Pasaron los días y el depresivo clima no llegó a su fin, la ciudad se quedó paralizada gracias a tan tremendo aguacero. Las calles se inundaron por completo, lo que impedía el paso de los automóviles, y para colmo, los incesantes rayos se encargaron de privar de energía eléctrica a todas las casas rehenes de tan agitada tormenta, pero no era todo, sino que para terminarla de amolar las líneas telefónicas igual dejaron de funcionar, lo que mantuvo incomunicadas a todas las victimas.

El tiempo se había ido volando, 3 días consecutivos y Kagami permanecía prisionera en su casa, estaba demasiado ansiosa por salir a ver a sus amigas y principalmente a su amada, pues sabia que su estancia junto a ellas era limitada. La inmensa frustración de su impotencia ante la tormenta la obligaba a cierto grado a resignarse a no ver absolutamente a nadie que no fuese su familia por el resto de sus vacaciones.

Las noches eran aparentemente mas largas por la falta de luz, ya que no había muchas cosas que se pudiesen hacer al oscurecerse, provocando que incluso el leer o jugar juegos de mesa se volvieran una tarea imposible de realizar, inclusive con el uso de velas.

A pesar de todo ello, el suave y relajante sonido de la lluvia cayendo en las calles causaba en sus escuchas una sensación de calma, por lo que dormirse temprano resultaba una oferta difícil de rechazar. Cabe mencionar que por el hecho del interminable diluvio se suspendieron todas las actividades laborales, escolares y sociales.

Regresando al tema de la estrella de nuestra historia, Kagami se acostó todas estas noches pensando en que posiblemente el clima mejoraría al día siguiente, y para su fortuna, cumplido el cuarto día de la tormenta, paró de llover, aunque el sol aun no asomaba ni un mísero rayo de luz. Pero aun a pesar de haber cesado la lluvia, las calles permanecían intransitables, por lo que esperar un día más era necesario, claramente esto llenó de esperanza no solo a Kagami, sino a todos los habitantes de la ciudad.

Más tarde, para suerte de todos, las líneas telefónicas volvieron a ser funcionales. Kagami al enterarse de tal noticia, no espero en comunicarse con su amada, sin embargo para su infortunio, en casa de Konata la línea seguía sin estar disponible. Intento comunicarse varias veces continuas sin tener éxito en ninguna de ellas hasta que finalmente se rindió. Espero un rato con la esperanza de salir victoriosa en su siguiente intento. Pasados cerca de 5 minutos que para ella fueron como media hora, hizo un intento más que lamentablemente tuvo el mismo resultado que los anteriores. Finalmente tiró la toalla y se rindió, por lo que decidió comunicarse con su olvidada amiga Miyuki.

— ¿Bueno?

— Hola Miyuki, ¿Cómo estás? — Respondió Kagami muy apenada por no haberse comunicado con ella desde que salieron de la escuela.

— Bien, ¿y tú?

— Jeje bien

La conversación prosiguió un poco tensa por unos cuantos minutos, pero poco a poco se volvió fluida.

— Y… ¿Cómo te ha ido con Konata?

— Jeje a que te refieres con eso, no es como si tuviéramos alguna relación o algo parecido. — contesto Kagami un tanto alterada por la naturaleza de la pregunta.

— Jeje ya veo, entonces se la han pasado bien.

— ¡¿Qué cosas dices?! — contestó nerviosa.

— Entonces supongo que la tormenta no fue un impedimento para ustedes.

Kagami se entristeció un poco y miró por la ventana el aun gris cielo, aunque las gotas ya no caían interminablemente afuera, la enorme cantidad de agua en las calles simulaban una laguna, en la cual se podía ver claramente el reflejo de las casas alrededor y del cielo.

— No, de hecho no he sabido nada de Konata estos últimos días.

— Ya veo, lo siento.

— No te preocupes, afortunadamente ya dejó de llover así que pronto sabré algo de ella.

— Tienes razón, y... ¿no te has comunicado con ella por teléfono?

— Si, lo hice el primer día que comenzó a llover, pero desde entonces se cortó el teléfono y no pude hablar con ella después.

— Ya veo, y ya tienes línea de nuevo, ¿cierto?

— Si, llevo buen rato tratando de comunicarme con ella pero no contesta.

— Oh, ya veo. Oye Kagami, ¿no te gustaría venir a mi casa mañana con Tsukasa ya que paró de llover?

— Jeje claro, ¿y a que se debe el honor?

— Pues es que como pronto te vas a ir, quiero que pasemos más tiempo todas juntas.

— Está bien, pero no se si el metro funcione mañana, las calles aun siguen muy inundadas y tal vez vuelva a llover en la noche.

— Tienes razón, espero que no sea el caso y si puedan venir, también invitaré a Konata para que puedas hablar con ella.

Es más que lógica la reacción de Kagami, ella se puso un tanto emocionada por la proposición de su amiga.

— Jeje ¿pero que dices?, no es necesario que la invites también, ella suele arruinar siempre nuestras reuniones con sus disparates.

— Pero me parece muy buena idea que todas estemos juntas, además creo que Konata siempre anima nuestras reuniones.

— Es… Está bien, pero no creas que acepto por que la quiero ver o algo así, si no porque creo que tienes un poco de razón, una reunión sin ella sería muy aburrida.

La conversación continúo por algunos minutos hasta que finalmente Miyuki se despidió y colgó. Kagami se quedó pensando en que haría mañana al encontrarse con su amada frente a Miyuki y Tsukasa. No hallaba las palabras para explicarles su relación. Se decía a ella misma que ellas comprenderían, pues prácticamente gracias a ellas se hizo realidad su primera cita, por lo que resultaría natural que ambas terminaran siendo novias. Pero… ¿Qué pasaría si Tsukasa le contaba a sus padres y hermanas?. Esta pregunta la llenó de preocupación, ya que conocía muy bien a su hermana gemela y sabía que es pésima guardando secretos. Pensó en infinidad de explicaciones, pero ninguna le satisfacía lo suficiente para dar a conocer su relación.

Un poco desesperada, tomó de nuevo el teléfono e intentó llamar a Konata una vez más, ya que le alarmaba el pensar que Konata pudiese hacer público su noviazgo. Sin embargo, su intento en comunicarse fue fallido, lo que la estresó aun más. Indignada siguió intentando una y otra vez sin éxito hasta que se dio por vencida. Pensaba que eventualmente tendría que darse a conocer ese sentimiento que tenían la una por la otra.

La noche fue muy diferente a las anteriores, pues la oleada de nubes grises al fin se habían retirado de todo lo alto y dejaron a escena el amplio páramo celeste en donde una bronceada luna llena reinaba resplandeciente. Las estrellas abarcaban todo el cielo y se veían tan claras y nítidas que pareciese que eran más puntos blancos que fondo negro. Kagami jamás había visto una noche siquiera parecida. Hay que darle crédito a la falta de energía eléctrica por supuesto, pues gracias a su ausencia fue posible tan preciosa noche.

Mientras observaba las estrellas se preguntaba que estaría haciendo Konata, imaginaba que posiblemente estaría durmiendo por no poder jugar videojuegos ni ver anime por la televisión. Al recordar a su amada en su rostro se dibujó una tierna sonrisa, pues con tan hermosa vista recordó todos los bellos momentos hasta ahora vividos con su actual novia.

No hay razón para sentir vergüenza de esta relación — pensaba — si todos se llegaran a enterar, aun si no lo aceptaran, me sentiría muy feliz de poder decirle a todos lo que siento por Konata. No importa lo que pase mañana, estoy segura de que será un bello día, pues después de casi una semana podré verla de nuevo, espero pasar mucho tiempo con ella. Ya falta poco… pronto… ya no la veré más.

De los cristalinos ojos de Kagami empezaron a brotar lagrimas, aun así ella no dejaba de implorar el inigualable panorama. Progresivamente empezó a llorar, ella no quería alejarse de su amada ni de su familia y menos ahora que su relación con Konata estaba comenzando. Quería quedarse ahí siempre.

La mañana siguiente se levantó ligeramente mas temprano de lo habitual, se arregló lo mejor que pudo, y fue a despertar a su hermana, quien por su lado se lo tomó con demasiada calma. Marcando el reloj apenas las 10 a.m., Kagami ya estaba lista para partir, mientras que su gemela, apenas y comenzaba a vestirse, lo que causó que se empezara a desesperar.

4 horas después, apenas estaban saliendo de su casa, era evidente que Kagami estaba muy molesta pues quería llegar a casa de Miyuki desde temprano para pasar mas tiempo con su amada, aunque después de pensarlo bien seguramente Konata hizo exactamente lo mismo que Tsukasa. Por lo que esperaba encontrarse con ella desde la estación del metro.

Cuando llegaron a la estación, Kagami hecho una mirada por todos lados buscando a su amada, con la ilusión de encontrarse con ella, pero esta vez la suerte no le hizo compañía y no la halló por ningún lado.

El metro se hizo esperar bastante tiempo, casi por más de 10 minutos, durante los cuales nuestra protagonista no paraba de buscar a su amada por todas direcciones, sin tener resultados positivos en ninguno de sus intentos.

Después de tanta espera, el tren por fin hizo su tan ansiada aparición, a pesar de la hora no había demasiada gente en la estación y los vagones venían prácticamente vacíos. Las dos hermanas gemelas subieron al vagón y se sentaron juntas, Kagami se sentía un poco decepcionada por no haber encontrado ahí a su amada, pero no se dejo afectar demasiado por ello, pues sabía que finalmente la vería en casa de su amiga Miyuki.

Su transporte las llevo a su destino rápidamente, inclusive su viaje duró menos que la espera que se vieron forzadas a hacer para que el metro pasará. Ambas caminaron fuera de la estación y se dirigieron sin más preámbulos a casa de su amiga, la cual estaba a un par cuadras de distancia.

Una vez que llagaron a su destino, tocaron el timbre unas cuantas veces hasta que al fin fue Miyuki a recibirlas. Las llevo adentro y evidentemente, una vez ya adentro, Kagami volteó incesantemente hacia todo lugar buscando a su enamorada, nuevamente sin éxito en su búsqueda.

— ¿Y Konata? — preguntó un tanto avergonzada Kagami. — ¿aun no ha llegado?

— Tuve un problema al comunicarme con ella, pues no entraba mi llamada, lo siento, debí haberte dicho.

Kagami se entristeció bastante, pues esa era la razón principal por la cual había asistido, aun a pesar de que la invitación fue hecha por la misma Miyuki. Este hecho hizo sentir mal a Kagami, puesto que su amiga fue quien la invitó para pasar tiempo con ella, y nuestra protagonista solo pensaba en su novia. Así que dejó de mortificarse y decidió disfrutar el día aun con la ausencia de su amada.

— No te preocupes, yo te dije que sería una mala idea si la invitábamos, por lo que creo que disfrutaremos mucho el día aunque ella no haya venido.

Miyuki asintió esto último. Las tres se la pasaron el día platicando sobre sus últimos días en la escuela mientras tomaban té, pues hay que tomar en cuenta que la familia de Miyuki era adinerada, por lo que tenían ciertas costumbres un tanto refinadas. A la plática se le aunaron gran variedad de temas, como televisión, lo que harían de sus vidas, etc.

Las horas se fueron pasando una tras otra, la conversación era muy interesante y fluida, ninguna parecía tener la más mínima intención de cesar. Inclusive se podría decir que Kagami se olvidó de lleno de Konata. Ella estaba disfrutando mucho el día, aun con esta ausencia tan importante. Remotamente pensaba que era posible que esta fuese la última vez que podría platicar o siquiera convivir con su gran amiga Miyuki, quien por su parte, consideraba a Kagami como su mejor amiga, pues es ella con quien mejor se puede comunicar sin tanta pena.

Se estaba empezando a hacer tarde y la tan apasionada charla que tenían las tres tuvo que llegar a su fin. Ninguna de ellas quería que esto pasara, por lo que Miyuki sugirió que se quedaran a dormir en su casa. Las hermanas aceptaron sin dudarlo, así que llamaron a su casa y avisaron de la situación. Sus padres asintieron a la proposición.

Decididas a no parar con su conversación, siguieron hasta altas horas de la noche, su plática no parecía que fuese a acabar, sin embargo el sueño se fue apoderando de ellas una por una, por lo que no aguantaron más allá de las 2 de la madrugada.

Al siguiente día, todas se levantaron pasadas las 10 de la mañana, a excepción de Tsukasa, quien permaneció dormida otras dos horas más. Durante esas dos horas Miyuki y Kagami platicaron sobre lo de sus universidades, un tema en el que evidentemente Tsukasa no podría dar mucho de que hablar.

— Entonces te vas a ir lejos a estudiar ¿no es así Kagami?

— Si, no se si volveré a ver a mi familia por bastante tiempo.

— Y ¿Por qué no vienes durante las vacaciones?

— El problema es que mi universidad es una clase de internado en donde no puedo salir de vacaciones, y por la distancia mis papas y mi hermana no podrán visitarme muy seguido.

— Y… ¿Konata?

— ¿Konata? — respondió sorprendida por la pregunta que su amiga le acababa de hacer.

— Si, ¿ya no podrás verla?

— Pues… — replicó un poco deprimida por lo que su amiga le acababa de decir. — seguramente no.

Miyuki se dio cuenta que no debió haber sacado a Konata en el tema por lo que inmediatamente se disculpó.

— Perdón Kagami, no debí de haber preguntado algo así, lo siento.

— No te preocupes, no es tu culpa que esto pase, finalmente es la cruda realidad que debo de aceptar, una vez que me vaya a la universidad ya no podré ver a Konata de nuevo, o al menos no por un largo tiempo.

Ambas permanecieron en silencio, Kagami desvió la mirada al suelo evidenciando su tristeza, cosa que a Miyuki la hizo sentir mal pues fue la responsable de la reacción de su mejor amiga.

Kagami se percató de lo que pensaba Miyuki, por lo que trato de levantarle el ánimo liberándola de la responsabilidad de lo que acababa de ocurrir.

— Ya te dije que no te preocupes Miyuki, tal vez cuando acabe la universidad me vuelva a encontrar con Konata, además no es como si ella y yo tuviéramos una relación muy especial, simplemente somos nov…

Kagami frenó sus palabras inmediatamente pero se dio cuenta que ya era demasiado tarde al ver la cara de sorpresa que puso su compañera, la cual se llevó los puños cerrados al rostro, cubriendo toda su cara sonrojada a excepción de sus ojos, que estaban muy abiertos en señal de desconcierto.

— ¿Nov… Nov… Novias? — pregunto Miyuki quien permanecía impactada.

— ¡No!, jeje eso… eso no era lo que iba a decir, este… yo quería decir… que… somos… nov… nov… novatas con el tema de la universidad jeje si, no tenemos ni idea de cómo será, por lo que estamos muy nerviosas de entrar jeje.

Miyuki comprendió la reacción de Kagami por lo que no insistió con el tema y fingió creer su argumento.

Nuevamente el silencio se apoderó de la escena, pero solo por un corto plazo de tiempo, pues unos cuantos instantes después de las últimas palabras que dijo Kagami, Tsukasa se despertó. Desde cierto punto de vista significó un alivio para ambas, pues la conversación se torno tensa desde que Konata formo parte del tema.

— Buenos días — dijo Tsukasa mientras aun se tallaba los ojos.

— Buenos días — respondieron sincronizadamente Kagami y Miyuki.

Mientras Tsukasa se arreglaba para "desayunar", para lo que pidió ayuda a ambas para peinarse, aun a pesar de tener el cabello muy corto. No es de extrañar, puesto a que todos conocemos la torpeza de esta entrañable personaje.

Una vez lista, almorzaron, hablaron por un rato más un poco mas tranquilas gracias a la presencia de Tsukasa y finalmente se despidieron con un fuertísimo abrazo, pues esta sería probablemente la última vez que Kagami la viera antes de partir a la universidad. Como era de esperarse, las lágrimas no se hicieron esperar y, tanto una como la otra, rompieron en llanto mientras se abrazaban en la puerta.

Después de tan dramática despida, al fin las hermanas gemelas partieron hacia su hogar. Miyuki no dejaba de observarlas marchándose y con su brazo levantado en todo lo alto se despedía de ellas, al igual que su mejor amiga, quien hacia exactamente lo mismo con Miyuki mientras gritaba sin fin de palabras de despedida.

A pesar de que en las calles aun abundaban charcos que abarcaban todo el camino y parte de la banqueta, el sol se asomaba con todo su esplendor, dejando los días lluviosos que anteriormente se apoderaron de la ciudad en el completo olvido. Se podía pronosticar que esos estancamientos de agua desaparecerían por efectos del sol para el día siguiente o incluso para esa misma tarde.

Llegaron a su casa poco más de las 4 de la tarde. Cuando entraron, encontraron una nota de parte de sus padres. Al parecer ellos habían ido a comer fuera junto con sus hermanas mayores después de esperarlas un buen rato.

— Vez Tsukasa, si te hubieras levantado mas temprano los habríamos alcanzado.

— Lo siento — replicó un poco triste.

Justo en ese momento el teléfono de la casa comenzó a sonar.

— Bueno — Respondió Tsukasa — aja… si… si, aquí esta…

Kagami escuchaba la conversación únicamente de la parte de su hermana, intrigada de averiguar con quien hablaba. Murmurando y con señas le pregunto de quien se trataba, pero ella continuaba respondiendo al ser del otro lado de la línea.

— Si… te la paso… — cubrió el micrófono del teléfono con su mano derecha — Es para ti Kagami.

— ¿Y de quien se trata? — preguntó ansiosa de conocer quien era.

— Toma y lo sabrás.

Kagami tomó el teléfono un tanto desidiosa, pues es evidente quien creía que era, así que con un tono tímido contestó.

— ¿Bueno?

— Buenas tardes, ¿es usted la señora Konata?

— ¡Que clase de broma es esa Konata! — respondió Kagami con tono molesto y totalmente sonrojada.

— Jejeje perdón Kagamin, ¿en serio no te gustaría casarte conmigo?

Kagami se quedo muda por completo, totalmente impactada por lo que acababa de oír se sonrojó aun más.

— …

— Es una broma Kagamin — dijo Konata tratando de normalizar la conversación al ver que su amada se quedo en silencio por un tiempo considerable. Pero, a pesar de esto, Kagami aun seguía sin palabras.

— Bueno, te llamé para preguntarte si… nos podíamos ver hoy, ya que la lluvia al fin paró.

— Emmm… si, claro.

— Que bien jeje y… ¿te parece si nos vemos en el centro comercial en media hora?

— Está bien, ahí te veo.

— Ok, nos vemos Kagamin.

— Bien.

Al colgar Kagami seguía muy impactada por lo que había dicho su amada. Sin embargo ella en verdad deseaba verla, por lo que sintió culpa por haber hablado de manera entrecortada con ella por teléfono.

Durante su camino se sentía rara, se sentía preocupada, tal vez es porque dejé sola a Tsukasa, si eso debe ser pensaba, aunque en su corazón sabía que ese sentimiento era por Konata.

Al llegar a la plaza, se sentó en una banca esperando a su novia que no asomaba sus narices por ningún lado. Pasaron los minutos uno tras otro y ni rastros de Konata. 10 minutos, 20 minutos y aun nada. La preocupación de Kagami aumentó progresivamente conforme el tiempo transcurría. Ya habían pasado 25 minutos y Konata ni sus luces, por lo que, un tanto desidiosa, optó por retirarse de regreso a su casa. Se levantó y miró hacia todas direcciones, esperanzada de encontrarla antes de marcharse, sin embargo no tuvo éxito.

Caminó en dirección a la puerta de la plaza, miraba los aparadores de las tiendas mientras pensaba en Konata. Durante su recorrido escucho un grito a lo lejos que la llamaba. Era Konata, quien llegó jadeando, probablemente corrió hasta el punto de encuentro porque se la había hecho tarde como de costumbre, o al menos eso pasó por la mente de Kagami al verla.

— Lo siento Kagamin — dijo Konata aun jadeando — es que el metro no pasaba.

— No te preocupes Konata — contestó con una sonrisa amigable un tanto forzada.

— Bueno, y… ¿Cómo has estado Kagamin? — expresó casi cantando.

— Pues… bien jeje ¿y tu?

— Jeje igual, igual, y… ¿no me extrañaste? — preguntó al tomar la mano derecha de Kagami e inclinar un poco su cabeza para darle ternura a su amada.

— Pues… emmm… s… si — respondió sonrojada.

Las dos fueron a la cafetería de costumbre y se sentaron en la misma mesa que en su primera cita, a pesar de que su "re-encuentro" después de las incesantes lluvias fue un poco atrabancado, conforme iban hablando se iban desenvolviendo nuevamente. Un poco mas tarde pudieron disfrutar nuevamente de la puesta de sol desde el balcón.

— Esta vez es más hermoso que la vez pasada — expreso cautivada Kagami al apreciar el atardecer.

— Si, mucho más hermosa — respondió Konata, quien, como en su cita anterior, seguía enfocada en su amada, observando su cabello, que estaba un poco desarreglado por la forma tan repentina en que se armó la cita, sin embargo, los rebeldes cabellos que no se aplacaron a la cabeza de Kagami la hacían lucir preciosa.

Kagami volteó a ver a su amada y se percato de que la observaba y de que aquella última frase que expresó su novia era dirigida hacia ella, lo que generó que se sonrojase por completo.

— Konata…

— ¿Si Kagamin?

Kagami agachó la mirada y sostuvo con fuerza con sus manos la mini falda de mezclilla que traía puesta, tratando de envalentarse a decirle algo parecido a lo que su enamorada le acababa de dar a saber.

—Tu… tu… también te vez más hermosa… Konata.

Konata igual se puso roja de su rostro, nunca había escuchado tales palabras salir de los irresistibles labios de su novia, tan así fue que se sostuvo y no permitió que las lágrimas comenzaran a brotar de sus ojos.

— Aww… la Kagamin linda es más hermosa que la tsundere.

— Tú tienes la culpa de que sea tsundere, por comentarios como ese — replicó mientras se cruzo de brazos y piernas y puso una cara un poco más seria.

— Jeje lo siento Kagami, pero es que me encanta ver las expresiones que haces cuando te digo cosas así.

Kagami desvió la mirada completamente roja. Konata se acercó más a ella y con su mano tomó el rostro de su amada por la barbilla, dirigió su vista hacia la propia y mientras sonreía le dijo.

— Tu mirada es preciosa Kagamin, al igual que todo tu rostro, por eso me gusta ver todas las posibles formas que este puede tomar.

Kagami se quedó totalmente sin palabras, sus ojos se humedecieron al escuchar las palabras más maravillosas que jamás creyó poder escuchar de parte de Konata.

Konata se empezó a acercar lentamente al rostro de Kagami. Pero esta giró levemente su cabeza de manera que su cara no fuese el blanco de los labios de su enamorada.

— ¿Qué pasa Kagamin?

— Nada, es solo que…

Konata sonrió y le dijo.

— Recuerda que la última vez que estuvimos aquí dijimos que ya no nos importaría lo que pensaran los demás sobre lo nuestro, y que ya no nos avergonzaríamos de este amor que sentimos.

— No es por eso, es que… yo…

Kagami alzó la cabeza para hablar de frente con su amada, pero inmediatamente ésta la besó. Kagami quedó sorprendida de momento, pero rápidamente asimiló la situación y disfrutó del momento. Poco a poco cerró los ojos al igual que su amada mientras se besaban. Las manos de ambas se buscaban mutuamente, tanteando al azar sus piernas hasta que finalmente dieron la una con la otra.

Cuando se separaron, se miraron con una tierna sonrisa, aunque Kagami estaba más sonrojada que su amada. Sin embargo, sus miradas no se apartaron de su igual y nuevamente sus labios se aproximaron mutuamente, solo que esta vez de manera completamente voluntaria por parte de las dos.

Se sujetaron muy fuerte de sus manos mientras se besaban, solo que esta vez el beso fue el más apasionado que se habían dado. Quien fuese testigo de aquella demostración de amor probamente se habría sentido incomodo debido a lo intenso que fue. Afortunadamente para ellas nadie las observo demostrándose su efusivo amor, de lo contrario hubiesen podido tener problemas con los que atendían la cafetería.

Una vez que terminaron aquel esplendoroso beso, siguieron platicando sobre cosas más comunes, entre ellas el porque Konata no recibió ninguna de las llamadas telefónicas por parte de su enamorada y de Miyuki. Ella le respondió que se debió a que no había pagado el servicio telefónico antes de que iniciaran las lluvias, y una vez que estas aparecieron, ya no tuvo oportunidad de realizar su pago. Durante su plática no soltaron sus manos más que para comer los postres que Kagami pidió, con los cuales Konata le daba de comer en la boca y viceversa.

El sol por fin se oculto por completo, dejándole el turno nocturno a la luna, que esta vez no se encontraba en el centro del firmamento, sino apenas arriba del horizonte opuesto al que sirvió de escapo de su labor al sol. Sin embargo, seguía teñida de un dorado color esplendoroso que iluminaba tenuemente las encharcadas calles de la metrópolis.

Una vez más, la noche pescó infragantes a nuestras protagonistas, que al percatarse de tal suceso emprendieron marcha a sus casas. En lo que emprendían su camino se tomaban felices de las manos y hablaban.

Por fin llegaron al metro, el cual llego casi instantáneamente. Al igual que su arribo a la estación, el tren las llevo rápidamente a su destino.

Al bajar de su transporte sabían que había llegado el momento más triste del día: el despedirse. Las dos se miraron sin borrar su expresión de felicidad de sus rostros, fue un día inolvidable para ellas. Se tomaron de las manos y con un beso discreto y breve en los labios se dijeron adiós. Pero, Konata no dejaba ir tan fácilmente a su novia.

— Jeje ya suéltame Konata, me tengo que ir, Tsukasa me está esperando — dijo Kagami ante la insistencia de Konata.

— Jeje espera, tengo que decirte algo.

— ¿Qué cosa? — pregunto Kagami de manera dulce y atenta.

— Lo que pasa es que… estaré sola hoy en casa y…

Kagami se sorprendió un poco, pues creía saber a lo que su amada iba a llegar.

— No me quiero quedar sola en casa — continuo Konata con una mirada un tanto triste y honesta.

— Mmm… pero yo no puedo ir contigo, Tsukasa también está sola en casa, además… está mal ir a dormir a tu casa si no hay nadie en ella — respondió Kagami sonrojada y nerviosa.

— ¡Anda!, es probable que tus papás ya llegaron a tu casa, si quieres llámala por teléfono para confirmarlo, y además, no es la primera vez que duermes en mi casa Kagamin, no haremos ninguna cosa pervertida, es solo que no quiero estar sola.

— Está bien — respondió Kagami después de suspirar — deja llamar a Tsukasa.

Kagami tomó su celular y le marcó al de Tsukasa al mismo tiempo que Konata pegaba su oído al teléfono para enterarse de la conversación.

— ¿Bueno?, ¿Tsukasa?

— Hola hermana, ¿donde estás? — contestó Tsukasa.

— En la estación del metro, ¿ya llegaron todos?

— ¿Quiénes todos?

— Pues nuestros papas y mis hermanas.

— ¡Ah, ya!, si, tiene poco rato que llegaron.

Konata sonrió al escuchar lo que Tsukasa acababa de afirmar.

— Menos mal. Oye, diles que no llegaré hoy a casa, me iré a casa de Konata a dormir.

— Espera.

Tsukasa se fue sin colgar el teléfono a informar de tal hecho a sus papás.

— Te dije que no habría problema Kagamin — dijo Konata con una mirada un tanto burlona.

— Aun falta que me den permiso mis papás, no hay que cantar victoria aún.

— Tu siempre tan pesimista Kagami — contestó desanimada Konata.

— ¿Hermana? — se escuchó desde la bocina del teléfono.

— ¿Si Tsukasa?

— Dijeron que no hay problema, pero preguntaron que por que no me llevaste contigo.

— Jeje pues… diles que no quisiste venir o algo por el estilo.

— Está bien

— Bueno, adiós Tsukasa, nos vemos mañana, descansa.

— Igualmente.

Finalmente Kagami colgó el teléfono. Al voltear para dar la noticia a Konata esta sonreía victoriosa.

— Escuchaste todo, ¿cierto?

— Jeje lo importante ahora es que si podrás venir conmigo.

Konata tomó a su amada de la mano y se aventuraron en dirección a casa de los Izumi.

En el camino Kagami parecía un poco nerviosa por lo que pudiese suceder, pues su pervertido conciente no dejaba de presentarle diferentes desenlaces de esa noche. Conforme avanzaban en su trayecto todos esos pensamientos la orillaron a arrepentirse de haber aceptado. Sin embargo, al ver la hermosa sonrisa de Konata, quien estaba muy animada y ansiosa por pasar la noche con su novia, despejó su mente de aquella culpa y la llenó de tranquilidad.

Cuando llegaron a casa de Konata, Kagami se dio cuenta que en efecto no había nadie, al parecer su papá estaba "trabajando" y su prima se marcho con su otra prima. Solo estaban ella y su amada.