¡Hola a todos! Siento haber tardado tanto. He estado durante prácticamente todo Noviembre con exámenes. De todas formas, he tardado un poco más de lo que esperaba en escribirlo porque quería que quedara lo mejor posible. Tomaos con calma este capítulo, vais a ver a una Teresa de compras y probablemente yéndose de fiesta. ¿Y qué pasa con Jane? Leed y lo veréis. Por cierto, solo un aviso, tened en mente a Erica Flynn, una de las pocas chicas que se ha liado con Jane en la serie.

-Gracias por ayudarme con el regalo, cariño.-me vuelve a decir, por enésima vez, Cathy.

Llevamos toda la mañana en el centro comercial Reva's, uno de los más grandes de Sacramento. Cathy me sugirió venir ayer con ella para despejarme un poco y, de paso, ayudarla a elegir un regalo de cumpleaños para un amigo suyo llamado Ron. Por lo que me ha contado, va a ser esta noche la primera vez que Cathy vea a Ron desde su vuelta de una misión en la que ha estado durante dos años destinado con el Ejército de los Estados Unidos en Vietnam, asique Cathy está muy ilusionada por la idea de verle. También me ha contado que Ron es un amante de los deportes, especialmente del fútbol americano, así que le he sugerido que le regalara una colección de DVD's de edición limitada de las últimas cinco temporadas de la Super Bowl. A Cathy le ha parecido buena idea y ha seguido mi consejo.

-Es la milésima vez que me dices eso, Cathy. Agradezco el gesto pero, de verdad, con una es suficiente.-le digo, encogiéndome de hombros y restándole importancia.

A pesar de llevar toda la mañana rodeada de zapatos y bolsos que deberían captar mi atención, no he conseguido quitarme de la cabeza lo que me espera esta noche. Voy a ver a Jane, después de seis meses sin hablar con él, y no sé si esperarme lo mejor o lo peor. No sé hasta qué punto habrá cambiado o si seguirá igual. Dudo que haya cambiado de opinión con respecto a su venganza, en la que pretende matar a uno de los mayores asesinos que ha conocido California, John el Rojo. Si en diez años no ha cambiado de parecer, dudo que lo vaya a hacer precisamente ahora. De todas formas, lo que más me llama la atención es el hecho de que quiera verme precisamente ahora, después de la fuerte discusión que mantuvimos en el ático de la brigada hace meses, en la que ni llegamos a despedimos; conozco a Patrick Jane lo suficiente como para saber que sus actos siempre esconden alguna intención, y no precisamente buena. La voz chillona de Cathy corta mis pensamientos.

-¡Oh Dios, Teresa! ¡Mira ese vestido!

Cathy se ha parado frente el escaparate de una tienda llamada 'El armario de Amy', donde hay un vestido verde con toques dorados que llama bastante la atención, por el hecho de ser lo bastante sobrio como para resultar elegante y por tener el corte y los detalles adecuados como para ser atrevido. Es precioso, he de admitirlo. Me acerco más hasta el escaparate hasta estar a la altura de Cathy para contemplarlo mejor. Es de un color verde oscuro muy bonito y algo brillante, ceñido en la parte de arriba y suelto en la parte de abajo, y, en la parte de la cintura, donde lo ceñido pasa a ser más abierto, hay un cinturón hecho a base de pequeñas piedras doradas muy bonito. Es un vestido muy corto y atrevido, pero tengo que decir que me gusta bastante.

-Es muy bonito, Cathy, tengo que admitirlo.

-¿Sólo bonito? – murmura Cathy. Y justo antes de que empiece a babear dirige su mirada hacia mí, para mirarme de arriba a abajo y luego decirme- Deberías probártelo, Teresa. Ese corte y color te favorecerían. Además con tus ojos verdes y tu pelo oscuro ese vestido te quedaría de muerte.

-No, Cathy, los vestidos no son lo mío…- digo mientras no puedo evitar soltar una risilla nerviosa. ¿Yo con un vestido? ¡Venga ya!

-Probarte uno no te matará cariño, además, nunca te he visto con uno como ese.

-¿Cómo que no? ¿Y los que me toca ponerme en algunos casos con el equipo no cuentan?

-Ninguno es tan sexy como ese, además, tú misma lo has dicho, 'en algunos casos'. Siempre que te quiero poner un vestido cuando te toca hacer de cebo en algún caso me toca pelear contigo.- es cierto, cada vez que Cathy nos asigna el vestuario en un caso y veo que me ha tocado un vestido pongo el grito en el cielo, y siempre es Medi quien acaba zanjando el asunto diciéndome que lo que estoy haciendo no es nada profesional, lo que hace que me calle y obedezca a ambos poniéndomelo- Venga cariño… ¡Ey! Si te lo pruebas te invito a comer.

No puedo evitar la risa ante la oferta de Cathy.

-No sé si voy a poder resistirme a esa oferta, Cathy.

-Me lo tomaré como un sí. ¡A dentro!

Tras exclamar esto, me agarra del brazo y me mete corriendo a la tienda, donde la dependienta mira sorprendida y con una sonrisa a la torbellino de Cathy, quien le pide que me lleve el vestido del escaparate en mi talla a un probador. Por lo que se ve, la dependienta se contagia del nervio de Cathy, pues la veo alejarse rápidamente del mostrador a uno de los burros de ropa a por el vestido. La dependienta nos guía rápidamente a uno de los probadores donde cuelga el vestido en uno de los percheros y donde Cathy me mete de un empujón cerrando la cortina.

-¿Y esta violencia Cathy?- exclamo, exhausta por la carrera.

-Tengo que aprovechar antes de que cambies de opinión, cariño.- su comentario me dibuja una sonrisa en la cara. Cathy es increíble.- ¡Y no tardes! Me muero por vértelo puesto.

Pienso para mí misma que seguro que no es para tanto, ninguno de los vestidos que me he puesto a lo largo de mi vida me quedaban bien. Me desvisto rápidamente, quitándome la blusa y los vaqueros, y cojo el vestido para bajarle la cremallera y ponérmelo. Ahora que lo veo aún más de cerca, percibo que tiene unos bolsillos muy discretos a los lados y puedo afirmar, sin riesgo a equivocarme, que es precioso. Tras subirme la cremallera y hacerme rápidamente el lazo del cinturón en la parte de atrás, salgo del probador, donde me esperan la dependienta y Cathy, quienes me miran con los ojos como platos. ¿Tan mal me queda?

-Cariño… Te queda genial. Estás preciosa.- me dice Cathy, con un hilo de voz. Dirijo la mirada a la dependienta y la veo asentir, de acuerdo con el comentario de Cathy.

¿Cómo? ¿Que a mí, Teresa Lisbon, me queda bien un vestido? Eso hay que verlo. Me giro para quedar enfrente de un espejo, donde me veo con un vestido que, como Cathy ha supuesto antes de entrar a la tienda, resalta el color verde de mis ojos y no me queda nada mal. La única pega que le veo es que es demasiado corto.

-¿Va a pagarlo con tarjeta o con dinero en efectivo?- me dice la dependienta, en el mismo estado de shock que Cathy.

-No… No voy a llevármelo.- le digo apresuradamente a la dependienta, quien se acerca para volverme a hacer el lazo de la parte de atrás con manos expertas.

-No le haga caso, sí que se lo lleva.- dice Cathy.

-¡Cathy!

-Cariño, si un vestido me hiciera ese trasero, ese pecho y me quedara así de bien me lo pondría hasta para dormir.- afirma Cathy con rotundidad, totalmente convencida de sus palabras.

-Es… Es demasiado corto.

-¿Y qué? Ni que fueras a ir a misa con él puesto.

-Ya sé, lo que necesita son unos zapatos a juego para acabar de convencerse.- sugiere la dependienta.

-¡Exacto Amy! ¡Tú sí que me entiendes! Tráele un 39.- asique la dependienta resulta ser Amy, la dueña, y se ha compinchado con Cathy para que salga de la tienda con el vestido. ¡Genial!

Fulmino con la mirada a Cathy, quien me responde encogiéndose de hombros, y antes de que le pueda decir algo, Amy vuelve con un par de zapatos oscuros altísimos con el tacón lleno de las mismas piedras doradas que el cinturón. Me tengo que apoyar en Cathy para poder ponérmelos.

-Peeeerfecto.- dice Amy, satisfecha.

-¡Venga ya! ¡Pero si ni siquiera sé andar con esto!

-No será porque nunca te has puesto tacones…

-Ya, Cathy, sí que he llevado tacones, pero no es lo mismo un zapato de tacón bajo que esto… Son demasiado altos.

-No hay mucha diferencia, Teresa.- me dice Cathy- Simplemente hay que saber llevarlos.

-Es cierto. Creo que su amiga y yo podemos hacerle un cursillo rápido. –sugiere Amy- Lo único difícil que tienen estos zapatos es aguantar toda una noche con ellos puestos.- Cathy asiente dándole la razón, lo que demuestra su experiencia con este tipo de calzado.

Para acabar cuanto antes con esto, me pongo en manos de estas dos mujeres que creen que puedo aprender en cinco minutos cómo caminar correctamente con unos zapatos que no sean planos. Primero me hacen andar con ellos puestos y luego me corrigen diciendo que debo usar todo el pie al caminar, es decir, repartir el peso del talón a la punta conforme voy andando. Luego me dicen que no tense tanto los hombros, los brazos ni el cuerpo al caminar, que eso queda muy artificial. Para que quede natural debo andar, según dicen, como si lo hiciera con un zapato plano normal, con todo el cuerpo relajado. ¡Claro! Para ellas es fácil, usan tanto un zapato de tacón como yo las botas que me pongo para ir a trabajar. En fin… Cuando, según ellas, ya he captado la idea, me hacen cambiarme para poder cobrarme el vestido y los zapatos. Sé por experiencia que tanto los zapatos como el vestido acabarán en el fondo del armario y que nunca me los pondré.

Para cuando salimos de la tienda ya tengo unos doscientos dólares menos en mi cuenta y, para consolarme, lo mejor que se le ocurre a Cathy es cumplir su palabra invitándome a comer en un italiano. Cathy y yo nos sentamos en la parte de fuera y pedimos unas pizzas, una de pepperoni para mí y otra con guindilla para ella.

-Te voy a matar Cathy, me has hecho comprarme un vestido que ni siquiera me voy a poner.

-¿Qué no? Tranquila, le acabarás sacando partido…Mira, vente esta noche conmigo a la fiesta de Ron, así lo estrenas…-me sugiere, entusiasmándose con su propio plan.

-No es una buena idea, Cathy.

-¿Y por qué no? Estaría bien que te vinieras, nunca he salido de copas contigo. ¡Venga Teresa! Ya verás, cena, fiesta, ¡tequila!…- Cathy parece ilusionarse cada vez más.

-No, en serio, ni siquiera conozco a Ron. ¿Qué haría yo allí? Además, ya tenía pensado hacer algo esta noche.-digo, sin darme cuenta de lo que vendrá a continuación.

-¿Ya tienes planes? ¿Y eso? ¿Has quedado?- dice Cathy, estrañada.

-No en realidad… - pienso en cualquier escusa, tengo que decirle a Cathy lo que sea menos que voy a ver a Jane.- Dan por la tele una película que hacía tiempo que no veía, una de mis favoritas…- ni yo estoy convencida de mi historia, asique lo más seguro es que Cathy ya haya calado mi mentira. Cathy se queda mirándome pensativa.

-Vale, no me lo cuentes, Teresa, lo adivinaré yo solita.- entonces empieza a mirarme más fijamente, analizándome como si fuera una especie de jeroglífico – Aunque no sería raro en ti quedarte un sábado por la noche en casa viendo películas, creo que eso no es lo que vas a hacer esta noche.-si sigue así, dará con lo que verdaderamente voy a hacer, asique intento poner mi mejor cara de póker, esperando que no dé con la verdad- Creo que has quedado… Sí, has quedado... ¿Con un tío?- se queda parada esperando una reacción - Sí, con un tío. Vaya, Teresa, ¿por qué no me lo has contado? Ni que estuviera prohibido… -sigue observándome hasta que parece dar con la clave- Espera… ¿No habrás quedado con ese rubito guaperas psicótico que trabajó contigo?- Cathy nunca dejará de sorprenderme, ¿cómo es tan buena?

-¿Cómo demonios lo has sabido?- le digo incrédula.

-Eres como un libro abierto para mí, cariño. Ya sabes que ese Patrick Jane no me gusta nada. Puede que sea un hombre atractivo, pero desde que me contaste toda su historia no me gusta un pelo, no me da buenas vibraciones.

-Solo hemos quedado para vernos un rato, ya sabes, ponernos al día y esas cosas.

-Teresa, creo que estás colgada por él y si eso no cambia, acabará con tu juicio, si no lo ha hecho ya bastante en los años que estuviste trabajando con él.

-No hay nada entre nosotros, Cathy.- digo bajando la mirada.

-Ese es el problema, tú siempre has tenido la esperanza de lo contrario. ¿Me equivoco?- Cathy deja esta frase en el aire, dejándonos a ambas en silencio. Lo peor es que, aparentemente, Cathy ha vuelto a dar en el clavo- Bueno Teresa, ya eres mayorcita, tú sabrás lo que haces, sólo te digo una cosa: nunca te fíes de los hombres, te prometen todo, hasta el mismísimo mundo hasta que consiguen de ti lo que quieren, y justo después de ello, desaparecen.

- Me apuntaré eso, Cathy.- digo mientras se dibuja una sonrisa en mi rostro. Los consejos de Cathy son muy buenos, ¡y todos ciertos!

-Harás bien cariño.- dice devolviéndome la sonrisa. Entonces empieza a sonarle el móvil y, mientras lo busca, continúa- De todas formas, piénsate lo de esta noche. Primero iremos a cenar y a eso de las doce iremos a algún club.

-De acuerdo…

-Cathy- dice respondiendo al teléfono- ¡Ah! ¡Hola Medi! ¿Qué tal el sábado?... No, he salido a comer con Teresa… Vale, pongo el manos libres.- Cathy teclea dos botones y oigo la voz de Medi al otro lado de la línea.

-Buenos días Teresa

-Hola, jefe.

-Esto me evitará otra llamada. Bien. Os llamaba porque Bogda y yo, al contrario que el resto del equipo, nos hemos dedicado a seguir trabajando en nuestro caso durante toda la mañana, y parece que hemos dado con algo muy interesante. Pasaos después de comer por la oficina y os contaremos qué hemos encontrado. Puede que sea un avance en el caso de John el Rojo, no sólo en la búsqueda de su topo.

-De acuerdo, jefe.

-Allí estaremos Medi.- dice Cathy, antes de colgar.

Cathy y yo llegamos a las oficinas del FBI en las que trabajamos poco después de las tres y media de la tarde. Todo el edificio está prácticamente vacío a excepción de nuestra oficina. ¡Cómo no!, es sábado.

-Hola chicas, sois las primeras en llegar, aún falta Donald.- dice Medi, recibiéndonos.

-Hola jefe.

-Hola Medi. ¿Qué es eso tan interesante qué habéis encontrado?- le pregunta Cathy

-Algo muy bueno Cathy…Es algo muy bueno. –repite mientras se frota más manos- Os va a encantar.

-Medi ni siquiera ha parado a comer. Está muy ilusionado con pista nueva.- dice Bogda, mofándose del jefe

Antes de que se diga nada más, Donald aparece por la oficina con cara de recién levantado. Tiene pinta que se lo pasó muy bien anoche cuando salió.

-Bien, ya estamos todos, sentaos cerca de la pizarra, va a empezar el espectáculo.- dice Medi, dando dos palpadas en el aire. Todos cogemos sillas y nos sentamos, obedientes, alrededor de la pizarra de nuestra oficina. Es todo un espectáculo ver a Medi explicar un caso mientras pega en la pizarra metálica fotos y mapas y empieza a hacer flechas relacionándolo todo; por no hablar de los post-it, eso sí que es digno de ver.- Hoy no nos vamos a centrar en la búsqueda del topo de John el Rojo en la brigada de Sacramento, si no en una pista muy buena con la que hemos dado Bogda y yo mientras trabajábamos en el caso esta mañana, como os he contado cuando os he llamado antes. Bien, empezando por el principio, todos sabemos que no es raro que John el Rojo se haga con personas, especialmente mujeres, que hacen el trabajo sucio por él, la última conocida fue Lorelei Martins, quien fue encontrada muerta hará cosa de un año en uno de los escenarios típicos de John el Rojo, ya sabéis, callejones y su marca en sangre.- presentado el caso de Lorelei, Medi pega su foto de archivo en la pizarra- Bien, según informes de la propia brigada, Lorelei tenía la esperanza de que, colaborando con John el Rojo, daría con los asesinos de su hermana biologica. Ambas fueron adoptadas por diferentes familias tras la muerte de sus padres.- dicho esto, Medi pega una foto de la hermana de Lorelei en la pizarra- Bien, vayámonos ahora a otro caso de homicidio.- Medi se dispone a pegar en la otra punta de la pizarra otra foto de una mujer de pelo corto oscuro y cuyo rostro me resulta muy familiar. ¡Maldita sea! ¡Es Erica Flynn! ¿Qué tendrán que ver entre sí estos dos casos? La única relación que veo entre ambas es que se liaron con Jane.- Bien chicos, esta mujer se llama Erica Flynn, y asesinó a su marido, John Flynn hace más de dos años, pero ese caso os lo puede contar Teresa, pues fue ella quien lo llevó el en su brigada. ¿Nos puedes hacer un resumen de ese caso?- Medi, con un gesto de mano, me invita a levantarme para hacer una pequeña exposición del caso.

-Sí, bueno, no hay mucho que contar. Cuando nos asignaron el caso en mi brigada, la primera sospecha de mi consultor por aquel entonces, Patrick Jane, fue que ella era la responsable del homicidio de su marido, el millonario John Flynn, director de una famosa página web de citas. Mi ex-consultor resultó estar en lo cierto, pero es irónico ya que fue él mismo quien la ayudó a fugarse de la cárcel un año después.

-Exacto. Pues, ¿adivináis el soplo que han recibido esta mañana la brigada y algunos departamentos del FBI? Ayer Erica Flynn fue vista por Sacramento, y existen fotos que corroboran dicha información...

-¿A dónde quieres ir a parar Medi?- le interrumpe el resacoso Donald, preguntándole lo que todos estamos pensando- Quiero decir, no veo la relación entre el caso de la amante de John el Rojo y esa Erica Flynn.

-Todo a su debido tiempo, Donald. De todas formas, iré al grano. Por donde iba… ¡Ah, sí! Erica Flynn. Bien, como Bogda y yo no teníamos otra cosa que hacer esta mañana, nos hemos puesto a investigar el pasado de Erica Flynn, con la esperanza de poder ayudar a dar con esta fugitiva, y es aquí donde llega lo interesante: ¿Sabíais que, al igual que Martins y su hermana, Erica Flynn también fue adoptada? Es más, ¿sabíais que permaneció en el mismo orfanato qué Lorelei y su hermana? Y lo más interesante, ¿sabíais que, según los documentos, las tres entraron en dicho orfanato al mismo tiempo?

Se hace un silencio absoluto en la sala mientras empezamos a encajar las piezas del puzle que Medi acaba de darnos.

-Jefe, ¿nos estás diciendo que entre estas tres mujeres existe una relación de lazos de sangre?- pregunto incrédula, a grandes rasgos lo que Medi está diciendo es que las tres son hermanas.

-Es solo una sospecha Teresa, de todas formas no se puede negar el parecido entre las tres.- y tiene razón, ambas tienen la misma piel algo oscura y el cabello negro, por no hablar de algunos rasgos comunes.- Lo que nos interesa es que, si tanto Martins como su hermana estuvieron relacionadas con John el Rojo, ¿por qué Erica no? Deberíamos centrarnos en esa pista mientras sigue en Sacramento. Quién sabe, puede que establezca contacto con el topo o con el mismísimo John el Rojo, asique trabajaremos duro en ello y, con un poco de suerte, acabaremos con el caso antes de lo previsto.

Tengo que admitir que es una buena pista. No creo que nos lleve hasta John el Rojo, porque el cabrón es muy escurridizo, pero, si Medi está en lo cierto, será un avance para el caso. De todas formas, lo bueno de esto es que ya no tendré que investigar a Cho, Rigby y Van Pelt como si fueran delincuentes, y eso me consuela pues, si de algo estoy segura, es de que ellos no trabajan para John el Rojo.

-¿Eso es todo Medi?- pregunta Cathy.

-Sí. Y sé que me vais a cortar las pelotas por haberos hecho venir a la oficina un sábado para contaros algo que os podría haber dicho el lunes, pero me parecía una pista muy buena y quería que estuvierais al tanto. De todas formas, para suplicaros vuestro perdón, había pensado en invitaros a café. ¿Qué os parece?

¿Café gratis? Claro que nos gusta la idea, lo raro es que la fiesta salga del bolsillo de Medi.

Nos hemos tomado con calma eso del café. Eran eso de las siete y media cuando aún seguíamos a lo nuestro en un bar cercano a la oficina hasta que Cathy ha dicho que se tenía que ir ya a prepararse para ir a la cena de cumpleaños de Ron. Donald volvía a salir hoy y Bogda y Medi han ido a sus casas. Voy conduciendo hacia mi apartamento pensando en que esta noche voy a ver a Jane por primera vez en seis meses y me voy poniendo cada vez más nerviosa por momentos. Aún tengo que llegar, ordenar un poco mi casa, ducharme y cambiarme. Si todo va según lo previsto, me dará tiempo a todo.

Entro por la puerta del piso a eso de las ocho con la bolsa que lleva el vestido y los zapatos que me he comprado esta mañana en la mano. Echo un vistazo al salón y a la cocina que, cómo no, están hechos un desastre. Me lleva diez minutos ordenarlo todo hasta que se queda una planta baja decente, entonces cojo la bolsa y subo al piso de arriba del dúplex, entro en mi habitación, meto la bolsa dentro del armario para después desvestirme y meterme en la ducha, preguntándome cuanto tardaré en llevar el vestido y los zapatos a una tienda de segunda mano, pues es obvio que no me los voy a llegar a poner.

Me visto con una blusa color violeta oscuro y con unos pantalones negros, me arreglo un poco el pelo y bajo a la planta de abajo a ver en la tele una película que parece ir por la mitad mientras espero a que Jane llegue.

Para cuando me preocupo de mirar la hora son algo más de las diez y media, la película ha acabado y Jane no ha llegado, ni siquiera me ha llamado para decir que llegaba tarde, asique marco yo su número. Las dos primeras veces llamo sin recibir respuesta hasta que los tonos se acaban y a la tercera vez los tonos se cortan al tercer pitido. Me ha colgado. Tomo eso como una señal de que no tarda. Debe de estar aparcando y a punto de subir. Con esa hipótesis me dirijo a la cocina a por dos copas y la botella de vino tinto que tenía en uno de los armarios. Me lleno una copa mientras espero a que suba.

Voy llenándome la tercera copa cuando veo que han pasado tres cuartos de hora, son las once y pico y ni rastro de Jane. ¿Dónde diablos está? ¿En serio me ha dejado colgada? ¿Y por qué razón? ¿John el Rojo? No, seguro que no es eso, al menos me habría avisado. Entonces empiezo a preguntarme por qué razón decidiría Jane llamarme precisamente ayer para vernos tras seis meses sin hablar, tras acabar de aquel modo en el ático de la brigada. Mi alcoholizada mente empieza a atar esos cabos sueltos basándose en los sucesos de las últimas horas, y el resultado no me gusta nada. Lo único que aparentemente ha cambiado es que su ligue de hace un par de meses, Erica Flynn, ha vuelto a Sacramento, y lo más probable es que ella esté relacionada con John el Rojo, asique, como yo trabajo para el FBI, Jane me llamaría ayer para sacarme algo esta noche sobre el paradero de Erica. Entonces recuerdo la frase de Cathy: 'Los hombres prometen hasta que dan con lo que quieren, después desaparecen' asique, como no, Jane habrá dado con ella antes de lo previsto y habrá ido a verla para ponerle ojos tiernos y darle amor para que ella le cuente si tiene algo que ver con Lorelei y John el Rojo. Jane me ha dejado plantada porque ya no me necesitaba. Me ha colgado el teléfono porque estaba con Erica. Hijo de puta mentiroso y manipulador. ¿Cómo he podido ser tan idiota e ilusionarme con verle? No debería sorprenderme, por lo que parece, Cathy tenía razón, estoy colgada de un psicótico desde hace tiempo. Ahora mismo podría estar con Cathy en el cumpleaños de su amigo Ron y no esperando durante tres horas a ese capullo que no va a aparecer. Miro el teléfono, alargo el brazo hasta cogerlo y marco el número de Cathy. Tras cuatro tonos, me contesta.

-Hola cariño. ¿Llamas para pedirme ayuda o para arrepentirte por no haber venido?

-Para arrepentirme, Cathy.- digo comenzando a arrastrar las palabras a causa de las copas de vino que me acabo de tomar

-El rubito no ha aparecido, ¿verdad? ¡Lo sabía! Nunca te fíes de aquel que tiene pene, siempre te lo digo cariño.

-Ya, oye, ¿es demasiado tarde para irme tomar algo contigo?

-Para cenar sí, hemos acabado ya, estamos a punto de irnos a Luxe, donde Ron ha reservado una sala para todos nosotros. Oye, mira, vístete y ponte mona que en unos quince minutos llegaré a tu casa, te recogeré y nos iremos a Luxe de cumpleaños. ¿Estarás lista en ese tiempo, cariño?

-Sí, sí, supongo.

-Venga cariño voy para allá.

-Ahora te veo Cathy.

Me pongo de pie e inmediatamente parezco darme cuenta de que el mundo se mueve. Estoy mareadísima a causa del vino. Subo las escaleras y abro el armario para coger la bolsa con el vestido y los zapatos que hasta hace pocas horas pensaba que no me iba a poner. Perece que me lo he tomado con calma eso de vestirme, pues junto cuando estoy tratando de meterme el último zapato, Cathy llama a la puerta de mi apartamento. Voy, aunque con dificultad hacia la puerta, la abro y me encuentro a Cathy con un vestido rojo y unos tacones negros. Va preciosa, como siempre.

-¿Nos vamos?

-Sí solo me faltan las llaves…

-Espera, espera, ¿vas a salir sin maquillarte?- me pregunta una Cathy incrédula, lo que menos me preocupaba esta noche era maquillarme, de todas formas no tengo muchos medios.

-Cathy, solo tengo un corrector para las ojeras y un lápiz de ojos negro, con eso no puedo hacer mucho.

-Eres un desastre cariño, menos mal que esta noche he venido preparada. Anda, déjame pasar y siéntate en una silla de la cocina, voy a maquillarte yo.- le hago caso como una niña obediente haciendo lo que me ha dicho. Cathy entra en la cocina detrás de mí y entonces se percata de la botella de vino que está encima de la mesa, a la cual le quedan dos dedos de vino tinto.

-¿Todo eso te lo has bebido tú, cariño?- me pregunta, incrédula.

-Sí mami.- le digo casi orgullosa de mi hazaña

-Bueno, así vas ya preparada de casa. En fin, tenemos que darnos prisa, necesito que te estés muy quieta mientras te maquillo, ¿de acuerdo?

Cathy me ha pintado los labios del mismo color rojo que ella lleva, me ha puesto sombra negra, rímel y algo de colorete. Vamos en su coche camino de Luxe, un local que ya conozco debido a un caso que tuve en mi anterior brigada. No me quito de la cabeza lo idiota que soy, siempre me empeño en pensar que todo puede cambiar cuando no es así en realidad. No puedo acabar de creerme lo estúpida que he sido al pensar por un segundo que le importaba algo a Jane.

-Alegra esa cara Teresa. Ya verás que noche pasamos. Te voy a presentar a todos los amigos de Ron, son monísimos, eso sí, a Ron ni tocarlo, es mío esta noche.- sé que me dice eso con la esperanza de que me alegre un poco, pero no tiene mucho éxito -Teresa, voy a hacerte beber tequila conmigo hasta que la sonrisa se dibuje por sí sola en tu cara, ¿eso te vale?- la verdad es que esa amenaza sí que vale para sacarme una sonrisa. Un coma etílico siempre es una buena amenaza- Así está mejor.

Aparcamos el coche en uno de los callejones de atrás y nos dirigimos al interior del club. Está abarrotadísimo y me veo obligada a agarrarme del brazo de Cathy para poder caminar entre toda la gente. Por suerte, gracias a que todos los de la fiesta de Ron vamos a estar en un reservado, la sensación de claustrofobia no va a durar mucho más.

Para cuando llegamos al reservado, se nos acerca un chico alto pelirrojo sonriente con un traje negro que nos recibe.

-¡Hola! Tú debes de ser Teresa. Gracias por unirte a nosotros, yo soy Ron, el del cumpleaños.- me dice mientras me da un abrazo

-Hola Ron, encantada.Y, felicidades- le digo en un tono de voz lo demasiado alto como para que me oiga.

-Gracias guapa, tómate algo con nosotros y pásalo bien.- dice antes de irse guiñándole un ojo a Cathy. Esto va a tener un final feliz.

Durante la próxima media hora Cathy se dedica a presentarme a unas veinte personas de las que no consigo recordar su nombre. Mi memoria no va a funcionar nada bien esta noche, eso sí, me he quedado con uno de los chicos que me ha presentado, no me acuerdo de su nombre pero sí de que estaba como un queso. Era alto, de pelo oscuro, ojos clarísimos, barba de dos días y, cómo no, muy guapo. Cathy me lleva arrastrando a la barra donde nos pide dos chupitos de tequila. Nos los sirven con limón y sal.

-Hacía mucho tiempo que no bebía tequila, Cathy.- le digo, gritándole al oído debido a que la música está demasiado alta

-Tranquila, aquí esta Cathy, que hará que nunca pierdas las costumbres buenas.- me responde, también gritándome mientras me acerca el vaso de chupito con el tequila y el limón. Ambas nos lamemos a la vez la sal del dorso de la mano, nos bebemos el chupito de un trago y chupamos el limón.

-¡Ey! ¿Con que empezáis con los chupitos sin avisar?- Ron y un grupo de cuatro tíos y tres chicas se nos unen a la barra. Nos tomamos todos juntos tres chupitos más a la salud de Ron y volvemos al reservado.

-Oye, Robert no te quita el ojo de encima, Teresa.- me dice Cathy, empezando a arrastrar las palabras

-¿Quién?

-A tu derecha, pelo negro, barba y traje azul oscuro.- entonces le veo, es el chico en el que me he fijado de antes, el de los ojos claros que me ha gustado. Le veo hablando con Ron y en un momento, ambos empiezan a andar hacia donde estamos sentadas nosotras.

-¿Qué tal chicas, os lo estáis pasando bien?- pregunta Ron, como buen anfitrión, pero no me da tiempo a responderle, pues Cathy se le echa encima y ambos se empiezan a besar apasionadamente. Es una de esas escenas donde la gente suele empezar a aplaudir y a gritar '¡Buscaos un hotel!'

-Parece que Cathy le va a dar a Ron su segundo regalo de cumpleaños.- me dice Robert, pero yo sigo en shock ante la escena- Que no te sorprenda, llevan tonteando desde Ron volvió de su misión en Vietnam.- entonces yo me giro para mirarle a la cara. ¡Qué guapo es!- Nos han presentado antes. ¿Te acuerdas de mí?

-Creo que el tuyo es uno de los pocos nombres que recuerdo Robert.- digo sonriendo.

-Eso es una buena señal.- me dice, devolviéndome la sonrisa.

Empezamos a hablar y ambos conectamos enseguida. Me cuenta su vida en poco menos de media hora. Trabaja en el departamento de seguridad de una empresa del centro y conoció a Ron en el ejército, donde sólo estuvo destinado durante un año. Me ha contado que vive solo y que está soltero, lo que me sorprende. Yo he hecho lo mismo, le he contado una versión resumida de mi vida, que viví en Chicago, trabajé para la brigada y que trabajo con Cathy desde hace seis meses. Acabamos hablando de nuestros años en la universidad, concluyendo con que fueron los mejores años de nuestra vida. Tras quedarnos un momento en silencio me tiende la mano invitándome a ir a bailar con él y todo el grupo del cumpleaños a la pista, una oferta que acepto. Esta está siendo una mejor noche de lo que me esperaba.

Son casi las cuatro de la mañana cuando la gente del cumpleaños empieza a retirarse. Ron me dice que se tiene que ir ya y me pregunta si quiero que me acerque a casa. Como aparentemente Cathy ha desaparecido con Ron, me dirijo con él a su coche y, como hace bastante frío, el bueno de Robert me deja su americana, que me está enorme pero al menos me abriga.

Todo el trayecto en coche estamos callados, lo que muestra nuestro cansancio. Estoy a punto de cerrar los ojos cuando oigo la voz de Robert.

-Ya hemos llegado, Teresa.-veo el bloque de pisos en el que vivo y después dirijo la mirada a Robert- Ha sido una gran noche, hacía tiempo que no me lo pasaba así de bien.

-Sí, ha sido una gran noche.- y la verdad es que lo ha sido. Como ha dicho Robert, hacía tiempo que no me lo pasaba así de bien. Nos quedamos en silencio, mirándonos el uno al otro antes de que él continúe.

-¿Te volveré a ver, Teresa?

-Cuando quieras, Robert.

-Dame tu número de teléfono.-dice mientras saca un bolígrafo de la guantera. Yo se lo apunto en el dorso de la mano y él me apunta el suyo en el mío. Ninguno de los dos hemos llevado el móvil esta noche, yo he salido de casa únicamente con las llaves. Después de esto, nos volvemos a quedar en silencio, mirándonos, hasta un momento en el que Robert empieza a acercar su rostro al mío hasta juntar nuestros labios en un beso que, a pesar de no ser nada corto, me deja con ganas de más. Cuando nos separamos, veo que le he dejado marcas de carmín rojo en los labios, asique se las limpio con el dedo pulgar – Perdón, te he destrozado el pintalabios.

- No te preocupes, me alegra que hayas sido tú.

-Buenas noches, Teresa.

-Buenas noches, Robert.

Le doy otro beso rápido antes de salir del coche y dirigirme al interior de mi edificio. Justo cuando estoy entrando oigo a Robert gritándome algo.

-¡Te llamaré, Teresa! ¡Y será pronto!

-¡Esperaré esa llamada, Robert!

Con esto y con un gesto de despedida con las manos nos despedimos definitivamente. Subo al tercer piso en el ascensor, y conforme avanzo por el pasillo hacia mi apartamento, siento como cada vez me cuesta más andar con los zapatos de tacón, asique me los quito ahí mismo mientras suelto un suspiro de alivio. Pensaba que duraría mucho menos tiempo con ellos puestos, honestamente. Saco de uno de los bolsillos discretos del vestido lo único que me he llevado a la fiesta de Ron, las llaves de casa. No quería saber nada del móvil esta noche. Aunque con cierta dificultad, consigo meter la llave en la cerradura al tercer intento y la hago girar hasta que puedo abrir la puerta de mi casa, entrar en la oscuridad que hay en ella y luego volverla a cerrar para quedarme apoyada en la puerta con la espalda durante unos instantes. ¡Vaya noche!

- Bienvenida a casa, Teresa.- me dice una voz que me resulta muy familiar proveniente de mi salón.

Entonces dirijo la mirada hacia el sillón de mi salón con los ojos como platos y justo en ese momento enciende la lámpara que está al lado de dicho sillón, cagándome con la luz. Genial, el espectáculo continúa. Con una voz demasiado tranquila para la situación en la que estoy, le respondo a la persona que ha entrado en mi hogar con, seguramente uno de sus famosos trucos, trucar la cerradura con dos clips.

-Hola, Jane.

¿Qué tal? ¡Sí, por fin vuelve Jane! Y esta vez os vais a cansar de él. ¿Y qué me decís del nuevo ligue de Lisbon? ¡Se merecía lo merecía! Aunque también he de decir que no va a durar mucho. El próximo capítulo tardaré mucho menos en subirlo. ¡Lo prometo! Agradeceré cada comentario que me dejéis, como siempre. ¡Gracias!