Don't you want me?

Un poco harto

- ¡Por Dios, Blain, ¿Qué te sucedió?

El grito de Aria retumbó por toda la sala de ensayos mientras el aludido escondía su cabeza, avergonzado. Estaba harto de que todos le preguntaran lo mismo. Sin que pudiera haberlo evitado, un codo de Karofsky había golpeado su rostro cuando él lo había tirado para golpearlo y un pequeño moretón se dejaba ver al lado de su ojo derecho.

Kurt se sentía horrible. Su chico había sido lastimado por culpa suya y ahora andaba enfrentándose a todo el mundo con una sonrisa y el mismo argumento cada cinco minutos: "no es nada, simplemente me tropecé, no duele…" aunque el Hummel sabía que sí. Él había sido encargado de limpiarle el poco rastro de sangre que le había quedado y presenciado las quejas de Blain sobre que ardía.

- No es nada Aria, simplemente me tropecé…

- Kurt, no me dijiste nada de esto anoche – regañó la mujer, mirando acusadoramente al menor.

- ¿Que anoche qué…? – murmuró Blain mirando a su novio.

- Oh, espero que no te moleste – se adelantó la muchacha – Pero tenía una duda sobre algo de la escuela y, de paso, le pregunté sobre un nuevo dueto que tengo en mente ¡te va a encantar! – esta vez se dirigió a Kurt mientras unía sus manos, emocionada – la canción se llama…

El ruido que hizo la silla al arrastrarse contra el piso de madera calló todo intento de Aria para hablar. Ambos miraron a Blain con ojos confundidos, mientras que éste simplemente levantó sus cosas y se retiró del salón.

- ¿Qué le sucedió? – quiso saber la chica, sin entender.

Kurt, por su parte, comprendió perfectamente. Estaba en problemas.

Corrió detrás de su novio quien ya iba bajando las escaleras de manera apresurada.

- Blain, ¡Blain!

Él ni se inmutó.

- ¡Detente por favor!

El Anderson frenó su andar, sorprendiendo al otro y se giró para enfrentarlo. Lo observó con rostro serio y profundo.

- ¿Qué? – preguntó secamente.

A Kurt se le encogió el corazón.

- ¿Por qué te fuiste así? ¿Qué… que hice para que te enojes?

- ¿Qué hiciste? Mm, veamos, no lo sé, porque no se lo preguntas a Aria esta noche, cuando hablen de nuevo… ¡o ya se! Cuando estén por ensayar ese nuevo dueto, pregúntale…

- Blain, ya te lo he dicho. Es una chica. ¡Soy gay! No tienes porque ponerte celos-

- Ya lo sé, Kurt, sé que no tengo porqué… pero eso no quita que los sienta igual. Y estoy un poco harto… y me duele…

El rostro de Kurt se contrajo en una expresión de dolor al pensar que él estaba haciendo sufrir a quien más quería.

- O-oye, eso no es…

- ¿Sabes qué? Déjalo así… – se dio por vencido Blain, negando con la cabeza – Nos vemos.

Y se fue.

Se fue… dejando a Kurt al borde del llanto.

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-¡Así que aquí estas! – exclamó Aria, feliz por haber encontrado nuevamente a su ídolo – No apareciste más en la sala y yo… pensé que… ¿estás llorando?

El chico negó con la cabeza sin alejarla de sus piernas contraídas contra su cuerpo. Claro que no pensó Aria, irónicamente. Se sentó a su lado en la escalera y le refregó la espalda con cariño.

- ¿Qué sucede? Cuéntame…

Kurt negó nuevamente con la cabeza, rehusándose siquiera a mirarla. Era horrible cuando lloraba; los ojos se le ponían colorados y sus mejillas también. Un tremendo desastre.

- ¿Fue Blain? Si fue él, yo misma voy y lo golpeo – replicó la Dalton elevando un puño, de forma graciosa. Aunque no causó nada de risa en Kurt. – Vamos, deja de llorar…

Él levantó su rostro lentamente y se limpió las lágrimas inmediatamente. Le daba vergüenza.

- E-es que… él se enojó conmigo, él… esta celoso porque canto contigo…

- Esa es una tremenda idiotez.

- No, no lo es – negó el Hummel volviendo a derramar lágrimas - ¡Yo también me enojaría si él cantara con otro o… o… o si hablara con otra persona a la noche! ¡Me enojaría! Y ni siquiera me puse a pensar en eso cuando hablaba contigo…

- Oye, cálmate. Tendría que confiar más en ti si se enoja por esas cosas…

- Él confía… así como yo confío en él… pero que confíe no significa que no duela – dijo recitando la idea que le transmitió su novio anteriormente. Y lo hizo sentir aún peor.

Aria lo pensó por unos momentos y luego sonrió.

- Si te sientes así, entonces debes ir y disculparte.

Kurt la volvió a ver aún sollozando. ¿Aceptaría sus disculpas?

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Abrió la puerta maldiciendo a quien lo había obligado a dejar de ver su película favorita en una noche de nevada como esa. No le apetecía hablar con nadie; daba gracias al cielo que sus padres estuvieran fuera de la ciudad…

Pero al abrir la puerta, bajo la leve tormenta de nieve, encontró una pequeña figura tiritante que no pudo ignorar.

- ¿Kurt?

- H-hola. – tiritó el chico con la voz lejana por el frío.

- ¡Oh, por Dios, entra!

Blain sujetó el brazo de su chico y lo empujó contra sí para que se refugiara de la nieve. Solo a él se le ocurría salir de un lugar con reparo para meterse bajo una tormenta. Estaba helado.

- ¿Qué no viste la tormenta que hay? Ven aquí – lo llevó hasta un sillón posicionado frente a su chimenea y le quitó el abrigo mojado. El menor continuaba tiritando. – Te traeré una manta.

Subió a toda prisa a su habitación. Quitó la frazada de su cama y la llevó rápidamente escaleras abajo. Envolvió a Kurt en ella, escuchando el silencio que él profería.

Se arrodilló a su lado y observó su pálido rostro, el cual se mantenía expectante a cualquier cosa que hiciera. Profiriendo un suspiro, estiró su mano y acarició su mejilla derecha. Congelada.

Sonrió levemente.

- Que bonito regalo me trajo la nieve – logró que él sonriera también - ¿Por qué viniste? Allí afuera debe hacer, por lo menos, 3 grados bajo cero.

- Yo… quería disculparme – contestó Kurt levantando una de sus manos y apoyándola sobre la que Blain tenía sobre su rostro. – Por lo de Aria… no me puse en tu lugar y yo también me enojaría si tú hiciera eso…

El Warbler se mantuvo callado por un buen rato hasta que negó con la cabeza y se sentó al lado de su novio para abrazarlo fuertemente.

- Yo también lo siento. No tendría que haberte tratado como te traté. Pero… me puse celoso…

- Lo siento – repitió nuevamente el otro desde su lugar dentro de los brazos de Blain. Levantó la cabeza y sus rostros quedaron separados por unos cuantos milímetros – Tienes que saber… que te quiero solo a ti….

Blain asintió, enternecido, y acarició sus cabellos.

- Y, aunque sea celoso… tú eres lo que más quiero – respondió el moreno sujetando su mano. – Y ahora sé que estas dispuesto a arriesgar tu vida por mí, ¡mira que venir bajo esa tormenta! – ambos rieron ante el comentario y se miraron profundamente cuando dejaron de proferir carcajadas.

La distancia desapareció y ambos se fundieron en un beso tranquilo. Los labios de Blain acariciaron delicadamente los de Kurt y sus manos se aferraron a su cintura. Kurt pasó sus brazos por su cuello y lo atrajo aún más -si eso era posible- hacia sí.

Pronto, el frío que sintió al estar bajo la tormenta de nieve se desvaneció por completo. Las manos de Blain lograron eso.

La cobija ya no fue necesaria por lo que el propietario de ella la quitó lentamente del cuerpo de su amado, el cual no oponía resistencia al estar desabotonando la camisa de pijama de Blain.

No supieron en qué momento el beso se volvió más demandante, más feroz, más apasionado. Tampoco supieron cuando la parte de arriba de sus ropas cayó al suelo y sus manos se despegaron de los lugares en donde estaban descansando para explorar exhaustivamente el cuerpo del otro.

La boca de Blain se despegó de la de Kurt y comenzó un camino de besos hasta el cuello de él, en donde succionó en algunas partes, logrando arrancarle suaves suspiros al Hummel.

Kurt se sentía en el cielo. Los labios de Blain continuaban bajando mientras él sentía una extraña sensación en todo el cuerpo, más precisamente allí abajo…

En un momento dado, los besos de Blain se detuvieron y no lo sintió más contra su cuerpo.

El castaño abrió los ojos, temeroso de que se hubiera arrepentido, y lo encontró mirando su estómago, destilando odio por sus pupilas. Un par de ojos claros se volvieron tristes y bajó la mirada también para encontrarse con su propia piel adornada por un enorme moretón con contrastes en color verde y morado.

El puño de Blain se cerró casi intuitivamente mientras cerraba los ojos, en un vano intento de contener su rabia.

- Debería haberlo matado – murmuró con rencor.

Sintió un suave toque en su rostro y abrió los ojos para encontrarse con la imagen de su novio. Ninguno de los dos dijo nada sino que Kurt se acercó para besarlo nuevamente, con una intensidad mayor al beso de antes.

Blain continuó con su recorrido por el torso de su novio; mientras tanto acariciaba con tremendo cuidado la zona dañada del estómago.

Kurt sintió que había llegado el momento. Ese por el cual había peleado con su padre para que no le diera 'la charla', por el cual se había negado a escuchar y ahora se sentía, extrañamente, totalmente preparado. Porque estaba seguro de que, con Blain, todo sería perfecto.

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:O

Los dejo con las gaaaaanas ;)

¡Besos enormes!

Hikari x Takeru