N: Hola! estoy de vuelta! Dios, por fín, escribir esto me tomó más tiempo del que debería, pero entre las tareas y la falta de ideas, además de la falta de office, pude escribir este capítulo.

Ojalá les agrade, sus opiniones me motivarían mucho.

Mathías no se dio cuenta de lo que le esperaba esa tarde al llegar al trabajo.

No se dio cuenta de la llegada de Sigurd en la fatal madrugada. Cuando despertó Gilbert ya se había ido, y con él toda idea de la causa de la huida.

Eran las 6:40 cuando Mathías departamento, y él ya había notado algo extraño en el tono del "buenas tardes" del viejo Aldrich que barría la primera fila de escaleras en la entrada de la edificación.

Algo ya le decía que su día había estado demasiado tranquilo, que a pesar de su limpieza de conciencia con respecto a los actos de lo que llevaba la semana, había algo que no cuadraba. Sea tal vez porque no escuchó el rumor de la alarma del celular de su novio del lado de su buró, que a pesar de estar acostumbrado a ignorar, un recuerdo quedaba siempre en el inconsciente, que sabe molestarnos cuando algo va mal.

Sus dudas de aclararon cuando llegó al departamento y solo Munin lo recibió en la entrada. Que ninguna prenda de Sigurd colgaba del perchero, y mucho menos del closet en el cuarto, ni zapatos había en el piso del mismo, ni prendas del noruego en las cajoneras, ni su desodorante, ni su perfume o su cepillo de dientes. Se había llevado lo esencial para sobrevivir. También su computadora y hasta fue lo suficientemente meticuloso para llevarse el plato y los juguetes que le correspondían a Hugin.

La primera semana hubo negación. No, que no se ha ido. Que va a regresar. A lo mejor le salió un viaje de negocios. A lo mejor su padre enfermó. Tal vez regrese la próxima semana. Se le habrá acabado el saldo, se quedó sin internet. Y estas excusas de todas formas alternadas con largas y frustrantes sesiones de búsqueda, de preguntar aquí y allá, de ir a su trabajo y a la universidad: El alumno no había dejado de asistir, y en el trabajo no tenía faltas tampoco. Solo que había cambiado sus horarios.

Segunda semana hubo ira total durante el día, y por las noches, tristezas infinitas ahogadas con alcohol. Después de las largas borracheras hubo resacas que solo empeoraban el temperamento del danés. Seguía buscando, pero al preguntar, se daba cuenta de que muchos amigos, en especial los conocidos por parte de Sigurd, le mentían cuando le decían que no sabían donde estaba, o aún peor, ni mentían, le decían que no le dirían, y luego le miraban con desdén. Esto terminó por destrozarlo: Su novio se había ido, y no le quería ver.

Sus amigos le decían que se diera por vencido ya, que Sigurd le había abandonado y no le quería ver y que era hora de seguir adelante. Sus amigos que si contaban con un corazón y no un pedazo de carbón en el pecho, le decían que solo le diera tiempo, que tal vez recapacitaría y que cuando menos se lo esperara le volvería a llamar.

Miércoles 26 de Junio de 2013

La estadía en el departamento se había hecho insoportable. Últimamente prefería quedarse en casa de Francis o de Antonio antes que estar ahí, pero en casas ajenas no le aguantaban mucho tiempo, pues su temperamento también se estaba volviendo insoportable. No podía seguir así.

No podía con el aroma de Sigurd en la almohada y las cobijas, no podía con el recuerdo de las noches de sobras del día anterior y de observar el cielo de estrellas atenuadas en el balcón.

No podía, Dios, no podía con esa cama y los secretos que guardaba, ni con el sofá y las confesiones que había atestiguado, ni con un solo mueble de esa casa. Ni con los recuerdos de conversaciones en el desayunador, o con las comidas hechas entre los dos en la cocina. No soportaba el olor del café recién hecho, no soportaba el sonido del teclear en una computadora o el olor a libros nuevos, ni mucho menos el cerrar los ojos y ver su rostro, sus sonrisas discretas, sus risas tímidas, sus enojos, sus sarcasmos, sus jugueteos, sus pequeños berrinches matutinos, sus sonrojos, sus besos, sus ruegos, sus gemidos…

Mathías extrañaba a Sigurd y no podía con su propia existencia. Por supuesto que terminar con esta del todo no sería una opción, así que esfumar su presencia de aquel departamento era lo mejor.

Puso todos los muebles a la venta y consiguió un lugar pequeño donde vivir, con tal de no regresar con su madre en un ataque de orgullo veinteañero. Ese miércoles, mientras se ocupaba de su cuarto, la última habitación que quería limpiar antes de irse, golpeó con la escoba debajo de la cama, un objeto sólido. Frunció el ceño y suspiró. Se recostó boca abajo en el piso para tener un mejor panorama del obstáculo, y lo que encontró fue una caja rectangular envuelta en papel rojo con un moño blanco.

Dudó, pero no podía dejar semejante caja tan grande y tan bonita debajo de la cama que terminaría por regalar a los siguientes habitantes de la casa.

En la nota decía "Feliz cumpleaños. De Sigurd para Mathías." El danés acuclillado junto a la caja recién sacada del escondite sintió el primer nudo en su pecho, que había tratado de evitar al ponerse a trabajar arduamente en la labor de la limpieza. Debajo de la envoltura que rompió con cuidado y lentamente, como si no quisiera, se hallaba la caja de un telescopio, para su sorpresa, con una nota pegada:

[ 5 de Junio de 2013

Mathías:

Para mí el mundo era un lugar sin rumbo, un camino sin destino aparente, uno muy largo y difícil, lidiando con la conciencia de mi insignificancia existencial frente al universo.

Desde que te conozco, sigue siendo así, pero desde la primera vez que tomaste mi mano me di cuenta de que este camino, largo y difícil, quería recorrerlo contigo, y que el peso de nuestra insignificancia frente al universo que parece que va a comernos, quería lidiarlo a tu lado.

Nunca quiero que dejes de mirar el vacío, oscuro y voraz, y en él encontrar las estrellas mas brillantes.

Por favor nunca retires de tus ojos los astros.

Te amo.

P.D: Seguramente no estaré ya en casa cuando despiertes. Te llamaré después de la escuela, pedí un día en el trabajo, tú haz el plan. ]

Los sollozos apagados de un joven con el corazón hecho polvo se ahogaban en una recámara vacía, que alguna vez fue santuario de conversaciones a media noche, de secretos tontos, de desnudez de ideas, de alabanzas mutuas y de reglas no habladas.

Mañana del Lunes primero de Julio de 2013.

"Mathías" Las sílabas se hunden bajo la piel húmeda, suave. Se mezclan con su aroma. El vaivén, los besos, el calor. "¡Ah!" El placer desenfrenado conducido por el instinto en su bajo abdomen, donde se formaba un nudo que se iba a romper en cualquier momento, "Mathías..." El nombre prohibido por la conciencia, el subconsciente rebelde y delator lo grita a los cuatro vientos sin miedo alguno.

Pero el nudo en el bajo abdomen se desvanece en vez de reventar en mil sensaciones, y Sigurd descubre que son las seis de la mañana, que estaba soñando y que está solo en la cama individual, en el quinto piso de un edificio, en un departamento en el centro de la ciudad que comparte con Arthur y Vlad.

Se talla el rostro y los ojos, tratando de recuperar la lucidez, y se encuentra con el techo iluminado de la luz azul claro de la mañana aún muy joven.

Con el recuerdo de Mathías, el recuerdo prohibido de Sigurd que es demasiado estricto consigo mismo cuando se trata de utilización correcta del pensamiento práctico, el noruego se da un par de bofetadas mentales. Pero ya lo sabemos, el subconsciente es rebelde, y de inmediato le trae a la mente la voz del danés al oído, un nudo en la garganta y humedad en los ojos.

Sigurd se quedó en cama 10 minutos mas, mirando el techo, antes de que la alarma de verdad sonara y le obligara a poner "en orden" la cabeza para empezar con la rutina semanal.

Domingo 2 de Agosto de 2015 (9:45 am)

"Sábanas almidonadas, velas aromáticas, desodorante para hombre. Oh dios no quiero abrir los ojos."

Pero Sigurd no reconocía ningún aroma familiar. De hecho las primeras percepciones de su entorno le fueron tan ajenas que casi fue desagradable (casi fue desilusionante ). Pero no era la primera vez que esto le pasaba, y para este punto lo que más deseaba era encontrar mínimo un condón usado en alguna parte y todo su dinero en su cartera. Así que se aventuró a abrir los ojos lentamente, y la luz intensa de la mañana tardía entró por su retina y sintió como si alguien le clavara dos agujas hasta lóbulo occipital.

" Okay, abrir , los ojos no es una opción todavía. " Se giró sobre su costado y se cubrió la cabeza con la sábana, y los abrió de nuevo. "¿Solo en la cama? Sí. ¿Estás vestido? Si, estás vestido, muchas gracias. ¿Cremallera cerrada? Sí. Empezamos bien la mañana. ¿Dónde estamos? ¿Dónde mierda estamos?."

Meow.

"¿Gato?"

Meow. Entonces sintió el peso de cuatro patas caminar cerca de él, restregándose ensu trasero, luego contra su espalda. De inmediato sintió como el animal se escurría por debajo de la sábana, pasaba por encima de su costado y le miraba frente a frente. De pelaje negro y grandes ojos familiares y confianzudos

"Tú no eres Hugin..."

Sigurd acarició la cabecita y el puente de la nariz del animal con un dedo.

"Hola, Munin..."

Cuando Sigurd se levantó y salió al pasillo, notó el aroma a limpiador para piso de lavanda, y no había señal de polvo en un solo rincón. El lugar, que resultó ser un departamento al cruzar el pasillo y notar que por una ventana se veían una serie de ventanas de un edificio gemelo, a pesar de la impecabilidad, estaba ligeramente oscurecido, precisamente porque toda la luz solar la tapaba el otro inmueble, y poca luz blanca que entraba solo iluminaba las moléculas de polvo que se le cruzaban y luego moría antes de llegar a la alfombra azul marino en la sala.

Lo único que daba calidez a la habitación era el cuadro de girasoles amarillos que colgaba en una pared frente a la de la ventana.

Aún no había señal de vida, hasta que en la cocina se escuchó el chocar de una pala en el metal de una sartén. Se acercó y se asomó tímidamente por el marco de la puerta. Dándole la espalda estaba un hombre de complexión pequeña y delgada. El cabello largo estaba atado en una coleta y cubierto por un paño blanco. Vestía un par de pantalones deportivos y una camiseta negra demasiado grande para su talla, elemento que lo hacía ver mas pequeño aún. Probablemente Sigurd le sacaba unos siete centímetros de estatura, y él tampoco era particularmente alto.

El hombre se giró y miró a Sigurd con desconcierto unos segundos, como si hubiera olvidado su prescencia en la casa. Luego, cuando se encendió su memoria de nuevo, le dió los buenos días.

"¡Buenos días!" Sonrió Yao limpiando sus manos húmedas con un paño, para saludarlo mas formalmente. Sigurd carraspeó como si necesitara recuperar la voz ante la extrañeza de la situación. La idea de haber dormido con él no le parecía del todo extraña aún. No sabía si disculparse por no recordar nada o simplemente darle las gracias por la noche y desaparecer durante meses, como ya lo había tenido que hacer antes.

"Buenos días..." Sigurd parecía algo patético. Se veía tan desconcertado y estaba tan despeinado simplemente hecho un desastre por la resaca que Yao tuvo la necesidad de explicarle la situación.

"Mi nombre es Yao. Ivan te trajo a la casa anoche, no te preocupes, nosotros también nos acabamos de levantar." Rió.

El acento de Yao era muy marcado, se notaba que no tenía mucho tiempo aquí. Se veía joven y delicado, pero su apretón de manos era firme, era como saludar a un hombre de complexión grande, como Ivan.

"Ah… soy Sigurd… ¿entonces eres el nuevo roomie de Ivan?"

"¡No tan nuevo! Llegué a vivir aquí hace seis meses. Llegué de Beijing sin nada en los bolsillos e Ivan me ofreció el lugar un mes sin renta hasta que conseguí empleo." Yao continuó con sus labores en la cocina. Parecía atareado, y la verdad es que todo olía delicioso. "¿Te quedas a desayunar? Él fue a la tienda de conveniencia por cigarros, y Feliks y Toris también vendrán."

Sigurd le ofreció ayuda al oriental, pero este le dijo que estaba casi listo, que esperara en el desayunador. Ivan llegó y le saludó con una sonrisa. Dejó la bolsa de la tienda en medio de la mesa del desayunador.

"¿Cómo va la resaca?" Le preguntó al noruego mientras se sentaba frente a él.

"Ah… he tenido peores..." Sigurd le devolvió la sonrisa, que solo eso se le ocurría hacer. "Gracias por traerme… perdón por la molestia..."

"No ha sido molestia. Fue una situación extraña que solo podía terminar así." Rió Iván levemente. Entonces Sigurd se retractó de intentar recordar los eventos de anoche, y se concentró mejor en el florero que se encontraba en una mesita cerca de la entrada.

Entonces la puerta que estaba emparejada se abrió por completo y entraron Feliks y Toris. Feliks parecía venir mas bien de mala gana, pues entró detrás de Toris con cara de pocos amigos. Esto cambió después de ver a Sigurd.

"¡Ah! ¡Ahí estás!" Feliks se acercó y se sentó a su lado, como quien va por su casa. Ivan estaba acostumbrado a estas visitas, de todas formas ellos dos vivían del otro lado del pasillo y las invitaciones no eran raras.

"¿Sí?" Sigurd solo alzó una ceja. Toris le miró algo condescendiente.

"¿Qué tal la resaca?" Le preguntó.

El hecho de que todos predijeran que tendría resaca le preocupó aún mas.

Munin se paseó ronroneante entre sus tobillos y Sigurd evadió la pregunta con otra pregunta.

"¿Qué hace Munin aquí?" Lo cargó entre sus brazos y lo mimó un poco.

"¡Entonces le recuerdas! " Exclamó Feliks.

"Mathías a veces nos lo encarga. El pequeño va de un departamento a otro y los cuatro cuidamos de él." Sonrió Iván.

Oh…

Sigurd evadió de nuevo, preguntar lo obvio: "¿Qué está haciendo Mathías estos días?" pero, le preocupaba no preguntar, porque eso no implicaría desinterés, sino que implicaba que le interesaba, pero quería evadir preguntar, para así fingir desinterés, pero entonces si preguntaba en este punto, parecería que preguntaba para no mostrar interés en fingir desinterés, porque finalmente eso implicaría interés. Y finalmente ¿por qué le preocupada fingir desinterés? ¿Es que le interesaba?

"Y… ¿Qué…?"

Antes de siquiera formular la pregunta, Yao llegó y comenzó a servir. Era una especie de guisado de verduras con carne y arroz dulce. También empanaditas rellenas de curri, porque todo lo que le sobraba lo ponía en empanaditas, esa clase de costumbres que tienen las abuelas.

Todos comieron en silencio. De vez en cuando solo mencionaban el clima. El frío que hacía en ese departamento, lo mimado y gordo que estaba Munin, lo mimado que estaba Feliks, lo suave que era el cabello de Yao, cumplido de parte de Ivan, lo mucho que le costó a Ivan ese cuadro de girasoles en la sala y lo barato que pudo haberlo conseguido Yao…

"¿Y dónde conseguiste el cuadro?" Le preguntó Sigurd al ruso.

"Me lo vendió Lars."

"Ah! Entonces está vendiendo arte estos días… " Comentó Toris.

"Sabes que siempre vende lo que puede. Vendería a sus hermanos si no les quisiera tanto."Dijo Feliks.

"Oh… entonces sigue con eso..." Sigurd trató de suprimir su recuerdo detonante antes de beberse dos botellas de vodka y media junto a Feliks.

"Oh si, Emma siempre me está diciendo que simplemente no puede sentar cabeza." Mientras el polaco hablaba, miraba a Sigurd con atención discreta. Claro que trataba de calmar sus ideas, y también era obvio que hizo una investigación a fondo, que probablemente incluía simplemente llamar a Mathías y preguntar si iba en serio con él, porque así era Feliks.

"Oh, vaya… " Sigurd asintió y concentró la mirada en su plato, haciéndose el desentendido.

Y el tema se desvió de nuevo al precio del cuadro, y a lo menospreciada que estaba la actividad artística estos días, y acerca del siguiente mural de Toris, y luego sobre artesanías y cerámica, y así hasta el café y cuando dio la una de la tarde, Sigurd decidió que era oportuno ayudar con la loza a pesar de las objeciones de Yao, agradecer y retirarse.

N: Pues bueno, se terminó la tragedia 2011-2013, y las cosas se van a poner buenas a partir del siguiente capítulo ;)

¡Hasta pronto!