Capítulo 3.

—…Y por este motivo considero que los elfos domésticos merecen tener unas condiciones laborales similares a las que tienen los magos y brujas. Ellos se ocupan de mantener nuestros hogares y nuestros lugares de trabajo en unas condiciones de mantenimiento excelentes. Deberíamos agradecérselo de alguna forma, ¿No creen ustedes?

Hermione terminó su presentación después de una hora hablando sobre los derechos que deberían tener todos los elfos domésticos. Los miembros del Ministerio encargados de aprobar la nueva reforma la miraban atentamente. Ron pensaba que lo había hecho realmente bien y, olvidándose de los motivos por los que había ido realmente a escuchar aquella charla, aplaudió con fuerza cuando toda la sala lo hizo.

—Señorita Granger, los elfos domésticos han trabajado en esta situación durante siglos y ellos nunca han expresado su interés en una reforma de sus condiciones laborales. Creo que esto supondría un cambio radical en las vidas de estos seres que, como bien ha dicho usted, hacen tanto por nosotros. ¿No cree que les estaría privando de esta vida que han llevado durante tanto tiempo y en la que ellos mismos son felices?

—La Señora Woorbuth tiene razón —dijo otro mago, secundando lo que su compañera acababa de expresar—. Esta ley podría suponer un castigo para ellos, ¿Ha pensado en cómo reaccionarían los elfos domésticos si aprobamos esta ley? Estaríamos condenándoles a una vida que ellos no han pedido. Y, a fin de cuentas, ¿No cree que esta reforma estaría haciendo justamente aquello por lo que usted dice estar luchando? Les impondría una nueva manera de trabajar, algo que ellos no desean, cambiaría todo el sentido de su existencia.

—Pero… nosotros no sabemos si son felices de verdad. Ellos nunca nos dirían eso, están acostumbrados a no decir lo que piensan… —Hermione se había quedado sin palabras al ver las acusaciones que estaban haciendo aquellas personas sobre su reforma—. Yo no quiero imponerles nada… ellos merecen un reconocimiento por su trabajo…

Los asistentes comenzaron a murmurar, algunos a favor de la reforma de Hermione y otros, la gran mayoría, en contra de este cambio. Ron no soportaba ver como toda esa gente no era capaz de darse cuenta de todo el esfuerzo y las ganas que había depositado Hermione en el tema de la lucha por los derechos de los elfos domésticos.

—Ella no está diciendo nada de que quiera imponer nada, ¡Son una panda de viejos carcamales que no sabrían distinguir un elfo doméstico de un gnomo de jardín! —Harry y Ginny miraban a Ron con curiosidad. Hacía tiempo que el pelirrojo no se ponía de esa forma, indignándose tanto y defendiendo un tema por el cual él había tenido también sus teorías opuestas. Parecía que ese estado de humor, esa rabia por defender tanto una cosa solo aparecía cuando Hermione era quien creía tanto en ese tema—. Lleva desde cuarto intentando hacer algo por esas pobres criaturas y ahora vienen ellos diciéndole que quiere joderles la vida a los elfos, ¿Estáis escuchando lo mismo que yo? ¡Es una vergüenza! ¿Y usted que mira?

El mago que estaba mirando mal a Ron por el espectáculo que estaba dando se giró de nuevo ante la pregunta del pelirrojo. Ginny intentaba calmar a su hermano pidiéndole que se callara, que al final todo el auditorio iba a terminar por oír sus quejas. Ante el sonido de un martillo en la parte de delante de la sala, todos los presentes guardaron silencio de nuevo. Era el turno para hablar de la bruja encargada de aprobar o no la reforma.

—Señorita Granger, me parece que usted ha trabajado muy duro en este tema y que cree firmemente en ello, algo que me impresiona mucho. Sin embargo, ante la desaprobación de algunos miembros del jurado, he de decirle que no puedo aprobar su reforma —los miembros del jurado que estaban en contra de la reforma sonrieron triunfantes. Hermione tuvo que morderse el labio para no comenzar a llorar en aquel segundo, viendo como su sueño era tirado por el suelo después de tanta dedicación—. No obstante, he decidido darle una nueva oportunidad. Le doy dos meses para que revise su información y consiga demostrar en esta sala que los elfos domésticos aceptan estas nuevas medidas, de ser así, yo misma estaré encantada de aprobar su propuesta.

Hermione asintió y dio las gracias a todo el jurado. Los asistentes comenzaron a desalojar la sala, comentando las conclusiones que tenían después de la presentación y cómo de difícil veían que Hermione consiguiera demostrar que los elfos querían tener unos derechos propios.

Ginny, seguida por Harry y Ron, bajó las escaleras hasta llegar al estrado. Hermione se encontraba sentada en el suelo, con los pies colgando en el borde. Su cabeza se encontraba agachada, ocultando de este modo sus lágrimas.

—Herms, lo has hecho genial, no hagas caso a esas momias —Ginny abrazó a su amiga—. Solo vas a tardar un poco más en conseguirlo, pero no se ha terminado. Tú puedes conseguir esas declaraciones, todos lo pensamos.

Harry y Ron, quien estaba luchando con sus ganas de abrazar a Hermione y consolarla, asistieron.

—Gracias chicos, después de cómo me porté, de cómo me fui… y vosotros seguís aquí a mi lado, sin rencor… no me merezco esto…

—Eso es pasado —Ginny rompió el abrazo, apretando las manos de Hermione y mirándola a la cara—. Harry y yo tenemos unas cosas que hacer ahora, pero mañana por la noche cenamos los cuatro juntos en Grimmauld Place, ¿Va?

Hermione pensó en poner una excusa, algo como que debía cenar con sus padres o que tenía algún tipo de compromiso, pero volver a tener a sus amigos cerca era algo que llevaba necesitando desde hacía varios meses, por lo que asintió.

—¡Genial! Pues nos vemos mañana a las 8. Ya sabes cómo llegar.

Harry y Ginny se despidieron de Hermione. Sin embargo, Ron seguía en el mismo lugar donde había estado desde que comenzaron la conversación.

—Ah, eh, esto, podéis iros sin mí. Yo —Ron se había puesto rojo ante las miradas de los otros tres—. Bueno había pensado...

—Nos vemos mañana, chicos.

Harry, que entendía por lo que estaba pasando Ron, cogió a Ginny de la mano y salieron de la gran sala, que se había quedado completamente vacía. Ron se sentó al lado de Hermione y durante unos instantes los dos estuvieron en silencio y mirando al suelo.

—Hermione, yo…

—Lo siento, Ron... Sé que te debo una explicación... Me asusté, me sentía bloqueada. La guerra me mostró lo frágil que es la vida y necesitaba encontrar a mis padres... Y tú necesitabas reencontrarte contigo mismo y poder velar a Fred con tu familia, sin que yo te apartase de ellos… era un viaje que debía hacer sola…

—Eso ya lo sé, me lo dijiste en la carta —Ron levantó la mirada hacia ella, encontrándose con sus ojos inundados en lágrimas—. La he leído millones de veces desde ese día, esperando encontrar alguna razón a por qué no volviste... Dime la verdad, por favor Hermione, necesito saber por qué perdí a mi mejor amiga.

Hermione respiró hondo y, secándose las lágrimas con la mano, dijo, por primera vez en voz alta, aquella razón que le había hecho marcharse de su vida.

—Después de escapar de la Mansión Malfoy, cada vez que veía la cicatriz que me dejó aquella arpía, algo dentro de mí me impulsaba a terminar con aquel sufrimiento —Ron no entendía a qué se refería Hermione. Si aquello era cierto, ni Harry ni él se habían dado cuenta de la preocupación que atormentaba a su amiga—. Cada vez me sentía menos ligada al mundo mágico, no era más que lo que aquella marca decía, una sangre-sucia... A pesar de llevarla tapada desde hace años, aún me quema algunos días... En realidad, sigue ahí, bajo ese hechizo de protección... Sigo siendo eso...

—Hermione, por favor, no te llames así a ti misma. Eso no es verdad...

—Si lo es, Ron. Siempre lo he sido. Por eso, cuando estábamos luchando en Hogwarts, cuando tu hablaste de los elfos... Temía por nuestra vida, pensé que lo mejor era que, llegado el momento, yo me sacrificase esta vez, al igual que hiciste tú en primero. Pensé que, si debía morir, quería poder besarte al menos una vez, demostrarte todo lo que sentía... Bellatrix me dijo que ningún mago o bruja de sangre-limpia debía emparejarse con muggles, que era antinatural... Yo la creí, Ron... Por eso no volví nunca, porque la voz de esa bruja me recordaba que lo que sentía estaba mal, que estaríais mejor sin mí.

Ron no sabía que decir en aquel momento. Las respuestas que le había dado Hermione no era lo que él esperaba. Sin embargo, algo dentro de él le empujaba a olvidar el pasado y consolar a la joven.

—Hermione, eso ya es pasado, como te dijo Ginny. Y, si te parece bien, me gustaría que volviésemos a ser amigos. Ahora que te he encontrado, no quiero volver a perderte —Ron le tendió la mano—. Qué me dices, ¿Puedes volver a ser mi mejor amiga?

Hermione le estrechó la mano, sintiendo una presión desaparecer de su pecho. Ron siempre había tenido el don de sacarla de sus casillas y de consolarla como nadie más lo había hecho nunca.

—¿Te apetece ir a comer a algún sitio? Podemos ponernos al día.

Asintiendo, Hermione sonrió a Ron y salió de la sala con él.

Decidieron entrar a comer en un pub muggle que había cerca del Ministerio. Al pedir la mesa, Hermione notó como Ron había aprendido a desenvolverse en el mundo muggle, algo que siempre le había costado cuando iban al colegio.

—Vaya, veo que te has acostumbrado a tratar con muggles —comentó Hermione al sentarse a la mesa—. Tu padre debe de estar muy orgulloso.

—Sí, bueno es porque he estado trabajando con muggles y ahora vivo en Oxford, en una zona muggle —Ron hablaba con tranquilidad. Lo que en otro tiempo hubiera utilizado para llamar la atención de Hermione, ahora mismo carecía de importancia para él—. ¿Y tú? ¿Has vuelto a vivir por el mismo barrio en el que vivías antes?

—No, me mudé a París y trabajo entre un Ministerio y otro. Comencé a colaborar con el Ministerio de Magia francés, donde Kingsley me recomendó. Mis padres si siguen viviendo por la misma zona. Con la clínica aquí, ya sabes, pensaron que era mejor volver a la rutina…

—Entiendo… —Ron no comprendía a que se debía ese nudo que se había instalado en su estómago al escuchar a Hermione decir que ahora vivía en otro país—. Por cierto, si necesitas ayuda, yo, ya sabes, puedo ayudarte con los elfos domésticos. McGonagall sigue siendo directora de Hogwarts y Neville trabaja allí como profesor de Herbología desde el año pasado, podrías preguntarles si puedes entrevistar a los elfos del castillo… ¿Has pensado ya que vas a querer pedir? En este sitio si no vas a la barra no te atienden… He comido aquí un par de veces con Harry.

—Eh, si… creo que pediré una ensalada. Después de la presentación no tengo el estómago muy bien…

Ron se levantó y fue hasta la barra, donde le atendió un joven de aspecto alegre. Hermione notó como se sonrojaba al pensar en que Ron le acababa de ofrecer ayuda con su proyecto, después de lo que ella hizo, él todavía quería recuperarla como amiga y ayudarle en todo. Desde hacía unos meses, había estado echando de menos su antigua vida y a sus amigos. En París había conocido gente, compañeros de trabajo, pero ninguno era como las personas a las que había dejado años atrás en Inglaterra.

—Me encantaría que me ayudases —Hermione le sonrió mientras él se sentaba y Ron le devolvió la sonrisa—. Con el aplazamiento de la propuesta me quedaré en casa de mis padres estos meses. No es muy cómodo ir y venir todos los días de un país a otro por medio de trasladores. Además, así podríamos trabajar mejor los dos, recopilando información y eso…

—¡Genial! Un día podrías venir a mi casa y así ves a Crookshanks, esa bola de pelo te echa de menos. Si quieres puedes llevártelo de nuevo… yo solo estaba cuidándolo mientras, bueno, mientras no estabas por aquí.

—No creo que sea buena idea. No encajaría en mi vida allí… —el tono de Hermione se volvió sombrío, como si tuviera un secreto sobre su vida en Francia que no pudiera revelar a nadie. Este cambio no pasó desapercibido para Ron—. El edificio donde vivo tiene unas reglas muy estrictas en cuanto a los animales y comparto piso… creo que él está mejor contigo.

—Entonces podrás venir a verle siempre que quieras. Nosotros estaremos encantados de que nos visites —Ron intentó pasar por alto el tema, pensando que era muy pronto para preguntarle a Hermione por sus preocupaciones—. Además, en Oxford hay una biblioteca enorme con millones de libros mágicos. A los muggles les dicen que solo se puede entrar con visitas guiadas porque los libros son muy valiosos y antiguos, pero la verdad es que la comunidad mágica de allí es muy celosa con sus conocimientos. Te volverías loca allí, y seguro que encontramos algo sobre los derechos de los elfos.

—Ahora pasarías por un muggle sin problemas, visitas bibliotecas y disfrutas de ellas, ¿Has cambiado en algo más y aun no me he enterado? —El móvil de Hermione sonó, interrumpiendo a la bruja—. Vaya, creía que lo había apagado, lo siento…

Hermione se levantó y abandonó el pub. Ron la miraba desde la ventana, los gestos de la chica no parecían ser los que harías en una conversación sin importancia, sino que parecía estar discutiendo con alguien al otro lado del teléfono. El camarero que había atendido a Ron en la barra trajo la comida, pero Ron no podía dejar de mirar preocupado a Hermione. La chica volvió unos minutos después, pero el pelirrojo no quiso preguntar a que se debía ese cambio de humor.

—Me regalaron el teléfono hace poco y aun no me he acostumbrado a llevarlo. No me gusta mucho, es muy agobiante estar recibiendo llamadas cada poco tiempo…

—Si… yo también tengo uno, pero lo llevo siempre sin sonido. Si pasa algo en casa, bueno mis padres siguen usando los métodos mágicos para comunicarse con todos.

La comida transcurrió en un ambiente mucho más tenso después de la llamada que había recibido Hermione. Ella parecía estar en otra parte y Ron no quería entrometerse, por lo que simplemente se dedicó a sacar temas triviales para intentar que ella volviese a la tierra.

Cuando terminaron, salieron del local y se encaminaron hacia el Ministerio de nuevo. El teléfono de Hermione volvió a sonar un par de veces más, pero ella hizo como si no lo escuchase.

—Bueno, tengo que volver a casa. Mañana nos vemos para cenar.

—Sí, yo también tengo que volver. Además, será mejor que me desaparezca en este callejón que no suelen pasar muggles —Ron se tocó el pelo, intentando pensar cómo alargar más aquel momento con Hermione—. Mañana a las 8, ¿No?

—Si. Bueno hasta mañana Ron.

Hermione se dio la vuelta y comenzó a andar hacia la boca de metro más cercana. Ron continúo mirándola unos segundos más, pero al ver que ella no se volvía, giró sobre sí mismo y se desapareció. Hermione giró la cabeza, pero cuando lo hizo, el pelirrojo ya no se encontraba allí.