CAPÍTULO 4
Miles de criaturas salían despavoridas hacia cualquier dirección que pudiese servirles de guarida pasajera mientras esas colisiones se instauraban en pleno mar. Usando ya sean fuertes patas, alas o los dotados con capacidades marinas, cada quien por su lado incluso dejando atrás a valiosos compañeros; el miedo despertó el instinto más primitivo.
A simple vista, seguirlos era más que abstruso y peor con tantas ondas de por medio que no hacían más que embravecer las olas ya rebeldes del basto océano verdoso. Dos esferas, una era color blanco como la misma nieve acompañada con truenos color azul marino hacían gala de un poder tan grande como los mares que lo rodeaban; la otra figura redonda poseía características muy similares salvo por la coloración verde con destellos relampagueantes dorados; cada impacto entre esas dos masas lograba recrear estruendosos sonidos como los producidos por los truenos andinos; este era el motivo por el cual aquellas criaturas digitales emprendían una pronta huida.
-Digno de ser tú- una voz fina con matices propias a la de un adulto joven logró escucharse desde el interior de la esfera blanca, para estos momentos ambos objetos se hallaban flotando con total parsimonia encimas de las enajenadas aguas. –Pero ya eres demasiado senecto- como si resultara ser una metamorfosis, dos pares de alas emplumadas blancas rompieron la superficie para dejar un ser dotado de un resplandor tan intenso que verle era prácticamente imposible, tan solo esos apéndices albinos eran perceptibles.
-Joven eres aun, ese es tu principal defecto- la contraparte verde respondió ante la amenazante presencia del otro ser, este no sufrió cambio alguno en cuanto a apariencia, tan solo la resonante voz se hizo presente. No pasaron ni cinco segundos para que las aguas comenzaran a elevarse en forma de grandes olas con casi treinta metros de altura amenazando con arrasar con lo que fuese, -Sentencia de siete pecados- bramando esas palabras, la esfera verde comenzó a sumergirse entre las aguas, magnánimas columnas de agua comenzaron a ascender hasta las nubes, siete en total las cuales rodearon al blanco ser. Las aguas se calmaron unos instantes, breves segundos de paz, luego cada columna confluyó hacia su objetivo real, este intentó soportar el castigo abrumador, su grito fue tan intenso que parecía ser capaz de ensordecer a multitudes enteras; la violencia era admirable en medio de un escenario tan hostil, incluso las rocas adyacentes entre los corales fueron arrasados sin piedad alguna. La resistencia del primer sujeto fue reducida a simplemente nada, las aguas terminaron por adentrarlo junto con los océanos y de los cuales ni bien hubo sucumbido al rival, dejó salir a la esfera verde hasta su posición inicial.
Este objeto comenzó a perder la forma, dejando que cientos de pedazos cayeran como si fuese un cristal cayendo en trozos luego de haber sido destrozado, la imagen la cual cubría dicha esfera reveló a su portador. Asemejaba bastante a una especie de caballero con armadura plateada reluciente, escudo gigante de casi las mismas dimensiones que su adiestrador salvo por lo delgado que resultó ser, un gran sable dorado lleno de inscripciones antiguas en lengua mística, capa verde hasta los tobillos o lo que resultaba que fuese semejante a ello. Ojos tan verdes como manzanas inmaduras pero cubierto por un casco con forma de cabeza de felino; pocos sabían de su realidad, el más poderosos de los guardianes del mundo digital estaba presente en estos momentos y al parecer había cumplido bien su tarea.
Los mares tardarían semanas o quizás meses en volver a calmarse luego de haber invocado la más predilecta técnica ancestral, las aguas en sí eran solo una representación que nuevamente muy pocos conocían, el significado de ellas era el número pues al ser siete los pecados capitales, eran siete las columnas destinadas; si alguna de ellas lograba herir al enemigo ello significaba que tal infortunado sujeto había cometido ese pecado, lo peor era que al ser castigado por una primera columna, las otras seis terminarían por aniquilarlo y curiosamente este ser a quien se le fue aplicada este poder, recibió las siete en un solo ataque.
-Que tu alma repose en…..- se disponía a darle un adiós a ese feroz adversario, no por algo hubieron estado luchando casi dos días enteros, recordó como ese mismo contrincante terminó por darle muerte a los ancianos vigilantes del templo sagrado, una ofensa abominable, sabía perfectamente que buscaba un objeto preciado y era un alivio saber que dicho material se hallaba bastante bien escondido y en donde menos se lo imaginase. Estuvo tan confiado de haber salido victorioso que nunca imaginó este desenlace. Te lo dije, viejo ya eres- su mano derecha estaba completamente incrustada en la espalda del gran guardián, vistos desde otro ángulo era mucha la diferencia de tamaños como quien comparando un adulto con un niño. -¿Tú?, pero si….-
-Ningún pecado puede matarme….no tengo alma alguna- de inmediato retiró su extremidad del cuerpo, luego le clavó sus cortos pero filosos colmillos sobre la yugular mientras succionaba con fuerza debilitando cada vez más a ese poderosos guerrero ancestral. –Mis disculpas guardián, debo retirarme….el mundo humano es muy grande como para encontrarlo fácilmente y….me temo que tengo prisa- diciendo estas palabras dejó en claro que era conocedor acerca del paradero de aquel material preciado inundando con terror su mente ya lánguida. Con un acto de soberbia técnica, terminó por decapitar al guerrero dragón usando dos sables filosos con hojas pequeñas pero de filo monstruoso.
-Debo a la tierra ir- se quedó esperando a ver como el cuerpo sin cabeza de su víctima caía hasta los mares profundos, no habría nueva resurrección para ese gran digimon, no para los de su especie sagrada. Tal vez un nuevo caos tendría que acontecer mediatamente que uno de los pilares fuera exterminado, si bien y al cabo dicho evento tardaría quien sabe incluso meses en instaurarse debido a lo inmenso que resultaba ser el digimundo, aquel ser blanco optó por retirarse a toda prisa teniendo en mente una ya victoria. Durante una hora avanzó sin dificultades divirtiéndose en acabar con la existencia de las pavoridas criaturas con las cuales se topaba en su camino, pasado ese lapso de tiempo comenzó a sentirse fatigado, pensó que la batalla arduamente sostenida con la más poderosa bestia le hubo causado estragos y vaya que tenía razón en pensar de aquella manera, pero un instinto le hizo creer que estaba confundiéndose y muy probablemente esa fuera la causa.
…..
Llamas, caos, destrucción, gente corriendo despavorida buscando una explicación ante lo sucedido, decenas de personas nunca imaginaron presenciar algo así en sus vidas o peor aún en tratar de buscar razones aparentemente lógicas para todo. Era un posada para turistas o amantes de campamentos con construcciones bastante adecuadas para la zona, se alquilaban botes y materiales para poder ir a pescar en los lagos o incluso hacer canotaje en los ríos circundantes, un verdadero paisaje a pesar de su corta extensión; salvo ahora que era fuego.
No hace mucho que dos jóvenes entraron a uno de los hospedajes vestidos con uniformes escolares, alguien les atendió amablemente pero estos respondieron hostilmente preguntando por un nombre en específico, para el hombre barbudo y corpulento la actitud de ambos chicos le pareció tan grotesca que los reprimió alzándoles la voz buscando intimidarles, detestaba realmente el mal comportamiento adolecente y en vista que estos dos le insultaron delante de todos los usuarios, el gran hombre no pudo controlarese y golpeo con una soberbia bofetada a uno de ellos. Preso de ira supo que ello no fue una buena opción, trato de calmarse, les pidió disculpas, pero el chico a quien hubo golpeado le respondió con un puñetazo en el abdomen que lo hizo volar varios metros hasta impactar con los mostradores ubicados en otra sala rompiéndolos de inmediato. Quedaron en total mutismo, nadie supo que decir o cómo reaccionar…..-Diez segundos Tai, ¡sino apareces en diez segundos hare pedazos este lugar!- el joven albino más regordete habló instaurando amenaza; ninguno pronunció palabra alguna, pasado ese tiempo, aquel joven estiró una mano en dirección al melenudo recepcionista quien a duras penas comenzaba a ponerse de pie tras haber sido golpeado, tan solo pudo alzar la vista para ver como una esfera de fuego salía desde la palma de aquel peculiar muchacho, se oyó un grito de dolor que duró unos dos segundos, tras ello, solo quedaron cenizas. La multitud entró en anarquía, cada quien por su cuenta, -Incluso si te escondes, lo sabré- el otro ser pálido y más esbelto se hizo manifiesto con tal declaración, estaba de pie en calma absoluta, sus ojos se tornaron tan azules como el cielo mismo y de su espalda salieron ocho largos brazos tan blancos como la misma nieve, estas ocho extremidades se estiraron cuanto pudieron para sostener a ocho inocentes víctimas quienes gritaron asfixiantemente, los brazos los atrajeron hasta muy cerca del sujeto, sus ojos pasaron por los pusilánimes individuos como quien haciendo un reconocimiento fácil o algo por el estilo, -que pena, ninguno es- tras decir eso, las grandes manos blancas literalmente congelaron a esas "presas" con unas capas finas de hielo haciendo que quedasen petrificados en vida, luego los fuertes dedos se juntaron violentamente deshaciendo en miles de pedazos los cuerpos congelados sin piedad. Ambos seres recrearon sus actos hasta no dejar a nadie vivo e incluso las construcciones terminaron siendo reducidas a nada en menos de una hora. –Tal vez están por el río- establecido todo ese alboroto, la idea de buscarlos por las aguas resultó ser posible, hasta ahora desconocían haber sido engañados por una mortal sobre el paradero de quien deseaban; el más delgado hizo que sus ocho brazos adicionales retornaran a su espalda hasta desaparecer y su amigo con cachetes prominentes permitió que el fuego de sus manos cesara definitivamente; los dos giraron para ponerse en marcha volando posiblemente hacia los caudales más cercanos. Todo pasó muy deprisa, una lanza atravesó el cuerpo de quien sabía invocar más extremidades quien cayó de rodillas ante la mirada atónita del otro; acto seguido, dos hojas de pergamino cayeron una en cada lado del otro albino, ese quedó inmovilizado sin que sus músculos pudieran responderle. Recibió fuertes golpes, ambos pergaminos se elevaron bruscamente y este mofletudo sujeto salió retirado con violencia hasta el lago cercano. Alguien estaba ahí, cubierto por una túnica que mantenía su identidad en anonimato, dirigió su cabeza también tapada hacia el sangrante ser atravesado por su lanza, pego un fuerte grito y se retiró para perderse en medio de los árboles. Las aguas se tornaron violentas dejando salir a quien fue bruscamente colocado allí, fuego entre sus manos y mirada llena de odio, pero ya no había nadie con quien luchar, pasó la vista esperando encontrar al responsable de haberlo hecho enojar pero tan solo encontró a su compañero con un objeto punzante atravesándole el cuerpo, -Ya no exageres-
-Ja, solo quiero divertirme- el otro se puso de pie como si no sintiera nada en lo absoluto, hizo que capas finas de hielo cubrieran la lanza, esta terminó por quebrarse dejando un agujero de entrada y otro de salida en el cuerpo de este pero que rápidamente se cerró. -¿lograste reconocerlo?-
-No, alguien con esa fuerza…se mantuvo cabizbajo y meditabundo unos segundos…puede ser un Khanas-
-¿Khanas?, bueno, eso solo lo hará más entretenido-
-Hay que encontrarlo, debe saber dónde está nuestro amiguito- Se incorporaron sin temor alguno, pero renegaron al no poder detectar la presencia del resiente "invitado".
…..
Fueron las horas quien sabe más estresantes jamás vividas para esos dos muchachos, uno en cada piso, así lo acordaron, se miraban constantemente con cada ruido extraño que pudiesen sentir o parecerles durante toda la noche. No mencionaron nada y para no parecer sospechosos dijeron que ya era momento de dormir cuando entraron a la cabaña luego de haber limpiado las ventanas y el piso que supuestamente habían sido ensuciados por un vómito. En un momento siendo casi las 3 am, un ventarrón hizo que Ken abriera los ojos violentamente pues estaba cabeceando preso de cansancio, bajó rápidamente con un palo de escoba entre manos, se disponía a hacerle frente a lo que fuese pues tanta presión lo comenzaba a estrangular aunque afortunadamente, fue retenido por Joe quien supo controlarlo para evitar instaurar desorden; de esta manera pasaron las horas lenta y estresantemente para esos dos. Fue demasiado oportuno no haber sido atacados ni hostigados en toda esa noche, la madrugada llegó y los primeros destellos de sol atravesaron las lunas de cada ventana anunciando una nueva mañana para todos salvo con una mala noticia próxima a ser revelada; esperaron a que se sirvieran el desayuno para tener una mejor oportunidad, como el mayor sería deber suyo mantener un porte maduro y sereno, se aclaró la garganta para anunciarse ya que el bullicio propio de los amigos suyos le impedían escuchar con claridad quienes al percatarse del carraspeo de garganta prestaron atención.
-Sé que debes tener un grato anuncio amigo, pero necesito decirles esto- Izzy se adelantó ante la sorpresa del resto, Joe quiso interrumpirlo pues su noticia era más que alarmante hasta que el genio amigo soltó el digivice sobre la mesa agitándose cual celular vibrador con llamaada urgente entrando; como si fueran presos de pánico, se miraron unos a otros recordando lo vivido hace cuatro años atrás y cómo estuvieron tan cerca de acabar con sus vidas y nuevamente esta tan familiar pero extraña simultanea sensación embargaba sus mentes, tras asimilarlo con delicadeza, miraron a Tai, no era para nada orate pensar que los incidentes pasados en ese chico no guardasen relación con ese joven.
-Ayer vi como vomitaste amigo- Ken lo dijo mirándole detenidamente.
-No es necesario que me lo recuerdes, sobre todo en un momento como….-
-No había nada en la ventana ni en el piso Tai, estaba completamente limpio- cortante, así de frío tuvo que ser para evitar ser interrumpido por su amigo mayor. Confesaron no haber limpiado nada en lo absoluto y de cómo Joe sospechó todo de manera intuitiva en la noche anterior, luego Izzy les comentó acerca del fenómeno peculiar atestiguado por él mismo y de cómo su dispositivo digital llegó a parar a sus manos cuando este introdujo su mano sobre los inquietos cristales. Mutismo pleno, duró casi un minuto.
-Debemos ir a por nuestros digivices- Sora, mirando al vacío, de manera casi involuntaria dijo eso, ninguno se atrevería a cuestionar a nadie pero verse en medio de otro peligro era lo último que pudiesen desear como parte del itinerario de vacaciones de verano. –Siempre en verano, ¿no puede ser en invierno? ¿O en tiempo de clases?- una chispa singular era suya, tan alocado como siempre, por eso tal vez su insignia le caía a pedir de boca, con miedo sí, pero dispuesto a luchar antes que rendirse. El valor hubo hablado.
-Yo puedo ayudarles con eso-
Voltearon cual acto reflejo, la puerta y ventanas permanecían cerradas; un diminuto sujeto vestido con ropas elegantes de años muy pasados pero con tonalidades verdes-grisáceas de tela fina se hizo presente en medio de todos, asemejaba bastante a un duende propio de la mitología irlandesa. Le miraron boquiabiertos sin saber qué decir, si era aliado o enemigo.
-Soy un digimon, ustedes muchachos están bajo grave peligro- su voz era bastante chillona, muy similar a la de un niño de casi 9 años, pero la barba desmentía ello y más aún al verlo caminar usando sus cuatro extremidades y con esa cara media leonina. –Los digivice seguirán a los portadores, debemos irnos ahora- sonaba convincente de sí mismo como quien sabiendo acerca de lo vivido por Izzy en cuanto a la extraña aparición del propio dispositivo digital suyo. Aunque ellos no iban a ser tan confiados, aquella liliputiense criatura no lucía exactamente como una amenaza pero no por esa apariencia iban a creerle tan abiertamente y esa suspicacia les llenaba la cabeza en estos momentos.
-Mi compañero acaba de distraer a sus perseguidores, no sé si siga con vida, mi deber es llevarlos a un lugar seguro- su voz se tornó lastimera al recordar que posiblemente su viejo compañero no hubiera podido salir con vida ante los enviados para destruir a estos jóvenes pero por alguna abstrusa razón, ellos no parecían muy convencidos y motivos no le sobraban.
-Podemos entrar al digimundo por nuestra cuenta- Kari salió al frente haciendo alarde de un rápido raciocinio pues con qué motivo entrarían con un desconocido si ellos mismos eran capaces de adentrarse usando los aparatos digitales, lo dijo para hacer notar que todos eran capaces de retornar a sus respectivas casas y posesionarse de los propios.
-No es ahí donde iremos, el mundo que ustedes conocen ha caído-
…..
