Pintura.

Eriol entró a su habitación, todavía riendo por la broma. En una esquina habia un cuadro tapado sobre un cabestrillo. Lo descubrió con cuidado y se sentó a observarlo.

Tomoeda.

La clase de 6º de arte había salido a hacer una pintura al aire libre. Todos los alumnos estaban esparcidos por los terrenos de la escuela, buscando cada uno su propio tema. Sakura había elegido la escultura en la entrada y Tomoyo estaba a su lado pintando un parterre de flores y charlando mientras trabajaban a la sombra de un árbol. Syaoran había quedado alejado, habiendo elegido algo del patio posterior. Eriol estaba un poco alejado de él, sentado en un banco. Cada tanto miraba hacia la esquina de su pintura.

Tomoyo pasó caminando con un pote en la mano y se detuvo al pasar cerca de Syaoran para hablar con él. En un momento se sintió observada y se dió vuelta para ver a Eriol sentado mirándola. Le dió una sonrisa como saludo y él respondió igualmente. Tomoyo se acercó hacia él. Eriol dejó el pincel y colocó la mano sobre el borde del marco y aguardó a que se acercara para hablar.

-¿Vas hacia las canillas? -le preguntó.

-Así es. Necesito recargar el pote para el agua de las témperas. -Le mostró el bote que llevaba en la mano. -Tú eres muy bueno pintando, ¿qué escogiste para esta pintura?

-¿Quieres ver? -Le corre el marco para que pueda verlo. Tomoyo se coloca al lado de él para poder ver mejor. La torre del reloj parecía que iba a mover las manecillas de lo minuciosamente pintada que estaba.

-¡Eres en verdad muy bueno con la pintura! -Exclama.

-Muchas gracias, pero no es para tanto. Cuando el sujeto es interesante me gusta ponerle todo mi empeño.

-¿En verdad? Cuando termine te enseñaré el mío, aunque no será ni la mitad de bueno que el tuyo.

-Me encantaría eso. -Le sonríe. Mira hacia donde está Syaoran. -Creo que no le agrado mucho.

-Es que a Li-kun no le agrada que se interpongan entre él y Sakura-chan. -Tomoyo sonríe alegremente.

-¿Tu crees que me interpongo entre ellos? -Pregunta intrigado.

-No. Pienso que el interés que tienes por Sakura-chan es más bien paternal. Como un padre que la cuida desde las sombras. -Tomoyo dice mirándolo tranquilamente. Eriol queda muy sorprendido. -Tienes una hoja sobre tu uniforme. -Le señala la hoja de árbol caída.

-Ah, sí. La recogí de un árbol y la usaba como apuntador. -Vuelve a colocarla en la esquina del marco de la pintura.

-Bueno, debo irme. Nos vemos luego.

-Hasta luego.

Eriol espera a que Tomoyo pase de vuelta hacia su sitio y luego mira a la esquina del marco nuevamente. Cuando está seguro, comienza a pintar de nuevo. Qué bueno que no se le hubiera ocurrido preguntar de qué árbol era la hoja. Sobre el lienzo se ve una nítida imágen de un árbol rodeado de pasto verde con un cielo azul claro. Y debajo del árbol, dos chicas charlando alegremente mientras trabajan en sendas pinturas. La misma imágen que se ve reflejada en la hoja verde colocada sobre la esquina del marco a la que cada tanto mira para copiar.

Eriol sonríe mientras mira el cuadro. En aquella época no se hubiera imaginado que llegara a pasar esto. Era algo que ni siquiera él hubiera podido predecir. Ya hacía un mes de que se atreviera a besarla en el parque de diversiones. Y ahora, en unos días más, la tendría allí. Ya estaba ansioso por que llegara el momento. Pero aguardaría pacientemente, al igual que ella lo hacía. Eso era lo que hacía más dulce la espera.