Los personajes no son míos… ¡ya quisiera! Son de la famosísima escritora Stephanie Meyer, yo solo escribo locuras en donde ellos participan.
4. ¿QUIÉN ES ELLA?
Edward POV:
Odio ir a fiestas.
Lo odio.
Ir a lugares demasiado concurridos para escuchar música horrible mientras las personas se mueven de un lugar a otro, chocándose entre ellos. Preferiría quedarme en mi casa tocando el piano o leer un libro sobre mi cama.
Pero no, no podía.
Tenía que ir a una fiesta.
Había terminado mis clases de pre medicina el año anterior, por lo que este año comenzaba oficialmente como estudiante de Medicina. Me había esforzado mucho para tener notas altas y había hecho voluntariados en el hospital para completar mi currículo. Yo sabía que la UCLA era una de las escuelas de Medicina más prestigiosas del país, es por eso que mis estudios pre médicos y ahora médicos propiamente tal los quería realizar aquí mismo. Claro está que además de cumplir mis obligaciones académicas también debía cumplir mis obligaciones sociales, como ir a la estúpida fiesta en donde todos los estudiantes, pre médicos y médicos, se reunían para celebrar el inicio del año escolar y "crear lazos" entre futuros colegas de la salud.
Ja.
Era solo una excusa para juntarse a beber.
Enojado con el mundo, salí de mi casa rumbo a la famosa fiesta, que se celebraba en uno de los clubs más famosos de la ciudad. Decidí no llevar mi auto, porque planeaba beber para pasar el mal rato y darme unas cuantas vueltas hasta que estuviese lo bastante "visto" por mis compañeros.
Tomé un taxi y llegué al lugar en cuestión. Le entregué el pase al guardia y entré al local. Pude apreciar que no había mucha gente aún, las luces parpadeaban lentamente y la música era todavía floja, había grupos de gente en uno que otro lugar, pero en general se veía poco concurrido, ya que el club era bastante grande. Caminé directamente al bar y le pedí un ron con coca cola al tipo que atendía. Me lo tomé a pequeños sorbos hasta que me lo acabé sin darme cuenta.
Cuando iba a pedir mi segundo trago, la vi.
Al frente mío, sentada al otro lado de la barra estaba la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Tenía un hermoso pelo café oscuro, que caía con gracia sobre sus hombros, creando unos bellos bucles al final de su cabellera. Tenía unos labios apetecibles y sensuales, que contrastaban con su piel blanca y cremosa y su cara en forma de corazón. Conversaba con una chica que estaba al lado de ella y le hablaba en susurros, hasta que de pronto enfocó sus preciosos ojos color chocolate hacia delante y se le tiñeron las mejillas de color rojo. Si creía que era linda antes, no se podía comparar cuando estaba sonrojada, se veía completamente adorable.
La chica que estaba al lado de ella comenzó a coquetear con el barman, por lo que la hermosa muchacha tomó su trago y se paró del asiento, dejándolos solos.
Sin pensarlo dos veces caminé detrás de ella para saber hacia donde se dirigía, pero por sus movimientos podía adivinar que solo estaba dando una vuelta, no buscando a alguien en particular. De pronto se detuvo y quedó a unos cuantos metros de una pared, de espalda a ella, tomándose el trago que tenía en las manos, mirando a la gente y el lugar de forma despreocupada.
De pronto la música floja se acabó, dejando claro que la fiesta comenzaba oficialmente y que había llegado la cantidad de personas suficiente como para que se dispusiesen a llenar la pista de baile. Miré al D.J. que estaba en el escenario como ponía un nuevo C.D. de música y giré mi cabeza para mirar a la muchacha para ver su reacción al cambio de música. Al parecer le gustó, porque esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción y comenzó a mover sus caderas, balanceándolas de un lugar a otro. De pronto sentí como mis pantalones se apretaban incómodamente, sintiendo como un fuego comenzaba a producirse en mi interior. Vi como la chica cerró completamente los ojos y se dedicó a disfrutar de la melodía y moverse al son de ella.
Sin siquiera darme cuenta llegué justo al frente donde ella estaba bailando y me dediqué a mirarla atentamente. Vestía un traje provocativo que abrazaba todas sus curvas, dejándome ver claramente la perfección de su cuerpo, pero aún así quería saber si su piel tersa era igual bajo aquellas prendas y si era tan suave como yo imaginaba. Quería recorrer mis dedos por su cara, bajar por su cuello, llegar hasta el escote de su polera y bajar lentamente los tirantes de ella, mostrando sus hombros completamente. Después hacer el mismo recorrido con mi boca y mi lengua.
La muchacha comenzó a abrir sus ojos y pude ver como sus pozos chocolate trataban de enfocarse con dificultad, debido a las luces parpadeantes. Cuando logró hacerlos sentí como que el mundo paraba de girar y todo se quedaba estático, éramos sólo ella y yo, mirándonos fijamente a los ojos. Sus mejillas se tiñeron nuevamente de rojo y yo sólo atiné a mirar atentamente el maravilloso espectáculo.
De la nada ella tomó el cuello de mi camisa y me arrastró con ella hacia la pared, dejándome aprisionar su cuerpo con el mío. La tomé por los codos como caballero, pero si seguía así mi caballerosidad se iba a ir por el retrete, porque antes de ser considerado era hombre. Al estar tan cerca de ella pude sentir su aroma, un delicioso olor a fresas y un leve toque a flores silvestres. Miré hacia abajo, hacia sus ojos y pude apreciar que ella estaba algo afectada con mi presencia, ya que sentí como sus duros pezones chocaron en mi pecho y hacían fricción con nuestras respiraciones. Reprimí un gemido que amenazaba con escaparse de mis labios, esta chica era demasiado sexy para mi salud mental.
Quería bailar con ella, al menos así tendría una excusa para estar cerca. No le pregunté, sólo la llevé hacia la pista de baile. En el camino me dijo que no sabía bailar, yo solo le sonreí y seguí caminando. Debe ser tímida, porque de ningún motivo le habría creído que no sabía bailar, yo la vi moverse en ese vaivén de caderas tan erótico mientras cerraba sus ojos, sólo necesitaba relajarse y dejarse llevar por la música.
La tomé por las caderas y comencé nuestra dulce tortura. Bailamos por horas, pero no quería que se acabara jamás. Nuestros cuerpos encajaban como si hubiese estado hecho el uno para el otro y al movernos lo hacíamos en completa sincronía. Tomé ventaja de la situación y toqué sus curvas entre canciones, deleitándome con su suavidad y perfección. No pasé ningún limite, no quería asustarla, pero de vez en cuando subía mis manos hasta el borde inferior de sus pechos para sentirla jadear levemente.
Después de tomarnos unos tragos me dijo que se tenía que ir. Yo no quería dejarla, pero el hombre noble en mí hizo su aparición para tomar control de mis decisiones, creyendo que era mejor sólo pedirle su número de teléfono para continuar en otra ocasión. Estaba por preguntarle su nombre y número cuando un borracho chocó contra mí y me hizo tambalear. La chica me atrajo a su cuerpo para que recuperase el equilibrio, pero lo único que pude pensar en lo cerca que estaba de ella, en como mi cuerpo pedía a gritos un poco de contacto físico. Sin poder evitarlo le dije:
―Deseo besarte.
Mi voz sonó mucho más grave de lo que la tenía normalmente, debió ser por toda la excitación acumulada. Ella me quedó mirando fijamente con la boca entreabierta. Lo único que quería era besarla, lo demás no importaba, pero por alguna razón necesitaba saber que ella quería lo mismo, que nuestro primer beso fuese completamente consentido y aceptado por ambas partes.
―No.
¿Acaso estaba loca? ¿Por qué no querría yo besar sus labios?
―¿No? Es lo que he querido hacer durante toda la noche ―la miré directamente a los ojos demostrándole todo lo que deseaba besarla―. Ha sido una tortura mirarte sin probar tus labios.
―Quiero decir… esto no debe pasar ―cerró sus párpados evitando el contacto visual―. No es correcto, ni siquiera sé cómo te llamas…
―Edward.
Le respondí rápidamente con tal de que cumpliera mi nuevo gran sueño, tocar sus labios y fundirme en ellos.
―… y tú no sabes el mío.
―Dímelo.
Estaba oficialmente desesperado. Mientras más tiempo hablábamos, mayor calor sentía dentro de mí.
―No es tan simple ―por fin abrió sus luminiscentes ojos, en donde pude apreciar que me deseaba tanto como yo a ella. Se veía fuego en sus ojos, pero también un poco de temor―. Yo… creo que no es el mejor lugar, está sucio y huele mal, está muy oscuro y… creo que estoy un poco ebria.
Yo jamás me he aprovechado de una mujer y no iba a empezar hoy. Ella me estaba diciendo claramente que no quería besarse conmigo, y yo no la iba a obligar.
Un momento… ¿dijo eso? ¿Dijo que no quería besarme?
Recapitulando…
Dijo que no creía que el lugar fuera el correcto.
Estaba sucio.
Olía mal.
Estaba oscuro.
Ella estaba un poco ebria.
Jamás dijo que no lo quería, sólo estaba constatando hechos de por qué no debía ser acá, en este lugar. Sonreí para mis adentros, encontrando la cláusula a sus palabras. Decidí que la invitaría a cenar otro día y veríamos que pasaría. Contento conmigo mismo llamé a un taxi para asegurarme que llegara bien a su casa. Me iba a despedir de ella y preguntarle su número de teléfono cuando me comenzó a hablar rápidamente y se fue en el taxi sin más.
Me quedé petrificado en el mismo lugar viendo como se alejaba el taxi y la muchacha.
No le pedí su número.
No se cómo se llama.
Ni siquiera sé si está en la misma carrera que yo, quizás ni siquiera está en la misma universidad.
Traté de recordar algo de nuestra conversación, algún indicio que me diga algo de ella.
Nada.
Por supuesto que no, no hablé mucho con ella que digamos.
Me pateé mentalmente por mi estupidez y mis hormonas alborotadas que me impidieron tener una conversación coherente durante cinco segundos. Sólo cinco segundos me habría demorado en preguntarle todo lo que quería saber…
¿Cuál es tu nombre?
¿Y qué estudias? ¿En dónde?
¿Me darías tu número de teléfono?
¿Tanto me costaba mantener el control? Parte de mi quería tomar un taxi y decirle al conductor "siga a ese vehículo", como en las películas, pero la pensé otra vez y era un poco absurdo seguir a una chica por no decirme su nombre, además, me había quedado embobado viéndola partir, así que técnicamente no había vehículo al cual seguir.
Me fui maldiciendo camino al club, pero al llegar a la puerta no tenía ganas de entrar otra vez, ya no había nada que me llamase la atención allá dentro, así que di media vuelta y me subí a un taxi en dirección a mi casa.
Entré sigilosamente para que mis padres o mi hermana no se despertaran, subí las escaleras y abrí la puerta de mi habitación de la misma manera silenciosa que hice con la puerta principal. Al estar dentro me relajé y me dejé caer en mi cama de espalda. Comencé a mirar el techo repasando los sucesos que me habían ocurrido hoy, recordando específicamente cuando bailé en la pista de baile con aquella muchacha. Pensar en ella me hacía sentir un calor por dentro, que comenzaba en el estómago y se esparcía por todos lados, hasta mi cabeza y a la punta de mis pies.
Quería conocerla.
¿Pero cómo lo haría? No sabía nada de ella.
Mis ojos empezaron a cerrarse debido al cansancio acumulado de varios días, pero al menos al día siguiente me habían suspendido las clases en la mañana, así que no tenía que levantarme temprano…
Espera…
¡Recordé algo! ¡Ella me había dicho que tenía clases temprano en la mañana! No sabía dónde ni qué carrera estudiaba, pero era algo y debía agradecer los pequeños regalos de la vida. Al otro día iría a temprano para buscarla a la universidad, comenzando con la carrera de Medicina y si no la encontraba ahí me iba a pasear por todos lados hasta encontrarla. Eso haría. Con la firme decisión en mí fui abandonando el mundo de la conciencia y me sumí en mis sueños, que por supuesto, los gobernaba ahora una hermosa muchacha de ojos chocolate.
.
.
Abrí lentamente los ojos al percatarme de la luz que se filtraba entre la ventana y la cortina mal puesta, me dolía un poco la cabeza. Quise darme vuelta para seguir durmiendo, pero me di cuenta que estaba aún con la ropa de la noche anterior y me dolía un poco el cuerpo por la mala posición que ocupé durante dormía. Me giré hacia mi reloj de mesa para saber la hora, el que marcaba las nueve de la mañana…
¡Las nueve de la mañana!
Me paré rápidamente de mi cama y me fui quitando la ropa camino a mi baño, tenía que ir a la universidad para encontrarme con ella y me… me… ¡quedé dormido! Con solo pensarlo me hervía la sangre por la estupidez que había cometido. Como pude me bañé a la velocidad de la luz y me vestí con lo primero que encontré en mi armario para bajar las escaleras, tomar mi volvo y romper algunas leyes del tránsito en el camino. Afortunadamente nadie me detuvo, llegué a la universidad y me dirigí a la facultad a paso acelerado. Miré a todos lados esperando encontrarla de un momento a otro por arte de magia.
No pasó.
Abrí la puerta de la secretaría y preparé mi mejor sonrisa para la señora Cope, la mujer que lo sabe todo y de todo acerca de la facultad. Tenía unos cincuenta años y la mitad de su vida la había pasado trabajando acá, si ella no sabía algo nadie más lo sabía.
―¡Buenos días señora Cope! —dije efusivamente, acercándome a su escritorio. Me incliné en él y le sonreí de forma ladeada, sabiendo el efecto que producía en las mujeres. No lo decía de egocéntrico, solo era realista―. ¿Cómo está la mujer más bella de toda la universidad?
Ella se sonrojó y soltó una risa nerviosa.
―¡Ay, Edward querido! Echaba de menos tus adulaciones, juro que eres igual que tu padre. Dime, ¿Cómo está Carlisle?
―Muy bien, gracias. Ya sabes cómo es él, le encanta trabajar en el hospital ―basta de pláticas banales, necesito saber rápido lo que venía a preguntar―. Dígame señora Cope, ¿me podría ayudar en algo?
―¡Por supuesto! ¡Cualquier cosa!
Perfecto.
―Mire, estaba buscando un estudiante de pre medicina que me dijo que tendría clases hoy en la mañana, pero no sé si ingresó este año o no, entonces me preguntaba si me podría dar los horarios de las clases que se están dando en este momento ―la miré directamente a los ojos―. ¿Podría?
―Mhmm… no sé si debería ―dudó un poco. Comencé a ponerme nervioso―. Pero no veo que mal podrías hacer con ellos ―sonrió y yo le devolví la sonrisa―. Espera un poco mientras los imprimo.
Esperé un poco mientras me paseaba como león enjaulado por todos lados, pero no pasaron ni treinta segundos cuando la amable secretaria volvió con una sonrisa… pero sin papeles.
―¿Y los horarios señora Cope? ―dije con un tono un poco desesperado.
―Tengo información mejor que los horarios. Dijiste que este estudiante tenía hoy las clases temprano ¿no?
―Efectivamente ―respondí sin saber hacia dónde iba la pregunta.
―Pues averigüé que los profesores estaban al tanto de la fiesta de Medicina de ayer, por lo que la mayoría suspendió las clases durante toda la mañana ―eso ya lo sabía, a mí también me las habían suspendido―. Pues el único que no las suspendió fue el señor Banner, el profesor de Biología, que está haciendo sus clases en este momento en la sala 42 desde las 8:00 a las 10:30.
Sonreí sin poder evitarlo, era la pista más cercana que tenía de ella.
―¡Gracias señora Cope! ―me acerqué a ella y le di un sonoro beso en la mejilla.
Ella se sonrojó mientras soltaba risitas tontas y miró hacia otro lado.
―Pero Edward… ―seguía mirando hacia el mismo lugar―. Son las 10:25, deberías apurarte si quieres encontrarte con ese estudiante.
Miré con alarma al reloj de pared y abrí los ojos como platos. Efectivamente tenía cinco minutos para llegar a la sala 42, que estaba bastante lejos. Sin despedirme salí corriendo de la secretaría.
Corrí con todas mis fuerzas, pero de todas maneras sabía que no iba a llegar a tiempo. Casi llegando a la sala miré mi reloj de pulsera: 10:35.
No llegué a tiempo.
Me iba a dar la vuelta cuando vi que una chica me estaba dando la espalda a unos cinco metros al frente mío, en donde reía con un muchacho corpulento que vestía ropa de deporte. Mirándola detenidamente reconocí su hermosa cabellera café oscuro, que ahora a la luz del día se le veían unos reflejos rojos sobre ella.
La encontré.
Mi corazón comenzó a saltar de alegría y a la vez de nerviosismo. Quería encontrarla, pero ahora que ya lo había hecho ya no tenía idea que hacer, no sabía que decirle ni cómo actuar.
El chico que la acompañaba se fue rápidamente, dejándola ahí parada, completamente sola. Pude fijarme que no se despidieron de ninguna forma amigable, nada de besos ni abrazos, por lo que deduje que no se conocían tanto o no tenían tanta confianza. Me agradó saber eso.
Ella se agachó a recoger cosas que estaban en el suelo, sin percatarse aún de mi presencia.
Tomé una manzana roja que probablemente había rodado un poco lejos de ella y se la extendí para que la tomara.
―Gracias.
En ese momento levantó la vista y clavó sus orbes chocolates en mis ojos, deteniendo por segunda vez el tiempo y encerrándonos a ambos en una burbuja en donde sólo existíamos ella y yo.
―Edward.
Melodía de los dioses. Ella se acordaba de mi nombre y escucharlo de sus labios era el sonido más placentero que había escuchado en mis 21 años de vida.
Sonreí como idiota, pero no me importaba. Esta vez no la iba a dejarla escapar.
―Veo que recuerdas mi nombre ―hora de la verdad―. ¿Recuerdas lo que me dijiste anoche entonces?
Arrugó un poco el entrecejo.
―¿S-sobre qué?
―Sobre el beso ―la miré con intensidad mientras le hablaba―. Me dijiste que no me besaste porque el lugar era muy sucio y olía mal. Además me dijiste que estabas un poco ebria. Pues veo que alrededor nuestro está bastante limpio y huele bien por lo demás. Y puedo apreciar que tú no estás ebria en este momento, ¿no es así?
―¿Cómo? ―me estaba mirando atentamente por toda la cara; mis ojos, mi pelo, mi boca. Me agradaba saber que yo no le era indiferente a ella. En ese momento decidí que no iba a esperar su respuesta, al juzgar por su mirada ella lo quería tanto como yo.
―Déjame mostrártelo ―dije, acercando su cuerpo al mío, tomándola de la cintura.
―¿Qu…?
No la dejé responder, ya que estampé sus labios a los míos. Mi intención era darle un beso inocente, para no asustarla y poder saciar la curiosidad que tenía sobre ella y el hechizo que producía en mí, pero cuando nuestras bocas hicieron contacto sentí como un millón de descargas eléctricas se producían por todo mi cuerpo y mi sangre entraba en ebullición.
Ella al comienzo no me respondió, pero cuando moví mis labios comenzó a acompañar mis movimientos con los suyos. De un momento a otro sentí un golpe de cosas caer y un segundo después sus brazos estaban alrededor de mi cuello, entrelazando sus dedos en el cabello que tengo en la nuca. Sin poder evitarlo, gemí en su boca por las sensaciones que me hacía sentir. Ella abrió la boca y yo aproveché de meter mi lengua y saborearla como siempre quise. De vez en cuando tragaba sus gemidos, haciendo mi sangre que corría por mis venas insoportablemente caliente y mi pantalón cada vez más pequeño.
Nos separamos por la necesidad para respirar y yo apoyé mí frente a la suya sin querer separarme de ella aún. En vez de saciar mi curiosidad la hizo más grande, nunca una chica me había afectado tanto y tan rápido como ella. Necesitaba conocerla.
Ordené mis pensamientos mientras trataba de recuperar el aire perdido, decidiendo qué decirle primero. Preferí empezar desde el principio: su nombre.
―¿Ahora me dirás tu nombre?
Vi que ella me miró con cara de sorpresa, que luego cambió a duda y finalmente a enojo.
―¿Por eso me besaste?
―Sí ―miré que su seño ya fruncido se marcaba más―. ¿No? ―pregunté con un tono inocente, tratando de aligerar el ambiente.
―¿Besas a todas las chicas a las que quieres saber su nombre? ―preguntó separándose de mí y con sus manos en las caderas. Creo que esto no significa algo bueno―. ¿O yo tengo el gran honor… ―noté un tono de ironía en sus palabras―… de ser atacada por tus labios sólo porque… porque… ―estaba subiendo su tono de voz cada vez más―…QUERÍAS SABER CÓMO ME LLAMO?
―Si lo dices de esa forma no suena muy bien ―dije un poco apenado, rascándome la cabeza.
Me miró con odio y se dio la vuelta para recoger sus cosas. Me agaché al lado de ella para ayudarle y disculparme por ser un idiota.
―Yo…
―Me tengo que ir ―arrebató las cosas que tenía en mis manos para entregárselas y se fue caminando sin más.
Esta vez no la iba a dejar ir, la seguiría hasta que me dijese su nombre. Corrí hasta llegar a su lado y caminar junto a ella mientras se dirigía Dios sabe dónde.
―Vete ―rompió el silencio que teníamos mientras caminábamos―. ¿No tienes algo mejor que hacer?
―Nop ―le dije remarcando la última letra y mirándole el perfil, se le veía sonrosada y con las cejas un poco juntas. Tenía el deseo casi incontenible de pasar mi dedo índice por su ceño fruncido y lograr alisarlo―. Mira ―comencé—, sé que fui un idiota al besarte de esa manera…
―Sí, eres un idiota ―se burló de mí. Vi que las comisuras de sus labios tendían a elevarse, pero no me dejó ver completamente su sonrisa.
―Como decía ―dije en un tono autoritario de broma―, fui un idiota y no debería haberlo hecho ―ella estaba asintiendo, pero mirando hacia el frente―, pero no me arrepiento.
Lo último la descolocó, lo pude sentir. Dejó de caminar y me encaró.
―¿Qué quieres decir?
―Que quizás no fue del modo adecuado, pero me encantó besarte ―le dije mirándola fijamente―. Ambos lo queríamos, me lo dijiste anoche.
―Yo no te dije eso ―dijo sonrosada. Se veía tan adorable―. Es más, creo que te dije exactamente lo contrario.
―No, yo te dije que te quería besar y tú dijiste que no era lo correcto. Jamás escuché por de tus labios "Oh Edward, nunca en la vida tocaría esos sucios labios tuyos".
Se le escapó una risa que rápidamente la cubrió con una mano. Su sonido me encantó, hice una nota mental de hacer más bromas para poder escucharla otra vez.
―Ambigüedades, escuchas lo que quieres escuchar ―me dijo con un ademán con la mano como señalando lo obvio―. Ahora que aclaraste que lo sientes, o algo así, te puedes marchar, que tengo varias cosas que hacer.
Siguió caminando y yo la seguí a su lado otra vez.
No me volvió a hablar durante el camino a la biblioteca de la universidad —a donde se dirigía. como pude deducir—, pero de vez en cuando me miraba de reojo.
Cuando estaba entrando al edificio siento como alguien grita tras nosotros, y su voz se iba acercando cada vez más.
―¡Bella! ¡Bella, espera!
Me giré para ver un chico rubio que corría hacia nuestra dirección, pero que miraba solamente a ella.
―Mike… hola.
¡Así que se llama Bella! La miré con una enorme sonrisa en mi cara, restregándole mi victoria a ella, que se limitó ignorarme y mirar el tal Mike que ahora había llegado frente a nosotros.
―¡Hey! no te vi después de que hablamos anoche en el club. Se supone que íbamos a bailar juntos.
Bella se sonrojó y me miró a mí, creo que recordando lo de anoche. ¿Iba a bailar con el muchacho? ¿A bailar como lo hicimos nosotros? Esa simple idea me hacía hervir de furia, nadie podía tocar a Bella de la misma forma que lo hice yo. Sólo yo podía tocarla de esa manera.
¿Y de donde salió este complejo de hombre de las cavernas? Además, Bella no era de mi propiedad, ni siquiera la conocía hace 24 horas. Pero no podía razonar con el sentimiento que estaba creciendo en mi interior, que amenazaba con salir y golpear unas cuantas veces al que se atreviese siquiera a mirarla de forma incorrecta.
―Yo… no lo sé. Yo tampoco te vi —respondió, mirando hacia otro lado.
―Oh, bueno. ¿Qué te parece si… ehm… tu y yo… ¡ya sabes!... si tu aceptarías, digo, porque aún me debes un baile… uhm… saldrías hoy conmigo?
Oh. No. Lo. Hizo.
Alguien en serio quería un puño en su cara.
―¡Oh! ―Bella lo miró con los ojos como platos, con una expresión de completa sorpresa―. Yo… gracias Mike, en serio, pero tengo cosas que hacer. Lo siento.
―No te preocupes… ¿Qué tal otro día? Tú elijes.
Este chico no entendía de indirectas. Miré a Bella, que se le veía un tanto incómoda.
Decidí salir en su ayuda, mi madre siempre me dijo que hay que ayudar a los que más lo necesitan, y Bella en serio la necesitaba.
Además, quizás recibiría algo a cambio en forma de agradecimiento.
―Mike, amigo ―comencé, pasándole un brazo por sus hombros―, ella no va a poder salir contigo, porque… ―¡Piensa en algo rápido Edward!―…porque… yo la estoy ayudando en Biología, y hasta que tome el ritmo de las clases no creo que sea buena idea tener distracciones sociales. Ya sabes, los estudios son primero.
Ambos miramos a Bella, la cual estaba con la boca abierta y mirándome fijamente.
―¿Bella? ―dijo Mike― ¿Es eso cierto?
Bella salió de su ensoñación y miró a Mike con una expresión segura.
―Si Mike, lo lamento. Edward me está ayudando en Biología porque se me está haciendo pesado. No sé cuánto me demoraré en ponerme al día, así que deberías salir con alguien más para divertirte. Yo creo que Jessica estaría feliz si tú se lo pides ―terminó con una sonrisa sincera.
―De acuerdo ―dijo, un tanto decepcionado―. Espero que mejores en la asignatura. Y si tienes alguna duda podría ayudarte. Me avisas. ―lo último lo dijo con algo de esperanza.
En serio el chico tenía algún problema de atención, no comprendía sutilezas.
―Lo haré, pero creo que con Edward estará bien. Gracias.
―De acuerdo. Adiós.
Y al fin se dio la vuelta y se fue por donde vino.
―¡Gracias, gracias, gracias! ―Bella se tiró encima mío y me abrazó por el cuello―. Ni te imaginas las veces que le he dicho que no a Mike y nunca entendía. ¡Esta es la excusa perfecta!
Me alegró saber que no quería salir con él, pero más me alegró tenerla otra vez en mis brazos.
―Cuando quieras… Bella ―le hablé en el oído y pude sentir como se estremecía.
Se alejó un paso de mí y me volvió a mirar los ojos.
―Es cierto, ahora sabes mi nombre.
―Sí, ¿qué vas a hacer al respecto? ―le pregunté con burla.
―Pues tendré que matarte ―respondió con una sonrisa.
―Graciosa.
―¿Qué? ¿No me crees capaz? ―siguió la broma.
―Yo creo que eres capaz de cualquier cosa ―le dije con tono seductor y mi sonrisa ladeada. Tenía que usar toda mi artillería pesada con esta chica.
―Bien ―me dio la espalda y entró en el edificio.
¿No funcionó?
¡No funcionó!
Caminé a paso rápido atrás de ella y la seguí por entre los muebles que tenían libros. Ella iba ensimismada mirando las portadas y anotando ciertos nombres en un papel.
―¿No me vas a decir nada más? ―le pregunté con un tono un poco desesperado―. Digo, yo te ayudé en tu problema.
―Lo sé ―me dijo, aun mirando los libros―, y yo te lo agradecí.
―No basta con un "gracias".
―¿Ah no? ―dijo aún distraída, anotando.
―No, quiero una cita hoy.
Se dio la vuelta para hablarme por fin de frente.
―Ya me escuchaste hablando con Mike, Edward. Tengo cosas que hacer.
―Pues las haces después de nuestra cita —le respondí con una sonrisa―. O mejor, tenemos nuestra cita y luego yo te acompaño y te ayudo a lo que sea que tengas que hacer.
―¿Y si tengo que cometer asesinato? ¿Me ayudarías?
―Con tal de salir contigo, sí.
Soltó una carcajada demasiado fuerte para una biblioteca y yo solo con escucharla reí con ella también. Como lo esperé llegó la bibliotecaria para callarnos y nosotros asentimos con risitas pequeñas escapándose de nuestros labios.
Bella siguió caminando por los pasillos y anotando en su lista, yo sólo la seguía y miraba atentamente cada movimiento: como entrecerraba los ojos cuando leía algo que le interesaba, como mordía la parte de atrás del lápiz antes de comenzar a escribir o como pasaba los dedos delicadamente por sobre el lomo de los libros al leer sus títulos.
Cuando llegó al final del pasillo se giró y dijo:
―En serio, ¿no tienes nada mejor que hacer?
―Soy muy persistente, Bella. Quiero salir contigo y voy a seguirte hasta que aceptes.
―Bien.
―¿Cómo?
―Dije que sí.
―¿En serio? ―sonreí como estúpido, pero no me importó― ¿Lo dices en serio Bella?
―Sí ―se encogió de hombros como si no importara, pero pude ver que se sonrojaban sus mejillas. Ella también quería salir conmigo―. Pero nada elaborado, mañana tengo clases temprano y no quiero salir a bailar o algo así.
Se le tiñeron más las mejillas con su última oración, porque creo que como yo, se acordó de la última vez que bailamos juntos.
―Nada elaborado, lo prometo ―le aseguré con un gesto de boy scout, del cual rió levemente.
―Bien, ahora te puedes ir.
―¿Me estás echando? ―dije con voz exagerada.
―Como hace una hora, pero espero que esta vez me hagas caso.
Me sonrió.
A mí.
―De acuerdo ―acepté. Si me sonríe así aceptaría cualquier cosa―. Pasaré por ti a las siete en tu casa, así que me tienes que dar tu dirección y tu número de teléfono.
―¿Y por qué mi número de teléfono? ―preguntó con la ceja levantada.
―Porque quiero saberlo ―sonreí―, y me lo merezco por haberte salvado de Mike.
―Creo que pagaré muy caro ese favor ―dijo con un suspiro exagerado, mientras anotaba la información en un papel―. Hasta las siete.
―Y ningún segundo más.
¡Hey otra vez!
Este es algo así como un capítulo de transición, además necesitaba explicar las cosas que se le pasaban por la hermosa mente de Edward y lo que siente por Bella. Así que la mayoría del capítulo ya se había contado en los otros tres, pero repito, era necesario.
En el próximo creo que voy a relatar la primera cita ¡así que no se lo pierdan!
Gracias por comentar y leer ¡me encanta saber que las locuras que escribo alguien las lee!
Gracias por los alertas y los favoritos, en serio gracias por el apoyo y por el voto de fe, porque con solo 3 capítulos lo consideraron lo suficientemente bueno como para incorporarlos en sus listas de fics favoritos. ¡Muchas, muchas gracias!
Los que me sorprendieron fueron las niñas que me agregaron en su lista de Autoras Favoritas… ¿en serio? ¡Wow! ¡Me siento honradisima!
Y si quieren me dejan un review… quieren? Porfis! Yo los leo y los respondo todos, me encanta saber lo que ustedes opinan de la historia, a veces me dan hasta ideas para seguir o cuando las estoy leyendo me dan más ganas de seguir escribiendo para recibir más reviews… ¡es una adicción! xD
¡Nos leemos hasta la próxima! :D
