Perdonen el retraso. el tiempo se me ha escurrido entre examenes sin apenas notarlo:(
Esta noche viajo a Irlanda y quería subir este capitulo antes de irme, así que está sin corregir, "recién salido del horno". Siento decir que no me convence mucho cómo ha quedado. . .ero espero retocarlo a mi vuelta. muchas gracias por la paciencia y los reviews.
un beso;)
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DISCLAIMER: nada de lo que puedan reconocr me pertenece a mi, sino a J:K: Rowling. ¡Qué se le va a hacer!
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Cap. 4: Entre Desayunos y recuerdos.
Maldito profesor Snape. Era un. . . un amargado. Un completo idiota. ¿A quién se le ocurría poner un trabajo e casi 250 cm de largo sobre "Los posibles efectos secundarios de la aplicación en plantas esporofitas de la poción supurante", para las vacaciones de navidad? Como se notaba que la falta de vida de personal afectaba negativamente al humor de las personas.
Hermione gruñó sin poder evitarlo al atravesar la puerta de la biblioteca de Hogwarts. Genial. Por culpa de Snape, volvía a quedarse sin unas Navidades decentes. . .
La señora Prince le dirigió una mirada de falsa comprensión cuando paso por su lado, camino de la sección prohibida, cosa que no hizo sino irritar a Hermione aun más de lo que ya estaba. Suspirando con desgano, apoyó sus libros sobre una mesa de madera algo alejada del resto. Harry y Ron la saludaron con un escueto "hola", ambos parapetados tras varias pilas gruesos volúmenes de pociones. Hermione volvió a gruñir como forma de saludo.
- ¿Nos hemos levantado con mal pié hoy?- preguntó Ron sonriente intentando disipar el malhumor de la chica. Le basto la penetrante mirada que le lanzó Hermione para percibir lo poco errado que estaba su comentario.
- Ron, sino tienes nada mejor que decir, guárdate esas ingeniosas salidas. Ya sabes como se pone cuando está estresada. . .- murmuró Harry en su oreja inclinándose sobre él para simular que intentaba alcanzar un libro a su derecha, sin levantar las sospechas de la morena. Ron cabeceó, asintiendo.
- ¿Qué cuchichean ustedes dos?- inquirió Hermione suspicaz, enarcando una ceja, . Le dolía terriblemente la cabeza, y se estaba dando ligeros masajes en las sienes para tratar de aliviar el malestar. Ese día había sido una auténtica pesadilla. Al levantarse, descubrió con horror que la noche anterior se había quedado dormida sobre sus apuntes de Astronomía, preparando el examen que tendrían esa misma mañana. Casi al borde del colapso ( Dios mio, se había quedado dormida sin estudiar toda la materia que entraba. . .cómo demonios había podido hacer una cosa así?), comprendió que debería estudiar entre clases si quería obtener una nota decente en esa prueba. Por si eso fuera poco, sus ejercicios de Aritmancia estaban totalmente inservibles después de haber volcado accidentalmente un tintero sobre ellos. Así había empezado su día, que sin duda alguna entraría a su catálogo de "días que es mejor no recordar sino quieres morir de un ataque al corazón antes de cumplir los 20" .
No.
Las cosas no habían comenzado bien. . .pero a medida que transcurrían las horas, no habían echo sino empeorar. Se había ganado un castigo (Un castigo. . .nunca se recuperaría de eso. Lo sabía.) en clase de encantamientos, porque por estar tan distraída, había terminado por volcar un cubo lleno de gusanos sobre la cabeza de la pobre Parvati Patil, quien había chillado desesperada al sentir a los repulsivos anélidos deslizarse sobre su brillante pelo negro. Hermione aun reía al recordar su cara. Y para culminar su mala suerte, Snape la había encontrado hojeando Astronomía durante su clase, lo que la llevó a peder al menos 50 puntos para Gryffindor, y a soportar tan estoicamente como pudo sus burlas y el coro de risotadas de los de Slytherin. Eso sin contar con el trabajo de las malditas plantas esporofitas. Y pensar que ése era su último día de clases. . .
Harry giró la cabeza hacia Ron al oir el enésimo suspiro de su amiga en lo que iba de tarde. El pelirrojo se limitó a encogerse de hombros y a hacer un gesto de asentimiento.
- Esto. . .Hermione.- tanteó Harry algo nervioso ante el súbito carácter exasperado de la morena.- yo. . .bueno, Ron y yo.- se corrigió rapidamente.- . . .quiero decir, sabes que puedes contar con nosotros¿cierto?. . . y también que si necesitas algo. . . lo que sea. . .vamos a estar ahí.- concluyó, alargando la mano algo dubitativo hacia ella y presionando dulcemente su brazo
Hermione sonrió algo más calmada. Era reconfortante saber que pasara lo que pasara, iba a poder contar con ellos.
- Gracias.- musitó algo ruborizada al recordar su estallido anterior.- Ron, siento haber sido tan brusca contigo.- se disculpó dirigiendo su mirada hacia el pelirrojo, quien se revolvió incómodo en su asiento.
Si, era bueno saber que los tenía a ellos para posar los pies en el suelo, pensó sintiendo cómo un cálido sentimiento la recorría.
- No pasa nada.- contestó Ron abochornado.
Ella se limitó a sonreír de nuevo y a asentir, agradecida. ¿Qué más podía pedir?
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Era un hecho que el castillo se quedaba todos los años casi vacío durante la época navideña. La gran mayoría de los alumnos solía regresar a su casa aprovechando las vacaciones, y tan solo unos pocos permanecían en el colegio, bien porque no podían volver a sus hogares por algún motivo, o bien porque necesitaban estudiar. Hermione se encontraba en este segundo grupo. Draco, en el primero.
El último de los Malfoy se paseaba orgullosamente durante esos días por los desérticos pasillos de Hogwarts. Ese año, los aurores habían conseguido encarcelar a su padre, y Narcisa había huido para ponerse a salvo de la persecución. Al ser menor de edad, y no haber ninguna prueba que lo incriminase con ninguna actividad "oscura", Draco se encontraba a salvo, aunque prefería no volver a su casa. Tanto Blaise como Pansy se deshicieron en escusas con él el día de su partida, pero Draco las desestimó todas con un movimiento de su mano. Sabía la ilusión que tenían ambos por volver a ver a sus familias, por mucho que pretendiesen ocultarlo. Así que desatendiendo a sus protestas, no permitió que ninguno de los dos se quedase a hacerle compañía.
- Volveremos después de Nochebuena, Draco.- había asegurado Pansy desde el carruaje, agitando su mano en señal de despedida.
- Si, y te traeré fotos de mi prima durante la fiesta.-añadió Blaise asomando su cabeza por detrás de la rubia y dándole un travieso guiño- ya sabes a lo que me refiero. . .
Draco asintió sonriendo de lado y esperó a que el carruaje tirado por los Thestrals desapareciera entre las nubes para encaminar pesadamente sus pasos hacia la entrada de Hogwarts. La navidad pintaba bastante solitaria ese año.
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Hermione volvió a bostezar frente a su libro de "Pociones aplicables a organismos autótrofos quimiosintéticos" y pestañeó varias veces para no caer rendida de cansancio. El trabajo de Snape le estaba costando más de lo que en un principio había previsto, y no podría regresar a su casa hasta acabarlo por completo. Las vacaciones habían comenzado oficialmente dos días atrás, y a ella todavía le quedaban 75 cm que cubrir. El problema era que no sabía con qué hacerlo. Ya no se le ocurrían más cosas que decir acerca de aquel tema, y en ninguno de los libros que había consultado encontraba nueva información. A este paso, se vería obligada a hacer una crónica de su vida para rellenar el espacio que aun le quedaba. Sonrió sin humor. Pretendía acabar con esa tarea antes de Nochebuena, para poder volver a casa a tiempo de abrir los regalos la mañana de Navidad. Pero a ese paso, ni siquiera llegaría para fin de año.
Con un suspiro de abatimiento, volvió a posar sus ojos sobre el libro que estaba consultando:
Las orquídeas arycheis destacan por su gran capacidad de adaptación ante las distintas valencias de su entorno, pudiendo acoplarse a su ecosistema con suma facilidad, y albergando tan solo. . .
Harry y Ron. . .¿qué estarían haciendo en esos momentos? Pensó desperezándose suavemente. Seguro que a esas alturas, ya se habrían ganado algún castigo de Molly. . .
No puedo evitar dibujar una sonrisa en sus labios al recordar su último verano juntos, antes de comenzar 7º grado en Hogwarts. Los tres habían pasado unas semanas increíbles en la Madriguera, disfrutando del buen tiempo y del buen clima que reinaba entre todos ellos. Finalmente, había resultado un verano asombrosa y sencillamente, perfecto.
. . . el gran peligro que tiene el manejar las flores de la orquidea arycheis radica en las eminentes prolongaciones de la base de su corola, que segregan un potente veneno capaz de sedar a sus presas, para así. . .
Eran ya cerca de las 3 de la mañana , y ella todavía continuaba en la biblioteca, bajo un permiso especial de la renuente Sra. Pince.
A Hermione le había costado mucho tiempo convencerla para que le dejase durante esa noche las llaves de la biblioteca, pero tras una ardua conversación en la que ella había destiladoó ingenio y zalamería, consiguió por fin su propósito. Bajo juramento, eso si, de que dejaría todo por la mañana tal y como lo había encontrado.
Esa era una promesa innecesaria y bastante absurda, conociéndola, pensó Hermione rodando los ojos mientras se levantaba perezosamente de su silla. La cual lanzó un lastimoso quejido al ser arrastrada por el suelo de piedra, que retumbó en toda la habitación.
"Genial, lo único que me falta es despertar a alguien", murmuró poniéndose de pié y dirigiéndose a una estantería próxima, donde se agrupaban varias decenas de libros de distintos grosores. Hermione estiró la mano y deslizó la punta de su dedo índice por cada uno de los lomos a su alcance, con aire ausente.
" Pociones abreviadas. Manual de la A a la Z".
Inservible.
" Cómo preparar un filtro amoroso en 10 minutos"
Peor aun. Quería hacer un trabajo para Snape. No enamorarlo.
" Enfermedades contagiosas más frecuentes y antídotos fáciles de preparar."
Eso sonaba interesante. . .pero quizás para otro momento.
La biblioteca era el sitio preferido por Hermione en todo el castillo. Era una habitación amplia, de altos techos, con enormes ventanales que la llenaban de luz. Cerca de la puerta se amontonaban grandes mesas redondas con cómodas sillas tapizadas en granate, y un poco más a la derecha habían instalado unos cómodos "puffs" del mismo color que éstas alrededor de mesitas bajas. Era un sitio sumamente relajante. Después, extensas hileras de estanterías rebosantes de libros, llegaban hasta el final de la estancia.
Hermione caminó entre dos estanterías recorriendo con la mirada cada volumen, y con una sonrisa juguetona bailando en sus labios. Estaba segura, de que aunque pasase allí su vida entera, jamás llegaría a desvelar todos los secretos que esos libros contenían. Y eso la entusiasmaba. Para una mente tan curiosa y sedienta de información como la suya, un lugar así era casi estimulante. Era como su pequeño templo, sabía que allí estaba completamente segura. Nada podía dañarla.
Con ojos soñadores se detuvo ante un libro que llamó poderosamente su atención. No recordaba haberlo visto antes, y eso que su cubierta era sumamente llamativa. Con los ojos brillantes, se apresuró a ponerse de puntillas para llegar hasta él. Aun así, el libro seguía fuera de su alcance. Maldiciendo por lo bajo, posó sus pies en el suelo y tomando aire, volvió a ponerse de puntillas y a estirar su brazo todo lo que fue capaz.
El borde de su blusa beige se levantó entonces, dejando a la vista una pequeña porción de piel canela. Draco jadeó, escondido tras una estantería cercana. ¿Quién iba a pensar que la sangresucia Granger podía resultar tan. . .apetitosa? Si, esa era la palabra.
Apetitosa.
Como un helado de chocolate y menta.
O, mejor todavía, como una sabrosa piruleta.
Draco se relamió sin poder evitarlo. Sus rizos castaños caían como en cascada por su espalda, como delicadas ondas. La piel de su cuello se veía delicada y cremosa, y la blusa se pegaba a su cuerpo como una segunda piel, evidenciando todas sus curvas. Draco sintió que le faltaba el aire al notar que los primeros botones estaban desabrochados, dejando ver el comienzo de sus pechos. Soltando una maldición, intentó desviar su atención hacia otras imágenes menos excitantes. Pero era imposible. No sabía como, pero de pronto, lo único que existía era Hermione Granger, con sus interminables piernas, sus caderas redondeadas, y sus labios fruncidos en un delicioso puchero. Draco gimió sin poder evitarlo. Eso no podía estar pasando. . .
- ¿Quién esta ahí?
Oh, mierda.
Vaya, vaya, Granger.- dijo saliendo de entre las sombras.- Tu sed de libros ni siquiera se apaga en vacaciones.- Deseó que su voz no hubiese vacilado al sonar tan fría como de costumbre. Deseó que ella no se percatase del pequeño problema que tenía entre sus pantalones. Y por suerte, pareció no hacerlo.
Hermione se giró sorprendida al oírlo tras su espalda, y endureció su mirada nada más reconocerlo. Draco Malfoy. . .lo único que le faltaba.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó con voz monótona.
- Eso no es asunto tuyo.- contestó maliciosamente el rubio.-pero si tanto quieres saber, te diré que estaba dando una vuelta por el castillo cuando un olor nauseabundo llegó hasta mi nariz desde la biblioteca. Y mira por donde, ahora ya sé de donde venía.
Hermione sintió cómo se ruborizaba. Maldito Malfoy.
- ¿Debo entender que tus padres por fin han decidido olvidarse de ti por Navidad? – replicó apretando los dientes- Déjame decirte, que no me sorprende en absoluto.
Draco chasqueó la lengua, dirigiéndole una mirada penetrante.
- Pobrecita, Granger. Que sola debes sentirte sin tus guardaespaldas Potty y Weasel para cubrirte. . . ¿por fin han decidido abandonarte?- preguntó alzando una ceja.- Déjame decirte que no lo siento en absoluto. Y tampoco me sorprende..- la parodió burlonamente.- ¿Quién querría desperdiciar su tiempo con una vulgar sangresucia?
Hermione se contuvo para no saltar sobre él. Sentía bullir su sangre, y lo único que hubiese querido hacer era destruir esa cara arrogante que la observaba con aires de manifiesta superioridad. Dirigiéndole una mirada que hubiera echo temblar al más valiente, se dio la vuelta para tratar de ignorarlo. Claro que no contaba con que Draco se aproximase a ella como un felino y la agarrase de las muñecas violentamente.
- Granger, me sorprende que no sapas las conductas más básicas de buena educación,- Siseó contra su oído.- Punto uno: cuando estés con tu enemigo, nunca le des la espalda.
La morena sintió que el aliento se le congelaba en la garganta al notar a Draco tan peligrosamente cerca. Se revolvió intentando soltarse, pero lo único que consiguió fue que el rubio ciñese su agarre entorno a sus muñecas.
- Me estás haciendo daño. . .-musitó haciendo una mueca de dolor.
- Todavía no sabes lo que es eso. . .- aseveró Draco en un murmullo. La mantenía acorralada por la espalda.- Créeme que puedo hacerte cosas mucho peores que esto. . .
Hermione se estremeció violentamente al oírlo. Comenzaba a asustarse de verdad, y la sensación de que nadie la escucharía si gritaba pidiendo ayuda no hizo sino incrementar su miedo.
Draco sonrió de lado al notar el temblor de la castaña entre sus brazos. Le faltaba muy poco para tenerla donde siempre la había querido tener. Suplicando a sus pies.
La giró violentamente y la apresó entre su cuerpo y la estantería, con los brazos apoyados a los lados de su cabeza
- Granger.-susurró en su oído haciendo que ella se estremeciese.-no deberías estar aquí tan sola. Imagina,- dijo aspirando el olor de su pelo con una sonrisa sarcástica.- imagina qué pasaría si alguien decidiera raptarte. No podrías hacer nada para defenderte. . .
Hermione abrió mucho sus ojos, y sofocó un grito, incapaz de responder nada coherente al sentir el cuerpo de Draco sobre el suyo. Fue consciente de cómo el rubio la miraba fijamente, de cómo elevaba su mano para rozar delicadamente sus labios con sus dedos, de cómo el aliento de Draco se mezclaba con el suyo, y finalmente, de cómo su boca se posaba sobre la suya. Quiso gritar de impotencia al sentir los labios demandantes de Draco acariciar los suyos, y su mano subiendo lentamente por su pierna enviando descargas a todo su cuerpo. Y por encima de todo, quiso que se abriera un hueco en la tierra que la tragase entera, al notar que estaba respondiendo al beso con el mismo entusiasmo con el que lo recibía.
¡Merlín¿Qué estaba pasando ahí. . .?
Eso debía estar prohibido. Era imposible estuviera bien que sentirse así cuando estabas haciendo algo que no debías hacer. Pero lo cierto es que no lo era. Y no pudo sino estremecerse cuando Draco emitió un gemido de placer.
Oh,no. Eso no debería estar pasando. ¿Pero a quién le importaba? En ese momento, ni siquiera era capaz de recordar una única razón por la que no debería estar entre los brazos de Draco. Y seguro que había cientos, incluso miles. ¿Pero eso qué importaba todo eso ahora, si su respiración se cortaba solamente con sentir sus labios sobre su cuello y su mano sobre su cintura?
Draco se separó finalmente de ella, y la observó fijamente. Su pecho subía y bajaba desacompasadamente, y sus labios permanecían entreabiertos y húmedos, como invitándolo a no distanciarse de ellos.
¿Qué había echo?
- Hermione. . .-susurró.
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- ¡Hermione¡Despierta¡Hermione!
Hermione entreabió perezosamente un ojo al notar las leves sacudidas.
- Te quedaste dormida. . .- susurró Draco sonriente, apartándole suavemente un mechón de pelo.- ¿Te encuentras bien?- inquirió preocupado al notar la mirada alarmada que le dirigió la castaña.
¿Bien? Claro que no se sentía bien. Había vuelto a soñar con él. Con lo que había pasado aquella noche en la biblioteca. Con su primer beso. Y nada más despertar, lo primero que había visto habían sido sus ojos azules clavados en los suyos, mirándola tiernamente.
Quiso gritar de frustración. ¿Qué tan cínico podía llegar a resultar el destino?
- Estoy perfectamente.- aseguró resueltamente girando su cabeza para no tener que verlo.
Draco sonrió de forma encantadora.
- Oh. Entonces¿puedes devolverme mi mano, por favor? – inquirió señalando con un movimiento de cabeza hacia la mesa.
Hermione quiso que la tierra volviera a tragársela. Tenía su mano fuertemente agarrada a la de Draco, y ni siquiera se había dado cuenta.
- Claro, yo. . .perdona.- balbuceó con las mejillas sonrojadas y soltándolo con rapidez.-
- No es que me queje. . .pero necesito la mano para terminar de preparar el desayuno. Pero cuando termine, volverá a ser toda tuya.- bromeó para quitarle hierro al asunto. Claro que eso no mejoró el estado de nervios de la pobre Hermione.
- ¿El desayuno?- preguntó desorientada- ¿Qué. . .qué hora es?
Draco echó una fugaz mirada a su costoso reloj de pulsera.
- Casi las 11. . .- respondió mirándola con una pequeña sonrisa.- me desperté hará cosa de una hora, y como tu seguías durmiendo, me pareció buena idea hacer el desayuno. Espero que no te moleste. ¿Te gustan las tortitas?
¿Molestarla? No, en absoluto. Si el riquísimo olor que llegaba desde la cocina era del desayuno, le permitía cocinar todas las veces que quisiera. Pero, por favor. Que borrase esa maldita sonrisa de sus labios. Iba a volverla loca.
El suave pitido del ordenador la despertó de su ensimismamiento momentáneo. ¿Qué. . .?
- ¡Draco! – gritó observando la pantalla en negro frente a ella.- ¿Qué has hecho con el ordenador?
El rubio se encogió de hombros, despreocupado.
- Nada.- aseguró mirándola sin comprender a qué venía su súbito arranque.- Estaba con el horno cuando llamó alguien por teléfono y saltaron los plomos. Debió de desconectarse entonces. ¿Qué ocurre?
Hermione gimió desesperada cuando intentó volver a encenderlo y el monitor comenzó a echar humo.
Oh, mierda. Eso no le podía estar pasando a ella, se lamentó cerrando pesadamente los ojos.
¿Por qué sentía que todo ese asunto se le estaba escapando de las manos?
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Bueno, eso es todo por ahora. espero que a pesar de todo, les haya gustado el capitulo. muchisimas gracias por cada uno de sus reviews. nos acercamos a los 30 ya¿Sería posible llegar a los 40? Eso me haría muy muy feliz!
GRacias a tods. un bes0.
Si os ha gustado esta historia, no dejeis de leer mi nuevo fic, "Luna de Papel". Sin duda, lo mejor que he escrito nunca. Espero que os guste tanto como a mi me ha gustado escribirlo. Un beso y gracias.
