Gracias por los reviews! Y pido mil disculpas por el retraso en esta nueva entrega. Espero que os guste :). Saludos!
Muro 4. Rebeldía
En contra de sus más primarios impulsos de salir de allí, la pizca de humanidad de Kanon que se resistía en desaparecer detrás de sus sólidos muros, ganó la batalla e hizo que accediera a quedarse. Unos pocos minutos más. Tragándose todas las emociones, Shaka le preguntó cortésmente si quería tomar algo, y Kanon le pidió un café que esperó tomando asiento en un rincón de aquella acogedora sala, dejando la chaqueta de cuero descansar en el respaldo de la silla, sentándose en ella recostando su espalda contra la pared. Desde esa posición pudo escuchar cómo Shaka le pedía al muchacho de la barra que anulara todas las actividades que tenía previstas para ese día, justificando un imprevisto. También observó cómo fue Shaka mismo el que cargó la cafetera para preparar su petición. Antes de volver a su encuentro, sacó un botellín de agua fría de una nevera y tomando el café en su otra mano, se dirigió al rincón dónde incómodamente permanecía Kanon.
- Gracias.- dijo Kanon, tomando el sobre de azúcar que vertiría en el café, pero que no removería en exceso, dejando que apenas se derritiera para comérselo luego, todo impregnado del intenso sabor amargo de ese líquido negro que siempre le había fascinado.
Shaka tomó asiento frente a él y abrió la botellita de agua, propinándole un ligero sorbo, dejando su mirada perdida en cualquier lugar lejos de allí. Kanon había apoyado su brazo derecho sobre el respaldo de la silla y cruzado sus largas piernas mientras su espalda seguía recostada contra la pared. Su mano izquierda descansaba sobre la mesa, cerca del café, y sus dedos gopleaban nerviosamente la cálida madera mientras sus ojos no dejaban de observar detenidamente a Shaka, viendo cómo propinaba un segundo sorbo al agua, más largo, intentando que le aclarara su garganta antes de volver a hablar.
- Por favor...dime cómo pasó...- dijo finalmente Shaka, mirando de lleno dentro de los ojos de Kanon, provocando que éste cortara su contacto visual.
- Murió en un accidente de moto. Al acto. Según la policía, debido a un gran exceso de velocidad que le llevó a saltarse un semáforo en rojo y a empotrarse contra un camión que cruzaba la calle que él no debiera haber invadido.- El tono de Kanon era frío, carente de emoción.
Shaka volvió a perder su mirada, recordando cuánto le gustaba a Saga la adrenalina de la velocidad. Cuánto amaba el mundo de las grandes motos cuando no estaba pilotando un avión durante largas horas. Recordando la de veces que él mismo le había dicho que la velocidad no se podía desafiar. Que la velocidad no podía ser dominada y que algún día tomaría sus propias riendas...Acertando, fatídicamente, en sus vaticinios. En cambio, Kanon fue conocedor de esa afición el mismo día que la muerte le encontró en ese cruce. Las lágrimas amenazaron de nuevo la fingida serenidad de Shaka, pero volvió a amarrarlas dentro de sus ojos. El pecho le dolía, y esperó que otro sorbo de agua aliviara esa presión que le hacía difícil respirar. Kanon apuró su café de un solo trago, y con la cucharita se hizo con todo el azúcar que quedó en el fondo, que se llevó a los labios mecánicamente, como siempre solía hacer, retomando seguidamente su despreocupada posición en la silla.
Otra vez apareció el silencio, que fue roto de inmediato por la incursión en esa salita de cuatro jóvenes cargados con sus mochilas de estudiantes. Kanon les observó detenidamente, viendo como juntaban dos mesas que rápidamente se convertirían en un campo de batalla sembrado de papeles y bolígrafos. Al poco rato apareció el chico de la barra, sirviéndoles las bebidas refrescantes que habían pedido. Kanon se quedó atrapado en la visión de dos de ellos, gemelos, como lo habían sido Saga y él. Y una rabia sorda se instaló en su pecho al percatarse de la relación que había entre ellos dos. Parecían tan unidos...tan alegres...compartiendo un rato de estudio con dos amigos más, haciendo de ese simple momento un espacio de encuentro y compañerismo. Creando algo que él siempre había sido incapaz de hacer con Saga. Porqué Kanon siempre se había sumergido en una competición malsana que no le había traído nunca satisfacción alguna. Shaka se dio cuenta de cómo Kanon observaba a los chavales, del atisbo de envidia que surcaba su mirada, pero se privó de decir nada al respecto. Posó de nuevo su clara mirada sobre Kanon, y llamó su atención con su suave voz.
- ¿Cómo supiste acerca de mí?
Kanon salió de su ensimismamiento, y sin decir nada llevó su mano hacia el bolsillo de la chaqueta, de dónde sacó el móvil que había pertenecido a Saga. Dejándolo sobre la mesa y acercándolo hacia Shaka.
- De aquí. Siento si invadí tu privacidad, pero leí todos los mensajes.- Shaka tomó el móvil en sus manos, y observó las consecuencias que ese aparato había sufrido en el choque que se había llevado la vida de Saga.- Puedes quedártelo si quieres.- Añadió Kanon con seriedad.
- Agradezco que lo hicieras...- Respondió Shaka.- Si no lo hubieras hecho, no estarías aquí...y yo seguiría alimentando unas esperanzas yermas...
- ¿Érais amantes?.- Preguntó Kanon de repente, haciendo aparecer un rubor que rápidamente tiñó las pálidas mejillas de Shaka. La sofocante vergüenza que sintió Shaka en ese momento hizo que se replegara en sí mismo, tratando de esconder sus ojos detrás de ese flequillo rubio. Ante su silencio, Kanon prosiguió con naturalidad.- Si lo érais, no me sorprende. Siempre supe que Saga tenía conflictos con este tema. Supe de su condición antes que él fuera capaz de aceptarla. Si es que algún día llegó a hacerlo...
- Ser amante es un concepto que para mí carece de profundidad. Denominarlo así es poner límites a algo que no se puede ceñir a una simple definición.- contestó Shaka, después de unos instantes de reflexión.- Que llegué a amarle...sin duda. Profundamente. Pero la finalidad de nuestra relación no era el goce carnal...- Siguió, luchando para que la vergüenza por el momento no se notara en su voz.-...no en un principio.
- Érais amantes.- Sentenció Kanon, dibujando una sonrisa de reafirmación de sus sospechas en sus labios.
- Mi vida está dedicada a la espiritualidad. A buscar la serenidad del alma sin descanso. A ayudar a otros a conseguir alcanzar la paz interior que todos necesitamos para seguir adelante con la vida. Para experimentarla plenamente. Y sucumbir al deseo más banal y antiguo del hombre nunca ha sido una prioridad.- dijo Shaka, como si se justificara de alguna manera.- Pero reconozco que Saga me arrastró en un torbellino que siempre me había negado a conocer, que por una vez mis firmes creencias se dejaron seducir por eso que llaman pasión...- Dicho ésto, volvió a beber otro trago de agua, casi apurando el contenido de la botella, bebiéndose con él la vergüenza que esa conversación le había despertado. Evitando, con todas sus fuerzas, mirar el rostro de Kanon. Ese rostro tan igual al que había sido el culpable de bajarle a los más mundanos terrenos de la condición humana.
Kanon se fijó detenidamente en los rasgos del rostro de Shaka mientras esas confesiones escapaban de sus labios. Observó esa mirada que intentaba ocultarse detrás de sus suaves mechones rubios. Observó esos finos labios, contraídos en un rictus de contención. Esos labios que por un segundo se le antojaron deliciosos.
Inmediatamente desechó esos pensamientos de su cabeza. No podía ser que volvieran a nacer dentro de él las ansias de apoderarse de todo lo que pertenecía, o había pertenecido, a Saga en algún momento. Kanon siempre tuvo la enfermiza necesidad de herirle, de mancillar todo lo que Saga conseguía en su vida, de perseguirle en sus sueños y deseos, convirtiéndolos en los suyos propìos. Sólo para demostrar que él, el hermano menor, no era menos que nadie. Que si se lo proponía, podía apoderarse de todo el mundo de Saga. Arrebatárselo de un plumazo. Pero hacía tiempo que había decidido abandonar esa competición estúpida. Hacía tiempo que ya no eran unos adolescentes. Y ahora, Saga ya no estaba. Así que menos sentido tenía aún querer apoderarse de su vida sólo por rencor. Y Shaka no debía ser otro de los trofeos arrebatados a su hermano, por mucho que su subconsciente intentara traicionarle.
Los pensamientos de ambos les habían conducido a cada cuál por unos caminos que les llevaban a terrenos delicados...sórdidos. Y fue Shaka el que recondujo la conversación hacia otros derroteros. Más cómodos. Quizás menos comprometidos.
- Tú también eres piloto de avión...igual que Saga.- Esa afirmación no hizo otra cosa que volver a recordar a Kanon su malsana competición. Y hacerse piloto de avión había sido el último acto de rebeldía que había perpetrado contra Saga. Contra su família.
- Sí, así es...
- Trabajas en una aerolínea de bajo coste, de estas que operan sólo por Europa.
- A diferencia de Saga, que hacía larguísimos trayectos en una compañía de lujo.- Con esta respuesta, Kanon se escudó en su sentimiento de inferioridad que él solo había alimentado siempre.
- No por eso te admiraba menos...ya te lo he dicho.- La presencia de Shaka había recuperado parte de su serenidad, y sus ojos se posaron firmes sobre la mirada esquiva de Kanon.- Siempre me contaba lleno de orgullo y admiración el día en que te convertiste en el dueño de las tempestades.
Una risilla de desprecio se escapó de los labios de Kanon al recordar ese momento.
- Ese día me costó una sanción de meses.
- Pero apareciste en todas las revistas de aviación comercial. Todos ensalzaron tu valentía. Tu maestría. Y Saga siempre me decía que tú eras el único piloto que había conocido con ese temple de acero. Con esa seguridad desbordante. Con esa rebeldía exquisita. Y a veces...necesaria.
La expresión de interrogación de Kanon se había vuelto aplastante, y Shaka supo al instante que no tenía ni idea de cómo Saga había llegado a tener conocimiento de esa acción que le bajó a las alcantarillas de una sanción, pero que le elevó a los más altos respetos de todos sus compañeros de profesión. Viendo que Kanon no tenía ninguna intención de relatarle ese momento, decidió transmitirle la historia que Saga siempre se empeñaba en recordar cuando Kanon aparecía en sus conversaciones.
- Según Saga, todo pasó en una noche en que una terrible tempestad de viento y agua la hacía más densa, más oscura, más infranqueable de lo que la negrura es por ella misma. Saga se encontraba en la sala de pilotos, aguardando hasta no sabía cuándo que le dieran la orden de embarcar. Su vuelo había sido suspendido, como tantos otros. Los aterrizajes en el aeropuerto de Atenas, desviados a otras ciudades. El temporal era demoledor, las condiciones climáticas hacía años que no habían sido tan adversas. Un controlador aéreo, haciendo uso de su impuesto descanso, irrumpió en esa sala, maldiciendo a los cuatro vientos a aquél piloto que se había negado a cancelar su aterrizaje, que había amenazado con tomar tierra le dieran el permiso o no. El nerviosismo que tenía atrapado a ese hombre se contagió enseguida entre toda la gente que se encontraba en esa sala, temiendo todos que una desgracia pudiera suceder en pocos minutos.
- ¿Quién es el piloto que está a cargo de ese avión?- Había preguntado Saga, con una natural curiosidad.
- Y yo qué sé...no le conozco...nunca viene por aquí...- dijo el hombre revisando los arrugados papeles que llevaba en sus manos.- Kanon...eso es, Kanon. Un piloto de una compañía de estas de mierda. ¡¿Pero qué coño se ha creído el tío este...?! ¿Las órdenes son órdenes, joder!- Había gritado, completamente fuera de sí.
- Al escuchar tu nombre, Saga abandonó la sala de inmediato y se dirigió al gran vestíbulo completamente acristalado, desde donde se podían observar las pistas de despegue y aterrizaje. Y allí vio aparecer las luces de tu avión, difuminadas por el torrente de agua que apedreaba sin consideración los grandes ventanales. No quitó sus ojos de la bestia que se iba acercando a la pista para tomar tierra, asombrándose de la firmeza de sus movimientos, de la impecable seguridad de sus maniobras. Hasta que por fin, el avión contactó con la pista, sin vacilar, sin trastabillar siquiera...como si estuviera amparado por un claro de bonanza que hizo de su aterrizaje una demostración excelente de seguridad y maestría. Por tu desgracia, allí se encontraban el director del aeropuerto y el más alto mando de la compañía por la que trabajas, que inmediatamente reclamaron tu presencia y la de tu copiloto para aclarar ese acto de rebeldía. Para tomar medidas al respecto. Saga te observaba en la más absoluta y clandestina distancia. Me contó cómo apareciste al vestíbulo donde previamente había estado él mismo admirando tu aterrizaje, cómo te encaraste a tu superior, cómo le dijiste que esa orden había sido estúpida, que no pensabas llevar a esas doscientas personas a otra ciudad si podías aterrizar sin problemas.
- ¡A la muerte las podrías haber llevado, inconsciente!- te había gritado en medio de ese espacio desierto de presencias, pero con un montón de oídos puestos en vuestra discusión.- ¡Quedas suspendido por seis meses cómo minimo por tal acto de desobediencia y sublevación! ¡Y tu copiloto también!
- Eso último te enervó aún más, y saltaste como una fiera a defender la lealtad de tu joven copiloto.
- ¡Mu no ha tenido nada que ver en ésto, sólo ha seguido mis órdenes! ¡¿Y sabéis qué os digo...?! ¡Iros todos a la mierda!- habías gritado tú.- ¡Preguntad al pasaje si han temido en algún momento por su vida! ¡Preguntad a la tripulación! ¡Y si la próxima vez queréis que me desvíe, procurad llenar los depósitos de combustible como es debido, o yo os denunciaré por negligencia! ¡Estoy harto de volar siempre a media carga, y lo sabéis...vosotros sí que jugáis con la vida de los pasajeros, no yo! ¡¿Sabes por qué desobedecí las órdenes de la torre de control?! ¡Porqué el combustible no me hubiera alcanzado ni para llegar a Trípoli!
- Y desapareciste, dejando a tus superiores con la palabra en la boca, arrastrando contigo a tu copiloto.
Kanon recordaba perfectamente ese momento, y su orgullo no podía hacer que se arrepintiera de ello. En absoluto. Lo que Kanon siempre había ignorado fue que Saga lo hubiera presenciado todo. Y menos aún, que hubiera aplaudido su actitud en silencio.
- Al final tu sanción quedó reducida a sólo tres meses, ¿no?- inquirió Shaka, esperando que Kanon confirmara esa información.
- Así es...hubo mucha presión por parte de mis compañeros de profesión. Una carta anónima publicada en la revista del gremio de pilotos ayudó a que fuera así. Fue una carta dura, directa. Unas palabras que daban fe y validez a todo lo que yo incontrolablemente había soltado frente a mis jefes. Unas palabras que defendieron mi decisión, mi rebelión...y que clamaban más confianza a las decisiones que todos los profesionales del aire tomamos en milésimas de segundo, cargando con la responsabilidad de cientos de vidas a nuestras espaldas.- Sin siguiera darse cuenta, Kanon se había relajado, había olvidado por un instante su actitud distante y había hablado abiertamente de un episodio que formaba parte de su vida.- Nunca he sabido quién la escribió. Todavía no he podido agradecerle el apoyo incondicional que recibí.
La expresión de Shaka se había transformado en algo parecido a una mezcla de triste alegría. Alegría porqué por fin había podido observar el rostro de Kanon relajado, despojado un poco de su máscara de frialdad. Tristeza porqué él tenía conocimiento de quién había sido el autor de tan feroz defensa. Y sabía que Kanon ya no le podría agradecer nunca su acción.
- Kanon...esa carta...esa defensa que unió a todos los pilotos a tu favor...la escribió Saga.
La mirada de Kanon se ensombreció al acto. Nunca hubiera imaginado eso. Nunca se había permitido pensar en que fuera Saga su anónimo defensor. Sus fríos ojos se posaron sobre Shaka. Intensos. Incisivos. Reclamantes de una confirmación a esas palabras que le habían pellizcado el corazón. Shaka simplemente asintió mientras hacía duros esfuerzos para mantenerle la mirada. Esa mirada que poco a poco se fue perdiendo en los confines infinitos de esa sala. Kanon se sumió en un impenetrable silencio que Shaka respetó, hasta que sus labios decidieron transmitir en alto sus pensamientos.
- Así que fuiste tú...Saga...
Por primera vez, no hubo rabia en la voz.
Por primera vez, los muros del alma de Kanon se estremecieron.
Por primera vez desde la muerte de Saga, Kanon sintió dolor.
Continuará
