Capítulo 4. – Realidad y Fantasía

Sobresaltado, Harry se incorporó. Estaba muy agitado y sudoroso. Confundido, volvió a la cama e intentó recordar aquel extraño sueño. Había revivido con total perfección el momento en que Bellatrix mataba a Sirius...(N/A: Bueno, no con total perfección pero me refiero a la parte en que cae en semicírculo y eso, no?). Ni siquiera recordaba cuando finalizaba la realidad y comenzaba el sueño...Se concentró en recordar lo que estaba sucediendo antes de quedarse dormido. Recordó que estaba en su habitación pensando en su día cuando oyó un ruido sordo, como de golpe. ¿O eso era parte del sueño? No se acordaba...Decidió comprobarlo. Bajó las escaleras, y se encontró a sus tíos viendo las noticias en la Sala.

-¿No ha vuelto Dudley? – preguntó. Su tío gruñó a modo de respuesta, y Harry supuso que quería decir que no. Volvió a su habitación todavía pensando en su sueño. Al entrar en ella, se dio cuenta de que algo había cambiado. ¿Qué era lo diferente? Y ahí se dio cuenta: la ventana estaba abierta. Se acercó a ella y miró hacia abajo. Y ahí estaba, andrajoso, con un cigarrillo en la mano y saludando a sus amigos, su primo Dudley, grande e imponente como nunca antes lo había estado desde que Harry lo conocía.

-Tú, idiota, sal de ahí o no podré entrar. – le dijo, lo más discretamente que pudo para no alertar a sus padres que estaban ahí, al lado de la ventana.

-¿Qué haces? – le preguntó Harry. – La puerta esta para allá, bobo.

-Vuélveme a decir bobo y lamentaras haber nacido, cuatro ojos. – respondió su primo agresivamente. A Harry no le molestó: su primo hacía constantes referencias a los anteojos de Harry o al físico de este de forma despectiva, como es de esperar.

-Ya...¿Por qué no entras por la puerta como un chico normal, cachorrito? Ahora no puedes decirme nada porque tu madre te llama así todo el tiempo...¡No querrás pegarle también a ella! – se burló Harry. Ya en otra ocasión había molestado a su primo con esas cosas, pero aquella vez había sido premiado con un buen golpe en la cara.

-Cállate. No puedo entrar a casa así, pero tampoco podía ir a la plaza vestido con la ropa con la que me hicieron salir...-dijo su primo en un susurro impaciente - ¡Muévete ya, o no podré subir a tiempo!

Harry se corrió para tras mientras su primo escalaba el muro de una manera sorprendentemente ágil para ser él. Trepó por la ventana de Harry e ingresó en la habitación.

-¿Cómo abriste la ventana? – le preguntó éste.

-La dejaste entreabierta para dejar salir a esa lechuza tuya...Solo he tirado una piedra y se abrió sola...

-Para estar todo el día aquí encerrado, eres más desordenado que yo – le comentó su primo con tono burlón. Sabía perfectamente que Harry no podía estar nunca en su cuarto porque se pasaba todo el tiempo trabajando para los Dursley. Dudley mismo tenía siempre alguna tarea para él, y siempre resultaba ser muy tediosa.

-¿Y por qué no te cambiaste en al casa de Polkiss? – preguntó Harry, mientras intentaba no ver a su obeso primo cambiarse los jeans gastados y rotos por sus pantalones de vestir color beige claro.

-¿Crees que dejaría que mi pandilla me viera vestido así? – preguntó Dudley con tono malhumorado. – Esta ropa es para niños idiotas, solo mírame, con corbata de moñito y camisa blanca a tomar el té con mis amigos...Nadie viste así en estos días. – concluyó.

-Entiendo – dijo Harry, comprensivamente. Muchas veces sentía algo que se parecía mucho a la pena por Dudley, ya que el era un niño mimado que no sabía lo que era sentir falta de algo, pero a la vez le faltaban tantas cosas...

-Oye, ahora volveré a bajar por la ventana y entraré por la puerta como si tal cosa. Luego de eso ordenaras mis juegos de PlayStation por orden alfabético y harás mis tareas de álgebra para Smeltings...Me están costando horrores.

-¿Disculpa? ¿Acaso no sabes el abecedario?

-Ordenarás mis juegos de PlayStation por orden alfabético y luego harás mi tarea de álgebra – repitió Dudley contorsionando los nudillos amenazadoramente. – Y no habrá discusiones.

-Estás muy equivocado si piensas que haré todo eso. Tu estas aprendiendo álgebra, haz tu mismo tu propia tarea, yo ya tengo la mía. Y sobre tus juegos de PlayStation, son tu problema.

-Lo harás – le dijo Dudley autoritariamente – porque sabes que mis padres te obligarán si yo se los digo...

-¿Y qué tal si yo les dijera lo que ha estado haciendo su pequeño hijo Dudley todo este tiempo, y lo que ha hecho hoy? – insinuó Harry con una sonrisa de triunfo no muy pronunciada en la cara.

-Te arrancaría cada cabello, uno por uno, de esa mugrienta cabeza que tienes – le dijo su primo ferozmente.

-Eso no le haría olvidar lo que yo haya dicho – le comentó Harry. Recordaba haber tenido una conversación muy similar tres veranos atrás con su tío Vernon, respecto a tía Marge. Sabía perfectamente como controlar el asunto.

-Tú no tienes pruebas – dijo Dudley, aunque no parecía muy convencido.

-Eso es lo que tú piensas – le dijo Harry a su primo. En realidad tenía pruebas, no muy buenas, pero le servirían de algo al menos. – Ya me has oído: o tu haces tus cosas y yo las mías o tus padres sabrán que es lo que haces en lugar de tomar el té con tus amigos todos los días.

Dudley parecía convencido luego de esto. Se dirigió a la ventana y saltó velozmente. Se acercó a la puerta y gritó, lo suficientemente fuerte para que sus padres lo oyeran:

-¡Adiós señora Polkiss, gracias por el té! – y entró a la casa.

Harry oyó a sus tíos recibir a Dudley muy complacidos. Oyó como su primo subía las escaleras y se encerraba en su habitación.

Se puso el pijama y se acostó pensativo. No sabía como podría presentar sus pruebas en caso de que su primo lo obligara a trabajar. Al menos tenía la ropa andrajosa y con olor a cigarrillo, que el muy estúpido había dejado en la habitación de Harry. Escuchando las exclamaciones de su exasperado primo, que intentaba hacer su tarea de álgebra, Harry se durmió con una sonrisa en el rostro.

Todo había sido un sueño. O tal vez no.