CAPÍTULO 4: LOS CORAZONES PERDIDOS.

Parecía mentira el tiempo que llevaba esperando. Esperándole. Y ahora por fin, volvía a caminar junto a él. Años atrás, viajábamos en busca de Naraku, sin saber nunca a dónde nos dirigíamos ni dónde iríamos a parar. Pero ahora teníamos un sitio al que ir, al Castillo del Oeste. Sabía que las cosas habían cambiado, pero no sabía hasta qué punto. El Señor Sesshomaru desconocía infinidad de sucesos importantes que me habían sucedido los últimos años en los que él no vino a visitarme. Como cuando me caí de un árbol y me rompí el brazo, cuando Sango y Miroku me pagaron para que cuidara a sus hijos durante unos días, la primera vez que subí sola en Kirara, cuando fui la dama de honor de la exterminadora en su boda, cuando salvé la vida de un niño que se cayó al río y no sabía nadar, mi primer entreno... Habían tantas cosas que Sesshomaru no sabía. Y estaba seguro que yo me perdía muchas cosas de él.

El Señor Sesshomaru y yo nos encaminábamos por el bosque, caminando uno junto al otro. Entonces le miré por el rabillo del ojo y me dí cuenta de cuánto había crecido. Ahora mi cabeza estaba a la altura de su hombro.

Empezó a dolerme la espalda y me quedé quieta unos segundos, esperando que los pinchazos de la quemadura, cesasen.

– Qué ocurre, Rin.- Preguntó Sesshomaru, quién se giró sobre sí para mirarme.

– Es la quemadura, me duele.

– Nos quedaremos aquí. Jaken no tardará en aparecer con Ah-Un.

– Sí.

Sesshomaru se sentó en los pies de un árbol y se quedó mirando hacia la nada. Yo me arrodillé sobre una explanada llena de césped y me dejé caer hacia delante, tumbándome con la espalda mirando al cielo. Notaba la mirada de Sesshomaru sobre mi espalda.

– ¿Cómo es su castillo, Señor Sesshomaru?

– Espacioso. Ya lo verás.

– ¿Y tiene a mucha gente bajo su servicio?

– Son demonios, no esperes encontrarte ningún humano.

– ¿Es un castillo muy lujoso?

– Veo que sigues haciendo muchas preguntas.

Ante aquello, sonreí. El Señor Sesshomaru recordaba mi faceta de charlatana y eso me complacía. Nos quedamos en silencio un rato más. Mi mente se llenaba de preguntas sobre Sesshomaru. Pero una resaltaba entre las demás. ¿Porqué dejó de venir a verme?

– Señor Sesshomaru...

– Qué.

– ¿Quién es Lady Sayaka?

– Lady Sayaka es la terrateniente del Este.

– Sí, eso lo sé. Pero, ¿porqué luchasteis el otro día?

– Ella quiere conquistar mis tierras. Violó los tratados.

– Entiendo...

– Rin.

– ¿Sí?

– Estuviste muy bien.

Sabía que aquella era la forma de darme las gracias de Sesshomaru. Él se levantó, sin decir nada y por los cielos se acercó Ah-Un. Sesshomaru llamó a Jaken alzando la voz y éste se acercó hasta nuestro lado.

– Creí que estarían más adelante, Señor. - Dijo Jaken, sorprendido de tenernos allí.

– Rin no puede hacer esfuerzos. Recuerda su quemadura.

– Cierto Señor. Rin, sube.

– Sí, Jaken. - Me levanté con cuidado, notando como se me rozaba la venda en el kimono, lo que me hacía cerrar fuertemente los ojos y hacer una mueca de dolor.

Ante ello, Sesshomaru se ponía a mi lado. Ah-Un se agachaba para que fuese más fácil para mi, subirme a sus lomos. Cuando pude recuperarme un poco de los pinchazos en la quemadura, que me ocasionaba el roce de la venda, me dejé caer sobre Ah-Un, con cuidado. El dragón bicéfalo se levantó y empezó a volar, entre el cielo azul. Jaken se agarró a la estola que colgaba del hombro derecho del Señor Sesshomaru y éste empezó a volar, por delante de Ah-Un.

Pegué mi oreja sobre la montura de Ah-Un, y miré hacia el lado derecho, pude observar las nubes junto a mi. ¿Tan alto estábamos? Las nubes acariciaban mi rostro, y me relajaban muchísimo. El Señor Sesshomaru se puso a la altura de mi mirada. Él no sabía que se puso en mi campo de visión. Sonreí al tenerlo delante. Seguía tan altivo y elegante como siempre, no había cambiado. La felicidad que sentí en aquel instante, y el constante roce de las nubes en mi rostro, me hizo quedarme dormida.

El roce de una suave mano sobre mi mejilla me hizo despertar. Sesshomaru me miraba con unos ojos que no supe descifrar. Luego miró mi espalda y frunció un poco el ceño.

– Hemos llegado, Rin.

Me dejé caer de Ah-Un de costado, para no tener que mover mi espalda con brusquedad. La verdad es que me dolía muchísimo, pero no quería preocupar al Señor Sesshomaru, aunque algo me decía que mi quemadura tenía un olor que demostraba que ésta, había empeorado, y él ya lo había notado.

– Jaken, trae a Haruka.

– Si, mi Señor, con mucho gusto. -Dijo Jaken, antes de ir corriendo hacia dentro del castillo.

El castillo desde fuera, era muy grande. Consistía en un edificio enorme de dos plantas y dos tejados: el de arriba y el que separaba el primer, del segundo piso. Las paredes del castillo eran de un color negro ébano. Mientras que los techos eran de color caoba. Era un lugar muy elegante. El castillo estaba rodeado de jardines llenos de flores diferentes, y un camino de piedras que se perdía entre las flores de éstos.

– Es precioso...

– Lo he cambiado un poco desde que murió mi padre.

– Señor Sesshomaru.

– Qué.

– ¿Quién es Haruka?

– Es la ama de llaves. Tiene el mismo rango que Jaken. Mayordomos principales. Pero también será tu ayudante personal. Si necesitas cualquier cosa, puedes acudir a ella.

– Pensé que podría acudir a usted, si algo me pasaba.

– Y puedes. Pensé que te vendría bien una amiga aquí dentro.

– Es muy amable por su parte, Señor.

Me quedé a observar el majestuoso paisaje que ofrecía el castillo. Se podía respirar calma. Pronto apareció Jaken, acompañado de una bella mujer. Supuse que se trataba de Haruka.

Era una mujer demonio. Ella era un poco más alta que yo. Su piel era de un precioso color pálido. Llevaba su pelo color chocolate suelto, por delante le llegaba por debajo de los hombros, pero por detrás, el pelo le caía en cascada hasta la cintura. En su rostro destacaban sus grandes ojos de color rojo y sus labios pintados del mismo color. Era una mujer de cuerpo esbelto y definido. Y poseía una hermosa sonrisa. Vestía un kimono muy sencillo, sin texturas ni complementos, de color negro. Su obi estaba hecho con tres cuerdas de trenza de color rojo. Quedé prendada por su belleza.

La mujer hizo una reverencia a Sesshomaru, y por fin dejó mostrar su dulce voz.

– Señor Sesshomaru, ¿qué desea?

– Haruka, te presento a Rin. Es la humana de la que te hablé, mi protegida.

– Oh, perdone mi mala educación, señorita Rin. Soy Haruka, y estoy a sus servicios.

– Puedes llamarme Rin, a secas.

– Haruka, quiero que lleves a Rin a visitar a Kensuke.

– El Señor Kensuke no se encuentra en éstos momentos, Señor.

– Perdón. ¿quién es Kensuke?

– El médico de palacio.- Respondió secamente Sesshomaru.

– Perdonen mi intromisión, pero ¿qué le sucede a la señorita Rin?

– Oh, yo... Tengo una quemadura muy grande en la espalda, y me duele.

– Si usted lo desea, señorita Rin, yo misma podría ponerle un remedio a base de hiervas medicinales.

– Me parece bien. Muchas gracias, Haruka.

– No tiene usted porqué dármelas, es mi trabajo satisfacerla.

– No se hable más. -Intervino Sesshomaru.- Te enseñaré tu habitación, Rin.

Sesshomaru entró en palacio caminando. En la entrada, a cada lado de la puerta, se encontraban dos demonios de poco aspecto humano. Esos demonios, miraban al horizonte, sin siquiera mirar a Sesshomaru. Pero ambos a la vez dijeron "Bienvenido a palacio, Señor Sesshomaru". El aludido no respondió, ni se inmutó. El interior del palacio estaba lleno de columnas, se trataba de un pasadizo de grandes dimensiones, en el que había alguna puerta, pero éstas estaban cerradas. En cada columna había una vela grande, y en el suelo se hallaba una alfombra que llegaba desde la puerta principal hasta el final del pasillo. Recorrimos todo el pasillo y subimos unas escaleras. El segundo piso era una sala redonda enorme, con varias puertas. En la sala se encontraba una zona de descanso, con cómodos y caros asientos llenos de cojines, con telas de seda. El suelo era también de una tela muy mullida y apetecible al tacto, de un color blanco-grisáceo.

Estaba tan sorprendida, que no podía ni articular palabra. Todo lo que estaba ante mis ojos, era algo en que los de mi clase, no podían ni permitirse soñar. Sesshomaru se quedó delante de la tercera puerta que empezaba por la derecha.

– Está será tu habitación. Mis sirvientes te la prepararon especialmente para ti, pero si hay algo que no te guste, puedes decírselo a Haruka.

– Estoy segura de que todo estará a mi gusto. -dije, y tomé el rodal de la puerta corrediza, y la eché a un lado.

Al entrar a la sala que era mi habitación, me quedé en blanco. El tamaño de ésta era como juntar cinco cabañas de la aldea, por lo menos. El suelo era de una madera negra, y las paredes eran de color hueso. En el centro de la habitación, habían dos pequeños escalones y encima de estos, un enorme futón digno de un rey. En ése futón, podían dormir, sin exagerar, cinco personas. A la derecha había una ventana, que llegaba al suelo, y por la que se veía un hermoso lago, rodeado de cerezos. En el lago había un puente, de rojas vallas. La izquierda se encontraba una mesa de té,de muy baja estatura, pegada a la pared. En el centro de ésta, se hallaba un jarrón, de la más cara de las porcelanas, en el que descansaba cómodamente una hermosa orquídea. Junto a la mesa, habían otras dos puertas corredizas.

– Allí se encuentran el baño y tu vestidor personal.

– Sesshomaru, es precioso. Jamás imaginé que yo llegaría a...-mientras hablaba, me giré a mirar a Sesshomaru, el cual estaba saliendo de la sala de descanso.-

– Al señor Sesshomaru no le gustan los agradecimientos, señorita Rin. -Dijo la suave voz de Haruka.

– Sí, me he dado cuenta. ¿Crees que se habrá enfadado, Haruka...?

– Por supuesto que no, señorita Rin. El Señor Sesshomaru ha abandonado el lugar, porque su tarea aquí ha finalizado.

Mientras escuchaba lo que decía Haruka, me adentré en mi habitación, para abrir la puerta corrediza de la derecha, la cual, llevaba hasta mi vestidor personal. Aquello era una sala alargada. A su derecha, se encontraba un armario, que se abría con una puerta corrediza. Abrí el armario un poco, y allí pude encontrar una gran variedad de los más lujosos kimonos, todo tipo de zapatos e incluso bolsos. Cerré el armario enseguida al ver todo aquello. Sin duda, era perfecto, pero demasiado. En la izquierda de la misma sala, se hallaba una pared hecha con un largo espejo. Jamás había tenido un espejo. Al final de la sala se hallaba un tocador, con un asiento de madera tallada a mano. Encima del tocador habían dos joyeros. Abrí el de la derecha, primero, y estaba lleno de complementos para el pelo: todo tipo de cintas, perlas... En el joyero de la izquierda habían joyas. Cuando me fijé bien en el tocador, pude ver que la misma mesita era una tapa de cristal, y que debajo de ésta, estaba lleno de todos los maquillajes, en todos sus colores.

Salí del vestidor, y luego entré en el baño, para verlo. Éste era de igual tamaño que el vestidor, pero con una forma más cuadrada. En una esquina, se podía ver una gran bañera construida con madera. Al lado de ésta, había una madera alargada, con todo tipo de jabones. Habían jabones de pastilla, jabones líquidos, aceites, cremas... Y una esponja marina. Delante de la bañera se hallaba un asiento construido con metal. Supuse que "aquello" era para hacer mis necesidades. A la derecha de la entrada del baño había un mueble, también con espejo, lleno de telas, todas ellas muy mullidas y luego había una cesta de mimbre con tapa, supuse que para la ropa sucia. En la pared había una calefacción que funcionaba a base de piedras calientes. Me apresuré a salir del baño.

Miré a Haruka con los ojos muy abiertos, ella sonreía como si tal cosa.

– ¿Es muy normal tanto lujo?

– El lujo del terrateniente principal, es incluso mayor que los lujos que se permiten los grandes reyes o señores feudales de la región, señorita Rin. No debería sorprenderse tanto.

– Yo nunca he estado en ningún palacio. Éste es el primero al que acudo.

– Entonces, la entiendo, señorita Rin. Disculpe, iré a buscar el remedio para su espalda, si le parece.

– Muchas gracias, Haruka. Me daré un baño, entonces.

– ¿Necesitará mi ayuda para el baño, señorita Rin?

– No, y en mi higiene agradecería, si no es mucho pedir, algo de intimidad.

– Lo entiendo, señorita Rin. Disculpe mi insolencia. Me retiro, volveré en seguida.

¿Insolencia...?, pensé. Luego sonreí un poco.

Me metí en el baño y cerré la puerta detrás de mi. Me deshice la coleta, dejé el coletero de Kohaku en la mesita de los jabones. Me desabroché el obi y me quité el kimono, como de las prendas íntimas. Me deshice el vendaje con cuidado y observé mi reflejo desnudo en el espejo. Jamás me había visto desnuda, ya que ni en el reflejo del agua, había un buen ángulo para poder observarme a mí misma. Luego me giré y observé la quemadura. Era bastante fea, y estaba al rojo vivo. Suspiré un poco. Me metí en la bañera y me senté, con sumo cuidado. Tiré de una palanca, en la que había un letrero en el que ponía "agua fría". Al tirar de la palanca, de la pared se sobresalió un tubo que empezó a derramar agua fría. La bañera se iba llenando poco a poco. Cuando el agua empezó a estar al nivel de la quemadura, me tapé la boca, para acallar un quejido. Aquello dolía como mil demonios, pero el agua fría, iba bien en las quemaduras. Llené hasta arriba la bañera y me sumergí unos segundos, toda yo. Mi espalda, se acostumbró poco a poco a la mezcla de dolor y alivio que le causaba el agua. Alargué mi brazo y cogí la esponja marina, la cual mojé. Cogí uno de los jabones líquidos y empapé la esponja. Olía a rosas. Olía demasiado bien. Apreté la esponja entre mis dedos y salió mucha espuma. Dejé caer la espuma por mi nuca, notando cómo esta caía por mi espalda, y lo cual me causaba escozor en la quemadura. Suspiré un poco y luego enjaboné mi cuerpo. Cogí un poco de jabón líquido y me lo puse en el pelo, el cual también me lavé. Luego de eso, quité el tapón de la bañera, y ésta se vació en pocos segundos. Me puse de pié a la vez que tiraba de la palanca de agua fría, y la dejaba caer por mi cuerpo. Cuando me deshice de toda la espuma, me invadió un olor a rosas. Sonreí, saliendo de la bañera. Puse la ropa en el cesto, y cogí dos toallas. Con una de ellas, me envolví el pelo, y con la otra rodeé mi cuerpo, agarrando la toalla por las axilas, pero sin apretar. Salí del baño y entré con rapidez en el vestidor, donde me puse la ropa íntima. Me puse unos calcetines y cogí un kimono de color blanco.

– Señorita Rin, le pido que no se vista, para que pueda curarle la quemadura. -Se escuchó desde mi habitación.

Salí, tapando mi cuerpo con el kimono, algo vergonzosa.

– Por favor, túmbese en su futón.

– Sí. -Dije intimidada.

Me tumbé en mi cama y Haruka, al entender mi vergüenza, me tapó con las sábanas hasta la cintura, lo que yo agradecí. Noté un gel sobre mi espalda y las manos de Haruka, repartiendo éste por la quemadura. Yo me mordía el interior del labio, para no quejarme.

– ¿Qué es...?- Dije con la voz entrecortada, por el dolor.

– Se trata de extracto de una planta llamada aloe vera. Es lo mejor que hay para las quemaduras, señorita Rin.

– Huele muy bien.

– Sí, y ya verá qué efecto tan bueno. No le vendaré la herida, así que usted deberá esperar a que se le seque. Por la noche sería conveniente que le pusiese más, siempre que la señorita lo desee, claro.

– Creo que me irá muy bien.

– Veo que ha escogido el kimono blanco, señorita Rin. Al ser de tela tan suave, no le hará daño, y es muy bonito para andar por el castillo. Creo recordar que el Señor Sesshomaru tiene uno igual.

– Haruka, ¿cuánto hace que conoces al Señor del castillo?

– Pues, si quiere que le sea honesta, señorita... Le conozco desde hace casi dos milenios.

– ¿Tanto?

– El Señor Sesshomaru y yo, fuimos amigos desde la infancia. Pero su familia, era de la nobleza, lo que a mí me convertía en un ser inferior a él, y tuvimos que separarnos. Pero hace cinco años me vino a buscar para que trabajase para él. Me dijo que pronto vendría su protegida, y que mi trabajo sería cuidar de ella en lo que él no pudiese.

– Oh, vaya...

– El Señor Sesshomaru siempre piensa en usted, señorita. Le recordaba muy frío.

– Sigue siendo frío.

– Sí, pero menos. Y en sus ojos ya no hay odio.

– ¿Y a qué se debe?

– Creo que su compañía le ha calmado, señorita Rin.

– Qué cosas dices, Haruka...

– Perdóneme por mi atrevimiento, señorita.

– Haruka, ¿puedo pedirte algo?

– Lo que sea, señorita.

– No me trates como si yo fuese... de la realeza.

– Pero es mi trabajo cuidar de usted.

– Lo sé, y lo agradezco. Pediré tu ayuda si la necesito, pero necesito una amiga aquí dentro, no una sirvienta.

– Entiendo lo que quiere decir. Pero... permítame decirle, señorita, que los sirvientes están bajo mi cargo.

– Oh, entiendo... -Sonreí mirando a Haruka desde mi cama.

– Entonces, ¿qué quiere que cambie?

– Para empezar, no me trates de usted, por favor.

– Eso no puedo cumplirlo, señorita. Puedo ser su amiga y confidente, si lo desea, pero mi trabajo es servirla y tratarla con el mayor de los respetos.

– Háblame de ti, tendremos que conocernos.

– La verdad es que ahora debería ir a cumplir mis obligaciones en la cocina, con los cocineros. Pero si quieres me pasaré después de su cena, y charlaremos.

– Me parece bien.

– Su espalda ya se ha secado, señorita. ¿Le pongo más o quiere esperar a la noche?

– Esperaré. Ahora me vestiré e iré a ver a Jaken. Gracias, Haruka.

– La veré luego, señorita.

Escuché unos pasos y el abrir y cerrar de una puerta corrediza. Me levanté a los pocos segundos y entré en el vestidor, donde me vestí con el kimono blanco y me peiné con un cepillo que había cerca del tocador. Luego entré en el baño, donde puse las toallas en el cesto y cogí el coletero de Kohaku. Volví al tocador y me hice una coletita en el lado derecho de mi cabeza. Y me tiré unas gotitas de un perfume que olía también a rosas.

Salí de mi habitación, tras dejarlo todo recogido y bajé por las escaleras una vez allí, me encontré de nuevo en el gran pasillo. Pretendía empezar a buscar a Jaken por el jardín, pero escuché su voz tras una puerta que estaba entreabierta y entré. Aquello parecía un comedor. Era un sitio enorme con una chimenea magnífica, y en las paredes habían retratos de la que parecía ser, la familia del Señor Sesshomaru. Reconocí a Lady Irasue, su madre. Y en otra foto había un hombre, con el pelo recogido en una cola, tres espadas, y en sus pómulos, una línea morada desigual. Supuse que era el padre del Señor Sesshomaru, Inu No Taisho. No me sorprendió ver que no había ningún retrato de Inuyasha. En la pared también habían títulos colgados, como diplomas. La mayoría, estaban a nombre del antiguo Señor del Oeste, pero también habían otros, que estaban a nombre de Sesshomaru. Jaken estaba gritando a una pandilla de demonios.

– ¡Rápido, poned la mesa, atajo de gansos! - Gritaba- ¡El Gran Señor Sesshomaru no os paga para que os toquéis las narices!

Reí un poco.

– Jaken, no has cambiado en absoluto. Por fin tienes a alguien a quién poder mandar.

– ¡Maldita niña! ¡Así no se le habla al Gran Mayordomo! -Dijo dándose aires de grandeza.

– Jaken, ¿todos éstos retratos son de los antiguos Señores del Oeste?

– Exacto niña...-empezó a decir Jaken, a la vez que inflaba el pecho y levantaba el dedo índice, colmándose de importancia.- En los retratos puedes ver a a Lady Irasue y al majestuosísimo Señor Inu No Taisho, el padre...

– Y ¿qué sabes de Haruka? -le interrumpí. Él me miró con fuego en los ojos.-

– ¿Te refieres a la ama de llaves?

– Sí, a mi ayudante.

– Ella pertenece a la familia Morishita.

– ¿Quiénes son?

– Los Morishita son una familia de grandes comerciantes. Poseen tantas riquezas como la familia Taisho. Cuentan de grandes demonios, e incluso de tierras del Este.

– Pero, ¿los del Este no son nuestros enemigos? Lady Sayaka nos atacó y casi destruye a Sesshomaru.

– Nuestra enemiga solo es ella. Los Morishita, a pesar de tener sus tierras y su riqueza, no pertenecen a la nobleza. Nosotros sí, puesto que el padre del Señor Sesshomaru era el demonio más fuerte que existió.

– ¿Y qué pasa con Haruka, porqué está aquí?

– Haruka fue y sigue siendo una gran amiga de mi querido Señor Sesshomaru. Se puede decir que se criaron juntos. Y claro, como los Taisho y los Morishita eran grandes amigos, decidieron que algún día el enlace de Haruka y el Señor Sesshomaru, ayudaría a ambas familias. Los Morishita por fin pertenecerían a la nobleza, y mi Señor poseería parte de las tierras del Este.

– Entonces, ¿se van a casar?

– Todavía no se ha hablado de boda, pero después del conflicto con Lady Sayaka, no creo que tarden mucho en casarse. A Lady Sayaka no le gusta en absoluto que le quiten sus tierras, por eso trató de matar al Gran Señor Sesshomaru. Pero Lady Sayaka, deberá aceptar que perderá sus tierras, porque es de ley que deberá entregárselas si se lleva a cabo el matrimonio.

– Claro, ya lo entiendo.

– Rin, te has puesto muy seria. ¿Te encuentras bien?

– No te preocupes. Si alguien me necesita, estaré en el jardín.

Tras ésas palabras, salí del comedor sin decir nada más. Empecé a sentir dentro de mi una rabia creciente. El Señor Sesshomaru iba a casarse con alguien. ¡Qué ridícula me sentía! No lograba entender el motivo por el que Haruka me había mentido. Pero ¿para qué me lo iría a contar? Al fin y al cabo, no era asunto mío. Pero ¿qué era asunto mío en ése castillo? ¿Porqué el Señor Sesshomaru me trajo aquí? Por primera vez me arrepentí de haberle seguido, aunque ése sentimiento me duró muy poco.

Al salir del castillo, respiré el floral aire que me rodeaba. Los soldados guardianes, no me dijeron nada, lo que agradecí en silencio. Rodeé el castillo, caminando por el camino de piedras. No sabía a ciencia cierta el motivo por el que me hallaba de mal humor, y triste. Empezaba a oscurecer, y por las ventanas del edificio, salía olor a comida. Pero tenía el estómago cerrado, y no creía que pudiese comer nada. Caminé por el jardín, el que estaba lleno de todo tipo de las flores más bonitas que jamás había visto. Habían lirios, rosas, orquídeas, cerezos... Me senté en un banco de madera que estaba tallado a mano, y cerré los ojos durante varios segundos, aspirando el dulce aroma de tanta flor. Mientras en mi mente se reproducían las palabras que Sesshomaru me dijo en un sueño.

"Rin, ¿te has acostumbrado a la vida en el pueblo? ¿No te has sentido intimidada? ¿Usaste el kimono que te dí el otro día? Cuando estés en problemas, ansiosa o triste, o cualquier otro sentimiento, no dudes en llamarme. Vendré por ti inmediatamente. Incluso si estamos separados, si tú dices mi nombre, vendré absolutamente hasta ti. Si no puedes hablar, puedes silbar. Silba entre los dedos, si así te gusta. La distancia no es un obstáculo, nuestros corazones están unidos. Con el poder de la confianza, no hay nada que temer. Basta con tener éste sentimiento, debería ser suficiente para llenar tu corazón. Es por eso que está bien que las cosas sigan como están, por ahora...Tenemos mucho tiempo. Puedes examinar tu corazón a su ritmo. Hasta entonces cuídate por ti misma."

Suspiré pesadamente, estaba claro que solo había sido eso, un sueño. Sonreí secamente y me levanté, decidí que terminaría de dar la vuelta entera al castillo, puesto que había recorrido más de la mitad y probablemente, ya me echarían de menos.

O no.

Al terminar la vuelta entera del castillo, me acerqué a la entrada principal, y entré. Caminé hasta el comedor, para entrar en él y ver si había alguien allí. Pero a pesar de que la mesa estaba preparada para dos personas, no había nadie. Supuse que me avisarían a la hora de cenar, así que decidí ir a mi habitación. Al salir del comedor, me quedé en blanco, petrificada por lo que tenía delante. Mejor dicho, por los que tenía delante.

Haruka y el Señor Sesshomaru estaban por subir las escaleras, hacia el piso superior, cuando ella de repente casi tropieza. Sesshomaru la cogió por la cintura, evitando su caída, y la giró hacia su posición, haciendo que ella la mirase. Haruka ponía una de sus manos sobre su brazo. Me empezó a golpear el corazón de un modo doloroso. Él y ella hablaban, su mirada era diferente a la que tenía normalmente. Y de repente, Sesshomaru empezó a reír, y Haruka se unió a su risa. Sus manos seguían sobre la cintura de ella. Y él por fin giró bruscamente su cabeza hacia mi posición, y se me quedó mirando. Supuse que le había llegado mi olor. Sin más salí del comedor y me puse a andar en dirección contraria a ellos. Volví a salir del castillo, rota de rabia.

Aquella fue la primera vez que vi reír a Sesshomaru. Y sus manos, su gesto con los de Haruka... Estaba claro que entre ellos había algo más que amistad.

Qué idiota soy... , me repetía en mi mente.

A mis espaldas, pude escuchar a los soldados decir "Hasta pronto Señor Sesshomaru", pero aquello no hizo girarme. No sabía con exactitud qué cara debía ser la que en ésos momentos tenía yo. Solo sentía mucha ira y tristeza por dentro, pero como una mujer educada que era, no debía sucumbir a los malos sentimientos. Solo necesitaba salir del castillo un tiempo. Un par de días, para masticar lo que acababa de ver.

– Rin. ¿Dónde vas?- Escuché su fría voz detrás de mi.

– Me vuelvo a la aldea.

– Porqué.

– Porque le prometí a Sango que... iría a vigilar a sus niños.

– Mírame.

– …

– Rin, mírame.

Noté unos dedos suavísimos debajo de mi mentón, girándome el rostro. Giré sobre mí misma y le miré. Él pasó su pulgar por mi mandíbula, acariciándome. Noté miles de mariposas en el estómago, y luego un vacío al recordar la escena que acababa de ver con Haruka. Con ambas manos, aparté la suya de mi rostro, sin poderle mirar directamente.

– ¿Qué te pasa?

– Nada, solo... debo irme. Volveré en unas horas, vendré a dormir.

– Bien, como te plazca.

Sesshomaru me miró con odio, por unos segundos, lo que todavía me hizo sentir peor. Empecé a caminar hacia Ah-Un que estaba en el jardín, junto a la entrada. Monté sobre el dragón bicéfalo y escuché a mis espaldas a los soldados decir "Bienvenido Señor Sesshomaru".

– Ah-Un... Llévame a la aldea, por favor.

El dragón se echó a volar por los aires, entre las nubes de nuevo. Notaba una gran angustia en mi pecho, y en mi rostro. A la vez que mi cabeza no dejaba de remover imágenes y recordar ciertas cosas.

"– ¿Y qué pasa con Haruka, porqué está aquí?

Haruka fue y sigue siendo una gran amiga de mi querido Señor Sesshomaru. Se puede decir que se criaron juntos. Y claro, como los Taisho y los Morishita eran grandes amigos, decidieron que algún día el enlace de Haruka y el Señor Sesshomaru, ayudaría a ambas familias. Los Morishita por fin pertenecerían a la nobleza, y mi Señor poseería parte de las tierras del Oeste."

Su prometida... Claro, Haruka debe estar enamorada del Señor Sesshomaru. Por eso no me lo contó ella. Por eso él la miraba allí... y su sonrisa... Conmigo jamás estuvo así., pensaba.

Pero por otro lado, llevaba mi mano hacia mi mentón, donde minutos antes, Sesshomaru ponía sus dedos para que le mirase... Aquel roce lograba hacer que mi pecho se sanase un poco, pero... No lo suficiente.

Antes de lo que pensaba, llegué a la aldea. Caminé por las calles, cabizbaja. No sabía a quién acudir. Suspiré cerrando los ojos, mientras caminaba, y sin darme cuenta, me choqué con alguien.

– Disculpe, culpa mía, no miraba por donde iba.

– Rin, no te disculpes. ¿Cómo es que estás aquí?- Sonó la voz de Kohaku.- Creí que te habías ido a vivir con Sesshomaru.

Alcé la mirada hacia Kohaku, y él, tras varios segundos de analizar mi rostro, enmudeció y me abrazó. Ante el abrazo, dejé caer mis lágrimas, por las mejillas. Podía sentir la calidez de Kohaku, aquella calidez que en momentos como el que estaba pasando yo, tanto se agradecía. Él esperó unos segundos y me miró.

– Te llevaré a casa de mi hermana, luego me iré con Miroku, a eliminar un monstruo para que pueda conseguir algo de dinero.

Asentí. Kohaku andaba a mi lado, muy pensativo. Ambos nos dirigimos a casa de su hermana. Él me dejó en la puerta, y se despidió con un seco "hasta luego". Yo entré en la cabaña de Sango. Ella se encontraba jugando con Kirara. Me miró sorprendida.

– Rin, no te esperaba.

– Kohaku me ha traído.

– Oh, ya entiendo. ¿Cómo estás?

– …

De mis ojos empezaron a brotar lágrimas, y ante ello, escondí mi rostro entre las palmas de mis manos.

– Rin, bonita, ¿qué sucede..? ¿Es Sesshomaru?

– ¿Como lo sabes...? -susurré, sorprendida, mirándola.

– Porque solo te he visto llorar dos veces. Y la primera fue cuando te dejó con Kaede.

– Es que... Es que... Sesshomaru está prometido... Con la que es mi ayudante en el castillo y... Antes... Estaban los dos agarrados, él la cogía por la cintura y ella ponía su mano en el brazo de él... Y él... Él reía... Jamás le había visto reír... y él... reía con ella...

– Rin... Vaya, no sabes cómo te entiendo... ¿luego no ha sucedido nada más?

– Él quería saber qué me pasaba, no he podido evitar frenar del todo... mi reacción, y... y puso sus dedos en mi mentón para...que le mirase... Pero luego se marchó...-suspiraba, explicándole lo sucedido a mi mejor amiga, y notando cómo de mis ojos se caían numerosas lágrimas.

– Rin... ¿Tú estás enamorada de Sesshomaru...?

– ¿Yo...? Pues...

– Creo que tanto tiempo esperándole ha hecho que te enamores de él, pequeña...

– Lo sé...

– Lo que te pasa, es que estás celosa de la amiga de Sesshomaru...

– Pero... están prometidos y es probable que se casen para evitar una guerra... Y ella... parece estar enamorada...

– Sesshomaru hará lo que crea oportuno. Pero no creo que él quiera evitar una guerra... Es Sesshomaru, ya sabes que no le gusta que los demás piensen de él que es un cobarde, y por ello, estoy segura de que luchará, si se da una batalla...

– Pero están prometidos desde que ambos eran niños...

– Yo creo que Sesshomaru siente algo por ti... Recuerda cómo te abrazó ésta mañana, cuando te vino a buscar...

– Yo solo soy su protegida... No puedes entenderlo... Incluso Haruka me dijo que él le dijo que pronto llegaría al castillo... "su protegida humana".

– Oh, vaya...

– Rin, qué sorpresa, ¿tan pronto has huido de Sesshomaru?- Escuché la voz de Kagome detrás de mí. Al parecer, había entrado en la cabaña.

Estuvimos bastante rato hablando de lo que me pasaba, y Kagome quiso darme su opinión, e intentar ayudarme.

– Vaya, cómo se nota que Sesshomaru e Inuyasha son hermanos...-dijo, suspirando.- A Inuyasha también le costó mucho mostrar sus sentimientos. Pero siempre tenía detalles... Se peleaba con Koga por mí, me apoyaba, jamás se alejaba de mi lado y me defendía por encima de todo. De vez en cuando se ponía tierno...

– Kagome, estamos hablando de Rin y Sesshomaru...-le dijo Sango.

– Lo sé. Pero fíjate, si Sesshomaru viajó tanto tiempo contigo, tras resucitarte con Tenseiga, y tras nueve años ha venido a buscarte, ¿no crees que puede ser por algún motivo... en especial? Yo creo que... tal vez compartáis el mismo sentimiento. Pero él es tan orgulloso...

Seguimos hablando durante un rato más. Kagome y Sango me daban ánimos, y ambas creían que podría pasar algo entre Sesshomaru y yo, pero.. Yo no lo veía de ése modo. Ambas se fueron a cumplir unas tareas que tenían pendientes, y Kohaku entró.

– Has vuelto.-Le dije. Él parecía serio.- ¿Qué te pasa, Kohaku?

– No quiero que vuelvas a su lado.- respondió.

– ¿Junto a Sesshomaru? Pero, ¿porqué...?

– Porque estoy enamorado de ti.