JUNTO A TI.

CAPÍTULO 4.


— ¿Y bien, has pensado en mi propuesta?

—Sí.

Lacónico como siempre mi amo ya tenía una respuesta y yo no podía respirar, parecía como si mi cuerpo se hubiera olvidado de cómo hacerlo. ¿Me salvaría a costa de su felicidad? O por el contrario, ¿yo nada significaba para él y me dejaría morir?

Las respuestas a estas preguntas estaban por ser descubiertas.


— ¡Sesshomaru, espera!

Era la voz de Inuyasha, pero ¿qué hacía él aquí? ¿cómo encontró el palacio?

— ¿Y ahora qué?

La voz de Kaze sonaba fastidiada y a punto de perder el control. Al ver que mi amo no lo miró pero tampoco le dio una respuesta a Kaze, Inuyasha continuó:

—Jaken llegó a la aldea y así pude encontrar este lugar, fue la única manera que tenía para avisarte que Jinenji tiene una de esas flores celosamente guardada y está dispuesto a dársela a Rin.

Mi amo estaba de espaldas a Inuyasha pero yo tenía una visión directa de su rostro y pude ver claramente la expansión de sus pupilas, estaba sorprendido al igual que yo.

—Ve, Sesshomaru pero volverás a mí. —dijo Kaze dándose la vuelta y caminando lentamente.

—No hay tiempo que perder Sesshomaru, Rin está en peligro de muerte.

Sé que Inuyasha cuando está bajo presión no mide sus palabras y que no lo dijo para herirme pero aun así las lágrimas se formaron en mis ojos. Nunca desde que el Señor Sesshomaru me permitió viajar con él fui débil, no podía permitirme serlo y volverme una inútil que lo retrasara pero el dolor, las pesadillas y el miedo a la muerte se sentían como una piedra en mi pecho que aumentaba de peso con cada nuevo problema que surgía.

—Cállate.

Fue lo único que dijo mi amo mientras tomaba la forma de un poderoso demonio perro, me tomaba delicadamente y me dejaba sobre su espalda, sentí a Inuyasha subir también y tuve miedo por él pero cuando mi amo comenzó a gruñir Inuyasha contestó diciendo:

—Keh, idiota. Rin no puede sostenerse sobre sus piernas, mucho menos sujetarse correctamente a ti, debo ir con ella.

Y así con un último gruñido de mi amo, partimos hacia lo que podría ser la solución de todos nuestros problemas.


Si Sesshomaru creía que tenía más opciones que las que ella le daba no se interpondría en su camino, ver sufrir a la humana era más divertido de lo que se había imaginado. Estaba a punto de irme del lugar pero una voz la detuvo.

—Ahora vas a explicarme de qué se trata todo esto, sé que te conozco y no te irás de aquí hasta que hables.

—Irasue, querida te das cuenta de que podría asesinarte ahora mismo. —respondí fingiendo en la voz más valor del que de verdad tenía.

—Sé que no eres tan estúpida como para intentarlo, vamos habla.

—Es triste que me hayas olvidado Irasue, deberías recordarme y así sabrías que no hay otro culpable más que tú en esta historia.

Mientras yo hablaba Irasue se acomodó en su trono y yo continué:

—Sabes, en este punto no me sorprende que me hayas olvidado ya que luego descubrí que habían muchas otras como yo. Piezas de tu perverso juego, eso es lo único que fuimos para ti. Fue hace ya algún tiempo, quizás unos 60 o 65 años humanos atrás, llegaste al palacio de fuego de mis padres y me prometiste que me casaría con tu hijo Sesshomaru, yo en esos momentos no tenía ningún interés en un matrimonio arreglado pero supiste convencernos a mí y a mis padres de que tu hijo era la mejor opción.

Dijiste que lo que tenía que hacer era ir contigo y que te encargarías de volverme la esposa perfecta para él. Creí que de verdad te preocupabas por mí; aprendí como ser callada y complaciente para mi esposo, que no podía opinar, aprendí como vestirme para cada ocasión pero esa no era yo, mi carácter es diferente y tu duro entrenamiento estaba comenzando a cansarme era mucho el tiempo de preparación y yo hasta ese momento no había conocido a ese hijo tuyo hasta que cuando estuve a punto de rendirme Sesshomaru llegó de improviso, organizaste un salón para recibirlo y presentarme, cuando lo vi mi corazón comenzó a latir tan fuerte y tan deprisa que pensé que me desmayaría; él era la perfección absoluta: su alta y delgada figura, la majestuosidad de sus pasos, el cabello platinado que en su cara dejaba entrever una hermosa luna en su frente, la simetría de su rostro.

Al mirarlo pensé que todo el tiempo que pasé entrenándome valía totalmente la pena pero cuando intentaste presentarnos él no se dignó en mirarme siquiera y dijo: «No está a mi nivel, aléjala.» Pude escuchar cómo mi corazón se rompía, incluso su voz era perfecta, huí del castillo y mande a mis sirvientes por información, así me enteré de que no era la única que había pasado por eso pero la mayoría lo había superado ya, pero yo juré que lograría que me amase y que se casaría conmigo —suspiré—, así que lo vigilé por algún tiempo pero no podía obtener nada que me dijera cómo conquistarlo hasta que salvó a la mocosa humana, yo no podía creerlo de él y cuando pude ver evidentemente que la amaba supe que era su punto débil y urdí un plan para lograr mis objetivos, quién diría que sin saberlo me ibas a ser tan útil Irasue.

Ahí estaba por fin lo había dicho, hablé casi sin respirar había tenido eso guardado en el fondo de mi alma y ahora lo había confesado todo, de alguna manera me sentía más libre, este amor que siento por Sesshomaru es lo suficientemente grande como para callar la voz de mi conciencia.

—Ahora lo recuerdo…en esa época buscaba a alguien con un linaje impecable para que se casara con él porque quería evitar la vergüenza de tener un hijo híbrido pero luego me di cuenta de que de nada servía, se enamoró de esa humana y me rendí.

—Es increíble que lo único que tengas para decir madre sea eso. Pues bien, me casaré con él sin importar lo mucho que ame a otra Sesshomaru será mío.

No esperé una respuesta, me transporté hasta mi castillo y lloré con el llanto amargo de quien sabe que no es correspondido, habría dado lo que fuera porque me viese con sólo un poco del amor con que veía a su protegida y de hecho yo no odiaba a Rin pero me apartaba del único ser que yo podría amar.


Intentaba volar a una velocidad moderada aunque quería llegar lo más pronto posible no podía arriesgarme a que Rin cayera, me pregunto si tal vez lo mejor era dejarla donde mi madre pero me doy cuenta inmediatamente que no podría Rin es demasiado importante para mi vida, nunca pensé que una humana me haría sentir preocupación o aún peor esto que siento con fuerza apretando mi corazón: Miedo.

Miedo a todo, a que no pueda salvarla y cumplir la única promesa que he hecho, a dejar de escuchar sus canciones, su risa o la entonación de su voz, a que no me regale flores. Es increíble pensar en cómo me ha cambiado. Esto no puede estar pasándome, no ahora que puedo decir casi con total certeza que me he enamorado de Rin. Por ahora ella duerme y llora con las pesadillas sin sospechar que con cada suspiro de dolor que sale de su boca algo en mí se rompe.


Nos detuvimos luego de unas horas para que comiera algo, Inuyasha había asado unos pescados para mí, luego de ayudarme a comer y de hablarme sobre el abuelo Jaken se retiró y dijo que volvería temprano en la mañana.

Estoy sentada a lado del fuego pero siento mi alma a punto de quebrarse, el dolor es demasiado grande y ya ni siquiera puedo mover los brazos y me he vuelto inservible, sin darme cuenta las lágrimas comienzan a bajar por mis mejillas y no puedo detenerme, el amo seguramente me ha escuchado porque se acerca hacia mí con su porte imperial y eso me hace llorar aún más porque yo no merezco tantas atenciones, lo único que causo son problemas que él no necesita. Se sentó a mi lado y me dejó recargarme en su estola, sabe que eso me hace sentir mejor pero no puedo ser tan egoísta con alguien a quien amo debo librarle de mí:

—Amo Sesshomaru…creo que debería dejarme aquí, sabe por mí estaría bien pues lo único que le causo es infelicidad y si morir es mi destino es mejor que me abandone. Usted ya me salvó de las garras de la muerte pero ese final no puede ser cambiado o aplazado indefinidamente, ya no hay esperanzas para mí.

—No digas sandeces Rin.

— ¡Sé bien lo que digo! —grité mientras gruesas lágrimas resbalaban por mis mejillas—. Por favor acabe con mi dolor, no puedo más, todo mi cuerpo duele y las pesadillas duelen aún más, pero si Jinenji no tuviera la flor y para salvarme usted se casara con la señora Kaze entonces sería mejor morir, sé que tal vez no tenga sentido que se lo diga ahora pero estoy enamorada de usted…

No pude continuar pues sentí una punzada de dolor en mi pecho que me quitó el aire pero pude ver los ojos levemente abiertos del amo Sesshomaru, tenía que confesar lo que sentía aún si él me odiaba después porque el tiempo se estaba acabando para mí.

—Rin.

Fue lo único que dijo antes de tomar delicadamente mi mejilla y acercarse a mí, el dolor desapareció y fue reemplazado por una explosión de energía en mi estómago, los labios finos de mi señor atrapaban los míos en un beso suave. No habían palabras que pudieran decirme lo que ese beso me dijo: ¡Me quiere!

—Te he hecho una promesa Rin, te querré y estaré siempre junto a ti.

—Gracias.

Escuché palabras que ningún otro ser había escuchado de su boca y tuve la certeza absoluta de que eran reales y así pude tener una noche tranquila protegida por mi salvador.


Nota de la autora:

Hola, en este capítulo quise que supieran un poco más sobre Kaze y sus motivos, muchas gracias a todos los que se han tomado el tiempo de leer y escribirme sus comentarios.

Gracias también a mi beta kykio88 por ayudarme y por tener grandes ideas.

Por favor, si te gustó tanto como si no agradecería mucho que me dejaran un review que me ayuda a conocer su opinión sobre lo que escribo.

Chau.