Disclaimer: Los personajes de Free! y Yuri On Ice no nos pertenecen, estos son propiedad de Hiroko Utsumi y Kubo-sensei respectivamente. Solo nos pertenece esta historia, el tiempo y nuestras computadoras.
CAPÍTULO III
La vida no es color de rosa
La noche era fría, demasiado para ser el segundo día de febrero, podía ver el vapor de su propio aliento. Makoto-sama le dijo que podía irse antes de que terminara su turno en la cafetería, a fin de cuentas, otra vez no había clientela. Nagisa se cubrió hasta la nariz con su bufanda, metió sus manos en su delgado abrigo y caminó rumbo hacia su otro trabajo.
Mientras recorría las oscuras calles de ese barrio peligroso, no pudo evitar pensar en que de nuevo no pagó la renta. Ni siquiera veía por donde iba, sus pies ya sabían el camino y ningún ladrón tenía la intención de robarle a alguien que parecía igual de jodido. Así que siguió sacando las mismas cuentas del mes. Los libros de bachillerato de Fuyumi habían aumentado de precio.
En menos de quince minutos llegó a un edificio abandonado que aparentaba ser solo eso, que no escondía algo más allá de moho y suciedad. Cruzó los mismos pasillos de siempre, atravesó las mismas paredes rotas, hasta se tropezó con la misma piedra. Se encontró frente a la puerta que estaba resguardada por un hombre que simulaba ser rudo. Saludó con el mismo tono dulce y amable que le caracterizaba.
-Muy buenas noches, Roxanne.- el fornido hombre le abrió la puerta de ese misterioso lugar. Él le dio las gracias y pasó a la maravilla que se escondía detrás de esas paredes.
Y así comenzó la misma rutina que tenía desde hace años.
Han pasado tres años desde que empezó a bailar en Husain´s Club, tres años en donde su vida seguía igual que siempre. Fue directamente hasta los camerinos que compartía con los demás bailarines, no vio a ningún cliente en las mesas, solamente estaban los empleados haciendo sus deberes, había llegado antes de lo usual. Perfecto, así podía practicar con Chris ese movimiento de caderas que todavía no le salía.
Saludó a todo aquél que le hablara. Al llegar a los camerinos escuchó los gritos que todos conocían:
-¡Te dije que quiero hacer esos pasos, cerdo!- la estruendosa voz le pertenecía a un joven de piel de porcelana y cabellos más claros que los suyos.
-Yurio, todavía eres muy joven para practicar esa coreografía. Aún tienes la pinta de un niño inocente.- respondió un pelinegro con completa calma.
Nagisa dejó sus cosas en su casillero y sacó de este su traje. Se acercó a una chica pelirroja que miraba divertida la escena.
-¿Ahora por qué están peleando Yuuri y Yurio?-le preguntó Hazuki a la chica, esta dejó de prestar atención a los chicos.
-Oh, hola, Nagisa-kun. No te había visto- saludó con una sonrisa-. Pues… ya sabes, lo de siempre, Yurio quiere participar en bailes no aptos para su edad y mamá Yuuri cree que todavía es muy inocente.
-¡¿Acaso se te olvida quién te enseñó a marcar mejor tus pasos?!- Nagisa no pudo evitar reírse de ese par.
Los reclamos de Agape eran el pan de cada día. Iba a seguir con su riña, hasta que una voz masculinamente gay, irrumpió en la habitación:
-Ya, ya, ya. Tranquilos, chicos. Dejen de pelear- exclamó Chris Giacometti, el coreógrafo y jefe de sección para los bailarines.- Agape, deja de pedir bailes que denigren tu pureza, recuerda que solo tienes quince años.
-Creo que Otabek ya se hizo cargo de su pureza.- insinuó la chica, haciendo que el blondo se sonrojara furiosamente y no parara de gritar.
-¡¿A ti que mierda te importa, Mila?!
Antes de que Yurio siguiera gritando como mujer en sus días, Chris comenzó a cambiarse frente a ellos. El rostro de Yuuri se puso morado.
-Bueno, señoritas, tenemos trabajo que hacer. El programa de esta noche los incluye a los tres… y sí, Agape, vas a hacer tu numerito tierno.
Yurio gruñó por lo bajo. Giacometti, que esta vez iba vestido con sus amplios pantalones de satín azul marino con multitud de brillos por todos lados, se dirigió a la grabadora para colocar la canción que bailarán esta vez. La música empezó a sonar.
-Empezaré contigo, Eros- éste se quitó las gafas y se encaminó hacia el escenario. Por mientras, Nagisa se acercó a la barra y tomó asiento frente al barman.
-Hola, Otabek-san.
-Buenas, Roxanne- saludó, mientras terminaba de secar y acomodar unos vasos de tragos- ¿Te sirvo algo?
-¿Tienes algo de jugo?- sabía que sonaba infantil, pero de verdad, no toleraba el alcohol. Hasta Yurio tomaba más que él.
-Naranja solamente- el barman le tendió un vaso lleno del líquido naranja y un platito con maní ía de la casa.
-A veces siento que me tienes lastima, Otabek.- con un puchero en los labios, se bebió todo de un solo trago. Otabek le preguntó qué tal iba su vida, no pudo evitar lanzar un suspiro.
-¿Quieres que te diga la verdad? Está completamente jodida. Se me agotó todo el dinero.
-¿Mocoso, ya te acabaste el préstamo que te dio Yamazaki?- la voz de Yurio sonó preocupada, metiendose a la conversación.
-Sí…- soltó- me lo he gastado todo en medicinas. No comprendo cómo es que todo sube de precio tan rápido.
-¿Y tus ahorros?
-Pregúntaselo al que me cobra la renta.
Durante los tres años que llevaba trabajando ahí, parecía como si todo hubiera mejorado… al menos al principio. Nagisa pudo saldar algunas deudas, pero parecía como si entre más creciera su hermana, más crecía también la enfermedad.
Era un muy buen bailarín, de los mejores si podía presumir. En sus primeros meses le daba vergüenza mostrarse de esa manera, pero con el paso del tiempo le empezó a gustar el sonido de los aplausos. Le había tomado cariño al Husain´s Club y a las personas que trabajaban en él. Conoció al implacable Eros, que en realidad resultó ser un tímido y dulce chico amante del katsudon; conoció también al inocente y puro Agape, un pequeño tigre temperamental, la diva de Chris, que le había enseñado lo básico del baile profesional; Mila, Otabek… todos aquí eran buenas personas.
Se sentía atrapado cuando ingresó a trabajar, pero pronto se dio cuenta de que en realidad lo trataban como si fuera uno más de ellos. Lo hicieron sentir parte de algo, como una familia.
-¡Roxanne, Agape, vengan a ensayar!
…
Su turno en el club había acabado, fue una buena noche.
Eran las 4:00 a.m., por suerte aún tenía unas cuantas horas de sueño antes de tener que levantarse nuevamente para darle sus medicinas y chequeo diario a su hermana, Ukyo. Tan sólo llegó a su pequeño hogar, se dejó caer sobre el sofá, no alcanzó a llegar a la habitación. Estaba cansado, sentía que esa noche lo había dado todo de sí, en su cuerpo ya no quedaba una sola gota de energía y, sin embargo, no se desanimaba al pensar que el día siguiente sería igual o más atareado que este.
Su reloj interno lo despertó a la misma hora de siempre, exactamente a las 7:35, hora en la que debía darle sus medicinas a Ukyo.
Se levantó lentamente del sofá, sentía un ligero dolor de cabeza por la falta de sueño. La luz del sol era todavía débil. Cuando entró a la habitación de la pequeña, cargado con un vaso de agua en una mano y varias cajas de pastillas en la otra, otra vez vio la misma imagen que todos los días le partía el corazón: su pequeña hermana, recostada sobre la cama, con sus manitas sosteniendo apenas la cobija y los cabellos rubios pegados al rostro húmedo de sudor debido al esfuerzo que le causaba mantener una respiración más o menos normal.
Nagisa era por excelencia, una persona optimista, a la que le costaba trabajo rendirse ante alguna dificultad y plantarle frente al destino; pero, ver a una de las personas que más quería en esas circunstancias, lograba terminar con toda su fortaleza. A veces no podía evitar preguntarse… ¿por qué? ¿por qué ella? ¿por qué tan sólo una niña cuya vida estaba apenas comenzando y a la que le faltaban tantas cosas por ver, por sentir?
Hazuki suspiró y, armándose de valor nuevamente, se acercó a la niña.
-Onii-san…- la llamó, acariciando tiernamente su rostro- es hora de tus medicinas.
-Hmm, nii-chan… no me gustan… saben feo- dijo, tallando sus ojos con pereza.
Claro que sabían mal, eran tratamiento para adultos, eso, combinado con la estricta dieta que debía seguir, hacían de Ukyo una niña privada de los dulces, caramelos y golosinas; pero como siempre, ella debía de aguantar y soportar todo aquello si es que quería tener la posibilidad de curarse algún día.
-Vamos, deja de quejarte, sabrán peor si te quejas- Nagisa abrió el primer frasco- ahora di "aaaa"
-Aaaaaa- abrió la boca inocentemente.
El rubio le metió ambas pastillas en la boca y le acercó el vaso de agua. Ukyo se quejó por un instante.
-Sólo trágalas, no las saborees.
-Siguen sabiendo feo.
-Lo sé.- él se acercó y le plantó un maternal beso en la frente-. Ve el lado positivo, Ukyo-chan, son dos menos por hoy.
Acarició su cabello y la dejó seguir durmiendo, otra vez tendría que encargársela a la vecina, ya que hoy, a Fuyumi le tocaba limpieza en la escuela. A veces tenía la sensación de que la mujer que amablemente se ofrecía a cuidar de la pequeña lo hacía nada menos que por lástima, pero bueno, no podía rechazar ayuda.
Nagisa se siguió derecho al baño y tomó una ducha helada. Mientras sentía cómo la lluvia artificial recorría su cuerpo, se permitió fantasear acerca de pedirle otro préstamo a Yamazaki-san, pero rápidamente rechazó la idea, a estas alturas, la mayoría de sus deudas eran debido a esto.
-Dios mío, estoy jodido…- sollozó, pero aquel sonido no traspasó la cortina de baño.
Notas de autor:
¡Ciao, ciao!
Ha pasado tanto tiempo...espero que disfruten del capítulo. Posiblemente este es el capítulo más corto que hemos escrito, pero es necesario. Les prometemos que lo bueno se esta acercando.
Alguna duda, queja o sugerencia no duden en decirla. Shio ama los comentarios, asi que no sean tímidos y digan (escriban) algo.
Bueno, hasta la próxima.
Syaonara.
