- ¡Tengan mucho cuidado al agregar los ojos de sapo triturados a la poción, chicos!- dijo jovialmente la voz del profesor Horace Slughorn, maestro de Pociones y jefe de la casa Slytherin. Habían pasado muchos años ya desde la segunda caída de lord Voldemort, 27 años para ser más exactos, y a pesar de que al año siguiente se especulaba con el retiro del anciano, éste no se había ido. Por el contrario, había seguido dando clases. Estaba embozado en una túnica de terciopelo verde con bordes de oro. El tupido bigote de morsa, color ya blanco por las canas le cubría casi completamente el labio superior y parecía todavía más gordo que hace años, era como si cada año engordase un par de kilos, y a pesar de las innumerables arrugas en su rostro, seguía mostrándose jovial como siempre y se movía rápidamente, para un hombre de su edad y grosor, entre los pupitres. - ¡No queremos que ningún caldero estalle de pronto por no saber mesurar la cantidad! Recuerden que poción estamos preparando ¡La Poción Explosiva!

Fue precisamente en ese instante que se oyó un fuerte estallido, la clase en general buscó la fuente del ruido y encontró a Frank Longbottom de Gryffindor, uno de los hijos del profesor de Botánica Neville completamente negro por el hollín desprendido en la explosión de su caldero. Hubo risas generales de la clase y el profesor hizo una mueca de desaprobación acercándose al joven y diciéndole en tono algo preocupado:

- Oh, señor Longbottom... ¡Dije que no se excedieran con los ojos de sapo! Al menos no está herido, pero fue peligroso... Por favor vaya a la enfermería, muchacho.

Con las mejillas completamente sonrosadas el adolescente obedeció y abandonó el aula.

Luego de ese pequeño respiro, la clase siguió trabajando en el brebaje. En una de las aulas más cercanas al escritorio del profesor se encontraba Christofer Malfoy vertiendo el pequeño polvillo amarillento que eran los ojos de sapo triturados sobre un brebaje de contextura acuosa y color amarronado. Cuando empezó a recibir el polvo, la coloración comenzó a cambiar a un color anaranjado intenso.

Sin embargo, la mente de Chris no estaba con la Poción Explosiva, sino muy lejos de allí, en la reunión que había tenido con los Mortífagos... ¿Por qué demonios Fryda tuvo que ofrecerse a acompañarlo? ¿Por qué? El Señor Tenebroso nunca había requerido su presencia, tan solo la de un único voluntario... Pero no, Fryda había tenido que meterse en la misión y pedir permiso al Señor para ello...

De pronto un sonido devolvió al joven Malfoy a la realidad... Su poción había comenzado a silbar de manera amenazante, abrió los ojos con cierta sorpresa y notó que había puesto más ojos de sapo que lo necesario, se apresuró a corregir el error equilibrando la mezcla con unos colmillos de serpiente y revolvió un poco con el cucharón. El silbido se calmó un poco y Chris suspiró aliviado.

Justo detrás de él estaba el profesor Slughorn que le puso una mano en el hombro mientras lo observaba:

- Vaya, joven Malfoy, me sorprende de usted... ¡Se ve que anda distraído hoy! ¿Acaso tienes mal de amores, muchacho?

Christofer enrojeció un poco y fijó su mirada en el líquido en su caldero que había adoptado una coloración intensamente roja, como las mejillas de él.

El profesor le palmeó levemente la espalda de manera optimista para decirle:

- Ah, no te preocupes chico, no te preocupes, yo también fui joven alguna vez... Además, es cierto, es cierto. Casi se te va la mano con los ojos de sapo pero pudiste remediar el error pronto y eso es lo importante. Sigue así, Christofer, sigue así...

Volvió a darle unas suaves palmaditas en la espalda y siguió caminando por el aula, examinando a los demás alumnos. Una vez el anciano se hubo alejado, el joven rubio buscó con la mirada por el salón a Fryda. La encontró cerca de la puerta del aula. También parecía en otro mundo... En un mundo que tenía bastante que ver con él precisamente. Si bien de vez en cuando vigilaba que su poción no se saliese de control, tenía un codo apoyado en el pupitre y con una de sus manos se sostenía la cabeza... Y lo estaba mirando a él, a Christofer. Cuando notó que su amigo le devolvía la mirada, Malfoy pareció notar que ella enrojecía un poco y volvía toda su atención a su caldero.

¿Que pasaba en esos momentos por la cabeza de Fryda Parkinson cuando lo estaba mirando disimuladamente? Primero y principal cierta sensación de opresión por las palabras que había dicho el Señor Tenebroso para Chris que toda la responsabilidad si algo salía mal, la cargaría él como líder de la misión. Cuando escuchó eso Fryda sintió como que se le encogía el corazón de pena... ¡No podía permitir que nada saliese mal! ¡No quería que Christofer terminase cargando con sus culpas y las de Kevin! ¿Por qué se había postulado como voluntaria para la misión? Muy sencillo... Porque quería estar con él, quería ir a la misión con él, quería cuidarlo, asegurarse de que nada le pasara. Su propio destino poco y nada le importaba... En cambio el destino de él, eso era muy diferente. En cierta manera le dolió decepcionar las expectativas de su madre que, aparentemente tenía la esperanza de que no se ofreciera, pero no pudo evitarlo, fue un impulso, un impulso del cual no se arrepiente ni se arrepentirá para nada.

La clase siguió su curso con algunos otros estallidos de caldero de parte de unos cuantos alumnos que tenían pocas luces y luego Slughorn pasó a la evaluación de los trabajos. A Fryda no le sorprendió para nada cuando la poción de Christofer ("mi Malfoy" pensó con cierta posesividad) fue declarada la mejor de entre aquellas que había en los calderos. Tan listo era... Tan perfecto era... No pudo contener un suave suspiro que salió de entre sus labios. Y fiel a su costumbre de premiar a los ganadores, el profesor le hizo entrega al joven de una pequeña ampolla de cristal con una poción acuosa de color turquesa intenso. Aparentemente y por lo que Fryda había podido oir se trataba de una poción de Crecimiento Temporal. Haría que su cuerpo tomase la forma que tomaría en un futuro, en cinco años, más o menos, durante 48 horas si se la bebía entera y si bebía de a sorbos cortos durante 6 horas, habiendo ocho sorbos en la ampolla.

Cuando el profesor decretó que la clase había terminado, la muchacha Parkinson fue la primera en incorporarse y salir del salón... Se moría de ganas de ir con Christofer y felicitarlo, pero no se sentía con el valor suficiente como para encontrarse cara a cara con él luego de lo sucedido en la reunión. Durante esos tres días posteriores a la junta de Mortífagos lo estuvo evitando lo que pudo... Temía lo que pudiera decirle con referencia a su decisión de acompañarlo en la misión.

En el momento que salía a los corredores de piedra de las mazmorras notó que, por el lado opuesto venía una joven de cabellos rubios largos y dos grandes ojos verdes, vestía la túnica negra con bordes azules, típica de Ravenclaw y la insignia de prefecta de la casa le lucía en el pecho. Fryda no pudo contener un gruñido suave... Lyssander Scamander: sangre pura, hija de Luna Lovegood y Rolf Scamander, iba a un curso menos que ella y todos sabían que era la actual novia de Christofer. Cualquier buen pensamiento que haya podido tener sobre su amigo se desvaneció apenas ver a la rubia y fue reemplazado por un odio tal contra ella que, seguro si no fuese un afecto muy cercano de su mejor amigo, le hubiera lanzado una maldición Cruciatus ahí mismo.

Pero negó con la cabeza y sencillamente giró en la próxima esquina, perdiéndola de la vista. Iba a seguir avanzando pero por alguna razón no pudo hacerlo y se detuvo en seco. Se mordió el labio inferior con fuerza "Resiste el impulso, Fryda, resístelo..." pero no lo logró y asomó disimuladamente la cabeza por la esquina, volviendo su mirada a la salida del aula de Pociones.

Ahí entre la marea de estudiantes que salían vio salir a sus amigos, Kevin y Christofer y en ese momento fue cuando hicieron contacto visual con la novia del segundo y ella se acercó.

Un dolor fuerte le atravesó el pecho, como si una mano le estrujase el corazón cuando vio que ¡la muy zorra de Lyssander estaba besando a Chris! ¡Lo besaba! Fryda frunció los labios en desaprobación y entonces notó la mirada que Kevin echaba a la pareja, era una extraña mezcla de celos y resignación. Fryda conocía lo suficientemente bien a Nott como para darse cuenta que él tenía ganas de estar en el lugar de Christofer, tanto como ella misma tenía ganas de estar en el lugar de Lyssander en ese momento. Negó con la cabeza, ya había visto suficiente... Se preguntaba a si misma porque tenía que torturarse de esa manera... En realidad estaba algo triste, sentía que claramente Christofer prefería a Lyssander antes que a ella. Un intenso desasosiego la invadió. Contuvo las ganas de arrojar unas lágrimas y se dirigió lo más rápido que pudo a la sala común de Slytherin.

Cuando se encontraba ante la pared de piedra que daba acceso al lugar, se abrió antes de que dijera la contraseña y vio salir de entre ella a Scorpius. Rodó los ojos, el hijo varón menor de los Malfoy nunca le había caído demasiado bien que digamos y su actitud de cobarde en la reunión sencillamente la había sacado aún más de quicio.

- Vaya Fryda, tienes más cara de perro que de costumbre... ¿Qué pasa? ¿Tus siete citas del día suspendieron sus turnos?- preguntó el muchacho con desdén.

- No estoy para aguantarte hoy, Scorpius, así que hazte a un lado y déjame entrar.- musitó hastiada la castaña.

- Oh no no... ¡Quiero adivinar! Déjame ver, déjame ver... ¡Ya sé! Mi hermanito no te rindió en la cama, ¿es eso?

Fryda llevó con rapidez la mano a su varita y apuntó al otro Malfoy que también reaccionó rápido, sacando la suya propia.

- Que seas el hermano de Christofer no te da derecho a tratarme como si fuese una puta, Scorpius, porque no lo soy... ¿Quieres que te diga la verdad sobre la "cama" de tu hermano? Porque si te la digo seguramente te pones verde de envidia.

Scorpius frunció el ceño y ella esbozó una sonrisa mordaz de costado para decirle:

- Seguro a ti ni se te pone dura... No sabes lo que es tu hermano, apuesto que no le llegas ni a los talones...

- Cuando quieras te lo hago comprobar. - gruñó el joven a lo que Fryda respondió con una carcajada llena de sarcasmo para decir:

- ¡Scorpius, por favor! No compartiría cama contigo ni en diez mil vidas con todas sus reencarnaciones. Te comportaste de una manera sencillamente patética en la reunión ¡Cobarde! ¿De verdad crees que yo iría a estar en la cama con alguien como tú? No, señor... Tengo mi dignidad. Además de que te lías con una tonta sangre mestiza... ¿Crees que no sé lo de la tal Rose Weasley y tú?

El joven tragó saliva y lentamente comenzó a bajar su guardia.

- ¿Cómo es que sabes de Rose...?

- Lo sé... Simplemente lo sé... Pero tranquilo, Scorpius, yo no pienso decirle nada a nadie porque no es mi asunto. Sin embargo quiero que te quede muy claro que pronto tendrás que elegir entre la tonta mestiza o la causa de tu familia y la pureza de sangre... No soy tu amiga ni deseo serlo, pero como mujer y sangre pura te lo aconsejo: elige bien, no creo que los Weasley/Granger sean una familia que el Señor Tenebroso vea con buenos ojos.

En ese momento Scorpius se hizo a un lado y Fryda pasó a la sala común mientras él salía, algo golpeado por lo que la amiga de su hermano había dicho porque, sin duda y aunque no lo quisiese admitir, ella tenía razón.

Christofer había pasado buena parte del día con Lyssander, sin embargo su cabeza continuamente iba hacia Fryda... Fryda y la misión... Fryda y el hecho de haberse ofrecido como voluntaria para acompañarlo. No podía soportarlo más sin hablar de ese tema con ella, por lo que en un momento, luego de pasar varias horas con la Ravenclaw en Hogsmeade se despidió de ella y fue rumbo al castillo.

Si sabía donde se podía encontrar su mejor amiga sin duda sería en la sala común... Durante todos esos días lo había estado evitando y él sabía que ella no era tonta, si lo había estado haciendo habría sido por alguna razón en particular y se imaginaba cual era esa razón.

Cuando llegó a la sala la encontró prácticamente desierta, la mayoría de los otros Slytherin estaban o en clases (caso de los menores cursos) o disfrutando de los Terrenos o del pueblo de Hogsmeade. En ese momento fue cuando se preguntó si Fryda en verdad estaría allí.

Se sentó en uno de los amplios sofás forrados de terciopelo verde. Al momento oyó un ligero maullido. Buscó la fuente del ruido y allí encontró a su hermoso gato blanco: Anton. El animal se acercó a su amo y saltó hacia su regazo buscando sus cariños, le acarició levemente la cabeza y le dio un suave beso en la frente. El felino ronroneó contento y se estiró un poco entre las piernas de él. Christofer sonrió de costado rascándole la cabeza:

- Anton, ¿sabes donde está Fryda, la has visto? Necesito verla...

Cualquiera diría que estaba loco hablándole a un gato, sin embargo siempre había compartido cierta conexión especial con Anton. Christofer tenía un tacto particular y especial cuando se trataba de animales ya sean comunes o criaturas mágicas.

Ante la pregunta de su amo, Anton miró a un costado, hacia el pequeño pasillo que conducía la habitación de las chicas. Chris comprendía, él no podía enfilar hacia ese pasillo sin embargo... Miró al felino y este pareció comprender la mirada al instante, se bajó de su regazo y caminó hasta el pasilló con las puertas de las habitaciones de las chicas de distintos cursos, comenzó a rasgar una de ellas con insistencia, procurando que sus garras hicieran ruido contra la madera.

Ante tales rasguños abrieron la puerta y Fryda se asomó al pasillo, Anton maulló y luego miró a su amo sentado, la chica dirigió la mirada a donde estaba Christofer y pareció debatirse entre si saludarlo e ir hacia él o volverse a encerrar en el cuarto, pero optó por la primera opción. Lo saludó con la mano y se dirigió donde estaba el joven.

- Hola Chris. - le dijo con tranquilidad, pero el muchacho rubio notó que ella tenía los ojos algo enrojecidos, como si hubiese estado llorando.

- ¿Por qué me has estado evitando, Fryda?- inquirió el chico.

- Porque estas muy ocupado, Chris... Tienes los deberes, tus obligaciones de prefecto, el planear la misión, tu...- la voz le tembló un poco en este punto pero se sobrepuso: - novia, no quiero molestarte.

- Fryda, puedes engañar a cualquiera pero no a mí... ¿Por qué me evitas? ¿Temes acaso que te diga algo sobre tu decisión de acompañarme a la misión?

La castaña no respondió... Así que era eso... Y no estaba muy alejada de la verdad sin duda, ya que Chris le dijo:

- No puedo ocultártelo, Fry... No me gusta que hayas decidido eso ¡Yo debería ir sólo a esa misión!

Ella negó con la cabeza:

- Estás loco si piensas que te dejaría hacer algo así...

- Tu también estás loca si pensabas que me tomaría a bien que fueras ¿Y qué si te pasa algo?

- Si me pasa algo no me arrepentiré porque, después de todo, habré servido con lealtad a la causa.

Christofer suspiró:

- Esto no es lealtad a la causa, Fry... ¿No pensaste en tu madre acaso?

- ¿Pensaste tú en la tuya cuando te ofreciste?

- Mi madre no estaba allí, Fryda... Además mis padres no se interesan por mí como se interesan por Scorpius. Para mi padre lo trágico hubiese sido que mi hermano se hubiese ofrecido, no yo.

- Pues tu hermano adoptó una actitud bastante cobarde, Christofer... ¿Acaso eso es lo que enorgullece a tus padres? Yo solo lo hice para enorgullecer a la mía - mintió la chica.

- Tu madre no se veía muy orgullosa, se veía preocupada, terriblemente preocupada... ¡Y a mí también me preocupa, Fryda!

En ese momento la joven sintió que el corazón le daba un vuelco y preguntó:

- ¿Por qué te preocupa?

Christofer no sabía que responder... Obviamente le preocupaba porque era su mejor amiga y no quería perderla, pero había algo mucho más allá de eso... Muchísimo más allá... Algo que estaba enquistado en lo más profundo de su corazón y de su alma. Pero no podía decírselo... No se sentía con el valor suficiente para hacerlo ¿Irónico no? Él, que le sostuvo la mirada al mismísimo Señor Tenebroso, flaqueaba y dudaba ante la mujer que conocía desde que tenían nada más que cuatro años. Decidió por mentir también, aunque se odiaba por hacerlo:

- Simplemente porque eres mi mejor amiga...- a continuación dijo algo que si era verdad y lo hizo con toda la sinceridad del mundo: - No quiero perderte, Fryda.

A la chica le tembló el labio levemente... Era evidente que esperaba que su amigo dijese algo más, pero luego negó con la cabeza y suspiró levemente para decir:

- Tú mismo lo has dicho Christofer, soy tu mejor amiga ¿verdad? Y Kevin es tu mejor amigo también... ¿Qué hacen los mejores amigos en casos como éste? Están unidos. Me uní a la misión para apoyarte, Chris. No estarás solo... ¡Y no! ¡Mi decisión es final y no la cambiaré! Además ya es tarde para hacerlo, hicimos un compromiso con lord Voldemort no con cualquier persona... Y los compromisos con él hay que cumplirlos aunque sea lo último que se haga.

En eso ella también tenía razón, sin duda. Habían acordado cumplir la tarea para el Señor Tenebroso y ya no podían echarse atrás, al menos no si querían seguir vivos.

- Deberías haber pensado en Lyssander antes de ofrecerte, Chris.- dijo la chica suspirando con melancolía - Tú al menos tienes a alguien...

En ese momento la miró a los ojos... ¿Fryda habría conseguido novio? El solo hecho de que eso le pasase por la mente lo hizo gruñir un poco. Pero luego forzó una sonrisa para preguntar:

- Pero... seguro tú tienes algún pretendiente merodeando ¿no?

La castaña negó con la cabeza y respondió de manera casi automática:

- No Christofer. Solo tengo uno en mira pero ya está "ocupado" y lo aprecio demasiado como para obligarlo a hacer algo que no quiera.

Dicho esto y sin darle más tiempo a nada al joven rubio, ella se incorporó del sillón y se marchó hacia su habitación nuevamente, cerrando la puerta casi de un portazo.