!Hola a todos! Y un saludo especial para StydiaShippsJily.

Música recomendada:

Somebody told me de The Killers

Losing grip de Avril Lavigne

She moves in her own way de The Kooks

Use somebody de Kings of Leon


Capítulo 4: Citas

El sábado por la mañana amaneció despejado, sin una sola nube en el cielo. Aunque el frío era tal que traspasaba los abrigos y los gruesos jerseys de lana, por lo menos era casi seguro que la tarde en Hogsmeade no se vería estropeada por la lluvia.

Sirius fue el primero en despertarse y tras una ducha rápida, se dejó caer pesadamente en su cama con la toalla enroscada alrededor de la cintura. No parecía muy contento, a pesar de ser fin de semana y haber una salida a Hogsmeade a la vista. Pero, claro, no era de extrañar para los otros tres chicos que ya comenzaban a desperezarse.

-Todavía no puedo creer que esta tarde vaya a salir con la "Berza" –dijo Sirius con voz mortificada y la vista clavada en el dosel de la cama.

-Un consejo, Canuto –le advirtió Remus mientras apartaba las mantas y se ponía en pie-: cuando estés a solas con ella, procura no llamarla así. No creo que le haga mucha gracia.

Remus había sido el encargado de hacerle saber a Bertha que el acuerdo estaba cerrado y Sirius había aceptado las condiciones (o la sentencia de muerte, como decía él). Lo extraño de todo el asunto para los Merodeadores era que Bertha no había difundido el notición aún. Tal vez buscaba un mayor impacto cuando todos pudiesen verlos juntos. Porque Bertha había acordado con Remus que Sirius le estaría esperando en la entrada del castillo para ir juntos hasta el pueblo; nada de quedar a una hora exacta en la puerta de Las Tres Escobas, no señor, aquello debía ser una cita en condiciones. Y Sirius se sentía como si estuviese a punto de llegar el Apocalipsis. Aunque él no dejaba de pensar que el fin del mundo era preferible a una cita con Jorkins. Al día siguiente, Bertha se encargaría de cumplir su parte del trato y todos contentos. O casi todos.

-Esto es una pesadilla... –murmuró Sirius a través de sus manos, que cubrían su cara por completo.

-Tranquilo, Canuto.

-Para ti es muy fácil decirlo, Cornamenta, porque aquí el que tiene que sufrir soy yo y no tú. Después de esto, Evans y tú no tendréis más remedio que nombrarme padrino de vuestro primer hijo.

-Por cierto, habrás anulado tu cita con Samantha Parker, ¿verdad? –preguntó Peter, que se había incorporado en la cama para alcanzar una caja de grageas de su mesita de noche.

-Sí, sí... Lo hice antes de saber lo que me esperaba –contestó Sirius con una mueca de horror-. Creo que a Samantha le va a dar un infarto cuando se entere de que la he cambiado por la "Berza".

-¿Y por qué cancelaste la cita con Parker antes de saber lo de Jorkins? –inquirió Peter, extrañado. Un segundo después escupió una gragea con un gesto de repugnancia-. ¡Puaj! ¡Qué asco! ¡Sabor a mocos!

-Colagusano... No sé si estoy preparado para oír tu respuesta, pero... ¿Cómo puedes saber a qué saben los mocos? –Sirius miraba a Peter con una mezcla entre el espanto y la repulsión y sin esperar una contestación, dijo-: En fin... anulé mi cita con Samantha porque tenía pensado invitar a McKinnon a tomar algo en Las Tres Escobas.

-Tú no me escuchas cuando yo te hablo, ¿verdad? –espetó Remus con irritación-. ¡Que Marlene ya está saliendo con alguien!

-Relájate, Lunático, que me acuerdo de esa conversación a la perfección. Aunque lo que no me dijiste es con quién está saliendo.

-Se llama Laurie...

-¿Laurie? –lo interrumpió Sirius con una sonrisa socarrona-. ¿Pero ese no es nombre de chica? No me digas que McKinnon se ha cambiado de acera, porque entonces sí que voy a empezar a pensar que no tengo ninguna posibilidad con ella...

-Laurie Daniels –acabó Remus-. Y que sepas que Laurie es el diminutivo de Laurence.

-¿Daniels? ¿El cazador del equipo de Ravanclaw? –exclamó Sirius con el ceño fruncido-. Joder, ahora entiendo por qué todo el mundo le llama Daniels...

Remus puso los ojos en blanco y ocupó el baño para no tener que seguir escuchando las idioteces de Sirius.

-¿Tienes algún plan para esta tarde, Cornamenta?

James, que mientras esperaba su turno para la ducha revolvía el contenido de su baúl, levantó la vista en dirección a Sirius y negó con la cabeza.

-Remus, Peter y yo daremos una vuelta por Hogsmeade y aprovecharemos para reunir provisiones, ¿no? –dijo James mirando a Peter, que asintió en señal de acuerdo; y a continuación volvió a dirigir su atención al fondo de su baúl-. Tenemos que hacer inventario, porque creo que no nos queda ni una bomba fétida… Pero hay polvos pica-pica de sobra, este año los hemos utilizado muy poco...

-Pensé que tal vez intentarías hablar con Evans en Hogsmeade –comentó Sirius al tiempo que se peinaba delante del espejo-. A lo mejor está más dispuesta a escucharte con una buena cerveza de mantequilla de por medio.

-Prefiero esperar a que Jorkins arregle el lío que montó y luego ya veremos...

-No te despistes, Cornamenta, no vaya a ser que se te adelante otro y Evans se consiga un novio –dijo Sirius con una sonrisa burlona.

-¿Cómo te has enterado? –preguntó Remus, que salía en ese mismo momento del baño dejando tras de sí una nube de vapor. Mientras sacaba la ropa interior de un cajón, siguió hablando-. Aunque yo no me precipitaría con eso de que son novios, por una cita no...

-Un momento –James levantó una mano en el aire interrumpiendo a Remus-. ¿De qué demonios estás hablando?

Remus, con los calzoncillos aún en la mano, pasó los ojos de James a Sirius y de Sirius a James varias veces. Después desvió la vista hacia los boxers de algodón que sujetaba y los observó como si fueran el objeto más interesante que hubiese en la habitación.

-¿Lunático?

James, que hasta hacía unos segundos había estado arrodillado junto a su baúl, se aproximó a Remus:

-Mmm... No te sulfures –empezó con tono conciliador-, pero... Lily... digamos que esta tarde la tiene ocupada.

-¿Cómo?

-Joder, Cornamenta, pues que tiene una cita, está claro, ¿no? –dijo Sirius con ironía-. Me parece que eres el único que no lo ha captado, ¿verdad, Colagusano?

-¿Eh?

Peter estaba demasiado ocupado buscando una gragea con sabor a fresa, pero cuando escuchó que alguien lo mencionaba levantó la cabeza, desorientado.

-Olvidad lo que he dicho –masculló Sirius.

-No estoy para bromas, Sirius –contestó James con seriedad. Después se dirigió a Remus-. Ya puedes ir soltando la lengua.

-Lily tiene una cita esta tarde con Tristan Geller –soltó Remus sin rodeos, reprendiéndose mentalmente por ser tan bocazas.

-¿Ese tío que va contigo a clase de Runas? –inquirió Sirius, pero a James le interesaban más otras cuestiones.

-¿Y tú cómo te has enterado?

-Será que ha hecho buenas migas con Jorkins y le ha dado el soplo. ¿Por qué no vas tú con ella a Hogsmeade, Lunático? –ninguno hizo caso de los chistes de Sirius.

-Me lo ha dicho Tristan.

-Ya, y no me lo has contado porque estabas esperando a... –James, que se notaba de lejos que no estaba de muy buen humor precisamente, dejó inacabada la frase para que Remus lo hiciera por él.

-No pensaba decirte nada –respondió Remus con total sinceridad.

-¡Genial!

-Por Merlín, James, es solamente una insignificante tarde en Hogsmeade y ni siquiera van a estar solos, porque Marlene y Daniels van con ellos, como una salida de amigos en grupo.

-¡Qué bien informado estás!

-¡No la tomes conmigo! ¡No soy yo el que va a salir con Lily!

-Pues lo siento mucho por Geller, porque esta tarde ya tenemos planes: boicotear esa "cita" –espetó James con fiereza.

-A mí no me metas –Remus alzó las manos en señal de tregua-. Tristan no es mal tío, y él no tiene la culpa de...

-¡Pero tú de quién eres amigo! –exclamó James, indignado-. ¡Que se supone que estás de mi parte!

-Mira, James –Remus ya estaba un poco harto de discutir por algo que él consideraba una tremenda tontería-, no estoy ni de tu parte, ni de la de Tristan. Aquí no hay ningún bando. Y deja ya las neuras.

-¡Que deje las neuras, me dice! –gritó James, alterado, mirando a Sirius, que se estaba aguantando las ganas de echarse a reír por respeto a su amigo.

-¿Te quedas más tranquilo si te digo que Tristan no tiene ninguna oportunidad con Lily? –dijo Remus.

-¿Y cómo sabes tú eso? –preguntó James con desconfianza.

-Porque ayer coincidí con Lily en la biblioteca –comenzó a explicar Remus-. Estuvimos hablando y... no parecía muy ilusionada con la salida a Hogsmeade.

-Pero, ¿qué te dijo? ¿Hablasteis de Geller? –James se había acercado aún más a Remus y parecía ansioso por más información.

-No, no hablamos de Geller –respondió Remus con voz cansada-. Fui yo quien mencionó la visita a Hogsmeade, y te aseguro que no estaba nada entusiasmada. Como si no fuese a hacer nada especial.

-Pues entonces está clarísimo –afirmó Sirius con suficiencia-, porque ya sabéis lo pesadas que se ponen las chicas cuando tienen planes con un tío que les gusta de verdad: que qué me pongo, que si ese pantalón me hace un trasero enorme, que si ese vestido es demasiado atrevido para la primera cita...

James y Remus no se molestaron en contestar, pero sí que intercambiaron una mirada que decía sin lugar a dudas lo mismo: pobre mujer aquella que tuviese que aguantar a Sirius…

-0o0o0o0o0o0-

A las tres en punto de la tarde, los Merodeadores salieron por el hueco del retrato en dirección a la entrada del castillo. Sirius arrastraba los pies con aire desolado y por su cara cualquiera diría que iba camino del patíbulo.

-¿Creéis que si me pongo el gorro de lana y me coloco la bufanda estratégicamente para que sólo se me vean los ojos, alguien me reconocerá? –preguntó Sirius antes de llegar al primer piso con ambas prendas entre las manos.

-No quiero ser pesimista, pero intuyo que Jorkins va a pasearte como un mono de feria por el pueblo –contestó Remus-. Así que creo que vas a tener difícil lo de esconderte.

Sirius hizo un mohín de desesperación y siguió andando sin decir una palabra.

Nada más poner un pie en las escaleras de mármol de la entrada, Sirius divisó el cabello moreno de Bertha, que lo esperaba junto a la enorme puerta de roble, sola. Tomó una gran bocanada de aire, movió ligeramente el cuello, como si se estuviese preparando para un combate o algo peor, y después dijo con voz grave:

-Deseadme suerte, tíos, porque la voy a necesitar.

Y con paso decidido se acercó a Bertha, que sonrió coqueta al verlo aproximándose.

-No es nada exagerado... –murmuró Remus irónicamente con las cejas enarcadas.

Un par de chicas que venían de los jardines y cruzaban la puerta de entrada, miraron alucinadas cómo Sirius y Bertha salían juntos fuera del hall del castillo.

James desvió la vista de la silueta de su mejor amigo, que se alejaba poco a poco caminando por los terrenos al lado de Bertha Jorkins hasta convertirse en una mancha apenas distinguible, para fijarse en algo que él consideraba mucho más importante en aquellos momentos. Lily y Marlene acababan de hacer acto de presencia en el vestíbulo, donde Laurie Daniels y Tristan Geller ya las estaban esperando. Tras intercambiar unas pocas palabras, Marlene se colgó del brazo de Daniels y los cuatro salieron del castillo hacia Hogsmeade.

-Vamos.

James emprendió la marcha a cierta distancia de las dos parejas, puesto que tampoco era cuestión de ponerse en evidencia. Pero de repente, Remus se plantó delante, cortándole el paso:

-¿Se puede saber qué haces?

James se encogió de hombros y apartó a Remus con urgencia.

-Daos prisa, no quiero perderles el rastro.

-¡Hey, quieto, Sherlock Holmes! –exclamó Remus agarrando el extremo de la bufanda de James, que tuvo que parar en seco si no quería morir estrangulado.

-¿Sherlock... qué?

Remus ignoró la pregunta.

-No pensarás pasarte toda la tarde detrás de ellos, ¿verdad?

-Sí –respondió James simplemente-. Bueno, a menos que se les ocurra entrar en el salón de té de Madame Puddifoot, porque paso de que me vean allí con vosotros dos; ese sitio es sólo para parejitas románticas...

-¡Yo me niego! No me apetece hacer el ridículo... –dijo Remus, enfadado-. ¿Crees que no se darán cuenta de que "casualmente" vamos a los mismos sitios que ellos, al mismo tiempo?

-Pues no vengas –replicó James, muy digno. Se volvió hacia Peter y añadió-: Vámonos, Colagusano.

James y Peter continuaron el camino hacia Hogsmeade con paso rápido, pues para entonces apenas podían ver con claridad el borrón rojo que era el cabello de Lily. Remus, solo, con los brazos en jarras, el ceño fruncido y contrariado, resopló de mal humor y echó a andar detrás de sus amigos, pensando que si James estaba dispuesto a pasarse el resto del día persiguiendo a Lily Evans y compañía, el único que podía asegurarse de que no se metiese en ningún lío era él.

Por momentos, Remus hubiese deseado estar en el lugar de Sirius, porque el panorama era realmente vergonzoso: por un lado, Lily, Marlene, Tristan y Laurie paseaban por Hogsmeade con total normalidad, mirando los escaparates de las tiendas y hablando animadamente, y luego estaban James, Remus y Peter, que parecían tres idiotas, caminando detrás de ellos en silencio, porque cada vez que Remus abría la boca para intentar decir algo, James, que estaba "un poco" frenético, le chistaba para que se callara y así poder seguir escuchando las conversaciones entre Tristan y Lily, aunque teniendo en cuenta que estaban a unos diez metros de distancia, aquello era imposible.

En una ocasión, los cuatro entraron en una librería y James insistió tanto en seguirles hasta dentro, que Remus tuvo que tirar de él con todas sus fuerzas para pararle los pies. Media hora después, cuando los Merodeadores estaban al borde de una hipotermia, Marlene fue la primera en salir de la tienda con una bolsa en la mano.

-Van hacia Las Tres Escobas –dijo James con dificultad, pues le castañeteaban los dientes del frío-. Vamos.

-¡Merlín, gracias! –farfulló Remus a través de la bufanda. Si no entraban en calor de inmediato, nunca podría recuperar la movilidad de los dedos congelados.

James abrió la puerta de la taberna y tras un vistazo rápido, localizó a Lily sentada entre Tristan y Marlene en una mesa al fondo.

-Tenemos suerte –les susurró James a Peter y Remus-. Hay una mesa libre muy cerca de donde están ellos.

-Uy, sí, qué suerte –espetó Remus con sarcasmo-. Ya me estaba preocupando que no pudiésemos seguir espiándoles...

Peter se acercó a la barra para pedir tres cervezas de mantequilla mientas Remus y James tomaban asiento en una mesa, desde donde por primera vez repararon en la presencia de Sirius y Jorkins, que habían ocupado un sitio cerca de la puerta. Bertha parecía distraída mirando a su alrededor continuamente, como si estuviese buscando a alguien, y giraba la cabeza con brusquedad cada vez que oía el tintineo que producía la campanilla de la puerta cuando ésta se abría para dar paso a más estudiantes. Sirius, con cara de circunstancias, daba pequeños sorbos de vez en cuando a su jarra de cerveza, y trataba de ignorar con dignidad los cuchicheos de las chicas de la mesa de al lado.

Remus, que había pensado encontrarse con una escena en la que Bertha intentaba comerse a besos a Sirius, se extrañó bastante. Unos minutos después, cuando la puerta de Las Tres Escobas volvió a abrirse y Peter ya había regresado con las cervezas, tras un largo trago de la reconstituyente bebida, Remus se fijo de nuevo en Sirius y lo que vio entonces le hizo escupir parte de la cerveza a la cara de Peter.

Bertha se había acercado tanto a Sirius que resultaba poco probable que el aire pasase entre ellos y había escondido parte del rostro en la base del cuello del chico, que tenía los ojos tan abiertos que parecía en trance. Y a lo mejor lo estaba, pensó Remus, tratando de imaginarse a sí mismo muy lejos de allí, pero sobre todo, muy lejos de Jorkins.

-Pobre Canuto... –murmuró Peter mientas se limpiaba los restos de cerveza de la cara con un pañuelo.

Remus, que no tenía ningún ánimo por seguir contemplando la escena, se volvió hacia James, y lo vio, cómo no, con la "antena" puesta dos mesas más allá, donde Lily se reía de algo que había dicho Tristan.

James miró a Remus con el ceño fruncido y masculló algo que sonó a "Menudo cretino", para después preguntar:

-¿Alguno de los dos sabe leer los labios? Porque con este ruido es imposible enterarse de nada...

Remus, perplejo por los límites insospechados a los que estaba dispuesto a llegar James, negó con cabeza y se bebió de un solo trago lo que quedaba en su jarra, pensando que tal vez debería pedir algo más fuerte que la cerveza de mantequilla para que aquella patética tarde pasase más deprisa. Mientras tanto, Peter le explicaba a James que su abuelo era un experto leyendo los labios, y que él había aprendido un poco. Como Remus tampoco tenía nada mejor que hacer, los tres fijaron la vista en la boca de Tristan, muy concentrados. Menudo cuadro formaban... James, Peter y Remus observando a Tristan como si estuviesen hipnotizados...

De pronto, Peter dio un respingo, irguiéndose en su asiento, y abrió los ojos al máximo, lo que le daba un aspecto un tanto cómico.

-¡Será caradura...!

-¡¿Qué?! –preguntó James, alarmado, mirando alternativamente a Peter y a Lily-. ¡¿Qué pasa?!

-Geller acaba de decirle a Evans literalmente: "Tengo ganas de meterte mano". ¡Este tío no pierde el tiempo con tonterías! ¡Y ella se queda tan tranquila! Joder con Evans...

James se puso en pie de golpe y estuvo a punto de volcar la silla, que se había tambaleado peligrosamente. Su mirada era mitad amenazadora mitad furiosa, y su único objetivo en mente era claro: aniquilar a Tristan Geller.

-¿Quieres estarte quieto? –increpó Remus agarrando la manga del suéter de James con presteza antes de que cometiese una estupidez. Con un movimiento rápido hizo que se sentara de nuevo y luego se dirigió a Peter-: ¿Y tú quieres hacer el favor de no decir tantas memeces? Lo que en realidad ha dicho Tristan es: "Tengo ganas de ver a mi hermano", y no "Tengo ganas de meterte mano".

Un par de chicas de cuarto curso que pasaban junto a la mesa de los Merodeadores en ese preciso momento intentando encontrar un sitio libre donde sentarse, escucharon las últimas palabras de Remus dirigidas a Peter y, enarcando las cejas con sorpresa, siguieron adelante.

-Estupendo... –murmuró Remus encogiéndose en su asiento y tapándose la cara con una mano.

-Vaya, Lunático... –susurró Peter, que miraba a Remus con admiración-. No sabía que fueses tan bueno leyendo los labios...

-Y no lo soy, lo que pasa es que tú eres malísimo.

-¿Que tiene ganas de ver a su hermano? –repitió James con aprensión-. ¿Estás seguro de que ha dicho eso?

-¿Tú crees que alguien normal con dos dedos de frente soltaría una barbaridad como esa? –contestó Remus-. Y tiene sentido, porque su hermano mayor lleva varios meses en Australia trabajando para Gringotts.

James pareció aceptar la explicación y volvió a relajarse, pero sin dejar de observar ni por un segundo la mesa en la que Lily bebía con una pajita su bebida de color violeta.

Mientras tanto, Marlene y Laurie parecían muy entretenidos manteniendo una conversación a base de susurros y medias sonrisas, y estaban tan cerca el uno del otro como Sirius y Bertha.

Lily no lo estaba pasando nada mal; de hecho, Tristan era un chico encantador y atento con quien podía hablar de cualquier cosa. Pero después de esa "cita" en Hogsmeade, estaba más convencida que nunca de que las cosas con él no iban a ninguna parte. Mientras hablaban de Julius, su hermano mayor, Tristan se había acercado apenas un palmo a Lily, y a pesar de que la distancia entre los dos seguía siendo considerable, ella se había apartado con disimulo, sintiéndose incómoda al pensar qué podía pasar si Tristan acortaba los centímetros que los separaban. Definitivamente aquello debía significar algo. Algo como que no habría una segunda cita con Tristan.

-Nosotros tenemos un asunto pendiente, chicos –dijo Marlene al tiempo que abrochaba los botones de su abrigo-. ¿Nos vemos aquí dentro de un rato?

-¿Un asunto pendiente? –Lily sentía curiosidad por saber el porqué de la sonrisa burlona de Marlene.

-Bueno... sí...

-Quiere espiar a Celestina –soltó Laurie de improviso con condescendencia.

-¡No es cierto! –replicó Marlene, ofendida-. Sólo quiero ver qué tal le va en su cita con Bagman. No creo que sea tan raro; es mi amiga, ¿no?

Lily escondió una sonrisa dando un trago a su bebida, y ninguno de los dos chicos se atrevió a rechistar. Así que Marlene y Laurie se pusieron en pie y dejaron solos a Lily y Tristan. No habían transcurrido ni dos minutos desde que la pareja había salido de Las Tres Escobas, cuando Lily reparó en una bolsa negra que había en el suelo, cerca de sus pies.

-Marlene se ha olvidado el libro –dijo Lily sujetando la bolsa con una mano-. Será mejor que la alcance y se lo devuelva antes de que piense que lo ha perdido.

-¿Quieres que te acompañe? –se ofreció Tristan haciendo amago de levantarse.

-No, no te molestes. Seguro que aún están muy cerca de aquí, sólo serán un par de minutos, y si dejamos la mesa libre, no creo que cuando volvamos siga estando vacía. No voy a tardar nada.

-De acuerdo.

Lily salió fuera de la taberna y el aire frío le golpeó con fuerza en la cara. Se apresuró a abotonar su abrigo negro y sin molestarse en ponerse los guantes, se alejó de la entrada de Las Tres Escobas, mirando a ambos lados de la calle. Se fijó en cada pareja que paseaba por la avenida, aunque tampoco eran muchas, ya que había empezado a nevar, pero ninguna de ellas eran Marlene y Laurie.

Anduvo calle arriba en dirección a la Casa de los Gritos y al doblar la esquina tampoco divisó la melena oscura de Marlene cubierta por un gorro de lana gris, de hecho, lo único que vio fue al grupo de Slytherins de séptimo acercándose.

Lily decidió que no valía la pena seguir buscando a Marlene y Laurie teniendo en cuenta que no sabía siquiera dónde podían estar. Sí que se habían dado prisa... Giró sobre sus talones dispuesta a volver a las Tres Escobas con Tristan cuando escuchó una desagradable voz a sus espaldas:

-¡Eh, sangre sucia! ¿Adónde vas con tanta prisa?


Próximo capítulo: "Unas cuantas verdades".

Un beso a todos los que me leéis; espero vuestra opinión. ¡Muchas gracias!