Esta historia es una adaptación del libro Relaciones Escandalosas de: Sylvia Day del 2014. La adaptación la hago sin ningún afán de lucro, solo porque es de mi agrado imaginarlo con los personajes de Naruto.
-El primer Relato es: La apuesta de Neji y sus protagonistas son Neji Hyuga e Ino Uzumaki :) Ya está terminada esa parte de la historia, pueden checarla en mi perfil se llama Relaciones Escandalosas jeje
-Este es el segundo relato: Placeres robados... SASUSAKU
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ACLARACIONES: Cuando dice Konoha se refiere a las tierras del papá de Sasuke y las cuales él heredara
DEDICATORIAS ESPECIALES A: Strikis y Mitsuki Tsukiomi porque son tan bellas y siempre me dejan un buen comentario las adoro
Capítulo IV:
Sasuke subió a cubierta y tuvo que girar sobre sus talones para encontrar a Sakura. Estaba sentada sobre un barril en la cubierta de proa mirando al mar pensativa. Se acercó haciendo ruido adrede con las botas para anunciar su presencia y no asustarla. Sonrió cuando ella levantó una botella de vino y bebió directamente de ella.
—¿Me invitas a un trago, amor? - Sakura le pasó el vino.
—¿Cómo ha ido la cena con el capitán? —
-No estoy seguro. He estado muy distraído. –
—¿Oh? ¿Con qué, si puede saberse? -
—Contigo. Te he imaginado desnuda en la cama, cenando sin mí-.
—Yo jamás comería desnuda —se rio— Y mucho menos en la cama. No me gusta encontrar migas en las sábanas. —Sus labios esbozaron una sonrisa contenida—. ¿Alguna vez piensas en algo que no sea el sexo? —
-Alguna. Esta misma tarde me he preguntado qué estabas haciendo en el Caribe. -
La sonrisa de Sakura se desvaneció. Era la primera vez que uno de los dos sacaba el tema de su pasado. Habían establecido tácitamente una especie de pacto por el cual vivían sólo en el presente, pero cada vez faltaba menos para que llegasen a Inglaterra. Pronto tendrían que presentarse ante el mundo entero como lord y lady Uchiha, y sin embargo apenas eran algo más que desconocidos íntimos. Sasuke conocía hasta el más pequeño detalle del cuerpo de Sakura, pero tanto el pasado como el futuro de su esposa seguían siendo un misterio para él. Ella suspiró.
—Mi padre tiene allí una plantación.-
—¿Y te gusta más estar allí que en Londres? —
-Me gusta la libertad. - Sasuke frunció el ceño, había algo que no le estaba contando.
—¿Y qué me dices de la temporada? Tú eres un diamante de primera calidad, amor. Tu popularidad está asegurada. -
Se le retorcieron las entrañas al pronunciar la última frase. Los hombres se acercarían a su esposa como las moscas a la miel, su estatus de mujer casada la haría todavía más deseable. Pensar en que habría otros hombres babeando alrededor de Sakura cuando él estuviese en alta mar despertó su instinto asesino. Ella desvió la mirada hacia el mar esquivando la de su esposo.
—Antes me gustaba estar en Londres por la temporada, pero ahora ya no me apetece.- Había algo más. Sasuke lo sabía, pero dudaba si debía presionarla y seguir insistiendo. El tiempo que habían pasado juntos en el barco había sido idílico, y no quería estropearlo. La realidad no tardaría en interponerse entre los dos.
—Y ahora que estás casada, ¿tienes intención de convertir Inglaterra en tu hogar?- Esa pregunta consiguió que Sakura volviese a mirarlo.
—Por supuesto. Ahora tu hogar es mi hogar. -
—Mi hogar es el mar.- Sakura asintió sin dudarlo y Sasuke sintió una punzada en el pecho.
¿Y qué esperaba?, ¿que se pusiera a llorar y a suplicarle que se quedase con ella? ¿Acaso no había capitulado sólo para tener a una mujer con la que saciar su lujuria y que pudiera darle herederos? Haber descubierto que el deseo y el anhelo que sentía por ella iban mucho más allá de lo que había creído en un principio no implicaba que Sakura sintiese lo mismo. Le puso una mano en el hombro y le acarició el cuello con delicadeza.
—Vendré a visitarte a menudo.- Sintió, aunque no oyó, que ella aguantaba el aliento. Se apoyó en él.
—¿Qué significa a menudo para ti? —
-Eso tendría que preguntártelo yo a ti, cariño —contestó, dejando la decisión en sus manos cuando en verdad se moría por estar con ella, igual que un náufrago por beber agua fresca.—Este matrimonio es cosa de los dos-. Ella dudó antes de responderle.
—Si vienes a casa cada seis meses podrás comprobar si estoy embarazada-. Sasuke se quedó inmóvil.
—Embarazada. —Dios santo. Podía imaginárselo perfectamente: Sakura embarazada de un hijo suyo.
—Me estás haciendo daño —susurró Sakura apretando los dedos que Sasuke tenía en su hombro.
—Lo siento. —Aturdido, le devolvió la botella y le frotó las marcas que le había dejado con los dedos—. Me has pillado desprevenido-.
—Me he dado cuenta, pero fuiste tú quien dijo que era mi deber darte herederos-. Deber, no placer. Herederos, no hijos. De repente vio que había una clara distinción entre ellos, y se puso furioso e inquieto. Le cogió la mano a Sakura.
—Me gustaría ir a descansar-. Ella se dio media vuelta para buscar su rostro.
Sasuke pudo sentir que el aire cambiaba alrededor de ellos, igual que su relación. «¿Qué está pasando?» Sasuke aguantó inmóvil el escrutinio. ¿Qué veía Sakura dentro de él con sus enormes ojos jades que lo atravesaban por completo? Sintió un profundo alivio cuando su esposa colocó una mano en la suya y lo siguió hasta su lecho, donde los estaba esperando un placer tan absoluto y embriagador que podía hacerles olvidar todo lo demás.
Sasuke suspiró satisfecho, tumbado en la cama con la mirada perdida en la parte superior del dosel de terciopelo rojo. El aliento de Sakura le quemaba la punta del pene.
—¿Qué estás pensando? —preguntó ella.
Desvió la vista hacia su esposa, arrodillada entre sus piernas. Sakura se había pasado la última hora examinando con suma atención su miembro, resiguiendo cada vena, acariciando cada centímetro de la erección con las manos y con la boca, lamiéndolo como si fuese un gato bebiendo un vaso de leche. Le hizo sentirse increíblemente masculino, como un hombre adorado por su alma gemela. La admiración y la ternura de Sakura eran como un bálsamo para su alma después de haberse pasado toda la vida sintiéndose insignificante. Al menos en lo que se refería al papel de marido de Sakura, estaba a la altura.
—En ti —le contestó—. En esta cama. En nuestro matrimonio-. Sakura cruzó las manos encima del muslo de Sasuke y apoyó el mentón en los nudillos.
—¿Te arrepientes? —le preguntó con voz firme a pesar de la preocupación que apareció en sus ojos. Él levantó una mano y le acarició el pelo.
—No. Acércate. Sakura se apoyó en las palmas de las manos y las rodillas y sus pechos se balancearon cuando avanzó a cuatro patas hacia él. A lo largo de las últimas semanas se había acostumbrado a estar desnuda delante de él y a Sasuke le gustaba la familiaridad que seguía creciendo entre ambos.
Ella ronroneó de placer al tumbarse encima. Sasuke le apartó el pelo de la cara para poder acariciarle el cuello desnudo.
— Sasuke-.
—¿Umm?-
—Háblame de tu familia-. Él suspiró.
—Son una bandada de buitres, cariño. Del primero al último-.
—Alguno habrá que te complazca-.
—Mi hermano Itachi me caía bastante bien-. Sakura frunció el ceño.
—¿Y qué me dices de tu madre?- Sasuke volvió a mirar el dosel.
—Lo único que puedo decirte de ella es que era muy hermosa. Y sólo lo sé porque he visto su retrato-
- No la recuerdo-.
—¿Cómo murió? - Le deslizó las manos por el pelo y le acarició la nuca.
—No sé si está muerta. Se fugó cuando yo era muy pequeño-.
—Oh, Sebastián.—La amargura de él no le pasó por alto y en su voz reflejó la lástima que sentía. Sasuke se rio de sí mismo.
—No sientas compasión por mí, Sakura. No lo permitiré. No la quiero-.
—No siento compasión por ti —le aseguró—. Sé lo que es crecer sin una madre al lado. Aunque no lo parezca, tú y yo somos muy similares. — Levantó las manos hasta acunarle el rostro—. ¿Sabes por qué se fue?-
—Supongo que porque estaba casada con mi padre. Es el hombre más frío y retorcido que tendrás la mala fortuna de conocer-.
—Eso sí que no puedo imaginarlo. — Sakura se quedó en silencio, devolvió las manos al torso de Sasuke y dibujó círculos en su piel—. ¿Cuándo fue la última vez que viste a tu padre? —preguntó al fin. Sasuke no quería pensar en el marqués. Nunca.
—Hace cinco años. —
-¿Te preocupa volver a verlo?- Sasuke se quedó pensándolo un segundo.
—No, me parece que no. Al fin y al cabo vuelvo a casa casado con la mujer que él ha elegido. No le he dado ningún motivo para que esté enfadado conmigo; es decir, ninguno más de lo habitual. A mi padre básicamente le molesta mi existencia-. Sakura respiró profundamente, el movimiento presionó sus pechos contra el torso de Sasuke. —Dime qué estás pensando —le pidió él cuando el silencio se alargó. Ella dudó un segundo antes de responderle, y al final su innata honradez ganó la partida.
—¿Tú me habrías elegido? ¿O habrías preferido...?-
—Sí —la interrumpió adivinando la siguiente pregunta—. Si se me hubiera pasado por la cabeza echarme la soga al cuello, te habría elegido a ti como verdugo, de eso estoy completamente seguro. Y no, lo que está sucediendo entre tú y yo no tiene nada que ver con mi padre. Si lo piensas bien, amor, te darás cuenta de que si quisiera provocarlo con otro acto de rebeldía, me sería mucho más útil dejarte de lado-. Sakura suspiró y le sonrió aliviada.
—¿Cuándo llegaremos a Londres?-
—Dentro de una semana, tal vez-.
—¿Tan pronto? —La sonrisa desapareció. Sasuke frunció el cejo.
—¿Por qué te pones tan triste, cielo?- Sakura movió las caderas para que el miembro de él quedase en la entrada de su cuerpo y se deslizase hacia el interior con facilidad. Entró sin problemas, el pasaje de Sakura todavía estaba húmedo por el semen de Sasuke. Él respiró entre dientes e intentó contener un placer que era casi doloroso y que le inundaba la sangre. —Dios santo —farfulló. Era como si estuviese penetrando terciopelo y cada vez era increíblemente mejor que la anterior.
—¿Tienes intención de abandonarme en cuanto lleguemos?-
Sakura se incorporó y se sentó encima de él. El miembro de Sasuke entró hasta lo más profundo de su cuerpo y los rizos color rosa del sexo de ella se mezclaron con los negros de él. Sasuke sintió el calor de la matriz de Sakura en toda la erección. La combinación entre lo que veía y lo que estaba sintiendo le hizo excitarse todavía más y creció tanto dentro de ella que Sakura gimió.
—¿Qu... qué? — Sasuke no podía pensar. Ella apoyó el peso en las rodillas y después volvió a deslizarse hacia abajo para que la penetrase.
—¿Te irás de Londres de inmediato?- Sasuke le acarició los muslos sedosos, todo él ardiendo.
-No..., no lo sé... —Se quedó sin aliento al notar que ella empezaba a cabalgarlo. Fue como si un rayo cayese en su espalda y lo levantase hacia arriba—. ¿Tú..., tú qué quieres que haga?-
Sakura onduló a su alrededor, encima de él, pegada a él, y le pellizcó los pezones. Maldita fuera, conocía tan bien su cuerpo que sabía atormentarlo con la maestría de la mejor de las cortesanas. Sabía dónde tenía que tocarle, dónde le gustaba que le acariciara, lo tenía comiendo en su mano.
—Quiero que te quedes conmigo durante un breve periodo de tiempo. —Se movió despacio, acariciando la dolorosa erección con su calor y su humedad sedosos. Sasuke apretó los dientes y arqueó la espalda en contra de su voluntad—. Celebrarán bailes y almuerzos en nuestro honor, y tendremos que recibir visitas en casa. No quiero tener que pasar por todo eso sola-. Sakura apretó los músculos internos de su sexo y le pellizcó un pezón. Los testículos de Sasuke se comprimieron, el semen subió por el interior y se calentó. Estaba a punto de correrse y ella justo acababa de empezar.
—Por supuesto, amor —gimió desesperado, dispuesto a concederle todo lo que le pidiera—. No tengo... prisa alguna... por partir. Me quedaré... tanto como... estimes conveniente. Pero haz eso otra vez..., oh, sí..., otra vez...- Sakura sonrió satisfecha y apoyó la palma de la mano en el torso de él para cabalgarlo de verdad.
Levantó y bajó las caderas a un ritmo enloquecedor y gimió de esa manera que sabía que lo volvía loco. La parte del cerebro de Sasuke que todavía funcionaba se dio cuenta de que ella utilizaba su cuerpo para conseguir lo que quería, pero a la otra parte, la que ahora mismo estaba sintiendo tanto placer dentro de su esposa, no le importó lo más mínimo. Sakura amaba su sexo..., amaba tenerlo dentro de ella, besarlo, lamerlo..., y él amaba dárselo. Estaba loco por ella, loco por darle placer, loco por sus caricias. Y cuando el cuerpo de Sakura empezó a estremecerse y a temblar encima de él y ella gritó su nombre, Sasuke descubrió que no le importaba lo más mínimo que lo manipulase. La sujetó por las caderas, la mantuvo inmóvil y levantó las suyas para prolongar el placer que ella estaba sintiendo. Y sólo cuando la cabeza de Sakura se desplomó hacia delante, exhausta, se permitió ceder al orgasmo y eyaculó una y otra vez dentro de ella. El cuerpo de Sasuke sucumbió al placer y se contrajo dolorosamente con un único pensamiento en la mente: ella quería que se quedase a su lado.
—¿Qué diablos estás haciendo? —le preguntó Sakura al entrar en el camarote. La navaja de su esposo cayó dentro de un cuenco con agua caliente encima del tocador desordenado.
Sasuke estaba de pie frente al espejo empañado de vapor, desnudo de cintura para arriba, irremediablemente atractivo. Como siempre que la miraba, el corazón de Sakura dejó de latir durante un segundo. A lo largo de las últimas semanas habían compartido sus distintas rutinas diarias, tal como haría cualquier marido con su esposa. Sasuke la había observado bañarse, comer, y la había ayudado a vestirse y a peinarse. A cambio, ella se había quedado fascinada viéndole realizar sus rituales masculinos. A Sakura le encantaba peinarle la melena y remendarle la ropa. Adoraba ocuparse de él e inundarlo de esas muestras de afecto que había estado tanto tiempo sin sentir. Sasuke las absorbía todas y cada una con tanto agradecimiento que a ella se le encogía el corazón.
—Maldita sea —farfulló él secándose el agua del torso con una toalla —. ¡Me has dado un susto de muerte, mujer!-
—Pues haré algo mucho peor que asustarte si te atreves a llevar a cabo lo que creo que estás planeando-. Sasuke cogió aire muy despacio. Sakura puso los brazos en jarras y con un pie golpeó nerviosa el suelo.
—Me dijiste que lo llevaba demasiado largo —le explicó él sin soltar la coleta que tenía en la mano.
—Y así es. —
-Bien, pues vamos a llegar a puerto dentro de unas horas.-
—Soy consciente de ello. —Y lo odiaba, odiaba pensar en que en cuanto llegasen a Inglaterra perdería la maravillosa intimidad que había conseguido tener con su esposo a lo largo de las semanas que habían estado navegando, los días sin fin que se habían pasado juntos en la cama.
En cuestión de horas, tendría que sonreír y hacer reverencias a la alta sociedad, esa misma panda de buitres que le habían sacado los ojos un año antes. Y tendría que compartir a su querido esposo con ellos, un hombre cuyas heridas todavía estaban infectadas y sin cicatrizar. Sentía arcadas sólo de pensarlo.
—Pues ése es el motivo por el que voy a cortarme el pelo —aclaró.
—No, no vas a hacer tal cosa-. Los ojos negros de Sebastián, cubiertos por unas cejas confusas y arrugadas, se detuvieron en los suyos.
—Aclárate, Sakura, y date prisa-. Ella suspiró y se acercó a é se detuvo hasta que su cuerpo quedó completamente pegado al del pirata y le rodeó la cintura con los brazos.
—Me gusta tu pelo tal como está-. La incredulidad se instaló en el atractivo rostro de Sasuke. —Me gusta pasar los dedos por entre los mechones cuando estás sentado y yo estoy de pie a tu lado. Me gusta verlo esparcido por mi almohada. Me gusta cuando me roza los hombros cuando estás moviéndote dentro de mí. —Con movimientos lentos y suaves le arrebató la coleta de entre los dedos y se la pasó por la cara.
—Iba a cortármelo por ti —reconoció él con la voz ronca.
—Déjatelo largo por mí —susurró ella enfrentándose a su ardiente mirada—. Cuando estemos en un salón atestado de gente, veré tu coleta y sabré que eres mío. Me recordará lo salvaje que eres, lo que has tenido que luchar para ser libre, y pensaré: «Él ha elegido estar atado a mí». Y seré feliz-. Le acarició el torso con las manos hasta detenerlas en su corazón. Latía con fuerza bajo su palma a un ritmo acelerado por el miedo.
—Dios, Sakura. —Dio un suspiro ahogado—. ¿Tienes idea de lo que me estás haciendo?- Ella dio un paso hacia atrás y le cogió de la mano para llevarlo hasta la cama.
—Nos quedan unas cuantas horas. ¿Por qué no me lo explicas? –
Sasuke escudriñó con la mirada el maloliente y tiznado muelle de Londres, y a pesar de que intentó evitarlo sintió un nudo en el estómago. Había abandonado Inglaterra el día después de la muerte de Itachi y no había vuelto. Nunca había querido volver, y seguía sin querer. Suspiró y pensó en Sakura. Ahora no estaba solo, ella estaba a su lado. Su esposa era una consumada experta en el arte de las relaciones sociales.
—¡Dios santo! —exclamó Sakura detrás de él. Giró de inmediato, preocupado.
—¿Qué sucede, amor?- Sakura estaba de pie frente a la escalera, resplandecía con ese vestido damasco azul y puntas blancas en los puños y en el escote. El cuerpo de él se estremeció al verla, duro e insistente. Su esposa se cubría el corazón con una mano.
—Tú... Dios santo... —Sacudió la cabeza despacio—. Maldita sea, se me ha parado el corazón al mirarte-.
—No maldigas —la riñó mirando al cielo. Su esposa se había pasado demasiados días en alta mar en compañía de marinos, lo que era comprensible teniendo en cuenta a qué se dedicaba su padre.
Aunque él la reñía con frecuencia, lo cierto era que el colorido vocabulario de su esposa le resultaba entrañable. Esa tendencia a maldecir la hacía menos perfecta y más real, más suya. Al fin y al cabo, era un hombre muy imperfecto. Esperó paciente a que ella le explicase qué la había sobresaltado tanto, pero entonces vio que en los ojos de Sakura brillaba la picardía de una mujer que se ha quedado mirando a un hombre atractivo, y que la mirada iba acompañada de una sonrisa. Y tuvo que reconocer que ella lo estaba contemplando fascinada. Con él. Sonrió. —Veo que te gusta mi atuendo-. Sakura se acercó a él con la elegancia propia de una mujer muy sensual.
—Estás arrebatador. Magnífico-. Se pegó a él sin importarle los marinos que inundaban el muelle ni los transeúntes que iban de un lado al otro del embarcadero. Le sujetó por las solapas de la levita de lana, deslizó las manos por el bordado de seda hasta la cintura de la prenda, las colocó encima de la erección que crecía bajo los pantalones y después las movió hasta las nalgas. Gracias a Dios, las colas de la levita ocultaron la caricia de Sakura a las miradas ajenas. —Tú, mi guapísimo pirata, sabes sacarte partido. —Lo sujetó por las caderas y tiró de él hacia ella con una sonrisa—. Estás duro como el acero. ¿Acaso nunca se cansa de los juegos de cama, capitánSharingan?- Él la sujetó con ternura por el cuello y le dio un beso ardiente en la frente.
—Nunca, con una esposa tan sensual como la mía-. Frunció el ceño al darse cuenta de que ella lo había llamado por su alias y recordó que tenía una tarea pendiente que sólo podía hacer él y nunca había llegado a terminar. —Espérame aquí un segundo, cielo. Tengo que hablar con el capitán-. Ella lo miró intrigada, pero obedeció sin rechistar. Sasuke tardó unos segundos en localizar al hombre que buscaba. —Capitán, ¿tuvo oportunidad de hablar con su tripulación sobre mi identidad? La sonrisa del capitán se abrió paso por entre la poblada barba gris del hombre.
—Sí, milord, pero tal como intenté explicarle, los hombres le son sumamente leales a lady Uchiha. Todos llevamos años con su padre, el señorHaruno, la conocemos desde que era un bebé. Y en cuanto a los piratas, los únicos que han conseguido capturarnos han sido sus hombres. Hicieron el menor daño posible a la nave y usted no abusó de la muchacha, incluso antes de descubrir que era su esposa. Los hombres de mi barco le respetan por ello-. Sasuke asintió aliviado.
Un chillido agudo procedente de muelle y la voz de Sakura gritando su nombre enfadada le hicieron reaccionar de inmediato y corrió hacia la rampa de desembarco. Inspeccionó la zona con ojo avizor y vio la espalda rígida de su esposa, blandiendo un bolsito en una mano, y a un hombre elegantemente vestido que se cubría la cabeza con las manos sin dejar de maldecir. Le resultó fácil deducir que ese tipo la había ofendido de alguna manera y que ella no había dudado en protegerse, que era exactamente lo que tenía que por un agudo instinto posesivo, Sasuke fue a por el hombre sin ni siquiera preguntarle nada. Le dio dos puñetazos, uno en la cara y otro en el diafragma, y el acosador sollozó de dolor. Satisfecho, Sasuke se puso bien el chaleco y se acercó a su esposa.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó con ternura mientras buscaba con la mirada si ese desgraciado le había hecho daño de alguna manera, además de asustarla. Sakura estaba preocupantemente pálida.
—Ese hombre... —señaló a su asaltante con un dedo—. ¡Se ha fugado de Bedlam! ¡Me ha besado y me ha dicho que soy su esposa!- Sasuke miró intrigado al hombre que seguía en el suelo y se quedó perplejo. Ahora que ya no ocultaba el rostro, éste le resultaba muy familiar.
—¡Maldita sea, Obito! ¿Qué diablos estás haciendo asaltando a mi esposa? —
-¿Lo conoces? —le preguntó Sakura atónita mientras Sasuke ayudaba a Obitoa levantarse.
—Sí, por desgracia —farfulló—. Este loco esObito Uchiha, mi primo-. Obito desvió los ojos llenos de lágrimas de Sasuke a Sakura.
—¡Maldita sea, Uchiha! ¿Qué estás haciendo aquí?- Sasuke arqueó una ceja. +
—He venido a acompañar a mi esposa a nuestra casa. ¿Qué estás haciendo tú aquí? ¡Mira que besar a mi esposa! ¿Te has vuelto loco?- Obito tragó saliva. Sasuke levantó la vista y vio su carruaje a lo lejos. Le había cambiado la estructura, pero el escudo de armas que decoraba la puerta era el suyo. —¿Has estado usando mi carruaje?- Sakura le puso una mano en el brazo.
—Me ha dicho que era su esposa —se atragantó con las palabras—. Y ha venido en tu carruaje-. Sasuke la miró y vio que estaba completamente pálida, y entonces las piezas encajaron.
—¡Maldita sea! —Se giró hacia Obito clavándose las uñas en las palmas de las manos para contener las ganas de estrangular a su pariente —. Dime, primo, que no estás haciéndote pasar por mí-. Obito cerró los ojos un segundo antes de que Sasuke lo dejase inconsciente de un puñetazo.
Sakura no dijo nada durante el trayecto hasta la mansión Uchiha. No habría sido capaz de hablar aunque lo hubiese intentado: tenía la boca tan seca como el desierto y el recelo le había cerrado la garganta. El malestar aumentó cuando el carruaje se detuvo frente a una imponente mansión. Sasuke saltó del carruaje y se quedó mirando la elegante fachada.
—Quédate aquí. —
-No —se opuso ella—. Yo voy contigo. No vas a enfrentarte a tu padre solo-. La miró por encima del hombro sin darse media vuelta.
—¡No quiero que estés cerca de él! —
-Yo tampoco quiero que estés cerca de él, pero tú has insistido en que viniéramos aquí. —Se mantuvo firme—. Si entras sin mí, te seguiré. Te lo juro-. Sasuke mantuvo el rostro adusto al ayudarla a descender del carruaje. Miró al lacayo y le ordenó:
—Espéranos aquí-. Sakura sintió un escalofrío al comprobar la fría y austera expresión de su esposo.
Sasuke la guio hacia el interior de la mansión haciendo caso omiso al mayordomo, que se quedó horrorizado. Subieron la escalera que conducía directamente al despacho, desde donde se oían varias voces masculinas. La mano que Sasuke mantenía en la espalda de Sakura estaba firme y segura a pesar del conflicto que bullía en su interior. Ella jamás lo había visto así, tan violentamente enfadado, y comprendió entonces a qué se debía su reputación. Entraron en el despacho sin llamar, y Sakura se detuvo petrificada en el dintel al descubrir a su propio padre sentado en una butaca frente a la chimenea. Delante de él se encontraba un hombre muy parecido a Sasuke, y no el viejo decrépito y rastrero que ella se había imaginado en su mente. Kizashi Haruno se puso en pie. Su pelo rosado brilló bajo la luz del fuego.
—¡Saku, cariño! —Se acercó a ella y la besó en ambas mejillas—. Llegas varias semanas tarde. Estaba muerto de preocupación. Agentes de la Corona han estado buscando el Seawitch por todas partes. En cuanto nos hemos enterado de que habíais atracado, tu esposo ha salido corriendo a recibirte. —Buscó detrás de Sasuke—. ¿Dónde está lord Uchiha? ¿Y quién es este caballero?- Sasuke estrechó la mano que le tendía el padre de Sakura e inclinó levemente la cabeza en deferencia. Ella miró de reojo al marqués.
—Lord Uchiha, permíteme presentarte a mi padre,Kizashi Haruno. Padre, él es lord Uchiha.-
—¡No puede ser! —exclamó el padre de Sakura.
—Le han engañado —explicó sin rodeos Sasuke. El padre de Sakura se giró confuso hacia el marqués. Lord Uchiha se levantó de la butaca que ocupaba con arrogante indiferencia. Era tan alto como su hijo, pero de constitución más delgada y elegante. Daba incluso miedo con esa mueca de crueldad en los labios y los ojos entrecerrados.
— Sasuke —lo saludó arrastrando las letras— veo que tu tendencia a estropear mis mejores planes sigue intacta-. El brazo de Sasuke se tensó bajo los dedos de Sakura. Haruno se sonrojó furioso.
—¡Explícate, Uchiha!- El marqués arqueó sardónico una ceja y ni en lo más profundo de sus ojos brilló ninguna emoción por volver a ver al hijo que llevaba años ausente del hogar.
—Creo que dejaré que Uchiha se explique-. Sasuke se quedó en silencio durante un instante con el rostro tan impasible como el de su padre y lo retó con la mirada. La animosidad entre los dos hombres era palpable. Sakura le tocó el brazo para captar su atención y volver a centrarla en su propio padre. Sasuke tomó aire.
—Señor Uchiha, es un placer conocerlo. Le agradezco que me concediera la mano de su hija en matrimonio. Sakura es un tesoro para mí-. Haruno escudriñó a Sasuke con la mirada. Sakura sabía perfectamente lo que veía: a un hombre alto, ancho como un armario, con la piel bronceada y los músculos de un marinero. Con el pelo largo y la mirada fría, Sasuke resultaba muy intimidante. —¿Estás feliz con este matrimonio? —le preguntó su padre algo incómodo—. Pude conocer brevemente el carácter del hombre que me presentaron como el conde, pero este caballero que tienes al lado me es completamente desconocido.
Sakura le ofreció una sonrisa trémula. —Estoy muy feliz, padre. Uchiha es maravilloso. Haruno la miró escéptico.
—Investigué con profundidad a Sasuke Uchiha antes de firmar el contrato matrimonial. De joven tenía fama de crápula e incorregible, pero el hombre que conocí era educado y muy civilizado-. No dijo que ese hombre no era ninguna de esas dos cosas, pero Sakura lo oyó alto y claro. Y Sasuke también. A Sakura le dio un vuelco el corazón. Tiró del brazo de su marido y lo acercó más a ella. —Podemos pedir la nulidad, Saku —insistió su padre—. Quiero que seas feliz.—
No quiero la nulidad —aseguró con firmeza al notar que el cuerpo de Sasuke se tensaba como un arco.
—Conociendo a mi hijo —sugirió el marqués— ya es demasiado tarde para pedir la nulidad. No te quejes, Haruno. Querías comprarle un conde a tu hija y al final se ha casado con uno. Todos salimos ganando-.
Sakura se quedó perpleja ante el insulto y le sirvió para recordar lo crueles que podían ser ciertos miembros de la aristocracia con aquellos que creían inferiores. A ese hombre no le importaba lo más mínimo lo que ella sintiera. Ella no le importaba lo más mínimo. Para él era sólo una yegua de cría y una bolsa llena de dinero. A pesar de que se había pasado la vida aprendiendo a sentir indiferencia ante esa clase de comentarios, Sakura no podía negar que la opinión del marqués le dolió. Sasuke la miró y, después de la intimidad que habían compartido a lo largo de esas semanas, identificó de inmediato lo que ella estaba sintiendo, y saltó en su defensa.
—¡Maldito seas! —insultó a su padre—. ¿Tan desesperado estabas por tener un heredero para tu precioso título como para mandar a Obito a por mi esposa? —Dio un paso hacia el marqués, pero éste no tuvo el sentido común de apartarse—. Os habría matado a ambos si la hubiera tocado haciéndose pasar por mí. Lo cierto es que creo que os mataré de todos modos.-
—¡ Sasuke, no! —exclamó Sakura al ver que su esposo cerraba los puños—. No vale la pena.- El marqués menospreció la furia de su hijo apartándolo con un mero movimiento de muñeca.
—Tú ni siquiera sabías que estabas casado. Nunca has demostrado tener ningún interés en las tierras deKonoha, ni en los arrendatarios, ni tampoco has cumplido con tu deber con el título. Algo tenía que hace-r. Sasuke se rio, una risa dura y amarga.
—Todo eso es responsabilidad tuya hasta el día en que te mueras.-
—¡Tienes que aprender cuál es tu lugar! —le gritó Uchiha—. Acostumbrarte a cumplir con las que serán tus obligaciones, aprender a manejarlas-. Sasuke sacudió la cabeza.
—Mantente alejado de mi vida y de mis negocios. Mantente alejado de mi esposa. No volveré a advertírtelo-. El padre de Sakura se acercó a ella.
—Ven conmigo, Sakura. Vámonos de aquí.-
—Ella no va a ninguna parte sin mí —le advirtió Sasuke a Haruno sin apartar los ojos de su padre— Usted está invitado a quedarse en nuestra casa si así lo desea, señor Haruno, pero el lugar de Sakura está junto a su esposo. Junto a mí.-
—¡Ni siquiera le conozco! —gritó Kiza—. ¿Cómo puedo confiar en usted y dejar a mi hija en sus manos? –
—¡Padre! —lo riñó Sakura, alarmada por su vehemencia. No quería desobedecerle, pero ahora Sasuke era su vida. Rezó para que no se viese obligada a elegir entre las dos personas que más quería en el mundo—. ¡Por favor! —
-Tiene tiempo de sobra de conocerme —le dijo Sasuke volviendo al lado de Sakura para cogerla del brazo y demostrar que le pertenecía—Mi padre tiene razón: es demasiado tarde para pedir la nulidad.- La insinuación estaba clara, Sakura había sido comprometida. Ella se sonrojó mortificada. Su padre la observó demudado por la preocupación.
—¿Saku? —
-Ven con nosotros, padre. —Miró a lord Uchiha—. No quiero quedarme aquí ni un segundo más. Sasuke asintió.
—Yo tampoco. Nuestros asuntos aquí ya han concluido. —Señaló la puerta con la mano que tenía libre—. ¿Nos acompaña, señor Haruno?-
—Por supuesto. —Miró furioso al marqués—.
-No he acabado contigo, milord. Deberías tener más cuidado con tu reputación. A mí lo único que me preocupa es Sakura.- Uchiha arqueó una ceja, burlón.
—Claro, te preocupa tanto que la casaste con un desconocido sin ni siquiera presentarlos. Eres el parangón del padre perfecto-. Kiza se sonrojó.
—Pensé sólo en su bienestar. Tú sólo pensaste en el tuyo.- Sakura observó al marqués y supo que nunca había conocido a un hombre tan carente de sentimientos. Era como si no le importase lo más mínimo toda la animosidad que le dirigían. Tuvo un escalofrío por estar en la misma habitación y se preguntó cómo era posible que fuese el padre de su cálido y vibrante esposo.
—¿Dónde está tu sentido de la gratitud, Sasuke? —le preguntó el marqués a su hijo—. Te he conseguido una bella esposa y una dote más que considerable. Cierto, es la hija de un comerciante, pero dado que no estabas aquí para ocuparte del asunto, no deberías quejarte. De hecho, pareces estar extrañamente embobado, claro que eso concuerda con el resto de tu aspecto.- El odio que salió de Sasuke envenenó el aire.
—A mí puedes insultarme cuanto quieras, padre, pero mantén tu lengua viperina lejos de mi esposa. Lo único que está evitando que te parta en dos con mis propias manos es... mi «sentido de gratitud».- El marqués se rio.
—Sí, está claro que podrías hacerlo. ¡Mírate! Pareces un salvaje con la piel oscura, el pelo largo y los músculos de un chimpancé-. Sakura contuvo un gemido de agonía al saber que su esposo sangraba por unas heridas que ella misma había ayudado a infligirle. Ella había utilizado esas mismas palabras para describirle y burlarse de él. Ahora seguro que se creería inferior, menos hombre, cuando en realidad lo era más que cualquiera que hubiera conocido antes.
— Sasuke es hermoso —le defendió—. Usted es un necio por no ver lo maravilloso que es su hijo. Usted se lo pierde. —Tiró del brazo de su marido. Él asintió y con un gesto le indicó al padre de Sakura que los precediera. Abandonaron la mansión tan rápido como habían llegado y Kiza Haruno los siguió en su carruaje. En cuanto se pusieron en marcha, Sakura se sentó al lado de Sasuke y le rodeó con los brazos. Él seguía tenso mientras Konoha se empequeñecía en la ventana, y Sakura mandó al infierno al hombre que habitaba la casa.
Jajaja y ¡qQue tal? Este capi tuvo más acción de sexo, pero no desesperen ya volveremos a tener ambientes con temperaturas calientes…
Mitsuki Tsukiomi: Hermosa, yo comparto tu opinión del atuendo de Sakura y me emocione igual con todo el capítulo, esos dos canijos piratas nos darán problemas :o saludos
Strikis: Ese par de malvados piratas tendrán su merecido ntp. Esperemos que te haya emocionado este capitulo saludos y gracias por dejar siempre comentario.
