Bueno ... no sé si os acordáis de mí ... pero aquí estoy. Al fin conseguí inspirarme un poco y terminar el maldito fic. ¡AL FIN! La verdad es que sabía lo que quería, pero no se me ocurría cómo plasmarlo escrito. Pff...
Espero que os guste y no os olvidéis de dejarme reviews ... largos xD (Me encanta recibir reviews, en serio, son mi droga.)
Cap.4
-Mmph ...
Goenji se removió en la cama. Aquel maldito sueño otra vez.
- Aagh ...
Habían pasado ya meses desde el incidente contra la academia Alius. Todo volvía a ser como siempre ... más o menos. El gran Campeonato Mundial se alzaba frente a sus ojos, y nuestro querido peli-crema apenas no podía tener uno de esos sueños que últimamente le perseguían. La historia era sencilla: él y otra persona se encontraban haciendo el amor iluminados por una luz morada. No sabía quien era, lo único que había averiguado es que era un hombre.
Sí, el increíble Goenji Shuuya era perseguido todas las noches por el mismo sueño pervertido y, encima, homosexual.
Se levantó cansado, se arregló un poco, hizo su cama y bajó al comedor. Se encontraba poco menos de la mitad del equipo allí, el resto o ya había salido o aún estaban durmiendo (ya se sabe quienes, ¿verdad?). Se sentó en su lugar. Había una bandeja con el desayuno frente a todos los asientos para cada jugador. Algunas llenas, otras vacías.
- Ohayo – dijo al sentarse.
- Ohayo – contestó Kidou, que se encontraba al lado suyo.
Kazemaru, sentado frente a él, no dijo nada, quizás no se había dado cuenta de que había llegado. Miraba fijamente su plato de comida. Normal, eso de madrugar atonta a cualquiera.
Cuando terminaron de comer recogieron sus bandejas y, al salir, sólo quedaba Kazemaru ... quién seguía mirando la nada.
- Kazemaru – dijo Goenji- ¿Te vienes?
El chico le miró un poco sorprendido y le contestó algo nervioso:
- Mm ...mm, claro. – dicho y hecho recogió su bandeja y salió de allí con los demás, guardando las distancias con cierto albino olvidadizo.
Y empezó el entrenamiento matinal, y empezaron los tiros, y los gritos de Endou, y las riñas de Kidou y Fudou, seguidos de las bromitas de Kogure, y Goenji, ahí, en mitad del campo de fútbol, a las 8 de la santa mañana, sólo quería volver a su cama, con sus suaves sábanas para dormir ... hasta que cierto sueño muy educativo decidiera despertarle. Pero, ¿por qué? ¿Por qué narices tenía que soñar él con ese tipo de cosas? Hasta el momento, y que él supiera, le gustaban las mujeres. Que bien era verdad que de novias poco ... vale, nada; pero eso no importaba. La verdadera cuestión era que no podía seguir teniendo ese maldito sueño por el resto de su vida, además, éste cada vez se hacía más "realista", parecía cómo si de verdad lo viviera y no le resultaba agradable ...
- ¡GOENJI! ¡CUIDADO! –oyó detrás de sí.
A una velocidad de suspiro y sin saber cómo, esquivó un balón lleno de barro que a él se dirigía con una velocidad de vértigo y seguido por unos cuando pingüinos. Lo miró fijamente, y miró al campo de fútbol. Supuso quién podría haber lanzado tal arma asesina hacía él, mas seguro que no lo hizo a propósito. Suspiró y ya despejado por el susto se integró al entrenamiento. Le lanzaría unos cuantos tornados de fuego al capitán y así se quitaría un poco de tensión de encima.
Así pasaron días, y llegaron los partidos. Consiguieron pasar. Mas cuando se acercaba el momento de la final, las cosas ... digamos que se torcieron un poco ...
Su padre quería que dejara el fútbol.
Cuando era pequeño siempre le acompañaba con su madre a los partidos de fútbol. Pero cuando ésta murió todo cambió, y más tarde, el accidente de Yuuka ... fue la gota que colmó el vaso. Bien era verdad que el fútbol no podía curar el cáncer, ni tampoco realizar un transplante de riñón; pero podía aportar algo necesario y esencial: esperanza y felicidad. Mas parecía que su padre se negaba a ver tal cosa.
Pero no iba a perder, no, y gracias a su esfuerzo y al apoyo de Endou consiguió ganar la batalla, y siguió jugando fútbol con el resto del Inazuma Japan, pero esta vez a nivel mundial.
Y a más pasaba el tiempo, más se acentuaba su mayor problema. A más soñaba, más largo y detallado era aquel estúpido sueño. Ahora sabía que aquella persona tenía el pelo suave, cómo el algodón. Una noche, poco antes de la final contra los pequeños gigantes, descubrió algo que le alarmó bastante: también vestía el uniforme de los emperadores oscuros.
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¿Por qué no le miraba? ¿Por qué no le hablaba? ¿Por qué le seguía ignorando cómo siempre había hecho? ¿POR QUÉ?
Kazemaru estaba más y más irritado cada día que pasaba. Primero ... lo que todos ya sabemos, y ahora encima parecía que no existía. Quizás en el fondo Goenji era muy tímido y le daba cosilla decirle nada. A lo mejor sólo necesitaba tiempo para perder la vergüenza. Pero vamos ... que después de tantos meses, no se mostró tan vergonzoso en la cama. Así que harto ya de esperar algo que nunca llegaría, decidió dar él el primer paso, y que mejor momento que el descanso después de la comida ...
- Oye, Goenji – le dijo cuando éste subía a su cuarto.
- ¿Qué?
- Ano ... ¿no tienes nada que decir?
Goenji le miró extrañado.
- ¿De qué?
- Ya sabes ... eso – dijo Kazemaru bajando la mirada un poco sonrojado.
- ¿Eso? ¿Ha pasado algo y no me he enterado?
Kazemaru contuvo la respiración. ¿Acaso lo había olvidado?
- Nada ... mejor déjalo – y dicho esto subió cual bala y se encerró en su cuarto.
Se apoyó en la puerta y cayó al suelo. ¿De verdad que no sabía de lo que le hablaba? Y si así era ... ¿qué iba a hacer él ahora? Por Dios ... ¡qué le había dado todo su ser! "¡¿Cómo narices olvidas tal cosa?" gritaba para su interior.
Siguió mirándole todos los días, deseando un gesto que le diera alguna señal de que su teoría era mentira, pero esta última jamás llegó. Y entonces un día, se acordó. Ya terminando su acto de diversión Goenji se puso enfermo. Y si fue ... quizás ... ¡Hiroto!
Kazemaru aporreó la puerta del pelirrojo hasta que este le abrió.
- ¿Pasa algo?
- ¡Necesito preguntarte algo!
- C-claro, pasa.- Hiroto estaba un poco sorprendido por el nerviosismo del defensa. Una vez hubo entrado cerró la puerta.
Aún de pie, el delantero le preguntó qué quería saber.
- ¿La Piedra Alius podía provocar algún efecto secundario?
Hiroto le miró un poco extrañado.
- ¿Por qué quieres saber tal cosa?
- Es una larga historia ... ¡limítate a contestar, por favor! – añadió Kazemaru alzando un poco la voz.
-B-bueno ... por efectos secundarios no tiene ninguno. No si se le daba un buen uso, claro está.
El de pelos celestes le miró atentamente.
-¿Y si se le da un mal uso? –preguntó.
- Pues, un mal uso podría ser o llevarla un tiempo excesivo, o ir quitándosela y poniéndosela constantemente. Como ya sabes, la Piedra aumentaba las capacidades físicas de las personas, y hacer tal cosa sólo conseguiría alterar el organismo.
- ¿Y qué tipo de efectos puede tener?
- Una vez, cuando empezamos con todo el tema de la Academia y tal, Midorikawa no tuvo nada mejor que hacer mas que quitársela y ponérsela. Decía que le molestaba. – Hiroto tragó saliva. – Se pasó una semana en cama con malestar y vómitos. Ya sabes cómo es él ... je ...
-Y, no sé ... ¿no parecía que se olvidara de las cosas o algo? – preguntó ansioso Kazemaru.
- Pues ahora que lo dices, la verdad es que sí. Pare-
-¡Arigatou, Hiroto! – Kazemaru salió corriendo de la habitación, sin haberle dejado terminar.
Bajó al piso de abajo. Cogió uno de los fijos que había y llamó a Midorikawa.
- ¿Mosshi, mosshi? –respondió éste.
- Midorikawa. Soy yo, Kazemaru.
- ¡Ah! ¡Kazemaru! ¿Cómo te va?
- Muy bien, muy bien. –dijo con prisa.- Oye, cuándo empezaste a utilizar la Piedra Alius, caíste enfermo, ¿verdad?
- Sí – dijo Midorikawa con asco.- ¿Quién te lo ha dicho?
- Eso no importa, la cosa es que, olvidaste algunas cosas, ¿verdad? Dime, ¿las has recordado?
- Pues sí, me costó un tiempo, ¿por qué?
-¿Cuánto? – preguntó seriamente el defensa.
- ... Pues, si te soy sincero, bastante ... oyes, ¿va todo bien?
- ¿Cuánto es bastante?
-P-pues unos cuantos meses ... o-oye, Kazemaru, ¿va todo bien?
- Ah ... muy bien. Gracias por todo Midorikawa.
Le colgó. Así que un par de meses, eh. Pues lo de Goenji se pasaba de la raya.
- ¿Me he perdido algo? – dijo una voz detrás suya.
- A-aah ... K-kidou ...
Problemas en el equipo y el gran estratega Kidou no lo sabía. Eso era prácticamente ... imposible.
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El traje de los emperadores oscuros. Eso tenía que significar algo. ¿Pero el qué? Se metió en la cama. Ya tendría tiempo de pensar mañana. Lo mejor sería que descansara mientras pudiera. Así que cerró los ojos, y el sueño no tardó en apoderarse de él.
Era de noche. Sólo una luz morada los iluminaba.
Goenji reconoció aquel lugar. Era el cuarto que utilizó en la casa de Hijikata.
Se encontraba encima suya.
- Me gustas Goenji ... demasiado.
Esas palabras ... ya las había oído.
Quiso mirarle a la cara, mas esta parecía desvanecerse. Sólo podía ver negro.
Y se despertó. Esta vez por culpa del despertador que en su mesilla sonaba. Respiró hondo y se levantó dispuesto a darlo todo. Hoy era la gran final. Tenían que jugar contra The Little Gigants, el equipo entrenado por el abuelo de Endou, con un gran portero a la altura de éste: Rococo.
No fue fácil, mas nadie nunca dijo que fuera a serlo. Pero ellos se adelantaron a todo. Y con esfuerzo, sudor y lágrimas ganaron. Así, sin más. Cuando se quisieron dar cuenta el partido había terminado y ellos eran los campeones del mundo.
Esa noche se acostaron tarde. Normal, pues estuvieron celebrando su victoria. Pero a todos nos llega la hora de dormir y Goenji no era una excepción. Esta vez cerró sus ojos con ganas. Quería saber quién narices invadía su tranquilidad todas las noches y cada vez estaba más cerca de conseguirlo.
Se quitó los guantes sensualmente. Le levantó la camiseta al goleador y le acarició suavemente el pecho. Goenji disfrutó de esas suaves caricias que poco duraron, pasando a un apasionado beso. El chico albino le acarició la cabeza al contrario y notó que aquel suave pelo cómo el algodón era largo. Y como si de magia se tratara, la leve luz que en el cuarto había se hizo más potente, y Goenji, que ya no era besado, pudo apreciar un bonito color azul en este. Tenía el pelo largo y azul. Sólo una persona en los emperadores oscuros tenía el pelo así. Elevó la vista y se topó con aquellos ojos color café que a Kazemaru pertenecían.
No podía ser. ¿Por qué narices, él ...?
Despertó de su sueño. Miró la hora, aún tenía un rato hasta que sonara el despertador. Se quedó boca arriba pensando en lo sucedido, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por un terrible pinchazo que sacudió su cabeza, seguido de mil imágenes. Eran de antes del día cuando cayó enfermo en casa de Hijikata. Pudo recordar que salió a caminar, y algo tuvo que sucederle pues volvió nervioso a la casa. También pudo recordar algo sobre unas gallinas y un huerto. Pero no pudo ver más.
Aquella mañana, un día antes de partir hacia Japón, echaron un partido (claro está). Goenji intentó controlarse un poco, pero sus ojos no paraban de dirigirse hacia Kazemaru. Le observó de arriba abajó y viceversa. No podía explicarse su presencia en sus sueños. Que sí es verdad que le tenía un gran cariño, y que se preocupó mucho al enterarse de que había abandonado el Raimon cuando la Alius, pero esto y eso eran cosas distintas ... ¿verdad? Tal era su concentración en nada que, a pesar de los gritos de Tsunami, no reaccionó a tiempo para esquivar el balón que se dirigía hacia él, seguido esta vez de unas olas de unos diez metros de altura. Le dio de lleno en la cabeza, tirándole al suelo y provocándole un dolor de mil demonios. Y otras mil imágenes recorrieron su cabeza, pero fue distinto.
Ahora lo recordó todo. Absolutamente todo.
Recordó su encuentro con Kazemaru, cuando éste se coló en la casa de Hijikata e intentó convencerle para que fuera con él. Como las cosas dieron un vuelco tremendo. Pudo ver claramente a Kazemaru con el uniforme de los Emperadores Oscuros frente a él. Esa mirada ... y esas suaves curvas. Todo lo que vino después pasó a la misma velocidad que la luz por su mente. También recordó lo poco que descubrió sobre la Alius, cómo el meteorito, pero eso importaba poco ya.
Abrió los ojos lenta y dolorosamente, pues notaba unos fuertes pinchazos en la parte derecha de su cabeza. Sus ojos tardaron en hacerse a la luz. Pudo ver al resto del equipo alrededor suya, y bueno, luego iba Endou que estaba casi encima suya, con una cara de preocupación increíble.
- ¡Goenji! ¡Goenji!
-Endou – dijo Kazemaru- no le grites así, ¿acaso quieres romperle los tímpanos?
- Pero – el capitán le miró- ¡Ah! ¡Goenji!
- ¿Te duele mucho la cabeza, Goenji-kun? –preguntó Aki.
El delantero se reincorporó y gimió un poco de dolor.
- Podría estar mejor – dijo.
- Que bien – suspiró Fubuki.
- Ya creía que te había matado o algo – rió Tsunami.
- Será mejor que te quedes en el banquillo – esta vez habló Kidou.
El equipo se fue a seguir con su partido y Goenji se quedó en el sentado. Esta vez se dedicó a mirar a Kazemaru, sin disimulo ni leches. Sus miradas se cruzaron unas cuantas (bastantes) veces. Incluso se atrevió a sonreírle, recibiendo una leve sonrisa del otro chico. Pero lo que más gracia le hizo fue cómo, después de aquello, Kidou se acercó al defensa y le picó un poco, pues se pudo notar la molestia y el sonrojo en la cara del peli-celeste. Ese gafitas seguramente debía saber algo. Mas no prestó mucha atención a todo aquello que no fuera Kazemaru. Ahora sólo tenía que hablar con él a solas. Pues con aquellos recuerdos, una llama se había encendido en su interior.
Y decidido a todo después de la cena, preguntó adónde había ido Kazemaru, mas sólo Kidou supo responderle. Le dijo que estaba en la playa, cerca de dónde Endou colgó su neumático (el cual ya había quitado). Se fue de allí a buscarle. Al verle, el estratega sonrió.
- ¿Y esa sonrisa pícara? – le preguntó Fudou a su lado.
- Nada importante – respondió.
Sólo las farolas iluminaban a lo lejos. Tal y cómo le había dicho Kidou, Kazemaru se encontraba sentado en la orilla de la playa. Se sentó a su lado y miró al cielo estrellado.
- Hace una noche preciosa.
- Sí – respondió el peli-celeste.
- El de hoy ha sido un buen partido, aunque fuera sólo de entretenimiento.
- Y si no hubiese sido por tu pequeño accidente.- rió Kazemaru.
Goenji sonrió con él.
- Nee, Kazemaru. No sé si te acordarás pero hace tiempo me preguntaste si me acordaba de algo.
- Sí – volvió a responder el defensa.
- ¿A qué te referías?
- Te dije que lo olvidaras, no era nada importante.
- Kazemaru, mírame.
El chico le obedeció, y cuál fue su sorpresa al notar los labios de Goenji sobre los suyos. No dijo palabra. Se limitó a mirarle.
- Lo recordé Kazemaru. Gracias a ese balona- ¡Zas! Sus palabras se vieron interrumpidas por una bofetada.
- ¿Te acuerdas? ¿Crees que puedes venir después de casi medio año con un beso y decir que lo recuerdas? – dijo alterado pero sin levantar la voz. Goenji le miró dulcemente.
- Lo has pasado mal, ¿verdad?
- ¿Tú que crees? – el defensa se abrazo a sus propias rodillas.
El chico albino pasó un brazo suyo por sus hombros y con el otro rompió la unión entre sus piernas y su abdomen para agarrarle en un abrazo y tumbarle sobre la arena.
- Lo siento Kazemaru. – susurró.
Reposó su rostro sobre el pecho del de pelos celestes. Pudo notar sus latidos, eran rítmicos y calmados. Cerró los ojos, quería disfrutar de aquel calor que una vez él convirtió en fuego. Y con las caricias que notó sobre su pelo supo que había sido perdonado, y que si Kazemaru aceptaba, podrían tener una relación seria de ahí en adelante. Pero eso no importaba ahora.
Lo único que deseaba en ese momento era quedarse así ... por siempre.
Y ahora, por favor, echadle un vistazo a mi otro fic "Un día revuelto". Dadle una oportunidad a esa pareja anda, además que son caps cortos y se leen muy rapidamente. ¿Vale? ówò
Gracias de todas formas xD
