Capítulo beteado por Sool Onuma, Betas FFAD.

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Todo está oscuro y frío, camino sin rumbo. Frente a mí aparecen dos caminos: el de la izquierda está iluminado por una luz de color rosa, y el de la derecha por una azul, y sé que si quiero llegar a un lugar seguro debo tomar uno de ellos. Sin saber qué hacer, observo la luz rosa y llegan a mi mente unas gafas redondas, muchos números; aspiro y un olor muy familiar inunda mis fosas nasales, frutos rojos y chocolate, abro los ojos y paso una mano por mi alborotado cabello. Giro mi rostro al lado contrario, al hacerlo veo unas gafas pequeñas, enormes puertas y llega a mí un aroma a fresa y madera.

Sin dudarlo, mis pies me llevan hacia la derecha, mi mente sabe que es lo mejor, pero mi corazón duda. Llego al final del camino y me encuentro con una gran puerta, a cada lado hay una inmensa llave antigua, al intentar abrir la puerta veo que está con seguro y busco algo para destrabarla, sin embargo, no tengo éxito. Desesperado, trato de regresar, pero mis piernas no se mueven y de repente escucho un fuerte golpe. Por alguna razón siento como si hubiera realizado extensas jornadas de ejercicio, mi cuerpo está totalmente agotado y sin fuerzas, cierro mis pesados ojos y ahora todo vuelve a estar como antes…

La alarma del reloj me despertó, abrí los ojos, recordé los sucesos de ayer y me pregunté: ¿cómo mi vida dio un giro de 180º en solo unos minutos? Era sábado y tenía que prepararme -tanto física como mentalmente- para mi viaje a Los Angeles de la próxima semana junto a Isabella Swan. Si me hubieran dicho hace unas semanas que estaría en esta situación, seguramente me hubiese reído hasta que me doliera el estómago y le dejaría muy en claro a esa persona que yo nunca podría viajar con una mujer como Isabella, ya que estaba con Angela. Pero ahora ese viaje se iba a realizar y ya no estaba con mi novia.

Estaba en la barra de la cocina desayunando y revisando mis e-mails. Era raro estar solo, pero en mi interior sentía que esto era lo mejor, en calma y sin estar a la defensiva.

De: SWAN C.O (inf )

Enviado: Sábado, 15 de abril de 2013. 06:00:01 am

Para: Edward Cullen (EdwardACullenM n& )

Asunto: Viaje a Los Angeles

Reunión en Los Angeles con Aro Vulturi.

Hora del vuelo: 7:00 am

Información del vuelo:

—Aerolínea: American Airlines

—Número de vuelo: 9206

—Silla: 0011

Fecha de salida: lunes 17 de abril de 2013

Hotel: JW Marriott

Habitación: 20-13

Fecha de regreso: Sábado 22 de abril de 2013

Hora del vuelo: 7:00 am

Información del vuelo:

—Aerolínea: American Airlines

—Número de vuelo: 8740

—Silla: 0011

Centro de información SWAN C.O

50 West Broadway, New York, Estados Unidos.

Era un hecho. Isabella Swan y yo estaríamos una semana solos en Los Angeles. No podía ser tan malo, ¿verdad?

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—Hola, buenos días. —Le di una tímida sonrisa a la chica detrás del mostrador.

—Buenos días, bienvenido a American Airlines. ¿En qué lo puedo ayudar?

—Hola, emm. —Me aclaré la garganta—. Soy Edward Cullen y tengo reservado un vuelo para Los Angeles.

—Un momento, señor Cullen. —Ella tecleó en su computadora, asintió varias veces y abrió los ojos como si algo la hubiera sorprendido. Luego me miró y su vista volvió a la pantalla—. Usted tiene un pasaje en primera clase hacia Los Angeles el día de hoy a las 7:00 am, por favor, ponga su equipaje en la cinta.

Llevaba lo suficiente para estos días y en mi maleta de mano se encontraba mi inseparable amigo: "Las Aventuras de Tom Sawyer". Mi madre me lo leyó cuando tenía cinco años; me contaba un capítulo por noche y a la semana ya me imaginaba teniendo esas grandes aventuras, creo que por eso me gustaba proponerme grandes retos.

Al llegar a mi asiento ya estábamos a punto de despegar y por suerte al lado mío estaba libre. Realmente odiaba viajar con una persona a mi lado, ya que no me podía relajar y siempre eran mujeres, quienes me contaban sin pelos en la lengua que su gran fantasía sexual es tener sexo con un desconocido de cabello castaño en el baño del avión, y en el peor de los casos eso me lo decían los hombres.

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—¡Oh, chicos, abandonémoslo! Deseo ir a casa. Esto es tan solitario…

—¡Oh no, Joe! Poco a poco te encontrarás mejor —replicó Tom—. Piensa solo en la pesca que hay aquí.

—No me importa la pesca. Quiero ir a casa.

—Pero Joe, no hay otro lugar igual para nadar.

—No es bueno nadar; además, me parece que no me importa en absoluto cuando no hay nadie que me diga que no debo entrar en el agua.

—¡Oh, cielo, qué nene! Me parece que quieres ver a tu madre.

—Sí, quiero ver a mi madre, y tú también lo querrías si tuvieras una. No soy más nene que tú.

Anunciaron que despegaríamos, así que saqué mi vista del libro y vi un movimiento a mi lado.

—¡Hey! —dijo una niña de por lo menos cinco años de edad.

—Hola, pequeña

—¡No soy pequeña! —Su rostro se puso rojo y sus ojos negros me miraron fijamente.

—Okay, lo lamento. —Puse mis manos frente a mí para dejar claro mis palabras.

—Eres lindo. —¿Cómo? ¿Me acaba de decir lindo?

—Sofi, ya deja de molestar al señor —la reprendió un hombre y en su tono de voz pude percibir que se estaba divirtiendo con la situación.

—Papi, pero míralo, es como los que aparecen en las revistas que lee Dala. —En ese momento, sobre el asiento de Sofi apareció un hombre moreno, con los ojos de color negro y una sonrisa que haría enloquecer a cualquier mujer, u hombre.

—No es verdad, Sofi, él no es como el de las revistas.

—¿Y por qué no? —dijo ella con un suave tono de voz.

—No es lindo.

—¡Papi! —La niña empezó a reír—. Él es más lindo que tú.

—¿Ah sí?

—Sí.

—Perdón, pero… —Yo estaba realmente confundido.

—Sofi —la regañó el hombre.

—Lo siento, señor. —La niña bajó su mirada a sus manos, suspiró y tomó a su pequeña muñeca de trapo como si su vida dependiera de ello.

—No te preocupes. Y… me gusta tu muñeca.

—Se llama Carla y la tengo desde que nací.

—¿Y eso hace cuánto fue? —Decidí hacerle la conversación, además estaría junto a ella por más de seis horas.

Así pasó el tiempo y me enteré que su padre también iba a una reunión de trabajo, pero como no tenía quién la cuidara, la tuvo que llevar con él; eso haría más pesado su viaje, pero gracias a la crianza que le brindaron a Sofi, sabía comportarse en lugares públicos.

Al arribar a Los Angeles era la 1:00 pm y el clima estaba bastante caluroso, así que la niña y su padre, Jacob, salieron en cuanto se abrieron las puertas. Estaba tomando mis cosas cuando vi la muñeca de Sofi, la tomé por si volvía a verla y, de lo contrario, la dejaría en la aerolínea para que contactaran a su padre y así ella pudiera recuperarla.

Al llegar al hotel, luego del agotador viaje en taxi a causa del calor tan infernal, me dirigí al mostrador para registrarme y poder ir a mi habitación a darme una merecida ducha.

—Hola, buenas tardes. Bienvenido al hotel JW Marriott.

—Hola, mi nombre es Edward Cullen y tengo una reserva de la habitación… —Mierda, ¿cuál era la habitación? Busqué entre mis bolsillos el papel con la información y le dirigí a la recepcionista una pequeña sonrisa que me miraba como si la divirtiera.

—Habitación 20-13 —dijimos al tiempo.

—Señor Cullen, aquí tengo toda la información, así que no se preocupe.

—Oh.

—Aquí están sus llaves, señor. Que disfrute su estadía.

—Muchas gracias. —Apenado, tomé mi maleta para ir hacia el ascensor. Tenía que ir hasta el décimo piso y había veintiún en el hotel, ingresé seguido de una pareja con sus dos hijos, los cuales me acompañaron con sus risas y gritos hasta el noveno.

Mi habitación era sencilla. Contaba con una cama King, una TV plasma y una mini nevera equipada con las mejores bebidas. El baño, bastante grande para mi gusto, tenía un jacuzzi, el cual me gustaba, y por último estaba el balcón que me proporcionaba una gran vista hacia el teatro Nokia.

Después de una gran ducha con agua fría, decidí ir a conocer los sitios aledaños al hotel, esta semana estaría bastante ocupado y no tendría tiempo para hacerlo.

Había decidido ponerme una bermuda azul, una camisa blanca con bordes negros, sandalias y mis inseparables Ray-ban. Con mi cabello poco había podido hacer, simplemente era rebelde y más si había humedad en el ambiente.

Iba caminando y al tiempo revisando mi e-mail. Se me hacía bastante extraño que Isabella no me hubiera contactado, pero seguramente como es la jefa entonces llegaría más tarde.

El timbre del ascensor sonó anunciando su llegada, se abrieron sus puertas y vi unas preciosas piernas blancas sobre unos tacones que no toda mujer podría manejar, subí lentamente mi mirada y me encontré con un short negro que solo cubría lo necesario, y una camiseta holgada de color blanco que dejaba ver un brassier negro, pero mi gran sorpresa fue ver el rostro de la dueña de ese precioso cuerpo.

—¿Isabella?


:O Ya están en Los Ángeles, ¿Que pasará durante su estadía? :D Muy pronto lo sabrán. Gracias por seguir la historia ;). Y Sofi, ella jugará un papel muy importante en esta historia, yo desde ya amo a esta niña :3. Espero sus mensajes con comentarios, opiniones, o saludos.