-Creí que nunca más la volvería a ver- dijo gravemente, mirando fijamente los ojos castaños de ella, rompiendo finalmente el incómodo y tenso ambiente que se formó entre ambos.

-No vine a visitarlo- contestó después de un rato desviando la mirada, sintiéndose ridícula, avergonzada y ligeramente intimidada por la imponente figura, lo miró retomando el valor perdido momentáneamente y frunció el ceño para mirarlo con la dureza debida- Es un imbécil, ¿Lo sabía? Cree que por ser rico y famoso todas las cosas le deben salir bien y al parecer eligió a la estúpida perfecta para que se preste a sus juegos- cerró con fuerza sus puños a cada lado de su cuerpo.

No pudo evitar sonreír. Nunca, ninguna mujer le había hablado en ese tono, mirarlo de esa forma y juzgando su conducta…

-¡¡¿Cómo puede sonreír?!! ¡¿Acaso se burla de mí?!- estalló en cólera ante su inmedida reacción.

-No es eso- contestó negando con la cabeza, pero sin borrar la sonrisa divertida que decoraba favorablemente su rostro- Es sólo que no acostumbro recibir ese tipo de palabras, es por eso que siento su manera de tratarme tan… Refrescante- amplío su sonrisa al ver el gesto incrédulo de la hermosa joven- ¿Quiere pasar?

Si antes estaba enfadada, en ese entonces hervía en rabia. Quería golpearlo hasta el cansancio, quería gritarle miles de insultos como se había propuesto hacer desde un principio, pero lo último que quería era parecer impulsiva delante de ese hombre "de clase" así que sonrió resignada, consolándose mentalmente con la típica frase de "peor es nada", y para sorpresa de su acompañante lo abofeteó con dureza rompiendo por completo sus esquemas.

La primera vez que una mujer le hablaba en ese tono, que osaba a insultarlo, y ahora la primera que osaba a golpearlo, ¡A ÉL! Al gran Ranma Saotome, personaje en cuyas batallas se luce y no permite que golpe alguno impacte en su cuerpo, sin embargo y para su vergüenza, una mujer lo conseguía sin complicaciones… Definitivamente aquella fémina era única en su especie. La miró con la mano posada sobre la mejilla agredida y esbozó una sonrisa para el desagrado y sorpresa de ella, esa mujer definitivamente debía ser suya porque él siempre obtenía todo lo que quería y ésta no iba a ser la excepción. Quería conocerla, había despertado en él su interés ¡Ella había sido la culpable! Debía conocer sobre su vida, su manera de ser, sus gustos, no quería que ningún mínimo detalle se escapase.

-¡¿Por qué diablos está sonriendo?!- se permitió exclamarle con la ira corriendo por sus venas- ¡¡Si sigue sonriendo tan tontamente como lo está haciendo le daré una patada en 'aquella zona' que lo dejará estéril de por vida, ¿Me oyó?!!- reconocía que la palabra 'tontamente' era una gran mentira, pues su sonrisa era sencillamente encantadora, pero como es de suponer, dicha confesión jamás saldría de los labios de ella aunque le pagaran. Le demostraría, lo que es más, le reafirmaría que ella no era como las otras que se prestan para sus juegos y decaen ante sus encantos.

Ranma amplió su sonrisa y agarró a la joven del brazo, halándola al interior de la vivienda cerrando con fuerza la puerta.

-¡¿Qué está haciendo?!- gritó con rabia soltándose con fuerza del agarre que había disminuido su intensidad.

-¿Quiere calmarse? No le voy a hacer daño. Sé que me equivoqué, la presencia de los periodistas pasó desapercibido para mí, se lo juro. Mi verdadera intención era que usted fingiera ser mi amante, cosa que aún sigue en pie. Al parecer las ridículas de mis fans no se conforman con una fotografía- dijo con fingida pesadez, mirándola desde su posición recargado sobre la puerta.

-No estoy dispuesta a hacerlo- dijo con firmeza. No volvería a caer en las manos de ese hombre.

-¿Qué quiere?- Akane lo miró con el ceño fruncido y él prosiguió- ¿Quiere algo a cambio? Pídame lo que sea con tal de que acepte.

La joven lo miró con desconfianza.- ¿Me está hablando enserio? ¿No está jugando conmigo?

Ranma frunció el ceño negando con la cabeza a la vez que sonreía para sus adentros, observaba con gran deleite cómo finalmente todo resultaba como él deseaba… Aquella mujer de apariencia adolescente era un excelente ejemplar que no debía dejar escapar por nada del mundo, él siempre conseguía lo mejor, siempre había sido así y aseguraba que aquella preciosa fémina, en pocos días, dependería de él.

-No quiero nada, no crea que puede comprarme- sonó ofendida y miró a su alrededor, cuando aquel hombre la había hecho entrar forzadamente no se había dado el tiempo de observar el lugar y ahora que lo hacía… Todo le parecía de ensueño, cuadros elegantes, una enorme televisión pantalla plana, mesas de madera fina con elegantes adornos, copas de torneo ganadas que se lucían orgullosas detrás de una vitrina, la mesa de comedor con bordes de oro y en su centro unas copas de cristal rodeaban un elegante florero con letras chinas impresas y en su interior ramo de rosas irradiando su natural belleza… Finalmente, como diría cualquiera ¡¡Una vida de lujo!!

-Créame, dentro de poco vendrán los periodistas seguidos de mis odiosas fans, pueden llegar en cualquier momento y si usted no está aquí dudo mucho que puedan creer que existe algo entre nosotros…- dijo suavemente, disfrazando sus intenciones en un melodioso tono de voz, pero ella era demasiado inocente como para notarlo.

-¿Qué insinúa?-preguntó mirándolo con el ceño fruncido.

Ranma reafirmó la idea que tenía de aquella extraña dama, ella podía parecer una mujer por fuera, una hermosa mujer poseyente de un exótico cuerpo que bien sabía se escondía tímido debajo de sus ropas, sin embargo por dentro era aún una niña por lo visto inexperta en el campo amoroso, pues no captaba las indirectas o bien fingía no hacerlo para disfrutar más de la frases dichas de manera directa y concisa.

-Que se quede aquí conmigo, juro no hacer nada que usted no me permita ¿Qué le parece? Será sólo el tiempo que guste- su voz sonó casi suplicante.

Akane percibió la sinceridad en aquella mirada azulada. Se hablaba que él era un hombre de clase, proveniente de una familia adinerada como quién dice 'nacido en cuna de oro' muy a diferencia de ella, pues tan baja era la situación económica de su familia que fue forzada a un matrimonio con grandes sumas de dinero de por medio, por lo que dudaba que se atreviera a aprovecharse de ella y aunque así ocurriera, ella se encargaría de demostrarle que Akane Tendo no es como el resto de las mujeres que formaron alguna vez parte de su vida.

Recordó su honor, su reputación… ¿Qué pensarían todos de ella? Bueno, sea lo que sea ya debe estar en la mente de muchos. Con aquella condenada fotografía en la portada de todos los periódicos, difícil era que los chismes y pensamientos impuros no se hiciesen presentes a ésas alturas. Además, muchos sabían que ella no amaba a su marido, pues nunca se esforzó en esconderlo, su desprecio y rechazo hacia el hombre era latente… Miró al famoso y codiciado artista marcial frente a ella, bello como ningún otro, con un físico ejemplar, rico y estaba interesado en ella… ¿En ella? Sí, en ella, una mujer corriente, nacida, literalmente hablando, en cuna de cartón, casada con un hombre influyente sin amarlo, no se consideraba bella es más siempre se ha sentido inferior a todas las mujeres con las que se ha topado en su vida, mujeres exuberantes y voluptuosas, féminas que sí eran merecedoras de Ranma Saotome, perfecto en todo sentido… Guapo y adinerado… Toda esta meditación mental tardaba demasiado y el hombre impaciente volvió a hablar.

-No le pido más… Para mí sería todo un honor que usted aceptara, le prometo que aquí no le faltara nada y sé que no se arrepentirá.

Confundida, preguntó lo que su meditación la llevó a plantearse y por supuesto ella no se quedaría con la duda, así que se aventuró a preguntar tímidamente.

-¿Por qué yo?

El semblante de Ranma se suavizó ante dicha pregunta. No la esperaba. Aquella mujer era sencillamente todo un misterio y se repitió una vez más que esa mujer debía ser suya.

-Porque es perfecta- comenzó a decir con una tono suave que bordeaba lo dulce- Usted es hermosa, inteligente y con un carácter como pocas. No quiero a una mujer hueca aquí bajo mi techo, estoy cansado de las que lo único que hacen es consentirme y tratarme bien, yo quiero a una mujer de verdad y la tengo parada frente a mí, indecisa… Y eso para ser sincero, me atemoriza, pues nunca he sido rechazado ni pretendo serlo, es por eso que un rechazo viniendo de usted sería doloroso ya que me da a entender que no soy merecedor de una mujer de verdad, sólo de las mujeres de plástico que tanto abundan en estos días- confesó sincero.

-¿No es una estrategia? Porque si piensa que con eso me arrodillaré a sus pies está muy, pero muy equivocado- dijo mirándolo desconfiada cruzándose de brazos.

Soltó una carcajada ¡Era definitivamente la criatura más dulce que sus ojos habían tenido el placer de ver! Tenía su toque de inocencia e ingenuidad, pero a ratos sacaba a relucir sus suposiciones, manifestando sus ideas y pensamientos de manera sorprendente.

-¿De qué se ríe?- preguntó gravemente, sintiéndose molesta por su manera de reaccionar. Parecía divertirse a costa suya, mientras más hablaba más lo divertía ¡No importaba cuantos insultos le gritase ni cuanto lo golpeara! Él siempre le dedicaba una sonrisa.

-Le juro que no me reía de usted- dijo reprimiendo las carcajadas que amenazaban con escaparse de sus labios- Siento mucho si se sintió ofendida, es sólo que… - la miró fijamente y agregó con una pequeña sonrisa- Usted es estupenda.

Las frases eran una fantástica combinación con su grave tono de voz e inevitablemente cayó en las redes de ambos instrumentos de seducción y el traidor sonrojo apareció súbitamente en sus mejillas demostrándolo, ganándose una satisfecha sonrisa por parte de él.

-¿Cuál es su respuesta?- preguntó, de la respuesta dependía sus próximos estados anímicos.

Un golpe fuerte en su puerta y un alboroto podía oírse claramente desde afuera. Ella frunció el ceño. Él sonrió con malicia agradeciendo la habitualmente inoportuna vista de todos los días.

-Asómese- sugirió.

La joven intrigada se acercó a la ventana y corrió levemente las cortinas que le obstruían la vista. Camarógrafos y periodistas prácticamente chocaban con las paredes impulsados por los de atrás, cubrían todo el frente acompañados de fanáticas que clamaban eufóricas la presencia de su ídolo.

-Siempre vienen, se ponen de acuerdo con mis fans para llegar a una hora en particular. Es por eso que siempre hay periodistas cerca de aquí, por si salgo hacen de paparazis y hoy seguramente te vieron llegar y seguro quieren alguna entrevista o algo parecido- dijo esperando que su respuesta no le desagradara a la joven y sea la causante de su negativa en la proposición, y agregó con indiferencia- Las fans están por estar.

-Vaya…- murmuró cerrando la cortina para mirar al joven- Tu vida debe ser emocionante.

-Akane, es el momento perfecto. Puedo abrir y decir que es una amiga, si se niega a aceptar mi propuesta, pero si la acepta, me ayudaría mucho y tal vez esas fanáticas locas ya no me fastidien tanto- dijo con suavidad y sutileza. Era consciente de que la cortesía y buenas palabras eran una clave importante a la hora de persuadir a una mujer.

-¿Cómo supo mi nombre?- preguntó después de un rato, frunciendo ligeramente el ceño.

-El hombre que ayer nos interrumpió en el baño la llamó así, por cierto tiene un bonito nombre- sonrió con galantería.

Aquella frase dicha con todo el encanto que sus palabras requerían, le provocaron nostalgia lejos de alegría, porque hay recuerdos que duran de por vida y éste era un claro ejemplo de ello… Su madre le había escogido ese nombre especialmente para ella.

Los golpes en la puerta comenzaron a sonar con más fuerza al igual que el alboroto del exterior.

Sintió la mano masculina abrazarla de la cintura sacándola de sus pensamientos, mirándola con dulzura expresada en sus irises, preguntó.

-¿Estás lista?- se sentía aliviado, pues ella había aceptado el gesto sin protestar y dicha acción era una pequeña anticipación a su próximo veredicto. Al menos una buena señal había sido manifestada.

Sólo atinó a asentir.

De pie frente a la puerta, él estiró su brazo para abrirla dando paso a la conmoción que se vivía en el exterior.

Las cámaras enfocaron a la pareja y otras primordialmente a la joven que era abrazada por el galán artista marcial, despertando la envidia en las admiradoras presentes que sólo entre saltos podían presenciar la escena.

-Buenas tardes, señor Saotome- dijo un reportista hablando apresuradamente- ¿Nos puede decir quién es esta jovencita que ha venido a visitarlo? Tenemos imágenes exclusivas que usted mismo la hizo entrar hace algunos minutos, y no sólo eso sino que también ha aparecido en sus brazos en la portada de todos los periódicos, ¿Qué puede decirnos al respecto?- puso el micrófono frente a la boca del joven ídolo quién se limitó a acentuar el agarre que tenía en su compañera antes de hablar.

-Que les diga ella.

Inmediatamente todas las cámaras enfocaron al bello rostro de la mujer y la luz enceguecedora de los flash en las cámaras fotográficas, comenzó a ponerla 'ligeramente' nerviosa.

-¿Qué relación tiene usted con el campeón internacional Ranma Saotome?- preguntó con el mismo tono apresurado que lo caracterizaba, acto seguido posó el micrófono frente a sus labios.

-Yo… Yo… Tengo pánico escénico…- murmuró empalideciendo.

La oscuridad se posó de forma egoísta delante de sus ojos, negándole así la visión de una penetrante mirada y el delicioso sabor de unos labios ajenos posarse sobre los suyos, sensación que ella no fue consciente de recibir.

Continuará...