Chapter 3

La boca de Bella se abrió al instante, sabiendo lo que él estaba diciendo, pero decidió hacerse la tonta. Tal vez ella estuviera equivocada y él no quería decir que quería ver más de ella.

—Ya me ves expuesta.

—Hazlo ahora. Puedo adivinar por tu elevado ritmo cardíaco y respiración agitada que sabes exactamente lo que quiero. Ya acuéstate en mi cama sobre tu espalda y muéstrame tu vagina.

Ella se giró para mirarlo atónita. — ¿Por qué? Esto no es exactamente... apropiado.

Él en ese momento le sonrió, sus ojos azul oscuro brillando divertidos. —Soy un ciborg. ¿Qué se yo de modales? ¿Vas a hacerlo o tengo que obligarte a acostarte en la cama en la forma en que quiero verte?

Ella tuvo que pensar en ello durante unos pocos instantes, meneando finalmente la cabeza. —No lo haré. No soy algún tipo de muestra-para observar que deba satisfacer tu curiosidad sobre la anatomía humana femenina.

Él se movió tan rápido que Bella no tuvo tiempo ni de soltar una exclamación. Fue empujada encima de la cama mientras el hombre se le echaba encima. Él la agarró de sus brazos que se movían frenéticamente, restringiéndole los movimientos mientras con su peso le inmovilizaba las piernas. Su cara estaba a pocos centímetros de la de ella.

—No puedes ganarme en el plano físico, Isabella Swan.

—Deja de llamarme así.

—Me dijiste que era tu nombre.

—Lo es, pero yo no te llamo a ti Ciborg Edward.

— ¿Cómo te llaman?

—Si te apartas de mí, te lo diré— Ella imaginó que valía la pena intentarlo ya que él parecía tan curioso.

—Me dirás cualquier cosa que desee saber. Quédate quieta y no te muevas en absoluto o te prometo que no te gustarán mis técnicas de educación para que aprendas a obedecerme.

Eso no sonaba bien. Bella experimentó algo de miedo mientras miraba fijamente sus serios ojos.

— ¿Me harás daño?

—Te entrenaré. Me perteneces ahora que te he traído de la nave. En la Tierra los ciborgs eran propiedad de los humanos y ya no estás en la Tierra, Isabela Swan. Ahora eres mía. O sigues mis órdenes o te entrenaré para que hagas lo que se te manda. No voy a disfrutar aplicándote diferentes castigos pero lo haré si es necesario. ¿Lo entiendes?

Ella asintió, sintiendo temor. —Sí.

Él le soltó las muñecas y se apartó de ella, saliendo de la cama para mirar al otro lado mientras se ponía en pie. Hizo una pausa y vio que él se inclinaba por la cintura. Se quedó mirándole el culo, recubierto por sus pantalones de piel negros, pantalones que le moldeaban el cuerpo como una segunda piel.

Tenía un bonito trasero y unos muslos musculosos. Cerró los ojos, no queriendo mirarle de esa forma. Oyó como algo hacía un ruido sordo al caer al suelo y eso hizo que abriera rápidamente los ojos. Observó como él iba hasta la zona de almacenamiento y entonces se dio cuenta de que se había sacado las botas y los calcetines ya que estaba descalzo en ese momento.

Él sacó algo de uno de los cajones y se giró, sujetando dos cinturones en su puño. El miedo la invadió instantáneamente.

—Haré cualquier cosa que quieras. Por favor no me azotes.

Él se paró, sus ojos se dirigieron a los dos cinturones que tenía en la mano y entonces los estrechó, los fijó y asintió en dirección a ella. —Bien. Entonces haz lo que te digo.

Se sentó en la cama. El colchón de Edward era más largo y ancho de lo normal pero por supuesto los ciborgs eran tíos grandes. Probablemente ocupaba la mayor parte de la cama cuando estaba ahí tumbado.

—Levanta los brazos, agárrate a la barra metálica del cabezal y quédate quieta. No te muevas.

Ella dudó antes de levantar los brazos, haciendo lo que él había dicho, no queriendo ser azotada. Se preguntó si eso era lo que les habían hecho antaño en la Tierra cuando eran castigados y si era allí donde habían aprendido su brutal método para entrenar a alguien a obedecer.

Ella estaba asustada mientras él usaba los finos cinturones para atar sus muñecas a su cabezal, atándolas firmemente pero asegurándose de que las ataduras no tiraban dolorosamente de su piel. Cuando acabó se inclinó sobre la cama para estudiar su cuerpo.

—Ahora levanta las piernas, y extiende tus muslos para que pueda examinarte. — Su voz sonaba ronca.

Ella se sorprendió de que el tono ausente de su voz hubiera desaparecido. Los ojos de Bella volaron a su rostro, pero él rehusó mirarla a los ojos, mirándole en su lugar las piernas, esperando que ella obedeciera. Ella cerró los ojos e hizo lo que le decía, levantando las rodillas hacia arriba y extendiendo abiertamente sus muslos. Cuando ella rozó el cuerpo del ciborg con su pie, abrió los ojos.

Vio como él se desplazaba en la cama para sentarse entre sus piernas. Su atención estaba completamente centrada en su coño.

Ella respiraba con dificultad, algo asustada, y muy avergonzada mientras el ciborg se quitaba el guante. Se preguntó si iba a hacerle daño. Ella había sufrido un montón de exámenes físicos en su vida a manos de doctores, pero se tensó cuando vio que él iba a tocarla.

—Por favor— exclamó.

El ciborg se quedó inmóvil mientras la miraba. — ¿Por favor qué?

—No me hagas daño— ella se mordió nerviosamente el labio inferior por unos instantes, mirándolo a sus hermosos ojos. —Las mujeres somos muy sensibles en esa zona y realmente podrías herirme con facilidad, Edward.

Ella vio como le temblaban los labios, y un brillo divertido asomó a sus ojos. —No te haré daño.

— ¿Lo encuentras divertido?— La rabia se sobrepuso a su vergüenza. — ¿Estoy en el infierno y vas a disfrutar con eso?

La sonrisa murió. —Lamento que pienses que esto es un infierno.

—Estoy atada desnuda en tu cama y estás amenazándole como si fuera algún tipo de espécimen en lugar de una persona con sentimientos y pudores. Estoy asustada porque no sé qué es lo que vas a hacerme. Hace una hora estaba camino a casa de vuelta de un trabajo y ahora mi vida entera se ha desvanecido. Me amenazaste con castigarme y ni siquiera sé en qué consiste eso. Yo... ¿puedes tu sentir temor? Yo sí. ¿Puedes sentir compasión? ¿Piedad? ¿Cualquier cosa? ¿Cómo te sentirías ahora mismo si estuvieras en mi lugar y alguien a quien no conoces fuera a hacerte Dios sabe qué en tu pene?

Edward se la quedó mirando fijamente. Ella vio que algo enturbiaba sus ojos pero no pudo identificar la emoción que era porque era muy difícil de interpretarlo a él. ¿Tenían los ciborgs emociones? Ella había pensado que si al observar la interacción entre los ciborgs en la lanzadera. Tenían sentido del humor y se habían reído. Si Edward y sus hombres podían sentir diversión también debían poder sentir otras cosas. Ella sabía que podían sentir rabia porque lo había visto en la Sala de Control cuando la lanzadera había estallado.

Ella miró también fijamente a Flint.

Él inhaló profundamente. —No voy a hacerte daño mientras hagas lo que te digo. No tengo intención de causarte dolor o perjudicarte de ninguna forma. Te lo prometo. No pelees conmigo.

—Como si pudiera.

Él se apartó. Vio como sus manos iban a la parte delantera de su camisa y se quedó mirando boquiabierta por la sorpresa, incapaz de mirar hacia otro lado, mientras él se la quitaba. El hombre era terriblemente musculoso, y no mostraba ni un gramo de grasa. Sus brazos y pecho eran gruesos y los músculos bien delineados perfilaban también su estómago. Llevaba tatuajes dibujados en negro por encima de sus hombros que desaparecían fuera de la vista yendo hacia la espalda.

Eran marcas gruesas diferentes de cualquier otro tipo de diseños que ella hubiera visto jamás, como si fuera una escritura extraña, pero era un lenguaje que desconocía. El diseño empezaba justo debajo de su clavícula e iba subiendo por encima de la curva de sus hombros. Los dibujos en negro lucían hermosos en su piel grisácea.

Él se miró sus marcas y la volvió a mirar a ella. —Pensaba que podías sentir curiosidad por mí.

— ¿Qué significan estos tatuajes?

Él volvió a mirarse los dibujos. Su dedo fue a dibujar el serpenteante diseño antes de devolverle la mirada. —Nosotros creamos nuestro propio lenguaje escrito. Esto representa mi nombre y quién soy yo.

Tiró la camisa al suelo antes de ponerse en pie, alcanzando el frontal de sus pantalones y abriéndolos lentamente. La boca de Bella empezó a abrirse pero se dio cuenta de lo que hacía y la cerró de golpe. Ella sabía que debía mirar hacia otro lado pero no había ninguna forma endemoniada de evitarlo mientras se sintiera tan curiosa sobre su cuerpo y él estuviera deseando mostrarle lo que tenía bajo la ropa; ella estaba más que dispuesta a mirar a placer.

Se preguntó si él sería anatómicamente correcto. Cuando bajó la vista al frente de sus pantalones fue dejando caer las piernas mientras cada centímetro de Edward iba quedando expuesto. Sus talones se apretaron contra la cama mientras apretaba los muslos bien juntos. Se quedó mirando fascinada, parcialmente asustada, mientras el hombre se quedaba completamente desnudo.

Mientras se giraba de lado para salir de los pantalones, ella tuvo una mejor visión del ciborg Edward. Su corazón salió al galope mientras que la razón por la que él la quería desnuda en su cama era increíblemente evidente.

—Oh, mierda— susurró.

Edward se giró para encararla, su mirada encontrando la de ella, y luego miró hacia su cuerpo. Ella vio como inclinaba la cabeza ligeramente mientras su mirada azul oscura volvía a encontrarse con la suya.

—Extiende tus muslos ahora. — Dijo suavemente.

Los ojos de ella volaron a su cuerpo para posarse en la mayor erección que jamás hubiera visto. Cuando lo habían diseñado en el laboratorio, habían hecho todo enorme en ese hombre. Ella meneó la cabeza frenéticamente mientras sus ojos muy abiertos enfocaban los de él.

—No puedes tener sexo conmigo.

Edward soltó una risita. —Vas a verlo.

Bella gimoteó mientras intentaba rodar hacia un lado cuando él lentamente se subió a la cama. Ella se giró hacia un lado pero una mano grande y cálida se curvó en su cadera, volviéndola a dejar plana. Él suspiró audiblemente.

—No luches conmigo. Extiende tus muslos y levántalos otra vez.

Ella no luchó pero le rogó en silencio mientras lo miraba a los ojos. — ¿Crees que esto no va a hacerme daño? ¿Has tenido sexo alguna vez? No estoy preparada. Eres...— su miraba volvió a dirigirse rápidamente a la masiva erección y de vuelta a él. —Eres demasiado grande y eso no va a encajarme sin dolor. Eres demasiado grueso.

Él rió. Sus ojos chispeaban. —No soy tan enorme pero gracias por intentar subirme la moral. Si tuviera ego, lo apreciaría.

—Eres más grande y grueso que cualquier otro tipo con el que haya estado y no he tenido sexo en al menos un año. Rompí con el hombre con el que salía y luego me promocionaron en el trabajo y he estado viajando de la Tierra a estaciones espaciales desde entonces. No he tenido tiempo para tener citas o encontrarme con hombres a menos que cuentes a tipos como el general y ni muerta en el infierno iba yo a estar interesada en tíos como él.

—Lo entiendo. ¿Te das placer a ti misma entonces? ¿Cómo lo haces? ¿Usas juguetes?

Ella estaba atónita de que él le hiciera ese tipo de preguntas personales y de que incluso le hubiera preguntado por los juguetes sexuales. Ella abrió la boca y la volvió a cerrar.

—No voy a contestarte.

Él sonrió ampliamente. —Me lo imaginaré. Ábrete de piernas ahora, Isabella Swan. Resistirse es perder el tiempo.

Apretando los dientes, ella extendió sus piernas, dejando que la ira superara el temor. Él iba a hacer lo que le viniera en gana, quisiera ella o no.

Ella no tenía miedo de él exactamente, porque hasta el momento él no le había hecho ningún daño. Él simplemente no tenía ni idea de cuán incómodo sería el sexo entre ellos pero ella sí. Se había estado diciendo a sí misma durante el último año que necesitaba follar con alguien pero eso no era exactamente lo que había tenido en mente.

Ella le miró indignada. —No puedo detenerte pero por favor no me hagas daño.

Ella cerró los ojos y se tensó, esperando que él la montara y se abriera camino hacia dentro de su cuerpo. Las lágrimas le llenaron los ojos e intentó apartarlas parpadeando, sabiendo que iba a dolerle, sabiendo que no había forma de que no le hiciera daño. El ciborg era grande y realmente fuerte y bien dotado. Algo así de grande metido a la fuerza en un sitio mucho más pequeño iba a ser doloroso.

Ella se sorprendió un poco cuando sus manos la agarraron por la cara interior de los muslos para extenderlos más. Ella le miró y se quedó pasmada al ver que estaba de rodillas encarándola, con su rostro a pocos centímetros de su coño.

Se preguntó si iba a examinarla visualmente antes de empezar lo que fuera que pensara hacer con ella. Pegó un brinco cuando su aliento cálido la acarició en su expuesta raja. Ella le miró. Edward la miraba por encima de su estómago. Soltó una risa e hizo lo que menos esperaba de él. El ciborg le guiñó un ojo.

La sorpresa la pilló desprevenida por lo que él había hecho pero entonces hizo algo aún más increíble. Ella soltó un grito al notar la lengua de Edward deslizarse por la línea de su raja, sensibilizando la tierna carne.

Con las manos la agarraba de los muslos mientras sus pulgares abrían sus labios más, para exponer más de ella a su boca. Empezó a darle toques al clítoris con la lengua y luego la deslizó hacia abajo hasta que empujó dentro de su coño. Ella notó como la lengua entraba en su cuerpo – caliente, húmeda y gruesa. Se arqueó, retorciéndose para apartarse de la presión de esa súbita entrada.

No se podía apartar de sus manos ni de su boca. Él sacó la lengua y fue rodeándole el clítoris de nuevo con labios y lengua. El cuerpo de ella se puso rígido por el placer instantáneo que sus lengüetazos y chupeteo le proporcionaban. Se extendía por todo su cuerpo.

Se arrancó en un gemido cuando él empezó aplicar la medida exacta de presión y movimiento contra su hinchado centro nervioso que elevó la sensación de placer hasta el éxtasis puro. Ella se agarró a los cinturones que ataban sus muñecas con las manos apretadas para tener algo a lo que sujetarse.

La lengua ardiente del ciborg jugaba con ella y la provocaba. Chupó y dejó que sus dientes arañaran suavemente el sensible capullo que había capturado en su boca. Entonces su lengua empujó la capucha de su clítoris para torturar ese diminuto punto que la volvía loca, llevándola hasta el punto en el que ella sabía que iba a correrse. Ella no podía retenerse.

Su cuerpo se tensó, más y más dentro de ella mientras sus músculos internos se apretaban y temblaban. La humedad inundó su coño y los gemidos salían de su garganta. Lo que Edward estaba haciendo con ella iba más allá de lo que jamás había sentido con un hombre entre sus muslos. Era mejor que su vibrador o su propio dedo complaciéndola. Retorció las caderas, sintiendo como su clítoris se endurecía aún más, queriendo correrse más incluso que respirar, y sabiendo que estaba tan malditamente cerca que estaba en el borde.

Si él se paraba iba a tener que matarlo porque no podría sobrevivir si la dejaba colgada. El movió las manos, y al instante ella se preocupó por si él paraba pero eso se convirtió en un audible gemido de entregado gozo mientras él empujaba un grueso dedo dentro para llenarle el deseo que tenía de que él estuviera dentro de ella. Él dobló su dedo y frotó la pared interna detrás de su clítoris.

Eso fue lo que hizo que Bella se corriera bajo su boca y alrededor de su dedo.

Gritó su nombre mientras los violentos espasmos la recorrían. Agudas explosiones de placer la recorrían mientras gritaba una y otra vez hasta que se quedó desmadejada tras el orgasmo.

La boca de Edward la liberó mientras su dedo se deslizaba fuera. Ella notaba que estaba empapada, y mientras el dedo extendía su humedad alrededor de su sexo, recubriendo sus labios. Ella gimió suavemente mientras su pulgar raspaba su núcleo hipersensible antes de acariciarla más abajo, usando su propia humedad para asegurarse de que toda ella estaba recubierta con su pegajosa liberación.

Ella no se podía mover pero la cama sí lo hizo mientras su peso movía el colchón. Ella abrió los ojos para poder mirar maravillada a Edward mientras Él se subía encima de ella, atrapándola debajo de su cuerpo, prendiéndola entre sus manos extendidas a ambos lados de ella, junto a sus brazos. Siguió su intensa mirada cuando él miró hacia la parte baja de sus cuerpos y vio cuán excitado estaba él. No tenía siquiera que agarrar su gruesa y erecta polla para guiarla dentro de ella. Estaba tan duro que simplemente tuvo que ajustar el ángulo de sus caderas.

La gruesa cabeza del pene de Edward empujó contra su cuerpo y jugó con ella un poco, deslizando su increíblemente dura punta arriba y abajo de su raja, extendiendo más sus fluidos para que él estuviera también bien empapado. Él se paró, empujó contra la entrada del coño de ella, con la amplia cabeza posada ahí, junto a su abertura. Él lentamente fue empujándose hacia el interior, haciéndola sentir la presión mientras se deslizaba dentro de ella.

Ella soltó un grito ahogado de placer por la maravillosa sensación de su coño al ser penetrado y estirado. Él era tan grueso que ella pensaba que no podría tomarle pero él no le dio opción mientras muy lentamente iba empujándose cada vez más adentro. Ella cerró los ojos, intentando relajarse.

Sus músculos protestaban al ser obligados a extenderse más de lo que nunca lo habían hecho. Su coño estaba increíblemente resbaladizo por lo muy excitada que estaba y por su reciente orgasmo. Eso ayudó a que él se deslizara dentro de ella sin dolor. Él se empujó hasta el fondo de todo, haciendo que ella boqueara audiblemente. Edward se quedó helado, sin moverse en absoluto.

— ¿Te estoy haciendo daño, Isabella Swan? Eres malditamente estrecha — La voz de Edward sonaba inusualmente grave e irregularmente áspera. Como si las palabras hubieran salido de lo más hondo de su garganta.

Ella vio que su frente estaba empapada de sudor y miró al par de ojos de él, oscurecidos por la pasión y la necesidad. Parecía un hombre al límite. Su cabello largo caía a ambos lados del rostro de ella. Su boca estaba tensa y ella podía ver un músculo palpitándole en la mandíbula. Parecía desgarrarse entre dolor y pasión. Ella comprendió.

—Estás estirándome. Arde un poco pero no duele.

El alivio fue obvio en sus ojos. —Estoy usando todo mi auto-control, Isabella Swan. No quiero hacerte daño pero te sientes increíblemente bien. Eres como un estrecho puño alrededor mío y casi duele, pero nunca había sentido nada igual de bueno. Dime si te hago algún daño. Intentaré ser gentil.

Él empujó nuevamente. Ella movió sus piernas, envolviéndolas alrededor de su cintura para intentar apretarle las caderas con las piernas y usarlas como nivelador para empujarlo un poco más mientras él profundizaba en ella. Ella temía que pudiera dolerle si se metía demasiado adentro. Edward soltó una risita, sonriéndole, y meneó la cabeza mientras se empujaba aún más. Hizo una pausa, enterrado dentro de ella, estirándola.

—Ya estoy dentro, pequeña. Puedes tomarme entero. Me estaré quieto mientras te adaptas, no me importa lo mucho que me duela.

Ella oyó los gemidos en su voz mientras le decía esas palabras. La miró a los ojos fijamente, viendo tanta emoción en ellos que la mareó un poco. Vio la pasión y el casi dolor, pero también vio la necesidad. Necesidad enfocada en ella. Ella deseo poder tocarlo, sentía una urgencia casi insoportable de recorrer su cuerpo con sus manos.

— ¿Liberarás mis muñecas?

—No.

—Quiero tocarte.

Él meneó la cabeza. —Creo que no. ¿Estás lista? No voy a durar, pequeña. Lo siento pero ha pasado demasiado tiempo para mí y tú te sientes malditamente bien. Estoy listo para correrme ahora con sólo notar cómo me aprietas.

Ella se dio cuenta de que él había dicho que hacía tiempo que no tenía sexo, cosa que significaba que no era la primera vez para él. Había tenido sexo con mujeres; o al menos, con una, antes de esa vez. Ella miró su hermoso rostro, decidiendo que él era increíblemente sexy. Estaba segura de que las mujeres ciborgs estarían todas locas por Edward, si es que había mujeres ciborg.

Empezó a moverse lentamente al principio hasta coger el ritmo, follándola con empujes fuertes y rítmicos que hicieron que Bella gimiera a voz en cuello de placer, al sentirse increíble. Él presionaba terminaciones nerviosas que ella ni siquiera sabía que tenía, mientras él giraba sus caderas sólo un poco, haciéndole tomar un nuevo ángulo que hacía que su polla se frotara además contra su clítoris.

Ella envolvió las piernas más fuertemente alrededor de su cintura mientras él galopaba más duro y más rápido. Ella se retorcía bajo él frenéticamente mientras otro clímax empezaba a construirse dentro de ella.

Edward tenía cuidado de no aplastarla pero a ella le importaba un pimiento cualquier cosa que no fuera el sentirlo dentro y frotándose contra ella. Con cada empuje que hacia dentro ella luchaba con el deseo de aullar de éxtasis.

Cada vez que se retiraba ella se tensaba alrededor, aterrorizada por si él se apartaba y ese placer terminaba.

—Maldición— dijo ásperamente él. —Oh, Isabella Swan, lo siento—

Gruño fuertemente mientras se empujaba dentro de ella una última vez. Bella quería gritar de frustración. Había estado tan cerca de correrse. Su gruesa polla pulsaba fuertemente entre sus paredes vaginales, retorciéndose contra sus tensos músculos que rogaban por el orgasmo, incluso cuando el orgasmo de él se disparó fuertemente dentro de ella. Hubo una intensa sensación de presión y calor mientras él se corría, inundándola.

Edward respiraba con dificultad mientras se iba quedando quieto encima de ella. Sus ojos permanecían cerrados mientras su cabeza colgaba desmadejada. Pasó un largo minuto hasta que él la miró. Sus miradas se enlazaron y él movió el peso de su cuerpo, aguantándose en un solo brazo.

Bella se quedó impactada al ver que él hundía su mano entre sus cuerpos para acariciar con el pulgar el área donde permanecían unidos antes de moverse más arriba, justo conde él aún estaba enterrado profundamente en ella.

Encontró su clítoris y fue frotándolo en círculos mientras volvía a moverse dentro de ella, follándola lenta pero profundamente.

Bella gritó de placer. Su pulgar presionó un poco más, aplicando suficiente fuerza para llevar su pasión aún más lejos. Se empezó a golpear contra ella más rápido y duramente, retorciendo sus caderas un poco con cada empujón.

Ella agarró los cinturones mientras llegaba a un duro orgasmo, agitándose y retorciéndose; arqueando su espalda mientras gritaba de éxtasis absoluto. Ella no había resistido más de un minuto pero ya había estado casi al límite cuando Edward no había podido aguantarse más su propio orgasmo.

Él se paró y entonces yació encima de ella, teniéndola firmemente apresada bajo él. —Isabella Swan, mírame— dijo suavemente.

Ella abrió los ojos y vio ternura en su mirada azul. Siempre la sorprendía. Ella se dio cuenta que era necesario que olvidara cualquier idea preconcebida que tuviera sobre los ciborgs.

—Hay treinta y dos hombres en esta nave y eres la única mujer. Nunca salgas de mi cabina sin mí. Sé que piensas que no somos más que robots con cuerpos parecidos a los hombres y corazones que laten, pero estás equivocada. Si te las apañas para escapar de mi habitación, he instruido a los hombres que no deben tocarte pero ellos no han disfrutado de una mujer en un largo periodo. No confiaría en ninguno de ellos por eso mejor no salgas de aquí. Estás segura aquí dentro. — Hizo una pausa. —Fuera de aquí no estás segura sin mí. Ellos te harían daño en cuanto te tuvieran desnuda.

Ella se quedó muda. Ahí estaba su cálida y amorosa charla post-coital, la que había surgido en su mente al ver la tierna mirada en sus ojos. Eso la decepcionó duramente. Quería que él la desatara para poderse abrazar cariñosamente en el resplandor post-sexo. Ella finalmente suspiró, aceptando que desear y obtener eran dos cosas muy diferentes.

—No sabía que fuerais así. No sabía que erais mucho más que simples máquinas. Ni siquiera sabía si teníais sexo o no. Esos hechos en ningún modo se hicieron públicos en los libros de historia. No abandonaré tu habitación y ya sé que no hay donde escapar dentro de una nave.

Una amplia sonrisa se reflejó en el rostro de él. Sus ojos azul oscuro brillaron divertidos. —Tenemos sexo.

Ella se mordió el labio pero no pudo evitar sonreír por cuan encantador él parecía cuando estaba bromeando. —Eso ya lo sé ahora.

La sonrisa de él se desvaneció mientras con los dedos le acariciaba la mejilla mientras la miraba intensamente a los ojos. — ¿Te he causado algún daño?

—No me has hecho daño en absoluto— le dijo ella suavemente. Lo que no le dijo era que por dentro estaba hecha un lío y que tenía una gran confusión emocional. —Y...llámame Bella.

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Continua