Capítulo 4: Fin de semana en familia parte 1

Mathias estaba sentado en el sofá, disfrutando de la tranquilidad que había en la casa. Estaba solo en ella. Lukas había ido a visitar a Tino y a Aina, el danés había preferido quedarse. Aunque había aceptado la existencia de esa niña, no era capaz de verla sin recordar que era fruto de una infidelidad de su novio.

Miró un momento a su vientre, dentro de él estaba su bebé. A Mathias le gustaba sentarse e imaginar que aspecto tendría el futuro miembro de su pequeña familia. Noruega y él habían decidido que si era niño se llamaría Soren y si era niña, recibiría el nombre de Astrid.

Dinamarca escuchó en ese momento el sonido de un coche aparcando en el garaje. Se levantó sonriendo y salió a recibir a su novio. Caminó hacia la puerta y esperó, sin embargo, su sonrisa se congeló al ver que Lukas no volvía solo. Le acompañaba Aina.

Mathias esperó callado a que esos dos llegaran hasta él y les saludó con algo de frialdad. No le gustaba que la pequeña estuviera con ellos, no es que le cayera mal, a él le encantaban los niños, era simplemente que la niña le recordaba lo sucedido meses atrás. Lo único que esperaba era que el tiempo fuera haciendo desaparecer esa herida, aún reciente.

Notó que Lukas le dirigía una mirada de desaprobación, supo al momento que el noruego conocía sus pensamientos, así que se esforzó por esbozar una sonrisa que pareciera lo más real posible.

Les acompañó al salón y se marchó rápidamente con la excusa de ir a prepararles algo para comer. Una vez en la cocina, cogió cuatro cosas esenciales y volvió al salón para sentarse al lado de ellos.

Se dio cuenta que Aina no hacía más que mirar su prominente barriga y Dinamarca vio en sus ojos las ganas de que naciera su nuevo hermano. Eso ablandó al danés.

-Puedes poner la mano en mi barriga-Le dijo consiguiendo que la niña le mirase-Así podrás sentir cómo da patadas el bebé.

La niña sonrió encantada y no tardó en colocar la mano ahí, a los pocos minutos Mathias sintió que el niño comenzaba a patear con más energía de la habitual.

-Te ha reconocido- le dijo Mathias, esbozando una sonrisa sincera, por primera vez desde que llegaran- Sabe que eres su hermana mayor.

Lukas les había estado observando todo el rato y no pasó desapercibido para él que Mathias volvía a esbozar su típica sonrisa. Eso reconfortó al noruego, pero no lo dejó translucir, siguió manteniendo su cara de poker habitual, aunque si se le miraba con detenimiento, se podía percibir que su boca estaba esbozando una ligera sonrisa apenas perceptible.

Aina se dio cuenta de que la hostilidad que había percibido al principio en la pareja de su padre había desaparecido. Eso alegró a la pequeña, había oído muchas cosas del danés de boca de su madre un día que le preguntó por qué su padre no vivía con ellos.

Cuando escuchó que su padre y Dinamarca habían pasado la mayor parte de su historia juntos, entendió la razón.

Salió de su ensimismamiento cuando sintió una mano en el hombro. Era Mathias que la miraba con preocupación. Aina entendió que había estado demasiado tiempo en su mundo.

Le restó importancia con un gesto, dando a entender que no le pasaba nada. Mathias le sonrío y le estuvo haciendo preguntas sobre su formación musical. Durante ese rato, Aina descubrió que Mathias tocaba el violonchelo en sus ratos libres.

-¿Podría escucharte tocar alguna vez?- le pidió.

-Por supuesto, pero hace ya algún tiempo que no tocó- se excusó Mathias llevándose una mano a la nuca.

Se dirigió a una de las habitaciones de la casa y volvió con su amado instrumento musical. Aina no dijo nada y se limitó a observarle, quedando gratamente sorprendida al ver el cariño con el que el danés trataba al instrumento. No le quedó ninguna duda de que Mathias amaba tanto la música como lo hacían su padre y ella.

Cuando empezó a tocar, la pequeña se quedó sin palabras. La melodía que estaba interpretando Dinamarca era preciosa, Aina solo había escuchado tocar de esa manera a Austria y a su padre.

Desvió la mirada hacia su padre y lo encontró con los ojos cerrados, tatareando algo que la pequeña no llegó a oír. Noruega disfrutaba sin lugar a dudas de la música de Mathias.

La niña cerró los ojos, imitando a su padre y no tardó en caer dormida, acunada por el sonido de la música.

Mathias se percató de que la pequeña se había dormido y dejó de tocar, provocando que Lukas abriera los ojos, molesto, no le gustó que Mathias terminara de tocar tan rápido, le dirigió una mirada de las suyas, esperando que el danés se explicara. Como respuesta, la otra nación señaló con un gesto de la cabeza a su hija, que dormía plácidamente.

Lukas la miró, para luego cogerla en brazos y llevarla a su habitación. Mathias suspiró y guardó su instrumento. Le encantaba tocar, era una manera de olvidarse de todo lo que le rodeaba para solo centrarse en lo que tocaba.

Cuando volvió de guardar el instrumento, Lukas lo estaba esperando en el salón.

-¿Por qué?- le preguntó al danés, al ver que este le miraba confuso, añadió-¿Por qué no acabas de aceptar todavía del todo a mi hija?

Mathias desvió la mirada antes de responder-Cada vez que la veo no puedo evitar recordar todo.

-Pensaba que el hecho de que estés esperando a nuestro bebé era prueba suficiente para que supieras que a la persona que amo es a ti, no a Tino- rebatió Lukas, algo molesto.

-Lo sé- concedió Dinamarca- Solo dame tiempo.

Lukas asintió y se retiró diciendo que estaba cansado, eso era prueba suficiente para el danés. Su pareja estaba enfadada con él, pero tenía toda la razón el noruego. Mathias debía mentalizarse ya sobre la existencia de la pequeña.

Suspiró y no tardó en seguir el ejemplo de Lukas y marcharse a la cama, mientras se proponía tratar de llevarse bien con Aina.

Al día siguiente

Lukas se despertó con el delicioso olor de unas galletas recién hechas, se levantó de la cama aún medio dormido. Se encaminó a la cocina, sin fijarse en donde pisaba, con tan mala fortuna que no vio la pieza de Lego que había tirada en el suelo y la pisó. El dolor pareció despertar del todo al noruego, que pasó los siguientes cinco minutos maldiciendo al danés que inventó esas diabólicas piezas de construcción cuyo único propósito era destrozar pies.

Eso no le detuvo de seguir avanzando, quería llegar hasta las galletas, eran sus preferidas, aunque no le había dicho nunca nada al danés a causa de su orgullo y que no quería tener a Mathias dándole la lata más de lo habitual.

Llegó poco después a la cocina, pero antes de poder alcanzar las galletas se topó con la mesa y se la llevó por delante, provocando un ruido enorme y que el danés se girase para ver qué pasaba. Vio al noruego en el suelo, sujetándose la barriga, indudablemente se había golpeado esa zona. Mathias no pudo evitar compadecerse de él y le ayudó a levantarse ya sentarse en la silla. Poco después depositó delante de él una taza de café y unas cuantas galletas que el noruego comió sin hablar. Mathias le miró sin decir nada, sabía que eran su debilidad, esperaba que fueran también la de su hija, pues el danés quería congraciarse con ella.

No tuvo que esperar mucho, pronto la niña apareció en la cocina, frotándose los ojos, pero indudablemente más despierta que su padre.

Al ver las galletas, el rostro de Aina se iluminó y Mathias supo que no se había equivocado, la pequeña adoraba sus galletas tanto como su progenitor.

Le indicó donde podía sentarse y repitió la misma operación que había hecho con su pareja, pero a ella le puso un vaso de leche.

Se sentó y les vio comer, él ya había desayunado, pues conocía la afición de Lukas a sus galletas y esa era la única manera de poder comer alguna.

Poco después habían terminado y estaban recogiendo, cuando a Lukas se le ocurrió una idea que haría que su novio y su hija se llevaran mejor o eso esperaba.

-Vamos a ir de excursión a la montaña para pasar el día- anunció, sin preguntar si querían ir, irían porque él lo decía así, no había discusión.

El danés frunció el ceño y se llevó una mano al vientre. No creía que una excursión fuera lo más adecuado para su bebé, pero la mirada asesina que le lanzó Noruega cortó cualquier cosa que el danés hubiera podido decir para no ir.

Pues hasta aquí el cap. de hoy, espero que os haya gustado.

Nos vemos el sábado que viene.

Hasta el próximo cap. :)