A decir verdad, ha sido un juego muy aburrido. Su madre es demasiado dócil para mi gusto. —Se inclinó hacia ella, de modo que el olor que emanaba su cuerpo, un sudor rancio sofocado por la colonia, inundó las fosas nasales de Rosalie con un hedor insoportable—. Tal vez lo intente la próxima vez contigo —murmuró.
Sin duda alguna, esperaba que Rosalie se pusiera a llorar o a suplicar, o que se ruborizara. Sin embargo, ésta se limitó a dirigirle una mirada fría.
—No es más que un viejo estúpido y presumido —dijo con tranquilidad—. Si estuviera dispuesta a convertirme en la amante de alguien, ¿.no cree que elegiría a alguien mejor que usted?
Al final, Royce consiguió esbozar una sonrisa, si bien Rosalie tuvo el placer de comprobar que no le había resultado fácil hacerlo.
—No es muy inteligente que me tenga por enemigo. Con algunas palabras vertidas en los oídos adecuados, podría arruinar a su familia más allá de cualquier posibilidad de redención. —Desvió la vista hacia la tela de su corpiño y sonrió de modo despectivo—. En su lugar, yo no me mostraría tan desdeñosa mientras llevara esos andrajos y esas joyas falsas.
Rosalie se ruborizó y le golpeó la mano sin miramientos cuando el hombre hizo amago de tocar el corpiño. Riendo para sí Royce bajó las escaleras mientras Rosalie aguardaba en el silencio más absoluto. En cuanto escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, corrió escaleras abajo y echó la llave.
Con la respiración agitada a causa de la ansiedad y la indignación, apoyó las manos y, la frente contra la pesada puerta de roble.
—Se acabó —murmuró en voz alta, temblando de furia.
No más Royce King, no más facturas sin pagar... Ya habían sufrido bastante. Tendría que conseguir a alguien con quien casarse de inmediato: encontraría al mejor candidato que pudiera en la fiesta campestre en Hampshire y acabaría de una vez por todas con ese asunto. Y si no resultaba...
Deslizó las manos muy despacio por la superficie de la puerta y sus palmas dejaron un rastro de líneas sobre la nudosa madera. Si no encontraba a alguien con quien casarse, se convertiría en la amante de un hombre. A pesar de que ninguno parecía inclinado a aceptarla como esposa, al parecer había un número infinito de caballeros deseosos de arrastrarla al pecado. Si jugaba bien sus cartas, podría ganar una fortuna. No obstante, le repugnaba la mera idea de no poder regresar jamás a la buena sociedad..., de ser despreciada y relegada al ostracismo, de que sólo la valoraran por sus habilidades en la cama. La alternativa, que no era otra que vivir una pobreza virtuosa y ganarse la vida como costurera o lavandera, o convertirse en institutriz, era mucho más peligrosa: una mujer joven en semejante posición quedaría a merced de cualquiera. Además, el sueldo no alcanzaría para mantener a su madre ni a Jeremy, que también debería ponerse a trabajar. Al parecer, ninguno de los tres podía permitirse que Rosalie se aferrara a su moral. Vivían en un castillo de naipes..., y cualquier movimiento brusco podía echado abajo.
A la mañana siguiente, Rosalie estaba sentada a la mesa del desayuno con una taza de porcelana entre sus dedos helados. Aunque ya había acabado su té, la cerámica todavía conservaba e. calor del fuerte brebaje. Tenía una pequeña muesca en el borde que ella acariciaba repetidamente con el pulgar y no se molestó en levantar la vista cuando escuchó el ruido que su madre hizo al entrar en la estancia.
—¿Quieres té? —preguntó con una voz meticulosamente monótona, tras lo cual escuchó a
Lilly murmurar una respuesta afirmativa. Llenó otra taza con la tetera que tenía delante, la endulzó con una cucharadita de azúcar y rebajó el brebaje con una buena cantidad de leche.
—Ya no lo tomo con azúcar —dijo Lilly—. He llegado a preferirlo sin él.
El día en que a su madre dejaran de gustarle las cosas dulces, sería el día en que se sirviera agua helada en el infierno.
—Aún podemos permitimos echarle azúcar al té —replicó Rosalie mientras removía el líquido con un par de enérgicas vueltas de cucharilla.
Levantó la vista y deslizó la taza y su platillo por encima de la mesa en dirección a Lilly. Tal y como esperaba, su madre tenía un aspecto malhumorado y ojeroso, y llevaba la vergüenza escrita bajo esa máscara de amargura. Hubo un tiempo en que creyó imposible que su enérgica y alegre madre —que siempre había sido más hermosa que cualquier otra madre— pudiera lucir semejante expresión.
Fue en ese momento, mientras contemplaba el tenso rostro de Lilly, que Rosalie se dio cuenta de que su propia cara mostraba un cansancio muy parecido al de su madre y de que su boca se fruncía con el mismo rictus de desencanto.
-¿QUé tal fue el baile? —preguntó Lilly, que acercó tanto la cara a la taza de té que el vapor le veló el rostro.
—El desastre habitual—respondió Rosalie, que suavizó la honestidad de su réplica con una suave carcajada—. El único hombre que me invitó a bailar fue el señor McCarty.
—Por, todos los cielos —murmuró Lilly antes de tomar un sorbo de té abrasador—. ¿Y aceptaste?
—Por supuesto que no. No hubiera tenido sentido alguno. Resulta evidente que, cuando me mira, piensa en cualquier cosa menos en el matrimonio.
—Hasta los hombres como el señor McCarty acaban por casarse— argumento Lilly, que la miró por encima del borde de la taza—. Y tú serías una esposa ideal para él... Incluso podrías suavizarlo y ayudado a que fuera aceptado en la sociedad decente...
—Por Dios, mamá... Cualquiera diría que me alientas para que acepte sus atenciones.
—No... —Lilly cogió su cucharilla y removió el té en un gesto innecesario—. Al menos, no si de verdad encuentras alguna objeción al señor McCarty. Sin embargo, si fueses capaz de pulirlo un poco, no tendríamos más problemas económicos...
—No es de los que se casan, mamá. Todo el mundo lo sabe. Hiciera lo que hiciese, jamás conseguiría una proposición honesta por su parte.
Rosalie hurgó en el azucarero con un par de pequeñas pinzas de plata de aspecto deslustrado, en busca del terrón más pequeño que pudiera encontrar. Sacó un pedacito de azúcar moreno, lo echó en la taza y después se sirvió más té.
Lilly dio un sorbo a su taza y, poniendo mucho cuidado en mantener la vista apartada, pasó a otro tema de conversación que, según sospechaba Rosalie, tenía una desagradable relación con el, anterior.
—No podemos permitimos que Jeremy siga en la escuela el próximo semestre. Hace dos meses que
no pago el sueldo a los criados. Algunas facturas...
—Sí, ya estoy al tanto de todo eso —replicó Rosalie, que se ruborizó ligeramente a causa de una súbita oleada de enojo—. Encontraré un marido, mamá. Muy pronto. —De algún modo, consiguió esbozar una sonrisa—. ¿Qué te parecería una excursión a Hampshire? Ahora que la temporada está a punto de concluir, serán muchos los que dejen Londres en busca de nuevas diversiones.., Me refiero a la cacería que lord Cullen dará en su propiedad.
Lilly la observó con renovado interés.
—No estaba al tanto de que hubiéramos recibido una invitación del conde.
—Y no nos ha llegado —respondió Rosalie—. Todavía. Pero llegará... y tengo el presentimiento de que nos esperan unas cuantas sorpresas en Hampshire, mamá.
tambien es cortito como el anterior pero a partir de aquí empieza lo bueno.
voy a responder aqui una pregunta que me han hecho por twitter; En esta historia Bella es sin duda la mas atrevida del grupo y tendrá su propia historia, aunque veremos los inicios en esta.
otra pregunta ha sido: ¿Qué son las floreros? en el siglo XVIII y XIX, las chicas de clase alta se presentaban en bailes de sociedad para conseguir marido, las floreros era esas chicas a las que los caballeros no sacaban a bailar.
bueno, me gustan los comentarios aquí o por twitter, lo que prefirais esta bien.
¿Como lo veis de momento? ¿Que creeis que hara Rosalie ahora? ¿Cuales podrian ser los planes de "las florero"?
os aseguro que lo mejor esta por venir;
un besito; Masen1309 :)
