Para M., mi querida amiga. Encaminaste tus pasos hacia el mar, en un triste atardecer. Pero en mi corazón nunca te has ido, te quedas por la eternidad. Este lazo entre nosotras jamás se romperá, lo prometo, por este corazón que late, por este cuerpo que camina, por esta mente que piensa y por esta alma que siente. Estarás conmigo siempre.

...

Mis amigos y lectores, he regresado. No puedo decir que estoy rebozando de felicidad por que sería mentirles. Como habrán notado, hace poco tuve una pérdida personal muy fuerte que me mantuvo alejada de este medio. Me alegra decir que poco a poco he ido relajándome y viviendo mi duelo lo más normal posible. Este capítulo está dedicado para esa persona que se fue y a la que quiero honrar.

Entre otras cosas. Tardé en escribir este capítulo, no sólo por los sucesos de mi vida personal, sino por que sin darme cuenta hice un capítulo entero antes que este el cual, supe que sería muy precipitado para estrenar. Mejor me enfoqué en ver cómo le va a Marinette.

Espero les guste mucho. A mí, sinceramente, me llevó a investigar mucho y ser lo más certera posible.


-4-

Mari, Miston y Mica.


Ah, eres tú…

¿Cómo va todo?

Bien, supongo… He estado pensando en la universidad que mejor…

Escoge esta.

¿Por qué? ¿Qué sucederá ahí?

Perfecto, continúas siendo curioso. Usa todo ese interés para convertirte en un gran arqueólogo.

Si al menos me dieras una pista de lo que me depara el futuro, yo podría...

Sin trampas muchacho. Sólo esto…

¿Qué estás dibujando?

Jamás lo olvides, su nombre es Kwagatama. Es muy especial, cuando encuentres uno… Grandes cambios habrá.

¿Kwagatama? ¿Qué significa?

Todo a su tiempo…

Lo que vio después de un esplendoroso cielo fueron frondosos árboles que se colaban en cada sitio de aquel verdoso panorama. Grandes troncos se elevaban por encima de su cabeza para verse coronados de un hermoso tono verde lozano.

El suelo, cuyo olor le recordaba mucho a las calcomanías aromatizantes que solía usar su madre de vez en cuando, estaba tapizado de pequeños brotes de pasto con algunos tallos más largos que otros. Era singularmente perfecto y admitía que le daba un poco de pena caminar sobre ellos, pero a juzgar por la irregularidad se trataba de un suelo virgen.

Las aves sobrevolaron el cielo en una hermosa melodía de gorjeos mientras anidaban en los árboles. Marinette entrecerró los ojos al verse cegada momentáneamente por el sol cuando intentó seguirlas en vuelo. Sonrió ligeramente. No tenía idea de donde estaba pero se sentía calmada. La atmosfera era tan tranquila que la ansiedad inicial comenzó a desaparecer poco a poco.

—Wow… -escuchó la voz de Tikki a su lado. La criatura estaba en su bolsa y al parecer había despertado de aquel letargo tal como ella. —Es un hermoso bosque. – dijo el kwami, volando hasta posarse en el hombro de su portadora.

—¿Sabes en dónde estamos?

—Pues, a decir verdad me parece un poco familiar, pero no recuerdo con exactitud si ya he estado aquí antes. – las dos se miraron unos segundos, Marinette suspiró mientras se encogía de hombros.

—No sé por qué, pero siento que no estamos en Paris. – comenzó a caminar, cualquier sitio era preferible a quedarse de pie sin hacer nada. Al avanzar dio un salto hacia atrás y retuvo un gemido de sorpresa.

—¿Qué pasa? – Tikki se sujetó a su ropa, no había esperado que saltara de esa forma.

—Saltamontes. – gimió. —Me asustaron. Creo que los aplasté. – señaló el suelo. A cada paso que daba una impresionante cantidad de insectos huía de su camino. Tikki rio un poco y le acarició la frente a su amiga.

—Creo que tendrás que andar con cuidado.

—Eso creo. – Marinette se relajó. Caminó con más soltura, procurando seguir un sendero sin tanta vegetación. —Es extraño, Tikki. ¿Qué pudo haber hecho el Restaurador para que apareciéramos en este lugar? ¡Oh, no! – frenó casi tumbándola de su hombro.

—¡¿Qué?! – su kwami voló para encararla.

—¡Chat Noir! Él desapareció y luego… Ese akuma hizo algo extraño con las manos y mi cuerpo comenzó a brillar… ¿A qué se refería con que estaba "unida"? ¿Qué quiso decir Tikki?

—Marinette, cálmate, por favor. – se posó sobre su cabeza. —Tampoco estoy segura de qué fue lo que hizo. Pero si a ti pudo mandarte lejos entonces probablemente hizo algo similar con Chat Noir, ¿No crees? Aun así me pregunto cómo es que funcionan exactamente sus poderes.

—Él podía reconstruir animales usando sus fósiles, ¿Crees que…? – Marinette se interrumpió cuando Tikki le cubrió los labios con premura.

—Shh, ¿Escuchas eso? – susurró y ella parpadeó, exploró con la vista los alrededores. Negó con la cabeza. —Exacto… Las aves dejaron de cantar. – se separó de ella y voló lentamente para escuchar mejor.

—¿Tikki?

—¿No hueles la humedad?

—No, bueno… Huele a la plantas del bosque.

—Sígueme, creo que sé dónde estamos. – comenzó a volar rápido y Marinette se apresuró mientras corría tras ella.

—¡¿En serio sabes en dónde estamos?! – saltó algunos troncos caídos, tuvo cuidado de no resbalar con la tierra y de pronto, cuando Tikki se detuvo hizo un esfuerzo por frenar sin derrapar. Sus ojos se fijaron en su kwami y después pasaron al paisaje que se pintaba frente a ella.

Una extensión inusitada de agua le dio la bienvenida. Se trataba de un lago enorme, en cuya lejanía se visualizaban islotes de tierra, todos distribuidos en lo que parecía ser un mar en medio de un bosque. Había escuchado de lagos de esa magnitud en las clases de geografía, los que más se mencionaba era los enormes en Canada, cuyas características hacían únicos a los ecosistemas, pero éste, el que estaba frente a ella, era una combinación de las concepciones del jardín del Edén que había llegado a conocer en la literatura.

Algo llamó su atención. En medio del plácido cuerpo de agua, algo sobresalía a los lejos en la superficie. Se veía como un trozo de tierra, pero si sus ojos no se equivocaban, éste parecía balancearse y flotar como si fuera una balsa. En su superficie podía apreciar muchos tallos creciendo a la luz del sol. Le parecía extraño que, en medio del agua, un pequeño trozo de tierra tuviera tantos detalles.

—Tikki. – le llamó sin despegar la vista. —¿Tienes idea de qué pueda ser eso?

—Marinette… - la criatura la llamó. Pero ella lo ignoró. Algo nuevo había aparecido en el trocito de tierra. Una persona se acercaba sobre una canoa. Parecía mujer, pero no estaba segura, pues tenía el cabello tan largo que la distancia le impedía diferenciar con exactitud algún otro atributo. La joven empujaba con un tronco delgado y bastante largo uno de los extremos de la embarcación. Asumía que debía ser bastante fuerte, pues conseguía moverse a un ritmo constante y en línea recta. Ella llegaba al sitio y comenzaba a recolectar frutos en una canasta.

Esa actividad le pareció tan pintoresca que no podía apartar la vista, mas su kwami se estacionó detrás de su cuello y antes de que pudiera voltear una parvada de golondrinas voló presurosa distrayéndola.

—Marinette. – insistió Tikki, cuando percibió la angustia en su voz, ella al fin le hizo caso.

—¿Qué sucede Tik…? – justo al darse media vuelta sus labios se sellaron. Lo primero que vio fueron los fluorescente pero llamativos ojos verdes de un jaguar, en cuya nuca nacía un penacho de plumas preciosas.

El cuerpo bípedo de un humano se inclinó ligeramente hacia ella. Era notablemente más alto y su piel tenía una tonalidad morena, la cual, mientras más se acercaba a las puntas de cada extremidad, se coloreaban de un gris cenizo hasta que concluían en negruzcas manchas que cubrían por completo sus dedos en pies y manos. Habría sido también muy interesante de ver si en ese momento no estuviera tan impactada como para no fijarse en todo detalladamente, pero en las manos de la persona en cuestión, podía ver el filo de zarpas puntiagudas.

Hubo un siseo por parte de la criatura. Su cabeza se extendió un poco hacia atrás y los ojos de la pantera fueron remplazados por un par ojos humanos, que de la misma forma que con un felino, tenían un toque salvaje e indómito detrás de una película de color jade.

Era una mujer. Su mente analizó rápidamente. Su anatomía, aunque musculosa, no iba más allá de la complexión natural de una fémina. Su ropa también parecía ser inocua, aunque jamás había visto un atuendo como el suyo. Era exótico, le recordaba mucho a las fotografías de ciertas tribus antiguas de los libros de historia, además, otro detalle que no pasó por alto fue su largo cabello negro, del cual algunos mechones montaban sus hombros con majestuosidad.

La respiración de la mujer se hizo pesada, como un gruñido… ¿O un ronroneo? Marinette parpadeó y pasó saliva. Estaba lo suficientemente intimidada como para decir o hacer algo heroico. A escasos dos metros de distancia, tenía la sospecha de que, si intentaba correr sería capturada de un solo salto.

Por unos segundos, que parecieron eternos, nadie se movió, todo consistía en hacer que sus pulmones no dejaran de funcionar. Tikki se deslizó ligeramente para asomarse. Aún estaba escondida tras la cabeza de su chica, pero al notar que no pasaba nada se permitió ver con timidez a la guerrera.

—Marinette… - musitó en su oreja. —Tengo la sensación de haberla visto antes. – su portadora no respondió. Estaba petrificada.

Finalmente, la mujer dio un paso hacia ella y eso activó todas las alarmas en la cabeza de Marinette.

¿Quién eres tú? ¿De dónde viniste? – habló la chica. Su voz sonaba ruda y a la vez afable, la firmeza con la que hablaba demandaba una respuesta inmediata, pero pese a que la pregunta era clara… El lenguaje no.

Marinette parpadeó al escucharla hablar, no se parecía a nada de lo que hubiera escuchado antes. No pudo entender absolutamente nada.

—¿Qué? – respondió y la mujer frunció el ceño.

¿Qué significa ese sonido que sale de tu boca? – se encorvó ligeramente, como si pretendiera saltarle encima. —Demando saberlo ahora, ¿Eres amiga o enemiga?

—Sigue hablando, Tikki, pero no entiendo nada… - Marinette retrocedió inconscientemente.

—Su idioma me parece conocido… -murmuró la kwami.

—¡Pues dile algo pronto! No se ve feliz. – de nuevo daba otro paso atrás.

¿Por qué estás aquí? – exigió mientras daba más pasos hacia ellas, sus garras se abrieron un poco, haciendo sonar sus dedos cuando estiró sus articulaciones. —¡Contesta, mujer! – no tenía la intención completa de asustarla, pero eso nunca lo entendería Marinette, cuando un gruñido feroz emergió de su garganta ella apresuró sus pasos y el suelo se terminó. Al sentir la humedad en sus zapatos volteó para toparse con la orilla del lado.

—¿Tikki? – su voz vibró, estaba asustada, no podía negarlo.

—¿Mistontli? – apenas musitó, fue con una pizca de temor. La voz de la kwami detuvo su andar unos pasos y la mujer ladeó la cabeza, moviendo su ornamentado penacho.

¿Nos conocemos? – ella escaneó a Marinette de pies a cabeza. Su piel era pálida a comparación de la suya. Tenía facies ajenas a las de su gente, no se parecían a nada conocido. Su cabello era negro y brillante, se atrevía a pensar que incluso sedoso. Sus ojos llamaron mucho su atención, pues tenían el color vivo y sereno del cielo. A juzgar por su tamaño debía tratarse de una niña… O una mujer muy pequeña.

A ella no, pero a mí sí. – Tikki emergió desde su espalda hablando el mismo idioma que la guerrera. —¿En verdad eres tú, Mistontli? – para la mujer fue una impresionante revelación. Oteó con gran velocidad a Marinette y después a Tikki. Parpadeó y respiró profundamente, olfateando con severidad. Después frunció el ceño, por su expresión, no se veía complacida.

Eres la compañera de Micazoyolin. – siseó sus palabras, en un murmullo letal. —Pero ella no es Micazoyolin. – estaba atando cabos en su cabeza y eso alertó a Tikki. Conociéndola debía estar pensando en algo diferente a lo verdadero. Mistontli era noble y valiente, pero también atrevida y un poco descarada. Quizás era por eso que, en aquella época, de los dos, ella era quien más rápido se lanzaba a la batalla y quien más fiera era a la hora de luchar.

—¿Marinette? – Tikki retrocedió, la chica francesa se tensó.

—¿Sí?

—Tienes que salir de aquí. – la advertencia estaba explícita. Conocía los ojos desafiantes de la chica jaguar. En el pasado, sabía que era una chica de carácter jovial, descarada y un tanto atrevida. Le gustaba jugar, pero también solía cometer imprudencias debido a que cometía acciones que iban más allá de su autocontrol.

Sobre todo cuando se trataba de Micazoyolin. Él y ella se llevaban bien, pero algunas veces, parecían enemigos. Mistontli siempre fue la más activa del dúo y él un hombre relajado y justo. Sus actitudes chocaban constantemente cuando de un tema dispar se trataba. Incluso ella llegaba a insultarlo por considerarlo muy blando y demasiado ortodoxo. Solía darse media vuelta y marcharse molesta. Había veces que duraban ciclos lunares sin verse y cuando finalmente lo hacían, él se reconciliaba con ella o viceversa.

Si tuvieran que considerar su relación muchos opinarían que se trataba de una relación amor-odio. En donde ella la tenía más complicado que él, para aceptar sus sentimientos.

Fuera de eso, de algo sí estaban seguros. El uno no podía funcionar sin el otro y solían protegerse mutuamente pese a todos los obstáculos.

Tikki lo presintió. Había ira en los ojos de Mistontli y una vez que una idea se le metía a la cabeza, no descansaba hasta hacerla realidad. La frase de advertencia era clara. Ella debía pensar que Marinette se había apoderado del miraculous de su compañero de alguna forma. Si Marinette no podía hablar su lengua, no podría excusarse y si ella intentaba defenderla, bien podría ignorarla. Lo mejor… Era escapar y pensar en algún plan.

—¡Transfórmate ya! – advirtió Tikki y Marinette reaccionó torpemente.

—¡Tikki, transfórmame! – la luz rodeó su cuerpo y al término la chica con traje rojo y motas negras encaró a la portadora del gato negro. Mistontli parpadeó debido a que la luz de su transformación la había cegado, pero cuando apreció que, sí, la chica en realidad podía transformarse, gruñó.

Estiró su yoyo a tiempo y salió despegada, avanzando una enorme distancia en unos instantes. Cuando se aferró al árbol no la vio en el suelo, estaba trepando con tanta velocidad que sintió temor. Se apresuró a correr, incitando más el instinto de caza que ella poseía cuando estaba transformada. Los saltos se volvieron coordinados y certeros, sus garras se aferraban en maniobras dignas de una criatura mitológica.

Mistontli rebotó entre los arboles alcanzando por instantes a Marinette. La chica se detuvo contra el tronco de un ahuehuete, no miraba a la chica pantera por ningún sitio. Una respiración profunda le erizó la nuca cuando la apreció sobre ella, en las ramas más altas del árbol. Se dejó caer y saltó hacia otro tronco cercano, pero Mistontli le tomó de un tobillo y la haló consigo hacia la tierra.

El retumbo de las dos contra el suelo asustó a Marinette, quien por un momento no sabía qué estaba pasando. Su rostro había caído contra la tierra y se había ensuciado la máscara, mas su cuerpo estaba suspendido en el aire debido a que le sostenían del pie derecho. Cuando la mano de Mistontli se dirigió a sus pendientes para quitárselo se alarmó y recuperó la noción de la realidad.

Tomó la muñeca de la guerrera y la dobló, batió sus piernas y consiguió darle un puntapié en el rostro. Ella gimió y la soltó, Ladybug se deslizó gracias a su flexibilidad lo más lejos posible. Se levantó y tomó impulso con su yoyo, de nuevo estaba suspendida en el aire y saltando en línea recta, sin embargo su mala suerte la llevó a terreno abierto. Cayó del cielo, evitando a penas lastimarse gracias a sus reflejos.

Se dio un chapuzón en una laguna anexa y nadó desesperada hasta un islote cercano y pequeño, como el que había visto antes. Ahí dos árboles medianos crecían a los lados y tiró de su yoyo para impulsarse y salir. Sin embargo, justo cuando estaba por sacar su cuerpo una barra dura se clavó en la tierra a centímetros de ella.

Siguió su trayectoria y apreció que se trataba de una lanza; pero que además era tan larga como el bastón de Chat Noir y había sido usada de catapulta. Mistontli aterrizó frente a ella sin inmutarse y la tomó de la nuca antes de que pudiera nadar a otro lado.

La sacó del agua y la sacudió, después la tomó por los hombros y la enterró tan fuerte como para atorarla en el suelo tierno de la chinampa. La sacudida y la agresión consiguieron dejarla sin aliento, más fue su incomodidad cuando la chica con rostro de jaguar colocó su cuerpo sobre ella y la sujeto de las muñecas con una mano, mientras que con la otra le mostraba sus afiladas garras.

No se veía nada feliz, su rostro estaba deformado en una mueca de disgusto. Ladybug pasó saliva e intentó liberarse en vano de su agarre férreo. Ella le mostró los dientes, como todo un depredador y le acercó los dedos hacia las orejas.

—¡No, por favor espera! – soltó la parisina y Mistontli se detuvo en seco.

—¿Qué? –pronunció con un hilo de voz.

—¿Qué? – ahora le tocó a Marinette.

¿Acaso se habían entendido?

—¡Mistontli! – la zarpa de la chica fue rodeada por un yoyo en rojo y negro y de un tirón la hicieron apartarse del rostro de Marinette, pero sin mover a la mujer. La chica desvió su vista hacia una silueta que se acercaba en el aire. Cayó con fuerza pero sin problemas, un hombre envestido con maxtle de color carmesí y puntos negros. Su torso, moreno y bronceado tenía tatuados más puntos que sobresalían hasta sus brazos y piernas, los cuales, estaban pigmentados de un brillante bermellón. La capa que usaba alrededor de los hombros no era tan llamativa como el penacho rojo que sobresalía de un casco dorado y una máscara roja alrededor de sus ojos. El hombre portaba consigo, en la cintura, un escudo con incrustaciones de plumas exóticas, así como un macuahuitl del otro lado. En su cabeza sobrevoló una guacamaya roja, la cual no dejaba de graznar a medida que descendía hasta posarse en su amo.

Todos se quedaron en silencio y el hombre suspiró al notar la tensión entre ambas mujeres. La guacamaya se deslizó en los hombros de su maestro mientras se acomodaba mejor. Mistontli miró al ave como si le acechara, igual que un gato.

—Deja de ver a Chichiltic, mírame a mí. – demandó él, su voz era clara y varonil. La mujer gruñó y puso sus ojos en él. Ella suspiró y se enderezó, liberando un poco el agarre sobre Marinette pero no demasiado.

—Ese pájaro sólo te sigue a ti. Tú eres Micazoyolin, no tengo duda. – reflexionó y se levantó por completo. La dejó libre y retrocedió mientras tomaba su lanza del suelo, la cual ya había recuperado su tamaño natural.

—¿Por qué habrías de dudarlo? – miró un segundo después a Ladybug. —¿Quién es ella?

—Esa pregunta es la que quería satisfacer. – se giró para verla. Ladybug estaba en shock. Su mirada fue desde Mistontli a Micazoyolin, parpadeó y volvió a verlos.

—¿Puedes hablar, criatura? – él se acercó un poco y ella asintió. Por extraño que pareciera, siendo Ladybug podía entender su lenguaje. —¿Cómo te llamas?

—Ladybug. – dijo con la garganta seca.

—¿Qué clase de nombre es ese? – refunfuñó Mistontli, cruzándose de brazos.

—Démosle la oportunidad de expresarse. No te lances sobre las personas así, Mistontli, puedes lastimarlas.

—Eres demasiado suave con los invasores. – acusó ella precipitadamente.

—¿Invasora? – ahora su vista lucía atenta y estricta.

—¡No, yo no…! – Marinette intentó salir de la tierra sin éxito.

—Déjame ayudarte. – Micazoyolin la tomó de la muñeca y de un tirón hizo que sus pies tocaran el suelo. —¿Mejor? – él la recorrió de pies a cabeza. —Tu atuendo luce…

—Ella tiene un tesoro. – informó Mistontli, su ceño aún fruncido.

—¿Un tesoro? – Micazoyolin se sorprendió y retrocedió un paso.

—Tiene una kwami, idéntica a la tuya. – ambos se encararon unos segundos, luego el guerrero negó con la cabeza.

—Es imposible.

—Yo la vi. Por eso la perseguía. Pensé que te había robado tus pendientes. – señaló hacia los oídos y sí, los pendientes de la mariquita estaban en su sitio. —Supongo que no era nada de qué preocuparme. – bufó y dio media vuelta. —Ahora es tú problema.

—¿A dónde vas? – pasó completamente de Marinette y se fijó en su compañera. La chica se tensó cuando le llamó y le regresó una mirada fría.

—Lejos de ti. – argumentó mientras clavaba la punta roma de su lanza al suelo.

—Mistontli, tenemos que hablar sobre…

—No hay nada de qué hablar, Micazoyolin. – le miró por encima de su hombro. —Olvídalo, ¿Quieres?

—¿Y tú? Sabes que no es conmigo, sino contigo. Quiero ayudarte a superar esto.

—No te metas en donde no te llaman "manchitas". – gruñó y estiró su lanza hasta alcanzar una altura considerable, después se dejó caer hacia el bosque, desapareciendo entre el follaje. Él se aproximó al filo de la chinampa pero retrocedió, dándole su espacio. Después de volteo a Marinette y le dirigió una mirada dura.

—Eh… -su voz se tambaleó. —¿Gracias? – él alzó una ceja y ella hundió la cabeza entre sus hombros.

—¿Quién eres tú?

—Se me conoce como Ladybug.

—No te pregunté cómo te gusta ser llamada, sino quién eres en realidad. – tomó el macuahuitl y le apuntó. —Si lo que Mistontli dijo es verdad, ¿Quién te dio un tesoro? ¿Qué haces en mi tierra? ¿Cuáles son tus intensiones?

—Tranquilo, no quiero pelear. – mostró sus manos desarmadas. —Sólo estoy perdida. Aparecí aquí de la nada, no sé en donde estoy.

—¿Perdida? – avanzó hasta ella y la hizo dar un paso atrás. —Eres de otra tierra, estoy seguro. ¿Por qué tu piel es tan clara, extranjera?

—Pues… Tal vez porque soy de Francia.

—¿Falcia?

—Francia – corrigió con educación.

—Fa… Faracia…

—No, se… Se pronuncia un poco diferente. – pasó saliva, él continuaba con el ceño fruncido.

—No conozco ese nombre, jamás lo había escuchado. ¿Qué tan lejos queda de Mēxíhco-Tenōchtítlān?- Marinette no pudo pasar por algo su pronunciación tan acentuada, no obstante, eso no era lo mayormente sorprendente, sino el hecho de que estaba entendiéndole y viceversa.

—¿Qué es… Tenochtitlan?

—Sé sincera conmigo, niñita. ¿En verdad no sabes qué es Mēxíhco-Tenōchtítlān?

—No lo sé.

—Pero aun así estás aquí. – miró sus aretes, alzó una de sus manos para llevarla a su boca, soltó un silbido y el graznido de la guacamaya sorprendió a Marinette justo al tiempo que el animal le arrebataba uno de sus miraculous.

—¡No! – ella intentó seguirlo pero Micazoyolin clavó su arma en el suelo, intimidándola y deteniéndola.

El hombre estiró su brazo y el ave se posó en éste. Le entregó el pendiente para que pudiera verlo. Al instante el traje de Marinette comenzaba a desaparecer. Ladybug miró desesperada al antiguo portador, su traje desapareció eventualmente y cuando sólo quedó su forma civil, Tikki se posó a su lado con el rostro desencajado.

—Marinette, ¿Dónde…?

¿Tikki? – la criatura reaccionó ante la voz de Micazoyolin. Al reencontrarse los dos se quedaron congelados.

—¿Micazoyolin? – ella flotó acercándose lentamente hacia su viejo compañero. La expresión de su rostro no tenía precio.

—¿Lo conoces, Tikki? – cuestionó Marinette. La pequeña mariquita asintió y le miró de soslayo. Después encaró a guerrero.

—No puedo creer que después de tantos años… - en sus ojos las lágrimas amenazaron con salir. El hombre se acercó lentamente y estiró sus dedos hacia el kwami. La pequeña dejó que la tocara y al sentir su piel contra la suya él dio un salto hacia atrás. Se comportó más tímido que la primera vez que conoció a Tikki. No obstante, una sonrisa emergió de su interior.

Des-transformación. – pronunció en náhuatl. La imagen cambió de un guerrero armado a la de un joven vestido con su taparrabo, sus armas en la cadera y el cabello suelto. Tikki entornó sus ojos para apreciar cómo una pequeña criatura de color rojo y manchas negras se posaba en el hombro de Micazoyolin.

—¡¿Pero qué…?!- dijo la otra en náhuatl. Volteó a ver a su poseedor y él regresó una mirada llena de confusión. —¿Acaso soy yo? – apuntó a la otra Tikki, la de Marinette.

—Sí, eres yo y yo soy tú. Puedo sentirlo. – habló Tikki en francés, por lo que la criatura ladeó la cabeza. —Disculpa, en náhuatl será mejor. Te decía que puedo sentirlo. Somos el mismo ser.

Impresionante. – Voló hasta quedar cara a cara con su otro yo. —¿Cómo es esto posible?

Fuimos traídas a ésta época por un villano. – relató Tikki.

¿Traídas a esta época? – interrumpió Micazoyolin. —¿Qué significa eso?

Era lo que intentamos explicar desde el principio. – Tikki se posó en el hombro de Marnette. Después de que le quitaran los pendientes ella había dejado de entender mágicamente todo lo que decían. Sospechaba que eso podría ser a alguna capacidad milagrosa de Ladybug, pero pensó en preguntarle a Tikki después. —Esta chica se llama Marinette, Ladybug es otro nombre que usa cuando somos una. Es mi portadora en el futuro. – Marinette se estremeció un poco al escuchar su nombre y ver cómo el muchacho y la otra Tikki se enfocaban en ella. —En muchos, muchos años hacia adelante, ella será mi compañera y lucharemos contra personas que son malvadas. – los dos asintieron, comprendiendo el parlamento de la Tikki francesa. —Creemos que un villano usó alguna clase de magia extraña y nos hizo volver a una época en el pasado.

¿Por eso ella es tan clara de su piel y habla esas palabras tan raras?

Sí, es su idioma natal.

Hace un momento hablaba como tú y yo.

Es porque yo me uní a ella. Puedo entenderte y ella puede también, mi poder le lleva a conocer tu idioma, aunque ella no se dé cuenta.- Lo cierto es que era una hipótesis formulada con prisa, pero en parte estaba convencida de que podría ser esa la razón—Recuerda, Micazoyolin, que nuestros poderes son capaces de obrar milagros. – y el hecho de que Ladybug pudiera entender una lengua de siglos atrás era un verdadero acontecimiento. —Marinette es una chica muy amable. No busca luchar contra ustedes ni tampoco hacer daño a tu tierra. Abogo por ella en todo momento.

¿De otra época, dices? ¿Qué tanto? ¿Qué tan lejos de mi tiempo?

Mucho, me atrevo a decir que han pasado eras.

¿Eras? – Micazoyolin la miró a ella y después a su Tikki. —En verdad obras milagros, Tikki.

Se pudiera decir así, gracias. – ambas Tikkis se sonrojaron.

¿Son amigas?

Sí, las mejores amigas.

Entiendo. – Micazoyolin miró a su Tikki y ésta le sonrió, él se acercó a Marinette, quien estuvo tentada a dar marcha atrás. No obstante, la actitud solemne y afable del hombre la tranquilizó, más cuando extendió su mano para darle el pendiente que le había quitado. La guacamaya aleteó en su hombro cuando la tuvo cerca. Ella lo tomó con cuidado y lo colocó en su oreja.

—Gracias. – dijo asintiendo y devolviéndole la sonrisa. El joven sólo le dedicó una mirada de desconcierto.

Ella acaba de agradecerte por devolverle su pendiente.

Oh, ya veo. – Pronunció al momento que le devolvía la sonrisa.—Bienvenida.- sin que ella pudiera negarse, Micazoyolin le tomó del brazo y lo estrechó con el suyo. —Me alegra conocerte. – pronunció con educación y después la liberó. —Mi nombre es Micazoyolin.

Marinette se quedó completamente en blanco. No entendía ni una sola palabra, afortunadamente Tikki llegó al rescate.

—Te está dando la bienvenida. Dice que le alegra conocerte y que su nombre es Micazoyolin.

—Oh, por supuesto. – ella le extendió una mano. —Mi nombre es Marinette, mucho gusto en conocerlo, señor Mica…

—Micazoyolin.- ayudó Tikki.

—Señor Micazoyolin. – él apreció su mano extendida pero no la tomó.

En su cultura las personas suelen tomarse de la mano para saludar. Cuando se conoce a alguien incluso se pueden dar besos en las mejillas. – el mexica miró con ambas cejas alzadas a Marinette.

¿Besos? Yo no la conozco.

No te preocupes, no es necesario que le des un beso. Con apretar su mano estará bien.

¿Así? – con timidez extendió su mano hacía la de Marinette. Ella esperó con paciencia a que sus dedos se tocaran.

Toma su mano entre la tuya. – la obedeció y consiguió cubrir su mano sobre la de Marinette. La diferencia de tamaños era apreciable. —Ahora sostenla y muévela hacia arriba y hacia abajo. – Lo hizo a penas, con un movimiento sutil y cuando Marinette sonrió él la soltó. —Lo hiciste bien.

—¿Ahora qué hacemos? – susurró la chica a su kwami, ella asintió para dirigirse a su otra yo y a Micazoyolin.

Marinette no mentía, estamos perdidas. No sabemos qué hacer.

Pueden venir con nosotros, ¿O no, Micazoyolin? – ofreció la antigua Tikki. El hombre miró unos segundos a Marinette y después a las dos kwamis.

Sí, tengo una cabaña lejos de los templos. Voy ahí a meditar y cuando salgo de cacería.

¿Por cuánto se quedarán aquí? – preguntó la vieja Tikki.

Espero que sea lo menos posible. – convino su yo del futuro.

¿Por qué? – se atrevió a preguntar el muchacho.

Necesitamos volver a nuestra época. – advirtió Tikki a los dos. —Demasiada interacción con el pasado puede ser mala. El tiempo cambiaría y podría haber consecuencias negativas. Si muchas personas ven a Marinette, podrían asustarse y traer malos augurios para el porvenir.

Entiendo. – él asintió y miró a Marinette. —Comprendo que tratar de cambiar el futuro es insólito e impuro para un mortal como yo. Las ayudaré a que los demás no las vean. Cuidaré de ustedes. Es una promesa. – se dirigió a la chica y llevó una mano a su pecho. Palmó dos veces su corazón y entrelazó sus miradas. —Por este corazón que late, por este cuerpo que camina, por esta mente que piensa y por esta alma que siente. – Micazoyolin acababa de sellar su promesa. —La palabra de un guerrero águila debe ser honrada hasta su último aliento. – estiró la mano hacía Marinette y ella sólo se quedó en silencio, esperando indicaciones.

—Quiere darte la mano. Él quiere ser tu amigo. – indicó Tikki.

—¡Oh, sí, claro! – sin afán de ofenderlo ella extendió su brazo. Los dos intentaron saludarse en vano en tres intentos y finalmente Micazoyolin entrelazos sus brazos y la tomó del antebrazo, casi llegando al codo para sellar su promesa.

Ahora eres amiga mía y yo lo seré de ti. Nuestro lazo queda atestiguado por los dioses y nuestra promesa por la madre tierra. – Marinette no había entendido sus palabras, pero la forma en la que las dijo le conmovió enormemente. Veía la seriedad, la sabiduría y la benevolencia en su rostro. Ella sonrió, mostrando un gesto lleno de confianza y sinceridad, asintió complacida.

—Muchas gracias. – Micazoyolin correspondió a la sonrisa e imitó su gesto. La liberó y pronunció el conjuro para transformarse.

Que ella se cubra con tu manto, Tikki. La guiaré a mi cabaña.

—Dice que te transformes en Ladybug.

—De acuerdo, Tikki, transfórmame. – en un parpadeó la heroína parisina se encontraba frente al héroe azteca.

—Sígueme, Ma… Marinetl, ¿O prefieres Laidiboc? – se sintió un poco apenado de no pronunciar correctamente su nombre.

—Puedes llamarme Mari, si eso te parece más sencillo. – Ladybug parecía ser complicado también.

—Mari, sí, de acuerdo. Es fácil de recordar y fácil de decir. – él le mostró su blanca sonrisa y ella le correspondió. Chichiltic voló al lado de su maestro. —Usa el poder de tu tesoro, mi amiga, yo te guiaré por el bosque de los chapulines. – con su mirada señaló hacia el interior de los árboles y un valle a lo lejos.

—Te lo agradezco mucho. – definitivamente era más fácil comunicarse mientras ellos estuvieron transformados. Él cabeceó y dio un salto, Marinette le siguió después.

La cabaña de Micazoyolin estaba construida a base de adobe y madera. No era muy grande, pero por dentro, ésta tenía un sitio para dormir, un sitio para colocar los alimentos y prepararlos e incluso un lugar para asearse. Marinette la vio de rabo a cabo por unos segundos, antes de que el guerrero se acercara a ella con una fruta en sus manos. La chica lo observó un rato, dejando al mexica con la mano extendida.

—Oh, sí, espera. – él tomó un cuchillo y cortó la cáscara, dejando un fruto verdoso, lleno de semillas y de aspecto sólido. —La cáscara no se come. – agregó risueño.

—Tiene muchas semillas. – era una observación, no quería ser grosera.

—Sí, las tiene, se llama tuna. – se le entregó y tuvo que aceptarla. —Recolecté muchas ayer. Puedes comerla, no es venenosa. – él cortó una para sí mismo y de un bocado se la comió entera. Marinette degustó un trocito y sonrió al ver que era dulce, más las semillas muy duras para masticar.

—¿Se comen las semillas?

—Sí, pues comerlas, no pasa nada. – él volvió a servirse otra. —Tikki dijo que podemos hablar entre nosotros gracias a los tesoros. – ella le prestó atención, era una observación brillante.

—¿Qué más dijo, Tikki?

—Que tú podías entenderme porque ella me entendía. – Marinette razonó esa lógica. Si bien Tikki era capaz de aumentar sus capacidades físicas, nunca había tenido la necesidad de amplificar las cognitivas. Ella era capaz de ser ingeniosa porque era natural en ella, mas no el aprender un idioma desconocido, ¿Sería que los poderes de Ladybug se transformaban según la necesidad? Eso sí que sería una novedad. ¿O quizás era cosa de kwamis? Después de todo, ellos habían tenido muchos portadores con el pasar de los años y la comunicación era importante.

—¿Jamás habías oído el idioma francés? – al instante de preguntarle eso se sintió tonta. ¡Pero claro que no! Ni siquiera estaba segura de la época, o el país, ¿Cómo podría saberlo él también?

—No, pero es gracioso. – le sonrió. —Usas mucho la lengua, ¿Verdad? Justo ahora puedo entender, eres capaz de hablar náhuatl.

—¿Náhuatl? ¿Así se llama tu lengua?

—Sí, pero mi pueblo es mexica.

—Ya veo. ¿Dices que lo que digo, suena a tu idioma?

—No todo, lo pronuncias extraño. Pero tus palabras son entendibles. – Micazoyolin se sentó en posición de loto frente a ella. —Se me ocurre algo. Si es por el poder de los tesoros, entonces es porque mis dioses quieren que hablemos. Los tesoros se conectan a pesar del tiempo, los kwamis deben aprender, tal vez… Tikki ya sabe náhuatl, pero no francés. Pero tu Tikki puede obrar milagros, ella te ayuda a entender y a que yo te entienda. Eso me dijo.

—No lo sabía. Nunca había intentado hablar otro idioma; bueno, tal vez chino… Pero nunca creí que Tikki pudiera ayudarme.

—Aunque me parece muy curioso no quiero quitarme el manto y preguntarle. – se encogió de hombros. —Tendremos que aceptarlo. Tikki es poderosa. Huitzilopochtli la envió para mí y seguro él hizo realidad este milagro.

—¿Quién?

—Mi señor. – señaló por una ventana hacia el sol. —Es el padre de mi pueblo, el que guía y el que ordena. Construimos Mēxíhco-Tenōchtítlān por él.

—¿Qué es Tenochtitlan? – era la segunda vez que preguntaba.

—Se pronuncia Mēxíhco-Tenōchtítlān. – Ladybug sonrió apenada. —Pero no te preocupes, entiendo que no debes conocer mucho de mi pueblo. – Micazoyolin se levantó y la invitó a venir con él. Salieron de la cabaña y caminaron algunos metros. Llegaron al filo de una colina. Al fondo una imagen asombró a Ladybug.

Se trataba de un impresionante lago, cuya extensión se esparcía en el interior de un valle. Al parecer sólo la zona en donde estaban tenía un bosque de árboles altos y frondosos, que adoraban una de las orillas.

—Eso de es lago de Texcoco. – comentó el guerrero. Marinette le miró en silencio. Él apuntó el contorno del lago. —Lo demás tuvimos que cruzarlo para llegar aquí.

—¿Para llegar? ¿No son originarios de este lugar? – sentía mucha curiosidad y Micazoyolin correspondió a ese pensamiento.

—No, mis ancestros vinieron de muy lejos. Más allá de las montañas. – volvió a guiar su vista al fondo del valle. —Nuestro padre nos dio esta tierra, en ella debíamos prosperar y formar un gran imperio. – señaló entonces al centro del estuario. Ahí, en un islote, conectado por un largo camino de piedra, estaba una ciudadela de roca. Por la luz era posible identificar algunos colores vistosos a la lejanía, en especial en una enorme pirámide cuadrada al centro.

—¡Impresionante! – Ladybug sintió inspiración, mucha inspiración. El diseño de aquella ciudad, flotando en medio de un trozo de tierra, rodeada por una fortaleza acuífera, le hizo pensar en historias de los viejos mundos, descritas por conquistadores y viajeros que se hacían a la mar en busca de utopías y tesoros.

—Ese sitio es Mēxíhco-Tenōchtítlān. Nuestro legado. – continuó Micazoyolin, se le veía sonriente y orgulloso. —Hemos creado un templo para nuestro señor y una ciudad para vivir tan dignamente como se nos fue predicho. – se inclinó un poco para estar a la altura de Marinette y le tomó del hombro. —¿Ves el largo camino de roca? Es el principal, nuestro señor es regente del sur y será el más grande, pero los otros también existirán.

—¿Los colocarán según los puntos cardinales?

—Sí, los puntos de la tierra. – él sonrió. —Aún no están terminados, avanzamos tan rápido como podemos. Dentro de algunos años estarán listos.

—Ya veo. – ella sonrió, la charla era interesante. Quería recordar si por alguna vez había leído algo acerca de los mexicas, pero su memoria no le permitía ir más allá de los dibujos de portentosos guerreros envestidos en plumas y pieles de animales, en medio de la jungla. —Señor Micazoyolin…

—Puedes llamarme sólo por mi nombre. Somos amigos, Mari, los títulos entre nosotros no son necesarios. – eso la conmovió y sonrió un poco.

—Disculpa. Micazoyolin, ¿Estamos en México? – tuvo un poco de miedo al decirlo así, pero el guerrero sólo parpadeó sin escandalizarse.

—¿México? No, Mari, se pronuncia Mēxíhco-Tenōchtítlān. – ya varias veces se lo había mencionado.

—¡Ah, pero claro! – había sido algo lenta… Y ciega, pero ciertamente el nombre, simplificado era el mejor de los indicativos. Prácticamente el azteca le había repetido hasta el cansancio en donde se encontraba, sólo que, aparentemente, era el nombre original del país.

—¿Entonces sí has escuchado de mis tierras? – se emocionó.

—Sí, lo he hecho. En mi época, México es un país del continente… - se llevó una mano a la boca. De pronto estaba diciendo demasiado, ¿Qué tanto podría decir sin que se alterase la percepción del indígena?

—¿En tu época? Oh, ya veo. ¿Mi pueblo aún es conocido en tu época? – eso pareció gustarle, se veía asombrado.

—Sus descendientes, sí. – ella tragó saliva. —No creo que deba decirte más.

—Por supuesto, lo comprendo. – él miró al frente. —Aunque me gustaría saber que tan lejos vamos a llegar… Creo que es imprudente. Sólo los dioses deben decirnos cómo será el futuro. Somos mortales. – simplificó y Marinette asintió.

—Sí, eso creo también.

—Bueno. – Micazoyolin caminó un poco y le extendió la mano. —Vamos a la cabaña. De seguro querrás descansar, la persecución debió agotarte mucho.

—Te lo agradezco. – Marinette fue con él. —Es curioso. – el hombre prestó atención. —Siempre imaginé que los aztecas vivían en una selva.

—¿Una selva? – él le miró interesado.

—Un sitio en donde hay muchos árboles, mucha agua, animales…

—Aquí hay de todo.

—Sí, pero… Esto parece más un bosque y un valle.

—He escuchado historias. – Micazoyolin le cedió el sitio para que entrara en su cabaña. —De una antigua tribu que vivía muy, muy al sur. Ellos también edificaban grandes templos y adoraban a Quetzalcóat. Pero, según cuentan, desaparecieron.

—¿En serio?

—Sí, se les conocía como mayas. Su gente vivía en un enorme bosque de árboles medianos, fango, musgo y lluvia. Tal vez es a ellos a los que te refieres. Chichiltic vino de ese lugar. – señaló a su guacamaya, quien estaba posada en una ventana sin hacer ruido. —Un viajero de aquellas tierras me lo obsequió cuando era un polluelo. Él me contó sobre ellos.

—Ya veo. – Marinette asintió. —Creo que no deberé confundir a los aztecas y los mayas a partir de ahora.

—¿Aztecas es cómo tu gente conoce a mi pueblo? – ella se tensó.

—Sí, ¿Está mal dicho?

—No, pero es un nombre antiguo. Aztecas son aquellos que emprendieron su viaje desde Aztlán, el sitio que estaba más allá de las montañas. Puedes llamarme así, no es una ofensa; es un honor ser llamado como nuestros ancestros, pero actualmente muchos usan el nombre de Mexicas. Lo escogieron una vez que nos instalamos.

—¿Entonces no hay problema?

—No, mi amiga. Pero por favor, usa mi nombre. – él estiró sus brazos. —Tengo muchas ganas de preguntarte sobre tu cultura, tu gente, tus dioses y tus guerreros, pero no sé si deba hacerlo.

—No lo creo que debamos hablar de eso. – ella frunció el ceño con un gesto de decepción.

—Descuida. –se puso de pie. —En esas vasijas hay agua, en esas canastas hay fruta. – caminó hasta la puerta. —Ya es mediodía y debo apresurarme para ir donde mi tlatoani.

—¿Es tu jefe?

—Sí. – giró la cabeza hacia la ciudadela. —Vendré a verte más tarde. No vayas muy lejos. – salió de la cabaña y se echó a correr. Una vez sola, Marinette volvió a ser ella misma.

—Esa sí que fue una clase de historia. – comentó Tikki, tomando un poco de tuna y comiéndola.

—No tenía idea de lo interesante que podían ser las viejas culturas. – ella se acercó a Tikki y se sentó a su lado, tomó un trozo de la fruta, una que no se había terminado. —Sigo preguntándome cómo es que conseguiremos llegar a casa. ¡Es una locura, Tikki! No sólo viajamos en el tiempo, también nos encontramos en otro continente.

—¿Cómo fue que nos hizo viajar en el tiempo, en primer lugar? – cuestionó la kwami. —A Chat Noir lo tocó, pero a nosotros…

—¡Es verdad! – Marinette llevó una mano a su pecho.—El Restaurador tenía mi kwagatama en su poder.

—¿Qué? – Tikki la miró angustiada.

—De alguna manera el señor Favret debió apoderarse del kwagatama. Era el objeto en donde estaba en akuma.

—¿Y en dónde está ahora? – flotó para estar cerca de ella.

—No lo sé… Desapareció. Dijo que no podría purificarlo si no estaba en el presente.

—Eso quiere decir que debió moverlo en el tiempo.

—Después de eso fuimos transportadas. – se cruzó de brazos y frunció el ceño. —Dijo algo sobre estar unida al kwagatama. ¿A qué se referiría?

—¿Querrá decir que tú eres la dueña del objeto y que por eso te mandó al pasado?

—No lo sé. – Marinette reflexionó. —Él puede traer cosas del pasado, usó sus poderes para revivir fósiles y volver lava algunas gemas, ¿Pero también puede moverlas en el tiempo?

—Son poderes muy problemáticos y devastadores. Marinette, manipular el tiempo es muy peligroso. Algún cambio en la relación espacio-tiempo puede ocasionar problemas que van más allá de la comprensión.

—¿Te refieres a que si tocamos o modificamos algo eso afectaría el futuro?

—Sí, exacto.

—Suena mal. – se mordió el labio inferior. —¿Cómo podremos encontrarlo?

—Me temo que hasta no tener pistas no será posible hacer nada. – Tikki le dedicó una mirada temerosa.

—Espero… Que Chat Noir esté bien.

—Es muy listo, seguro puede apañárselas solo.

—Sí, seguro que sí. – hizo amago de sonreír, mas fueron interrumpidas por el aleteo de Chichiltic, quien se había quedado en la cabaña.

—¿Qué sucede? – Tikki voló hasta el ave. El pájaro chilló y se echó a volar.

—¿A dónde va?

—No lo sé. – Tikki se fijó por la ventana. Frunció el ceño.

—¿Tikki?

—¿No notas algo? – Marinette se tensó.

—El sonido… - sí era justo como la vez que habían sido encontradas por Mistontli.

—Hay algo allá afuera. – Marinette se acercó donde su kwami. Se sintió repentinamente indefensa. Las dos intensificaron su visión hacia el bosque y la vegetación.

Una sombra cubrió el marco de la puerta. El sonido ronco de una respiración se escuchó.

—Tikki. – Marinette le llamó, la pequeña asintió. Estaba cansada, pero no podía dejar a la chica sin protección. Aunque su transformación durase menos dada su fatiga, haría el sacrificio. Las dos se quedaron expectantes, la sombra continuaba detrás de la puerta. Un suspiro largo y escalofriante procedió al sonido de pasos alejándose.

El silencio alumbró a ambas. Por varios minutos ninguna dijo nada. Marinette tomó aire y valor. Se dirigió a la puerta y la abrió lentamente, lista para invocar su cambio si algo andaba mal.

Al otro lado, no había nada.

Estaban a salvo por ahora.

El peso de su corpulencia le agotaba, sobre todo por el calor y la humedad de aquella tierra fértil. No obstante, su heraldo llegó donde él acompañado del lobo rastreador que había restaurado.

Restaurador se recostó en el la silla de piel y plumas ceremonial que estaba detrás de él. Miró atentamente a su siervo y éste, se inclinó respetuosamente.

Olía mucho a quemado, quizás porque, durante el forcejeo varios trozos de brasas habían encendido algunos retazos de tela y madera. El lobo gruñó y se sentó a su lado, el hombre restaurado gruñó en un idioma que no era comprensible.

—¿La encontraste? – él asintió. —¿Estaba sola? – mas el soldado no supo responder. —Alguien la protege, ¿Eh? – miró a su alrededor. La casa en donde estaba tenía algunos agujeros y por ellos podía ver el resto de la aldea vacía. —¿Son tan fieros como estas personas? – el hombre no supo contestar. —Vikingo idiota. – se levantó y se acercó a él. Posó sus manos contra su hombro y la figura del hombre desapareció en una nube de ceniza y polvo hasta volverse un trozo de hueso. —Cada vez me convenzo más. – suspiró para acariciar al lobo. —Estamos en tierra azteca. – salió de la cabaña. —Hombres dedicados al arte de la guerra. – una sonrisa se asomó en su rostro. —Bueno… Eso habrá de cambiar. – una silueta se acercó a él. El gruñido retumbante sólo podía ser provocado por una singular criatura.

Restaurador miró a su creación y pensó en cómo habrían de representar los indígenas a un tiranosaurio rex en sus códices a partir de ahora.

Mari estaba asustada, Miston estaba enojada y Mica, él, simplemente, de aquella experiencia, gozaba. Las palabras, por más exageradas, no podrían ser comprendidas, pero el alma de una amiga, siempre sería bienvenida.

Continuará…

Aquí algunas cosas de interés:

- Me pareció correcto decir que ambas culturas: Azteca y Maya, son diferentes. Cronológicamente, cuando el imperio Azteca estaba surgiendo, los mayas ya había desaparecido. También, su ubicación geográfica era distinta. Mientras que los mexicas se encontraban en el centro de México, los mayas se hallaban al sur y más allá del territorio nacional, tomando zonas de Belice y Guatemala.

- Maxtle es un taparrabo típico de los indígenas de aquella época.

- México originalmente estaba localizado en el centro de un lago. El sitio, como explica Micazoyolin, fue encontrado por los mexicas después de un largo peregrinar, debido a que su dios principal Huizilopochtli, les indicó en una profecía que tras un largo viaje encontraría una tierra prometida en donde habrían de brindarle culto. La señal para saber el lugar predicho sería dada por una águila parada sobre un nopal devorando una serpiente. Por eso mis amigos, es que la bandera de México tiene a tan singulares animales en su centro. Bueno, al menos eso cuenta el mito.

- La lengua de los mexicas es el náhuatl, la cual aún hasta la actualidad se habla en los nativos y descendientes del centro de la república mexicana.

- Una chinampa es un islote artificial de tierra creado por los indígenas para cultivar maíz y otras plantas. Aprovechando los lagos de su localidad, ellos las crearon para así provechar el agua y tener más cultivos en menos tiempo. Las chinampas fueron un invento que consiguió revolucionar el arte agrícola de los aztecas hasta convertirlos en un pueblo próspero.

- Las descripciones que doy sobre Mistontli y Micazoyolin son según lo mencionado por Ferisae. ¿Qué creen? Pues hice mi tarea. Antes de escribir sobre los personajes me puse a investigar si existía información sobre sus personalidades y atributos. En los comentarios dichos por la tía Feri en su twitter, Mistontli es algo "sassy" y Micazoyolin una persona relajada y buena. Ambos se profesan una relación amor-odio, parecida pero no tan extrema, como Arnold y Helga en Hey, Arnold!. Espero mi percepción sea buena.

- Chichiltic significa rojo o colorado en náhuatl.

- Un macuahuitl es un arma típica del ejército azteca. Se compone de un garrote de madera rodeado de cuchillas de obsidiana.

- Un ahuehuete es un árbol de enorme tamaño que crece en lugares templados y húmedos. Es muy importante en la historia prehispánica, además de que ha prevalecido hasta nuestros días.

- El lugar en donde Marinette despertó no es otro más que el Bosque de Chapultepec, su significado en náhuatl es "Cerro de Chapulines" (saltamontes), por eso la referencia cuando Marinette se asusta de casi pisarlos.

Para mayor información les invito a leer un poco más sobre la cultura Mexica y sus tradiciones. Yo por mi parte me despido de ustedes, esperando que este capítulo les haya gustado.

Un enorme saludo y abrazo.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.