Los ojos le pesaban, y dificultosamente aún más era abrirlos. Cuando lo logró al segundo intento, lo primero que vio fue una enorme pared que se alzaba frente a ella. La observó por un largo momento, inhibida por sus demás sentidos, que al parecer no tenían en ese momento más función más que el dejar que la visión aparcara todo. Después, se percató de la noche sobre ella, donde nubes oscuras se extendían a lo ancho del cielo, ocultando la bóveda celeste.

Pronto comenzaron a esclarecerse los demás sentidos, se dió cuenta que su respiración era apenas audible, sus oídos fueron envueltos por el constante susurro del viento y lo peor fue sentir el duro contacto del suelo, frío e incómodo bajo ella.

Se impulsó hacia adelante para incorporarse y se trabó en medio movimiento al sentir dolor.

"¿Por qué me duele mi cuerpo?"

Otra nueva ráfaga de viento la traspasó provocándole nuevos espasmos, era tan helado que sintió congelarse su rostro por lo mojado. Confundida por el hallazgo, se llevó una mano al rostro y comprobó sus ojos húmedos… había estado llorando efectivamente.

"Pero… ¿Por qué?"

No lo recordaba.

Todo era tan confuso en ese momento que el intentar recordar lo hacía más difícil, los pensamientos no eran coherentes. Por primera vez se fijó que oprimía su pecho con fuerza, reflejo de un punzante dolor en el. La molestia era más incomoda a diferencia de lo demás, pero igual era soportable, por ahora era más importante saber dónde estaba.

Se levantó y observó su entorno, le resultaba extraño despertar en aquellas condiciones y por igual en semejante sitio. Una vez que su visión se acostumbró a la oscuridad, inmediatamente identificó la pequeña terraza del colegio donde estaban los depósitos.

"¿Que estoy haciendo yo aquí? ¿Me volví a dormir?"

Checó su reloj cronométrico sobre la muñeca.

- ¡¿La 1 de la madrugada?! - Dijo exaltada -. ¡Dios! ¿Pues qué acaso me sede para dormir? ¡Desde hace horas que debí haber regresado a casa! ¡Yukari estará furiosa conmigo!

Inmediatamente sacó su celular.

- ¡24 llamadas perdidas! ¡Me va a matar! - Afirmó imaginando la cara de su amiga-. Tengo que salir de aquí -Finalizó poniéndose en marcha.

Se acercó a la superficie del tambó para bajar pero no halló la escalera.

- Debió de haberse caído por el viento…

Irritada, se sentó para darse la vuelta con cuidado, apoyó uno de los pies en un tubo pegado al depósito y comenzó a descender. Pero a causa de que su cuerpo no le respondía del todo bien por lo adolorido, terminó resbalando. Por suerte calló en una pila de cartón que amortiguó lo que pudo haber sido una dura caída.

Aliviada, agradeció su suerte y se apresuró a salir desconociendo la razón de su debilidad.

"¡Parece que hubiera corrido todo un maratón sin siquiera haber entrenado para ello! ¿Qué me sucede?"

Bajar las escaleras de piedra hasta llegar a los corredores, incluso caminar hasta ahí le costaba un enorme trabajo. Pero debía apresurarse, no le agradaba en nada estar ahí, no por lo solo y posiblemente fantasmagórico del colegio al anochecer, sino porque presentía algo.

En cuanto entró al edificio, se paró en seco. La habilidad de Hitomi para leer las cartas y ver visones no eran sus únicas cualidades. También podía sentir los ambientes de peligro, cuando estos realmente fueran de gran importancia. Y justo en ese momento lo estaba sintiendo.

Se llevó las manos al pecho tratando de amortiguar las agitaciones de dolor y observó con cuidado el pasillo en penumbra y mortalmente silencioso desde el umbral.

Vaciló.

¿Y si tomaba otro camino?

"Habría que derivar las paredes… Tendré que hacerlo, no tengo alternativa"

El único medio para salir a las canchas y llegar a la salida más próxima del instituto era a través de ese corredor.

Tragando valor, se adentró. Paso el primer salón, el segundo, todo tranquilo pero igual no la tranquilizó.

"Otros cuatro salones, doy vuelta a la izquierda, paso los últimos dos y salgo, si, no hay problema"

Se animaba así misma ignorando sus escalofríos.

Cruzó el tercero y las cosas se comenzaron a poner más extrañas de repente, una muy mala señal para ella. Apresuró el pasó sin atreverse a voltear y entonces comenzó a oír extraños gruñidos.

"¡Odio tener la razón!"

Sin poder sostener más el miedo, se echó a correr sacando todas sus fuerzas, no podía retenerse ni un segundo más ahí, y justo cuando iba dar vuelta al siguiente corredor, las ventanas de las aulas que faltaba por pasar tronaron en pedazos, atravesados por bancas que salieron volando desde su interior, bloqueándole el paso.

Inmóvil, vio con horror cómo varios seres encapuchados salían a su paso. Se movían con sus cuatro extremidades acechándola, similares a los movimientos de un animal.

- Oh, aquí está el ratón… - Siseó uno de ellos.

- ¿Es ella?-Preguntó otro.

- Debe serlo, "el maestro" dijo que estaría aquí - Indicó él más imponente de ellos.

Hitomi, observó que sus voces eran rasposas, hablaban de manera que la garganta interactuara con la sorna de la voz. No pudo definir las figuras debajo de los mantos, tampoco comprendía que eran exactamente, pero lo que si tenía claro, era que no eran humanos y que venían por ella.

Inerme y sin otro escape más que el de regreso, Hitomi dió la vuelta y emprendió la huida, pero estos "seres" eran más rápidos y con un solo salto inhumano, dos de ellos la acorralaron del otro lado, atajando su escape. El más corpulento, se mofó de ella irguiéndose con insinuación.

- Vamos, no puedes huir de nosotros… aunque, es una lástima, realmente deseo hacer otras cosas interesantes contigo, en vez de matarte…

Hitomi se quedó sin aliento.

Desvió la mirada de ellos en busca de algo para defenderse y dió con su salvación milagrosamente.

"¡El sanitario de los profesores!"

Lo poco que logró avanzar la posicionó justo de lado al pequeño cuarto, donde su abertura era únicamente una puerta de acero sólida y firme. Sabía que detrás de esa pared encontraría las canchas, y sin pensarlo ni un segundo más se introdujo velozmente y cerró con el seguro la puerta. Oyó cómo sus perseguidores chocaron contra esta con violencia. Furiosos porque no cedió al primer impacto, comenzaron a golpearla arrojándose ellos mismos contra el sólido.

"¡Dios! ¿Qué está pasando? ¿Qué son esas cosas?" – Exclamó Hitomi en sus adentros

Arremetiendo con cada vez más ímpetu la puerta, Hitomi sabía, que su pequeña fortaleza no resistiría por mucho tiempo, así que rápidamente trepó el escusado y abrió la pequeña ventana situada a lo alto de la pared, para huir al exterior. Logró pasar la pequeña abertura sin muchos problemas, pero se rasgó la la pierna al caer, rozando con una barra mal estructurada de la ventanilla.

Sin detenerse siquiera a ver la gravedad de la herida, corrió hacia las canchas, comprimiendo su pecho por el incesante dolor que cada vez era más intenso por dentro.

Llegó a la arboleda a un costado de las canchas deportivas y ubicó rápido el portón, también cerrado, pero podría salir saltando la barda atreves de los árboles.

Un fuerte estruendo proveniente del edificio le indicó que habían logrado tumbar la puerta, pronto verían que no estaba acurrucada en un rincón y vendrían por ella ¡No tenía mucho tiempo!

Trepó con desesperación uno de los árboles y a pesar de que tuvo varios desfalses y estuvo a punto de caer, logró llegar hasta la barda y justo cuando se apuntaba a deslizarse hacia la calle, un fugaz estremecimiento en la estructura provocó que cayera brutalmente hacia el pavimento. Era seguro que la habían visto y habían hecho sus perseguidores "algo" desde la distancia para detenerla. Hitomi, se estrujoó por el daño, no podría continuar, sentía que desfallecería en cualquier momento. Terminó pensando en desistir y luego, se negó rotundamente a terminar ahí.

Como pudo y sacando todo de ella, se levantó y de nuevo emprendió la huida.

Se adentró por las calles, en busca de un resguardo, pero no daba con nadie que la pudiera auxiliar. Siguió entre las solitarias calles buscando algún lugar abierto y pronto vislumbró un lugar muy transitado. Soltando el llanto corrió hacia allí

- ¡Por favor, que alguien me ayude! ¡Me persiguen!

(Sabía que si decía bestias nadie accedería)

Pero igual, nadie pareció ponerle atención. La gente, yacía interesada en su propio mundo y asunto; unos borrachos tirados en la calle, indigentes consiguiendo comida en los desperdicios, otros succionando sustancias toxicas, mujeres aparcadas fuera de los Moteles, asaltos que se daban en pequeños comerciales, locos masturbándose, exhibicionistas, gente lamentándose, gente gritando por ayuda… no llamaba mucho la atención en realidad.

Pero Hitomi nunca se detuvo a analizar la clase de lugar que se había metido, lo que buscaba era ayuda y siguió insistiendo.

- ¡Hey! ¡hey! - La detuvo un hombre ancho de aspecto muy desalineado-. Tranquila, ¿Que sucede contigo amor?

- Oye, yo la vi primero - Le reclamó su acompañante también recargado fuera del bar.

- ¡Por favor!, debe de ayudarme, resguárdeme donde "ellos" no puedan encontrarme - Suplicó Hitomi, tomándolo de la camisa con desesperación.

- Bueno… - Le sonrió el robusto tipo observándola más detenidamente - Yo puedo ayudarte en lo que quieras, incluso trabajarte con todo y lo que te persigue… - Dijo, apegándola a él libidinosamente.

Tomándola por sorpresa la acción, Hitomi por primera vez abrió mucho los ojos cayendo en la cuenta del lugar en que estaba.

"¡Un barrio bajo!"

- ¡Suélteme! - Lloriqueó Hitomi, apartándose de él.

- ¿Ahora qué te pasa mocosa? -Gruño molesto el sujeto

- Ven conmigo entonces, yo te cuidaré… - La agarró el otro sujeto por la muñeca, pero Hitomi logró despegarse antes de que afirmara su agarre y se echó a correr fuera de su alcance. La siguieron, pero se les termino perdiendo entre la concurrencia.

Mientras más avanzaba, más perdía la esperanza, huyendo ahora de un nuevo peligro. No conocía en absoluto ese lugar y mientras más observaba su alrededor más perdida se sentía.

"Nadie podrá ayudarme aquí"

Desahuciada y débil, su cuerpo perdió el control y cayó de bruces al suelo. Sin permitirse perder el tiempo se levantó tambaleándose y justo cuando de nuevo emprendía su exhaustiva huida, alguien la tomó por el brazo repentinamente y la empujó dentro de uno de los callejones.

- ¡No! - Gimió.

La habían atrapado.

Lo único que la penumbra le permitió ver, fue la silueta de un sujeto también encapuchado y sus ojos… rojos como la sangre.

Desesperada, forcejeó en busca de zafarse, pero fue inmediatamente aprisionada contra la pared.

- No te haré daño - Le marcó él, presionándola con su cuerpo para inhibir sus movimientos.

Pero Hitomi estaba totalmente aterrada, lo único que quería era huir lejos de ahí ¡Debía escapar!

- ¡Suéltame! ¡Déjame ir! - Se retorcía para liberarse.

- Cálmate - Le ordenó esta vez con firmeza el sujeto -. Llamarás más la atención.

- ¡No! ¡Déjeme ir! ¡Suéltame! ¡SUELTAME!- Gritó exasperada.

- Tranquila… - Intentó calmarla.

Las lágrimas de Hitomi se corrían incontrolablemente junto con sus ruegos.

- ¡Suéltame…! ¡Por favor…! -suplicó

Pero él se limitó a mirarla y sin permitir que esto continuara por más tiempo la acalló raudamente con sus labios, arrebatándole el aliento y ahogando por completo sus suplicas…