*Llegamos al final. Gracias a quienes acompañaron a Ikaika y Leokani en este viaje... por los akuas que espero que lo hayan disfrutado. ¡Hasta pronto!


— ¡Quinn…! Bienvenida... —Quiero hablar pero ese tubo en mi garganta a punto de ser retirado me lo impide.

Como puedo intento incorporarme, levanto apenas unos centímetros la cabeza y me veo a mi misma, tengo la bata blanca, pero no es la misma de hace unos momentos… es una bata de hospital. Estoy en un hospital.

La angustia, nuevamente la angustia está conmigo y lo único que mi cuerpo hace es dejar escapar unas lágrimas como reflejo, nada más. Todos a mí alrededor se mueven a gran velocidad, me hablan, cuentan, yo no termino de reaccionar pero el tubo está saliendo.

De pronto una puerta a mi derecha se abre de golpe y por fin veo a alguien conocido.

—Bee… linda, aquí estoy… estoy contigo bebé. —Su rostro está pálido como un fantasma, se ve desaliñada, incluso parece más delgada —No vuelvas a hacernos algo así…

Y yo intento, pero las palabras siguen sin salir de mi boca.

—Señorita, debe salir y permitirnos que la revisemos. Está conmocionada… —una enfermera la toma del brazo pero yo logro atrapar la punta de sus dedos con mi mano.

—No… no puedo dejarla. —dice al sentir el contacto —Por favor permítame quedarme, dígame que haga pero no me saqué, por favor… —está implorando, nunca había visto a Santana así.

Oscuridad.

Varias manos sobre mi cuerpo, luz sobre mis ojos y por fin una maldita manta me cubre. Más conversaciones que no entiendo, agujas removidas y finalmente quedo a solas con Santana.

—Estamos contigo bebé… Britt tuvo que salir un momento, pero no nos hemos alejado de ti. Shelby llevó a comer a tu mamá y a Beth… —toma mi mano y deja caer unas lágrimas sobre ella. Siento el cuerpo pesado, todo me duele…

—Vi… —la garganta seca me obliga a hablar despacio —estuve con Rachel, Santana… nos vamos a casar… —las lágrimas escurren por la comisura de mis ojos y la desesperante nueva realidad me altera…

—Tranquila Quinn… —dice Santana asustada.

—No, no… tengo que irme… yo decidí irme con ella ¿qué hago aquí, Santana? —trato de incorporarme, pero los cables en mi cuerpo, el catéter y ese intenso dolor lo impiden.

—Linda, debes tratar de calmarte… tuviste un accidente. ¿Recuerdas el accidente? ¿Lo recuerdas, bebé? —dice atropelladamente.

—Sí… —"por supuesto que me acuerdo. Cuando fui al islote miré mi propio accidente como si de una película se tratara; perdí el control por una piedra a mitad del carril cuando corría a gran velocidad…" pero ninguna de esas palabras salen de mi boca.

"¿Los akuas me abandonaron? ¿Todo fue un sueño?.. No, imposible. Fue vivido, estuve con ella."

Las fuertes punzadas en mi cabeza me provocan un dolor generalizado, pero el sedante hace su trabajo haciéndolo cada vez más y más ajeno a mí misma. Me dejo envolver por la droga, escucho a Santana decirme bajito que me cuidará mientras cierro los ojos y me obligo a recordar cada detalle…

Desde que descendí del avión, la compra de la jeep, la carretera, mis fallidos intentos por hacer fogatas, cada noche metida en la bolsa de dormir, las mañanas frescas mientras guardaba nuevamente la casa de campaña, la llanta delantera de mi bici atascaba en alguna zona difícil, largas caminatas a la orilla del mar, mis brazos adoloridos a causa de los remos del kayak, las tardes enteras que pasé frente al lago Halali… cada paso que di lo puedo recordar perfectamente.

También el encuentro con Aloisi comparándome con la Ikaika de su Leokani… y luego el estruendoso impacto de la camioneta contra la barra de contención de la carretera, el golpe seco al terminar de caer y luego…

Ahí está. Sus largas piernas bronceadas, su pequeña cintura, sus brazos delineados como si de una escultura se tratara, su cabello cubierto por la palestina lila enmarcando sus ojos de color igual al cacao tostado… la tristeza que le restaba brillo a su profunda mirada tranquila, tan especial como siempre y tan diferente a la vez. Y luego sus labios, saboree nuevamente sus labios frescos, dulces…

Con el recuerdo de esos pocos besos mi piel se eriza y el malestar en todo el cuerpo regresa haciéndome despertar. Me siento perdida al no saber por qué volví aquí; siento dolor al pensar que no la he alcanzado, dolor al saber que está suspendida en el limbo, transcurriendo cada día junto a los demás como si pertenecieran todavía a este plano… pero abro los ojos al sentir que alguien me acompaña.

"¿Y si realmente fue un sueño?"

Britt está conmigo y me mira con sus lindos ojos azules.

— ¡Hola Quinnie! —le sonrió esperando que quite su expresión de preocupación — ¿Te duele mucho? —pregunta con una sonrisa triste.

—La cabeza un poco…

—Quisiera tener unos polvos mágicos para curarte…

—Santana tiene mucha suerte de tenerte a su lado… —sus ojos se iluminan cuando la menciono y ya logro hablar con menor dificultad.

—Nosotras tenemos suerte de tenerte a ti, Quinnie.

—Britt… gracias por considerarme en tus planes y nunca dejarme sola… por estar ahí siempre para mí y escucharme con paciencia aunque a veces sea repetitiva y poco paciente… —digo desde el fondo de mi corazón.

—Eres nuestra hermana, jamás podríamos alejarnos de ti, te amamos y nos preocupamos por ti. Además, te debo mucho más a ti… ¿qué habría hecho si no hubieras estado cuando nació Dulce…? tú eres su otra mami—me dice mientras juega con mis dedos. Haber visto su primer aliento de vida incluso antes que sus mamás siempre mejora mi ánimo al recordarlo.

—Te amo Britt-Britt… —me llevo el dorso de su mano a los labios y la beso. Ella sonríe con más ganas al acto. — ¿Crees que Santana haya logrado que me dejen ver a Dulce?

— ¡Por supuesto! Estamos hablando de Santy…

Apenas ha terminado de decir eso cuando unos golpecitos en la puerta nos distraen. Se abre ligeramente y una pequeña cabecita se asoma por detrás. Un fuerte grito provoca mis risas que son acompañadas por las de sus madres.

Finalmente entran, y Dulce entre balbuceos me llama "Quinnie, Quinnie". Extiende sus brazos hacia mí, Britt la toma y la sienta a mi lado.

— ¡Hola preciosa! ¿Cómo estás? ¿Me has extrañado? Yo te extrañé mucho… —le digo acariciando sus mejillas mientras ella intenta por todos los medios jugar con las máquinas que me rodean.

Su hija es bellísima, tiene los ojos claros como Britt, pero su cabello oscuro realza la palidez natural de su piel y sus labios rosados. Su mirada es felina, igual a la de Santana y aunque no es su hija biológica su carácter parece tan recio como el de ella; afortunadamente Britt es tan dulce y sabia a su manera que la ayudará a tener la suficiente sensibilidad de la cual Santana ha carecido toda si vida… hasta ahora.

Así permanecemos un rato, riéndonos de las gracias de la bebé hasta que el tiempo de visita para ella se ha terminado, insisto en que la dejen acercarse para abrazarnos, beso su cabeza y acaricio su carita por última vez.

Ésta vez es Britt quien se la lleva en brazos y Santana se queda conmigo.

— ¿Quién habría podido decir que la gran Satán tendría una hija tan hermosa? —digo cuando se han marchado.

—A veces a mí misma me cuesta creerlo…

—Son una increíble familia… tú eres increíble, San.

— ¿Ahora te pondrás cursi? —me pregunta con la misma sonrisa triste que Britt.

—Solo te estoy diciendo que te admiro y que el mejor papel que te he visto desempeñar es el de madre. Siempre admiré tu carácter y aunque a veces yo pagué las consecuencias, no sé qué habría hecho sin ti. Si me pusieran a elegir, sin dudar te elegiría como madre, o hermana, o amiga, o aunque sea como vecina en mi próxima…

—No. —dice ella rotundamente.

— ¿No qué?

—No empieces a despedirte.

—No me estoy despidiendo, te estoy diciendo solamente lo que admiro de ti.

—Pues no lo hagas, nunca lo habías hecho y hoy no será ese día…—dice con esfuerzo, sus ojos están cristalinos y noto su enorme esfuerzo por no llorar nuevamente.

—Te amo Santana… —su mano tibia bajo mi agarre tiembla e instintivamente se levanta y coloca su cabeza sobre mi hombro dejando escapar el llanto.

—Fue horrible cuando me llamaron avisándome de tu accidente… Nunca once horas me parecieron tan eternas… y luego… pensé que nunca despertarías…—dice entre gimoteos con su cara pegada a mí.

—Eres muy fuerte, mírate… —digo acariciando su cabello en un vano intento por consolarla, mientras pienso "se supone que jamás despertaría…"

Cuando ha logrado calmar el llanto vuelve a sentarse en la silla de al lado y limpiándose con el dorso de las manos las pocas lagrimas que aún se escapan comienza a explicarme la parte que yo desconozco…

— ¿Quién me encontró?

—Fue un hombre quien llamó al servicio de emergencias… pero no sabían exactamente cuánto tiempo estuviste en ese barranco antes de que te encontraran…

—Era pasado del medio día… —le digo con plena seguridad.

—Para cuando yo llegué a la isla habían logrado trasladarte al único hospital que es verdaderamente un hospital… Britt se encargó de todo el papeleo para traerte acá mientras tanto.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Dieciocho días… —que extraño, en mi otra realidad no más de dos días. —Debiste haber ido muy rápido para salir disparada de la carretera… —lo dice con un dejo de reclamo.

—Por un momento me distraje, creo… —en realidad ese era mi destino, de la forma más absurda debía ocurrir todo. Por una piedra.

—El doctor regresa en un rato… te harán nuevos análisis para saber cuánto tiempo estarás en rehabilitación.

—La cabeza me duele horrores.

—Tienes el cerebro inflamado, además de eso y de que te pusieras como bella durmiente… no tienes nada más de gravedad… —dice con sarcasmo.

—No entiendo por qué desperté…

— ¿Qué dices? —pregunta con el ceño fruncido.

—Me reencontré con Rachel… nos íbamos a casar… y supongo que después de eso podríamos ir a lo que sea que hay después de la muerte…

— ¡¿Eres estúpida? ¿Por eso te estabas dejando morir?! —su mirada fija anuncia pelea.

— ¿Qué?

—Ni los médicos ni los rescatistas pudieron explicarse cómo el accidente pudo inducirte a un coma… saliste volando de la carretera pero llevabas el cinturón y la caída no fue ni tan pronunciada ni tan grande como para que quedaras en ese estado. ¡Mírate! Apenas tienes golpes… ¡¿tienes una puta idea de lo que sentimos cuando los doctores salieron disparados a tu habitación porque tu corazón dejó de latir?! —Me dice en un infructuoso intento por no gritar, pero a medida que me da la explicación el volumen de su voz aumenta.

— ¡No fue mi culpa! ¿Ok? ¡No lo fue! —Mentira. La realidad es que ese fue el momento en que me lancé al agua, lista para continuar.

— ¡Fue tu maldita culpa, Quinn! ¿Desde cuando eres tan idiota y tan cobarde para salir huyendo… otra vez? Pensé que ya lo habías superado… —se muerde la lengua al terminar su frase.

—Gracias Santana, ¡¿cómo poder olvidar que tú, de las dos, eres la que ha madurado?!

—Sabes que no quise decir eso… —dice a modo de disculpa aun cuando sigue a la defensiva.

—Pues lo dijiste…

Ambas guardamos silencio, el mismo silencio incómodo y culposo que prosigue después de nuestras peleas.

—Bee… —ella es la primera en animarse a hablar.

—Dime

— ¿Qué soñabas… cómo soñaste a Rachel? —pregunta con curiosidad.

—Me niego a pensar que fue un sueño… —me pierdo por un momento recordando el aroma de Leokani, de la isla, de la gente…

— ¿Quieres contarme? —dice mirándome con timidez.

—Rachel vive… vivía en un lugar llamado Ni'ihau.

—Me dijeron que cerca de ahí tuviste el accidente… —dice ella entrecerrando los ojos y mirando la sabana que me cubre.

—Sí, a dos kilómetros exactamente… En ese punto todo comenzó, justo al segundo siguiente en que perdí el control. Santana, yo no me di cuenta que yo y todas las personas que estábamos ahí éramos espíritus, almas o una cosa parecida hasta que subí al islote Kahoolawe…

—Espera… ¿espíritus dices?

—Sí… Rach… Rachel y todos los demás —la voz se me rompe pero ya no hay más lágrimas—…viví con ellos todo ese tiempo. ¡Fue tan extraño Santana! Yo sentía las mismas necesidades como si estuviera dentro de mi cuerpo, tenía hambre, sed, cansancio… ¡todo! Pero poco a poco comenzaron a ser menos…

—Bueno… estabas soñando.

— ¡No Santana! ¡No fue un sueño! ¡Fue real! Yo subí al islote y ahí arriba fui plenamente consciente de todo. Incluso las vi, a todas ustedes hablándome de cuando estábamos en la escuela y en ese momento también estaban Beth, mi mamá y Shelby…

—Ellas también han venido todos los días, pero no les hemos permitido que se queden… mucho menos a tu mamá.

—Lo sé y gracias por ocuparse de eso también.

Después de narrarle mi encuentro con Rachel y ante su atenta mirada ensombrecida por la pena de creerlo todo una locura, me traen mis primeros alimentos sólidos.

Cuando he terminado la insípida comida, vuelvo a lo que me atormenta.

—Necesito pedirte un favor…

—Lo que sea…

— ¿Recuerdas la pequeña bodega que compré hace un tiempo?

—Sí, claro…

—Necesito que vayas… saca los archiveros de cartón que guardo ahí y manda a alguien a entregar cada caja. El domicilio donde debe ser enviado está escrito en el interior de cada tapa.

—Pero… son tus casos… te meterás en serios problemas.

—No importa… además, ¿no me habías dicho que tenías ganas de hacer una de esas cosas locas que acostumbrábamos?

—Sí, pero no era precisamente mi idea… tengo una hija Quinn, puedo ir a dar a la cárcel por eso ¿sabes?

— ¿Confías en mí? —digo con una sonrisa y haciéndole señas para que se vaya; le he pedido que se vaya desde que me trajeron la comida.

—Te odio… —dice levantándose de su lugar.

—Me amas… Puedes empezar con eso desde mañana.

—Bee…

—Te juro que aquí estaré… no me voy a ir.

— ¿Lo prometes? ¿Prometes que no harás una cosa estúpida? —dice más seria, yo quiero seguir bromeando pero entiendo que no es lo prudente por ahora…

—Te lo prometo… por ahora. ¿Puedo pedirte un favor más antes de que te largues? —le digo antes de que capte lo que en realidad quise decir.

—Mientras no tenga que matar a alguien, lo que sea…

— ¿Puedes buscar a Kurt...?

Deja su celular a mi lado y un último beso en mi frente. Antes de tomar sus cosas, enciende el pequeño estéreo que tiene conectado mi reproductor de música, la miro con atención y nuevamente la noto triste. La primera canción que suena es 'Dark Paradise'… irónico.
—Cuando me entregaron tu camioneta, el reproductor continuaba pegado al tablero… —dice con esfuerzo —durante este tiempo no ha parado de tocar. Britt pensó que eso te ayudaría.

—Lo hizo… —digo con un nudo en la garganta… "¿entonces tampoco era Rachel a quien escuché cantar? ¿La música que escuché no vino de ella?"

—También recuperé tu cámara…

—Cuando tengas tiempo… ¿podrías imprimir las fotos? Son para ustedes…

—Claro…

Justo antes de salir, vuelvo a interrumpir su partida.

— San, no vuelvas hasta que todo eso esté hecho. —le digo como amenaza, tratando de sonar lo más seria posible y buscando distraerla con algo lejos de este hospital. Necesito que vaya a su casa a dormir, que duerma por primera vez en semanas en su cama, con su esposa e hija como corresponde.

Cuando abre la puerta, Beth acompañada de mi madre y Shelby están en el marco de la puerta. Santana me dirige una última mirada y me guiña un ojo mientras se hace a un lado para permitirles el paso. La reproducción aleatoria carga aún más el ambiente como si todo estuviera planeado para cada instante desde que comencé este viaje. "¿Son los akuas quienes conspiran para mí?"

Mama, cold hearted child, tell me how you feel…

El inicio de 'The Fear' (2) es lo que estoy escuchando mientras Beth se lanza a mis brazos seguida de mi madre. Dadas las circunstancias no debería sorprenderme pero igual así es. Esperamos las peores situaciones para reaccionar.

En el islote, en esa especie de trance en el que estuve, pude entender que era demasiado lo que pedía de ella. Tuve que "volver" a mi adolescencia para comprender que yo fui tan difícil que ella… todo es un proceso y no le permití el espacio suficiente para que ella asimilara el suyo, el suficiente espacio para que fuera ella quien decidiera en qué momento estaba lista para mí. La presioné y terminé por atosigarla logrando únicamente su rechazo.

Nos abrazamos por largo tiempo, en mi oído comienza a decirme palabras de arrepentimiento.

—Beth… —la alejo sin ser demasiado brusca. —Estamos bien… Tranquila. Nunca podré ser tu madre, pero siempre, siempre voy a estar para ti… y siempre, pase lo que pase te voy amar. En ese momento te entregue porque creí que era lo mejor para ti y aunque fue difícil, sé que fue lo mejor. Shelby es tu mamá y nunca pensé en suplantar su papel, simplemente no quería perderme de cosas importantes para ti…

—Yo te mentí la última vez que nos vimos, no te odio, solo… solo estaba enojada porque creí que solo me buscabas por la culpa…

— Ey, tranquila ¿Sí? —limpio sus lágrimas y luego acaricio su espalda tratando de que se relaje.

Con mi madre todo es silencio, no hay muchas cosas que decir de todos modos, o tal vez son tantas que es mejor permanecer en quietud… de lo que único que podemos hablar por el momento es de ausencias tal vez.

I been worryin' that we all live our lives in the confines of fear…

No puedo evitar sentir que viví un absurdo, presionándome por todo y al mismo tiempo por nada que valiera la pena. Hablar era todo lo que me hacía falta. Me da gusto saber que mi madre y Beth tienen una relación estrecha, lo ignoraba. Creo que nunca me tomé la molestia de preguntarle a alguien si entre ellas mantenían contacto.

Durante todo este tiempo, Shelby ha permanecido de pie cerca de la pared, observando como todo se desarrollaba, impasible, atenta, pero con la misma lejanía que siempre la ha caracterizado. Por primera vez nos miramos con detenimiento, no sé por dónde empezar… no sé cómo decirle.

and I will become what I deserve.

—Shelby… ¿has hablado con Rachel? —pregunto esperando que me ayude a romper el hielo. Por su expresión sé que no esperaba que fuera ella a donde dirigiera la conversación.

—N… no. Se despidió de mí el último día que estuvo en Broadway… pero nunca más supe de ella... Una vez la llamé, pero la operadora dijo que se encontraba fuera del área de servicio y no lo volví a intentar después… —Me contesta casi con vergüenza mientras mira por lo bajo a Beth. Las manos me sudan, no quiero cometer una imprudencia, pero…— ¿Tú has hablado con ella?

—Sí…

Ya son tres días desde que desperté y sigo sin saber que hago aquí, todo me parece más sencillo que antes y sin embargo, la opresión en el pecho continúa. La música no ha dejado de sonar ni un solo momento, ni cuándo como, ni cuando voy al baño y mucho menos cuando duermo que es la mayor parte del tiempo. Estoy débil y los doctores dicen que es normal, pero ya comenzaré con la rehabilitación formal.

Mientras espero que la enfermera venga para llevarme a la alberca donde comenzaré con la terapia, escucho 'Naked as we came' (3) y hasta entonces soy plenamente consciente que si todo fue real… no podré estar con Leokani con todo lo que ello significa. Con mi Leokani.

"¿Esperar pacientemente a que la muerte me alcance?"

Aquí estoy, sentada al borde del abismo o en este caso, en el borde la piscina que me ayudara a regresar a mi vida normal. Estoy segura que perdí algo de mí misma, justo en el momento en que lo había recuperado… a ella.

Cuando estuve arriba, entre las nubes entendí que la paz que tanto necesitaba era ella, su mirada sobre mí… ahí comprendí que no quiero a Rachel y nunca la quise. No la quiero como se quieren ciertas cosas o momentos, o incluso como quise a mis novias, no la quiero como una posesión, lo que he sentido por ella desde siempre es de profundidad infinita… incomprensible incluso para mí misma pero no tan fácil de aceptar.

Soy yo el pedazo de su alma que se extravió en algún momento; soy yo para ella, soy de ella. Es que nos pertenecemos, ¿cuándo lo entendí? En el mismo momento en que supe que mi deseo era puro.

Miro brevemente la profundidad de la alberca y veo un sujeto descorazonado, melancólico, un sujeto que destruyó su instinto buscando lo obvio, su corazón. Bajo mis manos para tocar el agua y al contacto el sujeto se difumina en el providencial líquido. Comienzo a ser el mismo sujeto desahuciado que casi estaba reparado, al que tanto temía reencontrar.

A la indicación del fisioterapeuta entro al agua y luego vienen ejercicios y más ejercicios, y con cada nuevo logro un pensamiento sobre el paradero de Rachel me apesadumbra.

Vuelvo a mi habitación de hospital que ahora sin aparatos y con un poco más de color me recuerda más bien a la de un hotel; de la silla de ruedas regreso a la cama sin ayuda y cuando a punto estoy de prender la música una enfermera me interrumpe.

—Señorita… su amiga ha pedido que le pongamos la televisión… —dice mientras conecta la pantalla que está frente a mí y luego me acerca el control.

—No es necesario… —trato de rechazarlo con cortesía.

—Su amiga dijo que le encanta mirar televisión y que ahora le vendría bastante bien para ponerse al día… así que hágalo o se enojará conmigo —me dice guiñándome un ojo.

Yo sonrío tratando de agradecer el gesto y desganada comienzo a saltar los canales sin esperar demasiados segundos en cada uno mientras la enfermera se encarga de acercarme la bandeja de comida. Mi dedo queda en el aire cuando veo en la pantalla a Ian Devine en un programa de espectáculos.

Está de invitado junto a la actriz que sustituyó a Rachel en su última obra. Ella sonríe mientras que el conductor del programa habla; subo el volumen volcando toda mi atención en la pantalla…

—…Y ahora están aquí, casi dos años después, nominados en todas las categorías del Tony.

—Sí… —contesta con parquedad Ian, el hombre parece demasiado incómodo. El breve silencio y todas las miradas sobre él le indican que esperan que ahonde en detalles mientras que mi cuerpo se tensa y caigo en cuenta "¿casi dos años?"

Cojo el móvil y busco en las aplicaciones el calendario. Recorro una y otra vez las semanas de este mes pero de hace dos años, trato de hacer cuentas y un nerviosismo me invade. Efectivamente, apenas serán dos años que no pude verla en esas únicas cuatro semanas que permaneció en la obra.

Marco el primer número del acceso rápido y una voz alterada me contesta.
— ¿Quinnie, estás bien?

—Sí Britt… solo, solo necesito otro favor… ¿puedes revisar mi agenda y darme el número de Olivia?

— ¿Olivia? ¿Tu ex? ¡¿La embajadora?!

— ¡Sí, cariño! ¡Esa misma! Por favor busca entre mis cosas del trabajo… es urgente.

—Tranquila Quinnie, en un momento te lo mando.

El tiempo me pesa, todo aquí me pesa. El dolor de cabeza no cede y por más que los doctores digan que es buen signo, para mí es un fastidio. Apenas quince minutos después, recibo un mensaje de texto con lo que solicité.

Marco el número proporcionado y espero a que tome la llamada mi interlocutora. Miro la televisión con atención esperando que hagan otro comentario acerca de Rachel, pero nada, solo "la tristeza" que sienten los presentes por habérseles privado del talento de mi Leokani.

— ¿Si?

— ¿Olivia? ¡Hola! Soy Quinn… Fabray. —un incómodo silencio sigue de mis palabras que se me antojan a una eternidad.

—Quinn… ¡que sorpresa! —no suena molesta, está incrédula, creo.

—Olivia… necesito pedirte un favor muy grande. Sé que éste no debería ser el motivo para llamarte, pero es verdaderamente urgente…

— ¿De qué se trata?

— ¿Conoces el archipiélago polinesio? El de las colonias inglesas…

—Sé de su existencia ¿te sirve?

—Tienes que enviar una brigada de vacunación contra la malaria…

— ¿Qué? ¿De qué hablas, Quinn? ¿Por qué?

—Habrá un brote que se extenderá rápidamente por la zona…

—Quinn… es muy serio lo que estás diciendo… ¿de dónde has sacado eso?

—Es muy largo de explicar… solo… solo hazlo. Por favor.

—Nadie aceptará si no hay una razón, no son gastos fáciles de solventar.

— ¿Tienen alarma por brotes?

—Sí… bueno, en Hawái hubo un brote hace poco, pero fue controlado…

—Ahí lo tienes… ¡Es urgente, Olivia! ¡Esto podría volverse una epidemia! —Digo angustiada y con la voz temblándome —…Si eso te toma demasiado tiempo, ¿podrías hacer que los aeropuertos y fronteras estén alertas ante un posible caso? Principalmente los de la isla…

—Quinn… ¿estás bien? ¿A qué viene todo eso?

—Sí, sí estoy bien… ¿me ayudarás?

— ¿Trabajas para alguien de la OMS… o para la división de epidemiología de tu país?

—Ah… sí, algo así. ¿Recuerdas que me dijiste que esperabas que al menos una vez en mi vida confiara en ti?

—S… sí… —contesta titubeante, seguro piensa que ahora me he vuelto (más) loca.

—Bueno, tienes que saber que nunca dudé de ti… lo que sucedía es que yo, yo no supe como dejarme llevar… y bueno, hoy, es un día diferente Olivia… realmente necesito que hagas eso por mí, sé que suena a locura, pero…

—Está bien, Quinn… no sé de dónde ha salido todo eso y espero no arrepentirme, pero intentaré hacer lo que me pides. —dice con calma, con la misma calma que yo odié todo el tiempo que estuvimos juntas y que ahora, cínicamente tal vez, agradezco con todas mis fuerzas.

—Te debo una muy grande.

—No digas más. Estamos a mano, por los viejos tiempos ¿ok?

—Sí… pero gracias de todos modos. Llámame a este teléfono si necesitas algo…

—Yo te aviso que sucede. Hasta pronto, Quinn.

— ¿Olivia?

—Dime.

—Gracias por tu tiempo… y por… por esto, por confiar.

—Supongo que se trata de salvar vidas ¿no? —dice un poco más cortante.

—Claro… —contesto e inmediatamente después cuelga.

Sigo viendo el mismo programa pero ya no mencionan más nada de Rachel y comienzo a desesperarme por no tener noticias de ella.

Con mayor apetito que hace días termino lo que la enfermera trajo mientras sigo buscando en algún programa de espectáculos si acaso mencionan algo más de la obra en la que estuvo Rachel. Al cabo de un rato llega Santana.

—Te sentó bien el descanso… —le digo mientras me muevo un poco en mi cama para que venga a acostarse conmigo.

— ¿Descanso? Creo que te prefiero dormida que despierta… demasiado trabajo en esa bodega. —dice en burla, tratando de ocultar la angustia vivida. — Britt me dijo que llamaste…

—Sí…

— ¿Piensas volver con ella? —su rostro refleja confusión y yo me niego a entrar en detalles.

—No precisamente… solo necesitaba hablar con ella…

—Bueno, ya que no quieres contarme yo comenzaré. Vengo de hablar con Kurt, accedió a tomarme la maldita llamada pero no sabe nada de Rachel. Me dijo que lo último que supo de ella es lo mismo que te dijo a ti cuando lo fuiste a buscar; se dejaron de hablar hace mucho… apenas y se saludaban y fue en una de esas fiestas de Broadway donde se encontraron por última vez… lo mismo, vaya. —dice todo con un claro tono de compasión. No la culpo, no tiene por qué creer en lo que le he dicho pero después de estos días de búsqueda infructuosa creo que empieza a creer que realmente Rachel ya no está aquí.

—Gracias San…

— ¿Tienes pensado otro lugar donde pudiera estar vi-vi-en-do? —la última palabra la remarca en espera de que yo cambie mi estado de ánimo.

—El mismo lugar…

—Pero Bee… yo francamente dudo que Rachel haya ido a dar a un lugar como el que me narras… todos los recuerdos que tengo de ella es siendo bastante delicadita como para que haya terminado ahí…

— ¿Entonces qué sugieres? Ya sabemos que no está en Lima, Shelby no tiene ni idea, Kurt menos… ese es el único lugar que queda.

— ¿En serio no me dirás para que buscaste a Olivia? —vuelve al tema, ahora esa es su costumbre, cambiar el tema para que evite pensar en Rachel o peor aún, que ahora me refiera a ella como Leokani.

En ese momento su celular, que ahora es casi mío suena y contesto de inmediato al ver el número de donde proviene.

— ¿Cómo lo sabías?

— ¡¿Qué sucedió?! —digo irguiéndome inmediatamente.

—En una clínica de un lugar llamado… ¿Luau? Está internado un mochilero que presenta síntomas de malaria. La alarma ya está y no tardará en llegar una brigada de desinfección para acabar con el mosquito…

— ¿Es el único caso que hay?

—Hasta ahora sí…

Mi corazón da un brinco, miro a Santana y por su expresión sé que ha adivinado para qué quería a Olivia. Me despido de mi interlocutora y ella me hace saber que espera que pronto nos veamos pero ambas sabemos que eso no sucederá.

A partir de este momento, todo sucederá rápido… o eso espero. Apago la televisión que seguía encendida, miro fijamente a Santana y ella entiende lo que se avecina.

I been sleeping for 40 days and…

Cuarenta días han pasado desde que desperté, una cuarentena en la que me obligué a trabajar duro por recuperar el movimiento normal de mis extremidades y pienso que lo he logrado. La cabeza a veces me duele pero ya no con la misma intensidad de antes.

Subo a la camioneta y elijo '40 day dream' (4) para continuar el viaje esperando que sea de buen augurio. Frente al volante me siento más nerviosa de lo que ya estaba en el avión; antes de arrancar llamo nuevamente a Brittany tal como dijo Santana que lo hiciera cada cierto tiempo para que se aseguraran de que estoy bien.

Sentada frente al ventanal de mi departamento, infinidad de veces me encontré a mí misma deseando un ritual para poder nacer más de una vez. En mitad de una de esas muy fantásticas noches, el cielo se abrió dejando caer un rayo para recordarme que mi existencia no tenía sentido si no lo intentaba una vez más o cuántas veces fueran necesarias y finalmente, cuando tomé la carretera, sin saberlo me estaba adentrando en un viaje mágico que me permitió encontrar los pedacitos que en algún momento perdí; encontré mi ritual.

One turn and I learned what it really means to see…

Y ahí estoy, Quinn Fabray tomando el camino largo de ida, por segunda vez. Nuevamente la misma ruta, la que me aseguraron me daría el pretexto perfecto para mirar, sentir, preguntar, recordar y olvidar; para correr por nada.

La sequedad no está más, tampoco el otro extremo que había inundado mi vida con lágrimas dolorosas y temerosas… hoy tengo equilibrio porque las he encontrado también felices.

Ah? It's the magical mystery kind…

Nada que me anclara y nada que me esperara. La excusa perfecta para hacer algo diferente con la vida. El pretexto para no aferrarme al tiempo y remendarme. Me reparé a mí misma mientras huía, pero hoy he decidido que lo haré con calma… ningún pasado me persigue y estoy lista para afrontar lo que encuentre.

Oh! now I can die…

Un suspiro al mirar el letrero que ha estado presente en todos mis sueños desde entonces: 'Bienvenido a Ni'ihau.'

Eso es todo, un suspiro.

I been sleeping for 60 days and nobody better pinch me…

Y de pronto la calidez nuevamente, esa de saberme en mi hogar… en mi verdadero hogar. Estaciono frente a la casa de Halia, el corazón quiere saltar, su casa es tal cual la recuerdo. Las calles, los árboles, todo en el mismo lugar… pero en completo silencio. Recorro con ansiedad cada calle, me detengo en alguna palmera para ver si distingo a alguien, pero nada.

Llego a casa de Miliani, entro por el patio.

— ¡Mamá Miliani! ¡Alika!

Nada.

Y entonces comienzo a correr, con toda la fuerza de la que soy capaz voy en dirección contraria al poblado. Todo sigue en silencio, un silencio sepulcral que me inquieta.

Now I got no fear of death now…

En mi cabeza resuenan las voces de Miliani y Alika y las historias que me contaron mientras caminábamos por la misma vereda que estoy a punto de atravesar.

— A Kanaloa le debes agradecer todos tus padecimientos… si no hubieses tenido nunca dolor, entonces no podrías distinguir la verdadera alegría, la que emana del espíritu. Le debemos la magia terrenal, la que nos cura… o la que nos quita la vida.

Paso cerca del barranco donde tuve el accidente y me detengo por breves segundos, lo miro por encima del hombro y continúo. Dejo atrás el lugar y sigo escuchando sus voces, con más y más claridad…

—Los hijos de Ku son guerreros… tu eres una de ellos…

Por un segundo pienso en el quilombo que estará desatándose en Washington cuando se sepa que entregué documentos confidenciales que inculpan directamente a varios políticos; pero sigo, decidí dejar esa parte de mi vida atrás y eso haré pase lo que pase.

—Si superas tu liliuokalani… estás lista para vivir, Quinn.

Y por último, accidente y bautizo al mismo tiempo aparecen en mi mente, mi "nuevo nacimiento" marcó el rumbo de mi vida y con el poco aliento que me queda, recorro el último tramo.

Las olas chocando contra los enormes acantilados me previenen de la cercanía de la playa y la bravura del mar, el olor a sal me estremece y finalmente la arena que sustituye el camino hecho con piedras de río me da la bienvenida. Me detengo, respiro profundamente mientras cierro los ojos, necesito calmar mi pulso pero la ansiedad de encontrarla puede más…

Camino alerta a un posible sonido distinto a los que la naturaleza regala. En mi afán de encontrarla pronto, no me di cuenta que el último tramo recorrido es el incorrecto alejándome varios metros más del centro de la playa. A punto estoy de regresar sobre mis pasos cuando una sombra en la parte más lejana del acantilado atrae mi atención.

Camino hacia la persona con paso vacilante, podría ser Hoikeana, que yo sepa es la única persona que podría estar a estas horas aquí… meditando.

Oh no, I could die
Oh, now I can die…

El agua cubriendo mis pies, el calor acompañado de ese ligero aire es todo lo que necesitaba sentir para saber que es real, fue real. Mi tótem anudado a mi cuello por una tira de cuero me recuerda la magia del lugar y por último su suave mano tomando la mía, para siempre.

Leokani luce preciosa, su cabello es revuelto ligeramente por el aire igual que su impecable muumuu blanco. Nuestros pies descalzos se encuentran cubiertos por la arena y sin reparo elimino toda distancia entre las dos. Por su mirada llena de luz sé que me estaba esperando con tal ansiedad y deseo que una sola sonrisa me ha devuelto el aliento.

Nos besamos. Tan dulce, tan delicado, tan especial… tan de nosotras. Por fin alguien ha logrado conspirar para ella y para mí, estoy flotando de la forma más maravillosa que un humano pueda imaginar, es parte de mí tanto como yo de ella. Hay luz.

— ¿Cómo sabías?

—Los akuas…

— ¿Cómo fue?

—Hay un último motivo por el que me quedé aquí que no te dije… y tal vez sea el más importante.

— ¿Cuál?

—Soy Kahuna…

— ¿Cómo Hoikeana?

—Exactamente. Cuando caí en cama por el dengue tuve un sueño iniciático igual al que tienen todos los herederos Kahuna; Hoikeana se ocupó de mí desde que llegué porque sabía que era yo "el angel" que en sus visiones vio venir.

— ¿De la misma forma me conoció a mí?

—Sí, pero en este caso tú eres el espíritu que me ha acompañado… a través de mí, te veía a ti.

— ¿Y te habrías podido negar?

—Sí pero nosotros no elegimos ser Kahuna, son los akuas quienes lo deciden y tarde o temprano el destino nos alcanza. Yo lo entendí durante las cuatro semanas en Broadway.

— ¿Aceptar fue lo que ofreciste cuando fuiste al islote? —trato de armar el rompecabezas en mi cabeza y mientras más lo pienso, más fantasía me parece.

—Sí…

— ¿A cambio de qué?

—Una señal

— ¿Una señal, de qué?

—De que quedarme aquí era una buena decisión.

— ¿Y cuál fue tu señal?

—Tú. —sus ojos llenos de luz hacen que mi corazón palpite más y más rápido.

—Pero hace semanas que nos reencontramos apenas…

—Lo que tú viviste hace algunas semanas, yo lo vi en mi última noche en Broadway... hace dos años.

— ¿Cómo? ¿Y por qué no me buscaste si estabas en Estados Unidos?

—Porque así tenía que ser… Yo no podía de ninguna forma inmiscuirme en tu proceso de pérdida y sanación.

— ¿Tú me curaste?

—No, claro que no… tú sola lo hiciste. Lo que sí hice fue pedir la ayuda de los akuas para que te reencontraras pronto; si eso no sucedía, no habrías alertado de la malaria en la región.

—No estoy entendiendo nada…

—De la misma forma en la que Hoikeana me encontró, yo te encontré a ti… traté de ayudarte en la última parte de tu viaje.

— ¿Por eso me dijiste que debía bautizarme?

—Sí, era la única forma de que regresaras a tu cuerpo. Lono te llevó a donde tenías que ir para encontrar la paz y fue justo acá.

—Pero en mi… ¿sueño, trance…? Todos ustedes estaban… en el limbo. —Sigo aún muy confundida.

—Ikaika, lo que tú viviste en esos pocos días fue lo mismo que yo viví hace dos años pero en prospectiva… ¡salvaste a todas estas personas! ¡Todo fue genuino! Si no hubieras venido, tal vez no hubiéramos tenido los remedios necesarios para una enfermedad tan fuerte sobre todo si se convertía en epidemia.

—Es tan extraño… tan irreal.

—En algún plano astral fue real… muy real, amor. Nos vimos después de la muerte... pero no alcanzó a suceder y estaré agradecida por toda la eternidad por eso, no tuvimos que esperar tanto...

—Siento como si no perteneciéramos al tiempo, que somos todo, desde siempre.

—Lo somos, lo hemos sido desde que fuimos hechas.

— ¿Y si no hubiera llegado? ¿Y si me hubiera tardado un poco más?

—Habría aguardado por cada beso que aún nos queda. No he llenado tu ausencia con lágrimas, simplemente te he esperado… y llegaste tal como estaba predestinado.

—Te amo. —Te amo es todo lo que me faltaba por decirle.

—Te amo yo también, te amo más allá de lo que puedo entender… y ésta vez no habrá poder humano o místico que nos separe.

Miramos largo rato el islote Kahoolawe mientras permanecemos abrazadas en medio del acantilado.

— ¿Quieres ir a casa? —me dice bajito al oído y todo mi cuerpo se estremece.

—Sí…

Volvemos por el mismo camino, pasamos a lado de las palmeras que tan bien conozco y la luz de la luna hace que nuestras sombras crezcan y se deformen según la cantidad de luz. Finalmente llegamos a una pequeña casa que podría no ser muy diferente a las demás pero tiene algo especial que el resto no tiene: es mi casa, mi hogar.

Mientras miro las paredes tapizadas de notas musicales hechas por niños, Leokani enciende su pequeña y anticuada grabadora. Las notas de 'Islands' (5) es el preludio de mi segunda vida.

La tela estorba, el aliento falta, las energías no menguan y por fin hemos logrado fusionarnos en una especie de fuerza infinita.

Por primera vez en toda mi vida, entiendo lo qué es hacer el amor. De la misma forma que la magia se hace, de la misma forma que las estrellas se generan, así nos estamos haciendo a nosotras mismas. Y con nuestro primer orgasmo alcanzado termino de comprender el poder del dolor. El dolor es necesario para que llegue la liberación igual a esos espasmos que cortan involuntariamente la respiración, que paralizan el corazón para luego hacerlo casi estallar… así es el dolor, no solamente libera, enseña.

Luz.

— ¿Leokani? —le digo mientras mis brazos la rodean.

—Dime…

—Creí que sería lindo…

— ¿No… no lo fue? —me mira con sorpresa mientras sus dedos se aferran más a mi cintura.

—Fue perfecto. —sonrío y ella hace lo mismo, nuevo beso, nuevo comienzo.

Así que por una vez en la vida me deje perder en un rincón, me obligué a experimentar una soledad absoluta, sana, apenas acompañada por un silencio ensordecedor y conduje carreteras casi infinitas volviéndome un poco aburrida incluso. Dejé que la naturaleza me lastimara y en recompensa me llevo hasta ella, en el momento exacto en que esperaba por mí no con reclamos, si no con bondad. Esperó por mí más de lo que yo la busqué, porque tarde comprendí que ella era mi destino.

.

—…y entonces todos los eventos del mundo se conjuntaron para que sucediera: un juicio ganado, una obra abandonada, un vuelo en el momento exacto, un hombre estacionado en la esquina perfecta, una isla, la picadura de un mosquito o varios mosquitos, niños molestando, una piedra…

— ¡Kala!¡Ven a dormir, ya!

— ¡Má…!

—Cariño, que mañana en una hora más prudente te cuente la historia… otra vez.

— ¡Pero má…!

—Amor, has caso a mamá. —Digo como advertencia desde de la ventana mientras Aloisi aprovecha para escaparse de su atención.

.

pero al final, cuando me volví vulnerable vi la luz.

FIN...


(1) Dark Paradise - Lana del Rey

(2) The Fear - Ben Howard

(3) Naked as we came - Iron & wine

(4) 40 day dream' - Edward Sharpe & The Magnetic Zeros

(5) Islands - The XX