Disclaimer: Descontando a Hyperion, y a algunos cuantos más, Harry Potter no me pertenece, y no gano absolutamente nada escribiendo esto.

¡Hola! Muchas gracias a dragon de mala fe, Christine C, karura999 y LaDamaAural por sus review. Realmente me hacen feliz. Es toda una emoción para mí conectarme por las tardes y ver que tengo un review nuevo. Es el alimento de todo escritor de fanfics.


Cuatro: El niño Serpiente y el niño León.

St. Thomas Hospital era un lugar amplio, de paredes blancas y de un amarillo claro, con doctores corriendo en batas por doquier, completamente preocupados por sus pacientes. Harry se sentía ciertamente incómodo allí, pero esperó en las puertas que prontamente le llamarían.

Y cuando el doctor —un hombre alto y de cuerpo torneado, con ondas color miel enmarcándole un rostro de ojos grandes y castaños— llamó a "Evans, James" Harry avanzó, asintiendo.

El doctor Cahllawer, como decía su insignia, le hizo tomar asiento en una camilla. Harry esperó.

—Señor Evans, mi compañero, el doctor Braus, me dijo que usted necesitaba una revisión médica completa. ¿Podría decirme para qué?

—En mi nuevo trabajo me piden una revisión médica —mintió con habilidad Harry. El doctor asintió, anotando en un papel unas cosas y buscando entre carpetas de papel la que debería tener el nombre de James Evans.

—Tengo entendido que ya le han hecho los análisis de sangre —dijo, para ocultar que no los encontrara—. ¿Fue en éste hospital?

—Sí, bajo el nombre del doctor Braus.

—Pero —Cahllawer le miró alzando levemente una ceja— el doctor Braus es un psicólogo.

—Quería facilitarme las cosas —siguió mintiendo Harry. Cahllawer suspiró.

—Espere aquí —dijo, y salió por una puerta trasera que llevaba a un pasillo interno, probablemente a buscar personalmente los resultados de las pruebas. No había sido mucho, sólo un poco de sangre, y un examen médico nunca vendría mal.

Harry esperó. Sobre el escritorio del consultorio de Hyperion Cahllawer se encontraba una foto con Scorpius. Pudo reconocer al niño, tal vez un año antes, sobre los hombros del doctor, ambos vestidos con ropas muggles. Sonreían ampliamente a la cámara, un hombre atractivo, un niño de dos años demasiado hermoso.

Hyperion entró casi cinco minutos después trayendo con él la carpeta.

—Se encuentra bien de salud —dijo, examinando las hojas—. No tiene problemas con los globulos, ni con la hemoglobina... no tiene colesterol... Venga aquí. Quítese las cosas de los bolsillos.

Harry se levantó de la camilla luego de hacer lo que y siguió a Hyperion Cahllawer hasta la balanza medidora. Se paró en ella, dejó que el doctor lo pesara y midiera.

—Un metro setenta y nueve... —anotó Cahllawer—. Setenta y dos kilogramos. Tiene un peso normal para sus... ¿cuantos años tiene? Aquí no lo dice.

—Veinticuatro —dijo Harry, asintiendo. Cahllawer apenas si sonrió.

—Sí, tiene un peso normal. ¿Qué trabajo aspira a tomar?

—Profesor —volvió a mentir Harry. Cahllawer comenzó a anotar en una hoja mientras leía en voz alta.

—"El señor James Evans dispone de una salud lo suficientemente buena como para ejercer cargo de profesor en... " —y le miró, con la curisidad en los ojos—. ¿Qué colegio, instituto...?

—Oh —Harry disponía revelar sus cartas—. Hogwarts.

Hyperion parpadeó, como si no lo creyera. Una sonrisa media en su rostro brilló, y un segundo después los papeles estaban en el suelo y Harry se encontraba contra la pared, con una varita en el cuello.

—Muéstrame tu brazo —siseó, y Harry lo hizo. El brazo izquierdo, moreno, se encontraba limpio. Probó ver el derecho también y tampoco había nada allí.

Revelium —dijo Hyperion, apuntando a ambos brazos, y nada brilló allí. Ninguna Marca Tenebrosa, nada por el estilo. Cahllawer suspiró.

—¿Quién eres? —preguntó, receloso. Harry se volvió a dejar las mangas en las muñecas y se alisó la camisa.

—Harry Potter.

Hyperion soltó una carcajada.

—Es en verdad, ¿quién eres?

Harry se apartó el cabello de la frente, mostrando la cicatriz.

—Harry Potter.

Hyperion se apartó de Harry como si él quemara.

—Debes irte —le dijo, con rapidez y violencia—. Vete. Ahora.

—No puedo —Harry negó—. Tengo que hablar contigo.

Hyperion, aún con la varita en mano, lo apartó de la puerta.

—Toma asiento y habla. Rápido.

El doctor Cahllawer se sentó en el borde del escritorio luego de cerrar tanto la puerta que llevaba al pasillo interno como la puerta principal. Seguía teniendo la varita en mano, como si esperase que Harry se transformara en cualquier momento en un Mortífago o incluso en un dementor.

—Quisiera saber la verdad sobre Draco Malfoy —murmuró Harry, consiguiendo ligera sorpresa en la expresión de Hyperion—. Hablamos y él... él me dijo unas cuantas cosas que no sé si sean ciertas.

Hyperion bufó, con un humor que parecía ser cualquier cosa menos agradable.

—Yo no doy información sobre él. Vete.

Extendió la mano y el seguro de la puerta se abrió. Harry alzó ambas cejas, sorprendido. ¿Había hecho magia sin varita? ¿Qué clase de mago poderoso era?

—Espera —pidió Harry, saltando de la camilla y volviendo a poner el seguro—. Ese niño, el que está contigo en la foto. Se llama Scorpius. Es el hijo de Draco —Hyperion no asintió ni negó, pero pareció prestar más atención—. Draco también me dijo que él era hijo tuyo.

Hyperion soltó un bufido fastidiado y unas palabras que podrían sonar como "malditos brujos" antes de asentir con la cabeza.

—Sólo Draco y Astoria lo saben. Es imposible que te hayas enterado si no eres cercano a ellos. ¿Qué dudas tienes? ¿Si eso es verdad? —enjarró los brazos, mirándolo con los ojos castaños entrecerrados, como si estuviera enfadado con él—. ¿Cómo puedes tener dudas? ¿Te documentaste al respecto, Potter? ¿Averiguaste? ¿Preguntaste? Es posible, joder —tomó aire, como si estuviera buscando la tranquilidad que había perdido cuando se había revelado la verdadera identidad del brujo delante de él—. Listo, he respondido. Vete.

Hyperion parecía dispuesto a empujarlo hasta fuera del hospital si fuera necesario. Harry suspiró.

—Mira, yo tampoco quería venir aquí, ¿vale? —le dijo, con sinceridad—. Pero necesitaba saberlo. Draco me propuso hacer una alianza, y...

—Oh, por Merlín —jadeó Hyperion, frotándose los ojos—. ¿Estás de broma? ¿Draco Malfoy está dispuesto a tener un hijo de Harry Potter?

Harry apretó los labios. La alianza que le había sugerido Draco era realmente tentadora, y aún más porque ahora sabía que era cierta. No le había creído al inicio, pero con el paso de los días había conseguido creer... o tener esperanza.

—Algo así —suspiró Harry—. Yo simplemente quería saber si era posible.

—Lo es —asintió Hyperion, con expresión de estar traicionando un secreto—. Ahora, ¿te irás?

—Ya me voy, ya me voy —Harry volvió a quitar el seguro de la puerta y estaba a punto de salir cuando Hyperion le soltó:

—Espera.

Harry se volteó, curioso.

—Draco podrá ofrecerte tener un hijo tuyo por alguna razón de linaje de sangre, poder, magia... Te dirá muchas mentiras, pero ten en claro algo, Potter —Hyperion tenía el rostro impasible—. Si él no te apreciara como mínimo un poco, no querría tener nada que ver contigo, y menos un hijo. Él te aprecia, puedo jurarlo. Así que has hecho mal en desconfiar de su palabra —frunció los labios con disgusto y habló antes de que Harry pudiera hacerlo—. Tranquilo, no se lo diré. Pero no se te ocurra volver, o te hechizaré de una forma tan dolorosa que la sola idea de tener hijos te causará repulsión.

Harry asintió, con una sonrisilla divertida peleándose por dibujarse en su rostro. Ayudó a Hyperion a levantar el desorden de hojas en el suelo y luego se fue, olvidándose por completo de las cosas que el brujo trabajando de muggle podría decirle sobre su salud.

Ya estaban a diez de enero y Harry no se había atrevido a hablar con Draco del asunto. Sí le había hablado, claro. Le había enviado cartas, pero no se habían visto personalmente ni nada por el estilo.

Apenas se apareció en el jardín de su casa fue directamente a ver a sus lechuzas. Amarthor no estaba, y Aramis picoteaba el cuello de Alerón, quitándole basurillas del plumaje. Harry les acarició con suavidad, dándole algunos chuches para lechuzas y consiguiendo que dejaran de picotearse entre sí.

De la lechucería en el jardín trasero de su casa entró por la puerta trasera, notando que esta estaba abierta. De inmediato sacó la varita y fue avanzando con pasos lentos, cautos, silenciosos. Había pasado Sigilo con realmente un buen trabajo y allí se encontraba, en su propia casa. ¿Quién habría entrado? Tenía hechizos protectores, pero tal vez debería mejorarlos.

Una risotada infantil se oyó por el pasillo y Harry suspiró. Aún sin guardar la varita avanzó, más confiado, y se encontró con Teddy, cuyos cabellos estaban tan rubios como los de Scorpius, sentado frente a él. Al verlos guardó la varita, encontrándose con Draco sentado en su sofá, cuidando de los pequeños.

Bueno, si éste era un mensaje de "lo que podría ser" realmente ayudaba.

—Teddy —dijo, y su ahijado alzó ambos brazos, como un niño realmente pequeño.

—¡Padrino Harry! —chilló el niño, y se lanzó a sus brazos. Scorpius preguntó algo con sus manos a Draco, que asintió, y respondió con otra cosa.

—¿Cómo se dice "Hola"? —preguntó Harry, luego de abrazar a Teddy. Draco le sonrió y le mostró la forma de decir "hola" con las manos.

Harry se arrodilló y se lo dijo, hablando al mismo tiempo. Scorpius tenía una sonrisa tan grande que no le cabía en el rostro.

—Scorpius, Teddy, ¿os quedáis aquí jugando un rato? —pidió Draco apenas Teddy se soltó de su padrino—. Tengo que hablar con Pot... Harry.

La forma, cálida y suave, en que pronunció su nombre le causó un cosquilleo. Sonrió sin darse cuenta mientras los niños asentían. Teddy cambiaba su color de cabello para que Scorpius lo dibujara, y luego volvía a cambiarlo para que Scorpius hiciera otro dibujo. Harry les miró unos instantes más antes de seguir a Draco a la cocina. Allí, Draco puso un hechizo silenciador y extrajo de su túnica unos pergaminos.

—Este es para que puedas volver al trabajo —le extendió que Harry abrió. En el papel amarillento había una prescripción de sanador que le permitía volver al trabajo "luego de una revisión exhaustiva y reposo absoluto". Draco le guiñó el ojo, burlón, y Harry sonrió ampliamente. De cierta forma extrañaba el trabajo—. Y esto es para que vean que no has perdido el tiempo.

Era otro pergamino, más grueso y largo. Harry lo leyó, alzando ambas cejas. Tenía nombres y apellidos. Los encabezaban los Prahna, Godfrey y Meliandre, y le seguían los Carson, los Strauss, los Yunes, y demás apellidos que detallaban nombres, fechas, residencias, lugares de comercio, días en los que salían, días en los que estaban en casa. Harry alzó una ceja.

—¿Y esto? —preguntó. Draco soltó algo así como un bufido fastidiado.

—Pensé que ibas a ser más inteligente, Potter —y ya volvía a ser Potter—. Son nombres de personas que están involucradas con las artes oscuras activamente. Pidieron ayuda a mi familia, tanto política como económicamente, y Madre ha ido haciendo una lista de quiénes son por las dudas de que el Ministerio decida hacer alguna nueva redada a la Mansión. Así que...

Harry sonrió.

—Gracias.

Draco se sobresaltó.

—No hay de qué, Potter.

El moreno volvió sus ojos de nuevo al pergamino, frunciendo ligeramente el ceño. Conocía a algunos, como los Selwyn, o los Yaxley, viejos Mortífagos, pero, ¿los Strauss? ¿Los Yunes? Apenas si reconocía los apellidos de sus compañeros como para reconocer éstos. Los únicos que le sonaban de algo eran los Prahna, unos magos que habían llegado de quién sabe dónde para instalarse en Londres después de la guerra y que habían hecho grandes donaciones al Departamento de Misterios. Tenían una tienda en el Callejón Diagón, de pociones y encuadernaciones. Sin embargo éstos eran los que estaban primeros en la lista, sobre los demás nombres, subrayados dos veces. Godfrey y Meliandre Prahna, en apariencia marido y mujer, parecían ser dignos de investigación en lo que artes oscuras se trataba.

Según Draco, claro. Y no iba a desconfiar de una información dada de buena fé.

—Supongo que estarán metidos en todo este rollo de los caballeros oscuros —comentó de pronto Draco y Harry fue quien se sobresaltó en ese momento, porque se suponía que nadie debía saberlo, era parte de la investigación secreta de los Aurores.

—¿Qué sabes tú de eso? —preguntó Harry, mirándolo de reojo. El rubio se encogió de hombros.

—No mucho. Intentaron reclutarme, los Prahna y una mujer muy hermosa... no recuerdo su nombre —chasqueó la lengua, como si aquel fuera un dato importante—. Decían algo de que Los Caballeros de la Oscuridad iban a dar la gloria a este mundo tan podrido. Fue hace mucho, cuando recién acababa de casarme con Astoria. Se invitaron solos a la mansión y llegaron con órdenes falsas de Aurores. Luego nos costó hacerlos irse. Madre tuvo que ponerse violenta, incluso, porque a mí no me hacían caso. Decían que una mujer directamente relacionada con los Black valía más la pena que el hijo de un Malfoy.

Draco frunció ligeramente los labios, como si él tampoco estuviera muy contento con su ascendencia familiar. Harry se lo pensó; consideraban más a un Black que a un Malfoy, siendo ambas familias muy poderosas. No era dinero lo que necesitaban si recurrían a los Black. Tal vez prestigio o...

—¿Potter? —Draco se inclinó sobre él—. ¿Te encuentras bien?

—Lo estoy —Harry asintió—. Suelo perderme en mis pensamientos. Lo siento.

Draco le dirigió una sonrisa burlona. Entonces, pasó a ser nuevamente un semblante serio, y Harry estaba a punto de preguntar cuando él habló.

—¿Lo pensaste?

Harry supo de inmediato a qué se refería. Lanzó una mirada por la ventana donde se encontraban Teddy y Scorpius. Podía oír sus risas desde allí, pero ellos no podían oírlos. Mejor así.

—Lo pensé —dijo, con voz seria. Draco asintió.

—¿Y bien?

—Yo... —cerró los ojos, intentó que su cabeza no estallara ante el repentido zumbido. Había soportado dolores peores—. Lo pensé. Mucho. Intenté averiguar por mis propios medios, pero era difícil encontrar información sin ser evidente y decidí que...

—¿Qué?

—Vaya, Malfoy, no te hacía tan impaciente —se burló repentinamente Harry. Draco le miró con una mirada feroz.

—Habla de una jodida vez, cara rajada.

—Pues yo estaba a punto de decirte que sí, mira, pero cómo me has dicho cara rajada...

Draco pareció meditar el darle un puñetazo o besarlo. Finalmente, sonrió.

—Me alegro que hayas elegido esa opción —musitó Draco, con esa extraña sonrisa cargada de esperanza en el rostro—. Es decir, eres tú el que debe alegrarse, ya que serás tú, es decir...

—Sé a lo que te refieres, Malfoy, no hace falta que te enredes con las palabras —murmuró Harry, consiguiendo otra mirada de reproche de Draco, pero una sonrisa burlona al fin y al cabo.

—Eres tú el que acaba de decidir que quiere ser padre. No debería enredarme yo con las palabras.

Ambos rieron, con una risa extraña y compartida, una risa íntima.

—¿Por qué quieres hacer esto? —preguntó Harry, repentinamente serio, interrumpiendo las risas de Draco frente a él—. Una de las cuantas cosas que no pude resolver por mi cuenta fue ésto: ¿por qué estás haciendo esto, Malfoy? —se atrevió a preguntar, tal vez con toda la valentía que lo había caracterizado, cruzando los dedos mentalmente porque con aquellas cuestiones Malfoy no se echara atrás, porque lo había pensado, y porque se había soñado a sí mismo con una criatura en brazos, una criatura tal vez tan adorable como Scorpius, y sentía casi el anhelo de la paternidad—. ¿Qué es lo que te impulsó a hacerme la propuesta de esta... —dudó, recordando las palabras de Draco— de esta alianza?

Draco apretó los labios unos segundos antes de soltarlo.

—Salvaste mi vida —dijo luego de un silencio que era tenso en los bordes, afilado—. Aquella vez, en la Sala de los Menesteres. Salvaste mi vida. Y quiero pagarte. Me beneficio con esta alianza, Potter. Más de lo que tu crees —y por un segundo pareció volver a ser el Draco Malfoy, el jodido Draco Malfoy que Harry había tenido la desgracia de conocer en el transcurso de su adolescencia. Hablaba con frialdad, con orgullo, con el mentón alto y con los ojos helados.

Harry retrocedió un paso como si le hubieran abofeteado. Pero claro, ¿qué esperaba? ¿Qué quería que Draco Malfoy le dijera? ¿Que quería tener un hijo con él, simplemente por la felicidad de volver a ser padre? No, de seguro que no. Porque Draco Malfoy había nacido serpiente, y moriría siendo una.

—Así que es eso —dijo, casi sin aliento. Draco alzó levemente la comisura de su labio derecho, una sonrisa torcida, arrogante.

—Pues sí. ¿Qué esperabas, Potter? Necesito pagarte de alguna forma —hablaba con frialdad en la voz, pero Harry podía ver algo en sus ojos. Era algo que antes no estaba allí, como un grito silencioso, algo que se reflejaba en la postura demasiado recta, en posición alarmada. Algo que, inesperadamente, le hizo creer que Draco Malfoy le mentía, aunque no sabía con qué—. Una vida salva a otra. Una vida paga a otra. He oído historias peores.

—¿Al menos me encuentras atractivo? —preguntó Harry, casi sin darse cuenta de que las palabras salían de sus labios—. ¿Al menos consideras que tener un hijo conmigo sería, no sé, tal vez, acostarte conmigo? ¿O será al estilo inseminación artificial muggle? ¿Qué es realmente lo que pasa por tu cabeza, Malfoy?

Harry no se dio cuenta de que lo estaba acorralando contra la mesa de la cocina. Sentía el pulso errático en el cuello, las manos le ardían con la necesidad de golpear. No tenía idea de por qué había actuado con semejante violencia, pero un sentimiento flotaba en vilo en su alma. Decepción. Decepción, porque había esperado que Draco sintiera algo por él. Que Draco realmente haya cambiado. Que Draco, joder, que Malfoy, fuera lo que necesitaba en su vida.

Pero seguía siendo un canalla.

—Te has puesto jodidamente sexy —dijo inesperadamente Malfoy, alzando ambas manos. Harry se envaró, pero lo que hizo fue rodearle el cuello con éstas—. Y sí, lo he pensado. Y acostarme contigo no sería ningún desperdicio, tengo que ser sincero.

Le sonrió. La sonrisa no iba para nada con aquellas palabras, ni con el tono de voz que había usado. Era una sonrisa amplia, feliz, chocante. Harry retrocedió lo que había avanzado, apartándose del agarre de Draco como si quemara. ¿Ese hombre estaba loco? ¿Realmente había cambiado? ¿O él se había empecinado en verlo cambiado?

No, había cambiado. ¿Pero en qué exactamente? ¿En el exterior, mientras en el interior seguía siendo aquella vívora?

Harry negó con la cabeza, confundido hasta la médula. ¿Qué había sucedido?

—Vayamos despacio —pidio Harry, tomando una bocanada de aire—. Por Merlín, ¿qué demonios te sucede, Malfoy?

Malfoy abrió los ojos desmesuradamente grandes, con sorpresa.

—¿Por qué lo preguntas? ¿Dije algo malo?

Y volvía a ser el extraño de ojos cargados de sentimientos y expresión casi tierna. Harry tuvo que ocultar el grito de frustración a lo hondo de su garganta.

—De pronto te comportas amable, despreocupado, y segundos después estás comportándote como un idiota —apretó los dientes. Estaba seguro de que estaba molesto, tal vez más que molesto, furioso. Pero no estaba furioso con Malfoy, estaba furioso con él mismo por ser tan crédulo—. ¿Qué demonios te crees que...?

—Pues ya que me has llamado idiota en cara —Malfoy parecía dispuesto a dar guerra. Ese Malfoy que Harry esperaba no volver a ver se presentaba, con los brazos cruzados sobre el pecho y los labios apretados—, te diré que no tienes por qué aceptar, si no quieres, y no buscar excusas estúpidas. Buscaré otra forma de pagar mi deuda. Aunque una deuda de vida sólo se paga con una vida.

Extrajo su varita y la movió, murmurando un finite que anuló el hechizo de silencio. Scorpius estaba allí, haciendo unos cuantos dibujos. Harry observó desde la ventana como Teddy señalaba a Draco y Scorpius pedía ir a brazos de su padre. Luego, como Draco, sin hablar, hacía amplios movimientos con su mano dibujando palabras, formas y demás cosas que él no llegaba a comprender. Luego se despidió de Teddy revolviéndole los cabellos azules para irse por la chimenea, diciéndole un simple "He avisado a tu abuela que hoy te quedarás con tu padrino" que parecía libre de toda emoción.

Teddy se volteó hacia Harry, confundido.

—¿Padrino Harry? —preguntó, entrando a la cocina—. ¿Sucedió algo?

Harry soltó una bocanada de aire que parecía haber estado guardando hondo. Negó con la cabeza, con un zumbido en los oídos que le fastidiaba.

—Nada importante, pequeño. ¿Qué quieres para comer?

Cocinaron juntos pasta casera. Harry manchó a Teddy de harina para que su ahijado tuviera que ir a bañarse y lo dejara solo unos minutos, solo con sus pensamientos.

El comportamiento de Draco... de Malfoy, era incluso extravagante. Parecía haberse puesto una armadura de defensa desde que Harry le preguntó motivos. A su cabeza vinieron las palabras de Hyperion "Si él no te apreciara como mínimo un poco, no querría tener nada que ver contigo, y menos un hijo". ¿Draco lo apreciaba realmente, como había sugerido Hyperion? ¿O solamente era cuestión de pagar su deuda de vida?

Una deuda de vida se paga con una vida. Harry reconocía aquello, lo había oído decir muchas veces después de la guerra, mayormente a miembros de la Órden. No había tenido idea aproximada de qué forma se podría pagar una deuda de vida hasta ese momento.

La sola idea de tener un hijo, de ser padre, se le antojaba maravillosa. Y más desde que había descubierto esa nueva faceta de Draco Malfoy, de haberlo visto como padre, como nueva persona. Pero, ¿aceptaría luego de semejante respuesta?

Harry no quería admitirlo, pero había esperado que le dijera algo loco y arriesgado, algo como "me gustaría tener un hijo contigo porque quiero formar una familia contigo". En ese caso, hubiera sonreído, lo hubiera besado y hubiera aceptado incluso ir hasta el fin del mundo con él.

Pero Malfoy ya tenía una familia. Una familia rota, claro, se había divorciado de su esposa. Pero tenía un hijo que amaba, y no se llevaba mal con su ex-mujer. Eran una familia. ¿Por qué querría otra?

Y Harry, nuevamente se daba cuenta, no tenía nada.

Tenía a Teddy, sí. Pero él vivía con Andrómeda, y no podía cometer la crueldad de arrebatarle de los brazos a Andrómeda a lo único que había quedado de su hija. Teddy era bastante parecido tanto a su madre como a su padre, pero con sus cambios abruptos de humor, su sonrisa y su torpeza era como si Tonks todavía estuviera allí, presente. Teddy era su razón para seguir adelante, su ahijado amado, pero no su hijo.

Y si seguía así, nunca tendría uno.

Harry suspiró. Sólo le quedaba una opción, y era una opción que no se presentaba más de una vez en la vida. Limpiándose las manos, fue en busca de pergamino y tinta para responder y aceptar finalmente la alianza que Draco Malfoy le proponía.

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Scorpius, desde su silla alta infantil, observaba los movimientos de su padre con atención. Sabía, a su corta edad, que su papá pocas veces cocinaba, y cuando lo hacía era por una situación especial, o porque tenía que hacer algo en vez de no hacer nada.

Así que esperó la comida sentado, mirando atentamente los movimientos de su padre, con los ojos claros bien abiertos, esperando. La comida estaba deliciosa y Scorpius se lo expresó.

"Me encanta la comida, papá".

"Pues come" fue la respuesta de su padre, y Scorpius lo hizo, sonriendo. Su padre también comía, y no parecía querer hablar de nada. Scorpius lo comprendía; ciertas veces, su padre estaba así, callado, con la mirada baja y los nudillos demasiado blancos por la fuerza que usaba para sujetar las cosas.

"¿Pasa algo, papá?" preguntó Scorpius al terminar de comer. Su padre lo miró con unos ojos idénticos a los suyos, cargados de pena.

"Nada" respondió evasivamente al levantar la mesa. Scorpius siguió los pasos de su padre a través del departamento hasta la cocina. Se sentó en el suelo observando como su padre se remangaba la camisa y abría el agua. En su brazo izquierdo, sobre la piel blanca, la marca negra tenía un peso demasiado fuerte. Scorpius observó a su padre lavar con los ojos brillantes, esperando. Sabía que, tarde o temprano, su padre le diría qué estaba pasando, y por qué tenía una mirada tan triste.

Su papá terminó de lavar, se secó las manos y le cargó en brazos. Fueron rumbo a su habitación, y Scorpius sonrió. Le gustaba dormir con su papá, aunque a su mamá nunca le había gustado. Ellos tenían habitaciones separadas en la Mansión, y a su mamá nunca le había gustado despertar a su esposo y tener que despertar también a su hijo.

Scorpius sabía que su mamá lo quería. Pero también sabía que nadie lo quería tanto como su papá.

"Te voy a contar un cuento" le dijo su papá cuando estuvieron en la cama "Pero deberás prestar mucha atención, ¿entendido?"

Scorpius asintió con la cabeza, emocionado. Los cuentos de su papá siempre eran reales, siempre habían sucedido. Padrino Hyperion decía que era porque no tenía imaginación, pero a Scorpius le gustaba.

"Sí, papá".

"Hace muchos años" comenzó su papá, con movimientos de manos que lo acompañaban los movimientos de labios "dos chicos fueron enviados a una escuela de magia".

"¿Hogwarts?" preguntó Scorpius. Su papá asintió.

"Sí, Hogwarts. Eran dos chicos muy inocentes en esa época. Uno de los niños quedó en la casa de los leones, el otro niño en la casa de las serpientes".

"Como tú".

"Sí, como yo" Draco se detuvo unos instantes "Uno de esos niños era valiente, fuerte, leal. El otro niño era arrogante, orgulloso, terco. El niño orgulloso quería ser amigo del niño valiente, pero el niño valiente era amigo de dos niños más, dos niños que al niño orgulloso no le agradaban. Los trató mal, además de haber tratado mal al niño valiente, y el niño valiente no quiso ser su amigo".

"Papá, me estoy mareando" protestó Scorpius. Su papá suspiró.

"Bien. Al niño valiente le diremos niño León. Al niño orgulloso niño Serpiente".

"¿Puede haber un niño unicornio?"

Draco rió.

"¿Por qué tiene que haber un niño unicornio?"

"Porque me gustan los unicornios" respondió simplemente Scorpius. Su papá volvió a reír.

"En otra historia, te lo prometo. ¿Continúo?"

"Por favor".

"Fueron pasando los años y el niño Serpiente fue creciendo, y se fue enamorando del niño León. Pero lo seguía tratando mal, muy mal, porque el niño León era todo lo que el niño Serpiente quería, y todo lo que no podía tener".

"¡Pero el niño Serpiente fue muy tonto!" protestó Scorpius. "Si quieres a alguien, debes decírselo".

"El niño Serpiente era tonto y lo es" dejó las manos suspendidas en el aire unos instantes "Pasaron muchas cosas, y el niño Serpiente estuvo en peligro de morir, pero el niño León lo salvó. Y ya no eran unos niños, ya eran adultos. Entonces, el chico Serpiente contrajo una deuda con el chico León" dejó las manos suspendidas nuevamente. Scorpius estaba inclinado hacia su papá, leyendo sus labios, comprendiendo las palabras de sus manos y enlazándolas con los movimientos de boca. Su papá se mantuvo sin decir nada unos segundos, casi un minuto.

"¿Y?" apresuró Scorpius. Su papá le detuvo.

"Déjame pensar cómo contártelo" le expresó, y Scorpius se recostó entre las mullidas almohadas, mirando a su papá pensar "Ya. Muchos años después el chico Serpiente seguía amando al chico León. Créeme, es difícil que eso pase, pero lo seguía queriendo. No era un capricho de niño, ni una de sus decisiones que debía completar por terquedad..."
"¿Qué es terquedad?"

"Cuando eres cabeza dura. Como mamá".

"Mamá no es cabeza dura. Mamá tiene la cabeza muy blandita, y su pelo huele muy bien".

"No me refiero a eso, Scorpius..." Draco lo pensó unos instantes "Quiere decir que se empecinan en conseguir siempre lo que quieren":

"Entonces, el niño Serpiente estaba enamorado de verdad, y no quería al niño León por capricho ni por alguna cosa que quiere conseguir porque sí" meditó Scorpius. Su padre asintió.

"Exactamente. Cuando el chico Serpiente se reencontró con el chico León no creyó que pudiera tener una oportunidad con él. Buscó formas de verlo de nuevo, y el chico León lo sorprendió invitándolo a salir. Salieron juntos, e incluso se besaron varias veces..."

"¡Qué asco!"

"No dirás lo mismo cuando seas mayor, Cory" su papá le sacó la lengua, y Scorpius le sacó la lengua más larga.

"Me gusta que me llames Cory" dijo Scorpius, sonriendo con ternura "Es lindo".

"Como tú" Draco besó la cabeza de Scorpius y siguió contando "Entonces, al chico Serpiente se le ocurrió una forma de mantenerse cerca por el resto de la vida del chico León".

"¿Qué forma?"

"Le propuso tener un hijo con él".

"Pero, papá..." Scorpius frunció el entrecejo "Mamá dijo que sólo las mamás pueden tener hijos con los papás. No podrían ser dos papás".

"Mamá mintió" su papá se veía ciertamente contrariado con la mentira "Lo que es importante es que le ofreció tener un hijo. Y el chico León le preguntó por qué, y el chico Serpiente le mintió".

"¡Qué tonto!" dijo Scorpius, alzando ambas cejas. Su papá asintió.

"Sí, ¿verdad? Todo un tonto".

"¿Y qué pasó? ¿El chico León y el chico Serpiente terminaron juntos?" preguntó Scorpius, casi emocionado. Dracó negó con la cabeza.

"La historia aún se está escribiendo, mi pequeño" le besó la frente, las mejillas, la punta de la nariz "Duerme, pequeño. Probablemente mañana sabremos si el chico León quiere tener un hijo con el chico Serpiente, a pesar de que el tonto chico Serpiente le haya mentido".

Scorpius cerró los ojos y se acomodó en las mantas. Draco le acunó entre sus brazos como si aún fuera un bebé.

Minutos después Scorpius abrió los ojos y se encontró con los ojos de su papá sobre los suyos. Le sonrió.

"Papi, si le mentiste a Harry probablemente él te perdonará y querrá tener un hijo contigo" dijo, consiguiendo que las cejas de su padre se alzaran casi hasta la linea del cabello "No te preocupes. Harry es bueno. Y yo voy a tener un hermanito que voy a querer mucho".

Draco suspiró y negó con la cabeza. Scorpius era demasiado inteligente como para su propio bien.

"Duerme, pequeño" le dijo con los labios "Mañana veremos".

Scorpius se sumió en un sueño tranquilo, dulcificado por las caricias de su padre en su cabello.

Más tarde Draco oyó un repiqueteo en su ventana. Se levantó y fue al lugar, apretando fuertemente su varita entre dedos tensos, para encontrarse con una lechuza parda con una mancha en el ojo izquierdo. La lechuza entró con un gorjeo fastidiado, dejando en la mano libre de Draco un pergamino enrollado que tenía entre las patas. Draco lo abrió. Había sólo una palabra escrita en el centro del pergamino, con letra clara y legible, una letra que Draco reconocía perfectamente.

"Acepto"


Espero que les haya gustado el capítulo. Escribir la última parte fue algo muy lindo para mí, fue una de las partes que me imaginé originalmente hace ya tiempo y tuvo muchas formas diferentes hasta adoptar la que acaban de leer. Así que espero que les guste tanto como a mí escribirlo.

¡Espero sus reviews! Por favor, ¿eh?

Saludos,

Grillow Z.