Disclaimer: Candy Candy y sus personajes pertenecen a Mizuki e Igarashi respectivamente. La historia que están por leer es una versión libre para la continuación del libro "Enamorada de mi profesor" cuya autora es Susan Lawrence y la adaptación de la versión original a los personajes de Candy Candy pertenece a Safiro y a LUCYLUZ quien me ha dado el permiso de continuarla. Yo, Wendy Grandchester, estoy realizando una continuación de mi autoría con el propósito de entretener y no de lucrar, así como tampoco apropiarme del trabajo de ninguna de las personas mencionadas anteriormente.

Aviso: En esta historia, habrán frecuentes escenas de contenido sexual explícito, aunque no vulgar o con el propósito de ofender, se te extiende la advertencia en caso de que ésto sea un inconveniente para ti.


Novia de mi profesor

Capítulo 4


—Conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, Terrence.— Le dije llorando al finalizar la cascada de besos que él me dio.

—Eres mi mayor bendición, Candy. Te daré el mundo, mi vida, lo que sea por hacerte feliz.— Mi miraba a los ojos, siempre había sinceridad en ellos.

—Yo también daría mi vida por ti, Terrence. No me lo pensaría dos veces.

Lo volví a besar, como si mi mundo dependiera de ello. Yo no conocía el amor, no creía en él, Terrence llegó para cambiar todo eso, para devolverme lo que había olvidado hace tiempo, vivir.

—Tenemos que regresar, mi amor.— Amaba que él me llamara de esa manera, mi rostro se transfiguraba en una sonrisa tonta.

—¿Tan pronto? Pero...— No pude evitar protestar, era tan ensoñador éste lugar que no quería marcharme jamás.

—Si nos retrazamos, nos deja la embarcación y no te gustaría que nos quedáramos aquí varados, ¿verdad?

—No... es que es tan... mágico éste lugar, sí, esa es la palabra, mágico.— Le dije aún con más énfasis y él amplió su peculiar sonrisa y me dio un beso ligero.

—Me alegro que hayas disfrutado el paseo.

—Yo disfruto cada momento vivido a tu lado, Terrence. Gracias por hacerme vivir.— Sentados en la pequeña embarcación, yo me acomodé en su pecho, en su calor y no dejé que él viera mis ojos aguados.

Llegamos de vuelta al hotel, yo me sentía un poco agotada por el paseo, pero a la vez, me acompañaba una sensación de que mi vida había cambiado para siempre, sé que ha cambiado desde que conocí a Terrence, pero luego de lo que pasó hoy y de que él me regalara éste precioso anillo, nada volvería a ser lo mismo jamás.

—¿Cuánto por su pensamiento, señorita?— Yo estaba acostada en la cama, escribiendo en mi cuaderno personal, bueno, realmente me había quedado en la luna, pensando, con el bolígrafo en la boca cuando él se recostó en uno de los postes de la cama, sonriendo y bailando entre sus dedos una moneda dorada con la imagen de un duende.

—No creo que su moneda alcance para comprar cada pensamiento suyo que tengo, profe.

La forma en que cerré mi cuaderno y lo eché hacia un lado fue una invitación para que él se uniera conmigo en la cama. Antes de hacerlo, él me miró detenidamente, con los ojos entrecerrados, como si su mente estuviera maquilando quince mil diabluras lujuriosas. Recién había salido del baño, era divino su pelo mojado aún, tenía una camiseta azúl y un jean casual y por Dios que le quedaba divino.

—Yo me conformo sólo con saber que usted me piensa, señorita.— Se metió a la cama conmigo y se me colocó encima, en segundos me envolvió con sus besos. Yo separé mis piernas y luego abracé su cintura con ellas.

—Te pienso más de lo que te imaginas.— Me sonrió, pero se comenzó a apartar de mí lentamente.

—Me quedaría aquí haciéndote el amor hasta agotarme, pero tenemos una cena.— Eso me desconcertó por completo, yo estaba excitada y me valía madre cualquier cena.

—¿Una cena? Eso puede esperar...

—No es cualquier cena, cielo. Vamos a cenar en casa de Tommy.

—Pero...

—Es nuestra última noche aquí, cariño. Tommy y su esposa nos han invitado con mucho entusiasmo, no tengo corazón para desairarlos...

—Tienes razón...— Sonreí, pero sé que no soy muy buena disimulando mis emociones.

—Candy... no te enojes...

—No estoy enojada.— Y era cierto, no estaba enojada, lo que estaba experimentado era esa frustración de estar excitada y no poder satisfacer mis ganas.

—Si quieres llamo a Tommy y le cancelo.

—No, no, Terrence. Yo quiero ir, de verdad quiero, es sólo que...

—Entiendo. Yo estoy igual.— Me llevó la mano a su miembro duro.— Pero es mejor así, que se sigan acumulando las ganas para más tarde.— Concluyó besándome, me mordió el labio inferior seductoramente y luego se salió de la cama. Yo me di un baño rápido y me vestí sencilla al igual que él, un jean, un suéter azúl, unas botas lanudas marrones y una coleta alta.

...

—¡Terry! Pensé que no vendrían. Pasen, pasen, bienvenidos. Señorita Candy...— Tommy nos recibió como ni no nos hubiera visto en siglos. Besó mi mano con exagerada galantería y Terrence puso los ojos en blanco.

—Buenas noches.— Una voz suave y encantadora se unió. Era la esposa de Tommy. Tenía una niña de unos cinco meses cargada. Su esposa tenía el pelo castaño y ondulado, vestía jeans y un sencillo suéter color crema.

—Hola, Adele. Estás guapísima, como siempre.— La saludó con un beso en la mejilla. Mi rostro se desfiguró por un instante. No estaba acostumbrada a ver a Terrence siendo afectivo con otra persona.

—Y tú siempre adulador.

—Es parte de mi encanto. Te presento a mi novia, Candy.

—Mucho gusto, Candy. Soy Adele y ella es Rosalee.— Me señaló a la bebé, que me sonrió con su carita regordeta, mostrando sus encías desdentadas.

—El gusto es mío, Adele y Rosalee.

—¡Padrino!— Una niña de unos cinco años apareció corriendo y aterrizó en los brazos de Terry.

—Hola, princesa, ¡cuánto has crecido!— Terry la cargó y la besó en las mejillas. La niña tenía el pelo rojizo como Tommy, pero ondulado como Adele, la carita pecosa igual que su padre.

—¡Sí! Ya estoy en Kinder.— Respondió orgullosa. Yo me quedé mirándolos. La niña lo miraba llena de adoración, se veía que Terry sentía lo mismo, le hacía cosquillas y tal parece que todos los demás presentes habíamos desaparecido.

—Vamos, Rosamund, deja a padrino ya, tenemos que cenar.— Terry puso la niña en el suelo y mientras yo contemplaba la humilde y bonita casa, ella se acercó a mí y yo le sonreí. Adoro los niños, tengo un don especial para ellos.

—Hola.— Me dijo y sus ojitos curiosos e inquisitivos se clavaron en mí.

—Hola, Rosamund.

—¿Cómo te llamas?— Fue directa, era gracioso el recelo que mostraba.

—Me llamo Candy.

—¡Candy! ¿Cómo las golosinas?

—Sí, como las golosinas.— No pude evitar reirme.

—Vamos, Mundy, ten piedad de Candy.

Su padre se la llevó y minutos después, fuimos dirigidos al comedor.

—Espero que les guste la comida. Le he puesto todo mi amor.— Adele finalmente terminó de llevar una caserola de ensalada de papa. Un delicioso pavo humeaba en el centro de la mesa.

—Está divino, tú nunca me decepcionas, Adele.— Dijo Terry luego de probar la comida.

—Con toda sinceridad, es el mejor pavo que he probado en mi vida.— Lo dije de corazón, sonriendo y me sentí satisfecha al ver la expresión de orgullo y felicidad en la cara de Adele.

—Pues ahora ya saben de qué se valió para engatusarme y llevarme al altar... ¡ouch!— Adele le dio un codazo a Tommy por gracioso.

—Y cuéntenme de ustedes, ¿cómo se conocieron?— Quiso saber Adele, Terry reaccionó con una sonrisa enorme, pero yo... yo aún tenía mis reservas, conozco de la gente y sus prejuicios. Los ojos de Adele estaban fijos en mí, esperando una respuesta.

—Nos conocimos en la escuela.— Dije sin más detalles.

—¡Oh, genial! ¿Tú también eres maestra?— Preguntó sin mirarme porque estaba concentrada dándole de comer a la bebé que estaba en su sillita.

—Bueno, yo...

—Yo soy su profesor.— Dijo Terry sin reparo alguno y yo me puse tensa.

—¡Oh! Vaya...— Adele sonrió aparentando tranquilidad, pero no había conseguido disimular su sorpresa.

—¿Tú eres su profesor?— Rosamund de pronto se interesó en la conversación.

—Así es. Pero no por mucho, ya Candy está por graduarse.

—¡Wao! Papá, cuando yo sea grande, me voy a casar con el profesor de arte...— Tommy se atragantó con el vino y Adele abrió los ojos como platos.

—Me parece que ustedes dos tienen una historia muy interesante...— Le expresión de Adele se tornó maliciosa.— Y yo seré toda oídos...— Añadió al final.

No sé cómo fue que Adele se las arregló, pero terminó por sacarnos la historia completa con lujo de detalles. Yo me quedé sorprendida conmigo misma. Nunca me había abierto de esa manera. Entonces comprendí el motivo. Terry y ellos eran amigos y yo nunca había tenido amigos, ese momento, fue lo más cercano a la amistad que había tenido en mi vida. Pude sentir, bueno, sé que sólo fue mi imaginación, pero sentí a Martha darme un pellizco por eso. Pero es que Martha fue un ser muy especial, aún no la puedo catalogar, ella excede cualquier título externo o filial que yo le pudiese dar.

—Vaya... fue maravilloso que se hayan encontrado. Les deseo que sean muy felices.— Adele tenía los ojos aguados, incluso Tommy también estaba prendido de nuestra historia.

—¿Y tienen planes futuros? Ya saben, casarse, niños... apuesto a que Candy te dará hijos preciosos...— Me puse muy tensa en ese momento. Por segundos, creo que dejé de respirar. Tengo la certeza de querer estar con Terrence por siempre, sin embargo... no había pensado en matrimonio y mucho menos, hijos...

—No tenemos nada planificado y no creo que lo hagamos. Nos hemos propuesto una sola cosa, ser felices y estar juntos. Sólo eso.— Respondió Terry y sonrió, luego me tomó la mano y me la besó, sus ojos me miraron por un instantes, llenos de amor. Adele y Tommy nos seguían mirando embobados.

—Cariño, ¿puedes encargarte de Rossy? Voy a lavar los platos.

—Claro. Yo me quedo con ésta hermosura...— Tommy levantó alto a la bebé y ésta vomitó en su camisa.

—Bien sabes que no puedes hacerla retosar acabando de comer.— Luego de habernos reído un buen rato, Adele buscó un paño y limpió la camisa de su esposo.

—Vamos, Candy, deja eso...

—En serio quiero ayudarte.

—Bueno...— Insistí en ayudar a Adele a limpiar la cocina, mientras que Tommy y Terry se fueron al jardín con las niñas.

—¿Son felices?— Le pregunté sin pensar a Adele mientras secaba un plato.

—¿Disculpa?— Ella estaba verdaderamente desconcertada.

—¿Que si son felices? Ustedes... juntos...

—Lo somos. Bueno, hemos tenido malos ratos, rachas malas y muchas nubes grises en el paisaje de vez en cuando, pero... cuando me tranquilizo y miro todo a mi al rededor, mis niñas, lo poco o mucho que tenemos, recuerdo que nada de eso llegó solo, que todo lo hemos hecho juntos y que debemos cuidarlo, que más que una pareja, somos un equipo y para ganar, hay que trabajar juntos, si uno falla, ambos fallamos. Con el tiempo... aprendí que ser feliz no es más que una opción y nosotros optamos por ser felices.

Pude creer cada una de sus palabras. No es que yo me deje llevar por las apariencias, pero hay una diferencia enorme entre ese hogar y el que yo tuve. La casa de Adele irradiaba amor en cada rincón, en su dedicación por los quehaceres, en cada cuadro o cortina, en sus miradas, en sus hijas. Posiblemente no era un hogar perfecto, pero eran felices.

—Terry merece ser feliz, Candy. Y tú también, sin duda alguna.

—Yo... hago todo lo posible...

—Pero tienes miedo. Y el miedo no es buen aliado. Son pocos los hombres en los que una mujer puede confiar, con él, con Terry, tú puedes lanzarte sin paracaídas.

Sólo me limité a asentir. Sintiendo muchas cosas. Estoy segura de mis sentimientos, pero también está este miedo horrible de sufrir, de que Terrence me falle o que fallemos ambos.

—Iré a cambiarme éste suéter, tal parece que lavé los platos con él.— Se disculpó Adele y se fue a la que parecía ser su habitación. Yo comencé a vagar por la casa hasta que llegué al jardín. Allí, vi a Tommy empujar a Rosamund en un columpio que adiviné que él mismo había hecho para ella. Luego comencé a buscar a Terry con la mirada y lo vi de pie contemplando unas rosas, con la bebé en brazos. Él debía estar diciéndole algo muy gracioso porque la bebé reía y gorgojeaba sin parar. Fue en ese momento en que me paralicé de golpe.

Creo que eso es exactamente lo que Terry quiere. Una familia. Terry se ve de ensueño con esa bebé en sus brazos, parecen conectar. Unas lágrimas terribles y un miedo feroz se comenzó a apoderar de mí. Terry necesita una familia. Tiene treinta y un años, es natural. Pero yo... yo no puedo darle eso, yo no soy la mujer que él necesita y de pronto, una angustia dolorosa y terrible me abrazó.

—¡Candy!— Dijo mi nombre emocionado al descubrirme de momento en un arbusto. Yo no pude hablar. Sólo me quedé en el mismo sitio, sin aire, mirándolo con la bebé en brazos.

—¿Candy? ¿Estás bien?

—Terrence...—Su nombre se me escapó muy débil y yo sentía que esa amarga sensación me iba a quebrar, era el dolor, el dolor por saber que lo voy a perder...

Continuará...


¡Hola! He regresado y espero que les haya gustado este capítulo. Para las que han seguido la primera adaptación, deben saber de la similitud de ésta continuación, éste tipo de emociones en Candy son naturales si lo vemos desde la perspectiva del libro y yo no me puedo salir de esa línea, por eso espero que comprendan el porqué de la situación en este capítulo. Hay cosas que no podemos simplemente pasarlas por alto, están ahí y hay que trabajar con ellas de una forma realista.

Bueno, chicas, espero poder actualizar más seguido y sobre todo, que ésta historia les siga agradando. Al igual que el libro, no será muy larga, pero tengo planes para ella.

Gracias por comentar:

GRANDCHESTER LUCY, Rebeca, Amaparo de Grand, CANDY, norma Rodriguez, dulce lu, Maride de Grand, hellen franco, kary klais, NaThouDeliDouX, LizCarter, Eri, skarllet northman, lucylu1213flaks


Un beso y hasta pronto,

Wendy