Cáp. 4: Not so far away

-Vayan a la página veinticinco, vamos a profundizar el tema de la revolución Francesa– era un día soleado, el viento estaba agradable y unas pocas nubes tapaban el cielo.

-Oops, Nos va a ir mal... la que es buena en temas de revoluciones es Haru..., y Tsuki-san es la que sabe poner la información en orden – susurró la ojiazul, echándole unos vistazos rápidos al libro.

-Hablando de ellas... ¿Qué no Tsuki se quedó en casa de Haru? – preguntó la mayor, mirando a Oba-chan fijamente

Esta se quedó quieta en su lugar - ¿Crees que...? – Asatsuki asintió a lo que la ojiazul frunció el seño.

-Lo hizo a propósito, recuerda que Haru tiene sueño muy ligero, debe de haberse despertado demo no debe haber despertado a Tsuki-san cosa de que se ahorraba venir hoy – dijo la menor de las dos bastante seria.

-Si, además ya sabes que Tsuki duerme como un tronco, no se despierta ni con una grúa – rieron un poco mientras pasaban la información a un cuaderno aparte, tomando apuntes sobre la revolución.

El timbre de salida anunció el regreso a casa, las dos jóvenes suspiraron de forma sonora mientras se levantaban de sus bancos haciendo un agudo sonido del metal al rozar el suelo.

Bajaron por las escaleras directo al portón y salieron caminando de forma despreocupada.

Sin notarlo ni ellas mismas, comenzaron a caminar en la misma dirección del día anterior, incluso Oba-chan hizo una mueca tras pasar junto al bar de bebidas y dulces.

-No tomaré nada, no te preocupes – rió Asatsuki ante la mueca que traía la ojiazul en el rostro – Se me antoja un helado... además, tu no tomas y jugar a quien bebe más con alguien que no toma pues, es imposible – Oba-chan le sonrió mientras divisaba la tienda y los bancos donde ella y Tatsuki habían comido helado.

Pudo notar luego de pagar los aperitivos que donde ella y Asatsuki se encontraban era el mismo lugar donde ella y la de coletas se habían sentado momentos antes.

¿Cómo lo comprobó?, por la mancha de helado de vainilla que se encontraba en el suelo y el envoltorio de sus helados que no se había apartado de allí.

Por simple inercia volteó al callejón donde se había efectuado aquel crimen que su mente había intentado borrar, más un alivio la embargó cuando notó el callejón vacío.

-Oye, ya regreso, voy a comprar materiales para el trabajo de Historia en la tienda de la esquina, espérame ¿OK? – le dijo Oba-chan mientras comenzaba a caminar en la dirección opuesta por la cual habían llegado a la tienda.

La mayor se sentó disfrutando su helado, aún le quedaban otras golosinas con las cuales pasar el rato.

-Hola, disculpa...- La joven volteó, topándose con un chico extremadamente pálido y ojos oscuros.

-Quizás sea muy repentino preguntar, pero... busco a tu amiga...- dudó si decirle el nombre de la chica unos segundos, más no fue necesario.

Asatsuki tras ver que se trataba de un chico con más edad que ellas, pensó que estaba saliendo con su amiga Tatsuki, pero seguramente le daba pena decir su nombre.

-"¿Tatsuki-chan… Tsuki, la chica de coletas? " – preguntó, sonrió tras ver que el otro asentía en afirmación y apartaba la mirada.

-Nee, no te preocupes, ella no me dijo que estaban saliendo, pero me lo imaginé, a ella le gustan los chicos mayores – musitó de forma distraída, invitándole a sentarse al otro joven.

-Pues, claro, necesito saber su dirección ya que quedamos en salir, pero ella lo olvidó por que llevaba prisa, estaba con otra chica – dijo recordando a la otra cuando chocaron.

-Ah, a de ser Haru..., ¿era una chica de cabello un poco debajo de los hombros con las puntas rojas? – cuestionó, el pálido asintió por segunda vez, riéndose estridentemente para sí, no había tenido que mover un dedo y ya le había dicho muchísimas cosas.

-Ah… pues...- Asatsuki dudó si decirle o no a ese joven – Ella vive...- en eso escuchó como algo caía al suelo tras ellos.

Volteó y el joven tambien encontrándose con la ojiazul, que estaba más blanca que un papel mirando al chico fijamente

El joven reconoció a la chica, estaba seguro de que esta si le había visto cometer el crimen.

-Corre...- le susurró, con un hilo de voz, Asatsuki no comprendió al momento - ¿Qué dices? – preguntó sin escuchar nada.

-¡Que corras!, ¡Ese tipo es un asesino!- se arrepintió luego de pronunciar esas palabras, lo único que alcanzó a ver fue como una aguja se enterraba en el cuello de su amiga a lo que ella se quedó inmóvil del terror.

Los ojos de su atacante se volvieron rojos y brillaron de un modo peligroso, podía sentir esas orbes atravesar su persona, verle a través, eran los ojos más aterradores que había visto en su vida.

Fue un segundo cuando ella también sintió como una aguja traspasaba en su carne y le obligaba a perder el equilibrio, sintiendo un dolor punzante en su cráneo tras golpear el suelo de forma tan repentina.

-----.....------....--------------------------.-------------

Y nunca pensó que se encontraría en esa situación, muriendo lentamente por desangre, escuchando su corazón detenerse mientras su vida escapaba de su cuerpo y las lágrimas fluían sin esconderse.

Lagrimas que había derramado en solo determinados momentos, se sentía como una cobarde, se había prometido no volver a llorar, ser fuerte para darles apoyo a las personas que necesitaban un soporte...

Pero fallaba...

Su mente no aguantaba más.

-¿No me dirán lo que quiero saber? – levantó su vista débilmente hallando a su verdugo, con una sonrisa penetrante.

Pero ellas no se dejarían vencer, ellas tenían orgullo, dignidad y fuerza de voluntad.

-Prefiero que me prendas fuego a decirte lo que quieres saber, basura – escupió desafiante la de ojos azules, llorando por su amiga que también estaba experimentando el inmenso dolor que ella sentía, nunca pensó morir tan joven, nunca pensó que se arrepentiría de jamás haber dicho esas cosas que se había guardado.

Por que la vida era una sola

-Bien, pues muéranse desangradas, no me interesa – sus pasos se alejaron y trancó la habitación alejándose despreocupadamente, esas chicas habían sido solo una perdida de tiempo.

-A...Asatsuki-kun, ¿estás viva? – preguntó escupiendo una bocanada de sangre, la otra volteó débilmente con una sonrisa

-Je, por ahora si – musitó – Saldremos de esto...- susurró, dándole una falsa confianza a la otra – y así podremos comprar helado, y yo jugaría de nuevo con Haru mientras que Tatsuki-chan hace un escándalo por que no les avisamos que iríamos al bar – las lagrimas se deslizaron por sus ojos

La otra sonrió también – Y también iremos al parque de diversiones, le prometí a Haru que subiría a la montaña rusa con ella – ya el aire le faltaba, Asatsuki cerraba los ojos lentamente.

-No llores Oba-chan, seguramente despertaremos en poco tiempo, y luego nos reiremos de que vencimos la muerte Oba-cha... nos reiremos de... de...- Cada vez más cerca, la luz se acercaba entre mil recuerdos, uno junto a otro, reproduciéndose como una película.

-No me dejes sola – dijo en un hilo de voz la otra, viendo como sus fuerzas desaparecían

-No lo haré...lo prometo- un espasmo cubrió sus cuerpos, sintiendo como sus pulmones buscaban aire con desesperación. La sangre fluyó con más fuerza, tiñendo el suelo de su color carmesí, dejándolo todo atrás.

Sus vidas escaparon de sus cuerpos, escuchando el eco de una campana marcar el ritmo de sus ojos al cerrarse, para jamás volverse a abrir.

Quizás se encontrarían en otro momento, con la esperanza de algún día poder despertar...