DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. La historia pertenece a MissNeftis (ex TDeebee1)y de su servidora. Esperamos que les guste…


CAPÍTULO 3

Adrien se había levantado antes de que saliera el sol, hubiera querido decir que era a causa de aquellos dolores en su espalda que no lo dejaban dormir, pero sería un poco mentira ya que había tomado tónicos que lo ayudaban a no sentir tanto dolor. No, su espalda no era el problema de su falta de sueño, el sonido de chirridos de metales chocando entre sí, lo era.

No era raro a decir verdad escuchar esos sonidos cuando ni siquiera había salido el sol, ya los había escuchado antes, lo que si le parecía raro era el hecho que el sonido viniera de espadas, nadie en el mundo mágico las usaba, de hecho de no ser por un abuelo suyo ni siquiera hubiera sabido para qué era que se usaban.

El sonido hizo que ya no pudiera conciliar el sueño, no con los dolores que empezaban a venir y menos con el sonido del metal, por lo que se dispuso a averiguar de dónde venía aquel sonido. Los pasillos estaban casi desiertos, un alma o tal vez dos los recorrían, pero no parecían prestarle atención lo cual era bueno ya que no quería hablar con nadie más que lo justo y necesario.

El sonido lo llevo directo a una especie de jardín secreto, el cual no solo impactaba por el cuidado de las flores sino por el espectáculo que estaba en medio. De no ser por lo que había sucedido hacia unos días, le escena podía parecer algo descabellada, y ciertamente en algún punto todavía seguía siéndolo, pero ya no causaba en él el mismo efecto.

La misma chica, la que había herido algo más que su ego estaba entrenando, no era sorprendente que fuera tan buena si a aquellas horas se ponía a ejercitar, y la vista no estaba nada mal, Nik usaba un top que se ajustaba a su figura al igual que unos pantaloncillos que apenas si le cubrían.

Apoyado en una de las paredes de la entrada se quedó mirándola con los ojos entrecerrados, aún recordaba el brillo en sus ojos el cual apareció tan rápido como se esfumo, como si por un milisegundo hubiera dejado caer una máscara. Algo ocultaba, más allá de todo lo que los rodeaba, más allá del veneno con el que soltaba sus palabras, más allá de la cercanía que tenía con el nuevo Señor Oscuro, algo en ella no cuadraba, era como si estuviera interpretando un papel que no le calzaba del todo. Cruzándose de brazos, se quedó mirándola un poco más, ella sin duda era alguien completamente diferente a quien pensó que se encontraría y eso era algo que lo tenía demasiado intrigado.

Algo que le sacaba una media sonrisa era pensar que él tendría su revancha con ella, tarde o temprano la tendría, aún cuando al parecer tendría que entrenar el doble y quizás robar la idea de la pelinegra y utilizar muñecos hechizados para la práctica. Ahora viéndola desde lejos se daba cuenta cuan realmente buena era, ella con tres movimientos podría haberlo derrotado el día anterior, pero al igual que un animal aburrido ella prefería jugar primero con su comida que ir por ello, él era su comida y el espectáculo solo fue un juego. Le molesto al darse cuenta de eso, aquella niña bonita no iba a arruinar todo lo que había conseguido para llegar hasta ahí.

Los minutos pasaban y Adrien continuaba analizando cada movimiento, como giraba sus pies, como esquivaba un golpe, como devolvía el golpe con precisión, el modo en que su cuerpo giraba, el cómo sus labios formaban una línea (modo que demostraba que estaba concentrada), como su ceño se fruncía cuando rara vez fallaba, todo lo que podía obtener de ella lo guardaba, le gustase o no ella parecía ser una de las personas con las que más tendría problemas en el futuro y necesitaba estar preparado.

El aire a su lado silbo cuando fue cortado con la intensidad de una daga que quedo incrustado a milímetros de su rostro.

—El espectáculo termino, largo— Nik le había dicho eso con el acento marcado y con un gruñido en su voz lo que estúpidamente la hizo sonar demasiado sexy a su gusto, sus miradas se cruzaron y pudo percibir el odio que estos emanaban antes de que ella girara la vista de nuevo hacia sus muñecos de práctica.

—Solo unas preguntas antes de irme, me gustaría conocer a la chica que golpeó mi trasero sin siquiera sudar una gota— Adrien sabía que estaba jugando con fuego, ya se lo habían advertido, pero era demasiado obstinado como para quedarse simplemente con la boca callada — ¿De dónde eres? ¿Desde cuándo estás aquí? ¿Desde cuándo sirves a tu Amo?— cada pregunta era un paso que él daba, estaba decido a conseguir algo antes de irse, no era de los que se iban con las manos vacías.

Sus preguntas fueron contestadas con indiferencia y silencio, eso lo ofendió ya que no era de los chicos que fueran ignorados y ella no iba a ser la primera en marcar aquella diferencia.

— ¿Qué me dices de tu nombre? Porque estoy demasiado seguro que Nik ni siquiera es un nombre, un alias tal vez, pero no un nombre. — ella seguía sin contestarle.

— ¿Nada? Emmm… ¿Qué me dices de tu familia? ¿Gente importante para que pudieras presumir de la posición en la que estás?— su respuesta ya no fue solo el silencio, ella boqueo y eso lo hizo sonreír ya no solo dejo de moverse sino que a consecuencia de eso recibió un buen golpe del muñeco que la dejo tirada en el suelo con la respiración entrecortada.

—Mira nada más, parece que hemos tocado una fibra sensible. Dime que fue muñeca ¿problemas con mami y papi?— comentó mientras se acercaba poniéndose de cuclillas a su lado.

La secuencia fue rápido, fue jalado del brazo y un segundo después era él quién estaba tendido en el suelo, gimiendo de dolor de espalda por el golpe, con la pelinegra encima suyo con una daga, igual a la que se incrusto en la pared, ahora apretando la piel de su cuello.

—El hecho que quieras hablarme o simplemente que pienses que puedes hacerlo me molesta, así que hazme el favor de cerrar esa boca tuya antes de que corte tu cuello y nos ahorremos el favor de nunca más escucharte hablar.

Las palabras de ella salieron en un tono muy bajo y peligroso inclusive cuando ella no había siquiera levantado la voz. Él sonrió de lado, retándola y con un solo movimiento la giró quedando así encima de ella.

— ¿Tienes miedo de algo muñeca? ¿Hay algo que no quieras que nos enteremos?

Adrien vuelve a sonreír con descaro agarrando sus brazos encima de su cabeza, ella le sonríe también, con esa sonrisa que oculta miles de cosas o tal vez una sola. Tarde se dio cuenta cuando ella levanto la rodilla golpeándolo justo en la zona baja, el dolor no era tanto ya que no le pego con tanta fuerza pero aun así hizo que la soltara y se tirara aun lado cerrando los ojos y maldiciendo en silencio. Ella aprovechó eso para tomar su barbilla y hacer que le prestará atención.

—Vamos a aclarar un par de cosas. Tú no estás llamándome muñeca ni ningún otro adjetivo que se te ocurra, de hecho tú no estás llamándome en lo absoluto. Si crees que sacaste algo de mí con tu estúpido interrogatorio, estas equivocado porque desde ya te digo que las cosas que no te di no significan nada. No sé quién crees que eres, o que te hizo pensar que puedes siquiera mirarme, hablarme, o respirar cerca de mí, eres un simple insecto bajo mis tacones, eres solo una simple hormiga que hace lo que se le ordena y nada más, porque sabes que el día que hagas lo que se cruza en tu cabeza es el día que dejas de existir. Recuérdalo y mantente al margen porque créeme que si esto vuelve a pasar y tengo que arrepentirme de la decisión de hacer que te quedes, tu sangre será la que pinte las flores que hay en este jardín. —

La voz de Nik salió completamente plana y sin emoción, hizo que al rubio se le helara la sangre al verla a esos ojos celestes como el mismo hielo, ella se levantó no sin antes clavar la daga al piso cortando del borde de su oreja con el filo. La pelinegra ni siquiera se tomó su tiempo en guardar su equipo de entrenamiento, lo único que hizo fue buscar su varita de una mesa que estaba allí cerca, susurrar unas palabras en dirección al muñeco que perdió la vida apenas bajo la varita.

Nik solo había dejado tirado en el piso a Adrien quien ahora estaba con una sonrisa y con un estado decisivo.

—Ocultar cosas hace mal al alma. Yo me asegurare que tengas un alma tranquila—

Nik solo se detuvo a medio camino, y sin voltear hablo claro para que él la escuchará.

—Supongo que en ese caso, este jardín se verá mejor de Rojo Carmesí—

Dicho esto, solo desapareció por el umbral en una nube negra.


¡Gracias por leer!

Esperamos que les esté gustando la historia, déjanoslo saber

Besos